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Para el conjunto de España, el famoso rescate financiero de la República de Irlanda tiene un significado ominoso resumido en el célebre dicho: cuando las barbas de tu vecino veas pelar… Pero en ciertas partes de España este desdichado asunto tiene un significado peor: me refiero a Cataluña, el País Vasco y Galicia. Porque la crisis financiera irlandesa es también una crisis de soberanía, una crisis que certifica la muerte del nacionalismo romántico heredado del siglo XIX. Despiadado, el mundo actual no reserva ningún sitio para tales antiguallas. Mira por donde vamos a asistir, de un modo imprevisto, al cumplimiento de una de las pocas profecías acertadas de Karl Marx y Friedrich Engels: las pequeñas “naciones” de base étnica que han sobrevivido a la primera etapa de la modernidad están condenadas a desaparecer por efecto de la presión disgregadora e integradora del sistema económico mundial (el capitalismo, en el viejo lenguaje).







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