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	<title>Carlos Martínez Gorriarán &#187; xenofobia</title>
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		<title>España y los nacionalismos o la doble vara de medir que padecemos</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Apr 2011 04:10:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Permítanme comenzar por el final de este razonamiento, que va sobre la extraña manera de ver y entender los nacionalismos que domina en España. Vamos allá: uno de los tópicos sobre el parlamentarismo español dice que, a virtuosa diferencia de otros países europeos como Francia, Italia o Finlandia, la extrema derecha no ocupa ningún escaño en el Parlamento nacional (ni en la mayoría de los autonómicos, si exceptuamos el catalán por la SI de Laporta o de quien sea ahora). Una versión “progre” y taimada de este argumento agradece al PP esta excepción, ya que el gran partido de la derecha española habría hecho el favor de asumir la cuota de extrema derecha, haciendo innecesario un partido de ese perfil; en realidad este argumento insinúa lo que algunos publicistas dicen abiertamente, que en el PP la extrema derecha ya está representada por personas como Jaime Mayor Oreja o José María Aznar. Pero no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Permítanme comenzar por el final de este razonamiento, que va sobre <strong>la extraña manera de ver y entender los nacionalismos que domina en España</strong>. Vamos allá: uno de los tópicos sobre el parlamentarismo español dice que, a virtuosa diferencia de otros países europeos como Francia, Italia o Finlandia, la extrema derecha no ocupa ningún escaño en el Parlamento nacional (ni en la mayoría de los autonómicos, si exceptuamos el catalán por la SI de Laporta o de quien sea ahora). Una versión “progre” y taimada de este argumento agradece al PP esta excepción, ya que el gran partido de la derecha española habría hecho el favor de asumir la cuota de extrema derecha, haciendo innecesario un partido de ese perfil; en realidad este argumento insinúa lo que algunos publicistas dicen abiertamente, que en el PP la extrema derecha ya está representada por personas como Jaime Mayor Oreja o José María Aznar. Pero no es mi intención ahora refutar esta solemne tontería, sino indagar la afirmación del principio acerca de nuestra supuesta excepción democrática, de la que deberíamos sentirnos muy orgullosos: <strong>en España no hay partidos parlamentarios de extrema derecha</strong>. Sea por las virtudes aglutinantes del PP, o bien por estar escarmentados del invento tras los cuarenta años de dictadura: ese vendría a ser el consolador corolario.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora bien, ¿<strong>será cierto que estamos libres de esa plaga</strong>? Me parece que no, pero para localizar esa extrema derecha disimulada yo no miraría hacia los escaños del PP. Investiguemos por otra parte, y para orientar bien el escrutinio examinemos primero los países vecinos con los que nos comparamos.</p>
<p style="text-align: justify;">¿<strong>Quiénes componen la extrema derecha de nuestros vecinos</strong>? Partidos como el Frente Nacional, la Liga Padana o los Auténticos Finlandeses allá en el norte. ¿Qué tienen todos ellos en común?: sin duda alguna el <strong>nacionalismo exacerbado, el euroescepticismo, la insolidaridad fiscal</strong> (como negativa a transferir recursos a sus vecinos más pobres o desfavorecidos) y una <strong>xenofobia</strong> que puede ser más o menos intensa y se expresa en hostilidad a los inmigrantes, temor a la aculturación y <strong>defensa de las tradiciones locales</strong>. Esos son los ingredientes ideológicos de partidos que en España los comentaristas califican de neofascistas o de extrema derecha por abrumadora mayoría y con unánime hilo argumental; ayer mismo <a href="http://www.elpais.com/articulo/opinion/exactamente/27700/elpepusocdgm/20110424elpdmgpan_6/Tes" target="_blank">Soledad Gallego-Díaz nos ofreció un hermoso ejemplo en El País</a>. Yo suscribiría buena parte de sus críticas y temores si no me desconcertara algo previo: que <strong>esos rasgos tan temibles en partidos franceses, italianos, holandeses o finlandeses se aceptan como algo normal en partidos españoles que, </strong>aplicando la misma vara de medir,<strong> deberían ser sentenciados de tan neofascistas como sus adláteres ideológicos</strong>. Y me refiero, obviamente, a <strong>PNV, CIU, ERC, BNG</strong> y el resto de la nutrida y repetitiva sopa de letras nacionalista (con nada menos que seis siglas con representación institucional en País Vasco y Navarra).</p>
