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Por qué se debe remunerar a los cargos públicos y subvencionar a los partidos

La revolución americana que conduciría a la creación de los Estados Unidos de América comenzó bajo un lema muy actual: “no taxation whitout representation“, es decir, la negativa de los súbditos de las trece Colonias a pagar impuestos al Rey mientras carecieran de representación en el Parlamento británico (que era quien aprobaba las tasas e impuestos). Hoy asistimos a una protesta latente parecida porque muchos ciudadanos consideran que sus impuestos no les garantizan auténtica representación política, y que los impuestos aprobados por el Parlamento no tienen en cuenta sus derechos. Por eso existe un debate sobre si los partidos políticos, responsables en última instancia del deterioro de la representación política, deberían o no recibir dinero público para su funcionamiento, e incluso si los cargos públicos deben ser remunerados o no.

No es ninguna tontería, sino una cuestión que atañe a los fundamentos mismos de posibilidad de existencia de un sistema democrático, como voy a tratar de explicar. Esa discusión va tomando elevado tono pasional a medida que los recortes de gasto público afectan de modo doloroso a ciudadanos que exigen explicaciones de por qué sus impuestos deben ir a parar en parte a las instituciones, los partidos y los cargos públicos responsables de que se dedique menos a sanidad, educación o servicios sociales. ¿Por qué pagar a esos parásitos mientras se recorta por todas partes? Y sin duda esas explicaciones son necesarias, así como la información detallada sobre lo que cobramos los cargos públicos, las subvenciones que reciben los partidos, lo que cuesta un Parlamento o un Gobierno, etc. Pero hay una cuestión previa: ¿por qué debe dedicarse dinero público a partidos y cargos públicos?

Pues bien, es una exigencia de los propios objetivos y reglas de un sistema democrático: para que exista algo digno de tal nombre cualquier grupo de ciudadanos debe poder formar un partido, y cualquier ciudadano debe poder ser elegido para desempeñar un cargo público con normalidad. Es cierto que ha habido sistemas democráticos sin partidos y sistemas parlamentarios donde no se cobraba por ocupar el escaño, pero ¿qué sucedía en esos sistemas? Echemos una ojeada.

En la democracia asamblearia ateniense no había partidos políticos, aunque sí facciones y corrientes de opinión con un líder reconocido. Muchos cargos públicos eran nombrados por sorteo entre el restringido colectivo de ciudadanos; respecto a los cargos electivos, se esperaba de ellos no sólo que no cobraran nada por su labor sino incluso que sufragaran de su peculio cosas tales como representaciones teatrales y las trirremes de la marina de guerra (lo que los romanos, que hacían lo propio, llamaban munificencia). Ahora bien, ¿qué pasaba con los numerosos ciudadanos sin fortuna que salían sorteados para cualquiera de los abundantes consejos, asambleas y tribunales de la ciudad? Pronto fue obvio que, si no se quería que abandonaran los asuntos públicos por los privados, habría que pagarles una cantidad fija para retenerlos en sus puestos. Inevitablemente, el desempeño de cargos públicos supuestamente altruistas devino en profesionalización de la política (sobre todo para los ciudadanos más pobres, que encontraron así un socorrido modus vivendi) con el consiguiente abono de las tendencias degenerativas del sistema, la demagogia y el clientelismo. Atenas descubrió, con las consiguientes críticas de los detractores del sistema, que la democracia no es barata, y la búsqueda de recursos para financiarla a través de la guerra imperialista fue una de las causas de su caída.

