search
top

¿Son democráticos todos los referéndums?: ¡De ninguna manera!

El desprestigio de las instituciones de la democracia representativa, que sin duda se han ganado a pulso sus actuales ocupantes mayoritarios (PP, PSOE, IU, CIU, PNV, etc), ha estimulado la corriente de opinión que confía en la “consulta directa al pueblo” como medio ideal para desbloquear su funcionamiento. Nada que oponer por mi parte a la petición de que se recurra más a menudo al referéndum porque es perfectamente legítimo hacerlo… con uno o dos requisitos, a saber: el referéndum tiene que ser tan legal como lo es la celebración de unas elecciones, y debe estar abierto a la participación de toda la ciudadanía concernida, como en cualquier proceso electoral. ¿Aceptaríamos como válidas unas elecciones generales convocadas por el Ayuntamiento de Madrid –un suponer- en la que sólo pudieran votar los afines al PP –supongamos- para elegir el Parlamento que representa a todos? ¡Sin duda nadie lo haría! Pues el mismo rechazo merece un referéndum convocado por quien no debe para decidir por todos y del que se excluye a la totalidad concernida: es el caso del referéndum anunciado por Artur Mas para un día de estos en el que sólo los catalanes decidirían qué clase de relación deberá tener con Cataluña el resto de España, convertida en observador sin voto de la decisión sobre su propio futuro.

Dicho que cualquier referéndum de los llamados de “autodeterminación” es ilegal por que la Constitución no los acepta, e ilegítimo porque excluye a la totalidad de una decisión que pretende tomar sólo una parte, vayamos un poco más allá: desde el punto de vista de los principios y no sólo de las leyes vigentes, ¿son democráticos todos los referéndums? En absoluto, pues como vamos a ver enseguida cualquier referéndum que rompa con las reglas básicas de la democracia no puede ser sino antidemocrático, por mucho que en su curso hable el pueblo y todo lo que quiera añadirse a ese tópico tan manido (el llamado “pueblo” no puede ser en el mejor de los casos sino la suma coral de todas las voces, jamás una voz unánime).

¿Cuáles son esas reglas básicas de la democracia a que me refiero? Básicamente las siguientes: 1 – Aunque la decisión sea siempre de la mayoría, esa decisión no debe abolir ni disminuir los derechos básicos de las minorías (ni de los individuos); 2 – La integridad de los derechos de las minorías (y de los individuos) implica que las reglas que preservan tales derechos no pueden ser sometidas a votación ni derogadas por la mayoría.

No son muchas reglas, pero dan un juego extraordinario. Por ejemplo, que no se debe someter a referéndum determinados derechos básicos como la igualdad ante la ley, las libertades personales básicas (expresión, petición, movimiento etc.) o el propio Estado de derecho con sus instituciones básicas (separación de poderes, tutela judicial, obligatoriedad universal de las leyes, etc.) Desde luego que se puede hacer, pero ese acto sería radicalmente antidemocrático porque rompería las reglas mismas de la democracia (que no es otra cosa que un sistema de reglas formales y performativas, es decir, cuya puesta en práctica produce el juego que llamamos “democracia”). Esa es la explicación de que muchas dictaduras no hagan ascos a la celebración de referéndums y plebiscitos, sencillamente porque su celebración no es en sí misma un acto democrático e incluso puede servir para cancelar la democracia misma por un acto de -suicida para la democracia- “voluntad soberana del pueblo”, en la línea de Carl Schmitt, el ideólogo jurídico del nazismo. Por ejemplo, Hitler interpretó como un plebiscito a su favor las elecciones de 1933 que le auparon al poder –sin mayoría absoluta-, y explotó el resultado para derogar las instituciones democráticas de la República de Weimar mediante la llamada “Ley Habilitante“,  justificándose en el mandato del pueblo alemán y en la superioridad del sagrado Volksgeist sobre cualquier institución civil. Y hay otros casos semejantes, aunque sus consecuencias no fueran tan funestas para el mundo. A Franco los referéndums también le gustaban mucho para tratar de legitimar su régimen sin celebrar elecciones democráticas, y celebró dos. El modo habitual de justificar estos plebiscitos antidemocráticos es contraponiendo democracia a voluntad popular, dando por hecho –lo que es cierto- que la democracia limita el poder del pueblo como lo hace con cualquier otro poder absoluto. Dicho de otro modo: si usted confía en la superioridad política y moral de la soberanía popular ilimitada y absoluta o cualquier epíteto parecido, en realidad usted no cree en la democracia.

