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Paralelismos y coincidencias

Como debo ser uno de los cinco o seis ciudadanos de este país que admite tranquilamente no saber nada de fútbol, como mientras escribo esto el lance balompédico tampoco ha comenzado, como sin darme igual el resultado -pues por supuesto deseo que gane la selección española (La Roja, en eufemismo) para que mis amigos y familiares futboleros tengan su merecido goce- tampoco está uno desesperado porque ganen o pierdan, pues no voy a hablar para nada del partido de ayer, sino un poco, quizás, del celebrado antes de ayer. Veamos: no me digan que la manifestación de la Cataluña Unánime no era uno de esos eventos típicos de un régimen en la cuerda floja. Una manifestación convocada desde el poder, por todos los que gozan de ese poder y con la finalidad de protestar porque no se les garantiza el monopolio ad aeternum de ese mismo poder donde tan a gusto están (soberanía, derecho a decidir y cosas así le llaman, todo en eufemismo).

La manifestación fue, por descontado, gigantesca. No tanto que Barcelona se hundiera en el Mediterráneo como resultado de la enorme concentración humana, pero sí para que hundir el sentido de la realidad. Respecto a las cifras, uno se queda con la escéptica y contable de esa empresa profesional que cuenta manifestantes con un método razonable, a la que le salían 56.000 manifestantes (que no está nada mal), y es bastante coherente con los 600 autobuses fletados según la prensa amiga. Lo de los cientos de miles y el millón y medio es cuando poco dudoso en un país donde, según los estudios de opinión bien hechos, un 80% o más de los entrevistados afirman no haber acudido nunca a una manifestación. Eso nos da que sólo unos cinco o seis millones de los actuales españoles mayores de edad han ido, alguna vez en su vida, a una manifestación. Admitir que el 25% de esa cantidad se manifestó contra el Tribunal Constitucional el sábado en Barcelona es demasiado incluso para un país donde, como éste, el desprecio de la inteligencia es un hábito bien considerado socialmente.

Ciertamente, da igual: la manifestación de Montilla fue un horror en cualquier caso. No sólo porque iba contra el concepto mismo de democracia –contra la separación de poderes, contra la igualdad de los ciudadanos, contra la autonomía de la justicia, contra el Estado de derecho, contra la prevalencia de la Constitución-, sino porque despedía el tufo característico de una manifestación de régimen, de desfile de acarreados, estómagos agradecidos e indocumentados varios. Lo más parecido que recuerdo es una convocada por el franquismo al final del régimen, para protestar contra las manifestaciones “antiespañolas” (¿les suena?) tras la ejecución de tres miembros del FRAP y dos de ETA. La convocaron todos los medios de comunicación (¿a qué nos recuerda esto?), se celebró como una genuina manifestación del Pueblo por la dignidad de la patria agredida por el extranjero con apoyo de españoles traidores (¿y esto?), se garantizó su éxito mediante centenares de autobuses gratuitos que acarrearon manifestantes del régimen desde toda España (¡que coincidencia!), la retransmitieron en directo la tele y la radio pública (del gobierno), y se aseguró que en la Plaza de Oriente se habían amontonado más de un millón de manifestantes (aunque no cupieran tantos ni apilados en capas). Franco, ya muy decaído, salió al balcón de las salutaciones e incluso leyó unas líneas sobre la unidad inquebrantable de España con su Caudillo, la dignidad nacional, el rechazo de toda intromisión externa, etc.

La principal diferencia es que esta vez el convocante no ha podido salir a un balcón a arengar a las masas con los tópicos antidemocráticos del nacionalismo fósil, sino que tuvo que salir por piernas huyendo de algunos manifestantes. Por lo demás, la manifestación del president Montilla y sus secuaces se parece a la última de Franco mucho más que a cualquiera de las grandes movilizaciones registradas en los últimos años, por ejemplo cuando el secuestro de Miguel Ángel Blanco, o para apoyar la Constitución tras el 23-F.

En aquellos días crepusculares, el régimen también esperaba del fútbol toda clase de auxilios taumatúrgicos. También se elogiaba la noble limpieza del deporte en contraste con la vil suciedad de la política, y cosas así. Y se reclamaba al fútbol una especie se capacidad sacramental para unir en torno suyo una conciencia de nación ausente en otros dominios. Como ahora. Supongo que España ganará el mundial, y eso hará que los mil expertos en identidades nacionales y deporte que han aflorado estos días asciendan al culmen de la sublimidad, pues la victoria tiene mil padres y la derrota ninguna (e incluso si España queda sólo segunda y finalista no habrá estado nada mal). Algunos de esos expertos son los mismos que explicaban, con los mismos argumentos, por qué la selección española no concitaba adhesión ni entusiasmo debido, decía uno de ellos, a la “anorexia patriótica” de la España Plural. ¿Qué ha cambiado ahora? Naturalmente, la victoria: nadie quiere quedar al margen del reparto de beneficios que pueda conllevar. Pero también un hastío cívico de la centrifugación nacionalista que la manifestación catalana no puede ocultar.

