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La visita de frau Merkel y la impotencia reformista de la política española

España parece tener cierto sino histórico para mezclar su destino con los intereses germanos y alemanes. Veamos: los reyes visigodos –olvidados por la Logse pero antaño muy populares- fueron los primeros que trataron de crear una monarquía hispana unificada (sin conseguirlo del todo). En el siglo XVI, Carlos V de Alemania desembarcó en Asturias para hacerse cargo de su herencia española, instaurar la dinastía Habsburgo y convertir a Castilla –sobre todo- en patio trasero, caja de reclutas y caja fuerte de su política imperial europea, lo que visto a día de hoy fue más un desastre histórico que otra cosa. En la pasada guerra civil el régimen nazi jugó un papel muy importante en el triunfo de Franco, con la desastrosa consecuencia del aislamiento internacional del país –como último baluarte del fascismo derrotado en la II Guerra Mundial- hasta avanzada la década de los cincuenta. Ahora es frau Merkel la que ha visitado España con un objetivo muy claro. ¿Cuál, se dirán ustedes?: ¿defender el euro del peligro desestabilizador de la deuda española?; ¿despejar las dudas sobre el apoyo alemán y por ende de la UE a las reformas de Zapatero?; ¿escenificar la confianza en el futuro de la economía española y, por tanto, de la UE? Pues algo o mucho de todo eso hay, pero el principal objetivo ha sido otro: obligar al gobierno y oposición a hacer los deberes que han sido incapaces de hacer. En realidad, sólo algunos de esos deberes, los que interesan directamente a Europa porque amenazan el futuro del euro y por tanto de la Unión.

Si uno fuera nacionalista, que no lo es, podría sentirse humillado por esta bastante descarada intervención alemana en la política española. Porque si bien de momento no ha habido –y esperemos que no se produzca- intervención o rescate financiero como los impuestos a Grecia e Irlanda y el que ronda a Portugal (incluso a Bélgica como sigan incapaces de formar gobierno), el hecho es que España ha sido intervenida políticamente por la UE; sobre todo por Alemania y en menor medida por Francia. Pero como no soy nacionalista de nación irredenta alguna, en vez de humillación lo que siento es una mezcla de diversión, indignación y frustrado fastidio por la demostración más clara de lo que en UPyD llevamos tiempo diciendo, a saber: que el sistema político-financiero del llamado Estado de las Autonomías es insostenible, como iba a demostrar la primera crisis seria (esta que atravesamos), y que el establishment español es, a causa de sus compromisos e implicaciones, incapaz de hacer las indispensables y urgentes reformas constitucionales que hagan de España algo más que un peso muerto que amenaza con arrastrar a la UE. Ha sido necesaria la presión nada disimulada de Alemania y Francia para obligar al calamitoso gobierno de ZP a iniciar algunas reformas destinadas no a reformar el Estado que se hunde, sino a mejorar la viabilidad de las finanzas públicas mediante una contracción brutal de la inversión y del gasto social (¡cuyo más elocuente ejemplo es la reducción de facto de las pensiones en un 20%, nada menos!) El mal llamado “pacto social” que ZP y sus palmeros tratan de vender como la segunda edición de los históricos Pactos de la Moncloa no es otra cosa que el allanamiento a la urgencia de la situación por parte de partidos, sindicatos y patronal.

Así que debemos dar gracias por formar parte de una UE que, al menos, pone límites a la capacidad de los gobernantes españoles para tomar decisiones perjudiciales para todos. Este menoscabo de soberanía no puede ser más afortunado, y de paso demuestra la importancia y la necesidad de la integración política europea que supere a las viejas e ineficaces naciones-estado (sí, esas mismas que el incompetente nacionalismo catalán y el aprovechado vasco pretenden hacer proliferar).

Pero si la visita de frau Merkel significa un alivio de las negras perspectivas financieras públicas, sobre todo ha  puesto de relieve la incapacidad del sistema político español para acometer las reformas de fondo más urgentes. Por ejemplo, la constitución de un auténtico Estado federal igualitario o cooperativo, que sustituya a la desintegración del Estado en 17 CCAA derrochadoras, endeudadas e ineficaces. Y por supuesto, la reforma de una Ley Electoral que ha estimulado ese centrifugado irracional al dar más pesos a los poderes provinciales y autonómicos que a la sociedad civil compuesta –que debería estarlo- por ciudadanos individuales con los mismos derechos y obligaciones.

De manera que aunque el apoyo de Alemania y Francia a la política de recortes de gasto del gobierno haya servido para solucionar algunas urgencias, el problema político de fondo sigue intacto, y con él la salida de una crisis económica brutal que está directamente vinculada al mismo, como demuestra el problema de las Cajas de Ahorros sometidas a los intereses  partidarios de los poderes locales hasta arruinarlas como entidades de crédito público. Y la pregunta es si de nuevo tendrá que ser la presión alemana y europea en general la que obligue a plantearse el gran tabú: la racionalización del Estado ordenando como es debido las administraciones, las competencias y la capacidad financiera de CCAA y entes locales. Lo que requiere una reforma constitucional que tanto PP como PSOE rechazan de plano (y que da pavor a sus socios nacionalistas, de ahí el ruido independentista de CIU), pero que acabará imponiéndose por necesidad antes o después. Si es que no la impone, que pudiera ser aunque es improbable, avances hacia la integración europea fustigados por la crisis financiera.

