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Lo primero es moralizar la vida pública

La expresión “regeneración democrática” se ha puesto de moda y, como es natural, no todos la usamos con el mismo significado. En UPyD la usamos desde nuestro nacimiento, la usan muchos analistas y escritores –y el regeneracionismo es un viejo artefacto teórico de la democracia española desde al menos Joaquín Costa-, y lo han puesto de moda esta primavera iniciativas y movimientos como #nolesvotes, Democracia Real Ya y el variopinto (y decadente) movimiento de los Indignados acampados bajo el exagerado título de #spanishrevolution.  Los que pedimos regeneración del sistema compartimos el diagnóstico básico, a saber, que el sistema democrático nacido en la Transición ha degenerado por muchas causas, pero no hay acuerdo en cuáles son éstas ni en cómo pueden atajarse. El amplio consenso sobre el que el bipartidismo inducido es un mal, la Ley Electoral injusta y la Justicia independiente sólo un deseo piadoso, se abre a continuación en un amplio abanico de propuestas alternativas. Unas, como las nuestras de UPyD, proponen medidas regeneradoras claramente institucionales: reformas parlamentarias de la Ley Electoral y de la Constitución para asegurar la separación de poderes, la autonomía de la justicia o leyes de transparencia y participación ciudadana. Otras, como las que se han oído en las asambleas de indignados, han derivado hacia políticas asamblearias fundamentalistas (eso es para mí el empeño en conseguir la unanimidad en una sociedad donde nada es unánime ni puede serlo) de orientación anarquista o consejista que han conseguido achicar al máximo el espacio social del movimiento hasta llevarlo a la parálisis y la marginalidad. Entre medio, los viejos partidos intentan ponerse al frente de la manifestación regeneracionista prometiendo reformas que han rechazado hasta ayer mismo, copiando descaradamente iniciativas de austeridad que exigen al rival mientras ignoran en sus taifas particulares, como sucede con las exigencias de transparencia de Rajoy a las comunidades que gobernaban los socialistas. ¿Pero cómo creer su buena disposición a quienes han fabricado este callejón sin salida?

Como es natural, esta profunda división desorienta a muchos ciudadanos interesados en qué se puede y debe hacer para solucionar la crisis política que amenaza con destruir todo lo que necesitamos para vivir con decencia, igualdad jurídica y libertad personal. Algo por otra parte inevitable cuando, como es el caso, asistimos a la que amenaza ser muy pronto una formidable crisis constitucional. La pregunta es más o menos esta: por dónde empezamos? Algo así como una versión reformista y cívica del revolucionario Qué hacer? que Lenin escribiera como guión del asalto al poder en Rusia.

Pues bien, en mi opinión lo que urge y lo primero es moralizar la vida pública. Entrar en las instituciones para hacer que actúen de acuerdo con los criterios de la ética pública de la democracia, que es algo bastante sencillo: respetar las leyes y hacerlas cumplir a todos, servir al interés general y no al particular ni partidario, rechazar cualquier corrupción y combatirla con medidas prácticas. Abrir las ventanas, los cajones y los armarios; levantar las alfombras y pasar la escoba; poner sobre la mesa lo que había estado tapado, desde el estado de las cuentas públicas al funcionamiento interno escamoteado al control de todos.

El entusiasmo que ha despertado una medida tan sencilla y de sentido común como el rechazo de los coches oficiales que corresponden a todos los concejales de Madrid –salvo entre sus antiguos beneficiarios, especialmente los de IU- por los cinco de UPyD es solo una muestra de lo extendida que está la urgencia por la moralización de la vida pública. Cuando se pide que se extingan los privilegios de los políticos la mayor parte de la gente reclama que desaparezcan los lujos injustificados –como esos coches oficiales con chófer y escolta que son más un signo de estatus que una medida de seguridad-, y también las zonas de sombra que ocultan al escrutinio público el verdadero funcionamiento de la maquinaria política y administrativa: la toma de decisiones sobre asuntos que afectan a millones de personas. La vida pública se moraliza no mediante declaraciones altisonantes, sino con cargos públicos austeros que no buscan privilegios para sí ni para sus socios, mediante políticas de transparencia y apertura a la ciudadanía y con instituciones eficaces que –al menos- resuelvan más problemas de los que crean y aporten más beneficios que costos.

