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	<title>Carlos Martínez Gorriarán &#187; ETA</title>
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		<title>Una Conferencia de Paz contra la Democracia</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 04:40:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La teoría de la democracia no es tan complicada: la complejidad queda para el día a día de su práctica. Uno de los principios básicos de la democracia es que las leyes son iguales para todos y de obligado cumplimiento. Y uno de sus problemas es que la democracia debe funcionar incluyendo en sus instituciones a organizaciones que desprecian olímpicamente ese principio y hacen como si las leyes fueran relativas y la igualdad un sueño. Esto convierte en una lucha interminable el imperio igualitario de la ley, desafiado –muchas veces con éxito- por delincuentes, políticos y jueces corruptos e instituciones ineficaces. Dicho de otra manera: no basta con proclamar un régimen democrático ni con aprobar leyes constitucionales decentes, porque serán desafiadas cada día no sólo por transgresores particulares, sino –lo que es peor- por quienes están encargados de velar porque se cumplan: cargos públicos, magistrados y policías. O, en el nivel ético y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La teoría de la democracia no es tan complicada: la complejidad queda para el día a día de su práctica. <strong>Uno de los principios básicos de la democracia es que las leyes son iguales para todos y de obligado cumplimiento</strong>. Y uno de sus problemas es que la democracia debe funcionar incluyendo en sus instituciones a organizaciones que desprecian olímpicamente ese principio y hacen como si las leyes fueran relativas y la igualdad un sueño. Esto convierte en una lucha interminable el imperio igualitario de la ley, desafiado –muchas veces con éxito- por delincuentes, políticos y jueces corruptos e instituciones ineficaces. Dicho de otra manera: no basta con proclamar un régimen democrático ni con aprobar leyes constitucionales decentes, porque serán desafiadas cada día no sólo por transgresores particulares, sino –lo que es peor- por quienes están encargados de velar porque se cumplan: cargos públicos, magistrados y policías. O, en el nivel ético y formativo, por periodistas, profesores y similares. Luchar contra esa corrupción torticera de las leyes convierte a la democracia en una lucha incesante por la igualdad y la libertad, basadas en las leyes y su riguroso cumplimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Acabamos de ver otro ejemplo –el enésimo- de la delicuescencia de la igualdad jurídica cuando los encargados de garantizarla son, precisamente, los primeros que la traicionan: la Conferencia por la Paz del 17 de octubre en San Sebastián. Un paripé cuyo objetivo no era otro que lograr el enésimo trazado de una “pista de aterrizaje” para ETA, o lo que es lo mismo, dar a la banda terrorista la posibilidad de hacerse honorable sin disolverse, renunciar a sus fines ni arrepentirse de su historia criminal. Propósito con un precio evidente: un grave destrozo de principios como la igualdad jurídica. Porque si a los terroristas no se les exige renunciar a serlo de facto y de intención para volver a la comunidad politica, salta por los aires la legalidad que prohíbe el terrorismo y protege a sus víctimas potenciales y reales. La violencia privada se impone al derecho y al monopolio estatal de la violencia legítima. O sea, <strong>ETA gana y la democracia pierde</strong>. Eso es lo que ha ocurrido en la sedicente “Conferencia de Paz”, firma de una paz que sigue a una guerra que nunca existió (salvo, quizás, el episodio terrorista del GAL organizado por un Gobierno de uno de los partidos anfitriones del escarnio, el PSOE).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La Conferencia de Paz</strong> ni siquiera tiene el beneficio de la novedad. Siempre ha estado en el imaginario y el proyecto político de ETA, porque <strong>materializaba su delirante imagen de una guerra de ETA-Euskalherria con España-Francia</strong>. La novedad ha sido otra: que ETA sí estaba policial y judicialmente derrotada. Desde hace unos años sus comandos no podían moverse –ni por tanto atentar- sin ser detenidos más pronto que tarde. Sus almacenes, pisos francos y aparato logísticos eran desmantelados con una periodicidad casi aburrida. Su desprestigio social subía como la espuma. Sus partidos políticos, ilegalizados uno tras otro con el beneplácito de la Justicia Europea. Y la responsabilidad de estos éxitos correspondía a las Fuerzas de Seguridad del Estado (con la colaboración francesa), a las movilizaciones sociales masivas contra ETA organizadas por colectivos como Basta Ya (ahora denostados u olvidados), y al trabajo jurídico del Parlamento que dio como resultado el efímero Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, y la ahora congelada (por el politizado Tribunal Constitucional) Ley de Partidos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hace pocos años todo permitía prever que el fin de ETA se conseguiría</strong> no por alambicadas o brutales concesiones imposibles, sino <strong>por esa derrota policial y política</strong> que los partidarios irredentos del “diálogo” y la “negociación” llevaban lustros profetizando imposible. Los propios etarras habían interiorizado el desastre: veteranos dirigentes encarcelados llamaban a dejar las armas e intentar negociar la reinserción a cambio de una declaración de abandono, incluso pidiendo perdón a las víctimas. ¿Qué ha sucedido para que esa derrota policial y política se haya transformado en victoria política de los derrotados y en escarnio, como “enemigos de la paz”, de los que rechazamos el disparate?</p>
<p style="text-align: justify;">Podríamos adentrarnos en un largo análisis del favorable cambio de expectativas, en lo referido a ETA y el nacionalismo, que supuso la irrupción en el Gobierno del inaudito Rodríguez Zapatero y su corte de los milagros políticos (PSOE, IU y nacionalistas, y el nutrido séquito de socios empresariales y palmeros mediáticos). Pero no es el momento: yendo un poco más al fondo de la cuestión, <strong>el problema era y es la pobre calidad de la democracia española</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Tenemos <strong>una democracia que se ha demostrado incapaz de resolver los retos más acuciantes</strong> y, a la vez, simples de afrontar en su momento de tener las convicciones e ideas necesarias. Entre estos se pueden enumerar la consecución de una justicia independiente, de una estructura estable y sostenible del Estado, de un tejido administrativo racional y eficiente, de un sistema financiero sano, de unas instituciones solventes. Hace dos o tres años también aparecía, casi residual y casi al final de la lista, el reto de acabar democráticamente con una ETA en sus peores horas. Parecía tan sencillo e inminente que la gente normal dejó de preocuparse.</p>
<p style="text-align: justify;">Repasemos ahora la situación y el encaje del salto mortal perpetrado con ETA en este proceso degenerativo: en vez de justicia independiente, tenemos una administración ineficaz e intervenida por los partidos políticos, hasta el grado máximo en el Tribunal Constitucional (pieza maestra del proceso tras legalizar a Bildu invadiendo competencias del Supremo); en lugar de un Estado sostenible, el de las Autonomías es un frankenstein aturdido que ha dado bandazos y palos de ciego en la peor crisis político-financiera de la época, en buena parte consecuencia de su ineficacia; no hay un sector financiero saneado, sino un conjunto de Cajas de Ahorros al borde de la quiebra, saqueadas por la mala gestión y apresuradamente privatizadas sin control ni explicaciones aceptables. Y así todo lo demás. Y bien, al final de esta cadena de irresponsabilidad y mal gobierno aparece, como no podía ser de otra manera, esta guinda: la conversión de la derrota policial de ETA en una victoria política. Sólo <strong>obedece a los intereses partidistas de un PSOE en caída libre</strong> que trata de seducir esgrimiendo el conejo de la Paz, y a la de un <strong>nacionalismo</strong> alarmado, que se sabía <strong>arrastrado a la deslegitimación general si ETA caía por la acción del Estado del derecho</strong>: es decir, de la democracia.</p>
<p style="text-align: justify;">Que una serie de figurones internacionales, mediadores profesionales y fundaciones pacifistas extraviadas se presten a representar el papel de mamporreros de un trato con una ETA en tiempo de descuento, y que tal aberración se produzca entre un coro mediático y social de cánticos a la paz y siembra de pétalos amnésicos de adormidera, <strong>sólo puede comprenderse en una democracia perdida e impotente,</strong> que lo mismo es incapaz de impedir que unos cajistas sin escrúpulos arramplen con millones de euros de Cajas que han hundido, que de impedir en cambio que el proceso de fin del terrorismo nacionalista sin concesiones acabara su recorrido. No, ni una cosa ni otra. <strong>Tanto la ruina económica como la ético-política representada en la Conferencia de Capitulación con ETA tienen el mismo origen</strong>: <strong>una democracia que ha renunciado a resolver por sí misma sus problemas con sus instrumentos e instituciones</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Es la <strong>consecuencia del bipartidismo</strong> que reserva todo su ingenio para recortar el pluralismo político, ocultar sus maquinaciones en las instituciones y maquillas su pésima política con las más elevadas etiquetas. Como esa de traernos la Paz a nuestro pesar y con el agradecimiento (temporal y reversible) de nuestros verdugos. Pero que no se confíen<strong>: ha sido un episodio más de una historia que está lejos de terminar</strong>. Y seguramente de un modo peor que si se hubiera permitido al Estado de derecho actuar como estaba actuando. Es decir, dejando a la democracia que actúe de acuerdo con su naturaleza y finalidad: la igualdad jurídica y la libertad personal.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/10/rendirse.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-845" title="rendirse" src="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/10/rendirse.jpg" alt="" width="313" height="320" /></a></p>
