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Crónica de los avances del fascismo en Cataluña: la agresión a Rosa Díez y UPyD en la UAB (5-3-10)

El periodismo se está convirtiendo en una profesión distraída. Leo los titulares de los medios sobre lo sucedido en la UAB el viernes 5 de marzo, y la inmensa mayoría –con la excepción significativa de Público, ya analizada por Santiago González- coindicen en titular cosas como “intento de boicot”, “intento de agresión”, “tratan de impedir”. No: fue un boicot y una agresión en toda regla, brutal. Lo que debía haber sido una conferencia que intentaron escuchar cientos de personas a las que se impidió a la fuerza el acceso a la sala –eso tampoco lo he visto relatado en ningún medio-, quedó reducido a un gesto de dignidad y coraje democrático muy importante, pero nada parecido a una conferencia-coloquio en libertad. Fue, por otra parte, un extraordinario documento sobre los avances del fascismo en Cataluña, gracias al desistimiento cívico de la mayoría de la sociedad, y a la cobardía y colaboracionismo de sus instituciones con el nacionalismo más energúmeno e impregnado de genuino fascismo. Pero también sirvió para demostrar cómo se le hace frente y de qué modo se defienden las libertades amenazadas: practicándolas sin pedir permiso a quienes quieren suprimirlas. Eso es todo.

Como servidor acompañaba a Rosa a Barcelona ese día, con Paco Pimentel, Nacho Prendes, Mayka, Jesús Prieto y muchos compañeros del partido en Cataluña, tuve la ocasión de ser no ya testigo, sino implicado activo en el caso. Así que voy a relatarlo para general instrucción. Como por desgracia uno ya se ha visto envuelto en situaciones parecidas muchas veces en los últimos veinte años, tanto en el País Vasco como en Cataluña, y a veces más violentas, tenía la ventaja que da el dejà vu: concentrarte en los detalles sin impresionarte demasiado por el ruido de fondo.

En 1999 pasé por una algarada semejante en la facultat de Filosofía de la Universitat de Barcelona, donde me habían invitado a compartir mesa redonda con Jon Juaristi, Alejo Vidal-Quadras y Paco Caja. Fue imposible porque, exactamente igual que el viernes 4 de marzo de 2010, un grupo de energúmenos bien organizado bramó, agredió y arrojó pintura sobre los audaces conferenciantes y el público congregado. Pero, a diferencia de lo pasado este viernes, que ha tenido bastante repercusión informativa, aquello no tuvo casi ninguna, y la escasa que hubo repudió la “provocación” de organizar una mesa redonda sobre el nacionalismo lingüístico en una Facultat de filosofía (igual si hubiera sido una Facultad…) Once años después se repite la agresión, y aunque esta vez haya habido información y eco de lo sucedido, y también mucho más público interesado que entonces (en el salón había al menos 250 personas normales que deseaban escuchar y debatir, y muchas más fuera), también comprobamos que una importante universidad, la UAB, está impunemente controlada por unos cientos de camisas pardas catalanas que campan por sus respetos ante el miedo, la indiferencia o la abierta colaboración de quienes deberían oponérseles: la comunidad universitaria, las instituciones catalanas y españolas, los medios de comunicación y la sociedad civil en general. Porque se trata de genuino fascismo en sus primeros estadios: ultranacionalismo antidemocrático trufado de una retórica izquierdista -el pueblo en peligro, los derechos sagrados de la tierra y la lengua, la ocupación extranjera-  que  sólo disimula su verdadera naturaleza. Mussolini primero y luego Hitler la emplearon a fondo. La fashion fascistoide ha cambiado y el modelo de vestimenta es ahora el de borroka vasco, no el de ario repeinado portando pulidos correajes, pero el fin y el mensaje son los mismos: aterrorizar al disidente metiendo el miedo en el cuerpo.

Vayamos a los hechos. La conferencia fue organizada por Joaquim Molins, catedrático de Ciencia Política de la facultad que le echó enorme coraje a lo que, como sabía perfectamente, era un desafío al orden implícito reinante en la UAB (y en muchas universidades españolas, no crean): que no puede invitarse a hablar de política a nadie que no sea o ultranacionalista o antisistema. Y no digamos si se trata de Rosa Díez y de UPyD en vísperas de las elecciones catalanas.

