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	<title>Carlos Martínez Gorriarán &#187; movimiento cívico vasco</title>
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		<title>Antonio Beristain S.J., ha sido</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Dec 2009 17:43:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta madrugada ha muerto, a los 85 años, Antonio Beristain Ipiña, una de esas personas realmente inolvidables para quienes tuvimos la fortuna de tenerle por amigo. Ha sido, ante todo, un protagonista de la rebelión cívica contra ETA y el apoyo a las víctimas del terrorismo en el País Vasco. Y desde su cátedra de derecho en la Universidad del País Vasco impulsó la investigación del terrorismo a través del Instituto Vasco de Criminología, que fundó en 1976. Trabajó incansablemente para difundir la idea de que el progreso de la administración de justicia exige poner a las víctimas en el centro de gravedad del sistema, desplazando de ese lugar al delincuente. Además era jesuita, condición que vivía con una mezcla de legítimo orgullo y avergonzada pesadumbre, a causa de la conducta de la Iglesia en el País Vasco. Antonio ha sido uno de los cuatro o cinco eclesiásticos vascos que se han puesto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta madrugada ha muerto, a los 85 años, Antonio Beristain Ipiña, una de esas personas realmente inolvidables para quienes tuvimos la fortuna de tenerle por amigo. Ha sido, ante todo, un protagonista de la rebelión cívica contra ETA y el apoyo a las víctimas del terrorismo en el País Vasco. Y desde su cátedra de derecho en la Universidad del País Vasco impulsó la investigación del terrorismo a través del Instituto Vasco de Criminología, que fundó en 1976. Trabajó incansablemente para difundir la idea de que el progreso de la administración de justicia exige poner a las víctimas en el centro de gravedad del sistema, desplazando de ese lugar al delincuente. Además era jesuita, condición que vivía con una mezcla de legítimo orgullo y avergonzada pesadumbre, a causa de la conducta de la Iglesia en el País Vasco. Antonio ha sido uno de los cuatro o cinco eclesiásticos vascos que se han puesto en peligro por comprometerse en la lucha contra ETA, pagando el precio adicional del aislamiento y la marginación dentro de esa Iglesia tan despectiva con la gente como él como comprensiva con quienes le amenazaban hasta que tuvo que llevar escolta.</p>
<p style="text-align: justify;">A cambio recibió de muchos laicos y no pocos ateos el calor, la amistad y el reconocimiento que le negaban en su casa. Comenzando por muchas víctimas del terrorismo, por las que realmente se desvivió; como otros que llegaron después, Antonio Beristain se implicó en la denuncia de la injusticia y la persecución política hasta que él mismo acabó siendo otra víctima más. Consideraba que las víctimas eran sus más preciosos semejantes, y no faltaba a un acto cívico de lucha contra ETA, a una concentración de protesta contra un atentado, a una manifestación ni, por supuesto, a un funeral, y ofició muchos. Participó activamente en el impulso de grupos pacifistas y cívicos, asumiendo la representación testimonial de una Iglesia sistemáticamente indiferente, cuando no hostil, a esta clase de movimientos. Ha tenido la satisfacción de vivir lo suficiente para asistir al fin de la marginación institucional de sus amadas víctimas y para ver cómo se abrían paso conceptos y principios que durante mucho tiempo defendió casi en solitario en el catolicismo vasco, acompañado de otros religiosos escasos y excepcionales como Alfredo Tamayo, Fernando García de Cortázar o Jaime Larrinaga.