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Internet y la posibilidad de una nueva política

Pocos cambios culturales afectan tanto a la política como la evolución de los sistemas de comunicación. La escritura estimuló la aparición de los primeros Estados dignos de tal nombre, y de los primeros experimentos democráticos. La imprenta modificó en profundidad la vida pública al multiplicar la emisión y recepción de textos, permitiendo la aparición de la prensa como un agente público de primer orden. Los medios eléctricos y electrónicos (del telégrafo y la radio a la tv y el vídeo) hicieron posible el acceso masivo a la información (y a su manipulación) incluso en sociedades poco alfabetizadas, un paso fundamental hacia la integración del mundo en una civilización global, proceso que sigue su curso. A la luz de esta serie histórica es obvio que internet y sus novedades también deben tener repercusiones políticas, la última muestra de las cuáles son las rebeliones democráticas de algunos países árabes (mientras que las de Polonia, RDA o Checoslovaquia fueron las últimas rebeliones políticas vinculadas a la radio y televisión). Esto ya es obvio, así que la pregunta interesante es si internet tiene propiedades comunicacionales con impacto político, y cuáles son esas. Propondré algunas.

Lo primero que debemos entender es que las propiedades políticas de internet no son una consecuencia de la tecnología como tal, sino de los nuevos hábitos comunicacionales que alienta. Aunque la tecnología sea idéntica no es lo mismo -¡en absoluto!- usar Facebook o la web para colgar fotos de vacaciones o leer las ediciones digitales de la prensa tradicional que para convocar manifestaciones contra una dictadura o escribir un blog político (en el sentido amplio del término). Considerar que todos los usuarios de internet –los internautas- son por el mero hecho de serlo la encarnación de un nuevo tipo de ciudadanía con una nueva conciencia global es una tontería narcisista (que para algunos exime de cualquier esfuerzo de verdadera educación política, científica y filosófica). Lo que hace internet, de un modo que no permitían los medios anteriores, es dar cauces de expresión y redes de comunicación muy eficaces y muy rápidas a ideas políticas que de otro modo apenas podrían hacerse oír. En este sentido, internet ha cambiado las reglas del famoso modelo socio-político de “voz y salida”: antes de internet los descontentos con una dictadura no tenían otra salida, si carecían de voz tradicional, que el exilio o el pataleo privado. Lo que internet aporta es la posibilidad de constituirse como una voz potente en las nuevas redes sociales sin que el gobierno pueda siempre erradicarlo pese a la infinidad de trabas que puede acumular. Incluso se puede ver obligado a tolerar el fenómeno, como prueba el caso de Yoani Sánchez o los blogueros chinos.

Lo segundo a resaltar es que internet ha cambiado de modo drástico dos importantes rasgos estructurales de los antiguos mass-media: la demora temporal de la retroalimentación, y la desigualdad entre emisores activos de información y receptores de la misma (entre periodistas y consumidores de su trabajo, para entendernos).

En la era pre-internet había un lapso de tiempo inevitable entre el acontecimiento y su difusión –que sólo radio y tv habían superado en determinados momentos-, y sobre todo entre su recepción y la reacción que podía motivar (el feed-back o retroalimentación). Internet ha suprimido ambas demoras al permitir la difusión de una información en el momento mismo de suceder y activar una conversación instantánea sobre el significado de la misma que incluye reacciones prácticas. Acabamos de ver ejemplos impresionantes de lo que esto significa en las rebeliones árabes y en el gran terremoto de Japón. Esta instantaneidad no sólo afecta a los medios tradicionales, incapaz de competir con la instantaneidad de internet y su enorme multiplicidad de voces y testimonios, sino que tiene efectos políticos al poner a los gobiernos ante fenómenos sin precedentes, como la información incesante e instantánea que incluye citas para manifestaciones, boicots, protestas y acciones similares convocadas a través de internet. El cambio del feed-back sería poco importante sin la añadidura de la supresión práctica de la distinción de los roles de informador y consumidor pasivo o de reacción diferida. Internet permite que cualquiera pueda escribir un blog, editar su propia web y participar en redes sociales, haciendo reversibles y simultáneos los papeles de emisor y receptor, convirtiendo la comunicación diferida de los mass media en una gigantesca conversación. Aunque algunos periodistas han desdeñado este fenómeno todo el tiempo que han podido, el desembarco de muchos de los más famosos en Twitter, y la conversión de los acontecimientos de las redes sociales en noticias destacadas (si bien sometidas a los filtros habituales) de los periódicos, confirma que la evidencia ha terminado por imponerse: Mahoma va a la montaña tras porfiar en que todo era tan plano como la página extendida de un periódico.

