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	<title>Carlos Martínez Gorriarán &#187; Cataluña</title>
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		<title>La italianización de Cataluña</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Dec 2010 04:03:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Si preguntáramos por el nombre de un país mediterráneo de envidiado nivel de vida, donde en las elecciones arrasa un partido corrupto y responsable de la situación de crisis económica y política, donde partidos xenófobos y ultranacionalistas no menos corruptos registran un importante auge, donde un tipo surgido del fútbol profesional consigue un importante éxito político, donde el socialismo tradicional obtiene un resultado catastrófico, donde casi todos los medios de comunicación trabajan para el gobierno o están controlados mediante subvenciones de todo tipo para que emitan un discurso único (¡más y más!), donde la campaña ha sido protagonizada por putones verbeneros y vídeos zafios que han escamoteado todos los problemas reales agitando el miedo a la inmigración y a la inseguridad ciudadana, es muy probable que muchos pensaran en Italia. Y sin embargo, se trata de Cataluña.</p> <p style="text-align: justify;">Algunos finos comentaristas, como Félix de Azúa, han advertido en alguna ocasión del alto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Si preguntáramos por el nombre de un país mediterráneo de envidiado nivel de vida, donde en las elecciones arrasa un partido corrupto y responsable de la situación de crisis económica y política, donde partidos xenófobos y ultranacionalistas no menos corruptos registran un importante auge, donde un tipo surgido del fútbol profesional consigue un importante éxito político, donde el socialismo tradicional obtiene un resultado catastrófico, donde casi todos los medios de comunicación trabajan para el gobierno o están controlados mediante subvenciones de todo tipo para que emitan un discurso único (¡más y más!), donde la campaña ha sido protagonizada por putones verbeneros y vídeos zafios que han escamoteado todos los problemas reales agitando el miedo a la inmigración y a la inseguridad ciudadana, es muy probable que muchos pensaran en Italia. Y sin embargo, se trata de Cataluña.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos finos comentaristas, como Félix de Azúa, han advertido en alguna ocasión del alto riesgo de italianización de la política y la sociedad catalanas (a distinguir de las alarmas por la “italianización” del parlamento, asunto menor). La cosa no tendría importancia, e incluso podría estar muy bien en ciertos aspectos, si no se tratara de <em>italianización</em> en aquello que ese gran país tiene de menos admirable, a saber, la aceptación de la corrupción como cosa normal, el auge de la frivolización más obscena en el discurso político, la conversión de sinvergüenzas repelentes en líderes políticos populares, la adopción de la xenofobia como recurso político de éxito popular seguro, y el escapismo más lamentable en todos los problemas realmente serios. Pues esto es lo que ha pasado en Cataluña porque eso es lo que han votado los ciudadanos catalanes, y de verdad que lo siento (y temo que más lo sentirán ellos en algunos años).</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos: CIU, campeón de la jornada electoral, ha recibido votos de prácticamente todos los demás partidos. Preocupados por echar al nefasto tripartit de la Plaza de Sant Jaume, los electores han perdonado graciosamente a este partido su constante implicación en casos graves de corrupción y, lo que no es menos importante, su no menos constante apoyo al gobierno de Zapatero en todas las nefastas políticas que nos han conducido a la catastrófica situación actual, de la intocabilidad de las cajas de ahorros en quiebra al incremento del derroche autonómico pasando por la fallida reforma laboral. Bajo una apariencia de cambio y giro político, los electores catalanes han votado más de lo mismo ya conocido. Pero con pésimas perspectivas.</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos más: los dos partidos de extrema derecha, el del futbolero Laporta y el del <em>camisa vieja</em> Anglada, han obtenido estupendos resultados. El primero nada menos de cuatro escaños, el segundo a punto de obtenerlos y con una magnífica base para las próximas municipales. Ni los casos de corrupción de todo tipo del primero, ni el aroma rancio a fascismo que desprende el segundo, han echado atrás a los electores que les han preferido. El significado es siniestro: los partidos al estilo de la Liga Norte padana o el Frente Nacional de Le Pen han entrado en España a través de Cataluña. Habrá tiempo para lamentarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">No dejemos de ver esto: el celebrado progreso del PP ha sido mínimo en votos, aunque no tanto en escaños, para un partido con serias aspiraciones a desbancar al PSOE en las próximas elecciones generales. El fenómeno del voto dual –el hábito de votar cosas distintas en autonómicas y generales, como si no tuvieran nada que ver-, tan catalán como <em>les mongetes amb butifarra</em>, ha optado por convertir a CIU en socio indispensable de cualquiera que en el futuro inmediato profundice nuestra ruina desde la Moncloa.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente la campaña ha estado dominada por el discurso único, además de por personajes zafios y ruines. Ninguno de los partidos que ha obtenido representación parlamentaria, y digo ninguno, ha osado trasladar al electorado la gravedad de la situación política y económica, e incluso la degradación de la ética pública de la que la impunidad de la corrupción y el auge del putiferio son síntomas alarmantes. Todos, con ligeros matices, han coincidido en que el problema de Cataluña es que recibe poco dinero del Estado, que vendría muy bien un Concierto económico al estilo vasco y navarro, etc. No se ha oído ni una palabra de reforma constitucional, de la ley electoral o de la regeneración democrática a fondo –no populista o ultra- de un sistema político profundamente viciado.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Ni una sola palabra de regeneración democrática? ¡No, también allí ha habido una aldea de irreductibles asediados por las legiones del imperio! Me refiero, obviamente, a los centenares de afiliados y voluntarios de UPyD empeñados en hacer una campaña para hablar de esas cosas de las que no ha hablado ningún partido parlamentario, y de hablar en contra de las que decían los que han gobernado y los que se ofrecen a gobernar. Campaña sin vídeos nudistas, sin travestismo alguno, sin eludir esos temas de los que no quiere oír hablar la gran mayoría, comenzando por lo principal: la fiesta ha terminado y ahora tendrán que pagar la factura los que no han roto un plato.</p>
<p style="text-align: justify;">Este mensaje apenas ha llegado a los catalanes, cerrojo informativo en el que ha tenido un papel protagonista la legión de medios de comunicación catalanes, tanto públicos como concertados. Pero tampoco vamos a engañarnos: es obvio que la mayoría social en Cataluña todavía no quiere ni oír hablar de las cosas que proponemos. Siguen convencidos de que la fiesta volverá a reanudarse en cuanto el sr. Mas presida la Generalitat (como los italianos con Berlusconi, vaya) y vuelva a sacar tajada al Estado en forma de todo tipo de concesiones. Cómo va a ser posible semejante cosa es algo que sin duda merecerá la pena escuchar. Si la idea es, como ha sido anunciado en campaña, que el fin del “expolio fiscal” perpetrado por España permitirá a los catalanes vivir como si fueran suecos, todos vamos a divertirnos un rato.</p>
<p style="text-align: justify;">Y queda lo último: si UPyD ha cometido un error no yendo a las elecciones con C´s (en el caso de que eso fuera algo más que una desinformada conjetura). Es cierto que el resultado ha sido muy malo, y algunas voces lamentan que hayamos rechazado ese trato que nos habría dado, probablemente, al menos un diputado. Pero esas voces parecen ignorar que UPyD se toma en serio su compromiso de entrar en las instituciones sólo para promover su programa político, negándose a perseguir escaños como un fin en sí mismo. Si alguien no quiere la reforma constitucional ni de la ley electoral ni limpiar el sistema, hace bien no votándonos. Y de ningún modo podríamos presentar candidatos que defendieran algo distinto. Si alguien no se creía que somos un partido diferente, aquí tiene la prueba: no queremos escaños si no es para hacer la política que proponemos a los ciudadanos; ho entraremos en cambalaches para conseguirlos si ello implica sacrificar objetivos y principios. Sin imitaciones descafeinadas, franquicias de línea blanca o adaptaciones al medio a cambio de sacrificar nuestras ideas genéticas. Así somos, qué le vamos a hacer.</p>
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		<title>Por fin Ciudadanos (Cs) se desnuda de verdad</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Nov 2010 17:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Albert Rivera]]></category>
		<category><![CDATA[C's]]></category>
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		<category><![CDATA[Jordi Cañas]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Ciudadanos y su principal dirigente, Albert Rivera, cobraron fama con el cartel electoral donde éste aparecía desnudo. Luego han creado escuela, de modo que esta campaña catalana ha suministrado más desnudos incluyendo nuevos de C’s, otros con o sin toalla y raciones de jadeos varios. Ahora bien, la propaganda electoral es sobre todo una metáfora dirigida al sentido de la vista. Al igual que la pintura religiosa medieval, su intención es sobre todo trasladar un mensaje sumario a los que no tienen paciencia para leer, lo que en el medievo llamaban demonstratio ad oculos, especialmente pensada para los ignorantes. Por eso el hecho de desnudarse con intenciones políticas en una foto o en un vídeo no es lo mismo que desnudarse de verdad para lo que importa en política: cuáles son tus ideas, propuestas y planes de acción; qué compromisos propones o a dónde piensas llegar.</p> <p style="text-align: justify;">Pues bien, Ciudadanos-Partido por la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Ciudadanos y su principal dirigente, Albert Rivera, cobraron fama con el cartel electoral donde éste aparecía desnudo. Luego han creado escuela, de modo que esta campaña catalana ha suministrado más desnudos incluyendo nuevos de C’s, otros con o sin toalla y raciones de jadeos varios. Ahora bien, la propaganda electoral es sobre todo una metáfora dirigida al sentido de la vista. Al igual que la pintura religiosa medieval, su intención es sobre todo trasladar un mensaje sumario a los que no tienen paciencia para leer, lo que en el medievo llamaban <em>demonstratio ad oculos</em>, especialmente pensada para los ignorantes. Por eso el hecho de desnudarse con intenciones políticas en una foto o en un vídeo no es lo mismo que desnudarse de verdad para lo que importa en política: cuáles son tus ideas, propuestas y planes de acción; qué compromisos propones o a dónde piensas llegar.</p>
