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Doce ideas a abandonar el año 2012

En algunos países se celebra la salida del año viejo y la entrada del nuevo tirando los trastos obsoletos de los que uno quiere desprenderse. No sé si se mantiene la costumbre, pero me parece que estas fechas son una buena ocasión para proponer que nos desprendamos de un buen montón de ideas tontas, o tópicos o estereotipos, más molestos que otra cosa. Seguro que cada cual tendrá su propia lista de eso que los franceses llaman muy gráficamente “idées reçues” -es decir “ideas preconcebidas”- para señalar que la mayoría de quienes las sostienen no han pensado en ellas por sí mismos sino que las han recibido como parte de su herencia de lugares comunes (que por otra parte son necesarios para pensar: ¡cuidado, no podemos prescindir de todos los tópicos!). En cualquier caso aquí va mi propuesta de doce ideas perfectamente prescindibles y, sin embargo, omnipresentes en el discurso políticamente correcto, que como todos sabemos es el mayoritario aunque sólo sea por su persistencia más que pertinencia, puesto que lo oímos y leemos prácticamente a diario en medios de comunicación, declaraciones políticas y conversaciones habituales. Ahí van, son doce, una por mes del año que viene. Que ustedes las disfruten y feliz año nuevo, como no puede ser tópicamente de otra manera.

1 – Todas las ideas son respetables y todas se pueden defender en democracia sin violencia. No es cierto: hay muchas ideas que no son respetables y algunas llegan a ser genocidas. Las tonterías, las supersticiones y las falacias más usuales no tienen nada de respetables. Ni el racismo, el antisemitismo, la xenofobia, la homofobia o las muchas variedades del totalitarismo y fundamentalismo son defendibles en democracia como lo son las demás ideas políticas. Otra cosa es que la democracia permita la libre expresión, difusión y discusión de ideas antidemocráticas, pero eso no las hace respetables en absoluto. Ni menos peligrosas, porque para abrirse paso muchas de estas ideas necesitan recurrir a formas de violencia y coerción incompatibles con los Derechos Humanos o los fundamentos de la democracia: la igualdad jurídica y la libertad personal. Por eso algunas democracias han declarado ilegales “ideas” como el negacionismo de algunos genocidios, o partidos políticos y asociaciones entre cuyos fines está, implícito o explícito, la destrucción de la democracia. Sin duda el debate de dónde están los límites entre libertad de expresión y defensa de valores públicos y derechos humanos es un debate inacabable, pero en cambio es evidente, para cualquiera que piense por sí mismo, que no todas las ideas son respetables ni es aceptable su defensa. Quienes sí son siempre respetables son las personas cuando piensan, pero no sus ideas ni opiniones como tales.

2 – No hay que hablar de la corrupción porque es excepcional y hacerlo desprestigia a todas las instituciones. En 2010, sólo la Policía Nacional investigó más de 750 casos de corrupción que implicaban a miles de personas, la mayoría de ellos cargos públicos. Obcecarse, como hizo Rajoy en el debate de su investidura, en que se trata de un fenómeno aislado y excepcional -y por tanto incomprensible- es el verdadero motivo de que las instituciones más importantes pierdan su prestigio y cada vez más gente las vea como un remedo de la Cueva de Alí Babá. Empeñarse en que lo cívico y democrático es un “prietas las filas” de la clase política es todavía una equivocación mayor. Más en una crisis tan grave como la actual, donde millones de personas consideran, con razón, que el sistema político les ha fallado en lo más básico, su derecho a desarrollar una vida autónoma digna de tal nombre. O sea, cosas como trabajar, formar una familia, arraigar –o no- en un lugar, no depender de terceros para solventar sus necesidades y aspiraciones legítimas, y buscar la felicidad. El enroque en que aquí no pasa nada, y si pasa aferrémonos a la presunción de inocencia y a los formalismos procedimentales –salvo si el sospechoso es un rival-, es un juego peligrosísimo para la democracia. Combinado con la crisis económica y política puede cebar la mecha de una bomba social que salte todo por los aires.