Ahora bien, la inmediatez de internet y la universalización de la información que permite no hace de la red una fuente prístina de verdades sin manipulación y de sinceras expresiones de legítimos intereses. De ninguna manera: internet no sólo permite engañar, manipular y abusar tanto como los medios tradicionales, sino que ofrece sus propios riesgos de perversión comunicacional y, por tanto, política. La creencia en que una noticia de autor anónimo en una red social siempre será más veraz que una ofrecida por un medio, un personaje conocido o un político, es un aviso de que la siempre delgada línea que separa rumor de noticia y versión de perversión ha adelgazado todavía más en internet. Como cualquier herramienta o instrumento, internet puede servir para cualquier uso que permitan sus propiedades, pero en sí mismo es amoral, apolítico e indiferente a valores de cualquier tipo. Quienes tienen puestas sus esperanzas en que internet alumbre por sí misma una nueva ciudadanía virtuosa y políticamente altruista, contrapuesta a la política degenerada de los profesionales, están tan acertados como quienes hubieran defendido que para educar sirve cualquier libro, se trate de Aristóteles o de una guía de teléfonos. Internet es un medio de comunicación revolucionario, pero como todos los medios es un instrumento ciego al servicio de un fin que le es ajeno.

Es cierto que algunas características de internet hacen más difícil el engaño, la manipulación o la simple mentira. Al ser muchísimos más numerosos los agentes activos en el proceso de comunicación, pues cada usuario es potencialmente un informador y analista activo, es más difícil, o imposible, conseguir el monopolio informativo típico de las dictaduras, como han confesado paladinamente Irán, China o Cuba al intervenir los correos electrónicos, censurar internet y restringir su uso libre. Pero la lucha por la neutralidad de la red pone de relieve que el peligro en los países democráticos no son tanto los denostados partidos y gobiernos como los grandes oligopolios informativos –asociados a los anteriores por tupidas redes de intereses comunes- que se niegan a considerar internet como el espacio de igualdad y libertad informativa que técnicamente puede ser… si hay voluntad política para que lo sea. Lo que de paso nos remite al hecho capital de que internet influye sobre la política y puede cambiarla, pero también ésta es fundamental para conseguir que no se malogren las mejores oportunidades de la red y ésta no sea colonizada y dominada por los mismos intereses que han convertido los medios de comunicación tradicionales en instrumentos al servicio no de la información veraz, sino del rumor, la profecía autocumpliente y la noticia manipulada.

En definitiva, comprender, proteger y potencias las propiedades políticas de internet –igualitarias y liberadoras en varios aspectos- parece exigir dos cosas: la primera, reconocer la instrumentalidad de internet y la supeditación de su calidad a la calidad del proyecto político; la segunda, que la política tiene poderosos instrumentos para desvirtuar las propiedades más igualitarias y liberadoras de internet, convirtiéndolo en otro campo de juego dominado por oligopolios viejos como la escritura misma, pero que por eso mismo el futuro de internet depende de la política casi tanto o más que esta de internet, como la Ley Sinde y otras decisiones políticas han venido a recordarnos.

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7 comentarios a “Internet y la posibilidad de una nueva política”

  1. mzamorar dice:

    Estoy de acuerdo con la frase “las propiedades políticas de internet no son una consecuencia de la tecnología como tal, sino de los nuevos hábitos comunicacionales que alienta” pero aunque el desarrollo se adentra en la parte de la comunicación, me gustaría proponer la primera parte de la frase como una situación que se podría revertir en las próximas décadas, en el sentido de utilizar la tecnología como medio de realizar votaciones inmediatas o controlar presupuestos y adjudicaciones.

  2. Sake dice:

    -Yo delante de mi ordenador y en la intimidad de mi habitación, suelo ser sincero.
    -A mi me pasa lo mismo.
    -Y detecto e intuyo lo falso y sin valor.
    -Creo que yo también.
    -Sigamos mejorando internet.
    -Asi lo haremos amigo.

  3. CM dice:

    Grandioso post, Carlos.

    No sabes como me alegra comprobar que alguien importante en la política de este país comprenda a la perfección lo que significa Internet para la sociedad y para el mundo mundial. Pero lleguemos hasta el final con decisiones políticas concretas:

    – GARANTIZAR POR LEY LA NEUTRALIDAD EN LA RED Esto ya se dice pero poco para la importancia que tiene y ha de ir en el programa de las generales del año que viene.

