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UPyD: el modelo de partido y la alternativa política

Los asuntos internos de partido suelen considerarse eso, “asuntos internos”, pero es un hecho que los partidos políticos no son sociedades privadas ni tampoco entidades públicas, sino un híbrido especial al que la Constitución reclama, con mucha razón –y estaría bien que con mayor exigencia-, un funcionamiento democrático interno. Y la razón es que resulta imposible que un partido que no sea democrático en su funcionamiento gobierne un país con los principios de la democracia. Dicho esto, hay mucho que decir y debatir sobre el significado del “funcionamiento democrático” de los partidos, con la añadidura de que la evolución de la sociedad y de la política también obliga a que los partidos evolucionen a su vez. Y si esto no ocurre y los partidos tradicionales se aferran a programas y modos de funcionar anacrónicos, nacen partidos nuevos como nuestra UPyD.

En UPyD celebramos elecciones internas obligatorias tanto para elegir candidatos para las instituciones como para los órganos internos: elecciones sin avales ni filtros, en las que pueden participar todos los afiliados como electores y elegibles. Es imposible un amago engañoso de primarias como el empleado para hacer sitio a Rubalcaba en el PSOE y elevarlo a la condición de candidato designado en vez de elegido. Incluso si sólo hay un candidato debe pasar por el refrendo de los afiliados para que se conozca el apoyo de que disfruta. Con este sistema, los tradicionales “asuntos internos” se convierten necesariamente en asuntos públicos. Soy de los convencidos de que esa publicidad tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Es un inconveniente, por ejemplo, la propensión de los medios a enfocar una elección interna, con la consiguiente rivalidad y campaña para conseguir votos, como si fuera una escisión o una crisis terrible del partido. Podemos convivir con este fastidio si a cambio conseguimos un partido más transparente, más participativo y más competitivo. Y sobre todo, más preparado para resistir y vencer los inevitables cantos de sirena que empujan a UPyD para que sea un partido como los demás: sin primarias, sin elecciones universales y sin normas de transparencia y buenas prácticas en la acción política.

Uno de esos cantos sirénidos es la propensión a transformar las elecciones de órganos internos, pensadas para facilitar la participación activa de los afiliados y abrir el partido a la sociedad, en ocasión propicia para acumular cargos públicos e internos. Debo decir que esa pretensión, aunque no está prohibida por los Estatutos por razones de sentido común (somos un partido pequeño donde no siempre es posible o aconsejable separar los cargos públicos de los internos), me parece completamente contraria al proyecto original de UPyD y plenamente coincidente con los modos y vicios del PP o del PSOE. ¿Cómo es posible que un concejal o un diputado con dedicación exclusiva presente, a los pocos días de tomar posesión, su candidatura a un Consejo Territorial o Local sin que ello signifique que su dedicación dejará de ser auténticamente exclusiva? Es decir, volcada en el servicio a los ciudadanos y por tanto sin interferencias de otros compromisos.

Por razones de coherencia con el proyecto original, eficacia política y responsabilidad ética, la política de UPyD debe ser la de separar las responsabilidades públicas de las internas. Sólo en pocos casos deberían coincidir responsabilidades de partido con el desempeño de un cargo público, por ejemplo en las agrupaciones pequeñas donde no hay suficientes personas disponibles para repartir funciones, y en el Consejo de Dirección. Vamos a explicar esta diferencia.

El Consejo de Dirección es el órgano elegido para decidir el día a día de la acción política entre congresos, y por eso es necesario que sus miembros ocupen aquellos cargos públicos donde esa acción política pasa de la teoría a la práctica, como es el caso de Rosa Díez, Portavoz nacional y, de momento (y por poco tiempo), única Diputado nacional de UPyD. Si las personas elegidas para dirigir UPyD no pudieran ocupar cargos públicos en instituciones, el Consejo de Dirección se convertiría en un órgano asesor de cargos que, por su parte, no han sido elegidos para decidir la estrategia concreta del partido. Y en tal caso, UPyD se convertiría en un partido imposible, carente de órganos con capacidad de decidir (pues el Consejo Político es un órgano deliberativo). O en un partido donde los cargos públicos van por libre en su taifa particular, que es lo que queríamos evitar.