Moralizar la vida pública no es sin embargo el objetivo de la política de regeneración democrática, sino un requisito para su puesta en marcha, el saque que inicia el partido. Su objetivo no es sólo dar buen ejemplo y demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera, que también, sino devolver a las instituciones la legitimidad que han perdido por el mal uso que los viejos partidos han hecho de ellas. Esta legitimidad es indispensable para abordar el debate político que exige una reforma constitucional y para tener autoridad para enfrentar los grandes problemas que ya tenemos en casa: crisis económico-financiera, paro monstruoso (especialmente el juvenil) y desafíos nacionalistas al Estado común que la entrada de Bildu en las instituciones vascas y navarras van a reactivar inmediatamente echando más gasolina al fuego que consume el Estado.

La legitimidad que da la moralización de las instituciones es la convicción de que los cargos públicos no son un hato de corruptos o ineptos que están allí para medrar, sino ciudadanos como la mayoría, dispuestos a poner lo mejor de sí mismos para resolver los asuntos que se les han encomendado. En definitiva, la seguridad de que, al igual que un bombero, un policía o un médico, un concejal o un diputado está trabajando para resolver los asuntos públicos del mejor modo que sepa. Ese es el clima de opinión indispensable para abordar con seriedad y garantías un debate sobre cómo resolver de una vez la estructura territorial del Estado, cómo acabar con la corrupción, cómo instaurar una justicia independiente o una ley electoral más justa. O la reforma laboral que urge para acabar con el mercado dual y el paro juvenil consecuente.

Conviene recordar que nuestras sociedades modernas son complejas, cambiantes y, en muchos aspectos, impredecibles. Pretender que todos quienes las componemos debemos ponernos de acuerdo en todo –al estilo de las acampadas de “indignados”- no solo es una quimera y una soberana tontería, sino un atentado contra la naturaleza misma de la democracia, entendida como un sistema político que incluye a personas de muy distintas ideas, creencias, expectativas e intereses, organizadas por eso mismo en distintos partidos políticos. Los problemas políticos que tenemos solo va a solucionarlos una política mejor y más democracia, no menos, pero para eso es indispensable que primero moralicemos las instituciones acabando con la corrupción, las malas prácticas, la opacidad, la ineficacia y, sobre todo, con su secuestro para ponerlas al servicio de intereses particulares. Se puede empezar renunciando a coches superfluos y con otras cien medidas inmediatas. Pero lo importante es empezar ya, y empezar haciendo política.

 

 

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14 comentarios a “Lo primero es moralizar la vida pública”

  1. Uno mas dice:

    Muy buenas
    Ese discurso -durante demasiado tiempo sostenido por los voceros y terminales mediáticas del PP, del PSOE y los grupos nacionalistas- de que los resultados de las urnas bastaban para legitimar el poder en las democracias, ha sido un soberano disparate.
    Un disparate que explica en gran parte lo que vemos ahora.
    Porque ningún poder público puede legitimarse tan sólo en una fórmula aceptada de origen -en las monarquías hereditarias por ser el primogénito legítimo, en las democracias parlamentarias por sacar el mayor número de escaños, etc.-, ni puede sostenerse sólo por el miedo al castigo o por la expectativa de recompensa personal, y menos aún por el consentimiento pasivo nacido de la pereza, la apatía o la indiferencia social -que parece es lo que han estado buscando-. Tanto o más importante es la legitimidad que se gana por el ejemplo.
    Es imprescinbible dar el paso de recuperar la decencia en la política -la decencia es un concepto que quedó relegado hace décadas vayan ustedes a saber porqué-, pues la mayor y mejor “confianza” -gran palabra que repiten los señores del PP- que necesita la nacion ese esa.
    Parece que ha sido necesario una profundización de la crisis económica para que muchos españoles decidan volverse críticos con la opacidad de las cuentas y dejen de ser tan tolerantes con la inmoralidad que se muestra no sólo en los delitos contra la administración pública, sino en la iincoherencia mayúscula de rechazar un asunto hoy y convertirse en un paladín del mismo mañana -sin explicar porque se gira tan de repente-, en la incongruencia de defender una cosa para X y la contraria para Y, que es lo que vienen haciendo Rajoy y de Cospedal durante los últimos tiempos.

  2. CM dice:

    No puedo estar más de acuerdo con estas palabras (excepto lo del “decadente” del 15M) pero como las palabras se las lleva el viento y aquí no se yo si te leerán muchas personas, hay que seguir dando ejemplo.

