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Las ventajas posibles de que todo vaya fatal

La economía no despega y según algunos indicadores y previsiones podría ir a peor, agravándose la crisis financiera. El desempleo se aproxima a la cifra catastrófica de cuatro millones y medio de parados, muchos de los cuales han dejado de tener derecho a prestaciones sociales. La administración de justicia es un carajal, se trate de la actuación del Tribunal Constitucional o del caso Garzón, que ha logrado por fin que los tertulianos actúen como jueces y los jueces como tertulianos. Los políticos y sus partidos son cada vez percibidos por más ciudadanos como un problema de primera magnitud, y en cualquier caso como un colectivo incapaz de aportar soluciones y sí de crear problemas. La corrupción política ha llegado a tal extensión que más de 800 cargos de casi todos los partidos políticos están encausados por delitos aburridamente similares que sus partidos parecen incapaces de prevenir. La percepción de que el Estado de las Autonomías es incompatible con la crisis económica, además de fuente de abusos y absurdos estructurales, pero también con el proceso de integración europea, se extiende cada vez más sin que la clase política al mando y los llamados “líderes de opinión” hagan otra cosa que encogerse de hombros y esperar imposibles milagros financieros. Los sindicatos subvencionados se dedican a extender cortinas de humo a propósito de Garzón, y la principal patronal está liderada por un empresario fracasado. Los principales medios de comunicación subsisten a base de propaganda institucional, anuncios de teletienda y puterío, y un reparto ventajista y oligopólico del mercado audiovisual pactado con el poder político. Las instituciones europeas parecen incapaces de adoptar las medidas políticas indispensables para que el euro tenga un futuro real y viable como moneda supraestatal de países de rentas y tamaños tan diferentes como Alemania y Grecia. Estos son algunos datos de la situación, y no se trata de ninguna enumeración apocalíptica: es la pura realidad, y podríamos agravarla con datos sobre educación, sanidad, inversión, deuda pública, emigración, economía sumergida, cierre de empresas, etc. Por fortuna, la pandemia de la nueva gripe no fue nada, y no para de llover y ha sido un invierno frío con récords de nieve pese a los agoreros del calentamiento vertiginoso, pero sólo porque a la naturaleza va a lo suyo.

¿Tiene esto remedio? Naturalmente, pero sólo a condición de que la percepción de que todo va mal vaya acompañada de que las soluciones son conocidas, y de que sólo dependen de una voluntad de cambio y mejora que en última instancia depende del voto de la ciudadanía, y de nada más. Por fortuna, porque si no estábamos aviados. Que nadie espere nada de quienes manejan el cotarro, sino de sí mismo y de sus iguales.

Es posible sustituir a Zapatero y Rajoy, y sus respectivos partidos, por nuevos liderazgos y nuevos partidos: basta con dejar de votar a aquellos y votar a éstos. Es posible una administración de justicia más eficaz, concebida como un servicio público independiente; es posible sustituir el desmadre autonómico por un Estado racional, adaptado a la complejidad española pero también a los principios de eficacia, transparencia y equidad; es posible dejar de subvencionar a grupos y empresas apesebradas, sean poderosos sindicatos, patronales o medios de comunicación; es posible iniciar una reforma laboral racional y despolitizar las cajas de ahorros; es posible reducir el déficit público sin subir los impuestos ni rebajar prestaciones sociales básicas reduciendo el gasto superfluo e  innecesario de las administraciones; es posible mejorar la educación y la sanidad volviendo a un modelo público integrado, libre de barreras territoriales, lingüísticas o sindicales y de papanatismo seudopedagógico; es posible empeñarse en un proceso de mayor integración política de Europa si queremos seguir compartiendo una moneda y un mercado común.

En fin, son posibles cantidad de cosas y medidas que sólo consideran imposibles los inmovilistas y pasivos profesionales, que muchas veces coinciden con quienes ahora mismo se benefician de un sistema inviable, incluso si son detractores profesionales del mismo, bien es cierto que siempre añadiendo la coletilla resignada: “pero esto es lo que hay y no puede cambiarse”. Pues sí que se puede, y se debe: hay que cambiar la Ley Electoral, que privilegia a estos dinosaurios voraces, y cambiar la Constitución, que consagra su voracidad confundiéndola con la normalidad. Hay que adoptar iniciativas políticas y juídicas, y dejar de lamentarse. Hay que comprender la complicada realidad en profundidad, y dejar de caricaturizarla.