<p style="text-align: justify;">¿Acaso no llevamos soportando 30 años a PNV, CIU y ERC –por no hablar de Batasuna y sus sucesivos avatares- la defensa y la práctica constantes de esas políticas que tanto miedo dan si las defienden siglas de otros países: insolidaridad fiscal, ataques al Estado común, xenofobia y particularismo cultural exacerbado con imposiciones políticas antidemocráticas de por medio (como la “<strong>normalización lingüística</strong>”)? ¿Por qué resulta escandaloso que los Auténticos Finlandeses se nieguen a ayudar a Portugal cuando es lo que llevan haciendo todos los políticos vascos y navarros (excepto los de UPyD) con las CCAA más desfavorecidas de España (que en realidad aportan a los respectivos Conciertos Económicos), y lo que acaban de lograr los catalanes con su nuevo Estatuto? <a href=" http://www.elcorreo.com/vizcaya/prensa/20110422/opinion/llama-ultraderecha-20110422.html " target="_blank">Lo explicó muy bien hace poco Ruiz Soroa</a>. ¿Qué clase de miopía o hipocresía conduce a tantos analistas a condenar como ultrareaccionario en Finlandia o Italia lo que se considera progresista si sucede en País Vasco o Cataluña? Yo diría que esto es <strong>o bien una ola generalizada de estupidez, o bien un caso patente de corrupción intelectual</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">De manera que, regresando al principio, <strong>si aplicamos la misma vara de medir a los partidos nacionalistas europeos y a los españoles</strong>, resultará que nuestra supuesta excepción democrática y progresista se desvanece en el aire: <strong>hay escaños de extrema derecha en el Parlamento español</strong>, todos los que corresponden a partidos con esas ideas y prácticas ultranacionalistas, es decir, CIU, PNV, ERC, BNG, NaBai… Ahora díganme si quieren que no es para tanto y que en esos partidos hay gente estupenda a la que no se puede tildar de neofascista de ninguna de las maneras, pero díganme entonces por qué sí a sus correligionarios del resto de Europa. <strong>Si queremos entender el mundo que nos rodea porque aspiramos a transformarlo en algo mejor, qué menos que medirlo con la misma vara.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/04/AE.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-711" title="AE" src="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/04/AE.jpg" alt="" width="279" height="181" /></a><br />
</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Por lo demás, es una gran satisfacción escribir estas líneas en pleno y aburrido Aberri Eguna, una celebración sectaria nacionalista impuesta a los demás, dentro de un lote de símbolos sectarios que incluye bandera, himno y corónimo (Euskadi), como “fiesta nacional” de una nación que democráticamente no lo es. Sin embargo, pocas voces en el País Vasco discrepan de semejante imposición e incluso la mayoría la acepta como opción propia libremente elegida aunque diga no ser nacionalista. Un buen ejemplo de cómo las fuerzas no nacionalistas de izquierda y derecha han acabado mimetizándose de nacionalistas hasta el punto de llegar a creer, en un malabarismo digno de Orwell, <strong>que el nacionalismo que detestan y temen en otros países es en cambio el no va más del progresismo y la democracia en el propio</strong>. Seguiremos con este asunto, porque el nacionalismo vuelve a llamar a la puerta de Europa tras no haberse ido nunca de España: primero con Franco y sus secuaces, luego con los separatistas y ahora con sus imitadores acomplejados.</p>
<p style="text-align: justify;">PD: y a los pocos días de publicar este post me descubren en Twitter esta joya de un navarro de la cofradía xenófobo-progresista, <a href="http://www.noticiasdenavarra.com/2011/04/25/opinion/colaboracion/elecciones-naturaleza-y-colonia" target="_blank">el editor José María Esparza Zabalegi</a>. <strong>Puro desperdicio que no tiene desperdicio!</strong></p>
