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Primarias UPyD: los riesgos de importar el “zapaterismo” (I).

Hay consenso en que elegir a los candidatos de los partidos a través de un sistema de elecciones primarias constituye un avance para abrir el funcionamiento interno de éstos y una posibilidad, al menos hipotética, de conectar mejor con las preferencias de la sociedad en lugar de someter éstas a los intereses de la propia organización (conocido como “aparato”). Como todas las innovaciones, el sistema de primarias tiene sus riesgos: no es evidente ni inevitable que las preferencias de los afiliados de los partidos coincidan con las que se presumen a su electorado ni tampoco que sean las mejores preferencias posibles; además, el sistema electoral debe fundarse en normas igualitarias y transparentes que exigen una importante inversión de tiempo y recursos y sin duda generan sus propias tensiones (pues la conflictividad es inherente, es decir inevitable, a cualquier organización humana e incluso a cada uno de nosotros). Finalmente, es importante que la participación interna sea elevada, y que tanto candidatos como votantes asuman sin demasiadas reservas sus respectivas obligaciones de jugar limpio y de elegir al mejor candidato de los elegibles. Tampoco es desdeñable el efecto de la escala: si se trata de reproducir de algún modo las preferencias del cuerpo electoral en el seno de un partido, éste debe tener un tamaño proporcionado al del cuerpo electoral al que se dirige (y nosotros somos todavía un partido pequeño, pese a lo cual nos parecía imprescindible adoptar el sistema de primarias por exigencias del proyecto). Francamente: casi nada. Lo único que justifica adoptar el sistema de elecciones primarias en lugar de las designaciones más o menos digitales de las listas electorales y los altos cargos, al estilo del PP, es que resulta un sistema más adecuado para mejorar la calidad de la democracia. Pero no es más fácil ni menos conflictivo que otros posibles.

Teniendo en cuenta todas estas dificultades y otras que sin duda descubriríamos con la práctica, nosotros –UPyD- decidimos en el I Congreso adoptar un sistema de elecciones primarias mucho más abierto que, por ejemplo, las del PSOE –el PP ni siquiera lo intenta-, de manera que sean obligatorias en todas las convocatorias y circunscripciones electorales y no sólo en algunas, y que cualquier afiliado pueda presentarse sin avales. Además, el arbitraje del proceso no corresponde a la organización local –como la FSM del PSOE en las controvertidas y nada transparentes primarias socialistas de Madrid-, sino a una Comisión Electoral nacional elegida en el propio Congreso para cuatro años, y por tanto presumiblemente más independiente de las presiones locales implícitas en la elección de un candidato a alcalde o diputado autonómico.

Esperemos que todo salga bien y no adulteremos con triquiñuelas o mezquindades esta opción, arriesgada pero coherente con nuestro concepto de partido y, sobre todo, dirigida más a la sociedad que a la propia organización, pues de lo que se trata es de escoger a los mejores candidatos que podamos ofrecer a los votantes, y de ninguna otra cosa. Sobre el papel es un modo exigente de superar los riesgos siempre latentes de la selección negativa, el mecanismo perverso por el que los ganadores de un proceso interno seleccionan a gente peor que ellos mismos o en inferioridad de condiciones para dominar férreamente la organización, iniciando un proceso en cascada de promoción de los más dependientes y, o, los menos formados. El tipo de proceso del que surgen los Zapatero, Pajín, Moratinos, Salgado, Aído y compañía, o los Rajoy, Camps, Feijoó y todo el resto (y conviene tener presente que en las elecciones primarias las personas conocidas dentro del partido por los afiliados más implicados en la organización parten con una ventaja nada desdeñable sobre otros menos famosos, con absoluta independencia de la calidad de su preparación y de la importancia del trabajo que realmente desempeñan…)

