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El miedo de Patxi López al cambio (un problema vasco nada particular)

El 1 de mayo estaba en mi ciudad de bolsillo, donde tengo mi cada vez menos frecuentada residencia principal, así que aproveché para ponerme al día del ambientillo. Nada mejor que echar una ojeada a la prensa (cada vez más complacientemente aldeana, ¡ay!) e informativos locales. Disfruté pues del Teleberri del sábado, el “telediario” estrella de la ETB-2 (la ETB-1 y la ETB-3, que por supuesto existen, emiten en euskera a un público exiguo compuesto de niños, grandes consumidores de dibujos animados, y aficionados al deporte enlatado entre los que descuellan jubilados y parados). Los temas políticos estrellas del día eran dos: las manifestaciones del 1 de mayo y el primer aniversario del gobierno vasco presidido por Patxi López. La información sobre las manifestaciones estuvo exenta de sorpresas, tan aburrida y previsible y tasada en minutos como siempre: los sindicatos nacionalistas ELA y LAB exigían un cambio de marco político para superar la crisis, es decir -¿o creían otra cosa?-, una negociación política con ETA y el avance hacia la independencia –qué tenga que ver eso con la deuda pública o el paro es un misterio cuya solución se reserva a los elegidos por la Patria; para los periodistas (?) de ETB debe ser obvia-, y a los “estatalistas” de CCOO y UGT –estatalistas a pesar de lo mucho que ambos sindicatos deben a su parte vasca de historia-  les correspondió dar la versión vasca del descafeinado discurso nacional (con perdón) de sus sindicatos.

Resultó más sorprendente el tratamiento del aniversario del gobierno vasco actual: el primer partido en dar su opinión, lógicamente demoledora y no exenta de razón en algunas críticas, como la obvia mediocridad de buena parte del equipo de gobierno y su clamorosa inactividad en ciertos departamentos, era el PNV. A continuación se dio la palabra al PSE, en la persona del jefe de grupo parlamentario José Antonio Pastor, equipado para la ocasión con el kit de manifestante obrero (era el 1 de mayo) de UGT, lógicamente apologética. Y luego había otros dos turnos derogatorios adicionales de Patxi López y su equipo, a cargo de Aralar, el partido de moda nadie sabe muy bien por qué –acaso porque pese a su obvio ruralismo su agraciada secretaria general, Aintzane Ezenarro, no parece una nekane de las tierras vascas-, y de la jibarizada Ezker Batua, la franquicia vasca de IU. ¿Y el PP, se dirán ustedes, tercer partido de la cámara vasca, o nosotros los de UPyD, la verdadera sorpresa de esta legislatura pues ni estábamos ni se nos esperaba? Ni palabra. No interesa a los socialistas, que prefieren escupitajos abertzales a críticas razonadas de otras fuerzas constitucionalistas (y eso que el PP vasco se esfuerza por ser querido renunciando a dar disgustos).

El resto de las informaciones desgranadas con ese estilo tan propio de la ETB, con una presentadora que por el tono duro y desconfiado de la elocución, levemente teñida de impostada indignación ante la testaruda realidad aludida, desalienta cualquier disidencia o puesta en solfa de esa visión de las cosas, se deslizó tranquilamente por la situación de la “economía estatal”, la “operación salida estatal”, el pronóstico del clima en los “territorios vecinos del Estado”, y demás estatalidades que el receptor avisado ya sabe que son el circunloquio o eufemismo abertzale para referirse a lo español o nacional sin padecer un ataque epiléptico.

Un balance piadoso de esta emisión podría concluir que junto a la permanencia intocada del célebre sectarismo hispanófobo de la ETB de toda-la-vida estuvo la novedad de que el gobierno de turno fuera tratado críticamente, como si la ETB hubiera evolucionado a una suerte vasca de BBC, en vez de ser objeto de sahumerios, prosternaciones y obsequioso júbilo como los que, pongamos por caso, Telemadrid dedica a diario al gobierno de doña Esperanza Aguirre, ese espejo de liberales intervencionistas.