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		<title>La italianización de Cataluña</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Dec 2010 04:03:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Si preguntáramos por el nombre de un país mediterráneo de envidiado nivel de vida, donde en las elecciones arrasa un partido corrupto y responsable de la situación de crisis económica y política, donde partidos xenófobos y ultranacionalistas no menos corruptos registran un importante auge, donde un tipo surgido del fútbol profesional consigue un importante éxito político, donde el socialismo tradicional obtiene un resultado catastrófico, donde casi todos los medios de comunicación trabajan para el gobierno o están controlados mediante subvenciones de todo tipo para que emitan un discurso único (¡más y más!), donde la campaña ha sido protagonizada por putones verbeneros y vídeos zafios que han escamoteado todos los problemas reales agitando el miedo a la inmigración y a la inseguridad ciudadana, es muy probable que muchos pensaran en Italia. Y sin embargo, se trata de Cataluña.</p> <p style="text-align: justify;">Algunos finos comentaristas, como Félix de Azúa, han advertido en alguna ocasión del alto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Si preguntáramos por el nombre de un país mediterráneo de envidiado nivel de vida, donde en las elecciones arrasa un partido corrupto y responsable de la situación de crisis económica y política, donde partidos xenófobos y ultranacionalistas no menos corruptos registran un importante auge, donde un tipo surgido del fútbol profesional consigue un importante éxito político, donde el socialismo tradicional obtiene un resultado catastrófico, donde casi todos los medios de comunicación trabajan para el gobierno o están controlados mediante subvenciones de todo tipo para que emitan un discurso único (¡más y más!), donde la campaña ha sido protagonizada por putones verbeneros y vídeos zafios que han escamoteado todos los problemas reales agitando el miedo a la inmigración y a la inseguridad ciudadana, es muy probable que muchos pensaran en Italia. Y sin embargo, se trata de Cataluña.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos finos comentaristas, como Félix de Azúa, han advertido en alguna ocasión del alto riesgo de italianización de la política y la sociedad catalanas (a distinguir de las alarmas por la “italianización” del parlamento, asunto menor). La cosa no tendría importancia, e incluso podría estar muy bien en ciertos aspectos, si no se tratara de <em>italianización</em> en aquello que ese gran país tiene de menos admirable, a saber, la aceptación de la corrupción como cosa normal, el auge de la frivolización más obscena en el discurso político, la conversión de sinvergüenzas repelentes en líderes políticos populares, la adopción de la xenofobia como recurso político de éxito popular seguro, y el escapismo más lamentable en todos los problemas realmente serios. Pues esto es lo que ha pasado en Cataluña porque eso es lo que han votado los ciudadanos catalanes, y de verdad que lo siento (y temo que más lo sentirán ellos en algunos años).</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos: CIU, campeón de la jornada electoral, ha recibido votos de prácticamente todos los demás partidos. Preocupados por echar al nefasto tripartit de la Plaza de Sant Jaume, los electores han perdonado graciosamente a este partido su constante implicación en casos graves de corrupción y, lo que no es menos importante, su no menos constante apoyo al gobierno de Zapatero en todas las nefastas políticas que nos han conducido a la catastrófica situación actual, de la intocabilidad de las cajas de ahorros en quiebra al incremento del derroche autonómico pasando por la fallida reforma laboral. Bajo una apariencia de cambio y giro político, los electores catalanes han votado más de lo mismo ya conocido. Pero con pésimas perspectivas.</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos más: los dos partidos de extrema derecha, el del futbolero Laporta y el del <em>camisa vieja</em> Anglada, han obtenido estupendos resultados. El primero nada menos de cuatro escaños, el segundo a punto de obtenerlos y con una magnífica base para las próximas municipales. Ni los casos de corrupción de todo tipo del primero, ni el aroma rancio a fascismo que desprende el segundo, han echado atrás a los electores que les han preferido. El significado es siniestro: los partidos al estilo de la Liga Norte padana o el Frente Nacional de Le Pen han entrado en España a través de Cataluña. Habrá tiempo para lamentarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">No dejemos de ver esto: el celebrado progreso del PP ha sido mínimo en votos, aunque no tanto en escaños, para un partido con serias aspiraciones a desbancar al PSOE en las próximas elecciones generales. El fenómeno del voto dual –el hábito de votar cosas distintas en autonómicas y generales, como si no tuvieran nada que ver-, tan catalán como <em>les mongetes amb butifarra</em>, ha optado por convertir a CIU en socio indispensable de cualquiera que en el futuro inmediato profundice nuestra ruina desde la Moncloa.