3 – El bipartidismo existe porque la gente quiere: es lo que vota. No me extiendo mucho: siguiendo esa lógica hay cinco millones de parados porque la gente elige no trabajar. De hecho, muchos fariseos lo piensan, pero la prudencia más elemental les aconseja guardarse esa opinión

4 – Los partidos políticos no son realmente necesarios, los movimientos sociales son mucho más representativos. Los partidos políticos son imprescindibles en una sociedad tan compleja como la actual, con creencias e intereses muy diferentes, y en una cultura donde la gente tiene la afortunada costumbre de cambiar de opinión y de voto político en función de su evolución personal o del cambio de las circunstancias. Los movimientos sociales están muy bien: son una saludable expresión de vitalidad de la sociedad civil y un contrapeso a la amenaza de la partitocracia. Pero no cuando aspiran a sustituir a los partidos que expresan el pluralismo ideológico de la sociedad y, por tanto, a suprimir ese pluralismo cuando no la propia sociedad, con lo que devienen en el Movimiento Unánime al estilo de los ya padecidos infaustos Movimientos Nacionales de Franco o ETA.

5 – La descentralización acerca el poder al ciudadano y por eso siempre es mucho más democrática que la centralización. Este es un tópico de los relativos: según para qué. El problema es que en España se ha convertido en eje inamovible del discurso político. Está muy bien que el ayuntamiento se ocupe de asuntos mejor resueltos sobre el terreno y con conocimiento del detalle, como las políticas de asistencia social o vivienda, pero cuando se convierte en gestor de otros intereses esa “proximidad” puede dar lugar a atropellos y delitos como el urbanismo salvaje de muchos lugares y su corrupción asociada. Tampoco es mejor que el juez que vea tu caso sea ese vecino con el que te llevas fatal: un poco de distancia y neutralidad es entonces mucho más aconsejable. Y están las economías de escala: las competencias deben ser descentralizadas o centralizadas con criterios de eficacia. La centralización de la OTAN o la UE es mucho más eficaz en defensa o mercado que los viejos ejércitos nacionales o el nacionalismo económico, pero la centralización abusiva tiene también sus costos, sobre todo en forma de burocratismo excesivo y lejanía miope de las cosas.

6 – Lo que importa es la economía, la política vendrá luego. ¡Esto lo vamos a oír a diario! Tampoco hace falta extenderse mucho: la crisis económica tiene causas políticas porque el fracaso en la supervisión de las entidades financieras que iniciaron la crisis –se trate de Lehman Brothers en USA o de las Cajas en España-, tuvo causas políticas: irresponsabilidad y mal gobierno con fracaso de controles, falta de transparencia y estímulo de conductas especulativas que rozaron o sobrepasaron lo delictivo. Invirtiendo la famosa frase de la campaña de Clinton, “¡es la política, idiotas!”. Cualquier intento de orillar las reformas políticas en pos de soluciones puramente económicas retardará la salida de la crisis y sin duda la hará más injusta y peligrosa para ese delicado bien público que se llama “cohesión social”. No se pueden pedir sacrificios a los ya sacrificados y, además, pagarles con recortes de derechos políticos y con un sistema público en manos de una nueva oligarquía.

7 – Los banqueros y expertos en finanzas son los que mejor saben qué hacer contra la crisis. Extensión de lo anterior y sin duda otro tópico triunfante, viendo cómo ha quedado el área económica del Gobierno de Rajoy (a quien deseamos toda la suerte y acierto del mundo, obviamente). ¿Son los gestores más adecuados los mismos que negaban la burbuja inmobiliaria y animaban a invertir en vivienda, o juzgaron como genialidades financieras las subprimes y demás instrumentos bancarios de destrucción masiva de la economía productiva? En fin, lo dudo, qué quieren que les diga.