<p style="text-align: justify;">Pues bien, Ciudadanos-Partido por la Ciudadanía (C’s), que tantas voces mal informadas o símplemente perezosas se empeñan en decir que son lo mismo que UPyD pero en catalán, es un buen ejemplo de recurso al desnudo epidérmico para distraer al personal y ocultar lo que sí deberían mostrar: las intenciones políticas de C’s.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay precedentes de ocultación nudista: en las elecciones vascas y gallegas del 2009 C’s pidió el voto para el PP, y en las europeas de ese mismo año hizo coalición con la plataforma eurófoba y xenófoba Libertas, financiada por un oscuro millonario irlandés nacionalista, presentando como candidato de España al Europarlamento a uno de esos frikis que alquilan su ingenio chismoso por las teles y radios basura. Obtuvieron un resultado ridículo mientras nosotros doblábamos el porcentaje de votos y obteníamos un eurodiputado, Francisco Sosa Wagner. Y sin embargo, las almas bellas seguían empeñados en que C’s era poco más o menos lo mismo que UPyD, a excepción de su arraigo catalán y su afición al nudismo publicitario, que no ideológico. “Nosotros no nos desnudamos porque tenemos ideas”, llegó a tener que aclarar Rosa en una frase que invitaba claramente a completarse con esta segunda parte: “¿y qué ideas tiene C’s?”</p>
<p style="text-align: justify;">Paciencia, que enseguida llegamos a la respuesta. Reparemos todavía en el notable hecho de que los medios de comunicación catalanes catalanistas –o sea, casi todos- descubrieron hace semanas la supervivencia de C’s y el extraordinario encanto de su nudismo (explicable, dado el contexto). Fuera por esto último o por lo primero o por ambas cosas a la vez, C’s pasó en un abrir y cerrar de ojos de la previsión de cero diputados a la de tres, cuatro y hasta cinco o siete. Recuperó, además, el apoyo explícito de algunos padres fundadores últimamente adustos con su criatura, sin duda atraídos por el renovado brillo de las encuestas (los tertulianos y líderes de opinión semejantes comparten hábitos con las polillas: les atrae fatalmente la luz de los focos y aborrecen la oscuridad).</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora bien, el tiempo pone todo en su lugar –aunque a veces no vivamos para verlo- y  hoy el diario El Mundo publica una entrevista de Salvador Sostres a Jordi Cañas, portavoz de C’s (y aficionado también a darnos caña venga o no a cuento). Por fin C’s se desnuda de verdad en lo que importa: qué propone como partido político a los votantes catalanes (lamentablemente, no puedo ponerles un link porque no hay).</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y <strong>qué propone C’s</strong>, además de una crítica satírica al “nacionalismo troglodita”? Esto: <strong>un pacto a CIU para formar parte de un eventual gobierno de la Generalitat</strong>. Eso sí, con tres condiciones: promoción del mérito y el esfuerzo (sic); un pacto anticorrupción; cumplimiento de la sentencia del Constitucional sobre el Estatut. La primera condición es pura vacuidad; la segunda, un escarnio; la tercera, una obviedad: en democracia cumplir sentencias es una obligación, no un pacto graciosamente concedido. Lo que propone C’s es pactar con CIU a cambio de dos consejerías, Educación e Interior. La última, para “acabar con la inseguridad, que es el principal problema que azota a nuestra sociedad”. ¿No era el nacionalismo troglodita el problema principal? ¿O quizás esa obsesión por la seguridad no es típica de trogloditas no menos nacionalistas?</p>
<p style="text-align: justify;">Pero todo esto tiene una explicación. Dice Jordi Cañas: “No tenemos vocación de oposición, sino de ser críticos. No queremos cambiar Cataluña”. Desde luego, se ve que la Cataluña oficial sí que les ha cambiado a ellos. Por eso tampoco manifiesta oposición alguna a la petición de CIU de un Concierto Económico para Cataluña por la que le pregunta expresamente Sostres. Más aun: según C’s, el problema es que Pujol no supo obtener todo lo que debía, sólo que “Cataluña se convertía en agente de recaudación de una parte de la misma cantidad de dinero”. Por si cupiera alguna duda: “Y hay que decir también que queremos más dinero porque el que tenemos no lo gastamos en lo que toca.” O sea, nada de austeridad y reducción del gasto, o nuevos presupuestos con otro reparto. No, lo mismo que CIU, PSC, ERC y resto de la parroquia: que el Estado ponga más dinero, que ellos lo gastarán mejor.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque Jordi Cañas aprovecha la entrevista para soltar alguna coz adicional a UPyD –¡que es “un proyecto personal”!-, personalmente le estoy muy agradecido. Nadie mejor podría demostrar con mayor claridad la veracidad y acierto de una tesis expuesta en este mismo blog, a saber: que <strong>Ciudadanos ya es un apéndice regionalista del catalanismo oficial</strong>. Un partido que se muestra <em>crítico</em>, sí, pero que no aspira a ser oposición ni a cambiar la Cataluña que han fabricado. <strong>Su objetivo es participar del reparto de la coca (del pastel)</strong>. Por eso no encontrará el lector de esta impagable entrevista ni una propuesta de reforma política, ni autonómica ni, por supuesto, nacional. Todo está bien como está: la ley electoral, la Constitución, el Estado de las Autonomías, el Estatut… lo importante es que pase a gestionarlo C’s, y ya verán que bien les va (lo mismo que el PP propone para España).</p>
<p style="text-align: justify;">Así las cosas, ¿alguien se cree de verdad que existe algún parecido entre C’s y UPyD? Hombre, hombre…</p>
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		<title>Cataluña, País Vasco e Irlanda: el espejo roto del nacionalismo romántico.</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Nov 2010 04:00:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
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		<category><![CDATA[nacionalismos]]></category>
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		<category><![CDATA[Unión Europea]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Para el conjunto de España, el famoso rescate financiero de la República de Irlanda tiene un significado ominoso resumido en el célebre dicho: cuando las barbas de tu vecino veas pelar… Pero en ciertas partes de España este desdichado asunto tiene un significado peor: me refiero a Cataluña, el País Vasco y Galicia. Porque la crisis financiera irlandesa es también una crisis de soberanía, una crisis que certifica la muerte del nacionalismo romántico heredado del siglo XIX. Despiadado, el mundo actual no reserva ningún sitio para tales antiguallas. Mira por donde vamos a asistir, de un modo imprevisto, al cumplimiento de una de las pocas profecías acertadas de Karl Marx y Friedrich Engels: las pequeñas “naciones” de base étnica que han sobrevivido a la primera etapa de la modernidad están condenadas a desaparecer por efecto de la presión disgregadora e integradora del sistema económico mundial (el capitalismo, en el viejo lenguaje).</p> <p style="text-align: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Para el conjunto de España, el famoso rescate financiero de la República de Irlanda tiene un significado ominoso resumido en el célebre dicho: cuando las barbas de tu vecino veas pelar… Pero en ciertas partes de España este desdichado asunto tiene un significado peor: me refiero a Cataluña, el País Vasco y Galicia. Porque la crisis financiera irlandesa es también una crisis de soberanía, una crisis que certifica la muerte del nacionalismo romántico heredado del siglo XIX. Despiadado, el mundo actual no reserva ningún sitio para tales antiguallas. Mira por donde vamos a asistir, de un modo imprevisto, al cumplimiento de una de las pocas profecías acertadas de Karl Marx y Friedrich Engels: las pequeñas “naciones” de base étnica que han sobrevivido a la primera etapa de la modernidad están condenadas a desaparecer por efecto de la presión disgregadora e integradora del sistema económico mundial (el capitalismo, en el viejo lenguaje).</p>
<p style="text-align: justify;">Irlanda ha sido, para los nacionalismos catalán, vasco y gallego, tanto una fuente de inspiración mitomaníaca como un ejemplo vivo de su propio modelo de Estado futuro. El mito radica en que no se puede comparar de ningún modo el papel marginal, arcaizante y colonizado de Irlanda en el viejo imperio británico con el papel de avanzada de lo moderno y posición política dominante que Cataluña y el País Vasco han tenido en España desde el siglo XVIII. Respecto a la romanizada Galicia, el paralelismo con el céltico Eire se agota en la importancia musical de la cornamusa, las leyendas neocélticas de Breogán y el papel de la patata o <em>cachelo </em>en la dieta.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo importante es que la antigua, prolongada y heroica lucha de muchos irlandeses por la independencia de su país, y lo digo sin la menor ironía, dio<em> c</em>omo resultado el único nuevo Estado independiente aparecido en la Europa Occidental en el siglo XX. Ninguna otra “nación sin estado” de esta parte del mundo lo ha conseguido: ni escoceses, galeses, bretones, occitanos, flamencos, corsos… ni catalanes y vascos. Por eso mismo Irlanda –y no Serbia, Chequia o Grecia- ha sido el espejo elegido por los nacionalistas catalanes y vascos: si los irlandeses han podido –<em>yes, we can</em>-, ¿por qué no ellos? (cosa más fácil comparando el poderío del Reino Unido con el decaído Reino de España). De ahí los paralelismos, más bien caricaturescos, entre las historias del nacionalismo y terrorismo irlandés y los vascos, tan bien estudiados por Jon Juaristi.</p>
<p style="text-align: justify;">Y ahora, ¿qué ha pasado? Todo: que el espejo se ha roto. <a href="http://www.irishtimes.com/newspaper/frontpage/2010/1122/1224283834822.html" target="_blank">Irlanda se enfrenta de bruces a su fracaso</a> como Estado soberano en el sentido nacionalista del concepto, es decir, como único dueño de su destino. Pues el rescate de su Estado por la UE y Gran Bretaña, forzado por la quiebra de su sistema bancario y el pinchazo de su burbuja inmobiliaria, han dejado en pelota viva el mito esencial del viejo nacionalismo: el de la soberanía sagrada de las pequeñas naciones independientes. En Irlanda se son muy conscientes de esto y las reacciones de frustración y exasperación, muchas a rebufo de la vieja y arraigada ideología nacionalista, no se han hecho esperar: ¡Irlanda vuelve a ser “colonizada” por Europa y, lo que es peor, por la vieja y detestada metrópoli! ¡Irlanda no puede hacer lo que le da la gana con sus bancos y su política económica, es decir, tiene una soberanía limitada!¡Son los extranjeros los que dictan los impuestos a cobrar y el destino que debe dárseles! Menos soberanía, diríamos, de la que tienen a día de hoy, aunque por poco tiempo, las comunidades autónomas españolas…</p>