Alguien podría alegar que esa misma regla de compatibilidad de cargos públicos e internos debería regir para los órganos autonómicos, pero eso sólo tendría sentido si UPyD fuera una federación de partidos autonómicos como ya lo son el PP o PSOE, donde cada fracción territorial va por su cuenta y, por tanto, tiene su propia dirección política. Pero en UPyD renunciamos expresamente a reproducir ese modelo mediante la decisión de tener un órgano de dirección único y no 17, precisamente para evitar que los intereses territoriales centrífugos acabaran destruyendo el carácter nacional del partido. Esa es la doble razón de la excepcionalidad del Consejo de Dirección en lo relativo a compaginar cargos públicos con gobierno del partido: el carácter nacional del partido y la naturaleza de sus tareas políticas, que no son deliberativas o asesoras, sino ejecutivas.

Por supuesto, se puede sostener que esto no tiene por qué ser así y que la acumulación de cargos tiene múltiples virtudes aunque, francamente, a mí no se me ocurra ninguna y sí muchos vicios; por ejemplo, la restricción de la participación real de los afiliados al acabar acaparando todos los órganos pequeños grupos, la falta de contrapeso entre órganos del partido y cargos públicos –que lógicamente desaparece si las que deciden son las mismas personas en cargos y partido-, y la introducción de mecanismos de selección de afines y acreedores que, más temprano que tarde, acaba conduciendo a panoramas como el del zapaterismo en el PSOE: la selección negativa de los más dependientes y sumisos marginando a los más autónomos y capaces. Es imposible que un partido organizado con los criterios de acumulación de poder personal y burocratismo de los partidos que criticamos haga una política distinta a la de éstos. Y francamente, para eso no hemos fundado UPyD ni pedido a los ciudadanos que confíen en que haremos política de una manera muy diferente… porque podemos hacerla al ser diferentes. En las instituciones y como partido. No cometamos ese error infantil de copiar a “los mayores” sin reflexionar en las consecuencias.

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10 comentarios a “UPyD: el modelo de partido y la alternativa política”

  1. alc dice:

    Efectivamente, UPyD como partido tiene una organzación interna de tipo inequívocamente centralista, frente a partidos con una organización interna de tipo <i<federal como PP, PSOE y sobre todo IU. El artículo de Carlos tiene una magnífica e impecable justificación de por qué el modelo centralista en UPyD:

    Alguien podría alegar que esa misma regla de compatibilidad de cargos públicos e internos [evitar la coincidencia de responsabilidades de partido con el desempeño de un cargo público] debería regir para los órganos autonómicos, pero eso sólo tendría sentido si UPyD fuera una federación de partidos autonómicos como ya lo son el PP o PSOE, donde cada fracción territorial va por su cuenta y, por tanto, tiene su propia dirección política. Pero en UPyD renunciamos expresamente a reproducir ese modelo mediante la decisión de tener un órgano de dirección único y no 17, precisamente para evitar que los intereses territoriales centrífugos acabaran destruyendo el carácter nacional del partido.“.

    Lo incongruente es que ese mismo federalismo que sería tan indeseable aplicarselo a la propia UPyD como organización sea justamente lo que propone UPyD para España. Y análogamente ese mismo
    centralismo que para UPyD es tan magnífico y deseable, no lo sea para España.

    Porque en ambos casos (UPyD y España) la justificación de uno y otro modelo (federalismo vs. centralismo) es exáctamente la misma. Incluso con más motivo en el caso de España. Reproduzcamos el texto anterior cambiando el término UPyD por España.

    El federalismo sólo tendría sentido si UPyD España fuera siguiera siendo una federación de partidos autonómicos comunidades autónomas como ya lo son el PP o PSOE es actualmente, donde cada fracción territorial comunidad autónomava por su cuenta y, por tanto, tiene su propia dirección política propio gobierno autonómico. Pero en UPyD renunciamos expresamente a reproducir ese modelo mediante la decisión de tener un órgano de dirección gobierno único y no 17, precisamente para evitar que los intereses territoriales centrífugos acabaran acaben destruyendo el carácter nacional del partido país.

    Pues precisamente eso.

  2. alc dice:

    Por otra parte, yendo al tema central del artículo, comencemos por admitir que en la mayoría de los partidos suele ser frecuente esa exagerada acumulación de cargos públicos e internos del partido en ciertas personas con tenga con las consecuencias indeseables que menciona Carlos.

