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Crónica de los avances del fascismo en Cataluña: la agresión a Rosa Díez y UPyD en la UAB (5-3-10)
Por CarlosMG - Uncategorized - 7 Marzo 2010
El periodismo se está convirtiendo en una profesión distraída. Leo los titulares de los medios sobre lo sucedido en la UAB el viernes 5 de marzo, y la inmensa mayoría –con la excepción significativa de Público, ya analizada por Santiago González- coindicen en titular cosas como “intento de boicot”, “intento de agresión”, “tratan de impedir”. No: fue un boicot y una agresión en toda regla, brutal. Lo que debía haber sido una conferencia que intentaron escuchar cientos de personas a las que se impidió a la fuerza el acceso a la sala –eso tampoco lo he visto relatado en ningún medio-, quedó reducido a un gesto de dignidad y coraje democrático muy importante, pero nada parecido a una conferencia-coloquio en libertad. Fue, por otra parte, un extraordinario documento sobre los avances del fascismo en Cataluña, gracias al desistimiento cívico de la mayoría de la sociedad, y a la cobardía y colaboracionismo de sus instituciones con el nacionalismo más energúmeno e impregnado de genuino fascismo. Pero también sirvió para demostrar cómo se le hace frente y de qué modo se defienden las libertades amenazadas: practicándolas sin pedir permiso a quienes quieren suprimirlas. Eso es todo.
Como servidor acompañaba a Rosa a Barcelona ese día, con Paco Pimentel, Nacho Prendes, Mayka, Jesús Prieto y muchos compañeros del partido en Cataluña, tuve la ocasión de ser no ya testigo, sino implicado activo en el caso. Así que voy a relatarlo para general instrucción. Como por desgracia uno ya se ha visto envuelto en situaciones parecidas muchas veces en los últimos veinte años, tanto en el País Vasco como en Cataluña, y a veces más violentas, tenía la ventaja que da el dejà vu: concentrarte en los detalles sin impresionarte demasiado por el ruido de fondo.
En 1999 pasé por una algarada semejante en la facultat de Filosofía de la Universitat de Barcelona, donde me habían invitado a compartir mesa redonda con Jon Juaristi, Alejo Vidal-Quadras y Paco Caja. Fue imposible porque, exactamente igual que el viernes 4 de marzo de 2010, un grupo de energúmenos bien organizado bramó, agredió y arrojó pintura sobre los audaces conferenciantes y el público congregado. Pero, a diferencia de lo pasado este viernes, que ha tenido bastante repercusión informativa, aquello no tuvo casi ninguna, y la escasa que hubo repudió la “provocación” de organizar una mesa redonda sobre el nacionalismo lingüístico en una Facultat de filosofía (igual si hubiera sido una Facultad…) Once años después se repite la agresión, y aunque esta vez haya habido información y eco de lo sucedido, y también mucho más público interesado que entonces (en el salón había al menos 250 personas normales que deseaban escuchar y debatir, y muchas más fuera), también comprobamos que una importante universidad, la UAB, está impunemente controlada por unos cientos de camisas pardas catalanas que campan por sus respetos ante el miedo, la indiferencia o la abierta colaboración de quienes deberían oponérseles: la comunidad universitaria, las instituciones catalanas y españolas, los medios de comunicación y la sociedad civil en general. Porque se trata de genuino fascismo en sus primeros estadios: ultranacionalismo antidemocrático trufado de una retórica izquierdista -el pueblo en peligro, los derechos sagrados de la tierra y la lengua, la ocupación extranjera- que sólo disimula su verdadera naturaleza. Mussolini primero y luego Hitler la emplearon a fondo. La fashion fascistoide ha cambiado y el modelo de vestimenta es ahora el de borroka vasco, no el de ario repeinado portando pulidos correajes, pero el fin y el mensaje son los mismos: aterrorizar al disidente metiendo el miedo en el cuerpo.
Vayamos a los hechos. La conferencia fue organizada por Joaquim Molins, catedrático de Ciencia Política de la facultad que le echó enorme coraje a lo que, como sabía perfectamente, era un desafío al orden implícito reinante en la UAB (y en muchas universidades españolas, no crean): que no puede invitarse a hablar de política a nadie que no sea o ultranacionalista o antisistema. Y no digamos si se trata de Rosa Díez y de UPyD en vísperas de las elecciones catalanas.
Desde dos horas antes del comienzo anunciado de la conferencia, unos 150 energúmenos ocupaban la sala para impedir el acceso no sólo a la ponente, sino a los muchos oyentes interesados que no pudieron ni entrar. Otros grupos de maulets se habían distribuido por la ruta de acceso al salón de actos con la obvia intención de hostigarnos e impedirnos la entrada.
Ante el panorama, se celebró una entrevista en el despacho del decano a la que asistieron Quim Molins, el decano Salvador Cardús –que acabó comportándose con dignidad-, Rosa, Paco Pimentel, Nacho Prendes, yo mismo y otros tres miembros más de UPyD. El decano intentó convencernos de la conveniencia de suspender la conferencia por razones de seguridad, pues había intentado infructuosamente negociar –ah, el seny catalán- con los maulets algún arreglo como que ellos hablaran un rato primero y luego dejaran hacerlo a Rosa Díez. El profesor Molins –¡qué gran tipo!- arguyó con vehemencia que la obligación de la UAB, y del decano, era garantizar la libertad de expresión sin ceder al boicot. Lo hizo muy enérgicamente, como pudo comprobar la mesa que golpeaba con el puño. Y Rosa, con nuestro asenso, se negó en redondo a ceder y exigió dar la conferencia en la sala donde se había anunciado.