En el veterano sistema parlamentario británico se tardó mucho en aceptar la remuneración pública de los miembros de los Comunes, porque la de parlamentario era una ocupación de caballero, o sea, de un rentista que no necesitaba trabajar para mantener su estilo de vida. Durante esa época aristocrática los Comunes celebraran sesiones nocturnas hasta altas horas de la madrugada, tras lo cual sus señorías se retiraban y dormían toda la mañana, como correspondía a un caballero. La costumbre se mantuvo hasta que la clase media y los trabajadores irrumpieron en el Parlamento de la mano de los partidos liberal y laborista: entonces se hizo evidente que un médico o un linotipista no podían ser parlamentarios si no recibían una remuneración adecuada para dedicarse en exclusiva a su labor. Que, por otra parte, debía ser la misma para todos los parlamentarios puesto que todos eran iguales en dignidad, derechos y obligaciones. Se trataba, precisamente, de progresar en igualdad, o sea, en democracia. Y la única manera de que cualquiera pueda ser elegido para desempeñar un cargo público, y no sólo rentistas o millonarios, es que el erario público se haga cargo de su manutención y de las necesidades que aquel conlleva (como viajar y mantener un despacho con auxiliares administrativos y técnicos). Si sólo los rentistas pudieran dedicarse a lo público no se trataría de una democracia, sino de una oligarquía. Conviene no olvidarlo.

La democracia moderna, a diferencia de las formas antiguas, es inseparable de la existencia y actividad de partidos políticos. La razón es sencilla: el pluralismo de la sociedad moderna, donde debido a la libertad individual conviven idearios políticos diferentes e intereses rivales de todo tipo. Y la forma más sencilla de expresar y articular ese pluralismo es mediante partidos políticos diferentes: en una democracia moderna la institución política exclusivamente única y común a todos es su Constitución.

Pero con los partidos sucede como con los cargos públicos: para que haya igualdad de derecho y de oportunidad de participar en la vida política, cualquier grupo de ciudadanos debe tener no sólo la oportunidad de fundar un partido, sino que debe tener facilidades para hacerlo. Eso incluye facilidades financieras: del mismo modo en que cualquier ciudadano debe poder dedicarse a la política y por eso se paga por desempeñar un cargo, también todos los partidos que hayan obtenido un apoyo electoral significativo debe contar con ayudas públicas para desempeñar su labor. Incluso en un país tan enemigo de los subsidios como Estados Unidos, los candidatos a la Presidencia –y a otras magistraturas- pueden elegir entre financiar su campaña con dinero privado o con dinero público (aunque los candidatos con posibilidades eligen siempre la primera, existe la segunda opción). Por supuesto, hay que discutir los detalles de esta financiación: cuánto, para qué, cómo, cuándo, hasta donde, etc. Si se rechaza el principio de que los partidos políticos reciban ayudas públicas, tendremos otra forma de oligarquía: sólo podrán actuar los partidos con dinero privado detrás, provenga de lobbys de cierto negocio o de misteriosos donantes anónimos… (la noticia de que en 2007 CIU, PNV y PP se llevaron el 94% de todos los donativos privados entre 1987 y 2007 es bastante significativa a este respecto).

Por tanto, me parece evidente que un sistema democrático basado en la igualdad de oportunidades para la actividad política exige retribuir a los cargos públicos y ayudar al funcionamiento de los partidos políticos. Quien sostenga lo contrario postula una oligarquía, una dictadura o cualquier otra cosa, pero no una democracia.

Por supuesto, a los partidos hay que exigirles un nivel mínimo de autofinanciación, que ahora no se exige legalmente, y por supuesto absoluta transparencia en lo que ingresan y gastan, sus créditos bancarios, propiedades y gastos de funcionamiento. Hablo de conocer al 100% la economía del partido como requisito para recibir ayudas públicas, de auditorias de su contabilidad y de transparencia en las cuentas. Es un sistema que funciona en Alemania y otros países, tanto para evitar la absoluta irresponsabilidad y la corrupción en la financiación de los partidos, como para prevenir que montarse un partido sea un modo provechoso de explotar el erario. Para garantizar la igualdad de derechos a la hora de crear un partido y competir en las elecciones, el Estado debería responsabilizarse de la publicidad de todos ellos, lo que abarataría mucho las campañas y acabaría con sistemas discriminatorios como el mailing electoral (pagado según los resultados electorales a los partidos que consiguen representación). Y así con otro buen montón de cosas.