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		<title>Premiar al terrorismo, o el caso Sarrionaindia</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Oct 2011 04:59:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Este mismo año han tenido en Francia un animado debate nacional, con eco en muchos países, sobre un proyectado homenaje oficial a L.F. Céline que acabó por ser suspendido. Nadie duda de la grandeza literaria de Céline –aunque su estilo pueda atragantársele a muchos-, pero tampoco de su feroz antisemitismo y su colaboración con los nazis durante la ocupación de Francia. Por colaboracionista fue juzgado tras la liberación y condenado (e indultado en 1951), aunque sus libros hayan seguido siendo estudiados, comentados, vendidos y elogiados en Francia. Como pasa siempre en estos casos, hay allí y en el resto del mundo quien separa radicalmente el Céline escritor del ideólogo antisemita, y quien se niega a hacer una distinción que, comparto el punto de vista, no deja de ser puramente arbitraria. Como si quisiéramos salvar al Hitler pintor –no eran tan malo- del genocida, separando la personalidad en fracciones que son puramente ficticias, pues [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Este mismo año han tenido en Francia un animado debate nacional, con eco en muchos países, sobre un proyectado <a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/polemica/puede/celebracion/aniversario/Celine/elpepucul/20110121elpepucul_7/Tes" target="_blank">homenaje oficial a L.F. Céline</a> que acabó por ser suspendido. Nadie duda de la grandeza literaria de Céline –aunque su estilo pueda atragantársele a muchos-, pero tampoco de su feroz antisemitismo y su colaboración con los nazis durante la ocupación de Francia. Por colaboracionista fue juzgado tras la liberación y condenado (e indultado en 1951), aunque sus libros hayan seguido siendo estudiados, comentados, vendidos y elogiados en Francia. Como pasa siempre en estos casos, hay allí y en el resto del mundo quien separa radicalmente el Céline escritor del ideólogo antisemita, y quien se niega a hacer una distinción que, comparto el punto de vista, no deja de ser puramente arbitraria. Como si quisiéramos salvar al Hitler pintor –no eran tan malo- del genocida, separando la personalidad en fracciones que son puramente ficticias, pues éticamente es la totalidad del sujeto, y no una parte de su actividad, la que es íntegramente responsable de sus acciones: un genocida es un ser despreciable por mucho que pinte acuarelas primorosas y, salvo del mal, no debe ser puesto como ejemplo de nada a nadie. En el caso de Céline este es el criterio que se impuso en Francia y el homenaje nacional fue suspendido: la República no le debe ningún tributo de admiración pública.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí supimos ayer, en cambio, de la <a href="http://www.cope.es/espana/03-10-11--mientras-su-gobierno-entrega-el-premio-euskadi-2011-de-ensayo-a-un-etarra-261217-1" target="_blank">concesión a Joseba Sarrionaindia del Premio Euskadi</a> de las Letras. Sarrionandia es un terrorista de ETA fugado tras una fuga novelesca de la cárcel de Martutene, paradójicamente en un bafle del grupo musical de Imanol Larzabal, un músico vasco que se prestó a colaborar aunque luego fuera él mismo otra víctima de ETA cuando rompió públicamente con la banda tras el asesinato de Yoyes y condenar el terrorismo; se volvió, a su vez, el objeto de un campaña de feroz boicot y persecución que le llevó a morir triste y prematuramente lejos de su casa. No creo que Sarrionandia escribiera ni un mal verso por la muerte en el exilio interior de su equivocado benefactor, pero es lo que tienen los terroristas: deben hacerse temer negando radicalmente la criminalidad de sus crímenes y amenazando o matando al que se los reproche. Exigiendo en cambio premios que, como en este caso, obtienen.</p>
<p style="text-align: justify;">Sarriondia también es, dicen, un escritor competente. No lo sé y me da igual. Sí, en cambio, que es un terrorista competente y comprometido con la causa del exterminio de los críticos de su causa criminal. Pero como escribe versos ha sido siempre presentado como un ejemplo de que no todos los etarras son tan malos; más aún, de que en ellos late una pulsión poética redentora que alimenta un alma bella y elevada. Una banda de “rock radical” llamada Kortatu popularizó al infame con una canción pegadiza y verbenera, “Sarri-sarri”, que celebraba su fuga en voces de adolescentes borrachos y, de antemano, los nuevos asesinatos y violencias a la que ésta pudiera auxiliar. En esta variedad cobarde y cretina del dualismo alma-cuerpo, convertida en <em>tienen buena intención-son un poco brutos</em>, todos los etarras que llegan a la lágrima viendo ondear la ikurriña y repicar la chalaparta están de antemano absueltos y elevados al Olimpo de los poetas. Allí se encontrarán con otros poetas de la cobardía moral y de la masacre política, quizás no tan malos como ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">Con todos estos méritos no es de extrañar que Sarrionandia se haya convertido en héroe admirable tanto de la gentuza proetarra como de los partidarios de una Paz, a la neofranquista, “sin vencedores ni vencidos”. Uno de ellos, el actual lehendakari socialista <a href="http://www.elcorreo.com/vizcaya/20111003/mas-actualidad/cultura/lopez-nombro-joseba-sarrionaindia-201110031325.html" target="_blank">Patxi López, incluyó una cita en euskera de Sarrionandia en su discurso de toma de posesión</a>. Salvando las distancias es como si Mitterrand se hubiera esponjado de gálica emoción citando a Céline como una de las glorias de Francia en su ingreso al Elíseo. Por la razón contraria a la de los socialistas franceses para evitar cuidadosamente la mancha del antisemitismo y el nazismo vergonzosamente vinculados para siempre al autor de <em>Voyage au bout de la nuit</em>, los socialistas vascos y españoles, y sus socios bienpensantes del mester de progresía y el nacionalismo, buscan en cambio la complicidad y el contacto con los “célines” euskaros. Porque se trata de ser aceptados en la Casa del Padre, y eso conlleva un peaje: admitir su dominio exclusivo de la finca.</p>
<p style="text-align: justify;">Premiar a un etarra fugitivo porque escribe cosas, y eso es lo que ha ocurrido, forma parte de la estrategia de reescritura del “conflicto vasco”: los etarras tenían razones que la razón no comprende porque eran de la víscera. Los cagatintas patrióticos están emocionados con su nuevo papel tutelar de la razón de fondo de la sinrazón totalitaria, certificada ayer con un premio público. No un gran premio literario aunque bien dotado, ciertamente (el Jurado suele valorar la “facilidad para la lectura” de las obras premiadas): el año pasado se lo dieron, también en Ensayo (¡el género de la argumentación pública de las buenas razones!), a un dietario que tenía tanto de ensayo como un paraguas de paracaídas, pero claro, también era obra de un <em>letraferit</em> navarro y pronacionalista, que es lo que se debe ser en Euskadi y colonias anexas si se espera algo más que agresiones o ninguneo. Bueno, qué quieren que les diga: a mí el premiado y los premiadores me parecen chusma. Pueden, como la mayoría de los vascos y las vascas, seguir ciegos en su empeño por cerrar en fals, suturada con mentiras poéticas, la herida patriótica del terrorismo que ellos consintieron y otros padecimos. Será su pútrido cuerpo político, no el nuestro, el que reventará gangrenado.</p>
<p style="text-align: justify;">Y les digo algo más: yo puedo defenderme escribiendo y con la famosa catarsis que produce (a veces) pero, ¿nos imaginamos cómo deben sentirse las víctimas a las que se pide <em>generosidad</em>, amnesia e invisibilidad mientras sus verdugos, como Sarrionandia, reciben homenajes y premios mientras siguen fugados y predicando la bondad del asesinato político?</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/10/Lopez-de-Lacalle.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-838" title="Lopez de Lacalle" src="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/10/Lopez-de-Lacalle.jpg" alt="" width="270" height="187" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La entrada de Bildu, o los hijos de ETA reclaman la herencia</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jun 2011 04:21:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">No recuerdo en cuál de los atribulados años 90 asistí a un debate sobre la relación del PNV con los etarras y sus víctimas que alguien resumió a la perfección: “desengáñate, para Arzalluz los etarras son hijos pródigos y nosotros hijos de puta”. Y así era y sigue siendo aunque Arzalluz ya no mande en Sabinetxea: por si alguien lo había olvidado, el PNV ha vuelto a regalar importantes alcaldías a Bildu y, probablemente, la Diputación de Guipúzcoa con su Hacienda Foral y todo. Las voces escandalizadas procedentes del mundo socialista y asociados, sobre todo, no han hecho otra cosa que consumar su ridículo y su traición. Porque traición ha sido romper en el último momento, y por torpes intereses electorales, una lucha contra ETA que estaba a punto de conseguir el KO técnico de la banda y de su brazo político, resucitado ahora en forma de una seudo coalición que muy pronto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">No recuerdo en cuál de los atribulados años 90 asistí a un debate sobre la relación del PNV con los etarras y sus víctimas que alguien resumió a la perfección: “desengáñate, para Arzalluz los etarras son hijos pródigos y nosotros hijos de puta”. Y así era y sigue siendo aunque Arzalluz ya no mande en Sabinetxea: por si alguien lo había olvidado, el PNV ha vuelto a regalar importantes alcaldías a Bildu y, probablemente, la Diputación de Guipúzcoa con su Hacienda Foral y todo. <strong>Las voces escandalizadas procedentes del mundo socialista y asociados, sobre todo, no han hecho otra cosa que consumar su ridículo y su traición</strong>. Porque traición ha sido romper en el último momento, y por torpes intereses electorales, una lucha contra ETA que estaba a punto de conseguir el KO técnico de la banda y de su brazo político, resucitado ahora en forma de una seudo coalición que muy pronto acabará siendo descaradamente lo que ha sido desde el principio, <strong>el partido político de ETA con otro nombre que añadir a la colección</strong>. Pues bien, como dice canturreando la niña de Polstergeits cuando anuncia la irrupción del mal desde la pantalla de la tele: <em>ya están aquiiiiiií…</em> Los hijos pródigos de Sabino Arana han vuelto más crecidos que nunca a reclamar su herencia: y, a diferencia del pródigo evangélico, el mal hijo ni siquiera ha tenido que mostrar arrepentimiento; al revés, ha obtenido impunidad y complicidad con premio electoral.</p>
<p style="text-align: justify;">Las <a href="http://www.elconfidencial.com/espana/2011/rubalcaba-considera-bildu-deberia-haber-tenido-20110612-80007.html" target="_blank">lágrimas de cocodrilo socialista</a> son, en cualquier caso, consecuencia de <strong>un pésimo cálculo tan lleno de cinismo como de ignorancia</strong>: pensaban que Bildu sacaría menos de la mitad de los votos que finalmente ha sacado –algo más de 300.000 en País Vasco y Navarra-, y que éstos serían a costa del PNV en municipios pequeños y medianos. Despreciando el efecto legitimador y promotor de la gigantesca campaña de publicidad de Bildu de los medios de comunicación afines a PSOE y PNV –los más importantes del País Vasco y por supuesto todos los públicos, además del grupo PRISA al completo, Público y La Sexta, etc.-, que convencieron a muchos de que Bildu era la garantía de la Paz y demócratas intachables que habrían roto con ETA (¡incluso una alternativa al bipartidismo para jóvenes <em>indignados</em> despistados!), se han encontrado con la amarga verdad de que<strong> los votos de Bildu han barrido alcaldías socialistas que creían seguras y, sobre todo, regalado a los herederos de ETA la de San Sebastián</strong>, con la colaboración entusiasta del PNV.</p>