Y allá que nos dirigimos con el magro dispositivo de seguridad montado: los expertos escoltas de Rosa, varios guardias de seguridad, y algunos mossos de paisano, más el refuerzo que representaban nuestras anchas espaldas detrás de Rosa y su muy engañosa fragilidad… Nos mantuvimos siempre varios pasos atrás -por eso salimos poco en las fotos, aclaración para suspicaces- para dificultar que se le acercaran demasiado y, si alguno conseguía hacerlo, cazarlo al vuelo (son cosas que te enseña la mili de la vida en el País Vasco). Por el camino fuimos todo el rato acosados por los maulets de guardia. Fuera de la sala, en la que había un pandemónium de cuidado pues algunos asistentes afeaban la conducta a los nacionalistas y exigían libertad de expresión, otro medio centenar de boicoteadores procedió a gritar, empujar y tratar de impedirnos entrar. Una vez dentro, ni Rosa ni ninguno de nosotros pudo pasar más allá de dos metros de la puerta. Un muro humano –en el sentido zoológico del término- lo impedía, mientras bramaba en nuestra cara –aquello fue como una sauna con estrujamiento- las consignas del día: “Rosa asesina”, “fora feixisistes de la universitat”, y –atentos- “Galicia lliure, fora Rosa Díez” (y espero con interés las muestras de solidaridad de las instituciones gallegas, sean peyorativas o no, además de las de sus personalidades más eminentes; alguno, como Manuel Rivas, ya se pronunciaba ayer mismo a favor de que se tragara sus palabras: como los maulets).
El impasse duró su buena media hora de empujones, gritos, escupitajos y alguna patada y puñetazo, aunque salpicados por diálogos insólitos. A Ramón de Veciana, compañero y amigo de UPyD en Cataluña, un energúmeno le bramaba a cinco centímetros de la cara “¡feixiste!”, hasta que le soltó también “¡fil de puta!”, produciéndose el siguiente insólito intercambio en fluido catalán: Ramón: “¡que me llames feixiste pase porque es lenguaje político, pero no te tolero que me llames hijoputa!” El niñato, muy cortado: “oh, bueno, tienes razón. Retiro lo de hijoputa porque es personal, pero no que eres un fascista.” El diálogo digno de Ubú rey prosiguió mientras corríamos por los pasillos porque, entre tanto, el decano, subido a la mesa y con el micrófono en la mano, dio por suspendido el acto en el salón ante la imposibilidad física de que la conferenciante y el moderador subieran al estrado. En todo este tiempo, la única actuación del servicio de seguridad fue impedir las agresiones directas a Rosa, pero no impedir que se le impidiera el paso, ni los empujones, golpes y aplastamientos que sufrimos todos los demás.
El decano ofreció un aula en la que, al parecer, también hubo de refugiarse Ibarretxe –o tempora o mores-, eso sí, en su caso acompañado por toda la solícita plana mayor de la UAB y muchísima más escolta. Fuimos, pues, al aula 12, ante el espanto de los guardias de seguridad. Los naturales estaban demudados, pero firmes. En el aula entramos apenas cincuenta personas y luego los de seguridad cerraron por dentro. Entre tanto, el pasillo de acceso se había llenado de energúmenos cada vez más furiosos por el semi-fracaso de su boicot. Con total impunidad, se pasaron las dos horas que duró la conferencia y el debate dentro del aula pateando con brutalidad las paredes, que literalmente temblaban, y aullando sus consignas (no teníamos megafonía dentro y eso incordiaba bastante). El decano intentó hacerles desistir de su actitud y fue premiado con una rociada de la pintura roja reservada para nosotros. También salpicó algo, entre otros, a nuestro hábil y archiprofesional realizador, Jesús Prieto, que cámara al hombro se quedó fuera para documentar a fondo lo que estaba pasando haciéndose pasar por cámara de un medio importante (y aprovecharon para pedirle que les grabara unas declaraciones…)
El cuadro era patético. Los cincuenta que estábamos en el aula cerrada veíamos por las ventanas cómo un poco más allá centenares de personas pasaban por el soleado campus como si aquello no estuviera sucediendo o no fuera con ellos. Se veían algunos guardias de seguridad privados pero no había policía alguna visible. Dentro, el clamor subía y bajaba según se enardecían o aburrían los escuadristas.
Rosa dio una conferencia resumida y se abrió el debate. De la veintena de estudiantes que lograron entrar más de la mitad se presentaron como independentistas que, muy educadamente a diferencia de sus compañeros vociferantes, fueron desgranando en más de tres docenas de preguntas, moderadas por el profesor Molins, sus muy previsibles objeciones al ideario de UPyD y sus no menos previsibles elementos de propaganda ultranacionalista, fruto de veinte años de adoctrinamiento educativo y mediático, a saber: UPyD quiere la muerte del catalán, el español no es su lengua aunque sepan hablarlo bien, España saquea Cataluña que sólo pide administrar su riqueza, España ocupa Cataluña por la fuerza, los referéndums independentistas son un espléndido ejercicio de democracia directa, si no se impone el catalán acabará muriendo ante la pujanza del español, etc. Al menos una de los asistentes, que había participado activamente minutos antes en el escándalo del salón de actos y que por su aspecto agitanado de manual hubiera sido una buena figurante de cualquier Carmen de Bizet, ahora, quizás para hacer méritos antes los catalanes patanegra, hacía las preguntas más propagandísticas y cabeceaba negativamente, con horrorizada pesadumbre, cuando Rosa le explicaba cosas como que ninguna lengua tiene derechos, sólo los ciudadanos.