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero todo esto, y mucho más que podría contar, no debería eclipsar otra virtud admirable de este jesuita, jurista, activista cívico y gran tipo que ha sido Antonio Beristain. Me refiero a su gran sentido del humor y su talento histriónico, sin duda más indispensable en su situación que en cualquier otra. Al poco de conocernos en persona –llevábamos tiempo cruzando mensajes comentando nuestros artículos de prensa, hasta que el obispo Setién le prohibió seguir escribiendo- me resumió así su situación personal: “¡mi vida es un verdadero infierno! ¡Vivo con diez jesuitas tan viejos como yo, y son todos como Arazalluuuuz!” Porque además de detestar cordialmente a Arzalluz, Antonio Beristain admiraba sobre todo a las mujeres. Cuando recibía algún premio o era el centro de algún evento social, era inútil acercarse a saludarle hasta que no había obtenido todas las fotos posibles con el mayor número posible de mujeres. Una famosa política española del PP llegada para entregar un premio se interesó en la comida posterior por las razones por las que se hizo jesuita, quizás sorprendida por su soltura mundana, y Antonio le espetó risueño: “¿qué porqué me hice jesuita, hija mía? ¡Pues porque me gustan demasiado las mujeres!” Al poco de fundar UPyD me paró en la calle y me transmitió su reflexión sobre nuestro manifiesto fundacional: “Está muy bien lo de “partido laico”. Yo soy jesuita y, por tanto, quizás no pudiera apoyaros en conciencia, que tampoco me dejarían; ahora bien, ¡lo que sí puedo decir es que nunca se es suficientemente anticlerical! ¡Tenéis que ser profundamente anticlericales!”</p>
<p style="text-align: justify;">Uno de sus principales empeños durante todos estos largos años de lucha fue mantener viva la llama de la esperanza de que asistiríamos al fin de ETA y de la violencia y la marginación política. En el verano de 1999, acudió a una de las primeras reuniones de la Iniciativa Ciudadana Basta Ya, en la que presenté el Manifiesto que habíamos redactado los promotores del grupo. Le entusiasmo el tono combativo del mismo, y sobre todo que llamáramos a la rebelión cívica contra ETA sin embelecos ni cambalaches retóricos. Aunque ahora parezca mentira, muchos nos dijeron entonces -¡hace diez años!- que aquello de “ETA no-ETA ez” sin más, sin invocar el diálogo o la paz, era demasiado radical e impopular, y se descolgaron de la iniciativa (y como suele pasar, luego muchos de esos la reivindicaron como suya). No fue el caso de Antonio, desde luego, que sin embargo hizo una delicada crítica constructiva al documento: todo estaba estupendo, brillante y superior, valiente y audaz, pero echaba algo de menos… “¿Qué es lo que falta?”, le pregunté en un aparte, “la esperanza”, me contestó muy serio, “no hablamos de la esperanza… Y hay que dar esperanza a la gente”.</p>
<p style="text-align: justify;">A un hombre así, que nos decía muy serio a los descreidos que el perdón de los terroristas –y de Arzalluz- no era cosa de la justicia ni de las víctimas, sino competencia de Dios, le prohibió el obispo Setién –que precisamente dejaba la diócesis el mismo día de nuestra primera manifestación de Basta Ya, en febrero del año 2000-, a través del superior de la Compañía de Jesús, que escribiera más artículos en los periódicos e hiciera manifestaciones públicas contra el terrorismo y sobre la situación política vasca. Además, el superior le ordenaba pedir perdón al obispo por haberle criticado. Una vergonzosa humillación impuesta a un hombre considerado <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Beristain_Ipi%C3%B1a" target="_blank">una autoridad en su campo académico</a>, y para quien publicar sus ideas e intervenir en la esfera pública era una necesidad vital y un imperativo ético. Por eso mismo se lo prohibían, claro.</p>
<p style="text-align: justify;">Antonio, indomable verso suelto de la iglesia vasca, me confió una copia de la carta del superior con las exigencias del obispo. Me pidió que no la hiciera pública, pero que la guardara para contar en su momento ese penoso episodio, que le hirió profundamente. Voy a buscarla y sacarla a la luz para despejar esas tinieblas a las que tantos otros, incluyendo muchos curas y obispos, quisieron condenarle y condenarnos. Fracasaron gracias, entre otros, a este buen y admirado amigo recién fallecido. Su vida ha sido hermosa y muy fértil. La tierra te será leve, amigo.</p>
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