    Uno de los casos más escandalosos y flagrantes ha sido probablemente la coincidencia del cargo de Presidente del Gobierno de España y el de Secretario General del PSOE en la persona de Zapatero. Con consecuencias como la utilización del avión oficial para acudir a actos de partido, o la utilización del Palacio de la Moncloa para celebrar de reuniones de partido que manifiestamente correspondería haber realizado en la sede del PSOE.

    Sin embargo, llevar al extremo la no coincidencia de cargos públicos y de partido puede conducir al absurdo. Sobre todo en aquellos casos en que las atribuciones de uno y otro puesto son coincidentes. Pongamos un ejemplo, pensemos en el hipotético cargo de “coordinador de política autonómica” o de “coordinador de política municipal” de un partido en una comunidad o un ayuntamiento, y que las atribuciones de dicho cargo fueran coordinar o liderar a los representantes (diputados regionales o concejales) del partido en esa misma institución. Y supongamos que dicho cargo coincide en una persona que es diputado autonómico o concejal por dicho partido en esa misma comunidad o ayuntamiento.

    En un caso como este sería imposible separar qué atribuciones o qué tiempo de trabajo dedica esta persona a una u otra tarea, ya que en el fondo ambas actividades serían coincidentes. Y el que tratara de separar ambas ocupaciones, debería de hacerlo también en el caso del resto de diputados o concejales del mismo partido, que inevitablemente dedicarán forzosamente parte de su tiempo a reuniones y actividades en el partido relativas a cuestiones relacionadas con su cargo público, aún cuando tengan dedicación exclusiva.

    En mi opinión lo que es una memez que habría que suprimir es lo de la dedicación exclusiva ya que no conozco ningún cargo público político que pueda romper con toda actividad en el partido, pues esto supondría necesariamente que dejara de pertenecer a dicho partido. Y una democracia de partidos se basa precisamente en que son los partidos políticos los que sustentan los gobiernos y los parlamentos.

    Podríamos debatir o filosofar sobre las ventajas y los inconvenientes de la democracia de partidos frente a lo que podríamos llamar democracia ciudadana, es decir que a las elecciones no concurran partidos políticos sino ciudadanos independientes, por ejemplo mediante la creación de circunscripciones unipersonales (lo cual podría ser una alternativa para el Senado, como también lo es directamente su eliminación por caro e inútil). De este modo, presentarse a las elecciones sería un derecho individual (como deberían de ser todos los derechos) y no uno colectivo.

    En el fondo esa sería la única posible justificación de la existencia de circunscripciones electorales. Ya que las circunscripciones electorales (sean del tamaño que sean y tengan el número de representantes que tengan) tienen el defecto antidemocrático de hacer que inevitablemente no todos los votos valgan igual. Por dos motivos, el primero porque aunque se opte un sistema de reparto los más equilibrado posible de los representantes entre las circunscripciones (lo cual no es el caso español), es inevitable que siempre haya circunscripciones sobre-representadas en detrimento de otras infra-representadas. Y el segundo, porque por mucho que se quiera compensar con una bolsa de votos nacional (como no existe en España , pero propone UPyD) siempre existe en mayor o menor medida un mayor número de votos que quedan sin representación.

    En el fondo, el único sistema que realmente permite que todos los votos valgan igual es la circunscripción única.

  3. Francisco dice:

    Creo que es un lamentable error confundir unidad con centralismo. La democracia externa e interna debe existir a todos los niveles que existan, nacional, regional y local.
    Es lógico que exista una relación, e incluso identidad en muchos casos, entre los representantes en las instituciones y en el partido.
    Resulta, además, absolutamente incongruente que se haga la excepción a nivel nacional (incluso en relación con la participación institucional a otros niveles).

