Escucha, oh Israel
Escrito por CarlosMG el 3 Junio 2010
Israel es un Estado raro, quizás el más raro del mundo y quizás por eso todo lo relacionado con sus actos provoca respuestas extrañas. Así, la brutal intervención contra la flotilla de auxilio a los palestinos de Gaza, ¿fue un acto de terrorismo de Estado, o una respuesta desproporcionada enmarcada en el derecho de Israel a defenderse? Lo que está fuera de toda duda es que Israel actuó contra el Derecho Internacional básico, porque asaltó buques debidamente identificados, con bandera, en aguas internacionales sobre las que no tiene ninguna jurisdicción. Además, esos buques no estaban bajo sospecha fundada de transportar armas, drogas, terroristas o cualquier carga semejante que pudiera justificar un asalto en altamar bajo la debida tutela judicial, como ocurre cuando se aborda en aguas internacionales un yate con un cargamento de cocaína, pongamos por caso. Para más inri –con perdón-, varios barcos navegaban con bandera turca, un Estado de mayoría islámica y democracia imperfecta de excelentes relaciones con Israel (hasta el punto de que sus valiosos polígonos de tiro son empleados por la fuerza aérea israelí). Sin duda, en Turquía muchos se preguntarán ante lo sucedido a sus barcos para qué sirven tales delicadezas diplomáticas. Más o menos como en Israel tantos otros se preguntan por qué tienen un gobierno tan bárbaro y estúpido como el de Netanyahu, empeñado en arruinar cada oportunidad para relajar algo la tensión con los palestinos y en convertir a Hamas –grupo en la lista europea de organizaciones terroristas- en una entidad respetable.
Vayamos a las rarezas de Israel, porque quizás expliquen algo. Por ejemplo, su constante desprecio del Derecho Internacional –y sí, ya sé que sus vecinos pueden ser acusados de lo mismo-, tan chocante siendo Israel uno de los primeros Estados del mundo surgido de la aplicación positiva de ese Derecho, concretamente de la votación de Naciones Unidas que sancionó en 1947 la división del mandato británico de Palestina en dos zonas diferentes, una de ellas el germen del actual Israel. Con este origen, ¿no habría sido de esperar que Israel se erigiera en un baluarte de ese Derecho Internacional? Pues al contrario, el énfasis israelí en la trascendencia de la sanción internacional a su derecho a existir queda eclipsado por su desprecio de las resoluciones internacionales comparables sobre los derechos palestinos.
Otra rareza de Israel es invocar habitualmente dos fuentes de legitimidad para existir como Estado: se trata del derecho a un país propio, reforzado por el genocidio perpetrado por los nazis o Shoah, para los sionistas laicos –los verdaderos fundadores del Estado israelí-, pero para los judíos creyentes la legitimación originaria radica en que Yahveh prometió a Moisés el dominio eterno de la Tierra Prometida (se da la paradoja adicional, en este monumental enredo, de que ciertas facciones de judíos ortodoxos se niegan a reconocer al Estado de Israel porque consideran que su fundación correspondería en todo caso al Mesías, que está por venir; por eso tienen insólitos privilegios como la exención del servicio militar y subsidios públicos). Y con la evolución política y social del Estado de Israel, la legitimación laica –basada en el derecho del pueblo judío a un Estado propio- ha cedido importancia ante la legitimación puramente religiosa que se remite al Exodo mosaico.
Israel es, en efecto, una democracia, y como suele subrayarse la única de la región. Pero es una democracia rara: una de las tres del mundo que no tiene Constitución escrita ni, a diferencia de la británica, tampoco una larga tradición constitucionalista. Creo que Israel carece de Constitución por la dificultad de conciliar la identidad étnico-religiosa del judaísmo con el concepto liberal de ciudadanía: si este se aplicara como en la mayoría de democracias, de modo que la condición de ciudadano se otorgara automáticamente al nacido en el país o al que la pide tras unos años de residencia legal, podría haberse dado la paradoja –otra más- de que los judíos por fe o por ascendencia fueran una minoría dentro de una ciudadanía de mayoría musulmana o árabe (también hay una comunidad árabe cristiana, entre otras). Situación totalmente contradictoria con el proyecto sionista de Israel como hogar nacional de los judíos donde pueden tolerarse minorías –aunque tampoco eso, para la boyante minoría ortodoxa- como algunos árabes y drusos o samaritanos, pero no que los judíos por fe o por origen sean ellos mismos una minoría más, aunque fuera la mayor. En definitiva, el problema de Israel desde una perspectiva democrática es que, tal como está concebido, no pueda ser un estado laico sin dejar de ser Israel tal como lo concibieron no sólo sus fundadores, sino también sus actuales gobernantes. Y eso explica, aunque no lo justifique de ningún modo, que desde su nacimiento Israel haya tratado de quitarse de encima a la minoría palestina que ni quiere ni puede asimilar. Pues, ¿asimilar quién a qué?: el judaísmo no es una religión proselitista universal, y teóricamente Israel no es una teocracia, aunque actúe como tal muchas veces. Como cuando trata de apropiarse de la tierra prometida a Moisés según la Torah, expulsando a los palestinos inasimilables. Al fin y al cabo, ¿no hicieron lo mismo Josué y sus descendientes con los cananeos llamados a ser expulsados de la Tierra Prometida, o directamente exterminados? La Biblia no se anda con chiquitas a este respecto, y el problema no es que sea una colección antigua de mitos a la que le resulta totalmente extraña la idea de derechos humanos universales, sino que siga siendo un libro puramente político para muchos: un proyecto político con su programa de acción.
Para acabar: en el fondo de la tragedia de Israel y también de la de los palestinos late un conflicto religioso irresoluble en términos democráticos. O mejor, cuya única solución, prescindir de la religión, es inaplicable hoy en día. La democracia sólo puede aportar como arreglo progresivo el laicismo, es decir, la separación escrupulosa de religión y ciudadanía. En Israel, permitiría a judíos, musulmanes, cristianos, drusos y ateos compartir la misma ciudadanía, liberada de base religiosa o étnica (puesto que esa ciudadanía que se niega o regatea a muchos palestinos musulmanes puede otorgarse sin embargo a cualquier judío de la diáspora que la reclame). Pero un Estado así ya no sería Israel como Estado nacional judío, sino un Estado democrático con una gran proporción de judíos de todo tipo (desde ultraortodoxos hassidim a laicos y ateos convencidos). A esta aporía originaria se ha añadido en los últimos decenios, para agravarla, el auge del fundamentalismo islámico, que no se recata en proclamar su programa de exterminio puro y duro de Israel, como ha dicho en varias ocasiones el mismo Amineyad, presidente de Irán, repitiendo las mismas tesis genocidas del gran muftí de Jerusalén en los años treinta del pasado siglo. Programa que simplemente hace imposible que Israel no deba tomarse muy en serio el peligro de desaparecer a manos de estos fanáticos. Lo que a su vez aleja cualquier esperanza de solución pragmática distinta al uso de la fuerza. Así están las cosas. Para mí, es un ejemplo impresionante del enorme daño que la religión puede hacer a los principios democráticos y al ideal de ciudadanía libre e igualitaria, hasta reducir la democracia a un sistema para un grupo cerrado que ve en toda diferencia una amenaza y se defiende de los intrusos mediante muchas formas de exclusión, sin retroceder ante el homicidio.
En buena parte, esta degeneración de la democracia descansa en la pretensión de muchos israelíes y asociados por considerar antisemitismo o filonazismo cualquier crítica de sus numerosísimos excesos. Tal pretensión se basa en cierta creencia de disponer del monopolio del sufrimiento y del correspondiente deber universal de reparación, en una especie de victimación hereditaria no muy diferente de la promesa de la Tierra Prometida, que al parecer no caduca jamás ni puede relativizar derecho alguno.