Pero si el cambio constitucional viene impuesto de facto por las presiones de los socios europeos no tendremos el cambio político e institucional que nos interesa a los ciudadanos españoles, sino el más conveniente para los gobiernos y poderes financieros europeos. Las efusivas felicitaciones de Emilio Botín a Zapatero por el acierto de sus reformas anuncian esa dirección: cambios de política financiera dejando tal cual el dislocado esqueleto institucional del Estado; cambios que dejen todo lo demás igual pero que repartan entre los grandes bancos buena parte de ese 51% del mercado financiero de las Cajas, y no sólo gratis, sino con subvenciones públicas. De manera que tarde o temprano la sociedad española tendrá que elegir entre tomar en sus manos el arreglo en profundidad de esta casa común llena de grietas, chapuzas y goteras, o de permitir su adaptación no a sus necesidades sino a las de los jubilados alemanes, los turistas británicos, las empresas francesas y los bancos españoles, todos ellos entes muy respetables pero que no deben imponerse a nuestros legítimos intereses ciudadanos. That is the question!

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5 comentarios a “La visita de frau Merkel y la impotencia reformista de la política española”

  1. Sake dice:

    -Amigo a mi me suena a caduco todo en España, es como si la maquinaria necesitara un enorme cambio para que funcione.
    -Lo viejo y degenerado no puede funcionar de ninguna manera.
    -Y en politica son viejos y caducos los patidos que tenemos excepto uno.
    -UPyD.
    -¡como lo sabes!
    -Ya ves.

  2. guticid dice:

    ¡Qué buen artículo¡¡

  3. Santa Teresa dice:

    No hace falta de Merkel venga a España para obligar al Gobierno a hacer nada, puede obligarlo en la distancia. Viene a hacer una escenificación, tan importante en determinados momentos, igual que hace Sarkozy cuando envía una carta a Zapatero diciéndole lo bien que lo está haciendo. Esto lo que nos debe llevar a pensar, es que estamos aún peor de lo que sabemos, y que la UE está seriamente preocupada con nosotros y que están dando una imagen artificial, forzada, pero sin duda necesaria, para evitar el desmoronamiento social, económico y moral de la sociedad. O tal vez, estamos equivocados y nos gusta lamentarnos, hoy ha hecho un dia precioso…

  4. alc dice:

    Carlos MArtínez Gorriarán :
    En la pasada guerra civil el régimen nazi jugó un papel muy importante en el triunfo de Franco, con la desastrosa consecuencia del aislamiento internacional del país –como último baluarte del fascismo derrotado en la II Guerra Mundial- hasta avanzada la década de los cincuenta.

    A estas alturas, no voy a tratar de emitir en unas pocas líneas una valoración global de lo que fueron (o debieron de haber sido) cuarenta años de dictadura franquista. Dejémoslo en que tuvo muchas sombras, pero también algunas luces, aunque pocas.

    Lo que me llama la atención es la claridad con la que Carlos Martínez Gorriarán parece determinar que apoyar al bando nacional en la guerra civil era la opción equivocada, frente a la opción implícita de que el bando republicano (una república entre cuyas lindezas su gobierno secuestró y asesinó al líder de la oposición, y en la que durante la guerra el Partido Socialista fue paulatinamente reemplazado por el Comunista) era la opción correcta.

    En mi opinión, este argumento revisionista, tan frecuente actualmente, adolece al menos de dos defectos.

    El primero es que podemos estudiar y tratar de describir lo que fue la dictadura franquista. Pero no podemos hacer lo mismo con un hipotético régimen repúblicano, en el supuesto imposible de que este otro bando hubiera ganado la guerra.

    Es decir, sabemos que lo que hizo el franquismo. Sabemos que efectivamente, entre otras cosas, condujo al país a un aislamiento internacional. Lo que no sabemos es a qué habría conducido al país una victoria de los rojos.

    La mitología progre (se puede consultar por ejemplo viendo cualquier película española que trate sobre el tema de las muchas que hay) mientras que se puede describir a los integrantes del bando nacional utilizando libremente cualquier descalificativo en el grado que se desee, los afectos al bando republicano serían todos ellos sin excepción magníficas personas que luchaban por la libertad, y los valores democráticos.

    Según esa misma mitología, la causa republicana era una causa justa, legítima, culta, humanitaria, demócrata y simplementebuena, mientras los sublevados luchaban de manera ilegítima contra ese régimen democrático para instaurar la democracia. La resabida historia de los buenos y los malos.