  4. CM dice:

    Esto es un poco como cuando les dije: “deberíamos para ser consecuentes denunciar la monarquía como la más flagrante discriminación por razón de ¿cromosomas? que existe en este país. Si perseguimos la igualdad en derechos y obligaciones de todos los españoles no podemos ignorar la más visible desigualdad jurídica de todas ellas…” y entonces el de la mesa me dijo: “no es el momento”, como diciendo: (“si yo te entiendo y es lo que habría que hacer pero me parece que ni este partido ni la sociedad están aún preparados para una propuesta así y se trata de conseguir estar en una posición que nos permita acometer otras cambios más necesarios para este paín y para sus habitantes…”)

    Yo creo que hay cosas irrenunciables y defendibles ante todos y en todo momento por justas y necesarias como la circunscripción única en el territorio en el que vive la población consultada y otras cosas que son mucho menos perceptibles como absolutamente ciertas que es caso del tema de hoy: lo que dice Carlos es muy sensato pero a alc no le falta razón. Personalmente pienso que funcionalmente (para el discurrir del partido) la tesis de Carlos es más acertada. Alc tiene razón en la incongruencia pero supongo que como decía aquel,”no es el momento”.

  5. Francisco dice:

    Pues si todavía no ha llegado el momento de la democracia interna y el pluralismo, este no es mi partido. Precisamente ese momento ha llegado. Si no, al menos para mí, THE PARTY IS OVER.
    ¿o sea que el modelo en el fondo es que solo haya unas elecciones de verdad en todo el Partido y en todo el País del que salga un líder con su equipo?
    Mucho cuidado, eso es una barbaridad.

    • alc dice:

      La unidad y el centralismo sí están relacionados, y mucho. Como la igualdad y el centralismo también. Tanto aplicado al modelo y el funcionamiento de un estado, como a un partido político.

      Los partidos políticos federales, como son PSOE e IU de forma declarada, y también el PP en la práctica, terminan por defender en cada territorio políticas incongruentes e incompatibles, cuando no contrarias entre sí.

      Probablemente el mejor ejemplo, por ser uno de los más flagrantes, ha sido que el PP, el PSOE e IU hayan apoyado en el parlamento vasco el blindaje (una aberración jurídica y legal, ya que un parlamento no puede limitar ni cercenar su propia capacidad legislativa futura, una argucia cutre y torticera pensada para evitar que en el futuro el mismo parlamento pero con otra composición pudiera revocarlo), mientras que en Cataluña se han opuesto a dicho modelo. Y en el resto de España pudiendo proponerlo no lo hacen, de modo también se oponen a que el mismo modelo se aplique a todos. Y por cierto, que los nacionalistas catalanes (que defienden siempre las particularidades, las excepciones y los privilegios) no han tardado en denunciar públicamente esa incongruencia del PSOE y el PP.

      Y no se trata de algo aislado. No es que falten precisamente otros ejemplos de políticas incongruentes, incompatibles o contrarias dentro de los pardidos federados: política de aguas, costas, energía…

      Y en la administración otro tanto. España está llena de políticas autonómicas no sólo descoordinadas, sino en la mayoría de los casos incongruentes entre sí, cuando no directamente incompatibles o contrarias entre sí.

      Y obsérvese que aunque gran parte de las incongruencias y desigualdades existentes entre las diferentes comunidades autónomas se debe a la acción de gobierno y al chanataje parlamentario de los partidos nacionalistas, también existe una cierta relación causa-efecto entre las incongruencias y desigualdades internas de los partidos políticos federales de ámbito nacional, y las incongruencias y desigualdades que crea la acción de los gobiernos autonómicos de estos partidos de funcionamiento federal (PP y PSOE).

      Sólo un gobierno central fuerte, competente y capaz puede poner orden y concierto y hacer políticas integrales. Y esto es así a cualquier nivel y no sólo aplicado a España. Pensemos por ejemplo en la UE, un ejemplo de manual de pésimo funcionamiento de una federación.

      Y por otra parte que un partido político (como UPyD), o un país (como Francia por ejemplo), tengan una organización centralista o centralizada no supone en absoluto ningún déficit democrático respecto al modelo federal.

      En cuanto a que el artículo de Carlos hace referencia a la candidatura de José Luis Morato en Madrid, no veo dicha alusión, al menos de forma explícita. ¿Tal vez alguien más metido en el partido podáis explicarlo?.

  6. pepe rojas dice:

    Tras leer tu comentario me quedo como sorprendido e indignado, pues no entiendo que en plena campaña para elegir la nueva Coordinadora Territorial de Madrid dejes tu ilustre y reconocida opinión sobre una de las candidaturas presentadas. ¿Porqué este comentario ahora Carlos? ¿Lo has hecho de forma deliberada e interesada para perjudicar claramente la elección de José Luis Morato como futuro Coordinador? ¿Por qué no lo has hecho en otro momento para no perjudicar ni influir en la decisión última de cada afiliado para elegir libremente? ¿Tienes intereses por alguna candidatura? Seguramente creo que sí, pero desde luego con este comentario haces un flaco favor a nuestro partido.