Tengo una pequeña experiencia al respecto. En una ocasión formé parte de una delegación de la Fundación de Víctimas del Terrorismo que, a iniciativa de la presidencia danesa de la Asamblea General de la ONU, viajó a Nueva York para entrevistarse con diversas organizaciones de víctimas del terrorismo de todo el mundo. Una de estas organizaciones era un grupo israelí (también nos entrevistamos con otros grupos judíos, como el Centro Simon Wiesenthal). Nos convocaron a una reunión en un impresionante ático muy cercano a la sede de la ONU. La cosa iba marchando mal que bien hasta que Maite Pagazaurtundua expuso a la parte israelí, empeñada en que de ser víctimas del terrorismo ellos sabían más que nadie e incluso sólo ellos sabían –y como era de prever poniendo la Shoah sobre la enorme mesa-, que ella misma, como víctima de ETA (con un hermano recientemente asesinado, y amenazada y perseguida en persona, como muchos de los allí presentes), comprendía los sentimientos de los judíos y que… ¡Cómo, hasta aquí podíamos llegar! Nuestro interlocutor, es un decir, completamente congestionado, dio un puñetazo en la mesa y vociferó que nadie, absolutamente nadie, había sufrido lo que los judíos por la Shoah (ignorando que hablábamos de terrorismo, no de genocidio). Y que la mera comparación de cualquier otra persecución o tragedia con esa era poco menos que un crimen negacionista. Pues eso: que este señor y sus correligionarios tenían y tienen el monopolio del sufrimiento, y los demás meramente un pálido reflejo. Así te hayan matado a un hermano o padre, o perseguido a ti y toda tu gente, o formado parte de otras comunidades víctimas de genocidios (armenios, camboyanos, tutsis…) Esto no valía nada no siendo de los suyos. En cualquier caso, esta actitud deshumanizadora de los otros –que esta vez éramos nosotros- explicaba no pocas cosas sombrías y dibujaba un futuro peor.
Game over, insert coin
Escrito por CarlosMG el 1 Junio 2010
Este es el mensaje de alimentación de la adicción ludópata de las máquinas tragaperras: partida acabada, inserte otra moneda. Pues bien, no se me ocurre ninguna otra frase que ilustre mejor el ambiente encanallado de este fin de sistema en el que estamos. Porque resulta que hay un número asombroso de personajes y aspirantes a serlo que consideran que no es el sistema el agotado, sino el ciclo. Así, lo que estaría en crisis no es tanto el sistema de Estado de la Transición como el ciclo personal de Zapatero. Naturalmente, se da por hecho que el problema tiene nombre y apellidos y se llama Zapatero: sabido es que la victoria tiene padres innumerables y la derrota ninguno. Incluso los suyos admiten públicamente que ese hombre es una calamidad, como dijo hace poco Griñán en el Parlamento andaluz, pero siempre pensando que el problema es propiciar un cambio de ciclo auspicioso para los suyos. Como también dijo Griñán a los del PP, que se frotan las manos pensando en que la fruta del poder está madura y pronto podrán devorarla: que Zapatero sea un desastre no significa que vosotros seáis mejores. Y he de darle la razón en este preciso diagnóstico. Sólo que, me temo, él pensaba en un cambio de ciclo que también ellos deben protagonizar, y aquí nuestros caminos se bifurcan. El suyo, circular, es el camino de comenzar otro ruedo vicioso y prepararse para ganarlo, quizás como recomienda en su blog el crítico socialista que atiende al nombre de Jordi Sevilla, cuyo análisis bien podría titularse: “qué deben hacer Zapatero y el PSOE para sobrevivir al naufragio del Estado y seguir viviendo de los restos”. Se ofrecen también otras alternativas mejor consideradas para asaltar el “nuevo ciclo” desde posiciones más ventajosas en la parrilla de salida. Así ayer, cuando contra mi sana costumbre de ignorar ese género envilecido escuchaba la tertulia matutina de Carlos Herrera, asistí al cántico de moda en el mundo de las tertulias políticas que se consideran realistas y moderadas: ¡qué gran estadista es Durán i Lleida! (incluso: ¡qué gran Presidente del Gobierno de España podría llegar a ser!)
Se me ocurren pocas ficciones políticas más descaradamente mediáticas, es decir manipuladoras, que la cantinela de la gran talla de estadista que viste el nacionalista democratacristiano catalán. ¿Estadista español, el dirigente de un partido o coalición, CIU, que amenaza con la autodeterminación por la vía de los hechos consumados si se toca su Estatut inconstitucional? ¿Y alternativa a Zapatero? Pero es que este señor y sus diputados, ¿no han apoyado a Zapatero en todas las votaciones importantes, incluyendo la del decreto-ley de recorte del gasto cuya máxima virtud, a sus ojos, es que mantiene incólume e intocable el tinglado autonómico? Francamente, la idea de convertir a Durán i Lleida en Presidente del Gobierno de España para que nos saque de la crisis sólo puede concebirse en una descomposición del sistema político tan avanzada como la que nos afecta. Es tan acertada como la de postular a Bernand Madoff para presidir el FMI, a la luz de su talento financiero.
Pero todo este disparate tiene su lógica: la del “game over, insert coin”. Los que niegan que haya crisis del sistema parten de que éste –nuestro sistema constitucional- no es otra cosa que un mecanismo de cambios sucesivos de ciclo (ciclo Suárez, ciclo González, ciclo Aznar, etc.) controlados por un mecanismo de relojería electoral tan previsible como un reloj de péndulo: pendulazo a la izquierda, pendulazo a la derecha, y vuelta a empezar pasando por el centro. Lo que importa es que el reloj dé bien las campanadas. En fin, una especie de réplica actualizada de la mecánica celestial precopernicana, con su eterno repetirse de ciclos de ciclos y epiciclos de epiciclos. O, de modo más popular, un mecanismo similar a la máquina tragaperras donde ellos tienen el privilegio de darle a la palanca y de introducir en la ranura las monedas necesarias para volver a jugar cuando se agota una partida. Cuando hay premio se lo reparten y cuando hay que reponer moneda, pues la pones tú. Y así hasta el fin de los tiempos. ¡Crisis! ¿¡qué crisis!? ¡Ninguna, a divertirse hasta morir probando suerte mientras haya monedas que echar en la ranura! Nuestras monedas, por si tú, amable visitante de este blog, no te habías percatado.
Zapatero no es el problema, lo son todos ellos
Escrito por CarlosMG el 28 Mayo 2010
Rajoy terminó su intervención de ayer en el Congreso espetándole a un anulado Zapatero su argumento definitivo: el PP no votará el decreto-ley de recortes del gasto porque sólo serviría para mantener a Zapatero en el poder, y el problema peor –la madre de todos los problemas- tiene un nombre, y ese nombre es Zapatero. Sin embargo, no llegó a pedir elecciones anticipadas, como hacemos nosotros y, gran novedad, esta vez también CIU. Durán i Lleida lo soltó sin ambages: es usted un incompetente, políticamente está muerto y no queremos verle más, así que no cuente con nosotros para aprobar los Presupuestos del año que viene. Lo que viene a significar que el Gobierno de Zapatero caerá en enero-febrero ante la imposibilidad de sacar adelante unos Presupuestos obligadamente restrictivos y altamente impopulares tras años y años de ostentosos dispendios populistas y enervantes derroches de nuevo rico corrupto. Y que, por lo tanto y si algún pacto milagroso no lo remedia -¡que tampoco cabe descartarlo!-, tendremos elecciones anticipadas el 2011, pese a la indiscutible voluntad de Zapatero y PSOE de aguantar como fuera hasta marzo de 2012.