<p style="text-align: justify;">No es casualidad que tanto las finanzas de Cataluña como las del País Vasco estén empeñadas en disparaderos que antes o después exigirán severos recortes de su soberanía política. Sus problemas son consecuencia del modo nacionalista de entenderla. Veamos: las haciendas forales vascas –pues una de las grandes e ignoradas ironías de la “construcción nacional vasca” es que no existe una hacienda vasca única, sino tres- ya están en el punto de mira de Bruselas por sus alegrías fiscales, regalando dinero a las empresas ubicadas en la Comunidad Autónoma Vasca con absoluto desprecio de las normas europeas de competitividad y competencia. Pasado un tiempo de una sentencia terminante e incumplida del Tribunal Europeo correspondiente, Bruselas exige sin más demora que las haciendas díscolas obliguen a las empresas beneficiarias a devolver las primas ilegales y a pagar una multa. Y pocas bromas: está en juego la “disciplina fiscal” que se ha convertido en política única contra la crisis de la Unión Europea. Si se puede intervenir a Irlanda, un estado soberano, qué no se puodrá hacer con tres pequeñas diputaciones arcaicas y trasnochadas. Si no fuera por la protección de Madrid…</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y Cataluña? Pues embarcada en la venta de las joyas de la abuela: los bonos superrentables de deuda pública que la próxima Generalitat deberá financiar con más y más deuda hasta lograr un espléndido crack financiero, más argentino que europeo.</p>
<p style="text-align: justify;">En definitiva, estamos asistiendo a un efecto político nada menor de la crisis financiera: el desvanecimiento como alternativa política posible y viable del nacionalismo romántico, basado en el imperio de la voluntad y de los mitos de la sangre y de la tierra. No sólo se ha hundido Irlanda; también le ha ocurrido a otro antaño próspero islote de soberanía de bases étnicas: Islandia. Y por razones parecidas. A las propiamente financieras hay que añadir las políticas: esos pequeños países no son viables en el mundo actual, salvo como paraísos fiscales en el caso de que fueran tolerados. O como Estados fracasados dejados de la mano de dios. Por lo demás, están abocados a integrarse en uniones de estados como la Unión Europea, o a seguir en viejos Estados como la propia e imperfecta España de las autonomías, o la República francesa. En esos marcos hay muchos problemas y poca soberanía, pero fuera no hay absolutamente nada, salvo frío, pobreza y soledad. El espejo querido se ha hecho añicos y Blancanieves ya es ceniza (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Las_cenizas_de_%C3%81ngela" target="_blank">las cenizas de Angela</a>).</p>
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		<title>La quiebra de Cataluña, de Madrid… y la de España (y quizás la UE)</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Nov 2010 04:24:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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		<category><![CDATA[PSOE]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Alberto Ruiz Gallardón ha visitado a José Luis Rodríguez Zapatero para rogarle que haga una excepción con el ayuntamiento de Madrid y le permita endeudarse para hacer frente al gigantesco déficit de la capital. La Generalitat ha lanzado una emisión de bonos de deuda a un interés del 4’75% a un año y dos días que, me decía un amigo conocedor, les están quitando de las manos. Tanto la ciudad de Madrid como la Generalidad de Cataluña se enfrentan a una brutal falta de liquidez que les impide pagar a proveedores y, muy pronto si no hacen algo, las nóminas de sus empleados y los intereses de su enorme deuda. Entre tanto, la Junta de Andalucía –cuyo rating de deuda pública es tan malo como el catalán por las mismas razones: derroche de recursos- ha anunciado que convertirá a casi veinte mil empleados públicos en funcionarios, saltándose los procedimientos de oposición pública e [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Alberto Ruiz Gallardón ha visitado a José Luis Rodríguez Zapatero para rogarle que haga una excepción con el ayuntamiento de Madrid y le permita endeudarse para hacer frente al gigantesco déficit de la capital. La Generalitat ha lanzado una emisión de bonos de deuda a un interés del 4’75% a un año y dos días que, me decía un amigo conocedor, les están quitando de las manos. Tanto la ciudad de Madrid como la Generalidad de Cataluña se enfrentan a una brutal falta de liquidez que les impide pagar a proveedores y, muy pronto si no hacen algo, las nóminas de sus empleados y los intereses de su enorme deuda. Entre tanto, la Junta de Andalucía –cuyo rating de deuda pública es tan malo como el catalán por las mismas razones: derroche de recursos- ha anunciado que convertirá a casi veinte mil empleados públicos en funcionarios, saltándose los procedimientos de oposición pública e incrementando su deuda por gasto corriente. Cada vez se anuncia con más insistencia que el Estado español está <a href="http://www.expansion.com/2010/11/17/financialtimes/1290031450.html?a=5a419851e463bdf1b376098f7baa5236&amp;t=1290105014" target="_blank">en puertas de una suspensión de pagos</a> que, a diferencia de la irlandesa y la muy probable portuguesa, no podrá rescatarse con fondos de la UE debido al gran tamaño de nuestra economía. Como indicios de esta próxima quiebra, los inversores internacionales rechazan prestar dinero a las Cajas de Ahorro (51% del sistema financiero español) incluso cuando están avaladas por el Estado: sencillamente, el Estado español ya no tiene crédito, o lo que es lo mismo, el dinero internacional no se cree que sea capaz de hacer frente al pago de la deuda pública ni de la privada avalada.</p>
<p style="text-align: justify;">La situación financiera de Madrid –también la de la Comunidad, aunque de esta se hable menos- tiene que ser desesperada –casi ocho mil millones de euros conocidos, seguramente muchos más ocultados en entes públicos- para que Gallardón recorra el humillante camino de Canossa de pedir ayuda excepcional a Zapatero, el único responsable de todos los desastres según su partido, el PP. La situación financiera de España tiene que ser desesperada para que Zapatero renuncie a la interesante humillación de uno de sus principales rivales políticos, despejando el camino a los candidatos socialistas.</p>
<p style="text-align: justify;">La emisión de bonos catalanas es de las que ese amigo califica de “argentinas”: las ofertas fabulosas que preceden al <em>crack</em> del sistema. Porque es una emisión para captar dinero con el que pagar gasto corriente -nóminas, intereses y proveedores- que, en su momento, habrá que refinanciar con una emisión todavía más astronómica que endeudará aun más a Cataluña. Cuando los políticos catalanes peregrinen a La Moncloa para pedir que el detestado Estado común les saque del aprieto, el inquilino del momento les mostrará las arcas vacías y les mandará a casa sin nada, como a Gallardón.</p>
<p style="text-align: justify;">Madrid, Cataluña y Andalucía suman entre las tres casi la mitad de la población de España, y un gran porcentaje de su PIB. También acumulan una enorme deuda pública y privada en gran parte de magnitud desconocida, porque nadie se cree las cifras oficiales (basta con ver que el agujero de Cajasur era mucho mayor que el declarado oficialmente). Si esas tres comunidades quiebran, es imposible que España en su conjunto no quiebre. Los mercados internacionales dan por descontado que acabará pasando, e incluso dan una fecha aproximada: el primer trimestre del año que viene. De eso ya prácticamente no se duda, y las especulaciones giran en torno a lo que pasará después: ¿será España expulsada del euro? ¿podrá subsistir la propia UE si expulsa a España de su zona económica? ¿Arrastrará la quiebra de España a la Unión Europea, tal como es ahora? Así estamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Y sin embargo, muchos analistas insisten en que España tiene una economía y unas cuentas públicas en mejor estado que las de Grecia, Irlanda o Portugal. ¿Cuál es la diferencia con estos países que agrava tanto nuestras expectativas? Pues está claro: nuestro sistema político. Es un lastre para España. Y no sólo lo es Zapatero, aunque este sea el más responsable en su calidad de jefe del gobierno, también son un lastre Rajoy, Durán i Lleida, Erkoreka y compañía. Ninguno de ellos está dispuesto a poner en marcha ni una sola de las reformas indispensables para hacer viable al Estado y remontar esta enorme crisis económica.</p>
<p style="text-align: justify;">Obsérvese que en las comunidades y ciudades citadas gobiernan o han gobernado en los últimos veinte años los tres actores principales del sistema político español: PSOE (en Andalucía y Cataluña bajo la franquicia PSC), PP (Madrid) y nacionalistas (CIU y ERC). Por cierto, las demás comunidades no están mucho mejor, aunque su situación sea menos llamativa debido a su menor tamaño demográfico y económico. Ni siquiera las del Concierto, País Vasco y Navarra, se salvarán de la quema si todo se hunde (por mucho que ello alegre a los abertzales, que ya sueñan con el desgajamiento <em>de facto</em> de España); significativa al respecto la amenaza de la Comisión Europea a las alegres y aprovechadas diputaciones forales por incumplir descaradamente la sanción impuesta por las “vacaciones fiscales” vascas. Si la Comisión llega hasta el final y obliga a devolver las ayudas ilegales a empresas y haciendas, también éstas se verán en apuros a la irlandesa… por mucho que se imaginen de un mundo aparte.</p>
<p style="text-align: justify;">En resumen: crisis financiera hay en muchos Estados, pero España es el único de los de cierto peso mundial que ve muy agravada su situación por una pérdida total de crédito a consecuencia de que su sistema político es incapaz de gestionar el país como es debido, enfangado como está en la corrupción institucional y preso de oscuros intereses trabados durante estos años. PSOE, PP y nacionalistas no harán sino empeorar la situación del país, hundiendo el interés general por salvar el suyo partidario. No se trata sólo de echar a Zapatero, que también, sino de reformar la casa de la democracia de arriba abajo. El que no quiera verlo tendrá no muy tarde un amargo despertar.</p>