8 – La precariedad laboral es el precio necesario del empleo para todos. Lo cierto es que la dualidad del mercado de trabajo español, con el protegido indefinido y el precario mal pagado, defendido a capa y espada por sus beneficiarios –sindicatos y patronales-, ha sido un factor de agravamiento de la crisis al mantener un modelo económico basado en bajos sueldos y producción de productos baratos, baja competitividad e innovación, destrucción masiva de empleo como procedimiento de ajuste en cuanto asoman las vacas flacas, y consiguiente bajada drástica del consumo con los demás efectos encadenados. La defensa de la precariedad laboral en la que parecen embarcados los “agentes sociales” y los partidos mayoritarios no anuncia nada bueno: es reafirmarse en la continuación de un modelo económico-laboral fracasado, con su viejo círculo vicioso. Esperemos que recapaciten. Para esto, nada como repetirles que se equivocan.

9 – La República es por definición mucho más democrática que cualquier Monarquía. Es una idea que mezcla la protesta legítima contra la crisis política actual y la nostalgia irracional de los malos tiempos de la II República, canonizada por una paleoizquierda que prefiere ignorar la historia y cultivar los cuentos. No comparto la idea de que las Jefaturas de Estado hereditarias (monarquía) sean la panacea y gocen de no sé qué autoridad carismática, pero tampoco la contraria de que una República sea porque sí más benéfica, justa y libre que cualquier monarquía. Comparemos las monarquías sueca, británica u holandesa con las repúblicas cubana, china o iraní. Como todo en la democracia, depende del funcionamiento de las instituciones, de la calidad de las leyes y –no es lo menos importante- del compromiso ciudadano con la mejora permanente del sistema. Una mezcla de pragmatismo con exigencia de los principios. Lo demás, pensamiento mágico.

10 – El laicismo consiste en reducir la libertad religiosa de la gente. Curiosamente, es un tópico que comparten tanto los comecuras que agredían a los participantes en la visita papal del 2011 –y se llamaban falazmente laicos- como los meapilas que consideraban los sermones papales más importantes que la Constitución. El laicismo, en cambio, es neutralidad de los poderes públicos respecto a la creencia privada. Esta última es digna no sólo de respeto sino de protección cuando es compatible con la democracia (véase tópico uno), a condición de que no pretenda imponerse como esqueleto del sistema legal del Estado democrático, que por definición debería ser laico, y mucho menos vivir de la sopa boba de ese mismo Estado democrático. Lo de la “aconfesionalidad” es otro arreglo provisional de la Transición que debería resolverse, como tantos otros pendientes. Entre tanto, importa pensar en qué es laicismo y qué no.

11 – No se puede cambiar la estructura del Estado porque los nacionalistas se rebelarían. Hay que admitir el éxito nacionalista en la interiorización generalizada de su chantaje permanente como un hecho fatídico de la naturaleza. Se puede proponer el despido libre, el copago sanitario, la congelación del funcionariado y la paralización de la inversión pública, pero no, al parecer, privar a los nacionalistas –y sus émulos vergonzantes que dicen no serlo: catalanistas, vasquistas, andalucistas etc.- de una sola prerrogativa o privilegio de los arrancados al Estado común, cuando no –casi siempre- al sentido común. Ni caso. Recordemos a los agoreros que vaticinaron la guerra civil en el País Vasco si se ilegalizaba a Batasuna. No pasó nada, al contrario, todo comenzó a ir mejor (y hubiera acabado estupendamente de no mediar la traición de la negociación, pero ese es otro tema).

