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	<title>Carlos Martínez Gorriarán &#187; Felipe González</title>
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		<title>Y no sé si hice lo correcto, o el idiota moral vuelve a la carga</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Nov 2010 13:30:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[ETA]]></category>
		<category><![CDATA[ética y política]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta es la frase con la que Felipe González cierra su reflexión –es un decir- sobre la posibilidad que tuvo de ordenar el asesinato de toda la cúpula de ETA hacia 1992. La revelación aparece en el curso de un largo diálogo con Juan José Millás donde el periodista vuelve a dar prueba de su talento para transmitir algo que me parece difícil: la profunda inanidad de sujetos a los que él admira por su liderazgo político. Supongo que le sale sin querer, porque ya le pasó lo mismo con Zapatero (aunque sin rozar las sublimes cotas serviles de Suso de Toro): a la luz de sus declaraciones, el presunto asombro de las democracias occidentales resultaba ser un peligroso majadero.</p> <p style="text-align: justify;">De la lectura de las declaraciones voluntarias de Felipe González sobre su modo de abordar el asunto ETA (y GAL) emergen sobre todo dos ideas: una, que Felipe González quiere transmitir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta es la frase con la que Felipe González cierra su reflexión –es un decir- sobre la posibilidad que tuvo de ordenar el asesinato de toda la cúpula de ETA hacia 1992. La revelación aparece en el curso de un <a href="http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Tuve/decidir/volaba/cupula/ETA/Dije/hice/correcto/elpepusocdmg/20101107elpdmgrep_2/Tes" target="_blank">largo diálogo con Juan José Millás</a> donde el periodista vuelve a dar prueba de su talento para transmitir algo que me parece difícil: la profunda inanidad de sujetos a los que él admira por su liderazgo político. Supongo que le sale sin querer, porque ya le pasó lo mismo con Zapatero (aunque sin rozar las sublimes cotas serviles de Suso de Toro): a la luz de sus declaraciones, el presunto asombro de las democracias occidentales resultaba ser un peligroso majadero.</p>
<p style="text-align: justify;">De la lectura de las declaraciones voluntarias de Felipe González sobre su modo de abordar el asunto ETA (y GAL) emergen sobre todo dos ideas: una, que Felipe González quiere transmitir que su política antiterrorista fue esencialmente pragmática; dos, que no considera que haya relación interesante alguna entre ética y política. Seguramente lo primero es corolario de lo segundo: si abordó el terrorismo de un modo que considera tan pragmático, es porque en esto cualquier regla ética estaba de más: era o inútil o improcedente.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y en qué consistió aquel pragmatismo respecto a ETA? Básicamente, en probar todos los recursos posibles, de la negociación política (como en Argel) al asesinato (los GAL), haciendo en cada caso lo más conveniente en función tanto de las expectativas de éxito de cada operación como de las complicaciones a que dieran lugar. De modo que la cúpula de ETA no fue asesinada, meses antes de caer en la famosa operación de Bidart, por temor a la reacción francesa. No por limitaciones éticas o, al menos, políticas. En ese <em>totum revolutum</em> de un pragmatismo cínico cobra todo su sentido que Felipe González crea, o finja creer, que Segundo Marey estaba <em>detenido</em> en vez de secuestrado y que sugiera que algo había hecho para merecerlo, aunque en todo caso el ministro Barrionuevo controlaba la situación. Tanto que ordenó la liberación del secuestrado. Por consiguiente Barrionuevo, y a través suyo él mismo, conocía las idas y venidas de los policías y sicarios empleados en los GAL. Es más: ellos autorizaban o paraban aquellas operaciones que llegaban a su mesa por su peso político, se tratara de volar a la cúpula de ETA o de soltar a Segundo Marey. Es lo que indicaba el sentido común y lo que sentenciaron los jueces que mandaron a la trena a Galindo, Vera o Barrionuevo. Aunque no  a Felipe González.</p>
