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Qué quieren que les diga: a pesar de algún calentón difícil de impedir, a estas alturas casi me da igual lo que vociferen esas lepras rencorosas y archipagadas –en dinero y de sí mismas- de esta pobre democracia como esos famosos tertulianos al estilo María Antonia Iglesias o Enric Sopena, o los de El Gato al Agua de Intereconomía (los extremos infames se tocan), o Enric Juliana y niños bonitos como Iñaki Gabilondo, Aizpeolea o Alberto Surio (todos parecen nacidos para encarnar esa cosa irritante de las “almas bellas” que flotan sobre las aguas… negras, ya denunciadas por Hegel), siempre tan comprensivos y adictos a los amigos de negociar con ETA y tan severos y hostiles con los que nos negamos en redondo a esa claudicación, tan cobarde como prescindible y que ellos sabrán por qué necesitan tanto. En fin, la lista es tan larga que es imposible tratar de apurarla aquí: inagotable [...]







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