Desde dos horas antes del comienzo anunciado de la conferencia, unos 150 energúmenos ocupaban la sala para impedir el acceso no sólo a la ponente, sino a los muchos oyentes interesados que no pudieron ni entrar. Otros grupos de maulets se habían distribuido por la ruta de acceso al salón de actos con la obvia intención de hostigarnos e impedirnos la entrada.

Ante el panorama, se celebró una entrevista en el despacho del decano a la que asistieron Quim Molins, el decano Salvador Cardús –que acabó comportándose con dignidad-, Rosa, Paco Pimentel, Nacho Prendes, yo mismo y otros tres miembros más de UPyD. El decano intentó convencernos de la conveniencia de suspender la conferencia por razones de seguridad, pues había intentado infructuosamente negociar –ah, el seny catalán- con los maulets algún arreglo como que ellos hablaran un rato primero y luego dejaran hacerlo a Rosa Díez. El profesor Molins –¡qué gran tipo!- arguyó con vehemencia que la obligación de la UAB, y del decano, era garantizar la libertad de expresión sin ceder al boicot. Lo hizo muy enérgicamente, como pudo comprobar la mesa que golpeaba con el puño. Y Rosa, con nuestro asenso, se negó en redondo a ceder y exigió dar la conferencia en la sala donde se había anunciado.

Y allá que nos dirigimos con el magro dispositivo de seguridad montado: los expertos escoltas de Rosa, varios guardias de seguridad, y algunos mossos de paisano, más el refuerzo que representaban nuestras anchas espaldas detrás de Rosa y su muy engañosa fragilidad… Nos mantuvimos siempre varios pasos atrás -por eso salimos poco en las  fotos, aclaración para suspicaces- para dificultar que se le acercaran demasiado y, si alguno conseguía hacerlo, cazarlo al vuelo (son cosas que te enseña la mili de la vida en el País Vasco). Por el camino fuimos todo el rato acosados por los maulets de guardia. Fuera de la sala, en la que había un pandemónium de cuidado pues algunos asistentes afeaban la conducta a los nacionalistas y exigían libertad de expresión, otro medio centenar de boicoteadores procedió a gritar, empujar y tratar de impedirnos entrar. Una vez dentro, ni Rosa ni ninguno de nosotros pudo pasar más allá de dos metros de la puerta. Un muro humano –en el sentido zoológico del término- lo impedía, mientras bramaba en nuestra cara –aquello fue como una sauna con estrujamiento- las consignas del día:  “Rosa asesina”, “fora feixisistes de la universitat”, y –atentos- “Galicia lliure, fora Rosa Díez” (y espero con interés las muestras de solidaridad de las instituciones gallegas, sean peyorativas o no, además de las de sus personalidades más eminentes; alguno, como Manuel Rivas,  ya se pronunciaba ayer mismo a favor de que se tragara sus palabras: como los maulets).

El impasse duró su buena media hora de empujones, gritos, escupitajos y alguna patada y puñetazo, aunque  salpicados por diálogos insólitos. A Ramón de Veciana, compañero y amigo de UPyD en Cataluña,  un energúmeno le bramaba a cinco centímetros de la cara “¡feixiste!”, hasta que le soltó también “¡fil de puta!”, produciéndose el siguiente insólito intercambio en fluido catalán: Ramón: “¡que me llames feixiste pase porque es lenguaje político, pero no te tolero que me llames hijoputa!” El niñato, muy cortado: “oh, bueno, tienes razón. Retiro lo de hijoputa porque es personal, pero no que eres un fascista.” El diálogo digno de Ubú rey prosiguió mientras corríamos por los pasillos porque, entre tanto, el decano, subido a la mesa y con el micrófono en la mano, dio por suspendido el acto en el salón ante la imposibilidad física de que la conferenciante y el moderador subieran al estrado. En todo este tiempo, la única actuación del servicio de seguridad fue impedir las agresiones directas a Rosa, pero no impedir que se le impidiera el paso, ni los empujones, golpes y aplastamientos que sufrimos todos los demás.

