search
top

Educación: el debate público, el laicismo y el bilingüismo

Parece, si nada lo impide, que el Ministro Wert comparecerá este miércoles 12 en la Comisión de Educación del Congreso para cumplir su obligación de explicar su propuesta de reforma educativa a los diputados. Antes ha dedicado mucho tiempo a publicar borradores y filtrarlos a la prensa, indefectiblemente corregidos tras sopesar las reacciones de los agentes educativos más influyentes, que son las Comunidades Autónomas, los sindicatos y partidos viejos y, ahora con el PP, la Iglesia católica.

No cabe duda de que al menos las primeras y la última han recibido satisfacción de sus demandas: las CCAA con la retirada de la reducción del porcentaje del currículo educativo que les correspondía, y la renuncia a obligar a Cataluña a ofrecer el castellano como lengua vehicular (aunque fuera con un procedimiento tortuoso, privatizador encubierto y probable fraude de ley: obligar a pagar la matriculación en centros privados que sí ofrezcan el castellano como lengua vehicular). Respecto a la Iglesia, puede voltear las campanas con la retirada de Educación por la Ciudadanía, la rehabilitación académica plena de la catequesis, y la ilegítima extensión del sistema de conciertos a centros que practican la separación de sexos. O sea, el procedimiento reformador seguido ha sido el de dar un paso adelante y dos atrás. Y esperen, que todavía queda la tramitación parlamentaria: las previsibles concesiones a los separatistas y poderes fácticos del sistema pueden empeorar el proyecto. Así que en lugar de un Pacto de Estado para una reforma educativa que al menos dure veinte años, tendremos la enésima reforma de la reforma hasta la siguiente mayoría absoluta.

Así pues, el debate político educativo ha sido protagonizado por las CCAA, es decir por el nacionalismo, y por la Iglesia. Como escribía Irene Lozano, es volver al mundo educativo del siglo XIX, cuando la discusión sobre educación casi se limitaba al adoctrinamiento patriótico y religioso. Y así seguimos, en un debate educativo rancio, trasnochado, anacrónico, inmovilista, irreal, inútil. Condicionado por dos ideologías reaccionarias, el nacionalismo romántico y el clericalismo. Añadiré que los sindicatos y asociaciones de “defensa de la enseñanza pública”, tan activas estos días de recortes y “externalización”, tampoco añaden mucha calidad al debate educativo al poner el foco, casi exclusivamente, en las condiciones salariales, la promoción en la carrera funcionarial, la intocabilidad de las plantillas y el monto del gasto público.

Si hay una ausencia clamorosa en este debate es, precisamente, el del modelo educativo o pedagógico. Porque el principal responsable de que, pese al aumento de la inversión pública en educación en los últimos decenios, el sistema ofrezca constantes datos desalentadores en las evaluaciones internacionales como los célebres Informes PISA -y de fracaso escolar o abandono temprano-, es un modelo educativo que debería ser evaluado por sus resultados. Si estos no son buenos, y no lo son, algo tendrá que ver el famoso “modelo comprensivo” que reina desde hace décadas en la enseñanza obligatoria, ¿verdad? Al menos, eso han pensado en muchos países que, tras experiencias parecidas a las nuestras, decidieron introducir algunos cambios estratégicos, como pasar de un modelo orientado a la motivación de “habilidades” y “competencias” (el famoso y fallido aprender a aprender), a la adquisición de conocimientos a través del desarrollo de la lecto-escritura, es decir, del aprendizaje temprano e intensivo de la lectura comprensiva y la escritura competente, o lo que es lo mismo, de saber leer y entender el sentido de un texto hasta ser capaz de comentarlo y reproducirlo tanto oralmente como por escrito. Un aprendizaje básico imprescindible para aprender bien no sólo letras y humanidades, sino también ciencias, matemáticas y otras lenguas (es sintomático que se hable tan poco de que el primer problema del modelo español radica en la Primaria, encargada de esta tarea). Modelo demasiado básico y tradicional quizás para muchos teóricos pedagógicos, de gran influencia política, aficionados a la especulación y tan poco proclives a que se evalúen sus dogmas como a evaluar ellos su aplicación ortodoxa en la escuela pero, sin embargo, un modelo basado en lo que sabemos de la mente humana. Y es mucho lo que se ha aprendido estos últimos 30 años sobre la cuestión (existe todo un campo nuevo, las Ciencias Cognitivas) sin que, al parecer, esto haya impresionado mucho a los más forofos del constructivismo cultural, el modelo pedagógico comprensivo y el paradigma cerebral de la pizarra en blanco. Contra lo que suponían, no son los maestros los que enseñan “a aprender” a los niños, ni los padres a hablar: ambas son funciones innatas de la mente que se desarrollan por sí mismas en un ambiente social.