Trataban de jugar con nosotros al poli malo y al poli bueno, pero Rosa estuvo brillante, directa y persuasiva, y ellos cada vez más sorprendidos por las respuestas… Francamente, con una docena de sesiones semejantes, muchos de ellos quizás irían liberándose del espeso pelo de la dehesa catalanista que les han inculcado como una malaria ideológica. Y esa es, precisamente, la razón de que los más brutales boicoteen activamente actos como el del viernes, y de que las instituciones catalanas ayuden a boicotearlos pasivamente. Al fin y al cabo, ¿no se escribió también en la catalana Universidad de Cervera el famoso y abyecto manifiesto de los catedráticos absolutistas a Fernando VII, el de aquello de “lejos de nosotros la funesta manía de pensar”? Pues en eso siguen muchos en Bellaterra.
La salida fue, como las imágenes demuestran sin género de dudas, brutal. Abandonamos el aula corriendo un largo corredor y bajando por unas escaleras desde las que se arrojaron contra nosotros todo tipo de cosas. El paroxismo llegó cuando Rosa pudo, por fin, meterse en el coche, que esperaba muy lejos (lo que indica la peligrosa imprevisión y bisoñez de los, por lo demás esforzados, servicios de seguridad universitarios). Los más fanáticos no sólo patearon y apedrearon el vehículo rompiendo faros e intentándolo con los cristales blindados, sino que trataron de tirarse sobre el capó para forzar un atropellamiento, con las consecuencias imaginables de haber tenido éxito: ¡Rosa Díez atropella a un estudiante catalán en la UAB! Qué gran titular para Público, El Punt, El Periódico, etc. Contra lo que dicen periodistas que no estaban allí, el coche salió muy despacio y con todo cuidado para, precisamente, no atropellar a nadie. Por fin alcanzó la salida del campus, entre los improperios de unas docenas de fieras y la indiferencia, incomprensión o miedo de miles de universitarios. No hubo detenidos, ni intervención policial, ni llamada alguna de autoridades catalanas o españolas; éstas, las del Gobierno, llamaron a Rosa ya avanzada la noche –una vez vistos los telediarios y calculado su efecto demoledor- para interesarse por su bienestar y preguntar por la inexistente acción policial. A la Generalitat, ni estuvo ni se la esperaba. Así avanza el fascismo en Cataluña, con su ayuda. Luego que no digan que no estaban avisados.
Continuará.
Por la caja, todos a una
Por CarlosMG - Uncategorized - 10 Febrero 2010
La tarde de ayer, Rosa Díez se quedó sola a la hora de votar una moción de UPyD para “despolitizar” las cajas de ahorro, es decir, para liberarlas de su actual servidumbre a los intereses inconfesables de partidos políticos, sindicatos y fuerzas vivas locales, con el fin de convertir a las instituciones que controlan el 51% del negocio bancario español en verdaderas entidades crediticias al servicio de los clientes, gestionadas por profesionales e independientes de la presión de sus actuales dueños de facto para, por ejemplo, condonar créditos a los partidos políticos y financiarlos de otros mil modos turbios.
Es evidente que la reforma de la anacrónica regulación de las cajas de ahorro urge por las exigencias de saneamiento del sistema financiero, pues las cajas se han convertido en bombas de relojería por riesgos acumulados de magnitud en buena parte desconocida. Por ejemplo, la insolvencia de muchas debido a su abusiva implicación en la burbuja inmobiliaria (son las principales acreedoras de esa escalofriante cifra de 350.000 millones de euros en créditos inmobiliarios probablemente incobrables). Y además hay razones de justicia no menos urgentes: los privilegios y chanchullos que prodigan a sus beneficiarios, inaccesibles para los simples particulares que, encima, son quienes las sostienen con sus depósitos y nóminas.
La moción de UPyD que todos los demás partidos han votado en contra, como un solo hombre o mujer, pedía cosas tan insólitas –aunque adoptadas en muchos países europeos desde hace años- como separar la “obra social” del negocio bancario, que debe regirse por criterios profesionales de rentabilidad, impedir a las comunidades autónomas que puedan vetar fusiones de cajas o cambios similares –como pretende la ley de Núñez Feijóo que el Gobierno ha decidió recurrir ante el Constitucional-, poner al frente de la gestión a profesionales, someter las decisiones estratégicas al control del Banco de España, y erradicar la manipulación actual que ha convertido la representación en los órganos de gestión de trabajadores y clientes en sendas representaciones delegadas de partidos y sindicatos. Entre otras cosas. Pues bien: PSOE, PP, CIU, PNV, ERC, CC, BNG, IU-IPC, NaBai y tuti quanti han votado unánimemente en contra. El mismo día en que un inspirado Eduardo Sotillos explicaba en su blog que el ascenso de la popularidad de UPyD expresa la indiferencia de algunos votantes… ¡por las diferencias de programa entre los partidos! ¿No es desternillante?