Respecto a la remuneración de los cargos públicos, la lógica es similar: transparencia, publicidad y suficiencia para desempeñar su labor (lo que excluye las peticiones descabelladas de penalizar esa dedicación con retribuciones lo más reducidas posibles, o ninguna en absoluto: buena fórmula para estimular la corrupción y el clientelismo). Lo que incluye la proporcionalidad: ¿es aceptable que un Consejero de RTVE, un alcalde o un presidente autonómico cobren más que el Presidente del Gobierno? ¿O que un asesor de libre designación cobre más que un funcionario de carrera o el propio cargo, como sucede en no pocos ayuntamientos y CCAA? ¿Es aceptable compensar esta falta de progresividad mediante la permisividad en la acumulación de retribuciones e indemnizaciones públicas? Evidentemente, no.

En fin, es un poco absurdo el empeño de algunos por clamar contra lo que cobran los cargos electos y acusarles de incompetencia y corrupción… para volver a votar a los mismos y desentenderse de las mejoras posibles en materia de transparencia y lucha contra la corrupción, entre otras urgencias. El objetivo también requiere de un cambio de mentalidad y de hábitos en la sociedad española: para que los partidos puedan alcanzar una autofinanciación real hay que estar dispuesto a afiliarse y pagar una cuota, o lo que es lo mismo, a asumir parte de la responsabilidad política. Así son las cosas. Reclamar al Estado que lo facilite todo y reprocharle que financie el sistema que lo sostiene es pueril e irresponsable. Necesitamos tomarnos en serio el funcionamiento de la democracia, y eso pasa por admitir que tiene un costo económico y que, como en todo, se trata de invertirlo bien pidiendo los mejores retornos para el gasto: un buen sistema representativo y deliberativo, y el resultado de un buen gobierno. En nuestra situación degenerada tampoco parece muy difícil.

 

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12 comentarios a “Por qué se debe remunerar a los cargos públicos y subvencionar a los partidos”

  1. alc dice:

    En un sistema electoral como el español, con listas cerradas, y multitud de parlamentos, obtener un escaño es unsecreto a voces que obtener un escaño es una forma fácil y cómoda de conseguir un sueldo fijo, con toda clase de dietas y beneficios, y con el único compromiso de acudir a las votaciones para darle a un botón siguiendo las indicaciones del coordinador de turno del grupo parlamentario.

    De este modo, los puestos de diputado nacional, senador, diputado europeo, diputado autonómico, diputado provincial y concejal del pleno son un favor que se consigue progresando dentro de los antidemocráticos y endogámicos aparatos de los partidos. intercambiando apoyos mutuos, prevendas, organizando conspiraciones internas…

    La constitución dice expresamente que los diputados no estarán sometidos a mandato imperativo. Sin embargo, vemos cotidianamente la existencia de multas a los diputados que no acatan la disciplina de partido. Son un caso excepcional, realmente las multas y sanciones no hacen falta casi nunca para mantener la disciplina de partido y obligar a todos los diputados a votar lo que ha decidido la dirección. En un sistema con listas cerradas y cargos internos y públicos a dedo, cualquier mienbro de un partido político sabe que si quiere seguir ascendiendo dentro del partido, o simplemente repetir en la siguiente legislatura más le vale acatar y callar.

    Es bastante revelador que ningún diputado sancionado haya recurrido nunca judicialmente las sanciones por votar contra la disciplina del partido. Es tan clamoroso que ganaría por la vía judicial, como que sería apartado y marginado por el partido. Sería el fin de su vida política.

    En estas circunstancias, las sesiones de los parlamentos son la escenificación de una obra de teatro con el resultado previamente decidido por las direcciones de los partidos. No nos podemos extrañar deel absentismo mayoritario, y en algunos casos casi generalizado, de las sesiones parlamentarias en las que no hay votaciones. Ni de que sorprendan a los escasos asistentes durmiendo, o chateando desde su escaño con el movil o el ordenador (pagados con dinero público). Porque esas sesiones no tienen ningún interés. Su desarrollo y l oque en ellas se diga no tiene ninguna influencia en el resultado de las votaciones.