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente la campaña ha estado dominada por el discurso único, además de por personajes zafios y ruines. Ninguno de los partidos que ha obtenido representación parlamentaria, y digo ninguno, ha osado trasladar al electorado la gravedad de la situación política y económica, e incluso la degradación de la ética pública de la que la impunidad de la corrupción y el auge del putiferio son síntomas alarmantes. Todos, con ligeros matices, han coincidido en que el problema de Cataluña es que recibe poco dinero del Estado, que vendría muy bien un Concierto económico al estilo vasco y navarro, etc. No se ha oído ni una palabra de reforma constitucional, de la ley electoral o de la regeneración democrática a fondo –no populista o ultra- de un sistema político profundamente viciado.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Ni una sola palabra de regeneración democrática? ¡No, también allí ha habido una aldea de irreductibles asediados por las legiones del imperio! Me refiero, obviamente, a los centenares de afiliados y voluntarios de UPyD empeñados en hacer una campaña para hablar de esas cosas de las que no ha hablado ningún partido parlamentario, y de hablar en contra de las que decían los que han gobernado y los que se ofrecen a gobernar. Campaña sin vídeos nudistas, sin travestismo alguno, sin eludir esos temas de los que no quiere oír hablar la gran mayoría, comenzando por lo principal: la fiesta ha terminado y ahora tendrán que pagar la factura los que no han roto un plato.</p>
<p style="text-align: justify;">Este mensaje apenas ha llegado a los catalanes, cerrojo informativo en el que ha tenido un papel protagonista la legión de medios de comunicación catalanes, tanto públicos como concertados. Pero tampoco vamos a engañarnos: es obvio que la mayoría social en Cataluña todavía no quiere ni oír hablar de las cosas que proponemos. Siguen convencidos de que la fiesta volverá a reanudarse en cuanto el sr. Mas presida la Generalitat (como los italianos con Berlusconi, vaya) y vuelva a sacar tajada al Estado en forma de todo tipo de concesiones. Cómo va a ser posible semejante cosa es algo que sin duda merecerá la pena escuchar. Si la idea es, como ha sido anunciado en campaña, que el fin del “expolio fiscal” perpetrado por España permitirá a los catalanes vivir como si fueran suecos, todos vamos a divertirnos un rato.</p>
<p style="text-align: justify;">Y queda lo último: si UPyD ha cometido un error no yendo a las elecciones con C´s (en el caso de que eso fuera algo más que una desinformada conjetura). Es cierto que el resultado ha sido muy malo, y algunas voces lamentan que hayamos rechazado ese trato que nos habría dado, probablemente, al menos un diputado. Pero esas voces parecen ignorar que UPyD se toma en serio su compromiso de entrar en las instituciones sólo para promover su programa político, negándose a perseguir escaños como un fin en sí mismo. Si alguien no quiere la reforma constitucional ni de la ley electoral ni limpiar el sistema, hace bien no votándonos. Y de ningún modo podríamos presentar candidatos que defendieran algo distinto. Si alguien no se creía que somos un partido diferente, aquí tiene la prueba: no queremos escaños si no es para hacer la política que proponemos a los ciudadanos; ho entraremos en cambalaches para conseguirlos si ello implica sacrificar objetivos y principios. Sin imitaciones descafeinadas, franquicias de línea blanca o adaptaciones al medio a cambio de sacrificar nuestras ideas genéticas. Así somos, qué le vamos a hacer.</p>