Se trataba, claro, de la caja, o mejor dicho, de la libertad de meter mano en ella para financiar todo tipo de intereses espurios, políticos en el sentido peyorativo del término, porque poco tienen que ver con el interés público inversiones disparatadas como el aeropuerto de Ciudad Real que ha hundido a Caja de Castillla-La Mancha, o la especulación inmobiliaria a la que casi todas se echaron a tumba abierta. Otro de los ingredientes obvios de la crisis económica, en curso, una crisis económica agravada por una crisis política consecuencia de un sistema de partidos degenerado. Pero claro, ya lo dice José Blanco: ¡es una conspiración internacional contra nuestro maravilloso sistema! Y contra el euro, o.c.
La derecha vergonzante, contra nosotros
Por CarlosMG - Uncategorized - 25 Enero 2010
No es desde luego ninguna casualidad que varios medios de comunicación controlados por la derecha de la derecha, esa que se dice liberal porque en realidad no se atreve a asumir en público su verdadero ideario y hábitos políticos –una mezcla de tradicionalismo, cainismo y rapacidad ilimitada-, ande liando la campaña en marcha de desprestigio contra UPyD. A propósito de las andanzas de un pintoresco emprendedor de Madrid tan aficionado a coleccionar disidencias en partidos políticos –me dicen que somos el cuarto que trata de controlar, nada menos- como otros colegas suyos a coleccionar cochazos, tres periódicos al servicio de la derecha vergonzante, más alguna radio privada o así y alguna tele pública (risas), han encontrado lo que consideran un filón para tratar de hundirnos con las únicas armas que realmente dominan: la difamación, la injuria y la tergiversación. Les acompañan desde hace tiempo los inevitables políticos sin beneficio a la busca de un fautor de sus días, que no autor, que han ido yéndose dando portazos más o menos ruidosos a medida que iban comprobando que esto no era lo suyo, apoyados por un grupo de ciberanimadores más parecidos al casting de Alguien voló sobre el nido del cuco que a un colectivo racional. No es de extrañar, sino todo lo contrario, la creciente batasunización del “libro de estilo” de esos medios, esos círculos de opinión y esos personajes.
Pues en efecto, los típicos insultos y denuestos que muchos de nosotros estábamos acostumbrados a leer en Egin, Gara o Egunkaria para denunciar nuestra militancia constitucionalista y justificar que fuéramos objetivo de los verdugos –mienten, roban, viven de esto, son un fraude, no representan a nadie, gastan millones de turbio origen a manos llenas- son ahora falsa moneda de curso corriente en esos medios de la derecha vergonzante a propósito de UPyD: mentimos, robamos, vivimos de esto, somos un fraude, no representamos a nadie, gastamos millones de turbio origen a manos llenas. La única originalidad que encuentro a los sicarios de la derecha vergonzante que así depone sus miedos es la añadidura de los insultos e insinuaciones soeces, sórdidas y de tipo clericalmente sexual: que si el lobby gay, que si las orgías subvencionadas en pisos de ciertos barrios de tenebrosa reputación regalados a dirigentes… Savonarola o Torquemada, a su lado, sí que eran liberales.
Es verdad que la lógica no es lo suyo, pero no hay mucha lógica en la propaganda totalitaria: lo mismo no tenemos militantes ni estructura en Cataluña que los cuadros catalanes se van por docenas con el 50% de una afiliación que era inexistente; lo mismo somos un partido donde no hay nadie conocido fuera de la autoritaria portavoz que un partido de donde ilustres y prestigiosísimos fundadores huyen por centenares, despertando la santa indignación de las personas virtuosas; lo mismo no pintamos nada ni tenemos futuro alguno que somos caza mayor a batir por las mejores Escopetas Nacionales del reino de la Tertulia.
Y esa basura la propala un orgulloso diario centenario, monárquico y católico militante –la Iglesia, que tanto se queja de un trato injusto, tiene otro problema con esos amigos-, que hace nada vomitó en portada el linchamiento público de un inocente acusado de haber asesinado y violado a la hija de su pareja; otro que tiene el titular menos adecuado a su línea que cabe concebir y a quien las encuestas electorales siempre le salen divididas por dos cuando a nosotros se refieren, y un tercero que es un acabado ejemplo de libelo ultra al servicio de la fundación de un partido de extrema derecha en cuanto se presente la ocasión. Los tres tienen, por diversas razones, grandes problemas económicos, enjuagados con dinero público o privado interesado en la información únicamente como manipulación sistemática, tergiversación permanente y asesinato civil de cualquiera que se ponga a tiro. Luego se extrañan de que los periódicos pierdan lectores a mansalva.
Bueno, allá ellos. Con algún informante suyo nos veremos en los juzgados, donde deberá probar las acusaciones de desfalco, robo y apropiación indebida, entre otras, que alegremente vierte sobre nosotros para curar la herida de su ridículo en el Congreso y satisfacer quién sabe qué pactos y exigencias. Aunque, a la vista de la campaña de prensa que pivota sobre su testimonio y de los medios que participan, tiene un probable origen en, más o menos, un famoso edificio de la Puerta del Sol.