    Porque aunque tengas razón y el ejemplo no sea la razón fundamental para hacer lo correcto, si es cierto que es lo que más rápido llega a la gente y lo que más poso deja en ellos. Gracias a lo que estáis haciendo, hay muchas, muchísimas personas que están tomando nota y aunque puede que se les escapen cosas como las que dices aquí, ten por seguro que les estáis enseñando que otro camino para nuestra democracia es posible y deseable y sin duda nos lo van a agradecer a nosotros y se lo van empezar a exigir a los demás.

    Como una nota al margen, sólo decir que espero que cuando surjan los vicios que aquejan a todo colectivo, sepáis desde la cúpula estar a la altura de la nueva esperanza que nos habeís dado.

  3. jjms dice:

    Las palabras son, evidentemente, solo palabras y como tales tienen distinto significado según quién y cómo las utilice o interprete. La moralización de la vida pública se puede entender según qué moral se dé por buena, al igual que la tolerancia – por ejemplo – se da por un concepto positivo sin que se cuestione previamente qué es lo que se puede o debe tolerar y qué es absolutamente intolerable.

    Por eso es imprescindible pasar de las palabras a los hechos por que estos sí que suelen ser inequívocos. Aunque en algunos casos solo representen pequeños gestos casi anecdóticos, pero testimoniales en todo caso del contenido real que se da a esas palabras.

    Por eso el ejemplo que supone el hecho tiene tanta relevancia en el mundo de la política, por que denota el grado de coherencia que el político tiene con sus propias palabras, o con las de las tesis que dice defender. Y al contrario, puede poner de manifiesto la incoherencia e incongruencia de hechos que no casan con las ideas manifestadas.

    La democracia se basa en un contrato tácito entre el candidato y el votante, por lo que el cargo electo se debe mantener siempre en absoluta coherencia con el programa defendido y comprometido durante la captación de esos votos. Sea moral o inmoral ese programa defendido antes de la elección, la moralidad del cargo político reside en esa coherencia permanente evidenciada en cada hecho.

    La pretendida legitimidad del político no reside en el número de votos recibidos, sino en su lealtad con los principios que defendía antes y durante su elección.

    La actuación contraprogramática, es decir, en sentido contrario a la voluntad del elector, no solo es inmoral, sino que es manifiestamente ilegítimo y se contrapone al principio fundamental de la democracia. En ese caso el político debe dimitir de inmediato o someterse al nuevo dictámen de unas elecciones, como es el caso del presidente del gobierno desde hace ya más de un largo año.

    • CM dice:

      Y si no, que se lo digan a los votantes de IU (los del PPSOE ya están demasiado acostumbrados a la incoherencia). Pero creo que se te olvida algo: el mejor escriba hecha un borrón.

      Si estamos convencidos de algo, lo llevamos en el programa, nos votan para defenderlo y tiempo después nos damos cuenta de que estábamos equivocados (si, incluso nosotros), lo más honrado es decirlo y rectificar y en su caso, convocar nuevas elecciones presentando el nuevo programa para ver si la gente sigue dandonos su confianza. Ya se que este comportamiento en España es inaudito pero nosotros somos extraordinarios y además sería lo correcto.

      Saludos !!!

      • jjms dice:

        Sí es cierto que el mejor escriba echa un borrón (aunque hay otra expresión más soez que ilustra mejor la circunstancia), pero como no hace mucho declaró Felipe González, siendo igualmente cierto que rectificar es de sabios, hacerlo constantemente supone pasar a la categoría de necio.

        En cuanto a rectificaciones, yo creo que son perfectamente admisibles por humanas, pero nunca en aspectos básicos o principios programáticos. En ese caso solo cabe la disolución de la formación política o la refundación para partir nuevamente desde CERO.

  4. atlante dice:

    Gracias por este blog Carlos. Me considero partidario de moralizar la vida pública a la vez que pudieramos conseguir aproximar al ciudadano a las instituciones, para que pueda participar en las mismas. Es la única forma de que pueda entender porqué es necesario gestionar lo público.
    Hablando de lo impredecibles que puedan llegar a ser las sociedades, en lo que no se puede predecir algunos políticos no entienden el hecho de que aunque hoy no tengan la responsabilidad de Gobierno, mañana la pueden tener o la van a tener. Me explico: es el caso del PP con lo de levantar las alfombras…. Es que no haría falta esta frase que suena a amenaza y a “ahora verás” los delitos en la cosa pública tienen que resolverse por la via judicial y ser públicos, pero no se puede hacer una bandera de algo con lo que en primer lugar probablemente también se te pueda acusar y en segundo lugar, se te pueda volver en contra, cuando al utilizar este tema como un asunto con fines puramente electoralistas y tan a lo bestia, estás consiguiendo deteriorar la imagen de España, la imagen de los políticos hacia los ciudadanos y estás provocando indirectamente que el día de mañana, probablemene, tengamos intereses mas caros de la deuda que pagar y crisis de confianza en los mercados.
    Hay que hacer siempre un ejercicio de responsabilidad y no vale todo por una mayoría absoluta como se ha lanzado el PP a tener.
    Como comentaba hoy con algún compañero, todo converge, y es posible que para que España vuelva a tener un crecimiento estructural, generar empleo y tengamos todos mayor nivel de bienestar hagan falta las reformas estructurales que preconiza UPyD, para poder atar los perros del gasto de las Comunidades Autónomas, también habrá que reformar la ley electoral y el Senado y por supuesto adelgazar las duplicidades en el gasto innecesario de las distintas instituciones que intervienen en la gestión. O sea un esfuerzo micro y macro por el ahorro, y a la vez parte de ese ahorro que no se destine a cubrir déficit que sea para invertir en una mejor educación centralizada, I mas D, explotar energias renovables (solar,…) y sobre todo mejorar la eficiencia en la gestión de infraestructuras básicas.
    La legitimidad no la da sólo las urnas está claro. La dará en mi opinión esta nueva forma de hacer política de UPyD y la transformación hacia una sociedad mas democrática y sobre todo PARTICIPATIVA.
    Gracias de nuevo Carlos

  5. alc dice:

    Empezaré por decir que yo sí que estoy bastante de acuerdo respecto a la degeneración y decadencia del movimiento 15-M. Os paso un vínculo, a blog donde se expone todo esto de una manera bastante clara:

    Las acampadas amenazan al movimiento 15-M

    Y aquí os paso otro vínculo, algo más extenso y teórico, pero que me ha gustado más aún ya que creo que explica muy bien los puntos débiles y lo que le está pasando al 15-M:

    Nota sobre la degeneración de las organizaciones

    Lo que considero sumamente interesante de este último vínculo, es que expone toda una teoría que no sólo es aplicable al movimiento 15-M, sino en general al funcionamiento y el devenir de todo tipo de organizaciones. Sinceramente no conocía esta teorías, pero mi experiencia personal la corrobora totalmente.

    Yendo un poco hacia lo concreto y cercano, creo sobre esto del modelo de salida y voz de Albert Hirschman se podría reflexionar bastante si lo aplicamos a un partido político caractarizado por una gran disciplina interna, y un ideario y un discurso político muy marcados, como es UPyD.

    Y ya sin referirme al movimiento 15-M ni a nada en concreto, el otro aspecto fundamental que en mi opinión y experiencia distorsiona y corrompe inevitablemente a todas las organizaciones (desde un club de rol, una delegación de alumnos, un grupo parroquial, un club deportivo, una asociación de vecinos, o una asociación de boy-scouts…) es el amiguismo y el nepotismo.

    Parto del supuesto de que en cualquier asociación (y más cualquier partido político, con un funcionamiento teóricamente democrático, o un movimiento popular, asambleario, izquierdoso y en cierto modo incluso revolucionario como pretende ser por ejemplo el 15-M) se parte de la base de que todos los integrantes, socios, asociados o afiliados participan en igualdad de condiciones, comparten derechos y obligaciones y están igualmente representados en voz y en voto.

    Sin embargo, en la práctica en todos los casos que he conocido hay una pandilla de amiguetes que se reparten los cargos de poder y controlan de manera excluyente el funcionamiento de la organización. Este amiguismo o nepotismo, se suele justificar por parte del dirigente de turno (que hoy es uno de la pandilla, pero mañana puede ser su amiguito de al lado) en base a la necesidad de contar con un equipo de confianza.

    En mi experiencia, es frecuente además que el grupito dirigente que lo controla todo recrimine cínicamente al resto de los miembros de la asociación el no contribuir, no participar, no esforzarse, no entusiasmarse, no involucrarse y no aportar suficiente esfuerzo y sacrificio personal para el funcionamiento de la organización.

    Esto es a lo que en todos los partidos políticos se le llama el aparato.