12 – España debe aceptar lo que digan Alemania y Francia para que nos admitan en su exclusivo Club Nueva Europa. El problema del papel de España en la Unión Europea es que sencillamente no existe. ¿Cuándo dejó de existir? Seguramente cuando toda la política doméstica se volcó en el modo dominante de “hacer política”, a saber, el modelo nacionalista de mercadeo que ha ido desmontando el Estado en beneficio de taifas inviables. Un país así no podía sino dejar de pintar nada en un proceso, el europeo, que va en sentido contrario: ceder soberanía de los Estados para construir un ente político común. Proceso que atraviesa una crisis histórica a la que sin duda ha contribuido España con un paletismo político cuya más vívida expresión fue, quizás, el empeño de Zapatero para que catalán, gallego y euskera fueran lenguas oficiales de la UE, en vez de avanzar en la integración política. Algo a contrapelo de un proceso histórico muy delicado y de sentido radicalmente distinto: aparcar los particularismos nacionales en beneficio de algo común por inventar, la ciudadanía europea. Así acabó esa historia: en la nada o la irrisión. Lo malo es que no veo a Rajoy en una posición muy diferente. Ya anunció que la misión del renacido Ministerio de Agricultura será promover en Europa un nacionalismo agrario a la francesa.

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11 comentarios a “Doce ideas a abandonar el año 2012”

  1. Sake dice:

    -¿Porqué somos tan duros de abandonar las ideas que habitan nuestra mente, aunque esté demostrado que no sirven para nada?.
    -Somos animales de costumbres fijas.
    -Por éso avanzamos tan despacio.
    -Sí, es dificil cambiar mentalidades.
    -Sin embargo es necesario para avanzar y encontrar soluciones.
    -Lo importante es que siempre hay alguién que avisa.
    -En éste caso en España la ha tocado a UPyD.
    -Sí, y a mucha honra.
    -Es verdad amigo, a mucha honra.

  2. Jose M Delgado Cobos dice:

    Tus 12 ideas me parecen magníficas. Ya las reenvié en Twitter. En relacion con el punto 1, me acordé de mis años mozos en la Universidad de Bruselas. Todavia guardo el folleto de la Universidad en cuya primera página venía esto (hoy en la web):

    “La tolérance n’est ni l’hésitation, ni la transaction sur les principes, ni la pusillanimité, ou l’équivoque dans leur expression, car à ce compte, elle consisterait à n’en point avoir ou à ne pas oser les dire… Elle n’impose pas à proprement parler le respect des opinions d’autrui: comment respecter ce qui est jugé faux, ce que l’on condamne, ce que l’on s’efforce de détruire ‘ Elle est le respect de la personne et de la liberté d’autrui. Elle consiste à affirmer ce que l’on tient pour vérité, en même temps que l’on reconnaît, à d’autres, le droit d’affirmer leurs erreurs, en même temps qu’en les combattant, on se refuse à recourir pour les vaincre à l’injure, à la violence, ou à la proscription.” (Charles Graux)(http://www.ulb.ac.be/ulb/presentation/librex.html)

  3. Jose M Delgado Cobos dice:

    Perdona !!!!. Feliz Año y a no desfallecer en la legislatura y a por los 2 millones de votos en las próximas. Un abrazo

    • CM dice:

      Tu debes de ser el de la botella medio vacía: sin grupo, sin apoyos mediáticos y sin dinero hemos casi cuadriplicado votos….

  4. CM dice:

    Feliz salida y entrada de año para ti y para UPyD, Carlos, y os deseo que en el 2012 el partido consiga alcanzar al fin el protagonismo, la solidez y el eco que merece y que no en vano se haya tenido que distraer Pompeya. En cuanto a las ideas que hay que dar de baja…

    1- Ese es tu trabajo y el del Congreso, tenéis que hacer pedagogía y mostrar a los españoles aquellas ideas que os parecen entupidas y el porque.

    2 –Tenéis que hacer que se les caiga la cara de vergüenza pero sobre todo, tenéis que estar preparados. En UPyD saldrá corrupción y solo sobreviviremos como partido si reaccionamos inmediatamente de la manera en la que exigimos que los demás lo hagan.

    3– El bipartidismo existe porque es lo que los que idearon el sistema querian. Pero España no es la misma y los españoles tampoco. Haced bien vuestro trabajo y te apuesto una mariscada que para la próxima legislatura seremos imprescindibles para gobernar.