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		<title>Por qué no tenemos ni tendremos franquicias en Cataluña</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Nov 2010 04:00:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[Ciudadanos]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Uno de los éxitos más notables del nacionalismo catalán es haber logrado convencer a casi todo el mundo de que la excepción catalana abarca también a los no nacionalistas, e incluso a los catalanes de furibundo antinacionalismo. Por eso resulta tan costoso que se escuche allí, y a veces fuera de allí –pues la propaganda catalanista tiene muchos adeptos en la España cañí, donde se considera que un nacionalista como Durán i Lleida ¡es un gran estadista español!- un mensaje tan obvio como que un partido nacional en sentido ilustrado y laico no puede ni debe, precisamente porque lo es,  aceptar que en Cataluña deba delegar su representación en otro partido de ámbito estrictamente catalán.</p> <p style="text-align: justify;">Ni siquiera en el País Vasco de mis aflicciones y aficiones hace falta explicar algo tan obvio: que un verdadero partido político español no puede renunciar a ser el mismo partido en todas partes de España, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Uno de los éxitos más notables del nacionalismo catalán es haber logrado convencer a casi todo el mundo de que la excepción catalana abarca también a los no nacionalistas, e incluso a los catalanes de furibundo antinacionalismo. Por eso resulta tan costoso que se escuche allí, y a veces fuera de allí –pues la propaganda catalanista tiene muchos adeptos en la España cañí, donde se considera que un nacionalista como Durán i Lleida ¡es un gran <em>estadista español</em>!- un mensaje tan obvio como que un partido nacional en sentido ilustrado y laico no puede ni debe, precisamente porque lo es,  aceptar que en Cataluña deba delegar su representación en otro partido de ámbito estrictamente catalán.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni siquiera en el País Vasco de mis aflicciones y aficiones hace falta explicar algo tan obvio: que un verdadero partido político español no puede renunciar a ser el mismo partido en todas partes de España, incluida Cataluña. Por eso los abertzales han acusado siempre de “españolismo” o “sucursalismo” a los vascos que, como nosotros, hemos rechazado activamente su pretensión de que Euskadi, Euskalherria o como queramos llamarlo no es un mundo aparte, sino una parte de España no menos rara ni especial que otras también no menos raras y especiales (con su otro idioma, sus costumbres y su peculiar historia), rareza y especificidad que no justifican que existan fuerzas políticas especiales para los vascos. Salvo si uno es nacionalista y por eso piensa lo contrario, naturalmente.</p>
<p style="text-align: justify;">En cambio, en Cataluña los nacionalistas han convencido a quienes dicen no serlo, incluso siendo sus más furibundos detractores, de que lo suyo también es especial, de modo que los catalanes no nacionalistas deben ser representados por partidos catalanes no nacionalistas. ¿Y qué deben hacer los partidos nacionales como UPyD? Pues asociarse con una franquicia catalana al estilo de, por ejemplo, el PSUC y el PCE, o ahora el PSOE y el PSC. A nosotros nos tocaría Ciudadanos, claro. Sin duda, el éxito de este tópico merece un aplauso al nacionalismo catalán, que ha conseguido así anular o paralizar el pluralismo político de Cataluña. Porque, se mire por donde se mire, que los partidos nacionales no se atrevan a serlo en Cataluña y o se mimeticen con el paisaje –como el PP de ahora- o renuncien a ser ellos mismos –como el PSOE- es una gran victoria de la supuesta excepción nacional catalana: incluso los catalanes que quieren hacer política española deben hacerlo separados de sus conciudadanos y atados a sus nacionalistas, únicos autorizados a repartir patentes de corso.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta es la principal razón por la que nosotros, UPyD, hemos rechazado –tras pensarlo y debatirlo donde corresponde- ir en coalición con Ciudadanos, un partido que tras un prometedor arranque hizo una frenada de burro hasta convertirse en otro partido regional catalán sin más ideario que el antinacionalismo y sin otro proyecto político conocido que seguir en el Parlament de Cataluña, lo que explica tanto su coalición electoral en las elecciones europeas del 2009 con la alianza eurófoba y xenófoba de <em>Libertas</em> (tras declarar obsesivamente que “nos tendían la mano para ir juntos”), como el hecho de que haya renunciado a extenderse por el resto de España con un programa de reformas políticas nacionales. Y esto también explica -¡ay!- que <a href="http://www.elconfidencial.com/comunicacion/rubalcaba-resucita-ayudas-prensa-elecciones-vista-20101115-71582.html" target="_blank">los muchos interesados en que todo siga igual</a> en Cataluña –allí y fuera de allí- hayan descubierto de repente que les interesa mucho que C’s siga en el Parlament de Cataluña y UPyD quede fuera. Espero –y trabajamos por- que se lleven una desagradable sorpresa, pero su interés es fácil de entender: nosotros ya somos una amenaza al <em>establishment</em> español y catalán porque somos una fuerza nacional en auge que cuenta cada día más en la política espñaola, y C’s es un pequeño partido regionalista catalán que molesta poco.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que es más evidente: UPyD dejaría de ser un partido español transversal, laico y progresista, en ascenso y con un programa clarísimo de reformas políticas de fondo (Ley Electoral, Constitución y programa de regeneración democrática) cada vez más atendido, si aceptara que debe ausentarse de Cataluña para que se cumpla el tópico de que <em>Catalonia is different</em>. ¿Se entenderá que la única manera realista y coherente de hacer frente al nacionalismo y de superarlo es ofrecer alternativas políticas positivas (como un Estado federal), y no limitarse a deplorar sus defectos? ¿Comprenderán quienes rechazan al nacionalismo catalán que le hacen el juego cuando apoyan para Cataluña un sistema de partidos políticos distinto al del conjunto de España?</p>
<p style="text-align: justify;">Queda la evidencia de que C’s se fundó antes que UPyD, y que quienes lo fundamos habríamos entrado muy a gusto en ese partido, que vimos con mucha simpatía, de haber creído que era nuestro proyecto. Y nos habríamos ahorrado un montón de problemas. Pero la verdad es que pronto quedó claro que no era así: nuestro proyecto nunca ha sido, como el suyo, crear un contrapeso al PSC para moderar su discurso, según expresa y reiterada confesión de Francesc de Carreras, el único de los promotores que sigue en ese partido, sin duda porque ha ido a dónde él quería que estuviera. Por si quedara alguna duda, nos la despejó el propio Albert Rivera en una reunión celebrada al efecto en San Sebastián la primavera del 2007: a ellos no les interesaba “Madrid”, sino una asociación de antinacionalistas periféricos catalanes, vascos y gallegos para influir en la política autonómica y española&#8230; Lo contrario que a nosotros, que desde el principio entendimos que el nuevo partido o era nacional o no sería nada, porque nuestro interés es el conjunto de España, no un trozo o dos.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay quien nos ha advertido hasta el aburrimiento de que no seremos un partido nacional de verdad si no entramos a la primera en el Parlament, naturalmente adoptando el sistema de franquicia del PSOE, pero ahora con C’s. Se equivocan: en ese caso sí que dejaríamos de ser un partido nacional, porque habríamos aceptado que Cataluña es coto de caza vedado para quien no sea catalanista o regionalista asimilado. Pero no lo será por mucho tiempo. Un partido serio, como nosotros, sabe tener paciencia y perseverar sin variar de principios al estilo Groucho Marx. Así son las cosas y así se las he contado.</p>
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		<title>Paralelismos y coincidencias</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 04:30:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Como debo ser uno de los cinco o seis ciudadanos de este país que admite tranquilamente no saber nada de fútbol, como mientras escribo esto el lance balompédico tampoco ha comenzado, como sin darme igual el resultado -pues por supuesto deseo que gane la selección española (La Roja, en eufemismo) para que mis amigos y familiares futboleros tengan su merecido goce- tampoco está uno desesperado porque ganen o pierdan, pues no voy a hablar para nada del partido de ayer, sino un poco, quizás, del celebrado antes de ayer. Veamos: no me digan que la manifestación de la Cataluña Unánime no era uno de esos eventos típicos de un régimen en la cuerda floja. Una manifestación convocada desde el poder, por todos los que gozan de ese poder y con la finalidad de protestar porque no se les garantiza el monopolio ad aeternum de ese mismo poder donde tan a gusto están (soberanía, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Como debo ser uno de los cinco o seis ciudadanos de este país que admite tranquilamente no saber nada de fútbol, como mientras escribo esto el lance balompédico tampoco ha comenzado, como sin darme igual el resultado -pues por supuesto deseo que gane la selección española (La Roja, en eufemismo) para que mis amigos y familiares futboleros tengan su merecido goce- tampoco está uno desesperado porque ganen o pierdan, pues no voy a hablar para nada del partido de ayer, sino un poco, quizás, del celebrado antes de ayer. Veamos: no me digan que la manifestación de la Cataluña Unánime no era uno de esos eventos típicos de un régimen en la cuerda floja. Una manifestación convocada desde el poder, por todos los que gozan de ese poder y con la finalidad de protestar porque no se les garantiza el monopolio ad aeternum de ese mismo poder donde tan a gusto están (soberanía, derecho a decidir y cosas así le llaman, todo en eufemismo).</p>
<p style="text-align: justify;">La manifestación fue, por descontado, gigantesca. No tanto que Barcelona se hundiera en el Mediterráneo como resultado de la enorme concentración humana, pero sí para que hundir el sentido de la realidad. Respecto a las cifras, uno se queda con la escéptica y contable de esa empresa profesional que cuenta manifestantes con un método razonable, a la que le salían 56.000 manifestantes (que no está nada mal), y es bastante coherente con los 600 autobuses fletados según la prensa amiga. Lo de los cientos de miles y el millón y medio es cuando poco dudoso en un país donde, según los estudios de opinión bien hechos, un 80% o más de los entrevistados afirman no haber acudido nunca a una manifestación. Eso nos da que sólo unos cinco o seis millones de los actuales españoles mayores de edad han ido, alguna vez en su vida, a una manifestación. Admitir que el 25% de esa cantidad se manifestó contra el Tribunal Constitucional el sábado en Barcelona es demasiado incluso para un país donde, como éste, el desprecio de la inteligencia es un hábito bien considerado socialmente.</p>
