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Rubalcaba llega con “R” de Ruina

Ignoro si la candidatura de Rubalcaba salvará al PSOE de la catástrofe a la que parece abocado por el pésimo gobierno de Rodríguez Zapatero o si, por el contrario, esa misma operación salvadora conseguirá hundir un poco más al centenario partido en sus arenas movedizas. Casi me daría lo mismo, salvo como curiosidad histórica, si no fuera porque los partidos políticos, y en particular los muy grandes son, debido a su desproporcionado peso en el sistema político de un país con una sociedad civil rala y poco influyente, agentes a los que todos estamos atados queramos o no (como pasa con la banca o las empresas eléctricas). Por eso lo que suceda en el PSOE o en el PP va mucho más allá de su interés doméstico y acaba afectando al de todos. No puede darnos igual lo que suceda con la candidatura de Rubalcaba, ni tampoco lo que expresa de la degradación de un sistema partitocrático que da muestras de agotamiento y senilidad galopante.

Un famoso pasaje de Walter Benjamin, dedicado a un cuadrito de Paul Klee con el tema del “ángel del progreso”, describe a este ángel volando de espaldas: mientras se dirige impávido al horizonte del futuro, contempla las ingentes ruinas que el avance de la historia ha dejado a su paso. Pues bien, Rubalcaba me recuerda ahora a ese ángel de la historia, asociado al progreso pero más destructivo y siniestro que otra cosa. Para auparse a la candidatura a la Presidencia del Gobierno, Rubalcaba también ha ido avanzando mirando siempre hacia atrás –como corresponde, para precaverse del puñal amigo, a los poderosos metidos en turbios asuntos-, y desde esa posición privilegiada puede ahora contemplar como nadie la ruina de su partido a consecuencia del avance del zapaterismo, en el que él ha tenido un papel protagonista por mucho que trabajen nuestra amnesia.

Lo que es más, esa ruina progresiva del PSOE y de la izquierda tradicional –ahí están una IU en descomposición y los viejos “sindicatos de clase” desprestigiados y vapuleados por la opinión- salpica un paisaje de ruinas mucho más vasto: todo un país al que el zapaterismo prometió soluciones históricas para dejar prácticamente todo peor que antes. El paro en cifras históricas, especialmente el juvenil, y la destrucción de empresas; la economía sumergida y el fraude fiscal mayores que nunca; el sistema financiero del que tanto presumían bajo sospecha de insolvencia, especialmente en las Cajas que los partidos usaban como banca privada; la burbuja inmobiliaria, esa que nunca existió, persiste latente, temblorosa, lastrando la economía; la educación obligatoria bajo mínimos de calidad y la I+D+i convertida en moneda de cambio presupuestario; la sanidad pública al borde del colapso financiero; el nacionalismo irredento en auge o tan enquistado como siempre, y sobre todo ETA de nuevo en las instituciones a través de una nueva marca blanca, Bildu, encargada de reescribir la historia para que parezca que la culpa del terrorismo fue, sobre todo, de víctimas que no quisieron adaptarse.

La cosecha de ruinas del zapaterismo es copiosa y variada: apenas deja área temática alguna fuera de su desolación. El que fuera modelo zapaterista de industria cultural y protección de los autores, tan agradecidos por ello hasta ayer mismo, la SGAE, también ha resultado ser una fábrica de fraudes. No será porque no hubiera avisos de alarma, pero la sordera selectiva del zapaterismo es otro de sus rasgos idiosincráticos.

Pues bien, Rubalcaba es el zapaterismo tanto como el propio ZP, o más. ¿No ha sido ungido por la vieja guardia para salvar los muebles del naufragio socialista en curso? ¿Y no ha sido elegido precisamente por ser el mejor para fingir que nadie más alejado que él de los errores y desatinos de ZP, cuando ha sido su soporte más sólido en el Gobierno? ¿Y no es esa impostura radical de confundir el fingir con el gobernar, hasta sólo fingir que se gobierna, el alma más profunda del zapaterismo? Rubalcaba es el zapaterismo sin Zapatero, o lo que es lo mismo, cualquier forma concebible de oportunismo e irresponsabilidad.

Y por eso es bastante lógico que Rubalcaba haya llegado a lo más alto de su carrera política justo cuando todo amenaza ruina y el país teme caer a lo más bajo. ¿Podía haber una conclusión más lógica para esa clase de carrera política? Mientras escribo estas líneas, y mientras la prensa tradicional –que nunca decepciona ni sorprende- sigue aferrada a la cuestión de si Rubalcaba es el nuevo Maquiavelo que necesita la izquierda o teme la derecha, el diferencial de la deuda española escalaba los 383 puntos y el de Italia sobrepasaba los 300. Según los expertos, la línea roja que es mejor no pisar siquiera. Pues bien, ya está atravesada. Rubalcaba ha venido a nuestro rescate con la R de Ruina mayúscula, de una ruina que él se ha trabajado y ganado a pulso como el que más. Este es el personaje llamado a salvarnos. Es posible que pase tan poco a la historia como el olvidado rival de Hoover cuando la Gran Depresión, de quien los periódicos también hablaron mucho: se llamaba Al Smith y la crisis también le barrió. ¿Y quién era Rubalcaba?, preguntarán los interesados en esta época dentro de 50 años: uno que siempre estaba detrás de todo, dirán los más enterados.

 

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1 comentario a “Rubalcaba llega con “R” de Ruina”

  1. CM dice:

    Yo ya estoy curado de espanto. Creo que si la R roja consigue engañar a suficientes incautos, podría aguarle la fiesta (absolutamente) a la R azul. Irrelevante, la R magenta acabará con el bipartidismo en las próximas Generales.

    Unas notas:

    Oígo cosas como “esta usted haciendo demagogia” en vez de “estad usted diciendo una bobada porque tal y cual…” en gente de UPyD. Cuidado.

    Me descubro ante la brillante estratregia “uvas del lazarillo” seguida ante los electos díscolos del partido. ¡¡¡ Master Combo !!!

    Recuerdas lo bien que funcionaba PlataformaPro? Pues aquí el lag quita mucho de las virtudes que tenía. No estoy cómodo esperando un día para ver los comentarios. LLevo tiempo aquí y creo que deberías dar confianza a algunos de los participantes que sabes que no van a aportar más que cosa positivas. Hazlo aunque sea internamente: Tu blog, tus reglas.

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