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De cómo UCD liquidó a Suárez, procreó el bipartidismo y se suicidó

A menudo recibimos el consejo, a veces casi la amenaza, de que si UPyD quiere cambiar este sistema desafortunado, debería aceptar disolverse en un partido compuesto por minipartidos capaz de sumar millones de votos al primer intento. Candidatos a esa operación no faltan. Es más, florecen casi a diario. Hoy, día de luto de Estado por el fallecimiento Adolfo Suárez, y mientras otros próceres no tenían empacho en compararse (ventajosamente) con él (de Mas a Rajoy, vía Margallo), no he podido evitar pensar en la muerte política de Suárez y caer en la cuenta de que la causa fue la Unión de Centro Democrático (UCD).

¿Es UCD un modelo válido de partido renovador?

UCD fue un prodigio de confusión cuyo mayor mérito fue darle a Suárez una mayoría parlamentaria insuficiente: 168 diputados en 1979. Realmente se esmeró en conspirar contra él para suicidarse prematuramente, cayendo como fruta madura a mayor gloria del PSOE de González y la AP de Fraga (el futuro PP), instaurando el lamentable bipartidismo que padecemos a día de hoy. Pues bien, esa UCD es, precisamente, el modelo ideal que muchos miembros del pesadísimo Movimiento Tertuliano, y no pocas personas de buena voluntad y escasa memoria o conocimiento, pretenden que adopte UPyD. Conviene darle un repaso.

Lo primero es recordar algo bastante olvidado: que los partidos políticos debieron ser improvisados de un día para otro en un país donde habían sido proscritos, y perseguidos con saña, entre 1939 y 1975.

Cuarenta años de dictadura feroz no pasan en vano. En 1976 el único partido de cierta solidez e indudable implantación era el PCE. A su izquierda había un semillero de partidos hiperactivos de extrema izquierda que no resistieron la prueba de las urnas, y a su derecha casi la nada: tertulias de notables reformistas del régimen (como el grupo Tácito), o disidentes que se autodenominaban pomposamente “partido liberal” o “socialdemócrata” aunque sus incursiones antifranquistas se limitaran a reuniones en discretos salones privados, o excursiones a Europa como el famoso “contubernio de Munich”. Y por supuesto, estaban las siglas gloriosas con más sustancia en el exilio que en el interior, como PSOE, PNV o ERC. Y amenazas como ETA, que todos consideraban un fenómeno pasajero ligado al antifranquismo.

La improvisación de los partidos políticos

El caso es que una vez convocadas las elecciones de 1977, la mayor parte de las opciones ideológicas típicas de las sociedades modernas carecían de partido en España. El PSOE resucitó de la historia con mucha ayuda mediática y exterior, y gracias a un grupito de líderes dirigido por el tándem Felipe González-Alfonso Guerra. Muchos observadores creyeron que el PCE daría buena cuenta de ese rival menor porque lo natural era que España tuviera un sistema de partidos similar a Italia, de modo que el PCE de Carrillo emularía al PCI de Berlinguer; demostró ser un prejuicio sin fundamento, como tampoco hubo una democracia cristiana poderosa pese al interés de la Iglesia por crearla.

De las siglas históricas solo se restauraron PSOE (que absorbió a un puñado de rivales, como el PSP de Tierno, y en el proceso creó el PSC que tantos problemas le da hoy), PNV y, menos y más tarde, ERC. Las demás corrientes tuvieron que inventar un partido a base de unir colectivos que rara vez eran más que un prócer influyente y sus secuaces (como los llamaba Azaña una coyuntura parecida). Los del franquismo, llamados “los siete magníficos”, hicieron el ridículo pese a contar en apariencia con más ventajas que nadie para crear un partido conservador de masas. Y la extrema derecha demostró ser poco más que la extrema izquierda, aunque fuera más temible por su violencia.

Adolfo Suárez tenía un problema, y con él, el proceso de transición de la dictadura a una democracia parlamentaria: necesitaba con urgencia un partido político creado con lo que hubiera a mano. Es decir, excluyendo a los rivales de los “siete magníficos” neofranquistas, como Areilza -de ellos, solo Fraga consiguió hacer carrera política-, y reuniendo a las “familias” huérfanas de un auténtico partido: socialdemócratas más o menos sinceros y liberales ídem, conservadores sin más y demócrata-cristianos vocacionales, además de algunos caciques franquistas reciclados. La amalgama, que nunca pasó a la fase superior de aleación duradera, fue bautizada UCD.