Cuando toda va mal y parece que irá a peor es el momento de proponerse grandes cambios, y de llevarlos a la práctica. Esa es la gran ventaja del horizonte desastroso al que nos dirigimos: que no tendremos más remedio que cambiar. O si no, dejarnos caer hasta hundirnos sin remisión. Pero no va a ocurrir: vamos a ver grandes cosas, aunque pasemos por grandes zozobras. Seguro.

Y bueno, se dirán ustedes, ¿a qué viene esto? A que también necesitamos de vez en cuando recordar que hay luz al final del túnel (salvo que, como advertía aquel, no sea la de un tren que viene de frente…)

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7 comentarios a “Las ventajas posibles de que todo vaya fatal”

  1. IGNACIO dice:

    Jhon Kennedy dijo algo muy oportuno para nuestra situación actual:
    «No preguntes lo que tu país puede hacer por ti,
    pregúntate lo que puedes hacer tú por tu país»

  2. Hutan dice:

    Ahora o nunca

  3. Sake dice:

    -Yo sólo veo deporte porque lo demás esta tan mal que se quitan las ganas.
    -Si todos miráramos deportes nada cambiaria y seria como suicidarse colectivamente.
    -¿Quien tiene la solución dime?.
    -Yo no lo sé, pero soy capaz de observar y enterarme de todo lo que está mal y luego saber que lo que hacen y no hacen los que están es negativo y responde a intereses mezquinos y egoistas. Vamos que no ven porque no les interesa ver.
    -Ya y ahora me diras que UPyD tiene la solución.
    -Eso lo has dicho tú y con razón.
    -Te prometo interesarme por las cuestiones y las distintas posturas.
    -Es todo lo que tienes que hacer.
    -Vale.
    -Gracias.

  4. alcotarelo dice:

    Según se dice en chino se dice igual crisis y oportunidad. Mis nulos conocimientos de este idioma me impiden comprobarlo, aunque parece ser que ambos conceptos comparten la mitad de sus ideogramas (?? y ?? respectivamente). Entiendo que el artículo pretende, con una visión optimista, hacer una llamada contra la resignación para reivindicar que existen alternativas democráticas a los dos grandes partidos que son los que nos han metido en esta crisis. Tenemos herramientas y opciones para cambiar esto.

    Sin embargo, la realidad es que la crisis significa fundamentalmente empobrecimiento y sufrimiento. Que se lo pregunten a los cuatro millones largos de parados reconocidos, o a todos aquellos a los que el gobierno no reconoce como tales por aprovechar su indeseada e indeseable situación para formarse mientras buscan trabajo. O a las familias que ya no perciben ningún salario ni ayuda, y a los niños de estas familias. Pensemos en las familias a las que los bancos les embargan su vivienda por no poder pagar la hipoteca (los mismos bancos que han recibido ayudas opacas con nuestros impuestos, y que sistemáticamente perdonan los créditos impagados a los partidos políticos). Pensemos en los ¿miles, cientos de miles, millones? de trabajadores temporales que ven peligrar su futuro. O en los trabajadores fijos que gracias al abaratamiento del despido serán despedidos más fácil y rápidamente en un escenario de pérdida de riqueza y destrucción de empleo.

    En estas circunstancias el título y la formulación de parte del artículo pueden resultar ciertamente frívolos. Hablar de las “ventajas de la crisis” es cruel, o cuanto menos una falta de respeto a todos aquellos que lo van a pasar realmente mal o que ya lo están pasando.

    Por mucho, que el autor perciba una oportunidad para el cambio político, parece que ocupando una plaza fija e inamovible de catedrático en la universidad uno puede sentirse bastante a salvo del paro y de los peores golpes de la crisis, y percibir una gran “ventaja” en todo lo que está pasando, que en definitiva es una gran desgracia.