Contra lo que defienden los defensores de la democracia plebiscitaria basada en referéndums, no hay ninguna garantía de que esas decisiones sean mejores para el desarrollo de la democracia, entendiendo por tal las instituciones que desarrollan la igualdad y la libertad personal, que las decisiones que se toman en una democracia representativa (siempre que ésta funcione como es debido, claro está). Un referéndum, por definición, somete cualquier asunto, por complejo que sea, a un si o a un no sin paliativos. Y si bien algunos asuntos, como por ejemplo aprobar una nueva Constitución, requieren esa decisión binaria, otros muchos no. La democracia representativa tiene a este respecto la ventaja de que somete la decisión a deliberación pública y a transacciones que pueden recoger y conciliar distintos puntos de vista e intereses distintos que son excluidos del si o no tajante. Por eso mismo los referéndums pueden chocar, paradójicamente, con libertades garantizadas por la respectiva Constitución: tenemos un ejemplo reciente en el referéndum celebrado en Suiza en 2009 sobre la libertad para construir allí mezquitas con su minarete, de resultado negativo pese a que la libertad de culto está garantizada por la Constitución helvética, con lo que ese resultado discriminaba la igualdad de los suizos musulmanes con los suizos de otras confesiones religiosas (segregación basada en motivos inconfesables…) O el celebrado en California, igualmente negativo, sobre el matrimonio gay; fue el Tribunal Supremo federal el que derogó el referéndum al considerarlo inconstitucional tras un largo debate público. Pensemos en esto último: ¿no es mejor para las libertades personales someter el matrimonio gay a las deliberaciones de un Parlamento que a la decisión de una mayoría que puede lesionar los derechos de la minoría sobre la que se pregunta? Me parece evidente que es así.

De manera que bienvenidas sean las propuestas para aumentar el control ciudadano sobre las instituciones y más participación en la toma de decisiones, incluyendo la celebración más frecuente de referéndums o facilitar la iniciativa legislativa popular, pero con esas dos condiciones previas: que el referéndum nunca ponga en tela de juicio derechos y libertades básicas, y que no dé pie a la segregación de una minoría por decisión de una mayoría. Además de ser legal, por supuesto. Conviene repetir algo tan olvidado como que el primer principio de la democracia es la obligatoriedad de las leyes democráticas y la igualdad de la exigencia de su cumplimiento. Incluso, o sobre todo, para altos cargos como el President de la Generalitat de Catalunya, cuyo sitio, en el caso de que convocara un referéndum ilegal y antidemocrático por añadidura, no debería ser otro que el banquillo de los acusados en un juicio, con un par de policías detrás y cerca su abogado defensor. Eso es la democracia, y lo otro una caricatura preámbulo de su destrucción.

Share

8 comentarios a “¿Son democráticos todos los referéndums?: ¡De ninguna manera!”

  1. Sake dice:

    -En mi pueblo vamos a hacer un referendum para no pagar impuestos ningún vecino, de ése modo viviremos mejor en el pueblo.
    -Pero si éso no es democrático ¡muchacho!.
    -Es igual pero nos ahorramos los impuestos.
    -Mira que éso no va a ser legal.
    -Es igual, pero mientras tanto los vecinos no se dan cuenta de nuestra incompetencia para administrarles.
    -Ah, bueno si es por éso.
    -Pues claro ¡que te creias!.

