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La amnistía de 1977 y las “leyes del olvido”

Uno de los argumentos fundamentales de los apologetas de la Causa General contra el franquismo que quiso abrir el juez Garzón y que le ha llevado a su desastrosa situación procesal y política, es que la Ley de Amnistía de 1977 no podía invocarse para dejar impunes los crímenes del franquismo, del mismo modo en que las llamadas “leyes del olvido” aprobadas en Argentina y otros países para encubrir y absolver sin juicio crímenes de lesa humanidad no habían podido imponerse al derecho penal internacional que considera imprescriptibles los delitos de genocidio. Dada mi incompetencia jurídica no voy a entrar en si los crímenes cometidos durante la posguerra por Franco y sus secuaces pueden calificarse de genocidio desde el punto de vista jurídico. Es evidente que, en cualquier caso, fueron crímenes atroces. Tampoco hace falta añadir que no más ni menos atroces que muchos cometidos en zona republicana durante la guerra civil. Fueron, eso sí, más numerosos porque se dio la circunstancia de que fue Franco quien ganó la guerra, en vez de la República. Y peores en sentido político y moral, porque fueron crímenes –asesinatos, desapariciones, esclavización legalizada en forma de “trabajos forzados”- planificados y ejecutados desde las instituciones de gobierno, sin la mala excusa de la espontaneidad, el desorden y el descontrol reinantes en una situación de guerra (la excusa esgrimida por Santiago Carrillo cuando sale a relucir la matanza de Paracuellos). Pero qué quieren, por mi parte no soy muy optimista sobre lo que hubiera pasado con los del “bando nacional” de ganar la guerra aquella República sin apenas republicanos, trufada de enemigos de la “democracia burguesa” dispuestos a liquidar toda disidencia. En cualquier caso, da igual: ya no se trata de jugar a los contrafácticos del “qué hubiera pasado si…”, ese al que se entregan ahora los antifranquistas sobrevenidos –magníficamente descubiertos ayer por Santiago González– y el agit-prop del zapaterismo en apuros. Si alguien prefiere creer que Pedro Almodóvar es el mejor historiador, pensador, político y demócrata vivo en España, un ejemplo de resistencia a Franco y de sacrificio personal por las libertades, pues qué le vamos a hacer.

Existe, sin embargo, una diferencia radical entre las Ley de Amnistía de 1977 y las “de olvido”, aprobadas para absolver sin juicio a los verdugos y olvidar a sus víctimas. Es la siguiente: la Ley de Amnistía española buscaba establecer una base sólida, indispensable, para la transición pactada de una dictadura a una democracia, objetivo que requería refundar la comunidad política mediante dos pasos sucesivos: primero, renunciar a la revancha por el daño recibido en el pasado, por justa que ésta fuera; segundo, proceder a elaborar una nueva Constitución que estableciera un borrón y cuenta nueva. Téngase en cuenta que no sólo fueron amnistiados los verdugos del franquismo que seguían con vida, o los propios que quedaran del lado republicano, sino también los terroristas de ETA, FRAP y GRAPO que se habían cobrado un buen número de vidas en los últimos años de la dictadura; algunos lo pagaron con su propia vida en las últimas ejecuciones del franquismo, y de lo que se trataba, precisamente, era de interrumpir mediante una gran renuncia colectiva esa trágica espiral de violencia y represión.

Lo que se perseguía -a ver si nos damos cuenta- era que todos renunciaran a “ganar la guerra”: los ganadores renunciaban a la dictadura así instaurada, y los perdedores a restaurar la República derrotada. Hegel hubiera puesto esta transacción como ejemplo de síntesis dialéctica: ni vieja dictadura ni vieja república, sino una democracia nueva. Considerar la Ley de Amnistía de 1977 como una absolución de los franquistas y un olvido de sus víctimas es tan acertado como considerar que la monarquía constitucional que tenemos es una especie de franquismo hereditario sin Franco. No es de extrañar que ambas barbaridades sean sostenidas por los mismos bárbaros. Lejos de olvidar a las víctimas, la Amnistía establecía el hecho de que había habido víctimas de todas clases, de los dos bandos si se quiere. En lugar de olvidar y negar, se afirmaba su existencia y, con ésta, la exigencia de una reparación política, que no podía ser otra que la instauración de una democracia sin vencedores ni vencidos que permitiera superar la violencia ilegítima.