De momento, es evidente que la gesta futbolística ya está reuniendo adhesiones inesperadas. En San Sebastián, donde vivo –cuando puedo-, la tarde del domingo asistió a una insólita abundancia de banderas españolas, niños y jóvenes de lo más españolizados con su camiseta roja y otros espectáculos de hispanofilia sin recato que habrán causado hondo dolor a los vigilantes de la esencias abertzales. Así son los vaivenes de la opinión pública, y así es el hartazgo del nacionalismo, que está de capa caída pese a –no se engañe nadie- la manifestación de Barcelona del sábado. También los franquistas, otra variedad de nacionalistas, creyeron que a ellos no les sacaría de la poltrona nadie tras aquella abrumadora demostración de fuerza, y ya ven.

El partido está a punto de comenzar, y yo me enteraré de sus incidencias por los bramidos del vecindario y los cohetes que hay preparados para celebrar el éxito de España. Para los desanimados: si alguien hubiera hecho un pronóstico de conducta semejante en pleno País Vasco hace sólo tres o cuatro años, hubiera sido recibido con carcajadas.

¿Y qué más paralelismos conviene apuntar? Pues también este: al final del franquismo, las manifestaciones contra el régimen eran, como mucho, protagonizadas por algunos centenares de audaces desobedientes. La prensa del régimen les ignoraba o tachaba de antiespañoles… El fútbol era mucho más importante y requería todo el esfuerzo informativo y analítico, porque es lo que quiere la gente… ¿Les suena también? La historia, que se repite  pero como caricatura según el viejo Marx.

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6 comentarios a “Paralelismos y coincidencias”

  1. Sake dice:

    -El fútbol tiene su seriedad en si mismo.
    -Pasaran regímenes, pasaran modas pero un Gol que nos hace Campeones del Mundo nunca pasará.
    -¿Y los opios del Pueblo?.
    -¿Dime alguna sociedad que no necesite sus opios?
    -Dad al Fútbol lo que es del Fútbol y a la política lo que es de la política.
    -Una cosa no quita la otra.
    -¡Somos Campeones del Mundo!.
    -Es verdad y éso no nos lo quitan ni los separatistas.

  2. guticid dice:

    Para sobrellevar las durezas del día a día, todos necesitamos un poquito de pan y circo pero con payasos con un poquito de gracia (por favor Montillas no….)

  3. Quimby dice:

    Soy Asturiano y según las palabras de Jordi Pujol soy Catalán ya que vivo y trabajo en Cataluña. Pues bien, como español, asturiano y catalán siento una enorme felicidad porque nuestra selección haya ganado el mundial.
    Un servidor, al igual que usted no es entendido en fútbol y solo sigo estos campeonatos de manera social. Y opino que en esta ocasión el deporte y la calidad del juego es lo de menos. Estas dosis de españolismo son extremadamente beneficiosas para todos como país, al igual que usted siento un gozo pleno al ver como miles de catalanes decoran las fachadas de su casa con banderas españolas, también al ver como hablar de España deja de ser tabú, y al comprobar como muchos catalanes silenciados por la presión mediática nacionalista salen a la calle celebrar algo que también es suyo y les identifica.
    Este tipo de eventos nos ayuda a superar viejos fantasmas de la idea adquirida de España y nos permite hablar sin tanto prejuicio del que país que tenemos y que queremos construir uniendo las manos con Vascos y Catalanes al igual que con el resto de regiones que forman nuestra nación.
    Esta claro que el premio mas evidente ha sido la codiciada copa del mundo, pero en la sombra hemos ganado mucho mas, cosa que hace mucha falta en los tiempos de crisis y falta cohesión estatal.

  4. Juan Antonio dice:

    Los afiliados y simpatizantes de UPyD tenemos un reto muy serio ante nosotros: hacer que resuene todo lo posible esta denuncia que hace CMG hoy en su blog. Pero hoy estoy optimista y quiero pensar que, si somo fieles a nosotros mismos, no habrá que hacer grandes esfuerzos para convencer a muchos, pues no deben ser pocos los que vean lo obvio aunque aún no lo digan.

  5. alcotarelo dice:

    Quimby :
    No conozco el “problema vasco” pero conozco de primera mano el “problema catalán”, problema me atrevería a decir, bastante grave para España y para los que como yo como somos españoles en Cataluña, ya sea de nacimiento o por emigración.
    Tengo que decir que el haber vivido tantos años fuera de Cataluña me permite tener la capacidad de analizar la situación y la información fríamente escuchando todos los puntos de vista. Pero esto es un lujo que no se puede permitir cualquiera ya que la presión mediática no permite la libre interpretación de los hechos ya que la información recibida carece de toda objetividad va en la linea clara marcada por la hegemonía política y cultural.
    Si uno lo piensa es lógico que en Cataluña cada vez exista mas gente con un ideal anti español, dolidos y frustrados con un gobierno central si todos los medios de información y prensa locales así como intelectuales y políticos lanzan un mensaje claro: ESPAÑA NOS ROBA, NOS HUMILLA, NOS MENOSPRECIA, NOS QUITA NUESTRA LIBERTAD, NOS TIRANIZA…
    De un modo u otro, con eufemismos o con barbaridades dichas en publico el mensaje es claro. TV3 es un medio totalmente intervenido, que no deja que aquel Catalán que esta abierto a escuchar lo que se dice de un conflicto “X” en el resto de España pueda hacerlo. Los periódicos de tirada local como La Vanguardia o El Periódico en ocasiones alcanzan categoría de “fancines” de la unilateralidad nacionalista catalana.
    Si a esto le sumamos una educación totalmente redirigida a romper con la idea de España y una presión social que ataca todo aquel que se sienta español y orgulloso de ello hasta el punto de humillarle o coaccionarle, el resultado es la practica imposibilidad para un catalán nativo de no comulgar con el credo impuesto por los medios y por determinados círculos sociales y culturales.
    El mensaje a la sociedad catalana ha de ser claro y altamente difundido: EL CONJUNTO DE ESPAÑA NO ESTA EN CONTRA DE CATALUÑA NI DE LOS CATALANES. Y este mensaje ha de ir acompañado por un control cualitativo de la objetividad de la educación en todo el territorio catalán. Y todo esto es algo que se ha de gestionar a nivel estatal y que tiene que estar por encima de cualquier precio político, independientemente del numero de escaños de apoyo que necesite un gobierno electo para poder gobernar.

    Existen multitud de aspectos ciertamente interesantes en todo esto del problema vasco y el problema catalán. De todas ellas, quisiera subrayar dos perversiones que me parecen especialmente dignas de análisis:

    1. La primera cuestión son las supuestas ofensas, insultos y agravios a Cataluña, se supone que principalmente por parte del PP. Realmente estas ofensas no se han producido.

    De hecho en el PP están tratando de ser buenos chicos con los nacionalistas y no salirse del tiesto. En el País Vasco esto es muy evidente con el cambio de María San Gil y la gente de Mayor Oreja por Basagoiti y compañía. Y el PP catalán si por algo se caracteriza es por su mutismo. Otro tanto se pude decir de la dirección nacional del PP (Rajoy, Cospedal, Santamaría, etc.).

    Qimby expone muy bien cómo estos supuestos insultos y ofensas han sido inventados deliveradamente por los políticos nacionalistas catalanes. Y a base de repetirlo, de difundirlo en los medios de comunicación, y de utilizar el sistema educativo, han conseguido imponerlo como una realidad ficiticia.

    Estos supuestos insultos y ofensas constituyen la piedra angular del argumentario de PSC, CiU, ERC, IC-EV… De hecho la vice De la Vega se agarró a ellos como a un clavo ardiendo para tratar de presentar una postura del gobierno de ZP respecto a la manifestación que fuera lo menos lamentable posible.

    2. La segunda perversión que me parece digna de análisis es la supuesta falta de legitimidad de los que no somos catalanes ni vascos para opinar en todo esto.

    Como tantas otros planteamienos, esta idea nacionalista ha sido asumida por la mayoría de la gente. Por ejemplo, Quimby asume que por el hecho de vivir en Cataluña su opinión es más cualificada para hablar del tema que las de los demás.

    Cuando realmente, uno de los aspectos claves del problema es que si queremos cambiar el modelo común, este cambio nos afecta a todos. Y no sólo a los de Cataluña y el País Vasco.

    Esta idea está huele apestosamente a todo eso del ámbito vasco (o catalán) de decisión, la autodeterminación o el nosotros decidimos. Y en definitiva, se trata de distinguir entre los ciudadanos de primera (catalanes y vascos) y el resto de la chusma que no tenemos ni voz, ni voto. Ni nación, aunque todavía tengamos un estado.

  6. alcotarelo dice:

    Supongamos que esos insultos hacia Cataluña o los catalanes sí hubiran tenido lugar, por parte del PP o de cualquier otro político.

    Incluso en ese caso, resultaría igualmente teatrero e inadmisible asimilar todas las demás posturas contrarias al Estatut (la mayoría de ellas, muy legítimas y respetuosas) con esos hipotéticos insultos. Es un reduccinismo que sólo busca evadir el debate lógico y formal por medio del victimismo. inadmisible.

    Lo realmente curioso es que esos insultos sí que han tenido lugar de forma permanente y sistemática, pero por parte de los políticos catalenes y vascos hacia España (perdón: Estado español). De hecho, es algo tan cotidiano que políticos del PNV, CiU, ERC, BNG insulten y se mofen de España y sus intituciones, que no suscita ninguna reacción y forma parte de la normalidad.

    Y como muy bien indica Carlos, sólo a Franco en su día se le ocurrió montar una manifestación de desagravio por algo así.

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