    • CM dice:

      Bueno, tengo que hacerte unas puntualizaciones:

      El 15-M es muchísimo más que las acampadas, las manifestaciones y la red y tiene una fuerza creciente exponencialmente (ya lo veremos el día 19 y posteriores). No se cuanto tardaremos ni si esta será la definitiva pero vamos a cambiar el mundo, sin duda.

      El consuelo en nuestro caso es que tenemos un nivel de talento, inteligencia y bondad en nuestras filas que no veo el día en que una estupidez supina o un incompetente indocumentado y maligno tenga cabida en nuestros programas o en nuestros órganos, por mucha camarilla que tenga detrás. Confía en nuestras virtudes.

      Saludos !!!!

      • alc dice:

        Es indudable que el movimiento15-M supone, de entrada, un despertar de una ciudadanía y una juventud adormecidas.

        Y muchos de los puntos e iniciativas aprobados en las asambleas son de una calidad técnica buenísimas. Una lectura de sus propuestas basta para comprobar que no están hechas por una pandilla de niñatos ni de porretas. No en vano, muchas de sus ideas coinciden con el programa de UPyD (independencia de poderes, etc.).

        Pero creo que van incluso más allá cuando proponen abolir el senado (una cámara cara e inútil), reducir el gasto público en sindicatos y partidos, o poner orden en nuesro tremendo gasto diplomático en contraste con la pésima y lamentable atención consular (animo a UPyD y Sosa-Wagner a tratar de poner orden en el despilfarro de la política diplomática de la UE, que en lugar de unificar los servicios existentes para reducir costes y duplicidades, ha creado una nueva estructura que se superpone a las estructuras diplomáticas de cada estado, que se mantienen).

        Con todo creo que el mayor acierto del moviemiento 15-M ha sido la apuesta por las asambleas de barrio. Es una apuesta por la democracia participativa a nivel local.

        De hecho, creo que UPyD debería reflexionar sobre sus ideas y sus políticas municipales. Creo que plantear pactos globales con PP y PSOE en los municipios en función exclusivamente de asuntos que no competen en modo alguno a a los ayuntamientos (competencias educativas del Estado y reforma de la ley elecotoral) es un error.

        La lectura que hago es que UPyD entiende la regeneración democrática en clave nacional, supeditando a ella toda su acción en las autonomías y en los ayuntamientos. En definitiva, parece que el partido funciona jerarquicamente desde arriba, hacia abajo. Y más por arriba que por abajo.

        Y creo que es un error, porque en los ayuntamientos también existen grandes reformas democráticas que hacer. Si hay un ámbito en el que es posible la participación ciudadana es en los ayuntamientos. En un ayuntamiento existen infinidad de decisiones que se pueden mejorar con la participación de los vecinos. Y sin embargo, si hay unas instituciones donde impera el caciquismo, la arbitrariedad y el abuso de poder es precisamente en los ayuntamientos.

        Mucho ánimo.
        Mucho ánimo.

  6. jjms dice:

    En un movimiento, o mejor dicho un fenómeno, como el 15-M constituído teóricamente a base de sumarse uno a uno a título exclusívamente personal y donde en principio nadie representa a nadie. Donde todo es planteable y cuestionable en base a las cambiantes sensibilidades de cada asamblea, donde no existen principios básicos ni ideas fuerza que aglutinen, sino que cada uno tiene su propia y distinta idea de lo que es y lo que debe perseguir el “fenómeno”, el colectivo queda al albur de los grupúsculos más o menos organizados que se pueden infiltrar sin tanta buena fe como se supone a los que se van sumando en solitario.
    Quiero decir que no es nada difícil que un movimiento que nace espontáneamente, sin organización, ni estructura previa que lo proteja de infiltraciones interesadas, corre el riesgo de verse trufado por grupos más organizados que lo desvíen de los intereses primeros que lo alumbraron, manipulándolo y distorsionándolo.
    Lo que empezó siendo algo “en favor de”: Democracia auténticamente representativa, política en manos de los ciudadanos, transparencia y honradez en las instituciones, …
    Se va convirtiendo en algo “anti”: anti-capitalista, anti-globalización, anti-sistema, anti-institucional o incluso anti-democrático e ilegal.

    • CM dice:

      Como decía aquel, tendrías que engañar a todos durante todo el tiempo y eso, jjms, no puede hacer hoy día.