Pero no quería perderme en cábalas sobre si habrá o no anticipación electoral, que en cualquier caso sería forzada cuando más le convenga a CIU y seguramente al PNV, conveniencia sobre la que volveré luego. Me parece más importante dirimir si Rajoy y Durán i Lleida tienen razón cuando aseguran que el problema se llama Zapatero, sobre todo por la solución que se sigue de esta premisa: si muerto el perro se acabó la rabia, ido Zapatero volverá la prosperidad. ¿Es esto cierto?: pues no, es otra mentira más.
Es indudable que Zapatero pasará a la historia como un sujeto lamentable: destruyó el consenso antiterrorista iniciando una temeraria negociación con ETA que acabó fatal; se sacó de la manga una absurda “Alianza de Civilizaciones” para enmascarar una política internacional raquítica y el apoyo incondicional a regímenes como el cubano, el venezolano y el marroquí; destrozó la ya débil autonomía de la justicia con constantes intervenciones y manipulaciones gubernamentales –de la reinterpretación de la Ley de Partidos al reparto del CGPJ, pasando por la innecesaria Ley de la Memoria Histórica- que han llevado al actual colapso del Tribunal Constitucional y al caso Garzón; alentó el separatismo catalán con la insensata e inconstitucional promesa de bendecir en Madrid cualquier pacto estatutario conseguido en Barcelona, agravando hasta el extremo el desmantelamiento del Estado constitucional… La lista puede alargarse, culminando en el actual desastre de la política financiera, consecuencia de la obstinada e irracional negación de las reglas de juego que impone la realidad tanto en economía como en cualquier otro ámbito de la acción humana, a saber: la prevalencia de los hechos objetivos sobre las opiniones interesadas, por mucha hermenéutica que le echemos a la cosa. Zapatero ya es un zombi político a la espera de un entierro digno, y pasará a la historia como un representante del irracionalismo político más extremado, de un activismo puramente retórico carente de ideas, proyectos, criterios, fines o metas distintas al disfrute y permanencia en el poder, incluso al precio de la destrucción de las bases institucionales que lo sustentan y legitiman.
Ahora bien, Zapatero no ha sido ni es el único responsable de que todo esto haya pasado. Le ha acompañado su partido, el PSOE, “críticos” incluidos. También los periodistas y empresarios, banqueros e inmobiliarios que se disputaban sus favores, los tertulianos que alababan su baraka, los jueces y fiscales trepas que se plegaban a sus intereses y tantos otros. La burbuja inmobiliaria y la mala política financiera, como el mercado de trabajo dual y discriminatorio y otros pertinaces desequilibrios económicos no son una creación de Zapatero, aunque hayan llegado al paroxismo bajo su lerdo mandato: vienen del modelo de crecimiento económico conocido como de Aznar-Rato. El PP también ha practicado en las comunidades y ayuntamientos que controla el mismo sistema de compra de voluntades y dispendios populistas que critica ácidamente al PSOE. Los vecinos de Madrid no están menos endeudados por la megalomanía decorativa de Gallardón que los de Barcelona por el soberanismo imitativo de Maragall y Montilla (esa birria de nacionalismo-kitsch que es a la ideología lo que Lladró al arte).
¿Y qué decir de los nacionalistas? ¿No han participado con entusiasmo, y con más beneficios que nadie, en el desmantelamiento y reparto del Estado común? ¿No han votado las políticas financieras, fiscales y laborales de todos estos años? ¿O es que sin los apoyos alternos y altamente cotizados de CIU, PNV, ERC, BNG, CC y compañía todo esto hubiera sido posible? ¿Alguien ha hecho más que los nacionalistas por deteriorar la educación pública, trocear el mercado interior, multiplicar hasta el delirio las administraciones, atacar con saña todo símbolo de unión nacional, manipular la comunicación pública, instaurar la discriminación…? ¿Serán ahora CIU y PNV los llamados a salvarnos precipitando unas elecciones anticipadas en las que venderán muy caro su apoyo a un PP incapaz de conseguir mayoría absoluta por sus propias responsabilidades en el deterioro del sistema?
Así que no nos precipitemos. Desde el punto de vista de la retórica populista, acusar a Zapatero de todos los males es totalmente acertado y un modo eficaz de hurtar la propia responsabilidad. Algo previsible y me temo que tan inevitable como difícil es escuchar en España un discurso político complejo, responsable y comprometido con fines de interés general. Pero igual de previsible e inevitable es que cualquier gobierno del PP con apoyo nacionalista que suceda al socialista hará lo posible por mantener el estatus-quo cargando el peso de la crisis sobre los más indefensos, echando la culpa a los socialistas por tener que hacerlo, y preservando en lo esencial el sistema político desquiciado y degradado que soportamos. De ahí la prisa de Durán i Lleida por echar a Zapatero mas no antes de que pueda recoger el fruto de la traición. Como pasó en Italia tras el derrumbe de la Democracia Cristiana, el PCI y los demás viejos partidos, quieren parar todos los cambios de fondo para heredarse a sí mismos. Esa vieja música siciliana de sobra soportada…
Buscando paganos de la crisis: funcionarios, especuladores, “españoles” o curas.
Escrito por CarlosMG el 20 Mayo 2010
Como era de prever, Zapatero y el PSOE, los principales responsables –aunque no únicos ni mucho menos- del naufragio que estamos sufriendo, se han puesto a la caza y captura de paganos que apechuguen con la responsabilidad de la crisis. Colectivos y sujetos condenados no sólo a pagar el coste en moneda (pues finalmente pagaremos la gran mayoría), sino a cargar con la culpa de su desencadenamiento.
Los candidatos a este doble honor son bastante previsibles: en primer lugar, los funcionarios, esos seres envidiados universalmente (salvo cuando se trata de detener a terroristas, apagar incendios, educar adolescentes levantiscos o atender enfermos terminales, por ejemplo). Luego hay variantes geográficas y sectarias. Así, hoy se ha sabido que una encuesta encargada por La Vanguardia alerta del aumento del independentismo en Cataluña, con la interesante peculiaridad de que el principal incremento se registra entre votantes del PSC. De manera que el independentista catalán medio puede dejar de ser un vecino exaltado de Solsona o Vich, convencido de padecer una tremenda opresión española y de pertenecer a la tribu más admirable de la Tierra, para encarnarse en el hijo de una familia charnega procedente de Murcia, Galicia o Andalucía que hoy admira la carrera exitosa del president Montilla y sus secuaces, convencido de que todo mal viene de España por la incomprensión mostrada a todo lo catalán, Estatut inconstitucional e inmersión lingüística inclusives. Alguien puede extrañarse de esta evolución, pero no sé por qué: al fin y al cabo, el deseo de todo inmigrante integrable es fusionarse en el paisaje de la sociedad de acogida adoptando sus tópicos, hábitos y prejuicios. Y si el PSC lleva veinte años o más insistiendo en que a Cataluña le irá mucho mejor cuanto menos lazos tenga con España, ¿cómo no van a creer sus votantes menos instruidos y viajados en algo tan reiterado, mensaje convertido en artículo de fe única por partidos, asociaciones y prensa catalanas? Luego los españoles son los causantes de la crisis, y cuanto menos tenga que ver Cataluña con ellos, mejor le irá también en materia económica.
La Iglesia católica es otra candidata natural a la condición de pagana, pese a la paradoja de tal asociación semántica. Ayer supimos también que diputados del PSOE especialmente leales a José Blanco argumentaron con insistencia la necesidad de que la Iglesia asuma su parte de culpa en la gestación de la crisis económica pagando lo que le toque, por ejemplo haciendo que el Estado no adelante el dinero de la famosa casilla del 0’7% de la declaración de Hacienda, y eliminando las ayudas públicas a la Iglesia porque ella, a diferencia de partidos y sindicatos que sí se merecen nuestro dinero, no forma parte de la arquitectura constitucional (sic).
