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Voy a contarles lo sucedido a un amigo muy cercano (en adelante, Z) que ha tenido la mala suerte –o buena, según se mire- de verse envuelto en un enredo de salud fuera de su comunidad autonómica de residencia (en adelante, CAR). Ha sido una rara experiencia maestra de la vida, una de esas que brotan de lo íntimamente personal para florecer en lo político, es decir, en lo que importa a todos. Z llevaba tiempo arrastrando una rodilla a causa del paso irrefrenable de los años, pues la naturaleza no nos hizo perfectos y la cultura malos, como creen los pazguatos y los epígonos de Juan Jacobo (Rousseau). Tenía Z dos problemas adicionales que agravaban su estado, a saber: su fobia a la consulta de médicos y hospitales, y una existencia nómada entre su CAR y la villa y corte de Madrid con otras excursiones frecuentes por la hermosa piel de toro. [...]







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