  5. Hutan dice:

    Estimado alcotarelo:

    Con todo respeto y amabilidad, creo que estás siendo algo injusto.

    Primero porque Carlos está escribiendo desde un contexto muy específico, que es el de su partido político y está, por lo menos, intentado cambiar las cosas y así solucionar los problemas dentro de un marco democrático. Creo que estarías de acuerdo conmigo con que Carlos tiene la capacidad suficiente para entender (y sentir) qué significa estar en el paro, no pagar la hipoteca, etc., independientemente de que él, personalmente, pueda o no estar en el paro, pueda o no pagar su hipoteca, etc. Uno no tiene por qué estar en el paro para poder hablar de ello. Al igual que uno, si quiere escribir sobre el aburrimiento, no tiene por qué ser aburrido.

    Segundo, como tú muy bien dices, “Pensemos en las familias que…” Sí, pensemos, pero pensar no es suficiente. Hay que actuar y ese pensamiento creo que lo tienen muy incorporado la gente de este partido. Por lo menos por lo que he visto y leído de ellos. ¿Qué sugieres que hagamos? No sugieres nada, sólo pensar. Tu mensaje hace un llamamiento a lo “patético” (y con ello me refiero a “pathos” o sentimiento) y eso está bien, pero creo que descontextualizas el artículo para hablar de ello. El artículo de Carlos, por lo menos, está más cerca de hacer un llamamiento a la acción y no quedarnos parados, solamente pensando.

    Hablar de “ventajas” en una crisis no tiene por qué ser frívolo o cruel. Creo que se podría comparar con algo que escribió Emerson: “When it is dark enough, men see the stars”. “Krisis”, en griego, también significa “juicio”, y es hora de poner en juicio y actuar en esta crisis.

    Por último, no pienso que el PSOE y el PP sean culpables directos de esta crisis. Quizá sean culpables de no poner las soluciones apropiadas para salir de la crisis financiera e inmobiliaria. Tampoco quiero que pienses que este mensaje es el de un partidista que no piensa por sí mismo y que cree que este partido es “perfecto”, si algo así fuera posible. Hay cosas con las que no estoy de acuerdo. Creo que, entre otras cosas, es un partido que es poco crítico con el sistema capitalista (el culpable directo de la crisis). Creo que apuntabas a esto implícitamente con tus ejemplos y estoy totalmente de acuerdo contigo. Además, este partido, muy a mi pesar, parece apoyar la invasión de Afganistán, que es otro ejemplo de intervencionismo occidental. Es otra guerra ilegal, por muy avalada que esté por la llamada Naciones Unidas, y en la que los medios de comunicación han sustituido “invasión” por “misión de paz”–un ejemplo de paradiástole si seguimos a Skinner–.

    Un afectuoso saludo, firmado:
    Un parado 🙂

    • alcotarelo dice:

      Creo que efectivamente me excedí con mi comentario anterior. Especialmente en lo relativo a juzgar la posición personal de Carlos. Pido mis sinceras disculpas a Carlos Martínez Gorriarán y a todos los lectores del blog por ello.

      Creo sin embargo, que la expresión ventajas referida a una crisis es un poco desafortunada, si bien es cierto que efectivamente el artículo se refería a ello como una oportunidad para actuar y cambiar las cosas.

      Yo sí creo que PP y PSOE tienen muchísima culpabilidad en lo que está pasando. En mi opinión comienza cuando en la transición se pacta con los nacionalistas y se construye un estado autonómico al que se le denomina de una manera cuando realmente funciona de forma confederal.

      Nuestra constitución dice que solo existe la soberanía española, y sin embargo en contradicción con esto articula un sistema en el cual ni el parlamento ni el gobierno son plenamente soberanos, pues hay materias de competencia exclusiva autonómica en la que no pueden ni legislar ni actuar. Es decir, realmente las autonomías sí tienen soberanía propia, al menos en ciertos temas que son intocables por el estado y sus instituciones. Eso, y la ley electoral, han sido graves errores de la transición que se hicieron en aras de incluir en el pacto a los nacionalistas. A la luz de los hechos, fue una ingenuidad pactar con un nacionalismo que por definición era incompatible con España y que no ha respetado aquel pacto. Lo honesto por parte del nacionalismo habría sido no participar de aquel pacto.