Uno no simpatiza con la Iglesia romana y es partidario de un Estado laico riguroso, pero ciertas manipulaciones son realmente repulsivas y no ayudan nada para progresar en esta dirección. Una cosa es pedir que la Iglesia se autofinancie, como debe ser en una democracia laica, y otra retirarle ostentosamente las ayudas de las que disfruta con el fin malicioso de presentar a los curas como responsables de una crisis de las finanzas públicas de las que sólo son responsables los insaciables partidos grandes, comenzando por el PSOE. Pero se trata de dar algún tipo de contenido al vacío total del “izquierdismo” socialista, una vez puestos al desnudo todos sus trucos populistas y otras carencias políticas y estigmas culturales. Menos mal que la crisis inmobiliaria lo desaconseja, si no todavía veríamos manifestaciones socialistas exigiendo la conversión de los edificios eclesiásticos, de seminarios y conventos a ermitas y catedrales, en VPO para menesterosos zapateristas.
Finalmente, está el cuento de los especuladores –tan bien recibidos cuando son “inversores”- y la advertencia de que el Gobierno puede subir los impuestos cuando lo considere oportuno, recién lanzada por Zapatero con el matiz de que pagarán los que tengan dinero. Dejando de lado cuan asombroso sería que el Estado consiguiera sacar un duro a los insolventes, típica obviedad tan solemne como vacua del nefasto inquilino de Moncloa, el hecho cuidadosamente oculto es que durante los años de Gobierno socialista la presión fiscal ha crecido exclusivamente sobre las rentas del trabajo, es decir, que somos quienes cobramos una nómina quienes más impuestos directos pagamos, por no decir los únicos. Se ha estimado que, en cambio, la presión fiscal sobre las rentas del capital ha disminuido desde el 2000 entre un 4 y un 5%… (pues no hay diferencias de fondo entre los modelos económicos de Aznar-Rato y los de Zapatero-Solbes). El caso es que el Gobierno subirá los impuestos cuando lo ordenen el Ecofin y el FMI para seguir prestando a España, pues somos un país con las finanzas públicas intervenidas, cuya imagen de solvencia se desgasta un poco más cada día, profundizando la gravedad de una crisis cuya magnitud todavía se hurta a la sociedad, en un ejercicio de negacionismo económico realmente inaudito.
Se trata, en fin, de localizar paganos para que los verdaderos responsables no paguen nada. Lo prueba, por ejemplo, la asombrosa respuesta que ayer mismo dio Chaves a Rosa Díez en el Congreso cuando ésta, en un hemiciclo casi vacío de diputados y periodistas –pues se trataba de un tema importante, no de las típicas memeces que encandilan a la prensa-, interpeló al Gobierno sobre sus previsiones para obligar a las comunidades autónomas a reducir su parte –en aumento- del déficit público. Si aplicáramos los criterios de convergencia de Maastrich –los empleados para fundar el euro-, dijo Rosa, el déficit público de las CCAA disminuiría 26.120 millones de euros anuales. ¡Una cifra que permitiría hacer frente a la crisis sin drásticos recortes sociales! Por no hablar de cómo mejoraría la imagen de España como un país solvente al que se puede prestar dinero, con los beneficios económicos adicionales consiguientes. Pues bien, Chaves ni negó esta cifra de posible ahorro ni propuso otra. Se limitó a decir que vaya usted a saber, que el Estado de las Autonomías es muy eficaz y estupendo y que, en cualquier caso -¡agárrense!-, “tiene que quedar claro que no hay lugar en un Estado autonómico para un poder de control del Gobierno sobre las comunidades autónomas si no es en un marco de cooperación y colaboración. No hay una relación jerárquica entre las administraciones, eso sería propio de un estado centralista“. Vienen tiempos peores, por mucho que se empeñen en culpar del derroche a los funcionarios privilegiados, a los pensionistas que se obstinan en vivir, a los fabricantes de aspirinas, a los curas y, en Cataluña, a los españoles en general.
El hundimiento (a cámara lenta) de la Transición
Escrito por CarlosMG el 12 Mayo 2010
Ha hecho falta que Obama llamara el martes a Zapatero exigiéndoles medidas de recorte del gasto público, porque el default de la economía española puede agravar la crisis mundial, para que el gran ignaro subiera hoy a la tribuna del Congreso y anunciara una batería de medidas de ahorro que se pueden resumir así: hacer pagar la crisis a quienes tenemos menor capacidad de presión sobre el Gobierno. Y eso se traduce en suspender en la práctica la aplicación de la Ley de Dependencia (que ya venía siendo caótica o imaginaria), congelar las pensiones, apretar los tornillos a la industria farmacéutica y, sobre todo, bajar el sueldo de los funcionarios una media del 5% (que en muchos casos se acercará al 10%). Este último despojo será sin duda popular, porque muchos olvidan, cuando oyen el término funcionario, que se trata de bajar el sueldo al maestro de sus hijos, al médico y la enfermera que les atienden, o al bombero, el policía y el militar que se juegan el tipo por su seguridad. Unamos esta batería de medidas al incremento del IVA, que pagan por igual millonarios y desempleados sin ayudas públicas, la ausencia de cualquier reforma fiscal que afecte a las SICAV y similares, añadamos que no hay ninguna previsión de reducción del Gobierno ni sobre todo de las elefantiásicas administraciones autonómicas y municipales, y se acaba dibujando una “salida de la crisis” grotescamente reaccionaria, carente de la más mínima equidad y solidaridad social o racionalidad política.
Hemos repetido infinidad de veces que la crisis económica está empeorada en el caso español por una crisis política sin precedentes. Hemos explicado una y otra vez que si el Estado español ha renunciado a la política monetaria a cambio de entrar en la zona euro, también ha renunciado al control de la política fiscal al haber transferido la parte del león del gasto público, sin ningún control digno de ese nombre, a las CCAA y ayuntamientos. Parece que en España muchos no se han enterado o no quieren enterarse de que ese desmantelamiento del Estado, del que unos pocos se han beneficiado escandalosamente, convierte a éste en ingobernable; ni siquiera el PP que, junto a medidas anticrisis sensatas (encoger el tamaño del Gobierno central), renuncia a entrar en la madre del cordero del gasto público de CCAA y ayuntamientos (pues es más fácil meterse con los sindicatos paniaguados que con Aguirre, Camps, Feijoó o Gallardón). Pero resulta que los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea sí se han dado cuenta de que esta es la realidad que en España no se quiere ver. Y por eso han impuesto, como precio de la garantía de ayudas contra la suspensión de pagos, que la política fiscal española sea supervisada y controlada por el FMI y el Ecofin. Dicho en plata: como cualquier país subdesarrollado, España ha perdido la soberanía fiscal y el control de su gobierno económico. Es la consecuencia del fracaso del Estado de las Autonomías pactado en la Transición y del abusivo sistema clientelar de partidos crecido a su calor.
Los datos no mienten: en la actualidad, la Administración central del Estado, donde trabajan la inmensa mayoría de empleados públicos a los que primero se disminuirá y luego se congelará el salario (320.124 trabajan para la Administración Central, excluyendo los 263.323 del ejército y fuerzas de seguridad del Estado, frente a 1.345. 577 de empleados públicos de las CCAA), ya sólo administra el 20% del gasto público de España. Otro 29% corresponde a la Seguridad Social. Las Comunidades Autónomas administran el 36%, y los entes locales (incluidas las diputaciones forales vascas) el 15%. Sabido que no hay ninguna intención de meter mano en ese 51% del gasto público, con sus consecuencias en el déficit y la deuda –que seguirían creciendo si no lo vetaran Ecofin y FMI-, y ello porque pronto habrá elecciones autonómicas y municipales en las que PSOE, PP y nacionalistas pujarán en la subasta de promesas demagógicas, aldeanas e incumplibles para ganar el voto de ciudadanos muy despistados o demasiado ignorantes. Pero, ¿quién iba a prestar dinero al Estado para que pueda seguir pagando su deuda, pues de eso se trata y no de reactivar la economía, sin exigir primero la llave de la caja pública? ¿Quién puede fiarse de un Parlamento que aprueba en plena crisis, el año pasado, unos Presupuestos Generales del Estado completamente inviables y falsos, mediante la compra de votos nacionalistas de toda calaña? ¿Quién puede creer ya que el problema es que salga Zapatero y que entre Rajoy, cuando la mala administración es la misma en Barcelona, Valencia y Madrid? Nadie en sus cabales. He aquí que hemos descendido al nivel, ya predicho, de la monarquía bananera de Europa. Demasiado pesados para abandonarnos a nuestra suerte, demasiado irresponsables como para dejarnos el control.
