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De la abundante cosecha de vaciedades y disparates jurídico-político-económicos proferidos ayer por el presidente Zapatero en el debate sobre el Estado de la Nación puede espigarse una, de ambición intelectual, que resume a la perfección las características ideológicas –es un decir- no sólo del personaje, sino del partido que le aclama. En la réplica a Durán i Lleida aseguró que no sólo considera al catalán una lengua propia suya –con perdón por la expresión-, sino que considera como propias todas las lenguas del mundo. Lo dijo con ese sentimentalismo impostado que usa para envolver con capa pringosa la nada de sus compromisos; arrancó sentidos aplausos de la bancada socialista. Consideremos qué tiene en la cabeza alguien que afirma que considera propias todas las lenguas del mundo (entre tres mil y seis mil, según el concepto de lengua aplicado), y alguien que aplaude esta bobada.
El presidente Aznar ya trató de seducir [...]







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