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		<title>El PP se pasa la xenofobia y al populismo</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 04:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El PP parece empeñado en ratificar que ya es “la peor oposición” de la breve historia democrática española. Y no se trata de una mera cuestión de estilo. No, si acusamos al PP de hacer la peor oposición posible es porque elude sistemáticamente los problemas de fondo, en los que no tiene una posición muy diferente al PSOE (ley electoral, reforma de la Constitución, de la educación, del modelo territorial, etc.), para refugiarse en el oportunismo demoscópico, esto es, en tratar de abanderar causas de moda que, o bien son irrelevantes para resolver los problemas de fondo o, lo que es peor, conseguirán agravarlos. La última de estas cortinas de humo oportunistas es la subida a esa nave de los locos que es la xenofobia. Porque proponer políticas activas contra los inmigrantes, con o sin papeles, no es otra cosa que xenofobia. Eso es proponer “contratos morales” especiales para los inmigrantes legales, como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El PP parece empeñado en ratificar que ya es “la peor oposición” de la breve historia democrática española. Y no se trata de una mera cuestión de estilo. No, si acusamos al PP de hacer la peor oposición posible es porque elude sistemáticamente los problemas de fondo, en los que no tiene una posición muy diferente al PSOE (ley electoral, reforma de la Constitución, de la educación, del modelo territorial, etc.), para refugiarse en el oportunismo demoscópico, esto es, en tratar de abanderar causas de moda que, o bien son irrelevantes para resolver los problemas de fondo o, lo que es peor, conseguirán agravarlos. La última de estas cortinas de humo oportunistas es la subida a esa nave de los locos que es la xenofobia. Porque proponer políticas activas contra los inmigrantes, con o sin papeles, no es otra cosa que xenofobia. Eso es proponer “contratos morales” especiales para los inmigrantes legales, como si tuvieran obligaciones especiales -de las que están exentos, en cambio, los cargos corruptos del PP-, y de reconsiderar la <em>obligación legal</em> de los ayuntamientos de <em>empadronar a todos los habitantes de la localidad</em>, tengan visado o no o duerman de tres en tres en habitaciones de doce metros cuadrados (con suerte).</p>
<p style="text-align: justify;">Repitámoslo, a ver si a base de insistir cunde la idea: un emigrante que cumpla todas las leyes del país de acogida no tiene ninguna otra obligación que no tengan los ciudadanos del mismo; todos los seres humanos tienen derechos básicos intocables, aunque no tengan visado; la obligación de empadronar también a los que no tiene visado atiende al interés general, y si un ayuntamiento tiene cien mil habitantes reales esos son los que deben figurar en el padrón, aunque el 10% carezca de visado. Estos pueden ser expulsados legalmente del país, pero sin ser privados hasta entonces de sus derechos básicos ni de servicios que los materialicen, como educación para sus hijos o atención sanitaria si la necesitan. Por eso el PP hace muy mal al proponer retorcidas necedades como un “contrato moral” (¿a qué diablos puede obligar?) que sólo sirve para alentar las sospechas xenófobas, y cuando pone en solfa una obligación muy sensata del padrón municipal que, por cierto, impuso Mariano Rajoy cuando era ministro del Interior (<em>o tempora o mores</em>) en atención al interés general: saber dónde están todos los extranjeros que viven en el país, hayan entrado en <em>bussines</em> o en patera.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchas voces alertan de que no deja de ser verdad que los servicios sociales no estaban preparados para atender adecuadamente el aumento de población de las zonas más receptoras de inmigrantes, de modo que algunos centros escolares públicos se convierten en guetos de niños con costumbres problemáticas, o que los servicios de urgencias de los hospitales parecen abarrotados por nuevos vecinos que en algunos casos recurren a la sanidad gratuita con escasa prudencia, y otras denuncias semejantes de personas conocedoras de lo que hablan y nada xenófobas ni populistas. De acuerdo, afrontemos el problema comenzando por las causas. Cuando un hospital o un centro escolar, o todo un barrio, se satura o degrada por la avalancha, ¿a quién hacemos responsable: al emigrante llegado a trabajar en lo que se le ofrezca, o a las administraciones incapaces de tomar previsiones mientras alentaban la inmigración masiva, incluso sin papeles, para alimentar la demanda de mano de obra barata y poco cualificada del fallido modelo económico español?</p>
