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¿Cómo que ¡yo no he sido!? (carta a Javier Moreno, Drtor. de El País)

Qué quieren que les diga: a pesar de algún calentón difícil de impedir, a estas alturas casi me da igual lo que vociferen esas lepras rencorosas y archipagadas –en dinero y de sí mismas- de esta pobre democracia como esos famosos tertulianos al estilo María Antonia Iglesias o Enric Sopena, o los de El Gato al Agua de Intereconomía (los extremos infames se tocan), o Enric Juliana y niños bonitos como Iñaki Gabilondo, Aizpeolea o Alberto Surio (todos parecen nacidos para encarnar esa cosa irritante de las “almas bellas” que flotan sobre las aguas… negras, ya denunciadas por Hegel), siempre tan comprensivos y adictos a los  amigos de negociar con ETA y tan severos y hostiles con los que nos negamos en redondo a esa claudicación, tan cobarde como prescindible y que ellos sabrán por qué necesitan tanto. En fin, la lista es tan larga que es imposible tratar de apurarla aquí: inagotable el elenco de publicistas en alquiler, al servicio de quien más pague, que hacen la rueda del pavo como exigentes vigilantes de los abusos del poder al que están alquilados.

Pese a tanta aburrida redundancia, parece haber una novedad: ante la inminencia del derrumbe del mundo de ayer, el periodismo patrio comienza a entonar a coro el ¡yo no he sido! Así Público, por ejemplo, publicaba un alarmado estudio sobre el creciente descrédito de la clase política española. Claro que el reportaje eludía cualquier reflexión sobre el papel protagonista de los medios en la promoción y cerrada defensa de esa clase política de pacotilla que en buena medida es creación suya, y de la que ahora quieren despegarse como una mosca de la telaraña en que se debate atrapada.

Ayer mismo Javier Moreno incrementaba los esfuerzos por convencernos de que ellos no han sido con un largo artículo en su El País –como rivalizando en extensión con su rival PJ Ramírez- tratando de fundamentar algo tan espurio como reprochable, a saber: que los papeles de Wikileaks que su diario está publicando (cómo y cuando le parece: Assange, menos globos sobre transparencia) vienen a certificar la inocencia y buen hacer de la prensa tradicional, último garante de la libertad de información y blablablá: ¡la culpa es de los Gobiernos! Hace falta cara dura. Lo que ha publicado Wikileaks son un conjunto de comunicaciones de las embajadas USA que, en el caso de España y dejando de lado algunas que versan sobre asuntos comerciales y domésticos menos conocidos, no han venido sino a confirmar lo que cualquiera podía saber: la extraordinaria doblez, cinismo y servilismo del gobierno de Zapatero en las relaciones con Estados Unidos y otros países. Que es mucho peor, internamente, para la sociedad española.

Pues mire, señor Moreno: no se le puede creer. Han publicado unos papeles que les vienen a ustedes que ni pintados desde el punto de vista empresarial. Conste que me parece muy bien: mejor eso que no acceder a los mismos. Pero no se escandalice con tanta facilidad por la publicación de verdades que, en muchos casos, son las del barquero o el famoso Perogrullo. Me refiero a cosas como la posición del gobierno de Zapatero y del PSOE respecto al Sáhara, a favor de Marruecos; sobre los transgénicos, el demonio en casa y un gran negocio fuera; o sobre Cuba a favor del castrismo y un largo etcétera que incluye escándalos tan dolorosos para los afectados como la doble moral sobre el caso Couso o los vuelos clandestinos de la CIA a Guantánamo; y la solicitud con que fiscalía y jueces-estrella corrían a satisfacer los deseos de la gran y laboriosa embajada de la calle Serrano. Pero todas estas posiciones políticas, o degeneraciones institucionales, no necesitaban venir avaladas, y menos reveladas, por la misteriosa filtración de unos papeles sustraídos por canales de lo más turbio: se deducían racionalmente de la mera observación objetiva del sentido de las acciones y omisiones del Gobierno y demás instituciones españolas (o internacionales). Todavía estamos a la espera de una gran revelación, como que Zapatero ordenó adoptar medidas anticrisis a tiempo, o apoyar alguna causa política decente en algún lugar del mundo.

