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El papel de la transparencia en el rescate de la democracia

Quizás suene raro hablar de “rescate de la democracia”, pero cada día que pasa se trata de un rescate más urgente. La democracia podría no sobrevivir a una crisis que no sólo parece inacabable, sino que se recrudece de vez en cuando por las decisiones de instituciones que, siendo formalmente democráticas, prescinden de las reglas de la democracia a la hora de tomar decisiones. Me refiero, por ejemplo, al desgraciado y estúpido modo en que las instituciones europeas, más el FMI, han llevado el fallido rescate de Chipre.

Para la mayoría de la gente, la democracia es un do ut des. El contrato social democrático consiste en que los ciudadanos pagan sus impuestos, eligen a sus representantes y respetan las leyes (todo ello en grado variable de cumplimiento) a cambio de que el Estado garantice seguridad, prosperidad y tranquilidad. Si estas tres cosas fallan durante mucho tiempo, aparecen mesías más o menos peligrosos que se ofrecen a restaurar esa sagrada trilogía: seguridad, prosperidad y tranquilidad.

Pasó en muchos países europeos entre 1918 y 1945; en ese periodo, en Europa la democracia sólo sobrevivió, con enormes dificultades, en Gran Bretaña, Suecia, Suiza e Irlanda. Conviene recordar que la democracia es muy frágil, y que las crisis económicas y políticas prolongadas le sientan tan mal como bien a sus enemigos, algo que sin ir más lejos ya se ha ido viendo en Grecia e Italia (y en Venezuela).

Debido a su fragilidad, la democracia está condenada a reinventarse sin cesar. Por eso la breve historia de la democracia moderna es una sucesión de cambios incesantes: reformas de la constitución política, ampliación de derechos y creación de otros nuevos, invención de nuevas instituciones. El acceso a la información y la transparencia son de los últimos derechos e instituciones incorporados al elenco. Pero en España todavía no hemos aprobado siquiera una Ley de Transparencia (estamos en las primeras fases de la tramitación), mientras Ruanda estrenaba hace poco una muy avanzada. Y eso explica por otra parte la profunda institucionalización de la corrupción en nuestro sistema político: la transparencia es su antídoto.

El retraso español en política de transparencia, caso único en la Europa democrática, puede explicarse por muchas razones, desde la herencia de pactos de opacidad del régimen de la Transición (la amnesia política tendida sobre la dictadura es decididamente poco transparente) a la debilidad de una sociedad civil poco exigente. Porque la transparencia es básicamente una reclamación cívica surgida en las sociedades democráticas más maduras. Nace del principio de que toda la información que concierne a las personas, en poder de las administraciones del Estado, debe ser de libre acceso, salvo aquella, tasada, que afecte a la seguridad y al derecho a la privacidad. Y ello por dos razones: porque es una información de todos, propiedad de los ciudadanos, que el Estado sólo custodia, y porque cualquiera tiene derecho a saber en qué y cómo se gastan sus impuestos o lo que una administración guarda sobre él y sus bienes.

El concepto ha ido ampliando su radio: del derecho a saber cómo se administran los bienes públicos que salen de nuestro bolsillo, lo que implica conocer cómo se ejecuta un presupuesto, cómo se contraen deudas, cuánto se paga a los representantes públicos, que organismos reciben subvenciones públicas, etcétera, se ha pasado a considerar que el acceso a la información es un derecho básico que debería estar reconocido expresamente en la Constitución (no lo está en la española, por ejemplo), y que la política de transparencia debe ir mucho más lejos que la mera publicación pasiva, parcial y a petición, de datos en poder de la administración.

Ya se debate  si la obligación de transparencia no debe incluir no sólo ya a quienes reciben subvenciones públicas sin excepción (eso ni se discute, como aquí pretenden hacerlo PP, PSOE, CIU o PNV), sino a cualquier organismo o entidad privada cuya influencia (poder) en la economía, la seguridad o la política del país sea tanta que pueda condicionarlas. Eso significaría que también bancos y grandes empresas estratégicas -por ejemplo, las energéticas, grandes corporaciones industriales y grandes grupos de comunicación- estarían obligadas a hacer públicas informaciones que ahora se consideran privadas.