<p style="text-align: justify;">Los idiotas morales piensan que las implicaciones públicas (políticas) de las decisiones éticas (o carentes de ella) son irrelevantes. Felipe González es un idiota moral. El idiota moral se caracteriza por carecer de cualquier empatía ética: no comprende los dilemas de esta naturaleza y rechaza que sirvan para algo más que entretener a los pusilánimes. Paradójicamente, o no tanto, en el mismo reportaje Felipe González da algunas lecciones sobre el liderazgo político. Lo resume en la posesión de tres capacidades o talentos: empatía (ponerse en el lugar de los demás), transmisión a los demás del entusiasmo fundado en la sinceridad de las propias creencias, y equilibrio emocional. Obsérvese que las tres cualidades son de tipo emotivo. Pero en el terreno de la ética, la empatía tiene su correspondencia en el juicio moral, no en las emociones. Es una pena que Felipe González hiciera caso a su padres y eligiera estudiar el útil derecho en lugar de la <em>inútil</em> filosofía, porque entonces habría podido entender –o no- aquello que explicara Kant y resume una máxima clásica: la propia responsabilidad moral hacia los demás se sustancia en el principio de considerarles un fin en sí mismos, y no un medio para fines particulares. Trasladado a la política, no se trata de entusiasmar a los demás en la prosecución de cualquier fin político, sino sólo de los mejores fines políticos. Me temo que el liderazgo político que define Felipe González es el de un caudillo populista, no el de un líder demócrata.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y qué tiene esto que ver con la política esto de la ética, pregunta retóricamente el idiota moral? ¿Acaso no son mucho más importantes la eficacia y en la eficiencia en la consecución de los fines perseguidos?  En el caso que nos ocupa, ¿no es cierto que lo que importaba era acabar con ETA <em>como fuera</em>, sin pararse en éticas ni historias?</p>
<p style="text-align: justify;">Pues yendo al meollo del asunto: NO. Defender al Estado en las alcantarillas, para usar la famosa expresión de FP, no autoriza a convertir el Estado en una alcantarilla, que es lo que ocurre cuando sólo se le defiende ahí.</p>
<p style="text-align: justify;">No es más eficaz ni eficiente atacar el terrorismo con inmoralidad que respetando algunos principios éticos. Es más: atacar al terrorismo con terrorismo sólo sirve para agrandar la bola de nieve terrorista, no para deshacerla. Es un hecho irrebatible que el GAL y sus atentados, lejos de acabar con ETA, le dieron más cuerda para muchos años. Y eso por muchas razones, aunque ahora sólo señalaré tres: a ojos de los seguidores de ETA y de muchos <em>neutrales</em>, el terrorismo de Estado legitimó el propio terrorismo <em>defensivo</em> de la banda; la confianza en los medios expeditivos sirvió para aplazar diez años las reformas jurídicas, políticas y policiales indispensables para derrotar a ETA (como la Ley de Partidos); el terrorismo de Estado ahogó la movilización cívica contra ETA que empezaba a germinar esos años en el País Vasco.</p>
<p style="text-align: justify;">En resumen: la idiocia moral de Felipe González, de su gobierno y de su partido no sólo no sirvió en absoluto para acelerar el fin de ETA, sino que por el contrario lo prolongó. ¿Dónde está la ventaja de la inmoralidad política? En ninguna parte, si nos referimos al interés público. Pero otra cosa es el interés partidista: la justificación pragmática de las extemporáneas declaraciones de Felipe González es auxiliar a sus sucesores José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Rubalcaba. Recuerda y justifica que, bajo su añorado gobierno, ya se hizo todo lo posible para acabar con ETA, desde negociar a secuestrar y asesinar. ¿Por qué ahora debería ser diferente? Este el mensaje: que nada ha cambiado y que todos los recursos están sobre la mesa: si no el asesinato, sí la negociación. Salvo, por supuesto, el de moralizar la acción política y la vida pública de este país, convertido cada día un poco más en un inmenso vertedero. Las alcantarillas, ya saben.</p>
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		<title>El pequeño Quique y el gran Felipe González</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Mar 2010 04:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe González]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Ahora que rememoramos el cincuentenario de la muerte de Albert Camus, uno de los raros verdaderos intelectuales del siglo XX, tan pródigo en imitaciones de la especie, conviene recordar uno de sus títulos fundamentales: La Peste. Es también uno de los suyos más alegóricos, sometido por lo tanto a interpretaciones muy variadas. En el relato, unos pocos hombres se enfrentan en la ciudad de Orán al progreso de la enfermedad y la muerte, mientras las