Quizás no había alternativa viable ni tampoco Suárez, consagrado a mayores asuntos que exigían plena dedicación, pudo dedicarle tiempo a falta de un Alfonso Guerra centrista, pero pronto quedó en evidencia que el flanco más débil de Suárez no era el temible golpismo militar, el terrorismo de ETA y GRAPO recién reactivados, la extrema derecha o la erosión del gobierno por la oposición liderada por los socialistas. O la propia prensa liberada de la censura, que pronto convirtió la crítica política en acoso y derribo de opciones y sujetos que le desagradaban. No, el talón de Aquiles de Suárez fue la UCD, que nunca fue su partido sino la reunión instrumental de 16 microformaciones y aspirantes a líder sustituto en el gobierno del Estado posfranquista. No hubo otro proyecto político.

Un ejemplo a eludir: “renovación interna” y liquidación del liderazgo

En las breves y recomendables memorias de Calvo Sotelo se narran hechos como que el ministro “socialdemócrata” Fernández Ordóñez salía de los Consejos de Ministros para soplar de inmediato a sus periodistas favoritos las deliberaciones del Consejo. Como el propio Suárez lamentaba en una entrevista autocensurada de 1980 en ABC, esa deslealtad hizo tan popular al ministro felón del que comía la prensa como impopular a él. Ínclitos próceres como el mítico Pío Cabanillas se apuntaban a cualquier posible mayoría con frases legendarias como ésta: “hemos ganado, aunque todavía no sabemos quiénes”.

Muchos otros personajes a la caza de ministerio hicieron lo posible e imposible para echar a Suárez en lo que ya entonces se presentaba como un “movimiento de renovadores” de un partido que ya querían “renovar” cuando no tenía ni cinco años de vida. No sobrevivió a su éxito porque lo único que les unía era el carisma de Suárez -hasta que lo liquidaron- y el poder que éste puso a su disposición, y malversaron. El 15 de junio de 1977, UCD obtuvo 166 escaños (a 10 de la mayoría absoluta), y 168 en marzo de 1979. En febrero de 1982 comenzaron las deserciones de diputados tránsfugas a AP y PSOE. En las elecciones de ese año, los restos de UCD obtuvieron 11 escaños. UCD se disolvió en 1983, pero en su camino dejó, además de un Suárez malherido, el bipartidismo imperfecto (PP o PSOE más socios nacionalistas) que sigue instalado hasta el día de hoy. Todos los intentos de terceros partidos posteriores, como el CDS del propio Suárez o el Democrático Liberal de Garrigues Walker, no lograron sobrevivir al fracaso electoral.

El ecosistema de partidos es sumamente hostil para las formaciones nuevas, con la relativa excepción de las grandes crisis sistémicas como lo fue la propia Transición española. Sin embargo, incluso en ese momento favorable fueron muy pocos los partidos supervivientes a los primeros embates, y fueron muchos, varios miles, los inscritos en el Registro de Partidos. Sin tanta exuberancia, hoy asistimos a una eclosión parecida.

Es posible que la historia un tanto deleznable de la UCD fuera la más probable desde una perspectiva evolucionista: nació, mató al padre para que se cumpliera la profecía freudiana, cumplió un breve papel, el de procrear abundantes secuelas devoradas por el bipartidismo, y murió exhausto.

La cuestión es si UPyD, el único partido nacional que ha tenido éxito continuado desde la dimisión de Suárez y el 23F, debería imitar ese ejemplo agregándose a la sopa de letras políticas actualmente en ebullición. Si debemos soportar, como ejemplos de democracia, a nuestros propios barones e intrigantes por la “renovación” sin demasiados escrúpulos políticos. Desde luego, mi respuesta es clara: de ninguna manera. Ni la crisis política de 2014 es la de 1976, ni la solución está en un liderazgo como el de Suárez, o en una hueste de baronías como la que creó, ni en una salida como un nuevo bipartidismo. Y menos en un partido como la UCD, sin proyecto y abocado a la lucha entre aspirantes a líder y sus clientes.

 UCD Suárez

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16 comentarios a “De cómo UCD liquidó a Suárez, procreó el bipartidismo y se suicidó”

  1. roman dice:

    Me parece muy acertado esta reflexión, como otras tuyas. Sin embargo, creo que UPyD debe centrarse y a veces escorarse. Me explico, debe centrarse en temas como política, el camino del centro siempre es mejor y debe escorarse en ocasiones y ahí es donde le veo su punto flaco. Pongo un ejemplo, en temas medioambientales debiera tomarse en serio la propuesta de “arbolizar” España, es decir, asumir criticamente la propuesta de reforestar España plantando 2000 millones de arboles y arbustos hasta 2030. Se debieran crear grupos específicos para estos temas y el objetivo por una parte es que se sumen a UPyD votos de ecologistas (que no partidos) e ilusionar a las gentes. Otra propuesta como la renovación del SENADO se debiera reenfocar y expresar como que UPyD está por la abolición del SENADO a no ser que haya una transformacion importante del mismo, es decir, primero eliminar el senado como mensaje. Propuestas que haría que UPyD recibiera los votos de sectores que si no votarían a otros partidos. Vamos a ofrecer objetivos que sean asumibles por votantes de otros partidos pero sin asumir los partidos.
    No sé si me he explicado.
    Gracias

  2. Los tiempos cambian, las circunstancias también y la historia está para enseñarnos los errores y tratar de no repetirlos.
    Estupendo recordatorio de nuestra historia.