La transparencia está muy vinculada a otra institución poco desarrollada entre nosotros: la dación de cuentas. Es la cara activa de la transparencia y el gran antídoto contra la opacidad: la obligación de los cargos públicos, administraciones e instituciones políticas de dar cuenta pública de sus actos y responder a cualquier cuestión pertinente sobre los mismos.

Veamos ahora en qué modo transparencia y dación de cuentas mejoran la democracia y pueden rescatarla de sus males degenerativos. Pondré dos ejemplos: la ruina de la mayoría de las Cajas de Ahorro españolas, y el rescate de Chipre por la Trokia (UE, BCE y FMI).

La ruina de las Cajas (51% del sector financiero español) fue consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria, pero esta burbuja no se infló sola: fue cebada a conciencia por decisiones políticas y también por la credulidad de la gente (favorecida por la poca o nula crítica de la burbuja en los grandes medios de comunicación). De haber habido políticas exigentes de transparencia y dación de cuentas de los responsables de las Cajas, nombrados por partidos políticos, sindicatos y patronales, es obvio que la verdadera situación financiera de las Cajas se habría conocido mucho antes de que fuera irremediable elegir entre rescate del Estado (que ha resultado muy erróneo y dañino para el interés general) o la quiebra ordenada. Pero además se habría sabido a tiempo que los gestores de esas Cajas eran una mezcla de ineptos y saqueadores, y se podría haber desmontado a tiempo esa bomba de relojería financiera que eran esas Cajas al servicio del poder político, sindical y empresarial.

Lo mismo cabe decir del fallido y chapucero rescate de Chipre. La Unión Europea está demostrando un enorme déficit de transparencia y dación de cuentas compatible con altos niveles de exigencia en ambas cosas en algunos de sus Estados miembros. Obviamente, porque la UE no es un Estado aunque se vea obligada a tomar decisiones propias de uno. Pero lo hace con total opacidad y sin responder ante nadie, pues el Parlamento Europeo no tiene la capacidad de obligar a la Comisión a responder de sus insensateces en los rescates, ni al BCE de su política de salvación de la banca y abandono de los Estados. La consecuencia es que nos enteramos de decisiones tan graves como el rescate de Chipre cuando ya están tomadas y no pueden corregirse.

Transparencia y dación de cuentas no son la panacea, que desgraciadamente no existe. Pero sí poderosas instituciones para el desarrollo de la democracia, su mejora y la preservación de su eterno peligro, el secuestro del interés general por el de poderosos grupos de interés particular, sean partidos políticos descarriados o corruptos, o poderes financieros y económicos. Para ser eficaces y no mero papel mojado en el BOE, necesitan actuar en sinérgica combinación con una justicia independiente y con reguladores independientes con capacidad sancionadora. Y por supuesto, con ciudadanos responsables, activos y exigentes. Pero de esto último hablaremos otro día.

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14 comentarios a “El papel de la transparencia en el rescate de la democracia”

  1. David dice:

    Por eso debéis modular vuestro discurso de “la solución a la crisis solo podemos encontrarla dentro de Europa porque fuera de la UE…”. Porque oiga, según que Europa y de que manera. La gente cada vez esta mas al tanto de que esta UE esta casi tan podrida como nuestro propio sistema y los discursos buenistas que ignoren este hecho no van a colar.

    • ElviejoWerther dice:

      Criticar la UE no debe ser sinónimo de no querer estar, sino de querer estar y mejorarla.
      Es como si criticar la política nacional implicase una apuesta por la desmembración del Estado…..

    • Alc dice:

      La regeneración democrática debe comenzar por Europa. Sin embargo es un profundo error creer que la solución a los problemas actuales puede pasar porque España deje de pertenecer a la UE mientras esta no se reforme.

      Es como creer que es deseable la independencia de alguna comunidad autónoma mientras el funcionmiento institucional y/o democrático de España no se reforme.