¿Es lo mismo esta Ley de Amnistía que las “leyes del olvido”? No veo cómo pueda serlo: las “leyes del olvido” no pretendían de ningún modo propiciar un cambio de régimen político a una democracia razonable, ni reconocían la existencia de víctimas de injusticias atroces, sino que se limitaban a blindar la impunidad de quienes, con la excusa de la lucha contra el comunismo y la subversión, acababan de exterminar a la oposición política sin guerra civil por medio y sin intención alguna de abrir un proceso constituyente democrático. ¿Es lo mismo? No, aquí lo único igual es el extraordinario silogismo según el cual si Baltasar Garzón consiguió sentar en el banquillo a Augusto Pinochet por crímenes por la humanidad, también debe poder hacer lo propio con los supervivientes del franquismo que sigan vivos por ahí. Una consecuencia derivada de esta lógica justiciera es que podemos prescindir tranquilamente de la democracia, basada en buena medida en renuncias colectivas a la Justicia como esa Ley de Amnistía, para sustituirla tranquilamente por un Gobierno de los Jueces que ni siquiera necesitan leyes aprobadas por un Parlamento, puesto que en nombre de la Justicia pueden derogarlas de facto cuando les parezca. A continuación, podemos tirar la Constitución a la basura y sustituirla por las Tablas de la Ley entregadas por Jehová, que no se equivoca nunca.

Paz, perdón y piedad, las palabras de Manuel Azaña (esperemos que nada sospechoso de filofranquismo, aunque no sé lo que pensarán formidables fiscales demócratas como Mena y Villarejo, con sólo quince años de servicios a la dictadura…), eso fue lo que trataba de instaurar la Ley de Amnistía de 1977. Parecía que lo había conseguido razonablemente, con la excepción del País Vasco (donde, no hay que olvidarlo, esa Amnistía favoreció espectacularmente no a los franquistas sino… a ETA), hasta que ha irrumpido esa alianza de partidarios de sacrificar el Derecho (la legalidad democrática) a la Justicia intemporal (los más forofos de Garzón), de zapateristas en apuros por la crisis económica y política dispuestos a lo que sea con tal de ocultar la realidad, y de la cuota de descerebrados cainitas y rencorosos que nunca nos faltan. Si no lo estuviéramos viendo y oyendo, sería difícil de creer.

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9 comentarios a “La amnistía de 1977 y las “leyes del olvido””

  1. Sake dice:

    -Creo que Almodovar terminará haciendo una pelicula que se titulará “Crimenes Impunes”.
    -De qué crímenes va a tratar.
    -En realidad es muy ambiciosa la peli, quiere cambiar la historia e impedir la Democracia que disfrutamos desde hace años.
    -¿Le gusta la sangre a Almodovar?
    -Creo que lo que no le gusta es la Democracia.
    -Más bien desconoce la historia y el origen de nuestra democracia.
    -Yo creo que es fácil de manipular las personas que tienen su cabeza llena de rencor por el rencor.
    -Y seguro que no conocieron la Dictadura.
    -Ni la conocieron ni lucharon contra ella.
    -Es triste ¿verdad?
    -Amigo hay tanto por hacer que a veces se me quitan las ganas.
    -Es dificil no desanimarse.

  2. Tomas Elorrieta dice:

    Yo añadiría, que en mi opinión, el texto de la ley de amnistía es un texto quasi-constitucional.

    En Common Law como sabéis no hay una constitución sino textos constitucionales y tradición. Desde la perspectiva del Common Law la ley de Amnistía es sin ninguna duda un texto constitucional, porque sin ella pierde (automáticamente) legitimidad cada institución del reino: desde el Rey hasta el tribunal Supremo pasando por las autonomías y el estado de derecho en su conjunto!!