<p style="text-align: justify;">Uno es donostiarra y por eso las cosas que pasan en su ciudad natal le importan más que las de otros sitios. Uno ha sido portavoz de Basta Ya y ha dedicado muchos años y energía a la ofensiva intelectual contra el nacionalismo y a organizar la movilización cívica contra ETA. Uno ha tenido que llevar escolta por eso mismo e ir al funeral de amigos asesinados que tuvieron peor suerte. Por eso es un espectáculo particularmente desolador asistir a la reducción de los veinte años del gobierno municipal de Odón Elorza, veinte años perdidos y desperdiciados por un alcalde penoso y superficial que daba mucha más importancia a los carriles-bici que a la lucha por la libertad, en mero trámite de paso para la entrada triunfal en la alcaldía de un partido minoritario (8 concejales de 27) que propone los fines de ETA como fin de la política de una ciudad donde esa banda ha asesinado a más de cien personas, y donde se han organizado y celebrado las principales movilizaciones masivas contra el terrorismo sin que, ahora, parezcan haber servido para maldita la cosa.</p>
<p style="text-align: justify;">Con sus 300.000 votos Bildu gobernará a más de 700.000 personas. Serán más de un millón si, como parece, se hace con la Diputación Foral de Guipúzcoa. Lo que piensa hacer ha quedado claro con los primeros actos de sus nuevos alcaldes: negarse en redondo a condenar a ETA y exigir su disolución, antes al contrario: continuar el hostigamiento y la exclusión de cualquier oposición a sus pretensiones; vetar a medios de comunicación; poner todas las instituciones y los recursos públicos al servicio del proyecto político de la llamada “izquierda abertzale”, es decir de ETA, lo que significa imponer políticas de asimilación lingüística, educativa y cultural que profundicen en todas las facetas del peor nacionalismo. Y si esto no fuera suficiente, volver a las amenazas y a la violencia física contra quien no colabore u oponga resistencia real a sus decretos. Porque <strong>no se olvide que ETA no ha desaparecido</strong> sino que, salvada por la campana de la política pacificadora de ZP –con el auxilio impagable de un PP insultón pero puesto de perfil-, la banda sigue ahí como <strong>garante último de que lo que no se consiga por las buenas podrá obtenerse por las malas</strong>. Al fin y al cabo, ¿este final tan estupendo para ellos no <strong>demuestra la rentabilidad del terrorismo y de la violencia política de todo tipo, la impotencia de la justicia y la debilidad de un Estado en manos de partidos agotados</strong> sin más afán que sobrevivir en el poder? Y el resultado electoral, ¿no ha demostrado que <strong>una parte de la sociedad vasca y navarra está dispuesta a tragar cualquier vileza con tal de estar del lado de los vencedores</strong>, de los matones y asesinos, todo lo lejos que puedan de cualquier situación que los convierta en víctimas? Y estos tienen el apoyo de ETA mientras los resistentes tienen –es un decir- el apoyo de un Estado ausente y en retirada.</p>
<p style="text-align: justify;">Los defensores de Bildu insisten en que esta falsa coalición ha roto con ETA y es una sincera partidaria de las vías democráticas. Que lo primero es falso quedó demostrado el mismo sábado 11 de junio, cuando los alcaldes de Bildu se negaron expresamente a reclamar la disolución de la banda y, con la clásica parafernalia fascista de Batasuna, se rodeaban de vociferantes partidarios para dar vivas a los presos terroristas y exigir otra amnistía. Como ya se sabe que la estupidez no tiene límites, supongo que harán falta varios años de gobierno de Bildu para que algunos se convenzan –y otros ni eso- de que la democracia no tiene nada que ver con la imposición de normas que prohíben y persiguen la disidencia del nacionalismo y dan a elegir al disconforme entre el destierro o el exilio interior en su propia casa.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Con Bildu gobernando</strong> un millón de personas en docenas de ayuntamientos y la Diputación de Guipúzcoa, <strong>ETA no tiene necesidad alguna de atentar ni hacer acto de presencia más allá del previsible comunicado</strong> de jolgorio y felicitación por lo ocurrido. ¿Para qué estropear la fiesta si el heredero político va consiguiendo una tras otra las pretensiones que justificaron 858 asesinatos, miles de heridos y docenas de miles más de perseguidos, desterrados y extorsionados? Al contrario, ahora podrá aprovechar para tratar de reconstruirse y poder seguir amenazando como el Hombre del Saco de la construcción nacional, si las Fuerzas de Seguridad del Estado no lo impiden. Y nos dirán que eso, que no haya atentados sangrientos ni destructivos, eso es la Paz. Como decía el Caudillo Francisco Franco o sus portavoces en los nodos, telediarios y partes de Radio Nacional.</p>
<p style="text-align: justify;">En fin -pensarán ustedes si han llegado hasta aquí-, ¿significa eso que hemos perdido la guerra con ETA y el nacionalismo obligatorio? Desde luego hemos perdido una batalla que, para más escarnio, estaba claramente ganada. <strong>Pero no, no nos han ganado: sencillamente algunos de los <em>nuestros</em> nos han traicionado y entregado a nuestros enemigos</strong>. Así de simple, así de grave. No deberá volver a ocurrir.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/06/Odón-entrega.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-760" title="Odón entrega" src="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/06/Odón-entrega.jpg" alt="" width="281" height="180" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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		<title>¿Para qué es una Constitución? La sentencia del TC y la indefensión de la democracia</title>
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		<pubDate>Sun, 08 May 2011 04:10:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: right;">En el 11 aniversario del asesinato de José Luis López de Lacalle por ETA</p> <p style="text-align: justify;">De vez en cuando conviene volver a los grandes principios para entender mejor el presente (e incluso para prepararnos para lo que se nos viene encima). Uno de estos es la finalidad o función de una Constitución democrática. Tiene muchas conocidas, desde dar acta de constitución a una nación democrática a la de trazar las líneas maestras de su desarrollo legislativo ulterior. Es la Constitución la que, por ejemplo, establece si el Código Penal admitirá o no la pena de muerte, o qué competencias corresponden a cada uno de los tres poderes clásicos del Estado. Sobre esto no estará de más recordar que el Judicial es tan poder político como el Legislativo y el Ejecutivo, y que si bien sus competencias propias deben ser acatadas, esto no significa que no deban ser tan objeto de crítica política [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>En el 11 aniversario del asesinato de José Luis López de Lacalle por ETA</em></p>
<p style="text-align: justify;">De vez en cuando conviene volver a los grandes principios para entender mejor el presente (e incluso para prepararnos para lo que se nos viene encima). Uno de estos es <strong>la finalidad o función de una Constitución democrática</strong>. Tiene muchas conocidas, desde dar acta de constitución a una nación democrática a la de trazar las líneas maestras de su desarrollo legislativo ulterior. Es la Constitución la que, por ejemplo, establece si el Código Penal admitirá o no la pena de muerte, o qué competencias corresponden a cada uno de los tres poderes clásicos del Estado. Sobre esto no estará de más recordar que <strong>el Judicial es tan poder político como el Legislativo y el Ejecutivo</strong>, y que si bien sus competencias propias deben ser acatadas, esto no significa que no deban ser tan objeto de crítica política como las acciones del Ejecutivo y el Legislativo. Y viene esto a cuento por la instauración, en el anestésico discurso políticamente correcto, de <strong>un tópico tan manido como falso: que las decisiones del Poder Judicial deben acatarse sin rechistar</strong>. De ser esto así lo que tendríamos sería una dictadura de jueces y no un Estado de derecho. Pero podemos estar tranquilos al respecto: el riesgo, en España y otros países (como Italia), no es la dictadura de los jueces, sino el sometimiento de estos a los intereses del Ejecutivo, de los partidos políticos y los grupos de presión.</p>
<p style="text-align: justify;">La sentencia del Tribunal Constitucional que tumba la previa del Supremo ilegalizando la coalición Bildu es una de esas acciones del Poder Judicial que se exige acatemos sin crítica porque así lo exigiría la coherencia democrática. Lo cierto es que una democracia saludable y en constante mejora exige exactamente lo contrario: mirar con lupa una sentencia directamente relacionada con uno de los peores problemas que la democracia española arrastra desde su renacimiento, la expulsión del terrorismo de las instituciones. <strong>La sentencia en cuestión vuelve a abrir la puerta a ETA a través de su enésimo avatar político, la coalición Bildu</strong>. Esto es lo que pensaba que acabaría pasando, y también acerté con el argumento principal que utilizaría el TC para justificarse: que el derecho constitucional a la representación política prevalece sobre la exclusión de cualquier continuidad de un partido ilegalizado que establece la Ley de Partidos. Literalmente la sentencia dice (en la versión adelantada en <a href="http://www.elpais.com/articulo/espana/sospecha/basta/excluir/Bildu/22-M/elpepiesp/20110507elpepinac_9/Tes" target="_blank">exclusiva del diario El País</a> en otra flagrante <strong>demostración de la contaminación partidista y mediática del TC</strong>): “La simple sospecha no puede constituirse en argumento jurídicamente aceptable para excluir a nadie del pleno ejercicio de su derecho fundamental de participación política. Puede que en el futuro la sospecha quede confirmada, pero para el enjuiciamiento actual, la misma no podría conducir a un resultado limitador, so pena de dejar en lo incierto el ámbito del libre ejercicio de los derechos de participación política garantizados en el artículo 23 de la Constitución”.</p>
<p style="text-align: justify;">La doctrina que sienta la sentencia es la siguiente: aunque se documente <strong>la vinculación de Bildu con ETA no se podrá proceder contra esta coalición hasta que no se demuestre <em>de nuevo</em> <em>y empíricamente su complicidad</em></strong>, porque <em>la instrumentalización es solo un deseo de ETA</em> y la única demostración válida de que ésta <em>ha tenido lugar</em> es que Bildu <em>vuelva a cometer el delito</em> por el que ya fueron ilegalizados Batasuna y sus avateres (el último, Sortu, ¡que fue más crítico que Bildu en el último atentado de ETA!). Con esta interpretación no sólo se vacía totalmente de contenido la Ley de Partidos –continuando una tradición hermenéutica del TC que ha ido vaciando a la propia Constitución-, sino que <strong>se deja a la democracia y a los ciudadanos en la más total indefensión frente a colectivos organizados cuyo programa no es otro que la destrucción de la democracia misma</strong>, como es el caso de ETA-Batasuna y de sus sucesivas refundaciones, Bildu inclusive.</p>