Para que se entienda: un buen sistema educativo debe adoptar un modelo de aprendizaje fundado en nuestra naturaleza cognitiva. Contra lo que han sostenido durante décadas constructivistas y otros teóricos, la mente humana no es una pizarra en blanco que la pedagogía organiza, despierta y motiva, sino que ya viene de fábrica con una buena cantidad de disposiciones innatas o instintivas de aprendizaje que la pedagogía no puede ignorar y menos reprimir -refutándolas de elitismo o pecados sociales parecidos- sin considerables fracasos. Del mismo modo, los alumnos tampoco son el producto determinista de cierta estructura socioeconómica a redimir en la escuela, aunque sin duda la escuela pública es un poderoso instrumento igualitarista, y el ambiente familiar o los hábitos socio-culturales pesan lo suyo en prevenir o incentivar el abandono escolar temprano; por ejemplo, la razón de que éste haya sido mucho más habitual en las CCAA del Mediterráneo que en las del Centro o Norte peninsular tenía que ver con la abundancia de tentadoras ofertas de empleo barato ligadas al boom inmobiliario y el turismo.

En fin, este es el debate educativo que uno echa en falta en nuestras instituciones y en los medios de comunicación: ¿tenemos el modelo educativo adecuado?; ¿qué han hecho otros países que han mejorado sus resultados con inversión similar a la nuestra, mientras aquí empeoraban? (pues España es el único país de la UE que ha visto como sus indicadores educativos han empeorado en relación con los objetivos de Lisboa); ¿qué deben hacer el Estado, las CCAA, los ayuntamientos y, sobre todo, la propia Escuela y las familias? Esta es la cuestión, pero ¿ha oído alguno de nosotros hablar de esto al famoso ministro Wert, o a los consejeros educativos de las CCAA? Yo no.

No es casual, sino una contaminación de la peor política, que el seudo-debate educativo haya estado monopolizado por dos temas que son sendos síntomas de lo lejos que estamos de la aceptación mayoritaria de una educación laica: las lenguas vehiculares en CCAA bilingües, y singularmente en Cataluña, y el adoctrinamiento religioso en la escuela pública (llamemos a las cosas por su nombre, es mejor para entendernos).

Permítanme extenderme algo sobre qué tiene que ver la presión nacionalista para mantener y aumentar la “inmersión lingüística” con la negación del ideal ilustrado de educación laica.

Hay una confusión de fondo que comparten derecha e izquierda tradicionales. A la primera le regocija abatir la laica Educación por la Ciudadanía y el regreso de las Encíclicas papales al aula; a la segunda le parece mal la vuelta de la religión pero muy bien la inmersión lingüística de inspiración nacionalista. Estoy de acuerdo en parte: las creencias no deben evaluarse como si fueran conocimientos porque NO lo son, pero este principio es de aplicación tanto a las creencias de una fe religiosa, como a los mitos nacionalistas.

Sostener, como hacen no sólo los nacionalistas sino también la paleoizquierda, que la inmersión lingüística es justa y beneficiosa aunque erradique de la educación pública a la lengua materna de más de la mitad de los alumnos -lo que pasa en Cataluña y, en parte, en Baleares- porque así se evita la existencia de dos comunidades lingüísticas, no es otra cosa que abonarse a la manía nacionalista que encuentra en la pluralidad de lenguas y creencias (identidades, las llaman) un obstáculo para construir esa nación unánime, uniforme y monolítica en lo esencial que persigue el nacionalismo étnico. Es por tanto un atropello no ya al laicismo, sino a los objetivos de la educación en una sociedad abierta democrática, pues una educación que practica la inmersión en el adoctrinamiento, sea religioso o nacionalista-lingüístico, es un proyecto de ingeniería social contrario a la libertad.