    El único interés de los parlamentos es o bien mediático y propagándistico —es decir salir por la televisión y la radio, lo cual sucede raramente, en el estado sobre el estado de la nación—, o bien las votaciones en las que cada grupo parlamentario vota en bloque siguiendo las órdenes de sus direcciones.

    Seamos sinceros, gracias a la disciplina de partido, en el sistema democrático español el diputado, senador o concejal no es nada.

    Rodríguez Zapatero explicó una vez cómo en una de sus primeras sesiones parlamentarias, observó cómo su compañero de escaño llevaba en un papel apuntado lo que debía votar en cada votación. Parece ser que a José Luis esto le pareció sin embargo, un ejemplo de responsabilidad (¿?).

    En definitiva, estoy de acuerdo con el contenido del artículo. Aunque creo necesario hacer varias matizaciones o aclaraciones importantes:

    1.- Los cargos públicos deben pagarse. Pero deben pagarse de forma justa y proporcional. Evitando la acumulación de beneficios y privilegios, y el pago de dietas, cuotas y conceptos innecesarios y abusivos.

    2.- El sistema político español está lleno de parlamentos replicados e innecesarios. El caso más flgrante es el del senado, que como muy bien denuncia el 15-M no sirve absolutamente para nada.

    3.- El sistema parlamentario actual, con listas cerradas y disciplina de partido conduce a que el diputado no sirva para nada y se convierta en un sobrecoste innecesario y un parásito del sistema.

    4.- El problema de la financiación privada de los partidos políticos no es tanto que se produzca, como que se realice de forma opaca. la existencia de lobbies y donaciones privadas a los partidos no es ilegítima. Lo que es ilegítima es que se realice de forma secreta y por debajo de la mesa. como ciudadanos y como electores tenemos derecho a saber quién financia a cada partido.

    5.- La financiación pública de los partidos debe ser proporcional a sus necesidades reales. Y debe de ir ligada en todo lo posible a dichas necsidades. Es absurdo que existiendo la tlevisión, la radio e internet los partidos políticos se gasten cantidades ingentes de dinero en enviar publicidad electoral, y que para ello se viole nuestra privacidad (y en algunos casos, como los de Bildu, Sortu y Amaiur nuestra seguridad) dándoles acceso a nuestros datos personales.

    6.- Para asegurar las posibilidades de todos los ciudadanos en igualdad de condiciones de participación política no basta con financiar a los cargos públicos y a los partidos políticos. Mientras la única opción de participación en la vida política se a través de los partidos, y estos no funcionen de manera democrática no existe dicha igualdad. Y por tanto no existe la democracia.

    Creo que con el senado hay pocas opciones. Probablemente la mejor es cerrarlo. Pero otra opción sería convertirlo en una cámara con elección por circunscripciones unipersonales, a la cual se pudieran —o que incluso sólo se pudieran— presentar candidaturas ajenas a los partidos políticos. De este modo se podría hacer una cámara realmente territorial, integrada por personalidades de prestigio ajenas a los aparatos de los aprtidos.

    7.- Reformas electorales, como la que se ha realizado en las últimas elecciones generales, consistente en prohibir concurrir a las elecciones a los partidos que no hubieran obtenido cierto porcentaje de votos en los comicios anteriores constituye un impedimento para acceder a la política. La política ya era un oligopolio controlado por cuatro partidos (pro medio por ejemplo, del acceso a la publicidad gratuita en los medios públicos), pero de ese modo, se termina de cercenar totalmente el derecho a acceder a la política.

  2. CM dice:

    Quitando que los partidos políticos son solo un recurso temporal para la participación en una democracia imperfecta (solo con que mi voluntad, criterio o querencia se vean reflejados en la actitud de la cosa publica y su funcionamiento es suficiente para calificar como democracia, sin ninguna relación con la obligatoria representación política), todo lo demás parece correcto.