  2. Felix_71 dice:

    La reflexión presentada es contundente. La democracia no es preguntar reiteradamente a un rebaño ignorante, por mas que se insista mediante el mas evidente populismo.
    Pero, ¿ cual es la postura de UPYD sobre el referéndum “exigido” por los “sindicatos mayoritarios” ante las medidas del GOBIERNO?
    ¿Reune los requisitos planteados o no? ¿Podría contestarme?
    Gracias.

  3. alc dice:

    En contra de lo que parece que trata de vendernos ahora el nazionalismo independentista, la realidad es que en la transición se instauró el autonismo como un modelo de estado no porque lo decidieran de manera unilateral los partidos nacionales españoles, como a modo de concesión pero sin contar con la participación de los partidos nazionalistas regionales.

    Sino que la Constitución Española y el Estado de las Autonomías fue un pacto entre partidos políticos, en el que participaron de una parte los nazionalistas regionales, y de otra los partidos nacionales españoles. Ambas partes hicieron concesiones grandes y renunciaron en gran medida a sus planteamientos iniciales.

    En Cataluña CiU apoyó la nueva Constitución y pidió el voto favorable. Sin embargo, en el País Vasco, el PNV de manera ruin pidió la abstención, pese a que se habían incluido en el texto toda clase de cuestiones solicitadas por el PNV.

    Algunas de estas cesiones que se hicieron a los nacionalistas, y en este cso concreto al PNV, llegó a la aberración de declarar la derogación de la Ley de 21 de julio de 1876, que se trataba de una ley del gobierno de Cánovas del Castillo (reinando Alfonso XII), que abolió los fueros vascos. Evidentemente, esa ley carecía de ningún tipo de vigencia legal, por lo que obviamente desde el punto de vista legislativo era absurdo y ridículo declarar expresamente derogada dicha ley en la nueva Constitución. Obviamente, la exigencia del PNV no pretendía modificar la legislación en vigor, sino que se trataba de un intento delirante de cambiar la Historia (que es el objetivo real de todo nacionalista).

    Creo que en la situación actual resulta especialmente oportuno recordar esto como planteamiento inicial. Es por tanto un error calculado, la distinción entre partidos constitucionalistas frente a los no constitucionaliostas, como si la Constitución fuera patrimonio solo de una parte (los partidos políticos nacionales españoles) o recogiera solo los intereses, las aspiraciones y los deseos de esa parte.

    Si modificamos la relación de Cataluña (o del País Vasco, o de Galicia, o de cualquier oro ámbito arbitrariamente delimitado) con España, o su encaje dentro de España, estamos modificando algo que se pactó entre todos. Y por tanto no puede ser ahora modificado unilaterlamente por una de las partes.

    Llegados a este punto, si ese referendum llegara a celebrarse, supone de hecho un fracaso de la Constitución, que si deja de ser vinculante para una parte, también lo tiene que ser para la otra. De modo que lo que los catalanes tendrían que votar en todo caso no sería si independencia o autonomía. Sino si independencia frente a integración en el nuevo modelo de estado que deseemos el resto de los españoles. Y que bien podría ser un estado federal, como cualquier otro, incluso un estado unitario centralizado que aunque cuente con sus administraciones regionales, provinciales y/o locales, pero que mantenga entre dichs instituciones una estricta jerarquía ejecutiva y normativa que garantice la igualdad de todos los ciudadanos y la sobernaía del Estado.

  4. alc dice:

    Hemos llegado a un punto en que la Generalitat de Catalunya, el gobierno vasco y cualquier comunidad autónoma incumplen todas las leyes y las sentencias judiciales firmes que desean.

    La única capacidad legal que tiene el Gobierno de Espña para hacer frente a esta situación es aplicar el artículo 155 de la Constitución. En lugar de eso, todos los gobiernos (desde Aznar, Zapatero hasta el de Rajoy) se limitan a hacer declaraciones institucionales, tan grandilocuentes como inútiles, de defensa de la Constitución.