Tampoco es para extrañarse ni para rasgarse las vestiduras ante la actuación de la máquina de hundir reputaciones, bien engrasada con dinero de los contribuyentes, o sea, nuestro y por tanto de sus víctimas. Porque las víctimas de la desinformación y de la conversión de las instituciones públicas en cotos privados de caza y rapiña no somos precisamente los promotores de UPyD, sino los ciudadanos cuyos bolsillos son aligerados de buena parte de su dinero sólo para mantener medios de comunicación sin lectores, cajas de ahorros al servicio de políticos retirados, chanchullos y tinglados de todo tipo y máquinas mediáticas de picar carne al servicio de todo lo anterior. Pues claro, no habríamos fundado otro partido, ni apartado del mismo sin miramientos a todos los que han demostrado su afán de pervertirlo –y así seguirá siendo-, si estas cosas no pasaran.
Las emociones y la política, o hay vida inteligente entre el aburrimiento y la indignación
Por CarlosMG - Uncategorized - 11 Enero 2010
Es cierto que una democracia ideal es un sistema más bien aburrido. Aquello de Orson Welles en El tercer hombre: ¿qué ha dado Suiza al mundo en cien años de paz?: el reloj de cuco (y la banca personal, podía haber añadido). Suiza era, en efecto, el epítome del país pacífico y democrático que se aburría lo indecible y hastiaba a la gente ansiosa de emociones, que prefería las revoluciones, la incertidumbre y la agitación social. Pero hoy no vamos a hablar de Suiza, sino de la implicación de la política con algunas emociones básicas. Sobre todo de la política cuando degenera, como ocurre en nuestro país.
Ayer mismo, El País traía una columna de José Ignacio Capablanca, Aburrámonos todos, donde localizaba en el aburrimiento la piedra filosofal de la presidencia española de la UE: si Zapatero consigue aburrir a Europa, decía, es que su presidencia de turno habrá ido bien. Y hace unos días, José María Ruiz Soroa aconsejaba a Patxi López que buscara ante todo un estilo de gobierno aburrido, en la convicción de que así iría ganando la adhesión de la ciudadanía vasca, harta de emociones políticas. Quién iba a decirlo, el aburrimiento parece la emoción característica de la izquierda tradicional y aburrir su programa de gobierno, quizás por temor a que cualquier otra producida por José Luis Rodríguez Zapatero sea mucho peor que el tedio.
Y si la esperanza de la izquierda tradicional es refugiarse en el aburrimiento, renunciando a la ilusión del cambio que tanto invocaba hace nada, ¿cuál es la emoción asociada a la derecha tradicional? Pues la misma: Rajoy es un personaje que también descansa en el aburrimiento, aunque no sabría decir hasta qué punto es algo totalmente deliberado o sólo inevitable. El PP espera, en efecto, que los votantes se aburran tanto de la incompetencia socialista que prefieran probar a aburrirse con la suya. Y por otra parte, ¿no es el aburrimiento algo ligado de modo casi natural al característico tradicionalismo y conservadurismo de la derecha civilizada? Parecería entonces que el PP lleva ventaja al PSOE en lo referido al alto objetivo de aburrirnos a todos, aunque la disputa está muy reñida. Es otro indicio de la paulatina convergencia de los partidos tradicionales, apenas enmascarada por sus peleas rituales entre progres y fachas.
Si PSOE y PP tienden a buscar la salvación y el éxito aburriendo al personal, los nostálgicos de la izquierda radical y de la derecha rampante tienden a la indignación como su emoción característica. Indignación contra el capitalismo que consideran salvaje y culpable, o indignación contra la democracia que rompe España y otras cosas peores. Es como si el estar indignado fuera un requisito para formar parte de los críticos al sistema. Y en efecto, la indignación puede ser un buen punto de partida –como la compasión, la solidaridad, la vitalidad y otras emociones- para comprometerse en lo público, es decir, en la política. Lo que ya me parece más dudoso, por no decir inaceptable, es que la indignación sea el punto de llegada. Ya saben, vociferar, tronar e insultar a quien corresponda –los políticos en general, los inmigrantes, los musulmanes, los matrimonios gays, los gobiernos, los bancos, etc.- como punto de llegada y única función de la actividad política, como si ésta fuera una especie de terapia psicológica. O todavía peor, el inmovilismo interesado de los que practican la indignación impostada, pura simulación para que nadie amenace sus chanchullos por miedo a sus berridos o para conseguir, haciendo el energúmeno, lo que no se logra de otro modo. La indignación impostada es el matonismo del farsante, y hay mucha.
Así pues, ni aburrimiento, que equivale a resignación y desistimiento en estos tiempos que corren, o lo que es lo mismo, a un conservadurismo inconfesable, ni indignación ilimitada y sistemática que dispara contra todo lo que se mueve o está quieto.
¿Y qué alternativas caben? Tal como yo lo veo, la satisfacción cívica (la virtud política, en el lenguaje tradicional) conseguida por el compromiso en transformar las cosas que se deben transformar, templada por un moderado escepticismo, es decir, por la convicción de que nadie, uno mismo en primer lugar, tiene toda la razón, toda la virtud o toda la autoridad moral. Sabemos que no hay soluciones perfectas: todas tienen y oponen sus propios problemas y hay que contar con ello. Como dijo Alvaro Pombo en su espléndido parlamento de apertura del I Congreso de UPyD, “la perfección es fascista”. Y podemos añadir que el aburrimiento es enemigo de la igualdad y la indignación enemiga de la libertad; ambas juntas, de la democracia, como una especie de bipartidismo emocional que desplaza la razón y la autenticidad.
