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Un partido de renunciantes

En vísperas del sexto aniversario de UPyD y a poco más de un mes de la celebración de nuestro II Congreso , creo que es interesante recuperar este post que publiqué apenas unos días antes del acto fundacional de Unión Progreso y Democracia en la Casa de Campo de Madrid en Septiembre del 2007 .

“Un partido de renunciantes”

El tema que propongo es un poco raro. Iré al grano: para hacer un partido novedoso, capaz no sólo de impulsar sus propias políticas representando a los electores sino también de revitalizar el sistema democrático, ese partido debe estar integrado por personas dispuestas a renunciar a una completa satisfacción de sus aspiraciones. No me refiero a aspiraciones económicas o emocionales, claro está, sino a las ideológicas. Dicho de otro modo, para que esto funcione todos los interesados tenemos que aceptar una dosis variable de insatisfacción. Deberemos renunciar a algo que consideramos valioso.

Los liberales deberán aceptar algunos puntos de vista socialistas, y viceversa. Quienes se declaran orgullosamente de izquierdas deberán encajar que a otros esa distinción les parezca banal o humorística. Los ateos no predicarán, y a cambio los creyentes admitirán la privacidad de su fe. Los muy convencidos deberán admitir que no todos lo estén tanto. Los dubitativos también aceptarán que otros duden muy poco. Los antinacionalistas furibundos deberán soportar que otros sean críticos pero más moderados en la forma. Los que detestan esto o lo otro deberían esperar que algunos no detestaran las mismas cosas ni con igual exaltación, al igual que harán los enamorados de una u otra sugestión. Como pasa en la vida misma.

Lo cierto es que los partidos clásicos se arengan a sí mismos y a sus huestes en rituales de autoexaltación donde, ante todo, brilla -como una navaja albaceteña del amigo Cesio- la importancia de la unidad inquebrantable y la unanimidad de propósito y visión: una comunión mística (no son nada laicos). Un bluf. Unidad sí, pero con aceptación de la diversidad que también está en la base de nuestro propósito común, que además sabemos transitorio: desaparecerá cuando hayamos conseguido nuestro objetivo fundamental, como desaparecen los movimientos cívicos sensatos cuando cumplen su misión, a diferencia de los chocheantes partidos centenarios. A nosotros nos conviene un entusiasmo escéptico y una pasión refrigerada por el humor y la tolerancia bien entendida. Como en la vida misma. La distancia que separa a los partidos clásicos de la democracia también aparece en su promesa infantil de una felicidad redonda, sin aristas: la Tierra de Jauja, la Patria Libre, el Cielo.

Pues no: la democracia es un sistema donde se nos reclama, como norma, renunciar. Aceptar al diferente, perder con sentido deportivo, ganar sin ansias de revancha, renunciar a la consecución de lo que nos gustaría que el mundo fuera en beneficio de lo que puede ser decentemente para todos por igual. Se nos promete, a cambio, una satisfacción moderada, sapiente: el mundo sería insoportable si nos empeñáramos en convertirlo en un paraíso, camino seguro al infierno (el siglo pasado rebosa de trágicos desenlaces de esa mala historia). Renunciar a la satisfacción total es clave para mantener la libertad: lo demás es vicio. Así que nadie se extrañe ni lamente en esta aventura en la que nos hemos metido si el resultado no satisface al cien por cien todos sus deseos y condiciones previas: lo mejor es dejar esa ambición excesiva para los adictos a sustancias alucinógenas y vicios inconfesables. O sea: si usted espera que le demos la razón en todo lo que considera fundamental, mejor búsquese otro partido. La oferta es amplia (arriba, por ejemplo, renunciantes -yoguis- junto al Ganges).

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10 comentarios a “Un partido de renunciantes”

  1. Los hombres somos capaces de ordenar las prioridades de lo secundario.
    Por eso UPyD se creo para solucionar lo urgente, para atacar los peligros más cercanos, y para eso nos unimos hombres y mujeres de distintas ideologías, y nunca obtendremos todo pero sí estamos consiguiendo lo que importa a todos.

  2. Javier Seijas Quintana dice:

    Sí, mi experiencia de pertenecer a un partido es bastante así, uno va aprendiendo que sus ideas sobre el partido no siempre (incluso a veces raras veces) se cumple.

    Seguramente la percepción de los que no estamos en la primera línea (diputados, concejales …) es muy diferente a la percepción de éstos, en buena parte porque desconocemos las grandes dificultades que seguro tienen para avanzar.

    Algo parecido a la convivencia matrimonial donde seguramente el respeto y la cesión son más importantes que el amor (las ideas).

    Sí considero en todo caso debemos procurar ser todos particularmente intransigentes en no perder de vista las 3-4 ideas básicas de nuestra “marca” , nuestro manifiesto fundacional, eje del “contrato” que a todos nos une. Que los árboles del bosque cotidiano no nos impidan ver el horizonte deseado.

    “Dos años ya, casi no lo puedo creer …dos años tu y yo y la lamparita gris de papel …” cantaba la Romántica Banda Local. Seis años ya …cómo pasa el tiempo …

    Un abrazo

  3. Alc dice:

    Excelente artículo.