Y hablando de Zapatero, esa calamidad, me parece necesario señalarlo como ejemplo de lo que debemos evitar en las primarias de UPyD. Al fin y al cabo, ¿no fue elegido el peor presidente del gobierno de la democracia en un congreso con otros candidatos nada desdeñables, como José Bono y nuestra propia Rosa? Fatídico desenlace electoral que apunta uno de los problemas de los procesos electorales: por limpios y abiertos que sean, no hay garantías de que los elegidos sean los mejores. Es más: el caso Zapatero ejemplifica un proceso desviado hacia intereses que no son los que supuestamente dirime el proceso electoral, que son intereses públicos, sino hacia la resolución de crisis o problemas internos distintos de los públicos y, a veces, opuestos a estos. Pues un buen secretario general o presidente de un partido podría resultar un mal presidente de gobierno o cargo electo: los ejemplos abundan porque la ley o principio de Peter (cualquier miembro de una organización tiende a subir en el seno de la misma hasta alcanzar su cota de máxima incompetencia) es desagradablemente certera.

Hagámonos dos preguntas: la primera, en qué consiste el zapaterismo; la segunda, en si hay riesgos de que lo importemos a UPyD a través de las elecciones primarias y, en tal caso, qué podemos hacer para atajar ese riesgo, muy acusado en un país como España, donde el populismo, la resignación conservadora (a veces disfrazada de ira: la temible del español sentado, que dice Alvaro Pombo), el aprecio de la picaresca y el desprecio del trabajo exigente tienen sin duda excesivo peso, lo que ayuda a explicar desazonadores fenómenos como la todavía inexplicable estima popular de un político tan nefasto como Zapatero.

Adelantemos que el zapaterismo es un sistema de gestión con los siguientes rasgos: descansa en un líder intelectualmente vacuo, profesionalmente ignorante, carente de principios y adaptable a cualquier fin que le permita conservar el poder, pero sobrado de fotogenia, simpatía, habilidad verbal consagrada al cultivo de la ambigüedad y al halago de lo que su público quiere oír, y buena percha para pasear trajes elegantes. Un producto de la combinación de estilismo, corrección política, frivolidad, populismo, técnicas de mercadotecnia y manuales de autoayuda. Este líder, que sustituye las ideas que no tiene por las encuestas que le orientan sobre lo que la mayoría quiere oír en cada caso, tiende a concentrar un poder omnímodo a base de deshacerse de posibles rivales y rodearse de mediocridades y mindundis tan ignaros o más que él, que le deben el puesto y dispuestos a lo que sea para conservarlo. El precio, naturalmente, es el deterioro paulatino de la política que protagonizan y un destrozo de las instituciones, de la convivencia y de las reglas de la democracia que cualquier ciudadano español actual con un mínimo sentido crítico e información comprende al instante: un desastre.

Y sin embargo, ese desastre no surge de la nada ni es peculiar del socialismo español. Puede florecer y medrar en cualquier ecosistema político favorable, como lo fue el PSOE –y otros partidos españoles y europeos- tras los éxitos y la decadencia inmediata de la era de Felipe González. Por eso mismo algunos incautos podrán pensar que, como partido pequeño y nuevo que somos, UPyD inmune a ese contagio. Nada de eso: precisamente por nuestra breve trayectoria y todavía frágil organización interna, somos un bocado apetecible para audaces y amables émulos de la pesadilla de la Moncloa. Sujetos de poco oficio ansiosos de beneficio, parapetados en las habilidades propias del zapaterismo: vacuidad, ambigüedad, trapacerías, carencia de escrúpulos, mensajes populistas y caradura tecnológica. Lo iremos examinando a lo largo de la posible semana.

Y finalmente: espero que este descanso bloguero os haya a vosotros venido tan bien como a mí. Continuará.

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8 comentarios a “Primarias UPyD: los riesgos de importar el “zapaterismo” (I).”