  3. Alfonso dice:

    En efecto Carlos, así fueron las cosas. No sé si por edad mi memoria es ya histórica o no. Seguramente ni los historiadores sabrían decir donde hay que colocar el límite temporal. En todo caso yo estaba allí y cuando mucho antes de promulgarse la ley de 1977 hacíamos carteles para empapelar los pasillos de la universidad, pintadas (ahora me arrepiento de manchar las paredes) o gritábamos por las calles ¡amnistía ya!, lo hacíamos para que todos los presos y represaliados por cuestiones políticas salieran a la calle, para librar a los objetores de de conciencia a la prestación del servicio militar de las represalias y de las penas de cárcel. Lo hacíamos para que S. Carrillo pudiera pasear libremente, para posibilitar que volvieran Dolores Ibarruri o Josep Tarradellas etc. y, sobre todo, para conseguir una pieza más del entramado legal que permitiera la verdadera y autentica Democracia con la todos soñábamos y cuyo advenimiento no estaba ni mucho menos claro. Si alguien se molesta en buscar en las hemerotecas encontrará titulares de primera página que relacionan ambos temas, y noticias como esta: “Esta tarde el Presidente de Gobierno (A. Suarez) recibirá a la oposición. Temas fundamentales: amnistía y reconocimiento de todos los partidos políticos”. (ABC, 11 enero 1977).
    Las manifestaciones pro amnistía eran ilegales, algún muerto hubo entre los manifestantes y desde luego, no por reclamar la gracia para ningún franquista. Dudo que a muchos de aquellos sedientos de democracia se les pasara por la imaginación amnistiar a ningún franquista, aunque sin duda la ley también tuvo consecuencias en ese sentido, sobre todo, por la inclusión del apartado e, en al artículo segundo de la Ley. Quien tuvo la responsabilidad de redactar la Ley, de aprobarla y de promulgarla, tuvo también el buen sentido de articular un texto que contribuía de forma cardinal al principio fundamental que presidió todo el proceso de la transición a la democracia y que fue el de la reconciliación de los españoles y la superación del enfrentamiento civil. Y no hay herederos. Los responsables de aquel horror son su protagonistas, ellos y sólo ellos. Los que vivimos parte de nuestra infancia en la posguerra, no queremos que en ninguna mesa familiar se vuelva a oír aquellos de ¡niño de política no se habla!. Los que protagonizaron la llamada transición hicieron lo que debían y seguramente lo que podían. Las nuevas generaciones, afirmo, están preocupadas por encontrar su lugar en una sociedad más próspera y justa, por encontrar una vivienda digna y asequible, por aprender inglés y llegar a ser bilingües… Hace no muchos años escuche la respuesta de un niño a la pregunta de un periodista. ¿Sabes quién era Franco? ¡Sí! el rey que mandaba antes, contesto con rapidez. Pues eso. Y para terminar, una pregunta: ¿pretenderán los que ahora quieren falsificar (no sólo reescribir) la historia, revisar o derogar la Ley de amnistía de 1977 para que, por ejemplo, los presos políticos de entonces vuelvan a la cárcel?. Permaneceremos atentos. Un saludo.

  4. Andres Mosquera dice:

    Es significativo que entre los militantes de la memoria histórica destaquen derrotados. Derrotados no por el franquismo , sino derrotados por la democracia.La mayoría , ya que hay excepciones, llevó sus ideales a las urnas y se dió cuenta que los ciudadanos no querían esas cosas.De ahí su extraño empeño de abrazar, con ese empeño belicoso, temas como ese.

  5. Moncho dice:

    Están aterrados (los subvencionados y los subvencionantes) porque creen que van a perder el poder de nuevo, y harán cualquier cosa, como siempre, para evitarlo. Esta vez fracasarán porque ya se les ve muy mayores, además de esclerotizados por el lado mental, y porque no les bastará con demonizar a “la derecha” para que se les vote como “mal menor”. El repulsivo Almodóvar, que sólo busca publicidad y dinero público para su proyecto de película sobre Marcos Ana -otra joya-, no podrá tapar el descalabro económico, la experiencia dantesca de estos años de Rodríguez ZP y sus miembras y el desangre autonómico. Además, está UPyD, pequeña pero peleona, con voz alta y levantando muros contra la marea del sectarismo y la ignorancia, una marea criminal, alentada por el poder actual, para la que no debería haber jamás amnistía alguna.

  6. alcotarelo dice:

    Un primo-hermano de mi abuela murió a los 19 años en Paracuellos del Jarama. Fue detenido en su domicilio de Madrid por ser católico, hecho públicamente conocido por formar parte y participar activamente en los grupos y las actividades juveniles de su parroquia. Cuando iba a ser trasladado a Paracuellos del Jarama, un miliciano debió de sentir algún tipo extraño de remordimiento, y tal vez por su juventud decidió darle una última oportunidad que consistió en tirar un crucifijo al suelo y ofrerle la libertad si lo pisaba. El joven se negó y fue trasladado a Paracuellos donde fue fusilado.

    Por otra parte, el padre de este chico en 1.936 en vista de que la situación empezaba a ponerse fea, decidió guardar los ahorros familiares y las joyas en una casa de seguridad del Banco de España, creyendo ingenuamente que sería un lugar seguro. Estas cajas de seguridad fueron saqueadas por los republicanos antes de evacuar Madrid. La hermana de este chico fusilado todavía vive, y nuca ha podido recuperar los bienes de su familia, ni por supuesto a su hermano.