    El gran problema y gran tomadura de pelo es sin embargo la gran cantidad de políticos que tenemos. No importa como hagas la cuenta ni con quien ni cuando, cualquiera te da una cifra escalofriante con la que ningún partido excepto el vuestro quiere lidiar. Corre por ahí un estudio que a poco que no se desvié mucho deja las cosas claras:

    http://www.diarioelaguijon.com/noticia/1497/LOS-AGUIJONAZOS/Un-estudio-desvela-que-Espana-es-el-pais-con-mas-politicos-por-habitante-de-Europa.html

    Estos son los recortes que nuestra democracia necesita y que no se dan (amen de supersueldos, corruptelas y todo eso que mencionas) y es lo que hace que la gente este tan cabreada con vosotros.

    Así lo contaba un tipo en su airado post:

    – ¿cual es el ratio ciudadanos/politicos en españa? –

    “Me refiero, por cada politico..¿cuantos ciudadanos hay?

    cada ciudadano tiene que sostener, asi por encima, los siguientes “estratos” politicos:

    -Ayuntamiento
    -Diputación
    -Comunidad Autonoma
    -Estado
    -Unión europea

    De todos estos,probablemente los unicos representantes del pueblo que conozca el ciudadano medio sean su alcalde, el presidente de su comunidad,. algunos consejeros, el presidente del gobierno y algunos ministros.

    Pero dudo que se conozcan a los diputados y senadores de su provincia, ni a los que están en la diptación. Tampoco a los concejales de su ayuntamiento y mucho menos a los eurodiputados que les representan.

    Ni les conocemos ni sabemos lo que hacen.

    Son demasiados politicos, con sueldos altos o altisimos si tenemos en cuenta lo poco o nada que hacen..y sin tener en cuenta toda la corrupción que generan y que tambien cae sobre el bolsillo del ciudadano.

    Eso si, vivimos en democracia, y tenemos derecho a elegir..pero a elegir qué? a elegir unas siglas y que después hagan lo que quieran. A veces ni eso, ya que despues de elegir las siglas que sean, pues se hace una mocion de censura y un tránsfuga pone a otras siglas.

    ¿no sobran, por lo menos, el 70% de los politicos? ¿es posible cambiar algo de esta mierda de sistema politico?

    Me desespera pensar que casi 1 día y medio cada semana lo dedico a trabajar para pagar tanto politico. No me importaría pagar eso si yo viese que hay buenos servicios de salud, de educación, infraestructuras, proteccion social, centros deportivos publicos, acceso a la cultura y a la vivenda, ayuda a emprendedores, a trabajadores, a las familias, etc..

    pero lo unico que veo son politicos y más politicos que se llevan el dinero y hacen lo mínimo o incluso menos.”

    Saludos

  3. acalero14 dice:

    Irreprochable.
    De todas formas, creo que el problema y descontento ciudadano proviene de una situación de desigualdad laboral que surge de un simple mecanismo de comparación social. En política se produce una situación muy peculiar que no se da en ninguna otra profesión: es el propio colectivo el que decide, en principio, su salario. No nos es ajeno el hecho de que en uno de los primeros plenos de cualquier institución uno de los puntos a discutir es la propia remuneración salarial, decisión que usualmente aboca a un incremento del salario de los constituyentes.
    Esta “forma” de valorar el trabajo no está, además, sujeta a las estipulaciones comunes del mercado laboral, en las que cualquier empresario valora el precio de tu trabajo, estima tus beneficios y negocia los incentivos.
    Esta autovaloración aboca, indudablemente, a “sobrevaloración” y situaciones de abuso que comentas en tu post, como que un presidente autonómico cobre más que el propio presidente del gobierno.
    ¿Soluciones? Algunas medidas las tiene vuestro grupo. Sistema electoral de listas abiertas, y centralización de competencias competencias para poder establecer la remuneración de los cargos políticos por ley.
    Un saludo. Siempre grande, Carlos.

  4. Neograu dice:

    Lamento que el artículo haya terminado en lo más interesante, en una propuesta de solución o alguna pincelada.

    Comparto algunas premisas, aunque otras me parecen equivocadas, quizás sesgadas en mi opinión, porque de momento, estamos subvencionando muchísimo dinero, varias decenas de millones de euros directamente, y muchos miles si sumamos todos los cargos relacionados políticos (400.000 creo que se calculan), y encima, siguen las corrupciones, las donaciones privadas, y el clientelismo. ¿Qué ocurre?¿que no tienen bastante aún?