    – GARANTIZAR POR LEY LA DISPONIBILIDAD DE CONEXIÓN A LA RED COMO SERVICIO BÁSICO. Puede proponerse ya en algunos pueblos para estas elecciones. En las próximas generales tienen que ir en el programa con su calendario de implantación y sus precios mínimos de referencia y tal y cual. Como hoy día se hace con la luz y el agua, vamos.

    Estos derechos se terminarán reconociendo tarde o temprano en todas las partes del mundo, mejor si aquí empezamos a hacerlo nosotros y evitamos que a algún indocumentado se le ocurra la idea y, aconsejado por el asesor de turno, lo haga rematadamente mal.

    Este es el tren más importante de progreso que se nos presenta desde la invención de la imprenta y no sólo no debemos perderle sino que tenemos que subirnos a el los primeros (como partido y como país). Créeme que si lo conseguimos, habremos hecho más por este país de lo que muchos han hecho en dos legislaturas.

    PD: para cuando un post de rabiosa actualidad ?

  4. CitizenPepe dice:

    Ya pido perdón de antemano por la parrafada que voy a pegar, escrita en mi blog hace tiempo. Si así lo hago es por que considero que mi aportación puede ser relevante.

    Siendo yo un bachiller, leía cuanta ciencia ficción y divulgación científica podía caer en mis manos. Uno de esos librillos de pasta de papel (pulp) se titulaba así: “La tercera Ola” firmado por un tal Alvin Toffler. (véase también la reseña en inglés de la wikipedia Alvin Toffler). Ese libro (publicado en 1980 en EE UU y que yo leí traducido al castellano cuando cursaba segundo de B.U.P. un poco más tarde) hablaba de conceptos revolucionarios que parecían fuera del alcance del tiempo de mi vida: la revolución informática y de las telecomunicaciones que iba a liberar de la ignorancia a vastas regiones del mundo. Ese libro hablaba de la web, cuando ni tan siquiera esa palabra había sido acuñada. Con el tiempo, los escenarios futuristas descritos en ese libro han ido sucediendo de manera natural, pero vertiginosa, más o menos como se había ya predicho en el.

    No es que su autor fuera un gurú verdaderamente dotado con el don de la profecía. Los ingredientes necesarios para esa revolución ya habían sido creados y estaban empezando a gestarse por aquel entonces en los Estados Unidos: ordenadores personales, redes locales telefónicas arcáicas, los rudimentos de la informática de consumo. Los ingredientes adecuados para una mente dotada de la suficiente flexibilidad como para asimilar y absorber todos esos indicios, en un entorno universitario norteamericano. No obstante, no hay muchas mentes tan visionarias, ni siquiera cuando se hallan contemplando el paso de un convoy cargado de pruebas. Alvin Toffler es pues no tanto el oráculo cuanto el presentador de toda la escena que vino inmediatamente después.Y una de las cosas que dijo era esta: el conocimiento dejará de ser un recurso escaso para pasar a ser un bien ubícuo. Esto comportará cambios históricos para la humanidad varios órdenes de magnitud superiores a los que supuso la revolución industrial (la segunda ola) y únicamente asimilables en importancia a la escritura en sí misma y a la agricultura (la primera ola).

    Esa es la Tercera Ola, la universalización y democratización del conocimiento. Y nosotros estamos en su cresta. No en vano, el nacimiento y consolidación de UPyD hubiera sido impensable únicamente una década atrás. Por que, este partido es hijo de Internet, no tanto en la forma en que muchos lectores estarán pensando ahora mismo, si no en la forma en como lo concibió Toffler: la democratización del conocimiento. Yo mismo, como tantos y tantos afiliados, no nos hubiéramos atrevido jamás a postular ponencias, escribir en blogs y ‘discurrir’ -con mayor o menor fortuna y sin autoridad académica ni de ningún otro tipo, pero con toda la libertad y el derecho a hacerlo- sin la existencia de una web que nos nutriera de manera rápida y eficaz de los conocimientos necesarios para:

    * cerciorarnos acerca de la veracidad o falsedad y la realidad de muchas de las informaciones que se nos iban transmitiendo por los canales informativos tradicionales
    * tener toda la base de datos legislativa nacional e internacional en las yemas de nuestros dedos
    * Tener el pensamiento y vasto conocimiento político de los grandes pensadores de nuestros días directamente desde su escritorio a nuestra pantalla, sin intermediarios
    * Escuchar la Voz. Escuchar a otros como nosotros mismos hablar en los blogs y foros, y saberse con la legitimidad suficiente para expresar opiniones y ser oído por quien quisiera escuchar.