    4- Aún lo son, pero eso terminará cambiando. La sociedad civil terminara tomando las riendas de su destino y la democracia directa se impondrá. Las formas de la sociedad del futuro serán exclusivamente las que decidan las personas que la componen. Espero que tu y yo lleguemos a verlo pero mientras tanto, hagamos de UPyD la mejor alternativa.

    9– Si, cualquier Republica en el que la genética no sea lo único que cuente para la selección del Jefe del Estado sera mucho más democrática que cualquier Monarquía.

    10 – Tu crees de verdad que hubo neutralidad de los poderes públicos respecto a la Iglesia con ocasión de la JMJ ? de verdad ?

  5. CM dice:

    Queria decir…

    9– Si, cualquier Monarquía en el que la genética sea lo único que cuente para la selección del Jefe del Estado sera mucho menos democrática que cualquier Republica no bananera.

    • alc dice:

      Creo que la monarquía es por definición anti-democrática, injusta y discriminatoria en la medida en que la jefatura del estado queda reservada para una persona determinada por el único [de]mérito de ser hijo de quién es. Y ante la existencia de varios hijos se establece un criterio de selección igualmente arbitrario y discrimintorio: el sexo y la edad. Bueno, como ahora están en boga el feminismo y la igualdad de sexos (tan mal llamada de género), nos proponen eliminar la discriminación por razón de sexo, como si eso acabara con toda la discriminación inherente al sistema y lo dotara de justicia y legitimidad.

      No creo que haya nadie que se atreva a discutir esto. Conceptual y racionalmente, la monarquía es indefendible. Por eso los argumentos más recurrrentes para defender la monarquía son de tipo práctico. Si el sistema funciona bien, o mejor que una epública, los beneficios del sistema serían mayores y compesanrían la evidente injusticia y aberración conceptual del sistema.

      Y en el caso de España, la experiencia desastrosa de las dos repúblicas (y particularmente la segunda), constituyen un argumento recurrente y de peso en contra de la república y a favor de la monarquía.

      Como digo, considero que este tipo de razonamiento práctico o pragmático, es cómo poco muy cuestionable racional y fiolósoficamente. Si no directamente censurable e inasumible. La monrquía como concepto se podría considerar, incluso, dentro de lasi deas inacpetables que enumera el artículo en su primer punto.

      Pero supongamos que aceptamos esa argumentación. Que aceptamos la existencia de la monarquía porque funiona bien. En ese caso, primero tendremos que debatir, analizar si funciona aceptablemente bien o no. Y en este sentido surgen varias cuestiones evidentes e insoslayables.

      La primera es la relación, el papel y la responsabilidad que tiene la monarquía española en los problemas políticos, económicos del país que tanto denuncia UPyD.

      Es decir, a nadie se le puede escapar que la construcción del sistema político que se instauró en la transición estuvo y está tutelado por el rey. Por mucho que la constitución fuera sometida a referéndum en su día, la realidad es que lo fue de foram íntegra bajo la presión del o todo o nada, en un momento en que el nada era no tener democracia. Bajo ese todo o nada no sólo se instauró la monarquía, sino que también se creó el modelo de estado confederal, un sistema de organización administrativa, y un sistema elecoral que favorecía los intereses de esos partidos nacionalistas.

      No se puede obviar ni negar la implicación y la responsabilidad de la monarquía en la creación y el mantenimiento de todo este sistema. Durante todos estos años, la monarquía española se ha dedicado a defender discurso tras discurso, intervención tras intervención las presuntas bondades del sistema autonómico y a negar sus injusticias, desarreglos y disfuncionalidades.

      Es decir, en la medida en que la monarquía contituya un obstáculo para la necesaria reforma del sistema, debemos concluir que los supuestos beneficios prácticos de la monarquía no son tales.