Son Zapatero y su partido –“críticos” cómplices incluidos- los responsables principales de la debacle. Pero no le van a la zaga unos socios nacionalistas y un PP que han estado haciendo en sus feudos lo mismo que critican al Gobierno central, esperando que el deterioro de la situación hiciera caer la victoria electoral como fruta madura. A estos responsables hay que añadir las asociaciones patronales y los sindicatos, los grandes grupos de comunicación, las cajas de ahorros y las empresas constructoras y bancos que han financiado todos estos años este sistema condenado al fracaso. Así que el sistema político-financiero creado en la Transición ha naufragado de modo irremisible. Sí, ya sabemos que no todo el mundo está de acuerdo, y que siguen siendo mayoría los partidarios de recetas milagrosas, como que el PP gane las elecciones para que todo siga como está echando la culpa a Zapatero por la herencia dejada. Es sabido que mientras se hundía el Titanic, lentamente (era muy grande), la orquesta seguía tocando bailables, los oficiales trataban con cortesía a las damas y pateaban a la tercera clase, y había quien estaba más preocupado por la temperatura del champagne que por el caótico derroche de botes salvavidas. Pero eso no evitó que el Titanic se hundiera.
Necesitamos un Gobierno de Europa
Escrito por CarlosMG el 10 Mayo 2010
La crisis de las finanzas griegas y la discusión sobre su rescate desde las instituciones europeas están poniendo sobre la mesa un debate largo tiempo eludido por diversos agentes públicos que no viene a cuento enumerar. Se trata de si es posible una moneda común de economías tan distintas que a veces resultan divergentes, sin que existan órganos políticos encargados de implementar una política económica coherente y eficaz que incluya una política fiscal común, tanto de impuestos como de inversiones y ayudas públicas a quien las necesite. El valor de una moneda tiene mucho que ver con la pujanza, tamaño y capacidad de la economía subyacente, y estas cosas dependen mucho a su vez de la constitución y eficacia de las instituciones políticas que gobiernan la sociedad donde se desenvuelve esa economía. Eso lo entiendo hasta yo, un tipo de letras de escaso talento para cifras y cálculos, al que se le hace mucho más fácil explicar el imperativo categórico de Kant o la semiótica de Peirce que el deflactor del PIB o las consecuencias del abandono del patrón oro. Cuando los problemas económicos llegan a este punto de divulgación es evidente que afectan a toda la sociedad y no sólo al círculo de los expertos, iniciados e implicados.
El euro es un experimento curiosísimo: una moneda común de economías tan distintas como las de Francia y España, y de Estados de calidad institucional tan diversa como Alemania y Grecia. Precisamente es este primer país el llamado a liderar la concesión de una enorme inyección de dinero al Estado griego, a cambio de grandes sacrificios de su ciudadanía y sin garantías de que sirva para mucho más que impedir el default o suspensión de pagos. Para los alemanes, gente con fama de disciplinada y laboriosa, tampoco es banal dedicar decenas de miles de millones de euros a ayudar a un Estado acusado de manipular sus cuentas mediante una ingeniería contable de nefastas consecuencias. También se acusa a los ciudadanos helenos de defraudar a su propio Estado, jubilarse antes que nadie y recibir ayudas de todo tipo pese a mantener una productividad muy baja en un tejido empresarial precario: una economía más balcánica que europea occidental, se repite estos días (y sólo a otro manipulador como Zapatero puede ocurrírsele que sea un gran negocio prestar a alguien tan insolvente, aunque sea necesario por otras razones).
Por tanto, los ciudadanos alemanes se preguntan por qué deben arriesgar sus fondos por un país tan poco de fiar, y por una Unión Europea que, nadie puede negarlo, ha sido incapaz de supervisar seriamente –esta va a pasar a la historia como la crisis de los supervisores, ineficientes e incompetentes- las falaces cuentas que presentaban los gobiernos turnantes de los Karamanlis y Papandreus (una especie de bipartidismo tribal). ¿Y si esta vez las estadísticas también son falsas y el griego es un voraz pozo sin fondo? Aunque se ha criticado con acidez el escaso europeísmo de esa avaricia, nadie parece autorizado a reprochar su desconfianza a los paganos alemanes cuando es un hecho que la UE no ha sabido poner orden en las cuentas de Grecia y, por razones poco aceptables, ha preferido ponerse de perfil y aceptar el engaño. Se sospecha además que haya pasado algo muy parecido con Portugal, España, Irlanda e Italia.
Parece que se acabó el plazo de las prórrogas. Si queremos la moneda única, es inexcusable abordar la creación de verdaderas instituciones federales europeas que controlen el gasto de los Estados miembros y armonicen la política fiscal de modo que el euro tenga un respaldo real, en forma de ingresos y gasto público controlado y transparente. Para que el euro sobreviva la crisis debe resolverse en una intensificación decisiva de la conversión de la Unión Europea en Estado federal, con su gobierno con capacidad ejecutiva y un parlamento con capacidad legislativa. Un banco central como el actual, que sólo lo es a medias, es completamente insuficiente.
Traduciendo esto al lenguaje doméstico español digamos que, para salir reforzados de la crisis económica y financiera, los europeos debemos hacer exactamente lo contrario de lo hecho estos treinta años en España, razón de que seamos el Estado peor preparado políticamente para hacer frente a la crisis, y por eso mismo severamente penalizado en los mercados de deuda, donde la credibilidad y solvencia del Gobierno del país al que se le compran bonos es un valor fundamental. Y no se trata sólo de que Zapatero sea un gobernante nefasto, que también, sino de que el Estado ha ido renunciando a todas las herramientas de disciplina fiscal y del gasto público indispensables para hacer frente a la crisis. Y es que nadie piensa entrevistarse con los gobiernos de las 17 CCAA para pactar con ellos las medidas contra la crisis… Si estamos tan locos como para dejar en manos de estas instituciones irracionales nuestro futuro, peor para nosotros: eso es lo que van a decirnos en todas partes.
Así, a diferencia de lo deshecho en España, Europa debe reforzar las instituciones que conviertan esta laxa Unión en un Estado de verdad. Para ayudar se podría, por ejemplo, crear un sanedrín de sabios compuesto por Zapatero, Rajoy, Montilla, Camps, Aguirre, López, Núñez Feijóo, etcétera, pedirles dictámenes sobre cómo proceder para construir Europa y salir de la crisis y hacer exactamente lo contrario de lo que aconsejen. Sera un método infalible para acertar. Es verdad que Europa soporta el grave inconveniente de carecer de una verdadera lengua común, pero en España, donde sí la tenemos, hay un amplio acuerdo entre nuestra ignara clase política en que tal ventaja es despreciable y digna de negarse porque el cultivo de la Babel doméstica resulta muy preferible, y si pese a tamaña estupidez España sigue siendo mal que bien un Estado, también Europa podrá serlo pronto si ponemos voluntad política para conseguirlo.