    • Entiende vd. las cosas de un modo muy retorcido. Pues claro que UPyD es el único partido nacional posterior al 23F que ha tenido éxito hasta ahora. El CDS no sobrevivió a la retirada de Suárez. Y los demás que han ido creándose no se han consolidado como partido nacional o han desaparecido. Incluso el PCE tuvo que disfrazarse de Izquierda Unida para sobrevivir. Los hechos son hechos, no opiniones. Saludos.

      • Carlos dice:

        Quizás lo he visto algo retorcido, no se lo niego. En cualquier caso no suena igual para mí, decir como ha escrito “el único partido nacional que ha tenido éxito continuado desde la dimisión de Suárez y el 23F” , a decir “el único partido nacional desde la dimisión de Suárez y el 23F que ha tenido éxito continuado”.

        En el primero la referencia temporal da a entender que el partido no ha parado de tener éxito desde 23-F (cuando aún le faltaban 26 años por nacer).

        En el segundo caso lo entiendo más como lo que ha querido transmitir.

        Son matices. Si lo lee detenidamente quizás pueda verlo como lo he visto yo

        Un saludo

  3. Carlos dice:

    Dice “La cuestión es si UPyD, el único partido nacional que ha tenido éxito continuado desde la dimisión de Suárez y el 23F”….por el amor de Dios. Con todos mis respetos. ¿Cómo puede escribir eso?. Un partido que se fundó en 2007, y afirma que ha tenido éxito desde 1981…este tipo de afirmaciones, son las que alejan al ciudadano de los políticos. UPyD no necesita este tipo de “engaños” para atraer votantes.

  4. Fede Cardenas dice:

    Gracias por el artículo Carlos.
    Coincido con la parte central y me parecen muy reveladores los datos que dan fé del “Urano” en que se había convertido UCD respecto a sus “hijos pródigos”, no sólo, pero especialmente feroz con Suárez.

    Pero ese fuego del caldero también lo encendían una AP que ya atisbaba la disolución de UCD con un Fraga que jamás perdonó a Suárez haber ocupado su sitio o el sitio que él jamás llegó a ocupar (labor luego continuada por Aznar que deseaba tanto la fagocitación del CDS
    como cualquier bipartidista de ahora desea “aplastar a UPyD como una nuez”) y el PSOE que tenía que devolverle la legalización del PCE a Suárez, en las urnas vía @FernandezOrdoñez método casi a lo KGB.

    Sólo hay una parte dentro de lo expuesto, que creo que se podría recalcar dentro de lo que llamamos tercera España: estoy de acuerdo que lo de la amalgama acaba como UCD y UPyD tiene su proyecto y personalidad definida antes que “los nuevos partidos posteriores” pero opino que el hecho en sí de la existencia de una UCD o un CDS supone la tercera puerta que articulaba un cerrojo al nacionalismo, articulaba una alternancia con posibilidad de no existir mayorías absolutas y permitía que el resorte del Pacto funcionara como mecanismo regulador del sistema y en eso UPyD recoge el guante para desde la “D” que comparte con UCD y CDS (aparte de la macro idea de Unidad de España) proporcionar una tercera vía que es condición necesaria para provocar una reforma del sistema constitucional, de la democracia y salvar las maldades que nos persiguen desde hace 35 años.

    Es ese meeting point, el que nos hace a muchos sentirnos “cómodos”, en un mono de trabajo parecido al que se tuvo que poner el Presidente Suárez, en la primera vuelta de tuerca democrática del sistema, aunque bien es sabido que es un camino por asfaltar para pisar con paso firme.