    El segundo defecto o crítica que se puede hacer al razonamiento del artículo es que sí sabemos cómo era el régimen del bando republicano antes y después de la guerra. Y estudiándolo se puede determinar y describir, hasta cierto punto, cómo habría sido el régimen que se habría instaurado en España si el bando republicano hubiera ganado la guerra.

    En este sentido, lo primero que se debe matizar es la afirmación de que el franquismo fue el “último baluarte del fascismo derrotado en la II Guerra Mundial“. Esta afirmación es objetivamente cierta. Pero sólo es válida si aceptamos como un criterio válido de clasificación moral de los regímenes políticos el caracter de “fascista” o “no fascista”.

    Echando un simple y rápido vistazo a la historia europea del siglo XX, uno no puede obviar las dictaduras comunistas que asolaron gran parte del mundo y concretamente todo el Este de Europa. Parece clamoroso que es mucho más adecuado hablar de “regímenes totalitarios” más que de “fascistas”. En el fondo, son muchas las semejanzas entre fascismo y comunismo. Empezando por el desprecio hacia el individuo, la subordinación de este al grupo, la nación o la sociedad, la sumisión del grupo al líder y la del líder a un bien sobrenatural (ya sea el destino, Dios, etc.). Desde un punto de vista conceptual “fascismo” y “comunismo” son el mismo producto aunque de distinta marca comercial.

    Por eso es ridículo hablar del “último baluarte del fascismo derrotado en la II Guerra Mundial“. Si algo sucedió tras la segunda guerra mundial fue precisamente un auge de los regímenes totalitarios en gran parte del mundo. Y una parte muy significativa de la población mundial fue condenada a vivir bajo estos regímenes: en la URSS, en Europa, en China, en Camboya.

    Existen numeras evidencias de que lo que se habría instaurado en España si hubiera ganado la guerra el bando republicano, lo que se habría instaurado habría sido un régimen dictatorial totalitario comunista dependiente de la URSS, similar a los que padeció todo el Este de Europa hasta el año 1989.

    Esa es una de las tragedias de la guerra civil española. Que al contrario de lo que muchos pretenden hacer creer, no se trataba de elegir entre un régimen democrático avanzado y una dictadura fascista. Se trataba de elegir entre dos regímenes totalitarios indeseables. Esa es la gran tragedia.

    Y mire usted por donde, el destino, la suerte, la historia… o cómo queramos llamarle hizo que el aislamiento internacional dictadura franquista durara hasta los años 50, y la misma dictadura hasta los años 70, si bien ya bastante descafeinada en sus últimos años. Sin embargo, las dictaduras comunistas europeas duraron férreamente hasta la década de los 80.

  5. alc dice:

    En cuanto a la idea central del artículo estoy totalmente de acuerdo. Las reformas que Francia, Alemania, la UE y EE.UU. están imponiendo al gobierno de ZP buscan única y exclusivamente controlar la deuda pública española para evitar el efecto que supondría para sus economías que España no pudiera hacer frente a la devolución de dicha deuda.

    Aunque es evidente que es bueno para España no suspender pagos, las reformas no tienen el objetivo de mejorar la economía ni la situación del país. Si en alguna medida, o en ciertos aspectos, estas reformas tienen efectos positivos para el país, se trata de un efecto colateral, no del objetivo de las reformas.

    El gobierno está acatando dichas reformas por obligación y resignación. No con liderazgo ni convicción. Si les mandaran hacer las reformas contrarias las harían igualmente. De hecho, la política económica del gobierno era la contraria. Los dos planesE consistían en crear empleos de cualquier manera y sin ningún porvenir a costa de disparar el gasto público a cargo del déficit y la deuda pública.

    Efectivamente, ante la grave situación las reformas son necesarias e inevitables. Pero las que se han adoptado son insuficientes, están mal planteadas y obedecen a la defensa de los intereses de ciertos colectivos (los partidos políticos, los bancos…) por encima de los de los ciudadanos.

    Estoy de acuerdo con el comentario #3 de Santa Teresa en el sentido de la sobre-actuación o escenificación de los gobiernos de Francia y Alemania hacia la sociedad española.

    Esta obra de teatro incluye la chulería de Merkel de llenar todos los informativos del país durante varias semanas hablando de la futura descapitalización de las élites técnicas del país que supondría una prometida emigración masiva de profesionales cualificados a Alemania.

    El mensaje es claro: el problema de España no es la falta de profesionales y técnicos válidos, competentes, bien formados y trabajadores. El problema es el gobierno político del país.

    Y ojo: recíprocamente, se entiende que el milagro alemán sería más el buen gobierno (es decir, ella misma en persona) que la formación técnica de sus élites profesionales.

    Todo un alegato de auto-reivindicación, y en contra de campañas como la de Esto lo arreglamos entre todos:

    http://carlosmartinezgorriaran.net/2010/03/04/desviar-las-responsabilidades-o-como-maquillar-la-crisis-con-falacias/

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