<p style="text-align: justify;">El siguiente párrafo de la sentencia (los énfasis son míos) rechaza a priori considerar prueba suficiente los documentos aportados por Guardia Civil, Fiscalía y Abogacía del Estado: “Puede admitirse que (…) ETA y el partido ilegalizado Batasuna han propugnado una &#8220;estrategia de convergencia con otras fuerzas de la izquierda <em>abertzale</em> que les permitiera articular una presencia electoral bajo la cobertura de partidos políticos legales&#8221; o que dirigieran &#8220;sus esfuerzos a la búsqueda de acuerdos electorales&#8221; con EA y Alternativa. <em>Pero que hayan instrumentalizado a la coalición recurrente en amparo o que ésta o los partidos políticos que la integran hayan dejado instrumentalizar sus candidaturas a aquel fin</em> <em>es una conclusión que no puede alcanzarse sobre esa base</em>.”</p>
<p style="text-align: justify;">¿Consecuencias?: a la luz de esta doctrina es sencillamente <em>imposible prevenir la comisión de delitos políticos por grupos organizados</em>. Supongamos que un partido tiene la intención de perpetrar un golpe de Estado, y que hay pruebas documentales de sus intenciones: actas de reuniones, grabaciones de conversaciones, movimientos, etc. (Lenin, Mussolini o Hitler dirigían partidos legales que dieron un golpe de Estado). En aplicación de la doctrina del TC no se podría hacer nada <em>hasta que ocurriera</em> el golpe de Estado, puesto que los planes revelados por los documentos no constituirían otra cosa que <em>intenciones</em> en sí mismas tan irrelevantes como –dice la sentencia- las palabras de Otegi sobre Bildu grabadas en la cárcel. Así que aun conociendo las intenciones de los golpistas (como las de ETA sobre Bildu) y los pasos que fueran dando para su consecución <em>tampoco se podrían considerar hechos ni acciones</em>, sino meras conjeturas o ensoñaciones de una especie de ficción política sin sentido. De modo que <strong>la Constitución, aprobada entre otras cosas para impedir que un grupo determinado se haga con el poder político por la fuerza o para derogar la propia Constitución, quedaría completamente vacía de sentido según esa interpretación viciosa</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Se olvida a menudo que una Constitución no solo instaura derechos sino que, con lógica simetría, constituye las correspondientes obligaciones, y que las competencias de las instituciones tienen también límites muy claros al ejercicio del poder. Así la Constitución no sólo proclama el derecho a la representación y la libre actividad política de todos, sino que impone a los representantes y a la actividad política condiciones muy claras sobre el sentido de la misma. Por ejemplo, impone que<strong> la actividad política no vaya dirigida a destruir violentamente el sistema que la Constitución instaura</strong>. Ni a derogar <em>de facto</em> derechos básicos como la libertad personal, la igualdad jurídica, fiscal y otros similares. Si un partido actúa para destruir el Estado de derecho hay procedimientos constitucionales para ponerlo fuera de circulación declarándolo ilegal, que es lo que hizo la <strong>Ley de Partidos</strong> para sacar a ETA-Batasuna de las instituciones que explotaban para conspirar, financiar y auxiliar la destrucción de la democracia en el País Vasco y Navarra, con el resultado de 858 muertos y docenas de miles de heridos, extorsionados y perseguidos de todas las formas imaginables.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora esta sentencia del TC sobre Bildu <strong>invierte el orden de prelación de los preceptos constitucionales al poner por delante de cualquier otro el derecho a la libre actividad política sin limitación alguna, incluyendo entre lo aceptable la vinculación a una organización terrorista</strong> y a la obtención de sus objetivos políticos, incompatibles con la Constitución. Claro que en la misma sentencia el TC niega cualquier valor a la vinculación histórica probada al declarar, sobre los documentos que demuestran el liderazgo de ETA en la gestación de Bildu, que son “documentos ajenos, que lo único que acreditan es la referida estrategia de la organización terrorista y del partido político ilegalizado, pero no la instrumentalización de la coalición al servicio de dicha estrategia”. Con los mismos argumentos utilizados contra el Supremo y para legalizar Bildu será posible dar vía libre a un partido que proponga restablecer la esclavitud, el feudalismo o el <em>apartheid</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Me pregunto qué entenderán por “instrumentalización” los seis magistrados responsables de esta sentencia, nombrados por el PSOE. En cualquier caso, esta sentencia instrumentaliza la Constitución poniendo su interpretación al servicio de intereses partidistas reñidos con la democracia bien entendida. Despojada ésta de cualquier posibilidad de “controles preventivos” (sic) de la delincuencia política, como si tal fenómeno perteneciera sólo al mundo de las hipótesis imaginarias y no a la historia más reciente, <strong>la Constitución ya no puede defender a los ciudadanos de los brazos políticos de las bandas terroristas, ni en última instancia de cualquier grupo organizado que persiga destruir la Constitución misma</strong>… hasta que lo intente y pase a ser un asunto penal. Y entonces se llamará a defender el orden constitucional, previamente disuelto en humo de argumentaciones falaces, a esos mismos cuerpos de seguridad cuyas aportaciones documentales se desprecian como meras suposiciones. Con esta doctrina, el Estado de derecho tiene atados pies y manos para defenderse de sus enemigos violentos. El TC ha vuelto a hacer un gran favor a los enemigos de la democracia y a ofender a quienes se han jugado la vida por defenderla y, en muchos casos, hasta perderla.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/05/jueces.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-730" title="jueces" src="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/05/jueces.jpg" alt="" width="262" height="192" /></a></p>
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		<title>La enfermedad del sectarismo, o las coincidencias de Aznar y Eguiguren</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Apr 2011 04:10:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Hace poco nos desayunamos con unas declaraciones del expresidente Aznar criticando la intervención en Libia porque la consideraba un grave error estratégico debido a que Gadafi sería un amigo de Occidente –en todo caso algo “extravagante”- en lo que realmente importa: la lucha contra el terrorismo islamista. Aznar iba más lejos y consideraba del mismo tipo de errónea ingratitud que no se hubiera apoyado a Ben Alí en Túnez y a Mubarak en Egipto. Su conferencia en Columbia abundaba en consideraciones parecidas presididas por el mismo hilo conductor: la política exterior de los países occidentales debería limitarse a proteger a los “amigos” y acosar a los “enemigos”, distinguidos según criterios de interés estratégico o comercial, estrictamente domésticos, que desprecian olímpicamente cuestiones como el respeto de los regímenes “amigos” a los Derechos Humanos o los legítimos deseos de cambio político en las sociedades árabes, totalmente despreciadas (por cierto: cabe decir lo mismo de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Hace poco nos desayunamos con unas <a href="http://www.abc.es/20110417/internacional/abcp-aznar-gadafi-amigo-extravagante-20110417.html" target="_blank">declaraciones del expresidente Aznar</a> criticando la intervención en Libia porque la consideraba un grave error estratégico debido a que Gadafi sería un amigo de Occidente –en todo caso algo “extravagante”- en lo que realmente importa: la lucha contra el terrorismo islamista. Aznar iba más lejos y consideraba del mismo tipo de errónea ingratitud que no se hubiera apoyado a Ben Alí en Túnez y a Mubarak en Egipto. Su conferencia en Columbia abundaba en consideraciones parecidas presididas por el mismo hilo conductor: <strong>la política exterior de los países occidentales debería limitarse a proteger a los “amigos” y acosar a los “enemigos”</strong>, distinguidos según criterios de interés estratégico o comercial, estrictamente domésticos, que desprecian olímpicamente cuestiones como el respeto de los regímenes “amigos” a los Derechos Humanos o los legítimos deseos de cambio político en las sociedades árabes, totalmente despreciadas (por cierto: <strong>cabe decir lo mismo de la posición mantenida por Zapatero respecto a China</strong>). Un<strong> pensamiento reaccionario</strong> y, a la postre, muy peligroso porque nada hay más proclive a las guerras y desórdenes que las dictaduras. Pensamiento que hunde sus raíces en las más profundas capas tribales de la mente humana, las que repudian la igualdad de todos los semejantes y dividen a los congéneres en dos grandes grupos enemistados por naturaleza y sin otra conciliación que la procurada por la fuerza. <strong>La concepción ilustrada de la democracia nació precisamente para superar ese viejo atavismo</strong> poniendo en valor conceptos como la igualdad ante la ley, la fraternidad entre los individuos y la capacidad humana de progresar hacia formas sociales superiores. La verdad es que esa filosofía política sigue estando lejos de ser la dominante en el mundo de hoy, como indica el <a href="http://www.elpais.com/articulo/internacional/ultraderecha/antieuropea/emerge/partido/clave/Finlandia/elpepuint/20110417elpepuint_10/Tes" target="_blank">avance de movimientos xenófobos y nacionalistas</a> en muchos países democráticos.</p>
<p style="text-align: justify;">Es obvio que la <strong>división radical entre amigos y enemigos</strong>, aquella que fundamentó la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carl_Schmitt" target="_blank">filosofía del derecho antiliberal de Carl Schmitt</a>, que tanto influyó en el nazismo y que también puso la soberanía absoluta del Estado como único objetivo trascendente de la política, está presente en las palabras de Aznar y en las de muchos más (que, paradójicamente, ¡se definen como liberales!) Pero no es ni mucho menos exclusiva de la derecha; en realidad, esta forma radical de <em>antagonismo a muerte</em> es muy transversal.  Veamos si no, en el otro lado de la división tradicional y partidaria de la política española en izquierda y derecha, <a href="http://www.publico.es/espana/371672/eguiguren-el-pp-se-esta-apoyando-en-eta-para-acabar-con-el-gobierno" target="_blank">las declaraciones del presidente del PSE, Jesús Eguiguren</a>, a propósito de la lucha contra ETA, donde ha dicho lo que sigue: “la derecha española, la dirección actual del PP, tiene un problema atávico: tiene miedo de que el PSOE logre la paz y le vuelva a ganar las elecciones. Está haciendo lo que nunca puede hacer un patriota y un partido responsable, que es que en lugar de apoyar al Gobierno para acabar con ETA, se está apoyando en ETA para acabar con el Gobierno”.</p>
<p style="text-align: justify;">Frases como esta traslucen un <strong>pensamiento de fondo apenas disimulado: el PP es el verdadero enemigo político del PSOE, no ETA</strong>. Pues “el proceso de paz” con la banda tiene, para Eguiguren, un objetivo ulterior que no es la paz misma –ya sabemos que la <em>libertad</em> no está en primera línea de sus aspiraciones, algo muy propio también de esta mentalidad antiliberal profunda-, sino desenmascarar la perfidia y maldad intrínsecas de “la derecha” encarnada en el PP.</p>