    Santiago Carrillo, como jefe y responsable de todo lo que sucedió en Paracuellos del Jarama nunca ha rendido cuentas ante la justicia por estos asesinatos sistemáticos, que constituyen indudablemente un genocidio y/o una limpieza étnica. El juez Garzón se ha negado a procesar a Carrillo por estos crímenes de lesa humanidad, y nunca ha tratado de buscar a otros posibles culpables o implicados que pudieran estar todavía vivos.

    Muertos de la guerra civil hay en casi todas las familias españolas. Todos ellos, de uno y otro bando, pertenecen a nuestro pasado y su memoria es igualmente respetable. Es lógico y comprensible que los familiares de los muertos en manos del bando nacional busquen a sus abuelos para enterrarlos dignamente. Pero no es comprensible que esta posibilidad se limite sólo a los muertos de ese bando, ni que se haga con la pretensión de reescribir la historia para establecer la supremacía moral de un bando respecto al otro (lo cual es exáctamente lo mismo que ya intentó la dictadura franquista).

    Personalmente estoy a favor de mirar al futuro y dejar en paz nuestro peor pasado. Pero si quisiéramos buscar asesinos y delincuentes impunes, no es admisible limitar esta búsqueda sólo a un determinado bando como ha pretendido el juez Garzón.

  7. guticid dice:

    Pan, circo y batallitas de la guerra civil del abuelo….., a ver si la gente se olvida de los problemas a arreglar (crisis institucional y de la administración de justicia, Sanidad, Educación, modelo económico, etc…).
    Es curioso, pero finalmente ZP ( y su coro de partidos a favor o en contra) logró su objetivo de desviar nuestra atención…

  8. alcotarelo dice:

    La memoria histórica y el franquismo deben de ser los mayores problemas de España, y no la crisis, el paro, las pésimas previsiones económicas, la crisis institucional y constitucional provocada por el propio gobierno con los estatutos de autonomía, la politización de las cajas de ahorros, la corrupción, el agotado modelo productivo, la educación…

    Por otra parte, al juez Garzón le debía de sobrar el tiempo cuando pidió el certificado oficial de defunción de Franco. No debía de tener nada mejor en que emplear su tiempo como juez de instrucción. Y también debía de considerar que a los funcionarios del registro civil también les sobraba el tiempo. Y también debía de sobrarles el tiempo a los tribunales superiores de justicia y al propio tribunal supremo a los que metió en un rifirrafe de autos para aclarar quién o no era competente. Y la funcionaria que se llevó como asistente personal a Nueva York, tampoco debía de tener ningún trabajo mejor que sacar adelante en los juzgados o en el propio ministerio de justicia.

    Y mientras tanto la administración de justicia acumula retrasos de años en todos los tipos de juzgados. Más concretamente, en el juzgado de Garzón numerosos acusados (presuntos delincuentes, pero ciudadanos con derechos al fin y al cabo) están hasta cuatro años en prisión preventiva sin ser juzgados (pese a ser inocentes hasta que una sentencia firme establezca lo contrario) esperando a que el señor Garzón termine de instruir sus causas. Más de un acusado relacionado con el terrorismo (seis miembros de Jarrai en 2005, o Rufino Etxeberría en 2009) ha sido puesto en libertad (con el evidente peligro público) tras cumplir el máximo de cuatro años en prisión sin haber sido juzgado porque Garzón no hubía completado en ese tiempo la instrucción. Garzón también liberó por error al narcotraficante Sahin Eren. Supongo que Garzón debe considerar que estos otros sumarios no son tan prioritarios o importantes como la causa contra el franquismo.

  9. Nikon dice:

    ¿Es posible que el gobierno pueda cargarse el espíritu de la transición de un soplido? ¿Tan débiles somos que no podemos defender lo que nos constituyó como democracia? ¿Qué tal si la memoria histórica se aplica también a esa brillante, lúcida época en la que los españoles estábamos unidos en un proyecto común, de respeto mutuo y ansias de convivencia y libertad? ¿Por qué muchos se empeñan en remover y retornar a esa España negra, de los odios y venganzas mutuas, de la miseria y el radicalismo ideológico, que tan poco nos ayudó, que tan sólo nos llevó al conflicto bélico y a la muerte? Está muy bien lo de enterrar dignamente a los seres queridos, los de los dos bandos. Para eso hay una ley, del mismo modo que otras leyes permiten enjuiciar al juez que presuntamente prevarica. El resto es pura campaña política, de la más sucia calaña, aquella a la que no le importa dividir a los españoles con tal de mantenerse en el poder.

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