El decano ofreció un aula en la que, al parecer, también hubo de refugiarse Ibarretxe –o tempora o mores-, eso sí, en su caso acompañado por toda la solícita plana mayor de la UAB y muchísima más escolta. Fuimos, pues, al aula 12, ante el espanto de los guardias de seguridad. Los naturales estaban demudados, pero firmes. En el aula entramos apenas cincuenta personas y luego los de seguridad cerraron por dentro. Entre tanto, el pasillo de acceso se había llenado de energúmenos cada vez más furiosos por el semi-fracaso de su boicot. Con total impunidad, se pasaron las dos horas que duró la conferencia y el debate dentro del aula pateando con brutalidad las paredes, que literalmente temblaban, y aullando sus consignas (no teníamos megafonía dentro y eso incordiaba bastante). El decano intentó hacerles desistir de su actitud y fue premiado con una rociada de la pintura roja reservada para nosotros. También salpicó algo, entre otros, a nuestro hábil y archiprofesional realizador, Jesús Prieto, que cámara al hombro se quedó fuera para documentar a fondo lo que estaba pasando haciéndose pasar por cámara de un medio importante (y aprovecharon para pedirle que les grabara unas declaraciones…)

El cuadro era patético. Los cincuenta que estábamos en el aula cerrada veíamos por las ventanas cómo un poco más allá centenares de personas pasaban por el soleado campus como si aquello no estuviera sucediendo o no fuera con ellos. Se veían algunos guardias de seguridad privados pero no había policía alguna visible. Dentro, el clamor subía y bajaba según se enardecían o aburrían los escuadristas.

Rosa dio una conferencia resumida y se abrió el debate. De la veintena de estudiantes que lograron entrar más de la mitad se presentaron como independentistas que, muy educadamente a diferencia de sus compañeros vociferantes, fueron desgranando en más de tres docenas de preguntas, moderadas por el profesor Molins, sus muy previsibles objeciones al ideario de UPyD y sus no menos previsibles elementos de propaganda ultranacionalista, fruto de veinte años de adoctrinamiento educativo y mediático, a saber: UPyD quiere la muerte del catalán, el español no es su lengua aunque sepan hablarlo bien, España saquea Cataluña que sólo pide administrar su riqueza, España ocupa Cataluña por la fuerza, los referéndums independentistas son un espléndido ejercicio de democracia directa, si no se impone el catalán acabará muriendo ante la pujanza del español, etc. Al menos una de los asistentes, que había participado  activamente minutos antes en el escándalo del salón de actos y que por su aspecto agitanado de manual hubiera sido una buena figurante de cualquier Carmen de Bizet, ahora, quizás para hacer méritos antes los catalanes patanegra, hacía las preguntas más propagandísticas y cabeceaba negativamente, con horrorizada pesadumbre, cuando Rosa le explicaba cosas como que ninguna lengua tiene derechos, sólo los ciudadanos.

Trataban de jugar con nosotros al poli malo y al poli bueno, pero Rosa estuvo brillante, directa y persuasiva, y ellos cada vez más sorprendidos por las respuestas… Francamente, con una docena de sesiones semejantes, muchos de ellos quizás irían liberándose del espeso pelo de la dehesa catalanista que les han inculcado como una malaria ideológica. Y esa es, precisamente, la razón de que los más brutales boicoteen activamente actos como el del viernes, y de que las instituciones catalanas ayuden a boicotearlos pasivamente. Al fin y al cabo, ¿no se escribió también en la catalana Universidad de Cervera el famoso y abyecto manifiesto de los catedráticos absolutistas a Fernando VII, el de aquello de “lejos de nosotros la funesta manía de pensar”? Pues en eso siguen muchos en Bellaterra.

La salida fue, como las imágenes demuestran sin género de dudas, brutal. Abandonamos el aula corriendo un largo corredor y bajando por unas escaleras desde las que se arrojaron contra nosotros todo tipo de cosas. El paroxismo llegó cuando Rosa pudo, por fin, meterse en el coche, que esperaba muy lejos (lo que indica la peligrosa imprevisión y bisoñez de los, por lo demás esforzados, servicios de seguridad universitarios). Los más fanáticos no sólo patearon y apedrearon el vehículo rompiendo faros e intentándolo con los cristales blindados, sino que trataron de tirarse sobre el capó para forzar un atropellamiento, con las consecuencias imaginables de haber tenido éxito: ¡Rosa Díez atropella a un estudiante catalán en la UAB! Qué gran titular para Público, El Punt, El Periódico, etc. Contra lo que dicen periodistas que no estaban allí, el coche salió muy despacio y con todo cuidado para, precisamente, no atropellar a nadie. Por fin alcanzó la salida del campus, entre los improperios de unas docenas de fieras y la indiferencia, incomprensión o miedo de miles de universitarios. No hubo detenidos, ni intervención policial, ni llamada alguna de autoridades catalanas o españolas; éstas, las del Gobierno, llamaron a Rosa ya avanzada la noche –una vez vistos los telediarios y calculado su efecto demoledor- para interesarse por su bienestar y preguntar por la inexistente acción policial. A la Generalitat, ni estuvo ni se la esperaba. Así avanza el fascismo en Cataluña, con su ayuda. Luego que no digan que no estaban avisados.