Clegg y el voto realmente útil
Escrito por CarlosMG el 8 Mayo 2010
El resultado de las elecciones británicas es realmente estimulante para nosotros. El partido liberal-demócrata ya advirtió que sólo ofrecería su apoyo para formar gobierno al candidato que se comprometiera a cambiar la ley electoral británica, cuya monstruosa falta de equidad ponen de manifiesto la traducción de los votos en escaños conocidos ayer. En efecto, con el 36,1% de los votos los conservadores consiguen 306 escaños (a 20 de la mayoría absoluta), los laboristas 258 con un 29% de votos, y los liberal-demócratas 57 con el 23%. La explicación de semejante desajuste en la democracia viva más vieja (en sentido amplio) del mundo es que el sistema se pensó para favorecer un sistema bipartidista. Pero esa es precisamente la cuestión: que los resultados demuestran que Gran Bretaña ha dejado de ser bipartidista, y que el sistema electoral está violentando muy negativamente la calidad del sistema representativo, que es algo fundamental para cualquier democracia que se precie, tanto como la igualdad jurídica y la separación de poderes. De ahí que el discurso del partido de Clegg fuera impecablemente democrático y regenerador al señalar como su prioridad política el cambio de ese sistema electoral por otro más respetuoso con el principio de proporcionalidad.
Cosas de las votaciones populares, resulta que esta vez los liberal-demócratas han retrocedido en escaños (tenían 62), pero ganan en influencia parlamentaria al convertirse en decisivos para formar una mayoría de gobierno, ya que ninguno de los dinosaurios tradicionales ha conseguido mayoría suficiente, ni solos ni pactando con las minorías nacionalistas de Escocia, Gales o el Ulster. Naturalmente, Clegg se ha apresurado a ratificar que sólo apoyará al partido que se comprometa a cambiar esta legislatura la ley electoral, de modo que la caricaturesca ficción bipartidista en blanco y negro deje paso a una representación más fiel a la verdadera policromía del electorado británico. Y seguro que lo consigue, porque de otro modo el gobierno en minoría que inevitablemente se deberá formar, conservador o laborista, estará sometido al suplicio de Tántalo de verse derrotado en todas las votaciones fundamentales, supuesto que laboristas y conservadores no se pondrán de acuerdo para salvar el bipartidismo como un bien superior a cualquier otro. Pero eso parece poco probable en la isla.
En resumidas cuentas, ha quedado demostrado que votar a Clegg era el verdadero voto útil, pese a la hostilidad del sistema, para todos aquellos que desean mejorar la democracia británica. ¿Y en España? Pues aquí acabará ocurriendo lo mismo el año 2012: quienes estén convencidos de que el principal problema político de este país es el sistema alternante PSOE-PP+socio nacionalista, se verá abocado a resignarse a ese desastre o votar UPyD. Por mucho que le digan que no será un voto útil porque en la mayoría de las circunscripciones, las provincias, el precio en votos de un escaño es prohibitivo para un partido pequeño y nuevo como el nuestro. Pero echemos cuentas: bastaría con conseguir escaños en las provincias donde es posible por su demografía, aquellas que tienen más de ocho diputados, para reunir un grupo parlamentario de doce o más diputados que repita en la Carrera de San Jerónimo lo que Clegg dirá en Westminster: ¿quieres nuestro apoyo para formar gobierno? Muy bien, firma aquí con luz y taquígrafos que lo primero que vamos a cambiar es esta Ley Electoral para hacerla más equitativa, proporcional y por tanto más representativa (hecho esto, abriremos el debate de la reforma constitucional en un parlamento nacional mucho más representativo). Es normal que populares y socialistas -tan dinosaurios como sus correspondientes británicos pese a que éstos son mucho más venerables en edad e historia- se alarmen y se apresuren a poner el grito en el cielo. Como Montoro, que ha aprovechado para decir que el bipartidismo le va estupendamente a España y no tiene sentido cuestionarlo (lo que ya es una aceptación implícita de que es el resultado de un sistema electoral, no de la expresión de la voluntad popular). Claro, como lo demuestra la situación de las cuentas públicas, la economía, la educación, la justicia y tantas otras cosas instauradas por este sistema viciado: para echar a correr.
Cuba, UPyD y el PCE
Escrito por CarlosMG el 5 Mayo 2010
Conocí a Oswaldo Payá en un lugar un tanto improbable: la monumental sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo. Payá había viajado hasta allí para recibir el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia del año 2002. A mí y a otros representantes de Basta Ya nos habían invitado también a asistir a la entrega del Sajarov en calidad de últimos premiados, el año 2001, y no dudamos en asistir para conocer a Oswaldo Payá, darle ánimos y ofrecerle la poca ayuda que pudiéramos darle a él y a su inteligente iniciativa, el Proyecto Varela. Al fin y al cabo, si enfrentarse a ETA era complicado, incomprendido y peligroso mucho más lo era combatir a la dictadura de Fidel, y por tanto más meritorio.
Por aquel entonces Rosa Díez ejercía de eurodiputada y presidía la sección española del Grupo Socialista Europeo –o tempora o mores-, de manera que en la comida oficial que siguió a la entrega del premio nos sentaron con ella a los nuevos y viejos premiados. La comida, por cierto, no fue nada del otro mundo, y si querías una copa había que pedirla expresamente a un ceremonioso maître que mandaba traerla con aparato muy francés; una muestra del principio de austeridad, cuando se trata de gastar dinero público, tan distinto a la irresponsable prodigalidad española en los mismos casos…
Pero a lo que íbamos: tuve la suerte de tener a Oswaldo Payá al lado durante toda la comida. Fue una conversación muy larga, muy cordial y animada. Entre otras cosas, Oswaldo nos contó las técnicas de acoso que el gobierno castrista usaba contra él y su familia, idénticas –vaya, qué casualidad- a las de la kale borroka: pintadas infamantes en la puerta de casa y calles vecinas, lanzamiento de pintura roja y amarilla (supongo que por lo vistosa) contra las paredes, grupos “espontáneos” acarreados para motejar a Oswaldo y sus compañeros de “gusanos” (contrarrevolucionarios), y las consabidas difamaciones, acusaciones y advertencias en la prensa (única) del régimen. Hablamos tanto y tanto que hasta Rosa tuvo que dejarnos por sus deberes parlamentarios, y en la sala nos quedamos charlando sin fin, solos, ante la mirada impasible del maître. Vista la poca generosidad de la casa en materia de reenganche al café, y no hablemos de copas, nos trasladamos a un hotel para seguir la cháchara a costa de nuestro bolsillo. Nos despedimos más ricos en amigos.
Ahora Rosa ha podido visitar a Oswaldo Payá en su propia casa de La Habana. Esta vez la policía no ha molestado –a diferencia de lo sucedido en la visita a Aminatou Haidar en El Aaiun-, ni parece que siga el acoso organizado de años anteriores. Prueba para los escépticos y pesimistas de que las campañas internacionales de apoyo y solidaridad, los premios como el Sajarov, surten efecto sobre los sayones de las dictaduras y ayudan a quienes deben soportarlos. Por eso viajes como el de Rosa son completamente necesarios, oportunos y prácticos.
Ignoro si la prensa española dará una cobertura razonable a esta visita de Rosa a los disidentes cubanos –además de con Payá, se ha entrevistado o lo hará mientras escribo estas líneas (si no hay interferencias policiales) con Yoani Sánchez, Elizardo Sánchez y las Damas de Blanco-, a diferencia del silencio unánime observado durante su reciente expedición al Sáhara para apoyar a los saharauis en nombre de UPyD y de millones de ciudadanos españoles. Ayer, sin ir más lejos, El País dio una información sesgada sobre la carta de Rosa a José Bono pidiéndo el cambio del reglamento del Congreso que otorga a los diputados diversos privilegios en materia de pensiones. El País no tenía espacio o tiempo, en cambio, para la visita de Rosa a Cuba. Pero sí citó, el 1 de mayo, la de otro político: el secretario general del PCE, José Luis Centella.