<p style="text-align: justify;">Ciertamente, da igual: la manifestación de Montilla fue un horror en cualquier caso. No sólo porque iba contra el concepto mismo de democracia –contra la separación de poderes, contra la igualdad de los ciudadanos, contra la autonomía de la justicia, contra el Estado de derecho, contra la prevalencia de la Constitución-, sino porque despedía el tufo característico de una manifestación de régimen, de desfile de acarreados, estómagos agradecidos e indocumentados varios. Lo más parecido que recuerdo es una convocada por el franquismo al final del régimen, para protestar contra las manifestaciones “antiespañolas” (¿les suena?) tras la ejecución de tres miembros del FRAP y dos de ETA. La convocaron todos los medios de comunicación (¿a qué nos recuerda esto?), se celebró como una genuina manifestación del Pueblo por la dignidad de la patria agredida por el extranjero con apoyo de españoles traidores (¿y esto?), se garantizó su éxito mediante centenares de autobuses gratuitos que acarrearon manifestantes del régimen desde toda España (¡que coincidencia!), la retransmitieron en directo la tele y la radio pública (del gobierno), y se aseguró que en la Plaza de Oriente se habían amontonado más de un millón de manifestantes (aunque no cupieran tantos ni apilados en capas). Franco, ya muy decaído, salió al balcón de las salutaciones e incluso leyó unas líneas sobre la unidad inquebrantable de España con su Caudillo, la dignidad nacional, el rechazo de toda intromisión externa, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">La principal diferencia es que esta vez el convocante no ha podido salir a un balcón a arengar a las masas con los tópicos antidemocráticos del nacionalismo fósil, sino que tuvo que salir por piernas huyendo de algunos manifestantes. Por lo demás, la manifestación del president Montilla y sus secuaces se parece a la última de Franco mucho más que a cualquiera de las grandes movilizaciones registradas en los últimos años, por ejemplo cuando el secuestro de Miguel Ángel Blanco, o para apoyar la Constitución tras el 23-F.</p>
<p style="text-align: justify;">En aquellos días crepusculares, el régimen también esperaba del fútbol toda clase de auxilios taumatúrgicos. También se elogiaba la noble limpieza del deporte en contraste con la vil suciedad de la política, y cosas así. Y se reclamaba al fútbol una especie se capacidad sacramental para unir en torno suyo una conciencia de nación ausente en otros dominios. Como ahora. Supongo que España ganará el mundial, y eso hará que los mil expertos en identidades nacionales y deporte que han aflorado estos días asciendan al culmen de la sublimidad, pues la victoria tiene mil padres y la derrota ninguna (e incluso si España queda sólo segunda y finalista no habrá estado nada mal). Algunos de esos expertos son los mismos que explicaban, con los mismos argumentos, por qué la selección española no concitaba adhesión ni entusiasmo debido, decía uno de ellos, a la “anorexia patriótica” de la España Plural. ¿Qué ha cambiado ahora? Naturalmente, la victoria: nadie quiere quedar al margen del reparto de beneficios que pueda conllevar. Pero también un hastío cívico de la centrifugación nacionalista que la manifestación catalana no puede ocultar.</p>
<p style="text-align: justify;">De momento, es evidente que la gesta futbolística ya está reuniendo adhesiones inesperadas. En San Sebastián, donde vivo –cuando puedo-, la tarde del domingo asistió a una insólita abundancia de banderas españolas, niños y jóvenes de lo más españolizados con su camiseta roja y otros espectáculos de hispanofilia sin recato que habrán causado hondo dolor a los vigilantes de la esencias abertzales. Así son los vaivenes de la opinión pública, y así es el hartazgo del nacionalismo, que está de capa caída pese a –no se engañe nadie- la manifestación de Barcelona del sábado. También los franquistas, otra variedad de nacionalistas, creyeron que a ellos no les sacaría de la poltrona nadie tras aquella abrumadora demostración de fuerza, y ya ven.</p>
<p style="text-align: justify;">El partido está a punto de comenzar, y yo me enteraré de sus incidencias por los bramidos del vecindario y los cohetes que hay preparados para celebrar el éxito de España. Para los desanimados: si alguien hubiera hecho un pronóstico de conducta semejante en pleno País Vasco hace sólo tres o cuatro años, hubiera sido recibido con carcajadas.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y qué más paralelismos conviene apuntar? Pues también este: al final del franquismo, las manifestaciones contra el régimen eran, como mucho, protagonizadas por algunos centenares de audaces desobedientes. La prensa del régimen les ignoraba o tachaba de antiespañoles… El fútbol era mucho más importante y requería todo el esfuerzo informativo y analítico, porque es lo que quiere la gente… ¿Les suena también? La historia, que se repite  pero como caricatura según el viejo Marx.</p>
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		<title>La fabricación mediática del resentimiento político en Cataluña</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jul 2010 04:00:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Estatuto de Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[manipulación informativa]]></category>
		<category><![CDATA[opinión pública]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Está dando mucho que hablar la distancia cada vez mayor de percepción política entre la sociedad catalana y el resto de la española. Al parecer, causa un gran asombro que la mayoría de los catalanes encuestados haga suyos los tópicos y prejuicios políticos del establishment que controla el cotarro en el Principado, a saber: la abrumadora mayoría de la clase política, la práctica totalidad de los medios de comunicación, y las asociaciones y entidades de toda clase, desde el fútbol-club Barça hasta Omnium Cultural -siniestra entidad sedicentemente intelectual-, pasando por patronales, sindicatos, etc. Todos ellos llevan treinta años propagando los mismos mitos identitarios y las mismas exigencias políticas de más y más autogobierno para Cataluña, sea ello posible y conveniente o no, quepa o no en la Constitución, choque o deje de chocar contra principios elementales de igualdad democrática y de racionalidad política e incluso económica. Y lejos de haberse ido generando una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Está dando mucho que hablar la distancia cada vez mayor de percepción política entre la sociedad catalana y el resto de la española. Al parecer, causa un gran asombro que la mayoría de los catalanes encuestados haga suyos los tópicos y prejuicios políticos del <em>establishment</em> que controla el cotarro en el Principado, a saber: la abrumadora mayoría de la clase política, la práctica totalidad de los medios de comunicación, y las asociaciones y entidades de toda clase, desde el fútbol-club Barça hasta Omnium Cultural -siniestra entidad sedicentemente intelectual-, pasando por patronales, sindicatos, etc. Todos ellos llevan treinta años propagando los mismos mitos identitarios y las mismas exigencias políticas de más y más autogobierno para Cataluña, sea ello posible y conveniente o no, quepa o no en la Constitución, choque o deje de chocar contra principios elementales de igualdad democrática y de racionalidad política e incluso económica. Y lejos de haberse ido generando una oposición cívica y política contra este penoso cultivo de la unanimidad, los partidarios del victimismo y de su explotación a toda costa no han dejado de crecer. Quizás sea ese el “hecho diferencial catalán” más acusado: la marginalidad y el ostracismo que sufren los disidentes y críticos, por moderados y razonables que sean y muy integrados socialmente que estén, de esa manía antidemocrática de hablar en nombre de Cataluña, como si esta comunidad fuera un rebaño donde todos quieren lo mismo, piensan igual, comparten idénticos sentimientos, sangran por la misma herida patriótica, y cuyos corazones laten con acompasada taquicardia bajo las sevicias del centralismo de Castilla (¡muchos hablan como si siguiera gobernando el conde-duque de Olivares!) Un caso no ya desusado en España, sino insólito en Europa fuera de algún reducto residual de las antiguas repúblicas soviéticas. Y ellos, que se creen los más europeos y moderno de todos…</p>
<p style="text-align: justify;">Con semejante panorama, lo insólito y milagroso sería que en Cataluña existieran redes sociales y entidades políticas no ya capaces de ofrecer resistencia y oponerse a esa envenenada unanimidad –pues éstas sí que existen en el mundo cívico y también en el político-, sino que a día de hoy ofrecieran una oposición potente al nacionalismo obligatorio –al estilo del constitucionalismo en el País Vasco, que tanto admiran muchos catalanes- y constituyeran una alternativa seria a medio plazo en todos los campos. Porque uno de los éxitos más innegables del nacionalismo obligatorio catalán ha consistido en inocular el virus diferencialista incluso a los más fervorosos antinacionalistas, que se sienten tan incomprendidos y atacados por las fuerzas ajenas a Cataluña como esos nacionalistas que tanto deploran, y acaban repitiendo como loros idénticos análisis obsesivos centrados en el “nadie nos comprende porque no viven en Cataluña y no saben lo que es esto”. Esta perspectiva desviada está en la raíz del fracaso de algún experimento político muy prometedor que se desbarató apenas comenzado, de ahí la importancia de no recaer en el mismo error: crear un partido antinacionalista puramente reactivo que acaba reproduciendo lo que denuncia y se refugia en políticas de gueto.</p>
<p style="text-align: justify;">Tan grave parece el panorama que muchos piensan que todo está perdido –el mismo Albert Boadella, sin ir más lejos- y que lo máximo que puede lograrse es aquello que José Ortega y Gasset llamó en célebre debate parlamentario en las Cortes de la República, en polémica con Manuel Azaña, la <em>conllevancia</em> con el “problema catalán”. Sin embargo, cosas más improbables hemos vivido, comenzando por la transición a la democracia a partir de la dictadura de Franco. Al igual que aquella nefasta dictadura, el monolitismo nacionalista catalán es el resultado de un cruce de intereses sociales y políticos de lo más tradicional con un sistema comunicacional, cultural y educativo férreamente controlado por el poder político. Así como en la última época de la dictadura franquista buena parte de la sociedad española –donde los demócratas activos eran una minoría marginal- seguía pensando que los comunistas tenían cuernos y rabo y que el resto del mundo atacaba a España por pura envidia y mala voluntad, así ahora el catalanismo social cree a pies juntillas que los centralistas españoles son el demonio y que atacan a Cataluña por pura maldad depredatoria. ¿Qué van a creer si es lo que oyen y leen todos los días al 98% de los portavoces oficiosos y oficiales de las instituciones catalanas, muchos desde que tienen uso de razón?</p>