    La simitid desde mi punto de vista está en la regeneración, en la democracia como destino y en la tercera vía como instrumento para seguir “viajando hacia ella”.
    El espíritu de la concordia, el coraje y el consenso es lo que recupera en estos días un pueblo español que ansía un personaje, un proyecto y un cambio que le devuelva la ilusión y la fé en “la cosa de todos”

    Un abrazo

    Fede

  5. CitizenPepe dice:

    Si bien UCD fue un partido instrumental y circunstancial, nacido para cumplir el papel que era necesario asumir en la transición, no hay que dejar de lado el hecho de que la idea de partido que le hizo merecedor del voto mayoritario en ese momento era novedosa y también transversal, en tanto que intentaba distanciarse del rancio menú ideológico existente en ese momento y recoger la idea de “centro” esto es, una nueva (para aquel entonces) forma de hacer política desnuda de toda convicción ideológica doctrinal. Este era un anhelo profundo en muchos de los españoles que por aquel entonces, recelaban por igual de los extremismos izquierdistas y de la bien conocida forma de gobernar de la derecha franquista. Yo era un niño en aquellos años, así que solo guardo las impresiones “emocionales” que suscitaba el tema político en mi entorno (como norma bastante rechazo generalizado).

    Y lo leido y escuchado por mí a lo largo de tods esos años me hacen pensar que esa idea también era propia de Adolfo Suarez. Es algo que los historiadores y analistas dejan de lado y que, sinceramente, tengo curiosidad por conocer. De ser así, también cabria reconocerle una profunda sensibilidad social para entender qué era lo que el pueblo español estaba demandando.

    Luego los hechos demostraron que el transversalismo de la UCD no iba más allá de su nombre, y que la variopinta composición del partido tenia querencias a izquierdas y derechas. La crisis económica hizo el resto para que los españoles dejaran de apostar por esa idea que, sin embargo, ha seguido latente hasta nuestros días. La necesidad de un discurso nuevo distinto al guerracivilismo que tanto hastía, pero que todavía alimentan unos y otros.

  6. Rubén dice:

    Me parece que no se trata de evitar el ejemplo de UCD, que creo en este partido todos tenemos claro que no es bueno por lo que se dice en este artículo. Creo que lo hay que pensar es por qué el CDS no funcionó, y no cometer sus mismos errores. Y eso no se explica en este artículo. El peligro que tiene upyd no es acabar como la ucd, más bien acabar como el CDS. Hay que hacer partido, ampliar su estructura y su base. Ser firmes sin ser intransigentes. Ser hacedores de consensos. A veces pecamos de rigidez. Y estar en España y en Europa con el republicanismo y el radicalismo. No tengamos miedo a la gente! No tengamos miedo a formar parte de estructuras políticas europeas afines a nosotros! Entre todos constuiremos una Europa mejor.

  7. José Serna Lorente dice:

    Hola Carlos, gracias por este magnífico resumen histórico.

    Me quedo con el carisma de Adolfo Suarez, y como, además de conseguir llevar a España a través de una transición desde la dictadura a una democracia, supo mantenerse en ese “nido de víboras” que era la UCD y en el que haciendo verdaderos ejercicios de equilibrismo demasiado tiempo mantuvo a raya a aquellos que le querían mover la silla para obtener cuotas de poder, obteniendo como consecuencia la desaparición de todos ellos del mapa político.

    Un placer leerte y analizar con detenimiento tus escritos.

  8. Pendleton51 dice:

    Gracias Gran Articulo!!

  9. Jose Luis C dice:

    Que fue un error crear un partido de notables (UCD) puede ser, pero que igual o mayor error fue crear un partido personalista (CDS), de eso no cabe ninguna duda. La pregunta es si es posible hoy establecer un partido de notables sin caer en los errores de UCD. Personalmente creo que es posible, la sociedad ha avanzado, y las técnicas de gestión de organizaciones también. No hay más que mirar al partido liberal británico, que ha tenido éxito y que no ha sido fagocitado por Cameron, a pesar de formar parte del gobierno. La clave es aplicar los nuevos conocimientos que tenemos ya y rodearse de los mejores. Nada será perfecto, pero es lo que necesitamos. Para ello hay que apostar por ser diferentes no solo en el fondo sino en los métodos y formas de toma de decisiones y creación de equipos de éxito. El reto es enorme pero la alternativa.es bucear en la melancolía o e la indigestión del pasado, que una y otra vez amenaza con volver..

    Lo que sí sabemos es donde acaban las aventuras personalistas, aunque pasados los años te puedan hacer un funeral muy bonito.

  10. Patricia dice:

    Es la primera vez que entro en su blog, jejeje, y me parece estupendo. Gran relato y gran verdad, Carlos. Yo tengo 32 años pero sí me parece que Suárez debió de ser un gran presidente y estoy totalmente de acuerdo en su artículo. El fin de Suárez fue el inicio del bipartidismo, para bien y para mal, más males que bienes nos ha traído, lamentablemente.
    A menudo, como diría Miguel Ríos en Santa Lucía, jejej, pienso que UPYD es ese partido bisagra que no consiguió ser CDS porque se lo cargaron. Y no me gustaría que se lo cargaran igual que a los otros.

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