Desgraciadamente, no era nada de esto. El informativo de ETB fue la expresión simple y elocuente de lo poco que manda el gobierno de Patxi López como consecuencia de la activa retroalimentación de dos temores reaccionarios: el miedo a molestar a los nacionalistas cómodamente aposentados en todas y cada una de las instituciones vascas, y el miedo a que el cambio de gobierno pueda ser interpretado como eso, como un cambio en cualquier cosa.

Decididos a impedir que se pueda llegar a creer que la instalación de Patxi López en Ajuria-enea sea algo más que un tránsito de inquilino sin mayores consecuencias, este Gobierno Vasco hace esfuerzos denodados para competir con los nacionalistas –¡y cada vez más ayudados por el nuevo PP vasco!- en inmovilismo en materia educativa, cultural y de comunicación pública; en defensa cerrada del anacrónico y antiigualitario Concierto Económico y Cupo como un “derecho democrático”; de más y mejor apoyo “al euskera”, en forma de más y más subvenciones a fondo perdido a todo tipo de entidades abertzales, incluyendo las ikastolas vasco-francesas y las instalaciones de ETB por aquellos lares vecinos, como si la pobre y subdesarrollada Francia no pudiera subvenir a ese derecho de sus ciudadanos…

Para el conservadurismo absurdo y frustrante de los medios públicos de comunicación, que siguen pagados por todos los vascos pero trabajan exclusivamente a favor de una parte de ellos, la nacionalista, ha colaborado lo suyo el nombramiento de Alberto Surio al frente de EITB. Surio es un hombre de Vocento que aplica a la radiotelevisión pública la misma línea de su potente grupo de comunicación, editor de El Correo y El Diario Vasco: relegar lo político a la tercera línea, prefiriendo un reportaje sobre una cabra con dos cabezas a considerar la crisis económica una noticia estrella, y evitar irritar como sea a los poderes fácticos que controlan el cotarro vasco, es decir, el intrincado enredo nacionalista entretejido en treinta años de mangoneo con, y gracias a, ETA en la sombra. Hay más: la falacia de moda según la cual la política se reduce al control de la forma de los mensajes y de la colocación social de los mismos, puesto que el contenido es irrelevante, encontró su demostración en el nombramiento del anterior jefe de opinión de la edición vasca de El País, Emilio Alfaro, para dirigir la estrategia de comunicación del gobierno de Patxi (no soy irreverente: me atengo a lo que ayer mismo declaraba en una entrevista en ese diario: que su única ambición es seguir siendo el Patxi de siempre).

Alberto Surio y Emilio Alfaro tienen una larga trayectoria periodística basada en el principio de que la manera correcta de tratar los cambios inesperados o no propiciados es ignorarlos, sustituyendo los hechos desagradables por alambicadas interpretaciones –sobre todo los “movimientos” de ETA y su entorno, objeto de insólitas lucubraciones entre tregua y tregua y sobre todo durante éstas- que cubran los hechos y personajes intempestivos e incómodos con la fatal mortaja del ninguneo. Lo comprobé en persona durante los cinco años de hiperactividad de ¡Basta Ya! (pongamos que del 2000 al 2005) en la que todas nuestras aventuras y desdichas -persecuciones, atentados y Premio Shajarov del Parlamento Europeo inclusive-, no valieron para ellos y sus medios ni el 5% de espacio y atención que le dedicaron a los contoneos y ocurrencias de cualquier grupete abertzale (y no digamos ya a los pasmosos prodigios de la cocina vasca). Uno no es rencoroso pero tampoco amnésico, y espero con interés el día en que se publique una investigación exhaustiva independiente sobre la actitud de los medios de comunicación esos años.

Este es el problema, que lejos de ser vasco puede extenderse al conjunto de la política nacional, a saber, que los estilos y estrategias de Vocento y Prisa, como sus objetivos empresariales, son los del Gobierno Vasco, y con eso está dicho todo: sobrevivir con la mayor ganancia al menor riesgo posible. Pero si esa actitud es natural en una empresa privada atenta a los intereses de sus accionistas, es absurda y aberrante en un Gobierno comprometido, dice, con la histórica meta de demostrar que el País Vasco se puede gobernar sin el nacionalismo. Igual aprenden cuando el PNV vuelva a Ajuria-enea, como ciertamente ocurrirá si siguen así.