<p style="text-align: justify;">La cosa es tanto más chusca en cuanto que <strong>el partido que preside Eguiguren tiene un pacto de gobierno con el PP que permite a Patxi López mantenerse como lehendakari pese a su minoría parlamentaria</strong>, y también si se considera que todo indica la existencia de un pacto entre PSOE y PP para conducir “el proceso” con ETA de modo que ninguno de los dos partidos se considere perjudicado en sus posiciones electorales, salvaguardando cada uno su identidad particular en esta complicada materia. Pero <strong>nada de eso importa a Eguiguren, cuyo odio al enemigo, o sea al PP, está mucho más próximo al expresidente Aznar de lo que jamás admitiría</strong>. Incluso comparten “el orgullo de ser españoles” (“yo me siento muy orgulloso de ser español y no puedo creer que la derecha haga estas cosas”, dice también Eguiguren respirando por su propia herida patriótica), un sentimiento absurdo pues no hay mérito alguno en el azar de nacer en un sitio en vez de en otro. Ambos rasgos, <strong>dividir el mundo en amigos y enemigos y el orgullo identitario son típicos del nacionalismo, y también de una patología ideológica transversal, a saber, el sectarismo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">El sectarismo es la propensión a dividir el mundo en bandos irreconciliables, aunque de composición variable: Gadafi era un enemigo de Occidente hasta que pasó a ser un amigo, y el PP era un amigo parlamentario hasta que dejó de serlo por sus críticas (superficiales) al proceso con ETA. <strong>El mundo en blanco y negro: lo característico del sectarismo es no admitir los matices ni los principios contrarios a su antagonismo</strong>, como los de igualdad o la relativización de los “enemigos” para convertirlos en adversarios y en colaboradores necesarios y socios en el desarrollo de la democracia. ¿Y saben qué?: todo indica que <strong>cuantas menos ideas se tienen o más rígidas, esquemáticas y superficiales son éstas, más fácil se cae en la enfermedad sectaria y menos se tolera la indispensable y tolerante agilidad mental que exige la democracia</strong>. Sobre todo cuando se ha tomado partido, decisión que también requiere sus anticuerpos de sentido común y amplitud de miras para no caer en el sectarismo más pedestre y peligroso.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/04/images.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-705" title="images" src="http://carlosmartinezgorriaran.net/wp-content/uploads/2011/04/images.jpg" alt="" width="299" height="168" /></a></p>
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		<title>La manía de despreciar la experiencia, o una reivindicación de la historia</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Mar 2011 04:15:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En una de sus famosas frases Albert Einstein dijo algo como esto: “me asombra que alguien espere un resultado distinto cuando procede del mismo modo”. Yo tengo una versión más breve que utilizaba a menudo en mis atribulados tiempos de director de departamento universitario: siempre que pasa igual ocurre lo mismo. Pues aunque parezca mentira hay muchas personas, intachables en muchos aspectos, que parecen incapaces de entender el principio de causalidad natural y se abonan al pensamiento mágico, a menudo revestido de teoría extravagante. Y así creen posible hacer las mismas cosas que otras veces les condujeron al fracaso y ahora conseguir el éxito. Supongo que conciben la vida como una lotería o una tómbola del tipo de aquella canción tan pegadiza (tómbola de luz y de color) de los franquistas sesenta o setenta.</p> <p style="text-align: justify;">Y viene todo esto al caso de las esperanzas puestas por unos en la última treta de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En una de sus famosas frases Albert Einstein dijo algo como esto: “me asombra que alguien espere un resultado distinto cuando procede del mismo modo”. Yo tengo una versión más breve que utilizaba a menudo en mis atribulados tiempos de director de departamento universitario: <em>siempre que pasa igual ocurre lo mismo</em>. Pues aunque parezca mentira hay muchas personas, intachables en muchos aspectos, que parecen incapaces de entender el principio de causalidad natural y se abonan al pensamiento mágico, a menudo revestido de teoría extravagante. Y así creen posible hacer las mismas cosas que otras veces les condujeron al fracaso y ahora conseguir el éxito. Supongo que conciben la vida como una lotería o una tómbola del tipo de aquella canción tan pegadiza (tómbola de luz y de color) de los franquistas sesenta o setenta.</p>
<p style="text-align: justify;">Y viene todo esto al caso de las esperanzas puestas por unos en la última treta de ETA para volver a las instituciones vía la marca Sortu, y en la incomprensión de otros por lo que está sucediendo en los países árabes. La epistemología popular permite ver qué conexión hay entre ambas incomprensiones y el papel jugado por ciertos “expertos”.</p>
<p style="text-align: justify;">Sobre lo primero, algunos parecen no haber aprendido nada de las pasadas treguas de ETA y de su constante refundación del mismo partido bajo diferentes marcas. Cuando se les recuerda amablemente el hecho innegable, tienden a despreciar el argumento de la experiencia diciendo que, esta vez, sí que será distinto. Pero, ¿por qué?, ¿porque ellos son expertos natos, o porque la experiencia no tiene ningún valor? A juzgar por lo que dice en un vídeo de El País <a href="http://www.elpais.com/videos/espana/Luis/R/Aizpeolea/demanda/Abogacia/Sortu/basada/historia/pasada/cima/desconfianza/elpvidnac/20110304elpepunac_3/Ves/" target="_blank">Luis Aizpeolea</a>, gran muñidor de esa variedad de pensamiento mágico que es “esta-vez-sí-que-ETA-va-en-serio-con-la-paz”, lo que se interpone entre el logro de sus bellos deseos y la penosa situación presente no es otra cosa que la maldita experiencia, siempre fastidiando a expertos de buena fe como él mismo o su amigo y socio en la materia, el socialista Jesús Eguiguren. Pero la mayoría de la sociedad, puede que no tan experta pero con más sentido común en lo que a ETA respecta, se niega a renegar de la experiencia del trato con esos asesinos. Bastaría que esa misma mayoría procediera igual con el PSOE, el PP y los nacionalistas para que este país mejorara considerablemente, pasando del pensamiento mágico y el reniego de la realidad y la experiencia al aprecio de los hechos y del pensamiento racional. ¡Así que no desesperemos, puede conseguirse!</p>
<p style="text-align: justify;">Vayamos a la situación en los países árabes. Como no podía ser de otra manera, ésta es en sí misma muy variada: incluye desde revueltas que acaban con el gobierno, como en Túnez y en Egipto, a una guerra civil larvada como en Libia, pasando por los movimientos por la igualdad de derechos civiles de los chiitas de Bahrein y otros emiratos del Golfo. ¿Qué tienen en común todos ellos? Si aplicamos la norma de recurrir a la experiencia acumulada, es decir a la historia, descubrimos rápidamente un parecido nada casual con las revueltas que derribaron el muro de Berlín y los regímenes socialistas del este de Europa hacia 1989. Se trata en todos los casos de una población civil sometida a regímenes despóticos, corruptos, anacrónicos y atrasados que bloquean la evolución del país, especialmente para la gente más joven, condenada a la pobreza y la marginalidad social. En este punto, el dilema que se plantea a los afectados es el que el sociólogo <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Exit,_Voice,_and_Loyalty" target="_blank">Albert Hirschman</a> llamó de “voz o salida”: o se expresa públicamente la protesta contra el régimen (mediante manifestaciones, artículos, críticas públicas), o se <em>abandona</em> el país (emigrando o refugiándose en la marginalidad). Cuando la segunda alternativa desaparece del horizonte, por ejemplo porque los países vecinos cierran la frontera ante el riesgo de avalancha de refugiados o emigrantes económicos, o porque el propio régimen impide a la fuerza la emigración voluntaria (como hacían los países socialistas), la alternativa o preferencia de “salida” deja de serlo a favor de la “voz”, es decir, a favor de la protesta social en forma de manifestaciones de protesta cada vez más organizadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos ahora lo que está sucediendo en los países árabes y puede suceder en otros, árabes o no (como Irán, China o Venezuela): el cierre de fronteras a la emigración económica como consecuencia de la crisis internacional, o del propio autoritarismo del régimen, debilita cada día más la opción “salida”: queda entonces la posibilidad de recurrir a la “voz” contra el régimen culpable, posibilidad agigantada hoy en día –a diferencia de los años 80 en la Europa oriental- por el desarrollo de internet y la comunicación vía satélite, desde los móviles a la televisión. A lo que estamos asistiendo, por tanto, es a una nueva oleada de un fenómeno de insurrección social en sociedades complejas –pues aunque atrasados, estos países ya son complejos y están más o menos integrados en la civilización global- que tuvo su primera y gran manifestación en la Europa del Este, comparativamente menos pobres que países como Túnez o Egipto pero mucho más cultos e informados que éstos. Convertir el debate sobre este fenómeno de “voz o salida” en el viejo debate etnocentrista sobre si los árabes están o no preparados para la democracia (como si nosotros lleváramos la democracia en los genes y ellos no), o sobre la difícil secularización del islam (como si las iglesias cristianas se hubieran dejado desposeer voluntariamente del poder político), es una vez más errar el tiro al ignorar la experiencia histórica: lo que sabemos de la naturaleza humana y de cómo evolucionan las sociedades bajo el conocido cóctel de explosión demográfica, opresión política, empobrecimiento económico y corrupción que saquean el país y bloquea sus posibilidades de evolución pacífica.</p>
<p style="text-align: justify;">Y por cierto: los “expertos” en países árabes tampoco predijeron lo que iba a pasar, a diferencia de algunos escritores y periodistas mucho más perspicaces (incluyendo muchos <a href="http://http://www.fronterad.com/?q=node/2863" target="_blank">blogueros de los países árabes</a>). Ahora esos mismos expertos nos dicen que <em>desconfiemos de la experiencia</em> porque lo de Libia o Yemen no tiene precedentes. Vamos, que confiemos en ellos en vez de en nuestra capacidad de comprensión fundada en la experiencia y la observación. Como con Sortu, en fin. Pues conmigo que no cuenten… Respecto a Sortu, en concreto, no hay nada más democrático que presionar contra cualquier &#8220;salida&#8221; que no sea obligarles a alzar la &#8220;voz&#8221; contra ETA. Entonces hablaremos. Y respecto a los países árabes, lo que conviene es que la voz civil recién estrenada en algunos pueda evolucionar hacia la democracia: un camino problemático, difícil y siempre lleno de incertidumbres.</p>
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		<title>El caso Sortu o la pobre autoestima de la democracia española</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Feb 2011 04:15:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Batasuna]]></category>