autoridades se enfrentan al problema eludiéndolo y restringiendo la libertad de movimientos de sus habitantes. ¿Les suena? Me he acordado de la historia gracias a un par de aportaciones socialistas al debate político. Una, que puede parecer anecdótica, es el comentario de un joven socialista que responde por Quique y se define a sí mismo como Miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE-Moratalaz, además de doctorando en biológicas. En su blog, el pequeño Quique justifica y celebra la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Ahora que rememoramos el cincuentenario de la muerte de Albert Camus, uno de los raros verdaderos intelectuales del siglo XX, tan pródigo en imitaciones de la especie, conviene recordar uno de sus títulos fundamentales: <strong>La Peste</strong>. Es también uno de los suyos más alegóricos, sometido por lo tanto a interpretaciones muy variadas. En el relato, unos pocos hombres se enfrentan en la ciudad de Orán al progreso de la enfermedad y la muerte, mientras las autoridades se enfrentan al problema eludiéndolo y restringiendo la libertad de movimientos de sus habitantes. ¿Les suena? Me he acordado de la historia gracias a un par de aportaciones socialistas al debate político. Una, que puede parecer anecdótica, es el comentario de un joven socialista que responde por Quique y se define a sí mismo como Miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE-Moratalaz, además de doctorando en biológicas. <a href="http://elmomentoprogresista.blogspot.com/2010/03/fuera-fascistas-de-la-universidad-y-ii.html" target="_blank">En su blog</a>, el pequeño Quique justifica y celebra la agresión contra Rosa Díez y el resto de nosotros sucedida en la Universidad Autónoma de Barcelona: “<strong>No queremos </strong>–dice-<strong> que piseis </strong>(sic)<strong> nuestra universidad, no nos provoqueis </strong>(sic)<strong>, dejadnos en paz”. </strong>Angelito.</p>
<p style="text-align: justify;">Como quiera que esta contribución a la defensa de la democracia lleva colgada en internet desde el 5 de marzo, cabría haber esperado una reacción socialista y ésta, en efecto, se ha producido: no hay motivo de alarma y Quique sigue con su blog <em>progresista</em> abierto y vinculado al PSOE. Y dado que este blog ha conseguido cierta celebridad, la pasividad socialista significa un innegable asentimiento, una acción por omisión. Me pregunto qué pensará al respecto José Bono, que ha pedido a la fiscalía que actúe para investigar los sucesos de la UAB y depure las posibles responsabilidades penales derivadas de la prolongada e impune agresión de los independentistas catalanes.</p>
<p style="text-align: justify;">Naturalmente, puede alegarse que el tal Quique es un simple pelanas que de ningún modo representa al PSOE ni su posición frente a hechos innegables como que en la UAB no se puedan impartir conferencias políticas si no se es independentista o antisistema, que allí se conculque sistemáticamente las libertad de expresión y reunión, y que se pueda atacar materialmente a una diputado nacional y a quienes pretendían acompañarla y escucharla sin que se depuren responsabilidades. El pequeño Quique, al fin y al caso, sería un caso aislado, mera anécdota.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Pero qué cabe pensar si vinculamos la incitación al odio ideológico del pequeño Quique con las expresiones del gran Felipe González en el reciente Congreso del PSOE de Andalucía? Allí explicó el gran estadista los problemas de la administración de justicia española, y lo hizo de esta manera: “la Justicia está hecha unos zorros por el <em>ganao</em> que hay al frente”. Doy por descontado que la hinchada socialista expresó grandes satisfacción y felicidad por este análisis, delicadamente metafórico (zorros y ganao, caramba), de uno de los problemas más graves de la democracia española.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí los tenemos: el veterano Felipe y el joven Quique en una misma lucha con un mismo lenguaje, útil para el derribo de los principios básicos de la democracia.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Hay algún vínculo histórico entre ese Quique que apoya nuestra lapidación y el del famoso Felipe que descubre los inconvenientes del <em>ganao</em> que él prohijó (como Baltasar Garzón, Secretario de Estado en uno de sus gobiernos del final de su mandato, cuando la era prodigiosa socialista se despeñaba por la corrupción y el terrorismo de Estado)? Pues sí, casualmente. Les cuento.</p>