  1. IGNACIO dice:

    Hola Carlos. La elección de Zapatero en las primarias del PSOE no fue una equivocación de este partido, sino un resultado coherente con la naturaleza que tienen los grandes partidos políticos españoles. Necesitan gente que dé cuerda al complejo entramado de intereses clientelares y territoriales que conviven en el sistema político español. Alguien receptivo al “qué hay de lo mío”. Alguien que siempre será el “último” en enterarse de los casos de corrupción de sus compas de partido. Y que además, como explicas muy bien, reuna los requisitos para convertir la nada (el talante) en votos.

  2. Sake dice:

    -Sabes sólo hay una manera de saber como viene el futuro y ésa manera es participando y observando.
    -Es que si piensas que todo puede ser como las primarias donde salio Zapatero pues no participas.
    -Mira la democracia es suma de votos y libertad para elegir.
    -¿Y si te equivocas?
    -Podrás rectificar en la siguiente.
    -¿No hay opción?.
    -De momento creo que no.

  3. Goldspur dice:

    Un partido muy joven, minúsculo, en un territorio muy fragmentado. Pongamos Canarias. ¿No son las primarias una utopía allí donde el insularismo lo empapa todo? Es como implantar la democracia en Afganistán.

  4. alcotarelo dice:

    El amiguismo, el nepotismo y el intercambio de favores son comunes e inherentes a cualquier organización. Ya sea una asociación de pescadores, un club deportivo, una asociación de rol, una comunidad de vecinos, una junta de regantes o una empresa privada. No digamos ya si se trata de un partido político en el que se reparte el poder.

    Todo presidente, director, dirigente o responsable de lo que sea reparte sus puestos de confianza necesariamente entre el grupo de sus conocidos y amiguetes. Y piden a los demás miembros de la organización que trabajen, colaboren y se involucren en los proyectos que sólo ellos controlan.

    Es algo normal e inevitable en cualquier ámbito. Pero en el ámbito político deriva en corrupción y tráfico de influencias.

    Soy bastante pesimista. Creo que ningún sistema de elección o nombramiento de cargos de un partido político puede evitar que esto suceda. Aunque dentro de lo malo, los sistemas de nombramiento a dedo como el del PP, parecen particularmente favorables a degenerar en prácticas indeseables.

    En el otro extremo, el sistema abierto de primarias de UPyD hace más difícil que alguien llegue arriba comprando voluntades e intercambiando favores. Al menos cuando se aplica a grandes ámbitos (como la elección de un candidato a nivel nacional o autonómico), pues parece difícil la compra y el intercambio de favores de forma tan masiva.

    En pequeños ambitos, como ciertas agrupaciones locales con un censo pequeño de militantes, a prioriparece que puede ser más fácil el compadreo y el intercambio de favores para obtener los votos necesarios para hacerse con el poder.

    habrá que ver cual es el resultado de la experiencia.

  5. Juan Antonio dice:

    Carlos: es un placer reanudar las visitas a tu blog. Creo que los rasgos del zapaterismo, que bien explicas, tienen una consecuencia nefasta: si la Nación (en sentido ilustrado, que es el que interesa a UPyD) se va desintegrango poco a poco, los principales responsables no son unos perversos partidos nacionalistas, sino los dos grandes partidos que, precisamente por ser como los describes, no están a la altura. Para muestra, no hay más que ver lo que está pasando (y lo que aún nos queda por ver) con relación a la negociación de los presupuestos del Estado.

  6. alcotarelo dice:

    Estoy de acuerdo en que, más allá de la calamidad del gobierno de Zapatero, el PP+PSOE tienen una responsabilidad y culpabilidad principal en la degradación del sistema político y sobre todo institucional.

    Pero no estoy de acuerdo en absoluto, en que ello exima de culpa a los nacionalistas. Ahora no quieren vender que Duran Lleida es el gran estadista del país.

    Jordi Pujol ideó el razonamiento perverso y demagógico de que los nacionalistas prestan una gran servicio a España al permitir la gobernalidad del país.