		<category><![CDATA[democracia]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">(en homenaje y recuerdo a Joseba Pagazaurtundua, asesinado por ETA el 8 de febrero de 2003)</p> <p style="text-align: justify;">Disculpen la intemperancia, pero cada vez que oigo a alguien decir que se alegraría de la legalización de Sortu porque eso demostraría que el sistema democrático funciona, y permitirá la participación política de todos los vascos en las instituciones, me parece oír a alguien que considerara positiva la existencia del Ku Klux Klan porque refuerza el pluralismo de la sociedad americana reconociendo la actividad de xenófobos, antisemitas, racistas y fanáticos variados a quienes, puesto que existen, corresponde dar voz y voto en las instituciones. La verdad, no veo la ventaja de este arreglo.</p> <p style="text-align: justify;">Es evidente que la siniestra y violenta banda de racistas encapuchados existe por la misma razón que Sortu o cualquiera de las precedentes marcas políticas de ETA: porque hay gente que rechaza los fundamentos mismos de la democracia, a saber, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">(en homenaje y recuerdo a <strong>Joseba Pagazaurtundua</strong>, asesinado por ETA el 8 de febrero de 2003)</p>
<p style="text-align: justify;">Disculpen la intemperancia, pero cada vez que oigo a alguien decir que se alegraría de la legalización de Sortu porque eso demostraría que el sistema democrático funciona, y permitirá la <em>participación política de todos</em> los vascos en las instituciones, me parece oír a alguien que considerara positiva la existencia del Ku Klux Klan porque refuerza el <em>pluralismo</em> de la sociedad americana reconociendo la actividad de xenófobos, antisemitas, racistas y fanáticos variados a quienes, puesto que existen, corresponde dar voz y voto en las instituciones. La verdad, no veo la ventaja de este arreglo.</p>
<p style="text-align: justify;">Es evidente que la siniestra y violenta banda de racistas encapuchados existe por la misma razón que Sortu o cualquiera de las precedentes marcas políticas de ETA: porque <strong>hay gente que rechaza los fundamentos mismos de la democracia, a saber, los principios de igualdad y libertad personal de todos los ciudadanos, y el orden del Estado de Derecho</strong>, es decir, la obligatoriedad e igualdad de las leyes. Ya sabemos que, en determinadas condiciones, esa clase de gente se organiza y reúne, unos en bandas armadas y otros en partidos o asociaciones que están a la sombra de las primeras aunque estos partidos no sean “violentos” en el sentido literal del término: se limitan a dar apoyo moral, intelectual y social a los que cometen los atentados y a convertir en réditos políticos las consecuencias de la destrucción, la violencia y el crimen político desatado contra sus adversarios. Es verdad que en los Estados democráticos que funcionan la presión jurídica, social y policial puede acabar deshaciendo las bandas armadas aunque las ideas que les dieron origen sigan vigentes. Dicho esto <strong>me pregunto qué gana la democracia con la existencia de cosas como el Klu Klux Klan o Sortu y la respuesta es la misma: nada. </strong>Otra cosa es que la democracia, a consecuencia del sistema de garantías de las libertades que le es implícito, deba soportar asociaciones de racistas o de nacionalistas fanáticos siempre que respeten la legalidad, no puedan imputárseles crímenes ni complicidad con los criminales y se limiten a la expresión no violenta de sus aberraciones ideológicas y políticas. Esta es la razón de que algunas democracias intachables toleren grupos de ideología claramente totalitaria, sean maoístas o neonazis.</p>
<p style="text-align: justify;">Este es el caso de <strong>Sortu: su rechazo estatutario de la violencia no les convierte en demócratas porque la democracia es mucho más que acción no violenta</strong>: comporta un cierto número de valores y creencias básicas, como la supremacía de la igualdad y la libertad y la aceptación del Estado de derecho. Algo que sigue en las antípodas de Sortu. Para conseguir la legalización el último avatar de la Herri Batasuna de siempre tiene que conseguir el visto bueno de los tribunales, que decidirán si cumple la Ley de Partidos, y si para ello bastan los nuevos Estatutos donde se rechaza –pero no condena- a ETA y se comprometen a rechazar atentados futuros… pero no los del pasado. Y <strong>sea cual sea la decisión de los tribunales competentes debería estar claro que sólo van a juzgar si el nuevo partido reúne los requisitos legales para permitirle actividad pública, y nada más. No se va a juzgar la calidad del sistema democrático</strong> a cuya puerta llama Sortu por estricto instinto de supervivencia sino si éste es, formalmente, un partido legal.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, proliferan las declaraciones –por supuesto bienintencionadas, faltaba más- que de modo más o menos implícito admiten que no se va a juzgar sólo a Sortu, sino al sistema democrático como tal. Sin duda, estamos ante otro éxito de la propaganda totalitaria en un país de una cultura política frágil y superficial, donde parece que la democracia debe justificarse ante corruptos, totalitarios y energúmenos varios, en vez de pedirles cuentas. Y si es de esperar que los partidarios y amigos de Sortu se apresuren a enfocar así el problema de la legalización de su engendro, resulta alarmante que esa perspectiva haya sido aceptada por muchos socialistas –con los inefables e inaguantables <a href="http://www.abc.es/20110209/espana/rc-lunes-primer-euskadi-esto-201102090922.html" target="_blank">Jesús Eguiguren</a> y <a href="http://www.diariovasco.com/v/20110212/politica/elorza-dice-izquierda-abertzale-20110212.html" target="_blank">Odón Elorza</a> a la cabeza- e incluso por algunos del PP: <a href="http://www.elcorreo.com/vizcaya/20110210/mas-actualidad/politica/oyarzabal-reconoce-horizonte-esperanza-201102101542.html" target="_blank">Iñaki Oyarzábal</a> declaraba que “sería una buena noticia” que se pudiera legalizar a Sortu si cumplía los requisitos (y todo sugiere que en este asunto hay un arreglo entre PSOE y PP para que la sangre no llegue al río… y Sortu sea legal antes o después).</p>
<p style="text-align: justify;">Si finalmente los jueces consideran que Sortu reúne los requisitos y es legalizado, tal noticia no sería mejor que la de que hay entre nosotros suficientes fanáticos contrarios a la democracia como para formar un partido que el sistema democrático tolera por sus propias exigencias constitucionales de estirar al máximo las libertades de asociación y expresión. Por lo demás, <strong>Sortu no va a mejorar la democracia por las mismas razones por las que el Klu Klux Klan no mejora el pluralismo de la sociedad americana</strong>, sino todo lo contrario: lo amenaza y aminora de hecho.</p>
<p style="text-align: justify;">Esperemos que la confusión reinante sobre a quién se juzga en el procedimiento de registro legal de Sortu no lleve a una relajación judicial excesiva. No sería la primera vez que un alto tribunal español acaba resolviendo una conflicto constitucional con una sentencia “interpretativa” –en este caso de la Ley de Partidos- que deja las cosas peor de lo que estaban, aumentando la inseguridad jurídica y extendiendo la máxima confusión entre la opinión pública. <strong>A Sortu lo menos que se le debe exigir es que su “rechazo” estatutario de ETA sea una condena sin paliativos de toda la historia de ETA y de cada uno de sus atentados, acompañada como es lógico de una petición expresa para que la banda se disuelva sin ninguna contrapartida</strong>. A partir de ahí podríamos considerar que Sortu es un partido de fanáticos nacionalistas democráticamente indeseables pero con suficiente miedo al Estado de Derecho como para no reservarse el menor margen de ambigüedad sobre la violencia, ni representar un peligro apreciable de servir los cuarteles de invierno de una ETA que no se resigna a desaparecer. Por cierto: el siniestro <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ku_Klux_Klan" target="_blank">Klu Klux Klan</a> también ha pasado por varios ciclos de ilegalización y legalidad al albur de los cambios políticos.</p>
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		<title>Eguiguren y la simpatía sentimental</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Nov 2010 04:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El sábado, Goka Maneiro, Rubén Múgica y un servidor celebramos un coloquio en un céntrico hotel donostiarra con el siguiente título: “El cambio en Euskadi: verdades y mentiras”. Estuvo muy bien, a juzgar por la asistencia del público que escuchó y participó sin deserciones durante algo más de dos horas de una espléndida mañana soleada de viento sur. En la cercana bahía, esculturales jóvenes revestidos de neopreno –el surf también se ha hecho muy popular entre las chicas- se lo pasaban en grande cabalgando grandes olas –y ellas ondeaban la melena- que el viento despeinaba contrariando su ruidosa ruptura en la playa. Mucha gente disfrutaba del inusual espectáculo, así que hay que reconocer su mérito a las sesenta y tantas personas que se reunieron para escuchar nuestras opiniones y dar las suyas.</p> <p style="text-align: justify;">Cosa fácil en San Sebastián, ciudad con un centro urbano muy concentrado, al bajar al bar del hotel dimos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El sábado, Goka Maneiro, Rubén Múgica y un servidor celebramos un coloquio en un céntrico hotel donostiarra con el siguiente título: “El cambio en Euskadi: verdades y mentiras”. Estuvo muy bien, a juzgar por la asistencia del público que escuchó y participó sin deserciones durante algo más de dos horas de una espléndida mañana soleada de viento sur. En la cercana bahía, esculturales jóvenes revestidos de neopreno –el surf también se ha hecho muy popular entre las chicas- se lo pasaban en grande cabalgando grandes olas –y ellas ondeaban la melena- que el viento despeinaba contrariando su ruidosa ruptura en la playa. Mucha gente disfrutaba del inusual espectáculo, así que hay que reconocer su mérito a las sesenta y tantas personas que se reunieron para escuchar nuestras opiniones y dar las suyas.</p>
<p style="text-align: justify;">Cosa fácil en San Sebastián, ciudad con un centro urbano muy concentrado, al bajar al bar del hotel dimos allí con un viejo conocido que había protagonizado no pocas de las intervenciones oídas en la sala de arriba, sobre todo una espléndida y emotiva reflexión de Rubén Múgica: Jesús Eguiguren, en persona. Estaba con su familia, disfrutando del día. Aunque se habían dicho de él y de su posición política cosas poco halagüeñas, absolutamente nadie se acercó a recriminarle nada. Se extendió la noticia de su presencia, se le miró con leve curiosidad y eso fue todo. Ninguno de los presentes era del tipo de persona capaz de aprovechar un encuentro así para reprocharle nada, <a href="http://www.upyd.es/contenidos/noticias/340/49266-Reaccion_de_varias_asociaciones_de_victimas_al_comunicado_del_PSE" target="_blank">como hizo su esposa Rafaela Romero</a> con la representante de la AVT, Angeles Pedraza, en el juicio de la Audiencia Nacional al que Eguiguren acudió –sin éxito- para predicar la paz al tribunal y echar una mano al amigo Otegui. Todo con la mejor intención, naturalmente.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero no quería volver a explicar por enésima vez que Jesús Eguiguren siempre se ha equivocado en materia antiterrorista, contumacia en el error que le ha dado su gran aura de experto. Tampoco quería volver a la obviedad de que lo que dice Eguiguren –u Odón Elorza- no son las ocurrencias de un verso suelto del PSOE, sino medidas expresiones de la estrategia de fondo que siguen los socialistas respecto a ETA, o al menos de una de las posibles estrategias a disposición de un partido que, como Felipe González se encargó de aclarar el domingo 7 de noviembre, es capaz de una cosa y de su contraria: de estudiar si volar a la cúpula de ETA o de cortejarla como honorable socio político.</p>