Y otra cosa: perseguir la satisfacción política es sumamente divertido, pues aunque no faltan los malos momentos hacerse cargo de la propia ciudadanía –o sea, participar en política- es fuente de grandes satisfacciones personales… siempre que no se persiga aburrir a los demás o cultivar una indignación furiosa. Haga la prueba.
Cosas que hemos pasado y demostrado este 2009
Por CarlosMG - Uncategorized - 31 Diciembre 2009
Tras felicitar el año a mis detractores, cosa que algunos han agradecido con renovados bríos aunque no los suficientes, toca felicitar el año entrante a los amigos y compañeros del alma. Este es, de verdad, un partido diferente, tanto que la mayoría de quienes le dedicamos nuestro tiempo no sólo nos llevamos muy bien, sino que además nos lo pasamos estupendamente, como el otro día explicaba en su blog Manuel Hernández. Otro motivo de aflicción, desesperación y animadversión para nuestra rica nómina de detractores; conviene avisar a los poco experimentados de que, según lo hagamos mejor, irá en aumento.
El año que dejamos atrás ha sido de todo menos aburrido. La singladura de la piragua, convertida en veloz lancha velera tras librarse de cierto lastre de lunáticos y polizones disfrazados de remeros, y tras reforzarse con numerosos nuevos y buenos tripulantes, merece algún comentario. Vamos allá.
Elecciones vascas, gallegas y europeas: un partido político democrático no es otra cosa que un instrumento creado para llevar a las instituciones donde se toman las decisiones públicas un programa propuesto a los ciudadanos. Por eso su primera responsabilidad es concurrir a las elecciones y entrar en las instituciones si gana la confianza de suficientes votantes. Este año lo hemos conseguido en dos de las tres a las que nos hemos presentado: País Vasco y Parlamento Europeo. En Galicia no ha podido ser todavía, pero hubo un avance muy significativo; de hecho, el umbral del 5% que establece la ley electoral gallega es muy difícil de batir a la primera por un partido nuevo y pequeño (para eso lo pusieron, precisamente); pero, perseverando y mejorando, entraremos. En cambio sí pudo ser a la primera en el País Vasco y en Europa. La entrada en el Parlamento Vasco no sólo tiene una tremenda importancia simbólica (e incluso emocional, al fin y al cabo UPyD nació en San Sebastián), sino que nos ha permitido demostrar nuestro compromiso de decir y defender lo mismo en toda España, aunque sea impopular en algún sitio: Gorka Maneiro es el único diputado de Vitoria que votó contra el blindaje del Concierto Vasco, igual que Rosa Díez en Madrid. ¿Alguien da más? Pues no. En Bruselas también probaremos lo mismo: Paco Sosa dirá lo que ya dicen Rosa y Gorka, como se pudo comprobar en el asunto Haidar. Decimos lo mismo en todos los sitios y lo que dijimos que diríamos a nuestros votantes, sin trampa ni cartón: esto es regeneración democrática.
Las encuestas y las “crisis internas”: los medios de comunicación nos han dedicado atención, cuando se han dignado, por dos fenómenos muy relacionados, a saber: las encuestas de intención de voto y lo que se empeñaron en llamar “crisis internas”. Las primeras las pagan los medios y en todos los casos dan una subida sostenida de la intención de voto a UPyD, que debe rozar ahora el 5% de media nacional, junto a una consolidación de la imagen pública de Rosa Díez: son cosas íntimamente conectadas. Si las encuestas se encargan y pagan, hay quien se pregunta si con las “crisis internas” no pasará lo mismo. Sin excluirlo, es evidente que un partido que ha nacido como el nuestro debe atravesar crisis de crecimiento inevitables y, sobre todo, saludables. ¿Qué hay de malo en librarse de personajes que son al organismo de un colectivo humano lo que las toxinas, la hipertensión y el colesterol a un cuerpo? ¿Cómo podía eludirlos un partido que nació con una política de puertas totalmente abiertas, basado en la confianza? ¿Qué hacen en un partido político aquellos para quienes la política no tiene ninguna importancia real, pues reservan toda a las intrigas y maledicencias? Pero ni los ciudadanos ni los afiliados han dado crédito a estas escandalosas fabricaciones, pues en todo momento el número de afiliaciones ha superado al de bajas, incluso bajo los peores pronósticos. Y a la luz de la evolución de las encuestas, más bien parece que mucha gente considera que los ataques de ciertos medios de comunicación representan más bien una prueba de integridad, independencia y coherencia. La prensa tradicional tiene un problema de credibilidad no menor que el de la clase política tradicional, y se lo han ganado a pulso.