    Poniendonos en el peor de los casos posibles, que sólo se les pagara 1200 €, y no se permitieran asesores y cargos de confianza, y sólo se subvencionara la campaña electoral en una cuantía máxima para todos los partidos igual, que cumplieran con un mínimo de respaldo en FIRMAS o MILITANTES; en ese caso opino que no habria partidos oligarquicos preponderantes. No tendrian ventaja, y seguramente no existirian.

    Primero por no tener ventaja sobre otro partido organizado por pobres indigentes, al no disponer ni de más subvenciones por fundaciones o similares, ni por donaciones privadas.

    Segundo no le interesaría a un profesionar registrador de la propiedad perder sus prebendas por un salario de 1200 €. Tercero, estarian los que cverdaderamente por vocacion a su patria, nación, o pueblo, o por capacidad natural, se orgullecería de trabajar por 1200 € para el bienestar de sus compatriotas, y no de la empresa que le apoya con un futuro cargo de consejero.

    Como queda demostrado que un alcalde aunque cobre 90.000 € seguirà con corruptelas y clientelismos para ganar 300.000, porque así se comporta una persona que por naturaleza es ambiciosa y no honrada, siempre quiere más, cuando solo trabaja por dinero.
    Para eso, mejor que un pobre sin ambición, más que la de ver a sus compatriotas progresar, trabaje por vocacion y no por enriquecerse.

    Y todo esto suponiendo que la existencia de un estado que ostente el poder sea necesario (recordando que poder es la capacidad de inflingir dolos y malestar en otro).

  5. atlante dice:

    Buenas tardes,

    Estoy básicamente de acuerdo con lo que planteas Carlos. El porqué tal y como lo planteas, creo que está muy claro.

    Sin embargo opino que como en cualquier otro capítulo que represente gasto público debe existir racionalización.

    No es normal que en u país con una tasa de paro “arrivando” alo 25 por ciento, algunos cargos públicos tengan varios sueldos. No es normal que un Consejo de Estado permanezca con 33 componentes cuando todo va bien, y cuando todo va mal como ahora.

    La racionalización también debe darse en cualquier rincón del Estado ANTES que obligarle a los ciudadanos que racionalicen, o incluso antes que tocar nuestro Estado “de bienestar”.

    Si en el mundo de la empresa privada hay EREs, si para cualquier funcionario o trabajador por cuenta ajena hay reducciones salariales, en los capítulos que más representan al Estado también debía haberlos, porque es que son el ejemplo, la muestra, desde la que luego enarbolar la confianza política para poder pedirle a los ciudadanos que apuesten por el sistema.

    Por tanto, financiación a cargos y partidos pero con mesura, o en argot “rajoyano”, repensados….

    Salud compañero

  6. Sake dice:

    - Democracia es participación de todos, y los humanos debemos comer por obligación, por lo tanto quién se dedique a ello deberá cobrar.
    -Si, pero no demasiado.
    -Todo tiene que tener su medida, la justa para evitar la corrupción.
    -Sí, pero que la financiación de la Democracia no sea corrupta en sí misma.
    -Para éso estamos todos, para organizarla bién, y participar es estar en un patido politico y pagar la cuota ¿o no?.
    -Yo prefiero no pagar cuota.
    -Entonces traga con lo que tengas ¡y no protestes!.

  7. alc dice:

    Este expone de manera muy reveladora la triste realidad del funcionamiento del Congreso de los Diputados. No albergo la más mínima esperanza de que la situación sea un ápice mejor en el Senado, los 17 parlamentos autonómicos y los 3 parlamentos provinciales vascos, o los plenos municipales de las principales ciudades, en los que campa a sus anchas la disciplina de partido.