<p style="text-align: justify;">En la primavera de 1976 Felipe González, secretario general de un PSOE todavía ilegal pero manifiestamente tolerado por el régimen agónico de un Franco ya muerto, visitó la Facultad de Derecho de San Sebastián para dar una charla a los estudiantes sobre la democracia en España y todo eso. Iba acompañado, creo recordar, por Fernando “Poto” Múgica –asesinado por ETA años más tarde- y otros socialistas vascos. El caso es que cientos de estudiantes y otros que no lo eran tanto le esperábamos en la entrada de la facultad. Tantos, que el mitin se trasladó del paraninfo a la escalinata de acceso principal. Lamentablemente para Felipe –todavía conocido por “Isidoro”-, la mayoría de aquellos jóvenes no habían ido a aplaudirle ni escucharle, ni a mostrar entusiasmo por la <em>democracia burguesa</em> a punto de llegar, sino a mostrarle su indignada irritación por el privilegio del que disfrutaba el PSOE en comparación con otras fuerzas de izquierda, perseguidas mientras los socialistas gozaban de amplia tolerancia que aprovechaban para reorganizarse (el PSOE era entonces poco más que un sigla histórica) mediante acciones de promoción como aquella.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre aquellos jóvenes había bastantes que militaban en grupos de extrema izquierda maoístas y trotskistas, además de comunistas más clásicos y muchos de lo que luego se comenzó a llamar “izquierda abertzale” (entonces escindida en las dos ramas activas de ETA, mili y poli-mili; la segunda a punto de disolverse en un nuevo partido político, Euskadiko Ezkerra). Dado el sesgo ideológico de la concurrencia, a Felipe no sólo se le reprochaba el sospechoso trato de favor del régimen y su implicación en el proceso que luego se llamó la Transición, sino la degeneración reformista y contrarrevolucionaria de su partido (que todavía se definía como marxista, aunque no se lo creía casi nadie).</p>
<p style="text-align: justify;">Total, que Felipe hubo de soportar no pocos improperios, silbidos, abucheos y, sobre todo, exigencias de cuentas de por qué él podía dar mítines en lo que todavía era una bárbara dictadura mientras los luchadores revolucionarios seguían siendo detenidos, torturados a veces y maltratados siempre, y encarcelados por <em>delitos</em> como formar parte de un partido comunista, separatista o simplemente democrático. Así eran las cosas. Felipe se defendió como pudo usando un megáfono manual mientras algunos estudiantes y los profesores pedían a gritos, a los más airados, que le dejaran explicarse. Lo consiguió sólo a medias. Pero no se arrojó pintura ni se empujó o golpeó a ninguno de sus acompañantes y simpatizantes. Sin embargo, no fue una actitud democrática, ni respetuosa de la libertad de expresión que tanto se exigía. Fue, por el contrario, un boicot que expresaba el avance de la peste antidemocrática en el País Vasco, la razón de que allí la Transición fracasara en gran medida mientras progresaba en el resto del país.</p>
<p style="text-align: justify;">No sé si Felipe González se acordará alguna vez de aquella algarada. Yo sí, porque era uno de los estudiantes allí reunidos, y probablemente uno de los más jóvenes,  pues tenía poco más de dieciséis años y estaba estudiando COU. Lo que son las cosas: ahora me encuentro a Felipe González, completamente superado aquel “Isidoro” tan atractivo –entusiasmaba a nuestras madres y abuelas-, arengando a los dirigentes de su partido, que gobierna en Andalucía y España, contra los jueces y las instituciones básicas de la democracia: ese <em>ganao</em> con esos <em>zorros</em>. Nada más natural entonces que la entrada y promoción en el PSOE de tipos como el pequeño Quique, y la desenvoltura con la que lanza consignas de matón totalitario mientras presume de cargo orgánico, por modesto que parezca.</p>
<p style="text-align: justify;">Cosas de la vida, yo mismo he sufrido después de 1976 algaradas como la que padeció Felipe en mi ciudad, sólo que mucho peores y más violentas -como la reciente de la UAB- porque la peste siguió avanzando más y más, y éramos muchos menos los que nos oponíamos que los que la toleraban e incluso aplaudían. Camus terminó su relato vindicando lo mejor que hay en los seres humanos frente a lo malo que anida en todos (sólo que unos lo reprimen mientras otros le dan rienda suelta). Tenía y tiene razón, pero hay días en que resulta muy dudoso porque parece que los Quiques y Felipes son muchos más que los otros.</p>
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