    En este estado de las cosas, toda clase de consideraciones legales y morales sobre la legitimidad de las acciones de las comunidades autónomas carece de aplicación a la realidad. La realidad es que cabe esperar una actuación nula por parte del Gobierno y de las instituciones de España para evitar ese referendum ilegal.

    Asumiendo que ese referendum ilegal se celebrará si el gobierno de CiU así lo decide, y sin ningún tipo de oposición efectiva por parte del Gobierno de España, solo cabe ya por parte de España establecer condiciones para que en Cataluña endiendan qué conlleva exactamente la independencia y al menos voten con conocimiento de causa.

    La celebración de ese referendum y la aceptación de sus resultados supone de hecho la derogación de la Constitución Española; y por tanto también de la autonomía de Cataluña, que emana de la Constitución. Por tanto, en dicho referendum deben elegir si acaso entre independencia o estado federal o centralziado.

    Si eligen la independencia, que sea con todas sus consecuencias. Allá ellos. Un peso fiscal menos para el resto (y todavía nos quedan los subsidiados vascos y navarros).

  5. joan77 dice:

    Muy buenas tardes.

    Usted justifica que no es democrático, fundamentalmente, amparándose en la Constitución. Al respecto, en ‘La república’, Platón nos dice que es propio de los Estados mal gobernados prohibir a los ciudadanos, bajo pena de muerte, tocar la constitución (República, IV, 426c). La democracia no es la constitución sino el sistema democrático. En Francia no van, por ejemplo, por la primera república. Ellos reformarían la Constitución… España tiene un déficit democrático abrumador. Lo siento por ustedes.

    Un saludo.

    Joan Figuerola
    http://opusprima.com

    • alc dice:

      Pero ya que te preocupan tanto los “déficits democáticos“, preocupate por el que existe en Cataluña, donde el electorado está siendo manipulado de forma masiva por unos medios de comunicación controlados por el Gobern (ya sea de forma directa en el caso de los públicos, y mediante subvenciones en el caso de los privados), y por un President que ha optado por incitar al odio contra el enemigo exterior (España) para soslayar su ienludible responsabilidad en la quiebra económica de Cataluña.

  6. alc dice:

    Platón nos dice que es propio de los Estados mal gobernados prohibir a los ciudadanos, bajo pena de muerte, tocar la constitución “. La propia Constitución establece mecanismos democráticos para su reforma. Aunque, esta reforma queda en manos de un Parlamento, que aunque controlado por los partidos políticos, es elegido democráticamente, aunque la Ley Electoral sea clamorosamente injusta.

    Tal déficit democrático existe, pero no en el sentido que usted expone. España es un país democrático.

  7. Carluw dice:

    Menuda paradoja: “Pensemos en esto último: ¿no es mejor para las libertades personales someter el matrimonio gay a las deliberaciones de un Parlamento que a la decisión de una mayoría que puede lesionar los derechos de la minoría sobre la que se pregunta?” ¿No nos quejamos de que en el Parlamento no se hacen caso a las minorías?

    Estoy de acuerdo en que el tema de Cataluña se deba tratar por toda España y que si los políticos de allí quieren independencia,no deben pedir permiso con un referéndum si son verdaderamente representantes de sus ciudadanos(aun así mira como les salió en el 1934)

    Pero ¿qué miedo hay a un referéndum? La gente es ignorante de la política pero no hace que su voto sea estúpido. Si en Suiza se votó eso, es la decisión del pueblo. ¿un error? Probablemente. Pero es un error unido de toda una sociedad.Y el problema de Cataluña es votar en desunión.

    Ahora bien, según estos argumetos…¿cómo se solucionan si no es entre todos y de manera directa las grandes dudas sobre derechos fundamentales como el aborto, la eutanasia, los símbolos del estado o cualquier reforma de la constitución como Upyd propone si no es con un referéndum?

top