El miedo al cambio de quienes dicen quererlo cambiar todo sin poner nada en peligro, eso es todo y de eso se trata. Y es nuestra maldición.

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3 comentarios a “El miedo de Patxi López al cambio (un problema vasco nada particular)”

  1. Sake dice:

    -¿Que hay que hacer para cambiar algo?
    -Primero querer cambiarlo
    -¿Y luego?
    -No sentir complejo y estar seguro de uno mismo.
    -¿Influencia de sentimiento Nacionalista?
    -Algo asi, se contagia la enfermedad y tu salud Democratica se resiente y pierdes las metas y eres menos libre.
    -¿Tiene solución el mal?
    -Si la tiene lo primero es avisarlo públicamente y luego que los ciudadanos elijan.
    -¿Sabrán elegir?
    -Por lo menos deben estar bien informados, pero éso preguntamelo dentro de unos años.
    -Ya lo veré yo.
    -Y yo.

  2. Juan Iborra dice:

    Aunque no conozco en profundidad la gestión del Estado que realiza el gobierno autonómico en esa parte de España sí que hay algo que, incluso aquí en Alicante, comienza a suceder: el vocabulario específico para resaltar la diferencia. Ya no se trata sólo de poseer una lengua propia como elemento diferencial para evitar “al de fuera” y atar al territorio a las personas, como nuevos siervo de la gleba del siglo XXI. No. Parece que también hay que emplear ese vocabulario en castellano para resaltar la diferencia: a mí más preocupante que el Gobierno de López no se imponga, es que se siga dando noticias empleando un léxico de verdadero “matrix”. De realidad virtual. De adjetivar la “estatalidad” de las cosas.
    Aquí, en la Comunidad Valenciana, ese léxico comienza a aparecer y está dando sus frutos para defender lo indefendible: la corruptela Gürtel. Es terrible descubrir a un dirigente escudarse en el principio de “Lealtad” como fórmula de unión de sus huestes frente a la adversidad. Camps está, teléfono en mano, obligando a retratarse a todo aquel que mueve ficha en la Comunidad: estás conmigo o contra mí. Si estás contra mí eres un elemento perturbador de la sociedad valenciana. La lealtad la centra en su persona -o en el grupo de personas de su confianza absoluta y amigas seguramente también de “Alvarito”- No pide lealtad a unos principios o a las promesas realizadas en un marco electoral a los ciudadanos. No. Aquí, por lealtad al líder, se esconde todo y, el problema, es que muchos votantes lo creen y entran en el “Matrix” creado por Canal 9 y los instrumentos de poder del Consell: Es la realidad virtual del Gran Hombre, del pacto, de la importancia de “la palabra del Consell”, de la defensa del territorio (¡incluso frente a su propio partido, por el tema del agua!)… pero, lo peor, es que cuando pones la versión valenciana del “Teleberri 2”, en correcto castellano, emplean un léxico terrible que induce a la indiferencia del televidente frente al ladrocinio de comprar -con todas las garantías administrativas- moquetas a 20000 euros al amigo “Alvarito”; basado en que esto es un ataque contra Valencia y a nuestro aspecto diferencial. Y esto es lo peor, a mi juicio: la impúdica introducción en las televisiones de una sintaxis pensada en promover sutilmente las diferencias. Y de partidos basados en apoyos ciegos al lider, en base a la lealtad. Y lo más impúdico de todo es que se hace en unas televisiones públicas absolutamente deficitarias olvidando que la lealtad, a quien se debe, no es al líder sino al votante.
    Un fuerte abrazo

  3. Cristina dice:

    Muy interesante todo lo escrito. Cambiando nombres, siglas y lugares, si no tenemos reparos en ser autocríticos, TODO lo dicho vale para cualquier empresa, entidad o partido… Deberíamos hacer un poquito más de examen de conciencia e intentar que eso que tanto nos cabrea de los demás no se repita en “nuestra casa”…

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