La visita de Centella y el PCE, celebrada por el castrismo, tiene una finalidad exactamente contraria a la nuestra. En lugar de apoyar a los disidentes y ofrecerles ayuda política, práctica y moral, los comunistas han ido a alentar a la dictadura de los Castro para que continúe oprimiendo y explotando a los cubanos, y reprimiendo y masacrando a los disidentes. La paradoja es que semejante indecencia, contraria no sólo a las exigencias de la democracia sino al respeto a los derechos humanos, sea considerada en España por todavía demasiada gente una política típicamente progresista. Esta inversión de los valores demuestra lo vacío de significado que ha quedado entre nosotros el concepto de progreso político, y la pavorosa dimensión de la ignorancia política, el sectarismo ideológico y la indecencia moral entre lo que queda de una paleoizquierda reaccionaria demasiado respetada y admirada todavía por sedicentes principios superiores que no son sino otro mito patético. Claro que los mitos de ese tipo han hecho y hacen mucho, muchísimo daño cuando se ponen al servicio de una dictadura para justificarla. Que se lo pregunten si no a los cubanos que la padecen, con el aplauso de Izquierda Unida, el PCE y sus asociados, actores descerebrados inclusive.
El miedo de Patxi López al cambio (un problema vasco nada particular)
Escrito por CarlosMG el 3 Mayo 2010
El 1 de mayo estaba en mi ciudad de bolsillo, donde tengo mi cada vez menos frecuentada residencia principal, así que aproveché para ponerme al día del ambientillo. Nada mejor que echar una ojeada a la prensa (cada vez más complacientemente aldeana, ¡ay!) e informativos locales. Disfruté pues del Teleberri del sábado, el “telediario” estrella de la ETB-2 (la ETB-1 y la ETB-3, que por supuesto existen, emiten en euskera a un público exiguo compuesto de niños, grandes consumidores de dibujos animados, y aficionados al deporte enlatado entre los que descuellan jubilados y parados). Los temas políticos estrellas del día eran dos: las manifestaciones del 1 de mayo y el primer aniversario del gobierno vasco presidido por Patxi López. La información sobre las manifestaciones estuvo exenta de sorpresas, tan aburrida y previsible y tasada en minutos como siempre: los sindicatos nacionalistas ELA y LAB exigían un cambio de marco político para superar la crisis, es decir -¿o creían otra cosa?-, una negociación política con ETA y el avance hacia la independencia –qué tenga que ver eso con la deuda pública o el paro es un misterio cuya solución se reserva a los elegidos por la Patria; para los periodistas (?) de ETB debe ser obvia-, y a los “estatalistas” de CCOO y UGT –estatalistas a pesar de lo mucho que ambos sindicatos deben a su parte vasca de historia- les correspondió dar la versión vasca del descafeinado discurso nacional (con perdón) de sus sindicatos.
Resultó más sorprendente el tratamiento del aniversario del gobierno vasco actual: el primer partido en dar su opinión, lógicamente demoledora y no exenta de razón en algunas críticas, como la obvia mediocridad de buena parte del equipo de gobierno y su clamorosa inactividad en ciertos departamentos, era el PNV. A continuación se dio la palabra al PSE, en la persona del jefe de grupo parlamentario José Antonio Pastor, equipado para la ocasión con el kit de manifestante obrero (era el 1 de mayo) de UGT, lógicamente apologética. Y luego había otros dos turnos derogatorios adicionales de Patxi López y su equipo, a cargo de Aralar, el partido de moda nadie sabe muy bien por qué –acaso porque pese a su obvio ruralismo su agraciada secretaria general, Aintzane Ezenarro, no parece una nekane de las tierras vascas-, y de la jibarizada Ezker Batua, la franquicia vasca de IU. ¿Y el PP, se dirán ustedes, tercer partido de la cámara vasca, o nosotros los de UPyD, la verdadera sorpresa de esta legislatura pues ni estábamos ni se nos esperaba? Ni palabra. No interesa a los socialistas, que prefieren escupitajos abertzales a críticas razonadas de otras fuerzas constitucionalistas (y eso que el PP vasco se esfuerza por ser querido renunciando a dar disgustos).
El resto de las informaciones desgranadas con ese estilo tan propio de la ETB, con una presentadora que por el tono duro y desconfiado de la elocución, levemente teñida de impostada indignación ante la testaruda realidad aludida, desalienta cualquier disidencia o puesta en solfa de esa visión de las cosas, se deslizó tranquilamente por la situación de la “economía estatal”, la “operación salida estatal”, el pronóstico del clima en los “territorios vecinos del Estado”, y demás estatalidades que el receptor avisado ya sabe que son el circunloquio o eufemismo abertzale para referirse a lo español o nacional sin padecer un ataque epiléptico.
Un balance piadoso de esta emisión podría concluir que junto a la permanencia intocada del célebre sectarismo hispanófobo de la ETB de toda-la-vida estuvo la novedad de que el gobierno de turno fuera tratado críticamente, como si la ETB hubiera evolucionado a una suerte vasca de BBC, en vez de ser objeto de sahumerios, prosternaciones y obsequioso júbilo como los que, pongamos por caso, Telemadrid dedica a diario al gobierno de doña Esperanza Aguirre, ese espejo de liberales intervencionistas.
Desgraciadamente, no era nada de esto. El informativo de ETB fue la expresión simple y elocuente de lo poco que manda el gobierno de Patxi López como consecuencia de la activa retroalimentación de dos temores reaccionarios: el miedo a molestar a los nacionalistas cómodamente aposentados en todas y cada una de las instituciones vascas, y el miedo a que el cambio de gobierno pueda ser interpretado como eso, como un cambio en cualquier cosa.
Decididos a impedir que se pueda llegar a creer que la instalación de Patxi López en Ajuria-enea sea algo más que un tránsito de inquilino sin mayores consecuencias, este Gobierno Vasco hace esfuerzos denodados para competir con los nacionalistas –¡y cada vez más ayudados por el nuevo PP vasco!- en inmovilismo en materia educativa, cultural y de comunicación pública; en defensa cerrada del anacrónico y antiigualitario Concierto Económico y Cupo como un “derecho democrático”; de más y mejor apoyo “al euskera”, en forma de más y más subvenciones a fondo perdido a todo tipo de entidades abertzales, incluyendo las ikastolas vasco-francesas y las instalaciones de ETB por aquellos lares vecinos, como si la pobre y subdesarrollada Francia no pudiera subvenir a ese derecho de sus ciudadanos…
Para el conservadurismo absurdo y frustrante de los medios públicos de comunicación, que siguen pagados por todos los vascos pero trabajan exclusivamente a favor de una parte de ellos, la nacionalista, ha colaborado lo suyo el nombramiento de Alberto Surio al frente de EITB. Surio es un hombre de Vocento que aplica a la radiotelevisión pública la misma línea de su potente grupo de comunicación, editor de El Correo y El Diario Vasco: relegar lo político a la tercera línea, prefiriendo un reportaje sobre una cabra con dos cabezas a considerar la crisis económica una noticia estrella, y evitar irritar como sea a los poderes fácticos que controlan el cotarro vasco, es decir, el intrincado enredo nacionalista entretejido en treinta años de mangoneo con, y gracias a, ETA en la sombra. Hay más: la falacia de moda según la cual la política se reduce al control de la forma de los mensajes y de la colocación social de los mismos, puesto que el contenido es irrelevante, encontró su demostración en el nombramiento del anterior jefe de opinión de la edición vasca de El País, Emilio Alfaro, para dirigir la estrategia de comunicación del gobierno de Patxi (no soy irreverente: me atengo a lo que ayer mismo declaraba en una entrevista en ese diario: que su única ambición es seguir siendo el Patxi de siempre).