      Por otra parte, para terminar de rematar la situación, en su último y reciente discurso navideño, el rey defendió con gran énfasis la idea número 2 (“No hay que hablar de la corrupción porque es excepcional y hacerlo desprestigia a todas las instituciones“) de las expuestas en el artículo. En un momento en que la propia institución real se ha visto salpicada pro la corrupción.

      La monarquía podría aportar ventajas prácticas al conjunto del país, frente a una república. Pero en la situación actual, dudo mucho que lo que aportando sean cosas beneficiosas.

      • CM dice:

        Gran post, alc.

        Lo que no me entra en la cabeza es la razón por la cual UPyD intenta por todos los medios soslayar y pasar de puntillas por un tema que va a estar encima de la mesa dentro de muy poco y en el cual tenemos muchísimas razones (ademas de las que tu enumeras) para habernos pronunciado categóricamente desde hace mucho tiempo.

        • alc dice:

          Yo entiendo que el momento actual puede no ser (¿todavía?) el adecaudo para que UPyD se lance con el tema de la monarquía. Por una parte, la monarquía todavía tiene bastante aceptación en una parte importante de la sociedad española. Y por otra, el rey tiene más poder, y sobre todo influencia, de lo que nos quieren hacer creer.

          No niego, ni mucho menos, que es necesario, conveniente y adecuado plantear, junto con la reforma del modelo de estado (centralizado, federal o autonómico-confederal) también si monarquía o república. Creo que lo que procedería en todo caso, sería hacer un reférendum específico y diferente sobre cada un de estas cuestiones, para que los ciudadanos elijan libremente y se pronuncien claramente y sin distorsiones sobre cada una de ellas.

          Es decir, creo que para UPyD lo razonable respecto a la monarquía, sería plantear la necesidad de un referendum, en lugar de pedir directamente su supresión. Porque creo que hay que tener en cuenta, que hay muchos ciudadanos monárquicos o favorables a la monarquía que sin embargo son partidarias de las reformas institucionales que plantea UPyD, y que de lo contrario de distanciarían del partido. Sin embargo, en lo que deberíamos estar de acuerdo unos y otros, es en que más importante que el modelo en sí, es que esté legitimado democráticamente y sea lo que hemos elegido, no lo que nos han impuesto.

          Pero en cualquier caso, creo que esta reforma es menos urgente y necesaria que el resto de cuestiones que plantea UPyD, como la devolución de competencias elementales al estado, la independencia de la justicia, la reforma y sustitución del modelo autonómico.

          En este sentido, UPyD plantea un modelo federal, de tipo alemán. Supongo que por cierta cautela y temor a que los nacioanlistas y autonomistas no acepten un modelo centralizado. Es decir, que parece que proponer un estado centralizado es pedir un imposible, así que hay que renunciar de entrada y pedir algo realista. Yo creo que esto es un error. De entrada, porque supone aceptar el complejo absurdo de que un estado centralizado fuera menos legítimo, defendible o planteable que uno federal, o uno autonómico-confederal. Pero además, porque creo que incluso si estamos dispuestos a aceptar un estado federal, estratégicamente es preferible proponer y defender de entrada un modelo centralizado, tipo Francia. Para que si finalmente se pacta y se acepta un modelo federal, quede muy claro que es un pacto que implica una cesión por nuestra parte ante los autonomistas y nacionalistas. De lo contrario, como siempre, en el futuro los nacionalistas renegarán de cualquier pacto anteriormente aceptado por ellos, bajo el pretexto de que fue una imposición de la otra parte y que sólo sólo ellos cedieron. Que en el fondo, es la versión que muy cínicamente nos quieren vender ahora los ancionalistas de la transición, y la justificación que han utilizado para reformar los estatutos de autonomía.

          Volviendo al tema central, si UPyD consigue forzar estas otras reformas, o al menos plantearlas con una repercusión pública y mediática suficiente, llegará el día en que habrá que ver si el Rey sigue haciendo loas continuas a las bondades del autonomismo y obviando sus graves consecuencias negativas. Entonces, ante la opinión pública y el electorado, será el momento de plantear la reforma de la monarquía.