  7. Francisco dice:

    Creo que Carlos debería reflexionar.

  8. guticid dice:

    Nuestra país se ha articulado hasta el momento presente por grupos de interés con estructuras no democráticas, con lo cual hasta ahora hemos tenido mucho de democracia formal, con infinidad de redes clientelares muy caras de mantener y que no han hecho de correcta correa de transmisión del conjunto de la sociedad…
    Esto ha constituido la base del cáncer que hace un país ineficaz…
    Confío lleguemos a través de un mayor grado de democracia interna de los partidos llegar por fin a una democracia real…
    Este proceso de democracia real presupone la interiorización de unos principios democráticos, algo que llevará su tiempo, viniendo del país de donde venimos… De momento muchas cosas no se han asimilado por parte del personal más que epidérmicamente…, debemos evitar cainismos personalistas que nada tienen que ver con programas políticos…

  9. alc dice:

    Existe una importante confusión entre el centralismo político y el centralismo económico. Ni son lo mismo, ni el segundo se mitiga automática ni necesariamente acabando con el primero.

    Esta mentira es, de hecho, uno de los grandes dogmas del modelo autonómico constitucionalista creado en la transición. Se les hizo creer a asturianos, extremeños, manchegos y andaluces que con un modelo descentralizado ellos saldrían también necesaiamente beneficiados.

    Sin embargo, tras 30 años de autonomismo descentralizador España es hoy un país tremendamente centralizado desde el punto de vista económico. Madrid sigue creciendo urbanísticamente de forma desmesurada, sigue concentrando la mayor parte de los puestos de trabajo y las ofertas de empleo cualificadas, una tasa de paro inferior al resto del país, etc.

    La descentralización de la administración apenas ha servido para crear puestos de trabajo en la propia administación, y en sus redes clientelares, por medio de exigir frecuentemente, y más o menos extraoficialmente, a las emrpresas adjudicatarias pagar el peaje de tener sede y personal en la autonomía de turno para acceder a la contratación pública. De este modo, se intenta romper el mercado a costa de fomentar la ineficiencia en el gasto público al distorsionar los concursos renunciando a las mejores ofertas (técnicas y no sólo económicas) en pro de un provincianismo ridículo, absurdo e inútil. Pues la actividad económica del país se sigue concentrando en la capital, y en menor medida en las grandes ciudades de toda la vida: Barcelona, Valencia, Bilbao… y poco más.

    La realidad es que el modelo federal no ha supuesto más oportunidades ni recursos para las autonomías pobres y rurales, que son la mayoría. Y esto es así, porque sólo es posible un único control del gasto público en base a las necesidades reales de de cada zona en cada materia, si se adjudica partida por partida en base a las necesidades desde un organismo único y común a todos.

    Es decir, un estado con un gobierno único puede gastar más en carreteras en aquellas zonas del país donde son realmente necesarias, y lo mismo en sanidad, educación, etc.

    Cuando se dan las competencias a las autonomías es imposible asignar los presupuestos en función de las necesidades reales partia por partida. Y el resultado es el bochornoso e inadmisible reparto de los fondos públicos entre las autonomías en función de la capacidad de chantaje político de cada una, o de que el partido politico que las gobierna sea del mismo color que el del gobierno central que reparte el dinero. Todo ello justificado en base a las supuetas individualidades, singularidades e identidades culturales. Y todo ello distorsionado además por sistemas desiguales de contribución como el cupo vasco y navarro (y tal vez pronto también catalán).

    En esto ha consistido y consiste el reparto de fondos entre las atonomías. Tanto con el gobierno de Zapaaero, como en los de Aznar y González.

    No hace falta ser muy abispado para evidenciar que los grandes perjudicados de este modelo tan insolidario son las autonomías menos desarrolladas: extremeños, asturianos, andaluces… en beneficio de catalanes, vascos o navarros. Pero los partidos nacionalistas se dedican a fomentar el odio a Madrid. Haciendo creer a los habitantes de estas autonomías que los grandes beneficiarios de un modelo de estado centralizado serían los madrileños, y no ellos.

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