      La UE necesata urgentemente un auténtico proceso constituyente, para:

      1.- Redactar una auténtica Constitución Europea, que establezca derechos y obligaciones iguales para todos los ciudadanos europeos y regule el funcionamiento institucional de la UE de forma democrática y transparente.

      La actual Constitución no es tal, sino un mero texto refundido de varios tratados, respetando todas las líneas rojas de cada uno de los 27 estados miembros. Es la legislación y las constituciones de los estados miembros la que debe adaptarse a la Constitución Europea, y no al revés.

      2.- Convertir en un auténtico poder ejecutivo a la Comisión Europea y dotarla de legitimidad democrática. Debe ser elegida de forma directa por los ciudadanos.

      3.- Reforzar el papel legislativo y de control de la Comisión Europea del Parlamento Europeo.

      4.- Eliminar el Consejo (donde están representados los gobiernos de los estados miembros) como órgano de toma de decisiones. Actualmente todas las decisiones importantes dependen del Consejo, ya que los gobiernos nacionales no quieren renunciar a controlar el funcionamiento de la UE. Esta forma de funcionar convierte a la UE en un organismo de tipo confederal, en el cual se sacrifica sistemáticamente el interés general por medio del intercambio de favores e intereses entre los gobiernos nacionales.

      Lo lógico y deseable es comenzar por elaborar esa Constitución Europea, para luego reformar nuestra Constitución Española adaptándola a la Europea. Sin embargo, en mi opnión es tal la urgencia de una reforma democrática en España, que si la Constitución Europea no se reforma —como parece seguro— es preferible reformar ya mismo y cuanto antes la Constitución Española. Incluso aunque hubiera que volver a reformarla en el futuro para adaptarla a una hipotética nueva Constitución Europea.

  2. ElviejoWerther dice:

    Pelota es aquel que con sus alabanzas pretende conseguir ventaja o trato de favor. Bien, ningún trato especial espero ni puedo recibir de Carlos.
    ¿A que viene esto?Quiero tener el placer de manifestarte Carlos, una vez más, mi admiración sin que nadie pueda pensar que hay otro interés que el de apreciar lo bien hecho!
    Sinceramente me deslumbra tu capacidad de análisis, en un pequeño artículo eres capaz de atinar con la clave del tema sobre el que hablas, a la vez que de forma profunda, contundente y clara proponer soluciones pragmáticamente realizables, solo basta “buena voluntad política”
    Solo desear que podáis obtener más representación, para que llevéis a cabo estas “soluciones” que tanta falta hacen en un país en crisis.
    ¡Suerte, Maestro!

  3. David dice:

    Acabo de oír que en Chipre “no habrá votación en el parlamento pues la decisión ya esta tomada”. Es esta la Europa que quiere UPyD ?.

    • Está claro que UPyD quiere una Europa federal plenamente democrática. Pero deshacer lo ya hecho no haría sino empeorar las cosas: se trata de más democracia europea, no de más nacionalismos mezquinos. Y Chipre nunca debería haber entrado en el euro mientras fuera un paraíso fiscal.

  4. La Luz y la Oscuridad son antagónicas y la Oscuridad siempre ha estado asociada al mal.
    Busquemos la Luz, la transparencia que todo se vea y nada pueda ocultarse a la vista de todos, éso es avanzar y mejorar, lo demás es vivir sumidos en un mundo de corrupción.

  5. David dice:

    Ni Chipre, ni España, ni Italia, ni Grecia…bueno, da Igual.

    Quien ha dicho que haya que deshacer nada ? Lo que digo es que tenéis que modular el mensaje porque no es creíble (porque cada vez mas gente esta viendo el percal) si no incluís dentro la critica como hacéis respecto a España. Y hoy es la primera vez que oigo criticas al modelo EU.