<p style="text-align: justify;">Pero donde el dislate xenófobo-populista llega al apogeo es en declaraciones como las de Alicia Sánchez-Camacho, según la cual <em>&#8220;en Cataluña y España no cabemos todos&#8221;</em>. ¿Nos dirá, pues, quiénes sobran y deben ser expulsados? Y lo dice para abrir campaña electoral en una comunidad, Cataluña, donde al nacionalismo etnolingüístico que tampoco encuentra sitio para los españoles que no saben catalán y para los catalanes no nacionalistas o aficionados al uso del español con preferencia al catalán o conjuntamente con éste (bilingües, vaya). Viejo problema al que se ha sumado ahora una plataforma, PxC, de <a href="http://www.pxcatalunya.com/webnormal/" target="_self">ideología puramente xenófoba</a> (y al que todos los pronósticos electorales dan buenas perspectivas de entrar en el Parlamento catalán). Impresionante deriva. Junto a la unanimidad de los medios de comunicación catalanes (con perdón) con la editorial del no al Constitucional (como si hiciera falta pararlo), la alienación del PP catalán con los nacionalistas y xenófobos regionales expresa otro avance de la berlusconización de Cataluña (con aspirante al título de Berlusconi catalán en la figura del presidente balompédico Laporta).</p>
<p style="text-align: justify;">En resumen: mientras resulta inútil esperar al PP para las grandes reformas urgentes, de la económica a la educativa pasando por la constitucional y electoral, he aquí que el partido que aspira a suceder al PSOE disputa el menguante voto catalán a lo peor de esa comunidad identificándose con él. Estamos en plena caída de una democracia con problemas nacionales a un régimen de nacionalismos desbocados.</p>
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		<title>La naturalidad de la xenofobia</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jan 2010 04:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[crisis económica]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Era de prever que actitudes xenófobas como la del ayuntamiento de Vich o el de Torrejón de Ardoz iban a brotar tarde o temprano. Es más, me parece notable que hayan tardado tanto en aparecer, y más en una crisis económica y laboral tan severa como la que atravesamos. Había varias razones para este pronóstico: cosas así ya han pasado en otros países con mucha inmigración, y es una reacción política populista muy rentable para quien la perpetra. Porque, no nos hagamos ilusiones al respecto, la xenofobia es un instinto muy arraigado en la mente humana, o lo que es lo mismo, es una pasión –baja- de lo más natural. Lo culto es tratar de vencer nuestro natural instinto xenófobo y combatir sus excesos. Porque la xenofobia, como otras fobias parecidas –el antisemitismo, el racismo o la homofobia-, es uno de esos aspectos de la naturaleza humana ordinaria que debemos esforzarnos por minimizar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Era de prever que actitudes xenófobas como la del ayuntamiento de Vich o el de Torrejón de Ardoz iban a brotar tarde o temprano. Es más, me parece notable que hayan tardado tanto en aparecer, y más en una crisis económica y laboral tan severa como la que atravesamos. Había varias razones para este pronóstico: cosas así ya han pasado en otros países con mucha inmigración, y es una reacción política populista muy rentable para quien la perpetra. Porque, no nos hagamos ilusiones al respecto, la xenofobia es un instinto muy arraigado en la mente humana, o lo que es lo mismo, es una pasión –baja- de lo más natural. Lo <em>culto</em> es tratar de vencer nuestro natural instinto xenófobo y combatir sus excesos. Porque la xenofobia, como otras fobias parecidas –el antisemitismo, el racismo o la homofobia-, es uno de esos aspectos de la naturaleza humana ordinaria que debemos esforzarnos por minimizar en lo posible. Su erradicación ya es algo más problemático, si no quimérico.</p>