Un Congreso estupendo: la mayor “crisis interna” consistió en el intento de impedir que celebráramos el I Congreso por la vía judicial. Entre los demandantes y quienes les apoyaban más directamente había afiliados de otros partidos, exafiliados y afiliados expedientados por todo tipo de razones nada santas. Los demandantes nos enviaron mensajes discretos asegurando que tenían la cosa ganada porque la juez estaba de su parte y que, si no nos aveníamos a un acuerdo con… -¿lo adivinan?-, en cuyo caso sí retirarían la demanda, nos quedaríamos sin Congreso. La Camorra napolitana no es menos sutil. Pero muy al contrario, el auto del juzgado denegó y rechazó todas y cada una de las razones de la demanda, y acusó a los demandantes de incurrir en posible fraude de ley al abusar del amparo judicial para eludir sus responsabilidades disciplinarias en el seno de un partido democrático que tiene legítimas reglas internas, obligatorias para todos sus miembros. Ellos se fueron con el rabo entre las piernas o a urdir nuevas intrigas, y nosotros al Congreso. Salió estupendo, para ser la primera vez. Participó como delegado o voluntario de organización casi el 10% del partido. Se presentaron más de 3700 enmiendas a las ponencias, y se logró discutirlas y votarlas –las que fueron defendidas por alguien, obviamente- con orden y método. Se acabó la interinidad, que no la provisionalidad: hemos definido más nuestro proyecto político, incluyendo la reforma constitucional para adoptar una forma de Estado federal. Y hemos definido cómo funciona el gobierno interno del partido y las reglas que nos obligan. La democracia interna en un partido no es diferente a la democracia abstracta: no es otra cosa que el gobierno de las leyes, y no de las personas, una vez discutidas y aprobadas aquéllas por una mayoría suficiente.
¿Cabe hacer un Congreso mejor? Sin duda. Para empezar, en un sitio de precios menos abusivos y sin tantos anacronismos técnicos (¿es concebible que en 2009 un Palacio de Congresos no ofrezca una red wifi?) También es mejorable la participación en las votaciones al Consejo de Dirección, que anduvo por el 33%. Pero contra lo que creen los pesimistas, en Suiza, para poner un ejemplo de “democracia consultiva” muy admirada por sus partidarios, la media de participación en las consultas populares suele rondar el 30%. Y eso que llevan décadas de práctica constante. Como es mejorable, sin duda, la calidad de autotituladas “candidaturas alternativas”, de cuya alternativa política nunca se supo nada, excepto su mensaje nuclear: me pongo yo en tu lugar pero de cara a la galería tú trabajas para mí haciendo lo que yo te diga. Eso tiene un nombre muy feo.
Por lo demás, somos el único partido parlamentario español donde todos los afiliados pueden presentar su candidatura a cualquier órgano y ser votados por sus compañeros en condiciones de secreto e igualdad, sin filtro ni aval previo ninguno y sin reserva de cuota a grupos de ningún tipo, donde los delegados representan a la totalidad del partido sin mandato imperativo, de modo que puedan votar lo que consideren mejor tras el debate, y donde la dirección saliente tiene que ganarse el apoyo de la mayoría, en vez de fabricarlo a su medida. Eso también lo hemos demostrado.
Aminatu Haidar: el viaje de Rosa a El Aaiún con la carta de Aminatu Haidar a sus hijos ha demostrado el inmenso valor que puede tener un pequeño gesto a tiempo. Porque, se diga lo que se diga, a partir de ese momento Marruecos dio su brazo a torcer y el gobierno de España tuvo que someterse a la petición mayoritaria del Congreso –el PP, incomprensiblemente, prefirió abstenerse- para que exigiera a Marruecos el respeto de los derechos humanos y de las resoluciones de la ONU para el Sáhara Occidental. Es decir, la actitud oficial del gobierno español experimentó un giro de 180º. Obligado por la opinión pública y por la presión de los parlamentos español y europeo. Eso es la política, y no otra cosa. Que haya quien llame a eso oportunismo no va a escandalizarnos a estas alturas. La política no debe ser oportunista, pero siempre debe ser oportuna, que no es lo mismo: el kairós de que hablaban los antiguos griegos. Hemos probado, Rosa ha probado, que tenemos sentido del kairós. Desde luego, nosotros no hemos creado la opinión pública favorable a los saharauis, ni liderado la política internacional, ni nada parecido. En realidad somos unos humildes recién llegados a una lucha demasiado vieja. Por eso mismo era tan importante contribuir con un pequeño gesto a tiempo que ha ayudado de modo inesperado para cambiarlo todo. Ahora, Aminatu puede seguir su lucha pacífica en su casa, con los suyos, y el mundo ha vuelto a recordar la injusticia diaria que sufren los saharauis ocupados, o la necesidad de cumplir la resoluciones de la ONU para darle una solución justa. De eso es de lo que se trataba, de nada más. Trataremos de seguir siendo así de oportunos, aunque -por descontado lo harán- nos llamen oportunistas.
Todo por delante: el año 2010 va a ser en varios sentidos un año de transición. Si no hay adelantos o crisis peores que los precipiten, la única cita electoral será la de Cataluña, donde también hay que empeñarse en entrar en las instituciones para defender nuestro programa. Pocos sitios tan difíciles para éste por la hostilidad de sus medios de comunicación y stablishmnet, y pocos donde sea tan necesario por la pesadilla del pensamiento único nacionalista, de la rampante corrupción pública y de la decrepitud económica y educativa. Pero si hacemos las cosas bien, en diciembre de 2010 celebraremos también haber entrado en el Parlament de Catalunya. Al tiempo.
Y hablando del tiempo: feliz 2010 a todos, especialmente a los muchos amigos y miles de compañeros de UPyD, a nuestros simpatizantes y a los rivales que juegan limpio, y próspero año a todos… cuando toque.
