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La triple estafa de Artur Mas, un asalto a la democracia

Sea cual sea el desenlace de la tensión creada por el nacionalismo catalán con la convocatoria del referéndum ilegal del 9 de noviembre, que sin duda alguna no va a celebrarse porque el Gobierno no puede permitirlo de ninguna de las maneras, hay que admitir que habrán conseguido al menos uno de los objetivos inconfesos del “procés”: abrir una profunda brecha afectiva y política entre Cataluña y el resto de España, por una parte, y dentro de la propia sociedad catalana por otra. El lema implícito del nacionalismo es “cuanto peor mejor”, y la nueva derrota imaginaria del 9N alimentará ese “bucle melancólico” del “perder para ganar” que Jon Juaristi explicó tan bien para el nacionalismo vasco e irlandés.

¿Más concesiones al nacionalismo catalán?: imposible

Cierta corriente de opinión, preocupada por este desenlace victimista perfectamente previsible, pide buscar algún tipo de acuerdo con el nacionalismo catalán para que acepte el statu-quo con algunas ganancias adicionales: quizás el blindaje constitucional de la democráticamente inaceptable inmersión lingüística obligatoria en la educación, o el control absoluto de los medios de comunicación públicos en Cataluña. Pero son dos prebendas que el nacionalismo catalán ya disfruta. De hecho, le han permitido ir conformando este régimen mixto de pensamiento único nacionalista y, bajo su amparo, de corrupción y saqueo a una escala sin precedentes.

Otra posibilidad que se invoca es conceder un régimen fiscal tipo Concierto Vasco. Pero, como todo el mundo sabe, un Concierto a la vasca o navarra para Cataluña sería fiscalmente insoportable para el Estado, además de insolidario e injusto, debido al mayor tamaño de Cataluña. Además abriría una ronda de café para todos imparable: ¿por qué Madrid y Baleares, dos comunidades que ahora son contribuyentes netas al Estado, iban a seguir aportando en vez de quedarse con sus ingresos reclamando su propio Concierto? Imposible, salvo que se opte por el suicidio del Estado (y de España), o por la revisión a fondo del sistema de Concierto y Cupo (Convenio y Aportación en la versión navarra) para que fuera fiscalmente equilibrado y no implique sobrefinanciar a las comunidades más ricas. Pero entonces perdería cualquier atractivo, reducido a mera antigualla engorrosa.

La salida democrática de esta vía muerta requiere desmontar los argumentos del régimen pujolista, artífice de todo este triste y peligroso embrollo.

Desmontar el pujolismo y explicar qué es la democracia.

Una parte de esta tarea corresponde a los tribunales, por donde deben pasar Jordi Pujol y el resto de su familia por los gravísimos cargos de fraude fiscal masivo y corrupción sistemática y continuada (cohecho, tráfico de influencias y prevaricación). Y junto con esta rama, el resto del árbol del nacionalismo catalán y establishment asociado al que Pujol hizo referencia en su amenazante comparecencia en el Parlament. Caiga quien caiga y hasta donde sea necesario. De lo contrario, nuestro sistema democrático, muy tocado por la crisis y la corrupción, perderá toda la legitimidad que le queda. Si no se hace nada con Pujol, es mejor darle las llaves de La Moncloa al primer demagogo que las reclame y marcharnos todos de vacaciones mientras sea posible.

La otra tarea, fundamental, consiste en revalidar los valores democráticos sistemáticamente vulnerados, tergiversados o manipulados por el régimen pujolista. La mejor muestra de este proceder la tenemos en la papeleta de votación para el 9N aprobada por la Generalitat este pasado sábado. Es un resumen perfecto de las tres estafas a la democracia que, más allá de la cuestión jurídica de la ilegalidad e inconstitucional del invento, han sido perpetradas por el gobierno de Artur Mas.

Artur Mas

Las tres estafas de Artur Mas

1 – Solo los catalanes pueden votar en un referéndum que afecta a la integridad y futuro de un Estado que es de todos los españoles. Por lo tanto, el falaz derecho a decidir de los catalanes no es otra cosa que privar de su derecho a decidir el futuro de su país al conjunto de los españoles. Con el agravante de inventar un censo para la también falsa “consulta” (pues es un referéndum) que incluye a los mayores de 16 años y a extranjeros con un año de residencia en Cataluña. Finalmente, todo pagado con nuestro dinero, tontamente transferido a la Generalitat por el Gobierno de Mariano Rajoy para pagar la morosidad catalana pero malversado en la campaña del 9N.

2 – Los catalanes quedan divididos en dos clases con distintos derechos políticos. ¿Qué no me creen?: vean la papeleta de voto. Todos están llamados a votar la primera pregunta: si se desea que Cataluña sea un Estado. Pero hay una segunda pregunta que sólo votan quienes voten Sí a la primera: si tal Estado ha de ser independiente o no. Tamaña desfachatez segregacionista no se había visto desde el apartheid sudafricano, porque significa que solo los catalanes nacionalistas tienen derecho a decidir la forma del Estado que quieren constituir. Por lo demás, con esa fórmula, inaceptable en cualquier consulta democrática, podría ocurrir que se pretendiera dar por válida la decisión de independencia tomada por un 25% o menos de los catalanes. Aquí lo explica Xavier Vidal-Foch.

3 – Artur Mas y compañía saben perfectamente que este referéndum sería nulo incluso en el caso de que Rajoy consintiera la tropelía de celebrarlo. Porque en un caso de separación una parte tampoco puede imponer unilateralmente a la otra las consecuencias del divorcio. Los catalanes no pueden elegir si son Estado independiente o no. En la tradición británica, que sí permite esta clase de referendos porque la soberanía reside en el Parlamento y no en el Pueblo, queda claro que la decisión de separarse debe tomarse con una pregunta inequívoca, de sí o no, e iría siempre seguida, como se vio en Quebec y ahora en Escocia, de una negociación entre las partes para repartir deuda, definir fronteras, negociar la moneda y cosas semejantes. La presunción de que quien se separa dicta las condiciones de la separación es sencillamente ridícula y lo que es peor, podría llevar a un claro casus belli, es decir, a la guerra, como pasó en la implosión de Yugoslavia.

En resumen, debemos explicar que el procés soberanista catalán es un ataque en toda regla a los principios básicos de la democracia: al de igualdad del voto, al de ciudadanía y al pluralismo político. Y que, de tener éxito, seguiría con un conflicto en toda regla con el derecho internacional. Además, por supuesto, de las consecuencias ya conocidas de salida de Europa y del euro por mucho tiempo tras la ruptura traumática con el resto de España, y del hecho probado de que no ha sido otra cosa que la tapadera de un régimen de indescriptible corrupción. Esto es lo que se debe explicarse con claridad, en vez de propiciar operaciones de alquimia constitucional para blindar el soberanismo, o dinamitar el Estado con nuevos régimen fiscales privilegiados.

Quema bandera UE Cat

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33 comentarios a “La triple estafa de Artur Mas, un asalto a la democracia”

  1. La historia está llena de personajes miserables y dañinos Mas y el resto de nacionalistas son de ése tipo de personajillos peligrosos y miserables.

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