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La derecha vergonzante, contra nosotros

No es desde luego ninguna casualidad que varios medios de comunicación controlados por la derecha de la derecha, esa que se dice liberal porque en realidad no se atreve a asumir en público su verdadero ideario y hábitos políticos –una mezcla de tradicionalismo, cainismo y rapacidad ilimitada-, ande liando la campaña en marcha de desprestigio contra UPyD. A propósito de las andanzas de un pintoresco emprendedor de Madrid tan aficionado a coleccionar disidencias en partidos políticos –me dicen que somos el cuarto que trata de controlar, nada menos- como otros colegas suyos a coleccionar cochazos, tres periódicos al servicio de la derecha vergonzante, más alguna radio privada o así y alguna tele pública (risas), han encontrado lo que consideran un filón para tratar de hundirnos con las únicas armas que realmente dominan: la difamación, la injuria y la tergiversación. Les acompañan desde hace tiempo los inevitables políticos sin beneficio a la busca de un fautor de sus días, que no autor, que han ido yéndose dando portazos más o menos ruidosos a medida que iban comprobando que esto no era lo suyo, apoyados por un grupo de ciberanimadores más parecidos al casting de Alguien voló sobre el nido del cuco que a un colectivo racional. No es de extrañar, sino todo lo contrario, la creciente batasunización del “libro de estilo” de esos medios, esos círculos de opinión y esos personajes.

Pues en efecto, los típicos insultos y denuestos que muchos de nosotros estábamos acostumbrados a leer en Egin, Gara o Egunkaria para denunciar nuestra militancia constitucionalista y justificar que fuéramos objetivo de los verdugos –mienten, roban, viven de esto, son un fraude, no representan a nadie, gastan millones de turbio origen a manos llenas- son ahora falsa moneda de curso corriente en esos medios de la derecha vergonzante a propósito de UPyD: mentimos, robamos, vivimos de esto, somos un fraude, no representamos a nadie, gastamos millones de turbio origen a manos llenas. La única originalidad que encuentro a los sicarios de la derecha vergonzante que así depone sus miedos es la añadidura de los insultos e insinuaciones soeces, sórdidas y de tipo clericalmente sexual: que si el lobby gay, que si las orgías subvencionadas en pisos de ciertos barrios de tenebrosa reputación regalados a dirigentes… Savonarola o Torquemada, a su lado, sí que eran liberales.

Es verdad que la lógica no es lo suyo, pero no hay mucha lógica en la propaganda totalitaria: lo mismo no tenemos militantes ni estructura en Cataluña que los cuadros catalanes se van por docenas con el 50% de una afiliación que era inexistente; lo mismo somos un partido donde no hay nadie conocido fuera de la autoritaria portavoz que un partido de donde ilustres y prestigiosísimos fundadores huyen por centenares, despertando la santa indignación de las personas virtuosas; lo mismo no pintamos nada ni tenemos futuro alguno que somos caza mayor a batir por las mejores Escopetas Nacionales del reino de la Tertulia.

Y esa basura la propala un orgulloso diario centenario, monárquico y católico militante –la Iglesia, que tanto se queja de un trato injusto, tiene otro problema con esos amigos-, que hace nada vomitó en portada el linchamiento público de un inocente acusado de haber asesinado y violado a la hija de su pareja; otro que tiene el titular menos adecuado a su línea que cabe concebir y a quien las encuestas electorales siempre le salen divididas por dos cuando a nosotros se refieren, y un tercero que es un acabado ejemplo de libelo ultra al servicio de la fundación de un partido de extrema derecha en cuanto se presente la ocasión. Los tres tienen, por diversas razones, grandes problemas económicos, enjuagados con dinero público o privado interesado en la información únicamente como manipulación sistemática, tergiversación permanente y asesinato civil de cualquiera que se ponga a tiro. Luego se extrañan de que los periódicos pierdan lectores a mansalva.

Bueno, allá ellos. Con algún informante suyo nos veremos en los juzgados, donde deberá probar las acusaciones de desfalco, robo y apropiación indebida, entre otras, que alegremente vierte sobre nosotros para curar la herida de su ridículo en el Congreso y satisfacer quién sabe qué pactos y exigencias. Aunque, a la vista de la campaña de prensa que pivota sobre su testimonio y de los medios que participan, tiene un probable origen en, más o menos, un famoso edificio de la Puerta del Sol.

Tampoco es para extrañarse ni para rasgarse las vestiduras ante la actuación de la máquina de hundir reputaciones,  bien engrasada con dinero de los contribuyentes, o sea, nuestro y por tanto de sus víctimas. Porque las víctimas de la desinformación y de la conversión de las instituciones públicas en cotos privados de caza y rapiña no somos precisamente los promotores de UPyD, sino los ciudadanos cuyos bolsillos son aligerados de buena parte de su dinero sólo para mantener medios de comunicación sin lectores, cajas de ahorros al servicio de políticos retirados, chanchullos y tinglados de todo tipo y máquinas mediáticas de picar carne al servicio de todo lo anterior. Pues claro, no habríamos fundado otro partido, ni apartado del mismo sin miramientos a todos los que han demostrado su afán de pervertirlo –y así seguirá siendo-, si estas cosas no pasaran.

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