<p style="text-align: justify;">No, sólo quiero hacer una pequeña reflexión sobre la forma que ha adquirido la esperada solidaridad con Eguiguren de quienes consideran que está siendo objeto de un linchamiento (aunque ojalá todos los linchamientos del mundo fueran así de amables). Tiene su interés el modo en que tal solidaridad mezcla el cinismo más hipócrita con el sentimentalismo más amoral. Dejemos de lado las estupideces de que las críticas al presidente del PSE son invariablemente de “la derecha” –eso, como las de Maite Pagazaurtundua y Rubén Múgica- y parémonos en ese otro aspecto de la cuestión.</p>
<p style="text-align: justify;">El cinismo y la hipocresía emergen en la elusión del asunto principal: si se está de acuerdo o no con algún tipo de negociación con ETA. Eguiguren no puede ser acusado en ese sentido: siempre ha defendido esa vía y postulado con mayor o menor claridad que el final de la banda no debe ser confundido con la derrota de un proyecto político que sin duda considera aceptable, excepto en el recurso a la violencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Los hipócritas son quienes asumen las palabras de Eguiguren pero no su claro significado y hacen como que no lo comparten. Por ejemplo, Ramón Jáuregui o Alfredo Rubalcaba. El primero ha declarado que ETA perjudica al proyecto político de la “Izquierda Abertzale”, como si éste no fuera el mismo del terrorismo, y que ETA estaba en la presente situación de debilidad gracias a la negociación calamitosa emprendida por el primer gobierno de Zapatero. ¿Por qué no dice abiertamente que la negociación es otro instrumento a disposición del gobierno, como lo son las detenciones de comandos conseguidas por las fuerzas policiales? Nadie iba a escandalizarse por algo tan evidente.</p>
<p style="text-align: justify;">Y vayamos al sentimentalismo amoral. Cierto que el lenguaje político dominante ha sustituido la ética por el sentimentalismo: de Bush a Obama, pasando por Sarkozy y Lula da Silva, todos prefieren sacar a relucir sus sentimientos de compasión, amor y solicitud humanitaria antes que sus planes políticos. ¿Que se invade Irak para derribar al régimen?: es compasión por los iraquíes. ¿Apoyamos las dictaduras de Irán, China o Cuba?: es solidaridad contra la prepotencia occidental. ¿Expulsamos a los gitanos rumanos de Francia? Pues por amor a la República, <em>n’est c’est pas</em>? Y Zapatero y sus secuaces son especialmente adictos a este camuflaje: a menos ideas y más ocultación de hechos, más sentimentalismo pegajoso. Aplicado al caso Eguiguren: se solidarizan con él porque “es un hombre bueno”, “está siendo objeto de un linchamiento”, “lleva escolta desde hace tantos años”, “siempre ha estado en la mira de ETA y de la derecha”, “no puede pasear por la Parte Vieja de San Sebastián”. Etc. ¡Pobre <em>Ecce Homo</em>!: nadie se solidariza con él porque comparta sus análisis y objetivos, lo que resulta bastante sorprendente considerando que es el presidente del PSE-PSOE.</p>
<p style="text-align: justify;">Por mi parte, no sé nada de lo que piensa íntimamente Eguiguren. Nunca he intercambiado más de dos frases con él, cosa llamativa considerando que no sólo vivimos en la misma ciudad sino que, desde el año 2000, fui portavoz de Iniciativa Ciudadana Basta Ya, coincidiendo forzosamente en multitud de actos públicos. Pero se comprende considerando que, a diferencia de Fernando Buesa, Nicolás Redondo Terreros, Mario Onaindia o Carlos Totorika –por citar a cuatro socialistas de distinta trayectoria-, Eguiguren nunca demostró el menor interés, que yo supiera y lo sabría de haber sido así, por dedicar media hora de su valioso tiempo a conversar con gente como nosotros. Ahora sabemos que debía consagrarlo a reforzar su relación personal con sujetos como Otegui o Iosu Ternera. Congenió con éste último, dice en su asombrosa <a href="http://www.lasexta.com/sextatv/salvados/atentado_barajas__otegi___esto_no_rompe_la_tregua/182212" target="_blank">declaración para La Sexta</a> en la telebasura <em>El Follonero</em>, por afinidad generacional de inclinaciones –los encierros de San Fermín- y trayectoria vital ligada a la política, que ha <em>destrozado</em> a ambos. ¡Ah, el abuso de las metáforas!: lo dice de un tipo responsable de haber destrozado, literalmente, la vida de tantos, incluyendo a no pocos socialistas… Claro que, como sugiere la intempestiva y agresiva impertinencia de Rafaela Romero a Angeles Pedraza (“si no matan, no lloréis por nosotros”), en ese mundillo hay quien no tiene nada claro qué significa estar vivo y la pequeña diferencia con haber sido efectivamente destrozado para siempre, tanto la víctima directa como las colaterales (como Angeles Pedraza, o como Rubén Múgica lo es de su padre asesinado, el socialista Fernando Múgica). Moral de zombis que ven borrosa la diferencia entre la vida y la muerte; quizás necesite de carantoñas privadas. ¿Pero justifica la solidaridad política? No veo cómo, aunque sí para qué.</p>
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		<title>Y no sé si hice lo correcto, o el idiota moral vuelve a la carga</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Nov 2010 13:30:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[ETA]]></category>
		<category><![CDATA[ética y política]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta es la frase con la que Felipe González cierra su reflexión –es un decir- sobre la posibilidad que tuvo de ordenar el asesinato de toda la cúpula de ETA hacia 1992. La revelación aparece en el curso de un largo diálogo con Juan José Millás donde el periodista vuelve a dar prueba de su talento para transmitir algo que me parece difícil: la profunda inanidad de sujetos a los que él admira por su liderazgo político. Supongo que le sale sin querer, porque ya le pasó lo mismo con Zapatero (aunque sin rozar las sublimes cotas serviles de Suso de Toro): a la luz de sus declaraciones, el presunto asombro de las democracias occidentales resultaba ser un peligroso majadero.</p> <p style="text-align: justify;">De la lectura de las declaraciones voluntarias de Felipe González sobre su modo de abordar el asunto ETA (y GAL) emergen sobre todo dos ideas: una, que Felipe González quiere transmitir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta es la frase con la que Felipe González cierra su reflexión –es un decir- sobre la posibilidad que tuvo de ordenar el asesinato de toda la cúpula de ETA hacia 1992. La revelación aparece en el curso de un <a href="http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Tuve/decidir/volaba/cupula/ETA/Dije/hice/correcto/elpepusocdmg/20101107elpdmgrep_2/Tes" target="_blank">largo diálogo con Juan José Millás</a> donde el periodista vuelve a dar prueba de su talento para transmitir algo que me parece difícil: la profunda inanidad de sujetos a los que él admira por su liderazgo político. Supongo que le sale sin querer, porque ya le pasó lo mismo con Zapatero (aunque sin rozar las sublimes cotas serviles de Suso de Toro): a la luz de sus declaraciones, el presunto asombro de las democracias occidentales resultaba ser un peligroso majadero.</p>
<p style="text-align: justify;">De la lectura de las declaraciones voluntarias de Felipe González sobre su modo de abordar el asunto ETA (y GAL) emergen sobre todo dos ideas: una, que Felipe González quiere transmitir que su política antiterrorista fue esencialmente pragmática; dos, que no considera que haya relación interesante alguna entre ética y política. Seguramente lo primero es corolario de lo segundo: si abordó el terrorismo de un modo que considera tan pragmático, es porque en esto cualquier regla ética estaba de más: era o inútil o improcedente.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y en qué consistió aquel pragmatismo respecto a ETA? Básicamente, en probar todos los recursos posibles, de la negociación política (como en Argel) al asesinato (los GAL), haciendo en cada caso lo más conveniente en función tanto de las expectativas de éxito de cada operación como de las complicaciones a que dieran lugar. De modo que la cúpula de ETA no fue asesinada, meses antes de caer en la famosa operación de Bidart, por temor a la reacción francesa. No por limitaciones éticas o, al menos, políticas. En ese <em>totum revolutum</em> de un pragmatismo cínico cobra todo su sentido que Felipe González crea, o finja creer, que Segundo Marey estaba <em>detenido</em> en vez de secuestrado y que sugiera que algo había hecho para merecerlo, aunque en todo caso el ministro Barrionuevo controlaba la situación. Tanto que ordenó la liberación del secuestrado. Por consiguiente Barrionuevo, y a través suyo él mismo, conocía las idas y venidas de los policías y sicarios empleados en los GAL. Es más: ellos autorizaban o paraban aquellas operaciones que llegaban a su mesa por su peso político, se tratara de volar a la cúpula de ETA o de soltar a Segundo Marey. Es lo que indicaba el sentido común y lo que sentenciaron los jueces que mandaron a la trena a Galindo, Vera o Barrionuevo. Aunque no  a Felipe González.</p>
<p style="text-align: justify;">Los idiotas morales piensan que las implicaciones públicas (políticas) de las decisiones éticas (o carentes de ella) son irrelevantes. Felipe González es un idiota moral. El idiota moral se caracteriza por carecer de cualquier empatía ética: no comprende los dilemas de esta naturaleza y rechaza que sirvan para algo más que entretener a los pusilánimes. Paradójicamente, o no tanto, en el mismo reportaje Felipe González da algunas lecciones sobre el liderazgo político. Lo resume en la posesión de tres capacidades o talentos: empatía (ponerse en el lugar de los demás), transmisión a los demás del entusiasmo fundado en la sinceridad de las propias creencias, y equilibrio emocional. Obsérvese que las tres cualidades son de tipo emotivo. Pero en el terreno de la ética, la empatía tiene su correspondencia en el juicio moral, no en las emociones. Es una pena que Felipe González hiciera caso a su padres y eligiera estudiar el útil derecho en lugar de la <em>inútil</em> filosofía, porque entonces habría podido entender –o no- aquello que explicara Kant y resume una máxima clásica: la propia responsabilidad moral hacia los demás se sustancia en el principio de considerarles un fin en sí mismos, y no un medio para fines particulares. Trasladado a la política, no se trata de entusiasmar a los demás en la prosecución de cualquier fin político, sino sólo de los mejores fines políticos. Me temo que el liderazgo político que define Felipe González es el de un caudillo populista, no el de un líder demócrata.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y qué tiene esto que ver con la política esto de la ética, pregunta retóricamente el idiota moral? ¿Acaso no son mucho más importantes la eficacia y en la eficiencia en la consecución de los fines perseguidos?  En el caso que nos ocupa, ¿no es cierto que lo que importaba era acabar con ETA <em>como fuera</em>, sin pararse en éticas ni historias?</p>