    Como ejemplo, es como cuando las mareas salen a la calle maldiciendo recortes y demás sin denunciar ellos mismos y antes que nadie todas las taras, disfuncionalidades y estafas que se dan en la administración cuando los ciudadanos somos los primeros que las sufrimos todos los días. Sencillamente, no son creíbles, no nos tragamos que no estén en la calle básicamente o ademas (según se pregunte) para retener privilegios.

    “Sinceramente me deslumbra tu capacidad de análisis, en un pequeño artículo eres capaz de atinar con la clave del tema sobre el que hablas, a la vez que de forma profunda, contundente y clara proponer soluciones pragmáticamente realizables, solo basta “buena voluntad política” Pues a mi esto me suena muy a peloteo, Werther y llevo siguiendo a Carlos desde hace tiempo y te aseguro que no caga euros, digo oro.

    • Alc dice:

      +1

      Totalmente de acuerdo. En mi opinión también es necesario reforzar en el discurso de UPyD una mayor crítica al funcionamiento de la UE y su falta de democracia, e incidir más en la necesidad de una rofunda reforma institucional y de regeneración democrática también en la UE, y antes incluso que en España.

  6. ElviejoWerther dice:

    David sin duda usted no debe conocer muy bien el castellano ¿verdad?
    Lo adivino por dos detalles:
    1) Porque seguro que no entendió lo que dije sobre los pelotas, quizás mi texto sea grandilocuente y cursi ( ¡mea culpa!) pero no tengo interés por las áureas deposiciones de Carlos, ni por ningún otro beneficio. Realmente disfruto con sus post, ¡ya ve! todos tenemos defectos….
    2) Seguro que usted redactó en perfecto eslovaco (ó cualquiera que sea su idioma) el segundo párrafo de su comentario:
    ( Como ejemplo, es como cuando …../ /….. para retener privilegios.)
    Sin embargo el traductor le jugó una mala pasada, porque no se entiende nada!!

  7. Lucía dice:

    Estando totalmente de acuerdo en que el acceso a la información y a la transparencia son tan necesarios para una mejora de la democracia como imprescindible una justicia independiente para que esta exista, pero hay algo que me inquieta.
    Para que tanto la información como la transparencia sean eficientes, ¿cómo deben estar configuradas? Habrá mejores y peores maneras de protocolizarlas para que sean accesibles (útiles) y no nos perdamos en una maraña casi infinita de datos, ¿no?

    Hay al menos dos maneras de no poder acceder a un dato, porque no esté disponible, (caso actual) y porque esté disponible junto (mezclado, vinculado, desarrollado, interconexionado…) a miles de datos más. Oficial y formalmente habría transparencia, en la práctica (y más aún a nivel ciudadano) no serviría prácticamente de nada, o como mucho para crear la misma falsa sensación de transparencia, que ahora tenemos de democracia por votar cada 4 años.

    Me gustaría mucho saber si están trabajando también respecto a esto, porque no me gustaría que tuviera que escribir al respecto aquello de “deshacer lo ya hecho, no haría sino empeorar las cosas”

    Agradecer su tiempo (y el de sus lectores) y manifestar mi hasta hoy satisfacción con su ideario y su forma de actuar (extensible al partido político que representa)

    • Gracias! Totalmente de acuerdo en lo importante que es la claridad y accesibilidad de la información: debe ser uno de los requisitos que establezca la Ley a todas las entidades objeto de políticas de Transparencia, y vamos a cuidar de que así se haga. Saludos

  8. David dice:

    Aquí todo el mundo se toma todo demasiado en serio !!!

  9. Carlos Calvo Perez dice:

    Encuentro tremendamente acertado el artículo y la tesis defendida; creo que la clave de nuestras exigencias como ciudadanos ahora y en el futuro es exigir que la transparencia y la dación de cuentas de todos los cargos públicos, instituciones con relevancia en el sistema democrático sean políticas o no, como nuevos derechos básicos de los ciudadanos que forma parte de un sistema democrático sean incorporados como genuinos derechos constitucionales en nuestro ordenamiento jurídico a través de La Constitución como norma soberana que es de todos y cada uno de los ciudadanos que formamos parte del sistema democrático español.

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