      • jjms dice:

        Pero si es que es ya muy dificil de entender qué tiene que ver pretender una democracia más representativa o una ley electoral más justa con bloquear los accesos a un garaje del parlamento valenciano, con intentar boicotear una toma de posesión de un alcalde o tratar de impedir que se aprueben unos presupuestos en el parlamento catalán, ya no digamos el entrar en un hipermercado para intentar ROBAR 40 o 50 carros de comida.
        Recibí con gran simpatía el inicio de este fenómeno y coincido en casi todas las grandes propuestas que se hacían bajo en lema de democraciarealya, pero veo una deriva incluso de la que es indicadora la estética de los participantes.
        Lo que ya me parece demencial es que desde estas concentraciones de unos cientos o unos miles, se exhiban lemas como el de “No nos representais”. Quizás (seguro) que a ellos no, pero a otros varios millones de ciudadanos que se han expresado en las urnas, seguro que sí.

  7. manulucas77 dice:

    Querido Carlos.

    Te escribo en esta entrada, que veo relacionada con nuestros intercambios de opinión en twitter, por si tienes un rato y me contestas. Aquí tenemos unos pocos más caracteres para usar.

    Tampoco quiero extenderme mucho. Del movimiento 15M, entiendo que ha tenido errores, como cualquier empresa humana. Pero acéptame que es un movimiento maravillosamente romántico, que ha sacado a la luz la bonhomía de muchas personas (ejemplo encantador, en el blog de Enrique Dans http://www.enriquedans.com/2011/06/gracias-acampadas.html).

    Acepto que haya opiniones diferentes, como la tuya, que busquen alcanzar similares objetivos desde un campo de juego más parlamentario (no quiero decir más demócrata por razones obvias). No buscaba aquí entrar a aportar razones de por qué sí o por qué no el 15M, pero siento la necesidad de aprovechar la sinergia creada para canalizar el consenso de mínimos en propuestas concretas.

    Ese consenso de mínimos tan repetido estos días (una nueva ley electoral; políticos transparentes, preparados y no corruptos; separación efectiva de poderes; y controles ciudadanos para la exigencia de responsabilidad política) seguro que a ti, miembro fundador de esa estrella de esperanza para muchos de nosotros que se llama UPyD, te suenan bastante. Lleváis años trabajando en ello.

    …Y yo llevo años siguiéndoos ilusionado, esperando el día que decidáis mostrar a todo el país que la necesidad infinita de cambiar la Ley Electoral la compartimos millones. Desde el Congreso nos han toreado: aceptaron crear una comisión (qué irónico, una “comisión”) para la reforma de la ley (aprovechando el adagio “contra el sí no se puede luchar”) para luego cerrarla el año pasado con razonamientos burlescos y a la sombra de los medios de comunicación. De acuerdo que UPyD crecemos, pero… ¿será suficiente? ¿Será un crecimiento tan exponencial como para desenroscar esa pescadilla que se muerde la cola (ley electoral – ley orgánica – no permite iniciativa legislativa popular – sólo se puede modificar con el consentimiento de PPSOE – no se modifica la ley electoral)?… Ya me gustaría a mí que así fuera.

    Pero el 15M ha abierto un escenario diferente. Muchos ciudadanos, hasta ahora callados, han decidido comenzar a hablar. Más bien a clamar… Se podría comparar con ese mecanismo de la Iglesia Católica de elegir Papa bien por cónclave, bien por aclamación popular.

    Entonces: ¿Por qué no aprovecharlo? ¿Por qué no aunar las fuerzas – las firmas – de todos los ciudadanos en torno a una propuesta razonada de modificación de la Ley Electoral? Ése cambio es el mínimo en el que estamos todos de acuerdo, y del que debemos partir para regenerar la democracia.

    Acabo con otro adagio: “La unión hace la fuerza”, y con un cariñoso saludo para una de las personas a las que debo mi renaciente interés por la política. Carlos, te agradecería que me contestases a las preguntas que te planteo. Igual tras esa respuesta veo las cosas de otro color. Aunque el Rosa-Magenta me encanta.

    Un abrazo,

    Manuel de Lucas

  8. Jontxu dice:

    Puestos a mejorar la legislación electoral, puede empezar UPD proponiendolo en el Pais Vasco, donde un voto alaves vale lo que cuatro vizcaínos. El problema es que se quedaría sin su único parlamentario regional. Ya vale de denunciar situaciones que nos perjudican y no hacerlo con similares que nos benefician.

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