<p style="text-align: justify;">Para afrontar con éxito el mal llamado “problema catalán”, o el “problema vasco” o cualquier otro semejante, se debe comprender que en gran parte son problemas fabricados y cultivados con perseverancia obsesiva por quienes viven de gestionarlos. El propio Zapatero se apuntó con desvergüenza y ya legendaria torpeza a esa estrategia al prometer que lo que se aprobara en Cataluña sería aprobado en Madrid. Es indudable que calculaba poder sacar grandes beneficios políticos de la indecente impostura de ponerse al frente de la manifestación por la soberanía de Cataluña. Lo que ha conseguido a la vista está: poner el Estado de derecho al borde del abismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos un ejemplo de cómo se crea ese estado unánime de opinión donde los efectos se convierten en causas y la pluralidad se falsea en unanimidad. Ayer mismo publicaba El País <a href="http://www.elpais.com/articulo/espana/Agravio/Cataluna/alivio/resto/Espana/elpepunac/20100704elpepinac_1/Tes" target="_blank">una triste encuesta</a> que daba cuenta de la cada vez mayor diferencia de percepción entre los catalanes y el resto acerca del significado de la sentencia del TC. La mayoría consideraba que era una grave ofensa y agravio contra Cataluña. Pero había al menos un 39% de los encuestados que rechazaba ese punto de vista o tenía muchas dudas al respecto. A continuación, el periódico ofrecía lo que pretendía ser una muestra cualitativamente representativa del estado de opinión de Cataluña. Milagrosamente, ni uno sólo de los encuestados pensaba algo distinto de lo expresado por Montilla, Puigcercós o Mas: ¡<a href="http://www.elpais.com/articulo/espana/le/pasa/Cataluna/elpepunac/20100704elpepinac_5/Tes" target="_blank">absoluta unanimidad</a>, sólo modulada por el grueso de la expresiones de victimismo (un industrial galletero tenía la caradura de afirmar que España considera a Cataluña una colonia que puede expoliar fiscalmente)! Y entonces, ¿Dónde estaba ese 39% que según la encuesta no comulga con las ruedas de molino del <em>establishment</em>? En El País del domingo no estaban, desde luego, y sobre todo no se les espera. ¡Ya pueden quedarse afónicos diciendo que piensan distinto! ¡Ay, qué sabrán ellos de lo que les conviene! Pero dirán que ese es el estado real y espontáneo de la opinión catalana. De la opinión fabricada e impuesta, pues sí. De la otra, que se hable lo menos posible. Así que ustedes me dirán si no es esperanzador y asombroso que, pese a todo, haya un 39% de catalanes que no se consideran atropellados por el TC.</p>
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		<title>Lo que hay de malo en ello</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jun 2010 04:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<category><![CDATA[autodeterminación]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El parlamento catalán aprobó ayer, con los votos de CIU, ERC e ICV, admitir a trámite una Iniciativa Popular (IP) para convocar un referéndum de autodeterminación de Cataluña. Se trata de repetir a escala autonómica las caricaturas de referéndums sobre la independencia celebrados en numerosos municipios catalanes, en los que se preguntó a los inscritos en un censo simulado –que incluye menores de edad e inmigrantes sin derecho a voto- si deseaban que Cataluña fuera un Estado independiente miembro de la Unión Europea. Nadie se extrañe: se veía venir, porque ninguna autoridad hizo nada para impedir que esos simulacros se celebraran con la connivencia de los ayuntamientos, que prestaron locales públicos, soporte técnico y hasta policía y funcionarios municipales, manipulando un censo que necesariamente alguien tuvo que aportar sin que se reclamara la menor responsabilidad a nadie por un delito teóricamente muy penado por la exigente –casi histérica- legislación de protección de datos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El parlamento catalán aprobó ayer, con los votos de CIU, ERC e ICV, admitir a trámite una Iniciativa Popular (IP) para convocar un referéndum de autodeterminación de Cataluña. Se trata de repetir a escala autonómica las caricaturas de referéndums sobre la independencia celebrados en numerosos municipios catalanes, en los que se preguntó a los inscritos en un censo simulado –que incluye menores de edad e inmigrantes sin derecho a voto- si deseaban que Cataluña fuera un Estado independiente miembro de la Unión Europea. Nadie se extrañe: se veía venir, porque ninguna autoridad hizo nada para impedir que esos simulacros se celebraran con la connivencia de los ayuntamientos, que prestaron locales públicos, soporte técnico y hasta policía y funcionarios municipales, manipulando un censo que necesariamente alguien tuvo que aportar sin que se reclamara la menor responsabilidad a nadie por un delito teóricamente muy penado por la exigente –casi histérica- legislación de protección de datos privados (procede recordar que Batasuna fue ilegalizada, entre otras razones, porque se consideró probado que pasaba a ETA el censo electoral). Pero ya es sabido que en este país de pandereta se puede perpetrar cualquier tropelía impunemente siempre que los autores sean poderosos e invoquen móviles “políticos”.</p>
<p style="text-align: justify;">Los juristas nos recordarán que el parlamento catalán no puede convocar referéndums sin la autorización expresa del Gobierno de España, único constitucionalmente autorizado a convocarlos porque es una competencia exclusiva del Estado (art. 143º.1.32 CE), pero es cierto que a estas alturas el gobierno da más risa e inspira más desprecio que cualquier otra cosa, y la Constitución es poco más que papel mojado gracias, entre otras cosas, a la reforma encubierta iniciada por el nuevo Estatuto de Cataluña y sus imitaciones. Los políticos de este régimen en descomposición también se agarrarán al argumento de las competencias legales, porque sus perezosas maquinarias mentales apenas pueden ir más allá o sus compromisos no les dejan, y la mayoría de los tertulianos y analistas de prensa que pasan por expertos harán lo mismo. Pero como el Parlament aprobó, con apoyo socialista, una Ley de Consultas que abría la puerta a esta tipo de iniciativas, cabe augurar una aburrida y desenfocado litigio sobre si la Ley de Consultas catalana es o no constitucional –y ya sólo faltaría preguntar al TC sobre el asunto-, y si el resultado de un referéndum celebrado bajo su problemático paraguas legal tiene o no algún poder vinculante (muchos dirán que no hay nada malo en preguntar a la gente su opinión…)</p>
<p style="text-align: justify;">Pues no: el problema de ese referéndum no es si tiene o no cobertura legal, sino que la pregunta que hace y el ámbito de decisión política que instaura, y el que excluye, son incompatibles no con determinado precepto constitucional, sino con la Constitución en su conjunto y por tanto con la democracia. Veamos por qué.</p>
<p style="text-align: justify;">Ibarretxe, que pretendía algo semejante con el “derecho a decidir” previsto en su famoso Plan, desafiaba siempre a sus críticos a decir “que había de malo en ello”; era <em>ello</em> que su “Pueblo Vasco” tomara decisiones unilaterales sobre asuntos que atañen a la soberanía de la nación española definida por la Constitución. Naturalmente, jamás se molestaba en escuchar la respuesta porque su premisa de partida es que nada hay más democrático que dar la palabra al “pueblo”. Exactamente lo mismo que dicen ahora sus correligionarios catalanes. Y lo mismo que proclaman populistas, demagogos y separatistas por todo el ancho mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, en una democracia aceptable el único “pueblo” al que cabe dar la palabra es al cuerpo electoral definido por la Constitución vigente. Todas las constituciones son en este sentido similares: sobre asuntos de interés general solo puede decidir el cuerpo electoral nacional, por ejemplo para elegir el nuevo parlamento o para decidir algo en un referéndum legal. Lo que no se contempla nunca es que una parte separada de ese cuerpo electoral puede decidir por el conjunto, y de paso romperlo por la via de los hechos consumados. Ni el “pueblo vasco” ni el “pueblo catalán” pueden decidir sobre la independencia de los territorios que les atribuyen los nacionalistas, porque esa decisión afecta a la unidad territorial y política de la nación constitucional de la que forman parte (y esta es la única nación democrática, no las naciones románticas). Si se aceptara la pretensión nacionalista, resultaría que los vascos y catalanes tendrían más derechos que el resto de sus conciudadanos, pues podrían imponerles a éstos decisiones que les afectan pero sobre las que no se les permite decidir. Por lo tanto, esos referéndums rompen la igualdad consustancial a la democracia, segregando la ciudadanía en bloques desiguales en derechos y también en obligaciones, pues también se pretende que el resto de españoles acepte como una obligación democrática el resultado de esos referéndums en los que no se les permite participar pese a dirimir un asunto que les afecta directamente: el futuro de su país. Esto es lo que hay de malo en ello: que la concepción nacionalista de “democracia participativa” es un atentado en toda regla contra la democracia sin apellidos.</p>
<p style="text-align: justify;">Nadie sabe cómo va a acabar esta aventura en un país donde el propio gobierno, comenzado por su presidente, no se aburren de proclamar la inmarcesible estupidez de que cuanto menos centralismo y más nacionalismo, más y mejor democracia. Ahora pueden ir recogiendo los frutos de su siembra de creencias estúpidas y oportunistas. Al desastre económico y político se une el hundimiento del Estado democrático como sistema de instituciones comunes fundadas en la igualdad de derechos y obligaciones de todos los ciudadanos.</p>
<p style="text-align: justify;">Añadamos al pitorreo que el partido decisivo en la aprobación de la IP independentista haya sido CIU. Esa coalición cuyo portavoz en el Congreso, Durán i Lleida, recibió hace nada todo tipo de aplausos, loores y elogios por su altura de estadista y última o penúltima esperanza de la democracia hispana. Hubo muchos que incluso le postularon como presidente ideal de un gobierno de concentración que liderase la reacción contra la crisis, o al menos como un ministro de mucho peso en esa criatura gubernamental. Para ellos, el dato de que represente a un partido que pretende volar por los aires la Constitución rompiendo la comunidad política española para poner en su lugar al “poble català”, es una anécdota carente de la menor importancia. Como nombrar director del hospital a un enfermo terminal, ya que nadie sabe tanto del tema. Realmente, este es un país que agota los adjetivos.</p>