La piedra de toque catalana
Por CarlosMG - Uncategorized - 27 Noviembre 2009
El follón montado en torno al nuevo Estatut de Catalunya era perfectamente previsible, y de hecho fue previsto por muchos de nosotros. La irresponsabilidad manifiesta de Zapatero, un trilero de la política; el auge del pensamiento único nacionalista en Cataluña, promovido por un establishment incómodo con la democracia; la chapuza constitucional de que no exista un recurso previo de inconstitucionalidad para las leyes orgánicas (fuimos el primer partido que puso su implantación en el programa y que lo llevó al Congreso de los Diputados); la puesta de la administración de justicia al servicio de los partidos, cuya máxima expresión es la incompetencia e inoperancia del Tribunal Constitucional; la ambigüedad y oportunismo del PP al aprobar en otros estatutos de autonomía lo que ha recurrido en el catalán (como la “cláusula Camps” del estatuto valenciano), dando así razones a quienes claman que los catalanes son discriminados porque se les niega lo que se aprueba para otros, todos estos y otros factores han coincidido y puesto de manifiesto en el conflicto suscitado por la tramitación del nuevo estatuto catalán. Nadie debería sorprenderse por un drama perfectamente anunciado y cuyos elementos de explosiva mezcla estaban a la vista de todos.
Es verdad que ahora la cosa se ha enriquecido con el manifiesto titulado, con esencialismo nacionalista, “Por la dignidad de Cataluña”, publicado unánimemente por los periódicos catalanes en papel y algunos digitales. Esta sospechosa unanimidad es la consecuencia de la desaparición práctica de la prensa independiente, pues los grupos de comunicación actuales no sólo forman parte ellos mismos del establishment que debería ser objeto de su escrutinio crítico, sino que sencillamente es una prensa comprada mediante subvenciones y dádivas de todas clases, sea en forma de subvención directa, de gravosa publicidad institucional o de créditos de las cajas de ahorro que controlan los partidos (además de los anuncios de prostitución que encubren conductas delictivas). Es solamente la guinda que corona la pringosa tarta en que ha devenido la democracia fundada en la Transición. Hora es ya de cambiarla, pero para eso hace falta tener un plan.
Desde luego, no hace falta ni decir que negarse a acatar la resolución del TC, sea la que sea, es un ataque directo a las bases de la democracia. Incluso si aquella fuera favorable, lo que procedería es pedir la reforma de la Constitución para que no cupiera la maniobra a la que llevamos tantos años asistiendo: la reforma subrepticia y por la puerta trasera –y ahora, mediante los hechos consumados- de la ley suprema. Esta es, por cierto, la cuestión política más grave implicada en el proceso de reformas estatutarias iniciado en Cataluña: que a los ciudadanos españoles, a la nación constitucional, se le está cambiando la forma del Estado, y por tanto sus derechos y obligaciones, sin consultarles ni explicarles claramente lo que pasa. Con el Estatuto catalán, y con todos los demás aprobados en su huella y a su estilo, España se está convirtiendo en una confederación, ni más ni menos.
El “Estado de las autonomías”, ese eufemismo de urgencia para eludir la palabra “federal” (palabra maldita para cierta mentalidad intolerante demasiado extendida todavía en nuestro país), se está convirtiendo en algo completamente distinto, un agregado confederal de entidades de distinto poder, viabilidad y futuro, flojamente hilvanadas por un Estado cada vez más débil. Esto es lo que hay, y sobre lo que nadie nos ha preguntado nunca. En cualquier caso, Cataluña no es La Rioja ni Extremadura, para citar dos socios menores de la chapuza confederal en curso de gestación. Y si la minoría que domina Cataluña mediante el control de todos sus resortes institucionales, de la prensa “independiente” a los clubs de fútbol –minoría, sí, pues recordemos que el Estatut fue aprobado por menos del 36% de los catalanes con derecho a voto-, decide seguir adelante en la política de hechos consumados, negándose a aceptar cualquier resolución del TC que juzgue contraria a su “dignidad” (a su poder), ¿qué haría el gobierno del Estado presidido por Zapatero, un hombre de ilimitada capacidad para el error, la manipulación y el ridículo? Mejor no dar ideas.
Y aquí me parece oportuna una pequeña reflexión sobre la utilidad de ese Estado federal cooperativo que hemos aprobado en nuestro Congreso como modelo a debatir cuando se abra una verdadera reforma constitucional.
En un Estado federal nunca se habría abierto un proceso de reforma estatutaria como el que hemos sufrido, ni sería posible considerar siquiera el tipo de bilateralidad Estado-Cataluña que instaura el Estatuto recurrido. Para entendernos, es como si Texas, o California, aprobara una nueva Constitución estatal instaurando la bilateralidad confederal con el resto de los Estados Unidos: allí ya tuvieron una guerra civil por algo parecido, así que ¿se imagina alguien una situación semejante? En cambio, en la república federal de Alemania hemos asistido hace poco a una cesión de competencias de los lander en beneficio del gobierno federal, a pesar de que algunos de ellos podrían alegar haber sido en un pasado reciente auténticos Estados soberanos, como Baviera o Sajonia, por no hablar de Prusia. Esa es la ventaja del federalismo sobre el caos autonómico español: hay unas reglas claras, con límites a los que todo el mundo sabe que deberá atenerse salvo que desee dinamitar el país. Precisamente lo que está ocurriendo en España por carecer de reglas constitucionales claras e iguales para todos, y de límites inviolables para la rapacidad localista. Y que todavía haya quien no quiera entenderlo…





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