    De hecho, Pachi López acaba de recurrir recientemente precisamente a esta misma basura de argumento para desdramatizar y presentar como algo normal, e incluso positivo, la compra-venta de los votos del PNV para aprobar los presupuestos y mantener a Zapatero en el poder, ninguneando de paso al gobierno del propio López y sus instituciones.

    Es decir, los nacionalistas sistemáticamente están vendiendo miserablemente su voto a cambio de dinero y competencias (poder político) para apoyar al gobierno en las votaciones parlamentarias importándoles un pimiento lo que se vota. Y parece mentira que haya que decir algo tan obvio.

    Y lo más perverso de todo, es que el resultado de todo ello es que la deriva confederal de nuestro sistema político, hace el gobierno central careza de las competencias necesarias para realizar las más elementales políticas de Estado. Es decir, al final la consecuencia real de esa supuesta ayuda a la gobernailidad es precisamente que el sistema es ingobernable.

    Poniendo un simil un poco grosero, el PP y el PSOE son como el cliente que paga a cambio de sexo, y los partidos nacionalistas son como las prostitutas que se venden por dinero. ¿Quién es más culpable de exista la prostitución?.

    Lo más sorprendente de este país es que, pase lo que pase, nunca pasa nada. Lo cual debería hacernos pensar no sólo en la crisis política, sino también en los medios de comunicación y el papel que desempeñan en el sistema. Y sobre todo en el tipo de sociedad en qué vivimos.

  7. spurgus dice:

    Muy acertado cuanto dice voacé. Si puedo tranquilizarle algo,y a los blogueros, diría que el pecado del PSOE no es elegir a una persona como ZP. El pecado es que a continuación desaparece la democracia interna, y todos cierran prietas filas durante demasiados años en torno a él, sin una discordancia, sin un pero, sin un balido… Y así con uno y otro “Lider”, al que seguimos atavica, perrunamente.

    El que se mueve no sale en la foto.. pues fíjese: hay que moverse, y hay que protestar y mostrar razonable y respetuosamente on las decisiones del lider, formalmente democráticas, pero con controles demasiado formales. Oiga: a ZP la ejecutiva federal (o como se llame el politburó del partido) le ha aprobado absolutamente todo. No ha habido ni una rebelión, quitando a Rosa. Por eso aprecio tanto a Rosa, por eso me vale tanto… porque hizo lo que no hicieron ninguno de los 168 diputados, decenas de senadores, varios barones autoómicos, cientos de alcaldes, miles de concejales, decenas de miles de afiliados con algo de voz e el partido: no se calló y alentó la crítica al disparate.

    Nada de la democracia funciona si las personas no funcionan, y por miedo, ambición o comodidad, cierran los ojos a lo que su conciencia les presenta como justo. Cierto que se debe apoyar al lider y al gobierno, en las decisiones más comprometidas; pero no cuando eso violenta las convicciones más firmes del político. entonces tiene el derecho -el deber- por coherencia, higiene democrática, de manifestarse en contra, y votar en contra. Tiene que haber alguno que diga que el rey está desnudo, pues el gregarismo no es un factor a desdeñar, está ahí, y en buena medida estamos donde estamos por un exagerado miedo a disentir, a manifestarse de forma independiente del lider, o de la linea oficial del partido, o de los criterios de la ejecutiva de turno….

  8. nandoblando dice:

    Buenos días.
    No se puede definir mejor el estilo de Zapatero. Con la llegada de este señor y su séquito al poder, la estética definitivamente se ha comido a la ética con patatas.
    Por otro lado me agrada comprobar como en vuestro partido intentais mantener “las orejas de punta” para no ser infectados por el “nuevo estilo” (todos lo estilos a mano como fondo de armario ideológico, según convenga).
    Ojalá consigais conservar la integridad cuando vuestro peso en el parlamento y resto de instituciones aumente, cosa que parece mas que probable y que me hace volver a tener una chispa de esperanza en la clase política de mi pais.
    Ánimo y suerte, Carlos.

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