      PP y PSOE tienen la responsabilidad de haber mantenido todo ese sistema y de haber pactado inenturrimpadamente desde 1994 (con la sola excepción de la mayoría absoluta del PP en 2000) con el nacionalismo cosas que erosionaban la igualdad entre los españoles y que compremetían gravemente la gobernabilidad y el funcionamiento futuros del país.

      Además del grave problema político, existe un evidente problema económico. La estructura productiva del país es desastrosa, y a favorecido una economía de tipo especulativo. Y esto ya no es culpa de la transición, sino del trinomio González-Aznar-Zapatero.

      En cuanto a la guerra de Afganistán en mi opinión el problema y la situación es bastante más compleja. Muchos aspectos superan con mucho mis conocimientos y la información que recibimos es muy pobre. Se trata de una sociedad feudal de tipo medieval, que lleva muchas generaciones en guerra, con un gran integrismo religioso. Parece que el régimen talibán anterior estaba apoyado por Irán y Pakistán. Además de los problemas de los derechos humanos, en Afganistán parece que sí se estaban refugiando grupos terroristas internacionales. Yo creo que en Afganistán sí era necesario o conveniente intervenir militarmente. Aunque limitar la intervención a lo militar es también un error. En este sentido, parece que la supuesta reconstrucción está siendo un engañabobos. Tal y como está las cosas, parece que va a ser muy difícil que la ocupación militar que se está haciendo pueda cambiar realmente la situación del país. Ante los escasos avances, e incluso retrocesos, cada vez da más la impresión de que la ocupación militar va a terminar en un rotundo fracaso.

    • alcotarelo dice:

      Es curioso comparar la regulación de las competencias autonómicas (muchas de ellas son exclusivas) con las municipales.

      No existe ninguna competencia municipal que sea exclusiva. Las comunidades autónomas e incluso el estado pueden legislar, planificar y actuar. Y eso no significa que esas competencias dejen de ser municipales. Además nadie considera que las limitaciones que sufren los ayuntamientos sea contraproducente.

      En cuanto a la legislación, las comunidades autónomas pueden legislar ilimitadamente en el ámbito municipal, y su normativa siempre prevalecerá sobre la municipal conforme al evidente criterio de jerarquía de las leyes.

      En nuestro sistema, un ejemplo de competencia municipal por antonomasia es el urbanismo. Y sin embargo (y pese a todos los problemas existentes pese a ello) está sometido a un control relativamente fuerte por parte de las comunidades autónomas mediante dos vías: la evaluación ambiental, y la planificación territorial de nivel superior, competencia fundamentalmente de las autonomías. Y aquí habría que reivindicar la vieja y olvidada figura de los Planes de Ordenación de los Recursos Naturales que no son exclusivos de los espacios protegidos y que prevalecen sobre la ordenación urbanística (y que si se generalizaran podrían servir para controlar muchos de los desmanes que actualmente vemos).

      El límite entre lo que legislan las autonomías y los ayuntamientos es de tipo práctico. Ninguna comunidad autónoma puede perder el tiempo en legislar de forma sistemática asuntos que escapan a su capacidad y ámbito de actuación. Pero sin embargo, las autonomías tienen plena capacidad para hacerlo de forma ilimitada cuando lo consideran conveniente.

      Y sin embargo ¿por qué el Estado carece de esta posibilidad?. Es una aberración que el gobierno y el parlamento españoles no tengan la misma capacidad legislativa y de actuación respecto a las comunidades autónomas.

      Y como decía aunque la propia constitución declare formalmente lo contrario, esto sí limita y coarta la soberanía de nuestro gobierno y nuestro parlamento. Actualmente España no es de ninguna manera un país soberano en cuestiones claves como educación, sanidad, fiscalidad o fuerzas y cuerpos de seguridad.

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