Alberto Surio y Emilio Alfaro tienen una larga trayectoria periodística basada en el principio de que la manera correcta de tratar los cambios inesperados o no propiciados es ignorarlos, sustituyendo los hechos desagradables por alambicadas interpretaciones –sobre todo los “movimientos” de ETA y su entorno, objeto de insólitas lucubraciones entre tregua y tregua y sobre todo durante éstas- que cubran los hechos y personajes intempestivos e incómodos con la fatal mortaja del ninguneo. Lo comprobé en persona durante los cinco años de hiperactividad de ¡Basta Ya! (pongamos que del 2000 al 2005) en la que todas nuestras aventuras y desdichas -persecuciones, atentados y Premio Shajarov del Parlamento Europeo inclusive-, no valieron para ellos y sus medios ni el 5% de espacio y atención que le dedicaron a los contoneos y ocurrencias de cualquier grupete abertzale (y no digamos ya a los pasmosos prodigios de la cocina vasca). Uno no es rencoroso pero tampoco amnésico, y espero con interés el día en que se publique una investigación exhaustiva independiente sobre la actitud de los medios de comunicación esos años.
Este es el problema, que lejos de ser vasco puede extenderse al conjunto de la política nacional, a saber, que los estilos y estrategias de Vocento y Prisa, como sus objetivos empresariales, son los del Gobierno Vasco, y con eso está dicho todo: sobrevivir con la mayor ganancia al menor riesgo posible. Pero si esa actitud es natural en una empresa privada atenta a los intereses de sus accionistas, es absurda y aberrante en un Gobierno comprometido, dice, con la histórica meta de demostrar que el País Vasco se puede gobernar sin el nacionalismo. Igual aprenden cuando el PNV vuelva a Ajuria-enea, como ciertamente ocurrirá si siguen así.
El miedo al cambio de quienes dicen quererlo cambiar todo sin poner nada en peligro, eso es todo y de eso se trata. Y es nuestra maldición.
Ineptocracia, crisis y política
Escrito por CarlosMG el 29 Abril 2010
En la sesión de control del Gobierno de ayer, en el Congreso de los Diputados, la vicepresidenta Salgado se quedó en blanco en plena réplica a Soraya Sáez de Santamaría. Enmudeció cuando estaba explicando a su rival las grandes ventajas de la economía española en comparación con las de Grecia. Visto el tema, no es extraño que perdiera el hilo y la trama, porque tales ventajas son muy discutibles y para algunos más imaginarias que otra cosa; de hecho, los mercados internacionales de deuda pública no parecen creérselas demasiado (y por cierto, dos excelentes artículos al respecto de McCoy y de Alvaro Anchuelo). Pero confirmando el adagio de que todo lo que va mal puede empeorar, la vicepresidenta Salgado recuperó el don de la palabra con esta extraordinaria revelación: la gran diferencia respecto a Grecia es la solidez y estabilidad de las instituciones españolas. Léanlo de nuevo, es lo que dijo. Pura antiprofecía, porque si esto es todo lo que el Gobierno –y la oposición- puede presentar como aval de su solvencia, estamos perdidos.
¡Dios santo, de las instituciones sólidas y estables, dice! ¿Cuáles? ¿La administración de justicia? ¿El Tribunal Constitucional empantanado y despreciado? ¿El Tribunal Supremo, motejado de fascista con la connivencia del Gobierno? ¿Los sindicatos empeñados en defender la intocabilidad de Garzón mientras el paro asciende al 20%? ¿La patronal CEOE, presidida por un empresario insolvente? ¿Las cajas de ahorros al borde de la quiebra, dirigidas por delegados de los partidos a los que condonan sus deudas? ¿Los medios de comunicación públicos, convertidos en altavoces del partido de gobierno que los manipula? ¿Los medios de comunicación privados, al servicio del partido que los sostiene con publicidad y favores? ¿El sistema educativo, con el récord europeo de empeoramiento constante de sus resultados? ¿Las CCAA, que derrochan 26.000 millones € anuales por su mala gestión y no responden ante nadie ni hacen nada para evitarlo? ¿Los ayuntamientos insaciables, que nos endeudan para varias generaciones sólo para volver a levantar calles y plazas recién levantadas? Y finalmente, ¿es sólido y estable el Gobierno que sólo controla el 35% o 30% del gasto público y cuyo único modo de conseguir mayorías parlamentarias es comprar votos nacionalistas, cosa ya imposible porque el saco de billetes está -¡por fortuna!- vacío, debido a lo cual el martes 27 perdió tres votaciones sobre medidas económicas importantes al no poder comprar ni votos vascos ni canarios o catalanes ya que no gallegos? ¿o confiamos en la oposición del PP, estúpida y corresponsable del actual desbarajuste? ¿Estas y otras son las estupendas, sólidas y estables instituciones que van a protegernos de un destino económico aciago? Pues dan ganas de pedir la nacionalidad griega, al menos allí ya saben lo que les pasa y lo que les espera.
En resumen: vivimos en una ineptocracia, un gobierno de ineptos resultado de un sistema inepto. Nadie informado puede ignorarlo ya. La ineptocracia es el resultado de treinta años de sistema político y público basado en la selección negativa, tanto de los personajes más ineptos de cada grupo social como de las normas y reglas más ineptas para gobernar y gestionar las cosas públicas. Y no sólo en el Gobierno y su partido, sino en todos los partidos tradicionales, en los grandes sindicatos, en las patronales, en las empresas públicas, etc. El sistema de pactos políticos vigente ha consistido en un mercadeo opaco y a gran escala de favores entre partidos, empresas, sindicatos, constructores y medios de comunicación. Mercadeo que ha sido posible mientras entraba dinero y más dinero en la caja gracias a la prosperidad económica, y que ha tenido la consecuencia del engorde ilimitado del sistema, ejemplificado en los más de 500.000 empleados públicos contratados entre 1999 y 2009 por las distintas administraciones públicas para gestionar los mismos asuntos, en un caso de extraordinaria elefantiasis burocrática, más descarnada todavía cuando se comprueba que el porcentaje de empleos productivos de esa cifra –de médicos, maestros, militares, policías, carteros, etc.- es inferior al de empleos de puro mantenimiento, pago de favores y gestión de la cosa obesa en sí.
Pues señor, se acabó lo que se daba: cada año entrará menos dinero a las arcas públicas por la contracción de la economía, y aumentará en cambio el monto de la deuda a pagar. Ya no se podrá mantener el pago de favores opacos ni el reparto de beneficios entre los socios y leales. Y vamos a pagarlo caro todos. Sobre todo porque si bien se extiende la conciencia de que la crisis que vivimos es la suma de una crisis económico-financiera muy grave con una crisis político-institucional gravísima, sin precedentes –una especie de tormenta perfecta de la cosa pública, en la que flotamos como cascarones a la deriva-, sigue estancada la conciencia de que esta crisis tiene pese a todo solución, pero que tal solución es básicamente política, es decir, pública y ciudadana. ¡Es la política, estúpidos! (© Rosa Díez, sobre una idea original de la campaña de Clinton).
La crisis no se va a resolver en la buena dirección –porque se resolverá, pero puede que en la mala- con lamentos y denuestos ni alarmada contemplación. No basta con soltar elevadas denuncias y logradas soflamas en las tertulias de radios y televisiones. No es suficiente con escribir airados posts contra los políticos (¿y los vagos? ¿y los defraudadores? ¿y los parásitos de todos los ámbitos?) en blogs y foros de internet. No sirve para nada reclamar mesura, sosiego y altura de miras a la ineptocracia. Reclamar a otros lo que están en la propia mano pero no se hace es una muestra de impotencia, cobardía o hipocresía. Es hora de asumir riesgos y compromisos que sólo pueden ser personales. Si estás por la labor, nosotros te ofrecemos un instrumento político para hacer frente al desmoronamiento de lo público, de lo que nos une a todos porque todos lo necesitamos. Un instrumento sin duda mejorable, pero dispuesto a todo y preparado para funcionar. Se llama UPyD y es un pequeño y joven partido político con poca experiencia y muchas ideas. Y anímense, hay sitio de sobra para todas las personas que puedan aportar algo. A la política, por supuesto.






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