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		<title>Crónica de los avances del fascismo en Cataluña: la agresión a Rosa Díez y UPyD en la UAB (5-3-10)</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Mar 2010 04:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El periodismo se está convirtiendo en una profesión distraída. Leo los titulares de los medios sobre lo sucedido en la UAB el viernes 5 de marzo, y la inmensa mayoría –con la excepción significativa de Público, ya analizada por Santiago González- coindicen en titular cosas como “intento de boicot”, “intento de agresión”, “tratan de impedir”. No: fue un boicot y una agresión en toda regla, brutal. Lo que debía haber sido una conferencia que intentaron escuchar cientos de personas a las que se impidió a la fuerza el acceso a la sala –eso tampoco lo he visto relatado en ningún medio-, quedó reducido a un gesto de dignidad y coraje democrático muy importante, pero nada parecido a una conferencia-coloquio en libertad. Fue, por otra parte, un extraordinario documento sobre los avances del fascismo en Cataluña, gracias al desistimiento cívico de la mayoría de la sociedad, y a la cobardía y colaboracionismo de sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El periodismo se está convirtiendo en una profesión distraída. Leo los titulares de los medios sobre lo sucedido en la UAB el viernes 5 de marzo, y la inmensa mayoría –con la excepción significativa de Público, ya <a href="http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elblogdesantiagogonzalez/2010/03/06/el-huevo-sigue-creciendo.html" target="_blank">analizada por Santiago González</a>- coindicen en titular cosas como “intento de boicot”, “intento de agresión”, “tratan de impedir”. No: fue un boicot y una agresión en toda regla, brutal. Lo que debía haber sido una conferencia que intentaron escuchar cientos de personas a las que se impidió a la fuerza el acceso a la sala –eso tampoco lo he visto relatado en ningún medio-, quedó reducido a un gesto de dignidad y coraje democrático muy importante, pero nada parecido a una conferencia-coloquio en libertad. Fue, por otra parte, un extraordinario documento sobre los avances del fascismo en Cataluña, gracias al desistimiento cívico de la mayoría de la sociedad, y a la cobardía y colaboracionismo de sus instituciones con el nacionalismo más energúmeno e impregnado de genuino fascismo. Pero también sirvió para demostrar cómo se le hace frente y de qué modo se defienden las libertades amenazadas: practicándolas sin pedir permiso a quienes quieren suprimirlas. Eso es todo.</p>
<p style="text-align: justify;">Como servidor acompañaba a Rosa a Barcelona ese día, con Paco Pimentel, Nacho Prendes, Mayka, Jesús Prieto y muchos compañeros del partido en Cataluña, tuve la ocasión de ser no ya testigo, sino implicado activo en el caso. Así que voy a relatarlo para general instrucción. Como por desgracia uno ya se ha visto envuelto en situaciones parecidas muchas veces en los últimos veinte años, tanto en el País Vasco como en Cataluña, y a veces más violentas, tenía la ventaja que da el <em>dejà vu</em>: concentrarte en los detalles sin impresionarte demasiado por el ruido de fondo.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1999 pasé por una algarada semejante en la <em>facultat</em> de Filosofía de la Universitat de Barcelona, donde me habían invitado a compartir mesa redonda con Jon Juaristi, Alejo Vidal-Quadras y Paco Caja. Fue imposible porque, exactamente igual que el viernes 4 de marzo de 2010, un grupo de energúmenos bien organizado bramó, agredió y arrojó pintura sobre los audaces conferenciantes y el público congregado. Pero, a diferencia de lo pasado este viernes, que ha tenido bastante repercusión informativa, aquello no tuvo casi ninguna, y la escasa que hubo repudió la “provocación” de organizar una mesa redonda sobre el nacionalismo lingüístico en una <em>Facultat</em> de filosofía (igual si hubiera sido una Facultad…) Once años después se repite la agresión, y aunque esta vez haya habido información y eco de lo sucedido, y también mucho más público interesado que entonces (en el salón había al menos 250 personas <em>normales</em> que deseaban escuchar y debatir, y muchas más fuera), también comprobamos que una importante universidad, la UAB, está impunemente controlada por unos cientos de camisas pardas catalanas que campan por sus respetos ante el miedo, la indiferencia o la abierta colaboración de quienes deberían oponérseles: la comunidad universitaria, las instituciones catalanas y españolas, los medios de comunicación y la sociedad civil en general. Porque se trata de genuino fascismo en sus primeros estadios: ultranacionalismo antidemocrático trufado de una retórica izquierdista -el pueblo en peligro, los derechos sagrados de la tierra y la lengua, la ocupación extranjera-  que  sólo disimula su verdadera naturaleza. Mussolini primero y luego Hitler la emplearon a fondo. La <em>fashion</em> fascistoide ha cambiado y el modelo de vestimenta es ahora el de <em>borroka</em> vasco, no el de ario repeinado portando pulidos correajes, pero el fin y el mensaje son los mismos: aterrorizar al disidente metiendo el miedo en el cuerpo.</p>
<p style="text-align: justify;">Vayamos a los hechos. La conferencia fue organizada por Joaquim Molins, catedrático de Ciencia Política de la facultad que le echó enorme coraje a lo que, como sabía perfectamente, era un desafío al orden implícito reinante en la UAB (y en muchas universidades españolas, no crean): que no puede invitarse a hablar de política a nadie que no sea o ultranacionalista o antisistema. Y no digamos si se trata de Rosa Díez y de UPyD en vísperas de las elecciones catalanas.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde dos horas antes del comienzo anunciado de la conferencia, unos 150 energúmenos ocupaban la sala para impedir el acceso no sólo a la ponente, sino a los muchos oyentes interesados que no pudieron ni entrar. Otros grupos de maulets se habían distribuido por la ruta de acceso al salón de actos con la obvia intención de hostigarnos e impedirnos la entrada.</p>
<p style="text-align: justify;">Ante el panorama, se celebró una entrevista en el despacho del decano a la que asistieron Quim Molins, el decano Salvador Cardús –que acabó comportándose con dignidad-, Rosa, Paco Pimentel, Nacho Prendes, yo mismo y otros tres miembros más de UPyD. El decano intentó convencernos de la conveniencia de suspender la conferencia por razones de seguridad, pues había intentado infructuosamente negociar –ah, el <em>seny</em> catalán- con los maulets algún arreglo como que ellos hablaran un rato primero y luego dejaran hacerlo a Rosa Díez. El profesor Molins –¡qué gran tipo!- arguyó con vehemencia que la obligación de la UAB, y del decano, era garantizar la libertad de expresión sin ceder al boicot. Lo hizo muy enérgicamente, como pudo comprobar la mesa que golpeaba con el puño. Y Rosa, con nuestro asenso, se negó en redondo a ceder y exigió dar la conferencia en la sala donde se había anunciado.</p>
<p style="text-align: justify;">Y allá que nos dirigimos con el magro dispositivo de seguridad montado: los expertos escoltas de Rosa, varios guardias de seguridad, y algunos mossos de paisano, más el refuerzo que representaban nuestras anchas espaldas detrás de Rosa y su muy engañosa fragilidad&#8230; Nos mantuvimos siempre varios pasos atrás -por eso salimos poco en las  fotos, aclaración para suspicaces- para dificultar que se le acercaran demasiado y, si alguno conseguía hacerlo, cazarlo al vuelo (son cosas que te enseña la mili de la vida en el País Vasco). Por el camino fuimos todo el rato acosados por los maulets de guardia. Fuera de la sala, en la que había un pandemónium de cuidado pues algunos asistentes afeaban la conducta a los nacionalistas y exigían libertad de expresión, otro medio centenar de boicoteadores procedió a gritar, empujar y tratar de impedirnos entrar. Una vez dentro, ni Rosa ni ninguno de nosotros pudo pasar más allá de dos metros de la puerta. Un muro humano –en el sentido zoológico del término- lo impedía, mientras bramaba en nuestra cara –aquello fue como una sauna con estrujamiento- las consignas del día:  &#8220;Rosa asesina&#8221;, “fora feixisistes de la universitat”, y –atentos- “Galicia lliure, fora Rosa Díez” (y espero con interés las muestras de solidaridad de las instituciones gallegas, sean peyorativas o no, además de las de sus personalidades más eminentes; alguno, como Manuel Rivas,  ya se pronunciaba ayer mismo <a href="http://www.elpais.com/articulo/ultima/Gallegos/elpepuopi/20100306elpepiult_1/Tes" target="_blank">a favor de que se tragara sus palabras</a>: como los maulets).</p>
<p style="text-align: justify;">El impasse duró su buena media hora de empujones, gritos, escupitajos y alguna patada y puñetazo, aunque  salpicados por diálogos insólitos. A Ramón de Veciana, compañero y amigo de UPyD en Cataluña,  un energúmeno le bramaba a cinco centímetros de la cara “¡feixiste!”, hasta que le soltó también “¡fil de puta!”, produciéndose el siguiente insólito intercambio en fluido catalán: Ramón: “¡que me llames <em>feixiste</em> pase porque es lenguaje político, pero no te tolero que me llames hijoputa!” El niñato, muy cortado: “oh, bueno, tienes razón. Retiro lo de hijoputa porque es personal, pero no que eres un fascista.” El diálogo digno de <em>Ubú rey</em> prosiguió mientras corríamos por los pasillos porque, entre tanto, el decano, subido a la mesa y con el micrófono en la mano, dio por suspendido el acto en el salón ante la imposibilidad física de que la conferenciante y el moderador subieran al estrado. En todo este tiempo, la única actuación del servicio de seguridad fue impedir las agresiones directas a Rosa, pero no impedir que se le impidiera el paso, ni los empujones, golpes y aplastamientos que sufrimos todos los demás.</p>
<p style="text-align: justify;">El decano ofreció un aula en la que, al parecer, también hubo de refugiarse Ibarretxe –<em>o tempora o mores</em>-, eso sí, en su caso acompañado por toda la solícita plana mayor de la UAB y muchísima más escolta. Fuimos, pues, al aula 12, ante el espanto de los guardias de seguridad. Los naturales estaban demudados, pero firmes. En el aula entramos apenas cincuenta personas y luego los de seguridad cerraron por dentro. Entre tanto, el pasillo de acceso se había llenado de energúmenos cada vez más furiosos por el semi-fracaso de su boicot. Con total impunidad, se pasaron las dos horas que duró la conferencia y el debate dentro del aula pateando con brutalidad las paredes, que literalmente temblaban, y aullando sus consignas (no teníamos megafonía dentro y eso incordiaba bastante). El decano intentó hacerles desistir de su actitud y fue premiado con una rociada de la pintura roja reservada para nosotros. También salpicó algo, entre otros, a nuestro hábil y archiprofesional realizador, Jesús Prieto, que cámara al hombro se quedó fuera para documentar a fondo lo que estaba pasando haciéndose pasar por cámara de un medio importante (y aprovecharon para pedirle que les grabara unas declaraciones&#8230;)</p>