<p style="text-align: justify;">Pues yendo al meollo del asunto: NO. Defender al Estado en las alcantarillas, para usar la famosa expresión de FP, no autoriza a convertir el Estado en una alcantarilla, que es lo que ocurre cuando sólo se le defiende ahí.</p>
<p style="text-align: justify;">No es más eficaz ni eficiente atacar el terrorismo con inmoralidad que respetando algunos principios éticos. Es más: atacar al terrorismo con terrorismo sólo sirve para agrandar la bola de nieve terrorista, no para deshacerla. Es un hecho irrebatible que el GAL y sus atentados, lejos de acabar con ETA, le dieron más cuerda para muchos años. Y eso por muchas razones, aunque ahora sólo señalaré tres: a ojos de los seguidores de ETA y de muchos <em>neutrales</em>, el terrorismo de Estado legitimó el propio terrorismo <em>defensivo</em> de la banda; la confianza en los medios expeditivos sirvió para aplazar diez años las reformas jurídicas, políticas y policiales indispensables para derrotar a ETA (como la Ley de Partidos); el terrorismo de Estado ahogó la movilización cívica contra ETA que empezaba a germinar esos años en el País Vasco.</p>
<p style="text-align: justify;">En resumen: la idiocia moral de Felipe González, de su gobierno y de su partido no sólo no sirvió en absoluto para acelerar el fin de ETA, sino que por el contrario lo prolongó. ¿Dónde está la ventaja de la inmoralidad política? En ninguna parte, si nos referimos al interés público. Pero otra cosa es el interés partidista: la justificación pragmática de las extemporáneas declaraciones de Felipe González es auxiliar a sus sucesores José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Rubalcaba. Recuerda y justifica que, bajo su añorado gobierno, ya se hizo todo lo posible para acabar con ETA, desde negociar a secuestrar y asesinar. ¿Por qué ahora debería ser diferente? Este el mensaje: que nada ha cambiado y que todos los recursos están sobre la mesa: si no el asesinato, sí la negociación. Salvo, por supuesto, el de moralizar la acción política y la vida pública de este país, convertido cada día un poco más en un inmenso vertedero. Las alcantarillas, ya saben.</p>
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		<title>El pastel de ETA en el horno del PSOE</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Nov 2010 04:05:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Batasuna]]></category>
		<category><![CDATA[ETA]]></category>
		<category><![CDATA[pacificación]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Permítanme, como continuación de las reflexiones de Rosa sobre la negociación del PSOE con ETA –no es nueva, todo indica que nunca fue interrumpida-, entrar en el proceloso terreno del quid prodest?, es decir, de a quién beneficia toda esa maniobra y qué horizonte político de llegada ha trazado el estratega de turno como justificación de la misma. Comenzando por lo segundo, sospecho que la idea es propiciar una vuelta de Batasuna a las instituciones vascas y navarras –donde realmente no ha dejado de estar bajo la franquicia ANV- compatible con la continuidad de una ETA cada vez más apagada, y que por eso mismo no es ya vital condenar. La única condición para permitir que el brazo político de la banda vuelva a ser legal será que no justifique las “acciones armadas” ni les dé cobertura política activa. Se espera, por otra parte, que el proceso de descomposición de la banda, unido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Permítanme, como continuación de <a href="http://www.upyd.es/index.jsp?seccion=5&amp;noticia=48364" target="_blank">las reflexiones de Rosa</a> sobre la negociación del PSOE con ETA –no es nueva, todo indica que nunca fue interrumpida-, entrar en el proceloso terreno del <em>quid prodest</em>?, es decir, de a quién beneficia toda esa maniobra y qué horizonte político de llegada ha trazado el estratega de turno como justificación de la misma. Comenzando por lo segundo, sospecho que la idea es propiciar una vuelta de Batasuna a las instituciones vascas y navarras –donde realmente no ha dejado de estar bajo la franquicia ANV- compatible con la continuidad de una ETA cada vez más apagada, y que por eso mismo no es ya vital <em>condenar</em>. La única condición para permitir que el brazo político de la banda vuelva a ser legal será que no justifique las “acciones armadas” ni les dé cobertura política activa. Se espera, por otra parte, que el proceso de descomposición de la banda, unido a la eficacia policial, ayude a no tener que poner a prueba el compromiso de una Batasuna refundada sobre la oportuna mula parda aportada por EA, la antigua escisión del PNV que atraviesa sus horas más bajas.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y a quién beneficiaría –<em>quid prodest</em>- este arreglo?: naturalmente a un PSOE en sus horas más bajas, que necesita con urgencia presentar como un triunfo propio el arreglo del problema terrorista vasco, tanto en el conjunto de España como en particular en Euskadi, donde cunde el desánimo entre la hueste socialista porque a los efectos de la crisis económica se une la temprana amortización del gobierno de Patxi López, perfidia del mismísimo Zapatero en beneficio de un exultante PNV.</p>
<p style="text-align: justify;">El PNV está en la operación. Ellos siempre han apoyado, por los beneficios que les reporta, que Batasuna esté en las instituciones vascas. Al fin y al cabo, ¿no fue vital el voto tasado de Otegi y sus huestes del Parlamento Vasco para que Ibarretxe sacara adelante sus presupuestos? (¿y no les recuerda esta maniobra otra muy reciente ocurrida en la Carrera de San Jerónimo, con ZP como mr. Spock?) Por otra parte, Batasuna y PNV apenas compiten en la captación del voto abertzale: el primero domina en Vizcaya y en las ciudades grandes, el segundo Guipúzcoa con ciertas zonas de Navarra y el mundo de los municipios medianos y pequeños. En resumidas cuentas, PNV y Batasuna compiten entre sí menos que estos últimos con el PSE-PSOE.</p>
<p style="text-align: justify;">Verán: con una Batasuna remozada y bendecida por la fiscalía del Estado (o sea, por el Gobierno), el PSE puede aspirar a recuperar sin sobresaltos ni acosos insoportables la alcaldía de importantes municipios vascos donde la marca política etarra es primera o segunda fuerza. Sitios importantes como Pasajes, Hernani o Rentería en Guipúzcoa, o Llodio en Alava. Naturalmente, para eso haría falta un pacto municipal entre socialistas y batasunos que al PNV le da más o menos lo mismo porque mantendría sus propios feudos y dispondría del apoyo estratégico de Batasuna para el avance del independentismo, que es de lo que se trata. Y para el PSE, Batasuna haría el papel que ERC ha hecho en Cataluña: una fuerza independentista dispuesta a pactar con los socialistas. No para recuperar el gobierno vasco a corto plazo con nuevo socio parlamentario, pero sí para paliar los efectos de la amortización precoz de Patxi López y del presumible hundimiento socialista en las elecciones del 2012 (que quizás no fuera tanto, o podría incluso invertirse, si saliera bien esta alambicada aunque vulgar operación de rescate de la “ETA política”, presentada como fin de la violencia).</p>
<p style="text-align: justify;">Si alguien tiene dudas sobre la verosimilitud de este acuerdo entre PSOE y PNV para rescatar a Batasuna de la ilegalidad aunque ETA siga en sus trece, que repare en el medido número de <a href="http://www.deia.com/2010/10/31/politica/euskadi/zapatero-y-urkullu-vuelven-a-reunirse-para-abordar-la-paz-y-la-izacion-en-la-cav" target="_blank">declaraciones de Urkullu</a> y otros dirigentes del PNV diciendo que lo principal de la pacificación ya está pactado. Es obvio que Rubalcaba no iba a malgastar su precioso tiempo pactando con los nacionalistas las partidas del Presupuesto, sino cosas de mayor sustancia y riesgo. En particular la escenificación de un fin de ETA que a los nacionalistas no sólo les saldrá gratis, sino que les reportará sustanciosos beneficios. Y ello sin que se cumpla condición alguna previa de fin incondicional y duradero de la violencia, pues el que Jáuregui ha bautizado como “proyecto político de la izquierda abertzale al que ETA daña con sus acciones violentas” (será que ETA se hace daño a sí misma con su pertinaz inconsciencia) volverá con discreción a las instituciones superando el trauma de una ilegalización, conseguida tras años de lucha cívica y judicial y bendecida por el Tribunal Europeo de Estrasburgo, que amenazaba con liquidarles definitivamente.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y el PP, se dirán ustedes y me digo yo? Pues a lo suyo, que sin coincidir exactamente con los planes socialistas en la materia no se ve muy estorbado por éstos. Lo que interesa a las huestes de don Mariano es cambiar de caballo parlamentario en Vitoria: pasar de la incómoda y poco productiva asociación con el PSE del muy torpe e ingrato Patxi López a una de peso y proyección con el PNV de Urkullu. Primero, porque no está nada claro que el PP consiga mayoría absoluta el 2012 y puede necesitar los votos de oro del nacionalismo vasco. Segundo, porque amortizado (con escarnio) el tándem Jaime Mayor Oreja-María San Gil, el nuevo PP de Basagoiti y sus chicos está mucho más a gusto jugando el papel de partido foralista que defiende más que nadie el Concierto Económico y cualquier hecho diferencial vasco, cuanto más rancio mejor. Un par de indicios: hace poco, su portavoz parlamentario mandó a Gorka Maneiro, en sede parlamentaria vasca, a “marcharse a Madrid para atacar el derecho de los vascos al Concierto y el Cupo”. Otro: nadie ha oído todavía a Basagoiti o Rajoy criticar el fondo del acuerdo presupuestario de Zapatero con el PNV sabiendo, pues no puede ser de otra manera, que Rubalcaba habrá cerrado con Urkullu acuerdos sobre cualquier cosa menos las partidas presupuestarias.</p>
<p style="text-align: justify;">Pues así están las cosas. ¿Y ETA, qué hará? Lo que sabe y lo que es: tratar de matar para condicionar la política mediante atentados, extorsión y amenazas. Que ahora condicione poco por la presión policial y su propia descomposición no significa que no pueda reanimarse de nuevo gracias a las expectativas abiertas por la revalidación del terrorismo implícita en la tolerancia de su “proyecto político” a través de Batasuna.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué todo esto es un disparate político y una inmoralidad pública? Pues desde luego, pero uno de los varios a los que vamos a asistir en este fin de sistema o régimen en el que va a convertirse la suma de crisis económica y de crisis política del sistema constitucional: la tormenta perfecta.</p>
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