  6. alc dice:

    Empezaré este comentario describiendo lo obvio y sabido, pero que a veces no está de más recordar para centrar el tema.

    España tiene desde ha ce tiempo un problema grave, y cada vez peor, con el nacionalismo independentista en el País Vasco y Cataluña. La fórmula del autonomismo, e incluso de favorecer gbiernos nacionalistas en las comunidades autónomas (mediante una división administrativa, un sistema electoral, e incluso con el apoyo del PSOE al PNV en 1980 pese a que estos no habían ganado las elecciones), que fue presentada en la transición como un bálsamo que reduciría esas tensiones al saciar las ansias independentistas y de poder del nacionalismo se ha revelado un fracaso. Sólo ha servido para aumentar más aún el independentismo, al darles competencias estratégicas como la educación.

    Después del gobierno de Zapatero estas tensiones han alcanzado cotas anteriormente insospechadas. Tanto PNV como CiU son ya partidos declaradamente independentistas, aunque signa jugando al djuego del doble discurso y cínicamente se erijan en destadistas en el congreso de los diputados.

    El PNV presentó un proyecto de reforma del estatuto de Guernica nítidamente independentista, y se encuentra posicionado en la defensa del “derecho a decidir de los vascos” y la autodeterminación. CiU por su parte convoca manifestaciones contra las sentencias firmes del Tribnal Constitucional que se niega a acatar, y promueve desde referendums de independenciahasta federaciones de municipios independentistas en los mnicipios de cataluña donde gobierna. Y luego están los partidos nacionalistas más minoritarios (ERC, EA, etc.) más radicalizados aún. Y tanto CiU como PNV han aprovechado la reforma unilateral de la Constitución realizada por PP y PSOE para declararse fuera del paco o el consenso constitucional.

    Con este panorama, la casa real sigue defendiendo las bondades del sistema político y el autonomismo y obviando los problemas de todo tipo que ha generado. El principe Felipe opta por hacer bandera y reivindicar sus derechos sucesorios de la Corona de Aragón, al acudir a Cataluña a presentar una fundación con el nombre de Príncipe de Girona , que es el título que usaban los herederos al trono de la corona de Aragón, y que dejó de utilizarse después de los reyes católicos, con la unificación de ambas coronas. Y lo hace con un discurso forzado en catalán.

    Y no me parecería mal que hablara en catalán, si no fuera un acto de camuflaje y de sometimiento a la imposición social nacionalista. Si no fuera en un contexto de inmersión lingüitica (nuevamente con incumplento incluido de la ley y las sentencias judiciales firmes), de persecución del castellano…

    Parece que ante los problemas de unidad que ya afectan de manera obvia e innegable a España, la monarquía en lugar de trabajar por conservar la unidad de la nación, optara por reivindicar sus derechos al trono de los futuros territorios independientes. Al igual que la reina de Inlaterra conserva su título de reina sobre gran parte de las colonias independizadas, como Australia o Canadá.

    Es decir, la defensa de los intereses de la corona por encima de los intereses de España.

    ¿Dónde están los beneficios prácticos que aporta la monarquía al país?.

  7. alc dice:

    Creo que estaría bien que el prícipe Felipe nos aclarara si aspira a ser rey de España. O si está jugando a ser rey de Castilla, rey de Aragón y señor de Vizcaya.

    Tal vez no se da cuenta de que si elige lo segundo, en el mejor de los casos optará más bien a ser rey de Asturias, rey de León, rey de Zamora, rey de Toro, rey de Navarra, rey de Valencia, rey de Granada, califa de Córdoba, rey taifa de Toledo, conde Barcelona y de los condados de la marca hispánica y vasallo por tanto de Carlomagno (en su versión actualizada de Ánegela Merkel y Sarkozy). Desde luego, que no le van a faltar títulos para competir con la duquesa de Alba.

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