<p style="text-align: justify;">El cuadro era patético. Los cincuenta que estábamos en el aula cerrada veíamos por las ventanas cómo un poco más allá centenares de personas pasaban por el soleado campus como si aquello no estuviera sucediendo o no fuera con ellos. Se veían algunos guardias de seguridad privados pero no había policía alguna visible. Dentro, el clamor subía y bajaba según se enardecían o aburrían los escuadristas.</p>
<p style="text-align: justify;">Rosa dio una conferencia resumida y se abrió el debate. De la veintena de estudiantes que lograron entrar más de la mitad se presentaron como independentistas que, muy educadamente a diferencia de sus compañeros vociferantes, fueron desgranando en más de tres docenas de preguntas, moderadas por el profesor Molins, sus muy previsibles objeciones al ideario de UPyD y sus no menos previsibles elementos de propaganda ultranacionalista, fruto de veinte años de adoctrinamiento educativo y mediático, a saber: UPyD quiere la muerte del catalán, el español no es su lengua aunque sepan hablarlo bien, España saquea Cataluña que sólo pide administrar su riqueza, España ocupa Cataluña por la fuerza, los referéndums independentistas son un espléndido ejercicio de democracia directa, si no se impone el catalán acabará muriendo ante la pujanza del español, etc. Al menos una de los asistentes, que había participado  activamente minutos antes en el escándalo del salón de actos y que por su aspecto agitanado de manual hubiera sido una buena figurante de cualquier <em>Carmen</em> de Bizet, ahora, quizás para hacer méritos antes los catalanes patanegra, hacía las preguntas más propagandísticas y cabeceaba negativamente, con horrorizada pesadumbre, cuando Rosa le explicaba cosas como que ninguna lengua tiene derechos, sólo los ciudadanos.</p>
<p style="text-align: justify;">Trataban de jugar con nosotros al poli malo y al poli bueno, pero Rosa estuvo brillante, directa y persuasiva, y ellos cada vez más sorprendidos por las respuestas… Francamente, con una docena de sesiones semejantes, muchos de ellos quizás irían liberándose del espeso pelo de la dehesa catalanista que les han inculcado como una malaria ideológica. Y esa es, precisamente, la razón de que los más brutales boicoteen activamente actos como el del viernes, y de que las instituciones catalanas ayuden a boicotearlos pasivamente. Al fin y al cabo, ¿no se escribió también en la catalana Universidad de Cervera el famoso y abyecto manifiesto de los catedráticos absolutistas a Fernando VII, el de aquello de “lejos de nosotros la funesta manía de pensar”? Pues en eso siguen muchos en Bellaterra.</p>
<p style="text-align: justify;">La salida fue, como las imágenes demuestran sin género de dudas, brutal. Abandonamos el aula corriendo un largo corredor y bajando por unas escaleras desde las que se arrojaron contra nosotros todo tipo de cosas. El paroxismo llegó cuando Rosa pudo, por fin, meterse en el coche, que esperaba muy lejos (lo que indica la peligrosa imprevisión y bisoñez de los, por lo demás esforzados, servicios de seguridad universitarios). Los más fanáticos no sólo patearon y apedrearon el vehículo rompiendo faros e intentándolo con los cristales blindados, sino que trataron de tirarse sobre el capó para forzar un atropellamiento, con las consecuencias imaginables de haber tenido éxito: ¡Rosa Díez atropella a un estudiante catalán en la UAB! Qué gran titular para Público, El Punt, El Periódico, etc. Contra lo que dicen periodistas que no estaban allí, el coche salió muy despacio y con todo cuidado para, precisamente, no atropellar a nadie. Por fin alcanzó la salida del campus, entre los improperios de unas docenas de fieras y la indiferencia, incomprensión o miedo de miles de universitarios. No hubo detenidos, ni intervención policial, ni llamada alguna de autoridades catalanas o españolas; éstas, las del Gobierno, llamaron a Rosa ya avanzada la noche –una vez vistos los telediarios y calculado su efecto demoledor- para interesarse por su bienestar y preguntar por la inexistente acción policial. A la Generalitat, ni estuvo ni se la esperaba. Así avanza el fascismo en Cataluña, con su ayuda. Luego que no digan que no estaban avisados.</p>
<p style="text-align: justify;">Continuará.</p>
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		<title>El PP se pasa la xenofobia y al populismo</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 04:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Martínez Gorriarán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El PP parece empeñado en ratificar que ya es “la peor oposición” de la breve historia democrática española. Y no se trata de una mera cuestión de estilo. No, si acusamos al PP de hacer la peor oposición posible es porque elude sistemáticamente los problemas de fondo, en los que no tiene una posición muy diferente al PSOE (ley electoral, reforma de la Constitución, de la educación, del modelo territorial, etc.), para refugiarse en el oportunismo demoscópico, esto es, en tratar de abanderar causas de moda que, o bien son irrelevantes para resolver los problemas de fondo o, lo que es peor, conseguirán agravarlos. La última de estas cortinas de humo oportunistas es la subida a esa nave de los locos que es la xenofobia. Porque proponer políticas activas contra los inmigrantes, con o sin papeles, no es otra cosa que xenofobia. Eso es proponer “contratos morales” especiales para los inmigrantes legales, como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El PP parece empeñado en ratificar que ya es “la peor oposición” de la breve historia democrática española. Y no se trata de una mera cuestión de estilo. No, si acusamos al PP de hacer la peor oposición posible es porque elude sistemáticamente los problemas de fondo, en los que no tiene una posición muy diferente al PSOE (ley electoral, reforma de la Constitución, de la educación, del modelo territorial, etc.), para refugiarse en el oportunismo demoscópico, esto es, en tratar de abanderar causas de moda que, o bien son irrelevantes para resolver los problemas de fondo o, lo que es peor, conseguirán agravarlos. La última de estas cortinas de humo oportunistas es la subida a esa nave de los locos que es la xenofobia. Porque proponer políticas activas contra los inmigrantes, con o sin papeles, no es otra cosa que xenofobia. Eso es proponer “contratos morales” especiales para los inmigrantes legales, como si tuvieran obligaciones especiales -de las que están exentos, en cambio, los cargos corruptos del PP-, y de reconsiderar la <em>obligación legal</em> de los ayuntamientos de <em>empadronar a todos los habitantes de la localidad</em>, tengan visado o no o duerman de tres en tres en habitaciones de doce metros cuadrados (con suerte).</p>
<p style="text-align: justify;">Repitámoslo, a ver si a base de insistir cunde la idea: un emigrante que cumpla todas las leyes del país de acogida no tiene ninguna otra obligación que no tengan los ciudadanos del mismo; todos los seres humanos tienen derechos básicos intocables, aunque no tengan visado; la obligación de empadronar también a los que no tiene visado atiende al interés general, y si un ayuntamiento tiene cien mil habitantes reales esos son los que deben figurar en el padrón, aunque el 10% carezca de visado. Estos pueden ser expulsados legalmente del país, pero sin ser privados hasta entonces de sus derechos básicos ni de servicios que los materialicen, como educación para sus hijos o atención sanitaria si la necesitan. Por eso el PP hace muy mal al proponer retorcidas necedades como un “contrato moral” (¿a qué diablos puede obligar?) que sólo sirve para alentar las sospechas xenófobas, y cuando pone en solfa una obligación muy sensata del padrón municipal que, por cierto, impuso Mariano Rajoy cuando era ministro del Interior (<em>o tempora o mores</em>) en atención al interés general: saber dónde están todos los extranjeros que viven en el país, hayan entrado en <em>bussines</em> o en patera.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchas voces alertan de que no deja de ser verdad que los servicios sociales no estaban preparados para atender adecuadamente el aumento de población de las zonas más receptoras de inmigrantes, de modo que algunos centros escolares públicos se convierten en guetos de niños con costumbres problemáticas, o que los servicios de urgencias de los hospitales parecen abarrotados por nuevos vecinos que en algunos casos recurren a la sanidad gratuita con escasa prudencia, y otras denuncias semejantes de personas conocedoras de lo que hablan y nada xenófobas ni populistas. De acuerdo, afrontemos el problema comenzando por las causas. Cuando un hospital o un centro escolar, o todo un barrio, se satura o degrada por la avalancha, ¿a quién hacemos responsable: al emigrante llegado a trabajar en lo que se le ofrezca, o a las administraciones incapaces de tomar previsiones mientras alentaban la inmigración masiva, incluso sin papeles, para alimentar la demanda de mano de obra barata y poco cualificada del fallido modelo económico español?</p>
<p style="text-align: justify;">Pero donde el dislate xenófobo-populista llega al apogeo es en declaraciones como las de Alicia Sánchez-Camacho, según la cual <em>&#8220;en Cataluña y España no cabemos todos&#8221;</em>. ¿Nos dirá, pues, quiénes sobran y deben ser expulsados? Y lo dice para abrir campaña electoral en una comunidad, Cataluña, donde al nacionalismo etnolingüístico que tampoco encuentra sitio para los españoles que no saben catalán y para los catalanes no nacionalistas o aficionados al uso del español con preferencia al catalán o conjuntamente con éste (bilingües, vaya). Viejo problema al que se ha sumado ahora una plataforma, PxC, de <a href="http://www.pxcatalunya.com/webnormal/" target="_self">ideología puramente xenófoba</a> (y al que todos los pronósticos electorales dan buenas perspectivas de entrar en el Parlamento catalán). Impresionante deriva. Junto a la unanimidad de los medios de comunicación catalanes (con perdón) con la editorial del no al Constitucional (como si hiciera falta pararlo), la alienación del PP catalán con los nacionalistas y xenófobos regionales expresa otro avance de la berlusconización de Cataluña (con aspirante al título de Berlusconi catalán en la figura del presidente balompédico Laporta).</p>
<p style="text-align: justify;">En resumen: mientras resulta inútil esperar al PP para las grandes reformas urgentes, de la económica a la educativa pasando por la constitucional y electoral, he aquí que el partido que aspira a suceder al PSOE disputa el menguante voto catalán a lo peor de esa comunidad identificándose con él. Estamos en plena caída de una democracia con problemas nacionales a un régimen de nacionalismos desbocados.</p>
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