    Un buen ejemplo de esto que quiero decir fue el I Congreso de UPyD. Ya de por sí un asombro en cuanto a organización y producción intelectual y política.

    Pero podría haberlo sido mucho más si todos hubiéramos sido conscientes -en el modo que yo señalo- de la verdadera naturaleza y la verdadera riqueza en la que nos hemos asentado. Se enviaron más de tres mil enmiendas a las ponencias, pero si se hubieran dispuesto de los canales necesarios para una fase de debate pre-congresual en Internet, el producto resultante hubiera sido de verdad, histórico. Mucho del ímprobo esfuerzo empleado por los ponentes y sus equipos en ordenar y organizar las enmiendas, hubiera sido evitado, pues hubiérase reducido su número al mismo tiempo que incrementado su calidad. Muchos de los que, como yo, presentamos alguna enmienda no tuvimos manera efectiva de conocer si había alguna otra en la misma dirección, lo cual hubiera abundado en un debate enriquecedor y, por supuesto, en una consolidación de iniciativas que, de nuevo, hubiera reducido bastante el esfuerzo compilador al mismo tiempo que aumentado la calidad del texto final. Muchas otras enmiendas que se presentaron obteniendo un nulo voto de los delegados, es posible que no hubieran sido tramitadas si de antemano se hubiera vislumbrado cual iba a ser su destino. En el I Congreso, la fabulosa herramienta que es la web, que nos permitió nacer, fue infrautilizada y relegada a un segundo plano. Y no por impericia o incapacidad técnica, si no por ignorar cual es la naturaleza fundamental de esta herramienta en nuestra gestación política.

    Debemos pues perder el miedo al debate en red. Debemos perder el miedo al trabajo en equipo, y sobre todo, debemos pensar desde ahora la manera de gobernar contando también con esta herramienta de “feedback” que es la Web. Si por miedo a críticas, disidencias o traiciones (que las habrá siempre, exista o no Internet) nos negamos el usufructo de la energía de esta reacción nuclear que ahora estamos empezando a desencadenar, nos habremos vuelto iguales que los que dicen gobernarnos, pero que en realidad no se están enterando de nada de lo que sucede frente a sus narices. Y, por ello, no seremos dignos de liderar a nuestro país hacia el escenario del siglo XXI que se está esbozando.

  5. Hotspur dice:

    Internet y stands de atención al público en las sedes de los partidos bastarían para ahorrarnos el horror de las campañas electorales. Aparte de inservibles para el mejor conocimiento y educación del vulgo -a quien van destinadas- son un horror y un martirio para el ciudadano. Yo diría que son contraproducentes incluso. UPyD debería proponer su abolición inmediata como medida de regeneración democrática.

  6. CM dice:

    En relación a lo dicho por CitizenPepe, lo que yo noto que nos falta es un foro oficial de UPyD.

    Estamos perdiendo la oportunidad de decirle al mundo que “Queremos que la gente participe, que aporte propuestas, que comparta ideas, que exponga sus problemas y debata posibles soluciones…bla, bla, bla.”, En su lugar, lo que decimos es que tenemos miedo: “Nada de oficializar foros en donde entra cualquiera y cuando menos te lo esperas alguien puede llevarnos la contraria en algo y siembra la duda entre los afiliados en cuanto a la linea de actuación oficial y tal y cual…”.

    Pero no sólo es un error de imagen, es también un error de estrategia: lo que UPyD tiene que ganar con un foro oficial (bien montado, ojo) es infinitamente mayor a lo que pudiera perder en su caso (dudo que se pierda nada). Recordemos Plataforma PRO: en cuanto prendió la idea y algunos la conocimos lo que provocó fue un feedback impresionante de talento, ideas, conversaciones, proyectos e ilusión que al final dieron nacimiento a UPyD.

    Ojalá os animéis pronto a ponerlo en marcha.

  7. joseln dice:

    Para mi, despues de todo lo que hemos visto a lo largo de estos ultimos desgraciados 7 años de socialistas, el TC no es mas que un organo mas del partido socialista, que los mal llamados progres, se han vendido por un plato de lentejas, porque hacen lo que les manda su amo, a cambio de tener puesto y sueldo, son personas que dudo tenga consciencia, estan vendidos al gobierno actual, primero lo de Cataluña, y ahora lo de el terrorismo, pues yo ciudadano no acato ni respeto ni al tribunal ni a sus sentencias, me obligan a la fuerza a aceptar pero en contra de mis principios de honradez y en contra de mis principios de ciudadano libre…

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