    Creo que debo aclarar que, por la información existente sobre la actividad parlamentaria de los 4 diputados de UPyD, en este caso parece que sí están desarrollando un excelente y meritorio trabajo. Entre otras cosas precisamente denunciando este estado tan lamentable, degradado y viciado. Igualmente es posible que en el caso de algún otro partido con escasa o exigua representación parlamentaria, tampoco sea aplicable esta generalización, que sin embargo por otra parte, sí parece ser la tónica general.
    Hecha esta excepción, o aclaración —que cre ode jusicia—, en el caso de los grandes partidos y de la mayor parte de los diputados, senadores, etc., la situación me parece bochornosa y escandalosa. Y cómo expongo, no creo que se trate de un problema meramente personal, o de conductas excepcionales o minoritarias sin mayor repercusión —como opinan por ejemplo Rajoy o el rey de la corrupción—, sino que cómo expongo las causas del problema están en una inadecuada legislación y normativa electoral y de regulación de las cámaras, y en el indecente funcionamiento de la mayor parte de los partidos políticos, y más concretamente del PPSOE.

  8. alc dice:

    El vínculo al artícul ode Itene Lozano, que por error no se insertó bien en mi anterior comentario:

    http://www.elconfidencial.com/opinion/palabras-en-el-quicio/2012/03/08/la-vida-cotidiana-en-el-congreso-8835/

  9. marisol dice:

    MAL EMPEZAMOS, SI TENEMOS QUE MANTENER A LOS POLITICOS A LOS SINDICATOS Y LA EMPRESARIAL.
    MUY SEÑOR MIO: ESTO ES EL CONTINUISMO DEL MAMONEO ESPAÑOL, TODOS BUSCANDO ORDEÑAR AL CIUDADANO Y A LAS EMPRESAS (MENOS LAS GRANDES)
    ENCONTRAMOS UN HUECO Y COLOCADOS DE POR VIDA SIN QUE LES ELIJA NADIE, AUNQUE LAS LISTAS SEAN ABIERTAS (EJEMPLO ALCALDESA DE MADRID)
    ¿CUANTOS MADRILEÑOS DEJARIAN DE VOTAR AL PP SI HUBIESEN SABIDO QUE OTRA VEZ GALLARDON TRAICIONARIA A MADRID.

    LOS PARTIDOS TODOS SE DEBEN MANTENER DE SUS AFILIADOS,
    LOS SINDICATOS DE SUS AFILIADOS
    LA EMPRESARIAL ¿A QUIEN REPRESENTA? PUES QUE LE PAGUEN ESOS

    QUE LA CONSTITUCION HAY QUE PONERLA AL DIA, DE ESO NO HAY NINGUNA DUDA, SE HA QUEDADO ABSOLETA, PERO A NADIE LE INTERESA DESDE EL REY HASTA EL ULTIMO CHUPOCTERO DEL PAIS,

  10. colapso2015 dice:

    “propios objetivos y reglas de un sistema democrático: para que exista algo digno de tal nombre cualquier grupo de ciudadanos debe poder formar un partido, y cualquier ciudadano debe poder ser elegido para desempeñar un cargo público con normalidad.”

    “es que el erario público se haga cargo de su manutención”

    “Si sólo los rentistas pudieran dedicarse a lo público no se trataría de una democracia, sino de una oligarquía. Conviene no olvidarlo.”

    Una de dos, o piensa somos retardados o es realmente lo somos.

    1)Mi pregunta es, ¿desde cuando el Estado financia a los partidos sin representación? ¿Donde está esa ley electoral protege a “los pobres” de la oligarquía? No es tal cosa.

    2) El erario ya es público, redundante.

    3) Hay muchas formas de rentismo usted cita una, basada en dinero. Pero existe también la basada en intereses,…m y muchas otras.

    Resumiendo, no es justificable mantener estructuras de dudoso valor, los partidos, “el partido”, o los partidos. ¿Desde cuando se elígen partidos? ¿Qué visión de la “democracia” es esa?

    Quien quiera, sus ideas prosperen las apoye con dinero. Al igual, las empresas (asociaciones) se hacen con con dinero a través de pequeñas ventas (servicios a la gente), lo mismo para los candidatos, recordemos PERSONAS no partidos.

    Ahora que, claro, responder, SERVIR de forma directa a los electores “es oligarquía”, ya se sabe…

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