    Solo una cuestión. ¿Qué tal si en este II Congreso los federalistas renunciárais a imponernos vuestro federalismo, para que así todos los no federalistas podamos sentirnos más a gusto con y/o en el partido sin imponer nosotros tampoco nuestro centralismo, autonomismo o lo que sea?.

    Creo que el modelo de estado se debe elegir mediante referendum en todo el territorio nacional. Y que esa debería ser la postura de UPyD. Abierto y democrático.

    • Alc dice:

      Supongo que el siguiente comentario iba realmente dirigido en respuesta a mi comentario anterior:

      «Carlos Martínez Gorriarán dice:
      25 septiembre 2013 a las 8:42 pm

      Pues no amigo mío, renunciar no es carecer de un proyecto como el Estado federal. Lógicamente, quienes no lo compartan tienen todo el derecho a tratar de convencernos a los demás de que es una equivocación. Pero un partido sin proyecto no es un partido, es una tertulia o algo así. Saludos.»

      Si no me equiovoco, tengo entendido que hay una ponencia en el Congreso que promueve el grupo estudiantes, precisamente a este respecto.

      Espero que en el congreso debatáis con profundidad y sin cerrazón sobe el tema, porque creo que es una cuestión realmente importante y, lamentablemente, cada vez más urgente.

      Por último, no creo que defender que la ciudadanía de todo el país podamos decidir qué modelo de estado (federal tipo alemán, centralista tipo frances, confederal tipo PSOE, etc.) queremos mediante un referendum nacional en el cual podamos votar todos (y no solo los habitantes de una determinada región), signifique carecer de un proyecto político.

      Y ya puestos, lo suyo sería poder votar también en referendum si queremos monarquía o república.

      No veo por qué defender esos referendums, previos a una reforma constitucional profunda, signifique que un partido político no tenga proyecto.

      De hecho, creo que UPyD podría incluso defender simultaneamente que la elección del modelo de estado se haga mediante referendum, y ser también partidarios de un modelo de estado determinado (federal, centralista o el que sea).

      Un abrazo.

    • Alc dice:

      En cuanto a lo de que «quienes no lo compartan [el Estado Federal] tienen todo el derecho a tratar de convencernos [en el Congreso] a los demás de que es una equivocación»:

      Podéis seguir así. Contemplando el estado federal dentro de vuestro ideario o vuestro programa. Y esperar a que los afiliados que no estén de acuerdo y quieran cambiarlo, lo consigan en un Congreso.

      Eso presupone que esas personas que no creen —creemos— en el federalismo estén —estemos— afiliadas a un partido que sí propopoe eso.

      En mi opinión es una premisa falsa. El federalismo de UPyD solo sirve para alejar del partido a muchos ciudadanos que no creemos y/o no somos partidarios del federalismo. Ciduadanos que sí estamos de acuerdo con el resto del ideario y el proyecto político, y particularmente con la parte más sustancial y que define al partido. Esto es, como explicó Irene Lozano recientemente en TVE:
      – Unión: unión de la nación española,
      – Progreso: progresismo;
      – y Democracia: regeneración democrática.

  4. Javier Román Mota dice:

    Enhorabuena por el artículo.
    Si estoy de acuerdo, pero para mí sería una satisfacción que UPyD consiguiera convencer a todos los grupos parlamentarios que renunciaran a sus privilegios personales. Me explico: Que mediante una reconversión dimetrálmente opuesta a sus intereses permitieran que se promoviera la reforma de la Ley Electoral General, que se devolvieran la Estado las compentencias esenciales para sostener la sociedad de bienestar, que se articulen mecanismos, procedimientos y protocolos para que todos los españoles seamos iguales sin discriminación por razón de vecindad…
    Un saludo desde el G.M. UPyD del Ayuntamiento de Madrid.

  5. guti4cid dice:

    Totalmente de acuerdo, se busca lo que nos une, no el 100% de lo que cada uno de nosotros pensamos pues es imposible….
    Siguiendo esta lógica, me pregunto si queremos un día retomar el contacto con el partido “Ciudadanos” y hacer algún tipo de pacto…que supondría el espaldarazo definitivo al partido.(Ya sé que “Ciudadanos” hizo cosas extrañas como la asociación con “Libertas”, etc…, pero hay una masa de potenciales votantes que no se puede perder…).

    Saludos
    Pablo Cid

  6. Ana54 dice:

    Sr. Gorriarán, que nivelazo de artículo. No lo conocía. Es una reflexión sabia, tierna – por la comprensión de lo que es nuestra sociedad-, modesta, valiente y con un aroma a esencia democrática embriagador. No acabo de creérme lo afortunada que soy por partida doble: la existencia de UPYD y el rigor en los planteamientos y en su defensa que magníficamente realizan en el congreso de los diputados. Ánimo, y no se le ocurra no continuar. No sé si lo sabe, pero es un lujazo oírlo, con esa sencillez y clarividencia.

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