¿Quiénes han convertido en gran sorpresa la revelación de estos secretos de Polichinela? Pues ustedes, los grupos de comunicación que durante todos estos años se han esforzado, y siguen en ello, por ocultar los hechos o desfigurar su significado, por deformar hasta extremos grotescos la realidad de las responsabilidades políticas, por ofrecer una versión alternativa de las cosas en la que nada es lo que parece y todo parece extrañamente inverosímil, aunque muy ventajoso para según quién. Todavía este fin de semana nos han aburrido y hartado con su unánime celebración de algo tan banal, y en el fondo carísimo, como la inauguración del AVE Madrid-Valencia como el no-va-más del progreso hacia la cohesión social… en un tren que no puede pagarse ni la mitad de los viajeros habituales de esa línea (que ahora tendrán que tomar el bus), aunque esté subvencionada con dinero público.

No se esfuercen en decirnos que ustedes no han sido: han sido ustedes, y por eso son responsables políticos de una crisis política y económica que han contribuido a gestar primero y después a negar. Por supuesto, no al mismo nivel de los responsables políticos o financieros, pero la responsabilidad por la desinformación y la tergiversación de los hechos es enteramente suya. Lo lamento, pero su torpe táctica de presentar como un triunfo de la libertad de prensa lo que era según ustedes un delito cuando lo hacían sus rivales comerciales –por ejemplo, el diario El Mundo, que también se merece lo suyo- no va a colar. Algunos no olvidamos la chulería con que despachó, hace ya casi tres años, una pregunta en cierto sarao político-mediático madrileño: no vamos a entrevistar a Rosa Díez antes de las elecciones (del 2008) –dijo- porque si el resultado es el que pienso no merece la pena, y si acaso ya veremos después. Todo un programa y un concepto de la información sobre lo público tamizada al servicio de sus negocios particulares. Y sí, ustedes sí han sido los responsables de todo esto.

Sinceramente suyo a sabiendas de que le da lo mismo,

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3 comentarios a “¿Cómo que ¡yo no he sido!? (carta a Javier Moreno, Drtor. de El País)”

  1. Sake dice:

    -Yo ya no compro ningún periódico.
    -Yo tampoco, pero compenso con internet, ya sabes buscad y encontrareis.
    -Pienso en los que sólo pueden informarse con tele y periodicos de quiosco ¡pobres nunca pueden saber lo que deben saber!
    -Asi estamos como estamos.
    -Pero siempre ha sido asi ¡eh!.
    -Por desgracias si.
    -¿entonces de que te estrañas?
    -Pienso en los responsables.
    -Deberian pagar de alguna manera.
    -Es verdad.

  2. CM dice:

    Hola Carlos

    tienes mucha razón en esto que dices y los enlaces son muy clarificadores. El consuelo de un desmemoriado como yo es que hoy nadie con algo de relevancia puede desdecirse de lo que dijo ayer sin quedar retratado. Me deja por tanto muy tranquilo saber que ahora mismo, en algun lugar, hay alguien que esta tomando nota de lo que dices tu, Rosa y todos los de UPyD. Confío en que no decepcioneis la confianza que he puesto en vosotros.

  3. jjms dice:

    Una antigua anécdota de tiempos de la “Oprobiosa”, contaba cómo un cargo político anunciaba en una conferencia de prensa la inauguración de una obra pública, a lo que un periodista le contrarió informándole de que había pasado de viaje por aquella obra recientemente y aún no estaba terminada.

    El responsable político le espetó: “Usted, lo que tiene que hacer es viajar menos y leer más el periódico”

    En cuanto al descrédito político… el recién autonombrado cirujano director de urgencias críticas nacionales, Don José Luis Rodriguez Zapatero, ha manifestado que no va a ser necesario hacer transfusión de sangre al paciente crítico, por que afortunadamente se está reponiendo solo de la masiva hemorragia que sufría: “La hemorragia va remitiendo y cada vez sale menos sangre”, ha dicho y se ha quedado tan ancho.

    Bueno, en realidad hablaba de parados y se jactaba de que cada vez el aumento del paro era menor. ¡Sí Señor! Podemos estar tranquilos.

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