<p style="text-align: justify;">A la actual idolatría de la naturaleza, con tantas expresiones a día de hoy –del ecofundamentalismo a la nueva religión del cambio climático (¡he leído que López Uralde era un “mártir del clima” por su detención en Copenhaghe!)-, puede chocarle, o algo peor, hacer responsable a la naturaleza de la xenofobia, considerando esa baja pasión como un instinto más que como una noción ideológica o una convención cultural. Pero es muy difícil refutar el hecho de que la práctica totalidad de las comunidades humanas documentadas, sea por la historia o por la antropología, e incluso por la experiencia viajera de cada cual, albergan una profunda desconfianza, que puede llegar al odio más irracional, por “los otros”, es decir, por el extranjero. Un elocuente ejemplo de esta tendencia es el hecho de cada comunidad llamara a su vecina con un nombre despectivo que señalaba algún presunto defecto o tara de esos tipos no del todo humanos. Incluso en la civilizadísima Atenas de Pericles la condición de <em>meteko</em>, descendiente de un extranjero, era motivo suficiente para quedar excluido de la ciudadanía, reservada a los varones de las supuestas familias autóctonas. La idea de la igualdad radical de todos los seres humanos ha sido siempre muy minoritaria o más bien parcial (los cristianos y musulmanes sólo consideraban, o siguen considerando, realmente iguales a los fieles de la comunidad, excluyendo a herejes, paganos e infieles), hasta que la Ilustración la proclamó con un carácter realmente universal. Así pues, las ideologías xenófobas o abiertamente racistas se han reducido, por lo general, a algo tan fácil como dar una carta de naturaleza supuestamente respetable, política, a lo que no son sino prejuicios, fobias y miedos reaccionarios contra los ajenos a la propia tribu, sea ésta pequeña o se trate de una comunidad enorme. Siguiendo el llamado “síndrome del gallinero” -todas las gallinas tienen una o varias a las que picotear agresivamente, excepto la de más bajo rango-, incluso las comunidades marginadas y despreciadas desprecian y marginan a su vez a las que consideran inferiores.</p>
<p style="text-align: justify;">La buena educación no es, sin duda, suficiente para por lo menos avergonzarse y renegar de las emociones xenófobas que albergamos más o menos secretamente, pero tampoco parece haber duda de que es condición necesaria para ello. Esta es la razón de que en los países occidentales los sectores sociales más abiertamente xenófobos suelan coincidir con harta facilidad con los de menor educación. Trasladado a la política, este fenómeno social implica fórmulas populistas muy peligrosas para la libertad y la igualdad, es decir, para la democracia. Así, un modo de ganar un buen montón de votos allí donde la gente cree que hay demasiada emigración o extranjeros asentados –percepción que muchas veces resulta más subjetiva que otra cosa- es proponer la institucionalización de su marginación, privando a los extranjeros de algunos derechos reservados a los nativos. Por ejemplo, servicios básicos universales como la educación obligatoria y la atención sanitaria, que pueden negarse a quienes no estén empadronados. El reciente progreso de las fuerzas políticas populistas y nacionalistas en Francia, Holanda, Gran Bretaña o Italia ha seguido esa sencilla senda: atraer los votos que antes solía llevarse la izquierda –desempleados, trabajadores poco cualificados, jóvenes, pensionistas- asegurándoles que los emigrantes no iban a quitarles nunca más <em>su</em> trabajo, <em>sus</em> casas o <em>sus</em> servicios sociales. Huelga decir que sin referirse nunca a la aportación indispensable de esos inmigrantes, legales o no, al desarrollo económico que permite mantener esos servicios públicos.</p>
<p style="text-align: justify;">La decadencia de la izquierda tradicional también puede favorecer movimientos populistas xenófobos en España, si no lo está haciendo ya. La derecha tradicional también tiene fácil, como se ha visto en Italia y en menor medida en Francia, la caída en la xenofobia militante por su tradicional poca fe en valores como el universalismo cultural o la igualdad. Los casos de Vich o Torrejón podrían ser, por eso mismo, la cima de un iceberg con mucha masa sumergida por manifestarse. Hay que estar atentos a esta posibilidad, y tratar de atajarla cada vez que esté en nuestra mano. Máxime cuando todas las previsiones económicas coinciden en que el desempleo y el déficit público se van a mantener muy altos durante muchos años, aunque mejoren algunos indicadores económicos que permitan a los gobiernos hablar, engañando de nuevo, del &#8220;fin de la crisis&#8221;. En semejantes condiciones, los inmigrantes tienen todas las papeletas para convertirse en chivos expiatorios del malestar social.</p>
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