¿Cómo solucionar el dilema educativo que plantea el bilingüismo realmente existente? Pues asumiéndolo: una educación al servicio del desarrollo integral del sujeto, y del progreso y libre evolución de la sociedad, deberá ser bilingüe en la comunidad política que constitucionalmente lo sea, como sucede en seis de las CCAA españolas. Eso significa que ambas lenguas cooficiales deben ser también lenguas vehiculares ofrecidas a la libre elección de las familias y que, en cualquier caso, el aprendizaje culto de ambas lenguas es un objetivo irrenunciable del sistema. Nada que ver pues con la inmersión lingüística que persigue el ideal nacionalista de una comunidad con una sola lengua “propia” y otras “extranjeras”, aprendidas. Por supuesto, añadir a este debate la inclusión en pie de igualdad del inglés como tercera lengua escolar no hace otra cosa que tender una cortina de humo sobre la cuestión de fondo, ayudando a que se cuele el argumento más rechazable de la “inmersión lingüística”. El pobre aprendizaje del inglés, tan deficitario -aunque no más que el de las matemáticas o la lengua culta-, no debe manipularse para justificar fallos de índole claramente política.

Es lamentable tener que reabrir este debate, y a propósito de la educación obligatoria, en pleno año 2012 e inmersos en una crisis sistémica que implica a la educación. Pero así están las cosas, y en las próximas semanas habrá que dedicarles bastantes reflexiones en este blog y en el Congreso de los Diputados (incluso sabiendo el mínimo eco que tendrán en unos medios rendidos al debate decimonónico más retro: Iglesia y nacionalistas en las aulas, y poco más).

 

 Otros post sobre política educativa: por qué la enseñanza segregada no debe pagarse con dinero público

Share

22 comentarios a “Educación: el debate público, el laicismo y el bilingüismo”

  1. Epaminondas de Tebas dice:

    Por otra parte, si la inmersión en una lengua es tan buena para proporcionar el dominio de dos, ¿por qué motivo no hacer inmersión lingüística en español? Así se aprendería perfectamente catalán, ¿no? Pero no; la realidad es muy otra, como saben muy bien los nacionalistas responsables de política lingüística en las regiones bilingües de España.

    En cualquier caso, y como dice bien Carlos, el debate no es este; el debate es si en el futuro queremos tener ciudadanos formados y con criterio o bien trabajadores sumisos-consumidores poco exigentes-votantes por lo grueso. Mientras sigamos perdiendo tiempo en templar gaitas con el totalitarismo lingüístico (que por definición es insaciable), más tardamos en dedicarnos a lo que de verdad importa: la revisión de los absurdos presupuestos ideológicos de la LOGSE-LOE.

  2. -Yo lo que os digo es que debeis pensar en las patrias y en Dios.
    -Pero estudiar éso es aburrido.
    -Pues entonces suspendereis.
    -Pues entonces no estudiaremos.
    -¿Quereis aumentar el fracaso escolar?.
    -No lo aumentan ustedes son sus leyes inútiles.

  3. Carlos Calvo Pérez dice:

    Celebro que el enfoque que Vd. da a la cuestión de la enseñanza además de atender a la cuestión religiosa y a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, se centra en la cuestión central de la enseñanza y esta cuetión no es otra que la formación intelectual de la mente; efectivamente, las ciencias cognitivas en la actualidad están muy desarrolladas y, no solo ellas, la Epistemología, la Filosofía de la ciencia como estudio de sistemas conceptuales que están ligados, de modo complejo pero indirecto, a los datos sensoriales y un largo etc. nos enseñan que la dirección que ha seguido la Pedagogía que impera en nuestro sistema de enseñanza está radicalmente errada, los resultados no solo de los que no pueden seguir y tienen que renunciar a los estudios, sino de los que siguen, porque han aprobado, y terminan renunciando a los estudios superiores o los completan en un tiempo superior al canónicamente estipulado. Hemos perdido lamentablemente 30 años cuando había a nuestro alcance herramientas muy eficaces: hay muy buenos manuales de gramática, manuales de lógica (como herramienta de análisis del lenguaje distinto del gramatical), manuales de cálculo, etc. Y hemos perdido este tiempo porque no hemos querido ver que el centro esencial de la formación está en el dominio del lenguaje, en el ejercicio de la lectura, en el de la escritura, en el del habla; el lenguaje modela la mente y el lenguaje es la forma de todo sistema conceptual; creo que aquí radica el profundo problema del sistema educativo. Por otro lado, es cierto que la mente no es un papel en blanco y esta hipótesis está fuertemente arraigada en las ciencias cognitivas, en las ciencias epistemológicas, en la ciencia misma y en la filosofía de la ciencia. Pero me temo que la lucha está perdida, vivimos bajo un paradigma que imposibilita enfocar el problema de modo coherente con lo que las ciencias del conocimiento en general nos están indicando. Finalmente, es lamentable que ni el PSOE ni la izquierda aún no hayan reconocido el error de la reforma del sistema educativo que promovieron y nunca debió hacerse en esos términos.

top