Continuará.

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15 comentarios a “Crónica de los avances del fascismo en Cataluña: la agresión a Rosa Díez y UPyD en la UAB (5-3-10)”

  1. alcotarelo dice:

    Hoy es Rosa Díez en la Autónoma Barcelona. Pero ayer Aznar en Oviedo. La lista sigue con Ibarretxe, Arcadi Espada, Jon Juaristi, Vidal-Quadras, María San Gil…

    Estas agresiones para silenciar a todo aquel que no piensa de una determinada manera, son cada vez más generalizadas y sistemáticas en las universidades españolas, si bien es innegable que el fenómeno parece especialmente grave en las comunidades más influenciadas por el nacionalismo como el País Vasco y Cataluña.

    Los estudiantes universitarios están llamados a ser la élite intelectual, cultural, ingenieril, económica, empresarial, administrativa y política de la sociedad. No se trata, o no debería tratarse, de delincuentes comunes con problemas sociales y educativos. Aceptar que nuestros estudiantes universitarios son violentos, y una forma tan brutal que no es controlable ni con medios policiales, debería hacernos pensar.

    Hay dos detalles sin embargo, que refutan, al menos en la situación actual, la teoría anterior: la sistemática ausencia o presencia testimonial de la policía en este tipo de agresiones. No es que la policía se vea superada por estos vándalos (lo cual sería ciertamente muy grave), sino que simplemente la policía ni aparece (lo cual, en cierto modo es más grave todavía).

    La policía y aquellos que la dirigen (¡buenos días señor Saura!) tienen la obligación de garantizar la seguridad, las libertades y el cumplimiento de las leyes en todo el territorio, y también en la universidad. La obligación de contar con autorización del rector o decano para intervenir en las universidades, no libera a los mandos policiales de sus obligaciones y responsabilidades, sino que hace también responsables a rectores y decanos de la seguridad, las libertades y el cumplimiento de las leyes.

    Resulta igualmente curioso, la ausencia de medidas disciplinarias en la universidad para aquellos profesores y alumnos que participan en estas agresiones tan graves contra la integridad física de las personas y las libertades públicas. En mi opinión la expulsión de la universidad sería una sanción justa, adecuada y proporcional a la gravedad de la agresión.

    Persiste en la memoria de muchos y en el imaginario colectivo (estos jóvenes agresores no tienen edad suficiente para recordarlo) la lucha antifranquista y las fotos de ‘los grises’ dentro de las universidades. Este complejo, puede ser la causa de la displicencia a la hora de valorar la auténtica gravedad de estas agresiones. Y también pudiera ser la causa de la reticencia de las autoridades académicas para organizar dispositivos de seguridad mínimamente serios con los medios de que disponen a la hora de cumplir con su obligación de garantizar ni más ni menos que la seguridad, las libertades y el cumplimiento de las leyes.

    A más de un rector o decano ‘progre’ le debe aterrar salir en la prensa como el responsable de una carga policial en su centro. Imaginemos el siguiente titular “el rector de la UAB autoriza una carga policial en la ‘facultat’ de filosofía”. Terrible. Es preferible hacer dejación de sus obligaciones y mirar para otro lado. En el mejor de los casos, la posible crítica por la pasividad se puede acallar buscando una foto victimista con la cara manchada de pintura, que es lo que hizo en este caso el decano de la ‘facultat de filosofía.

    Existe una última responsabilidad, menos directa que las anteriores pero igualmente grave: la de todos aquellos que justifican estas agresiones porque el agredido es un adversario político o una persona de ideas contrarias o diferentes a las propias.

    Este o no de acuerdo con la totalidad de sus ideas políicas, yo siento una gran admiración por personas que han sido agredidas como Arcadi Espada, Jon Juaristi, Fernando Savater, Vidal-Quadras, María San Gil o Rosa Díez. No pienso lo mismo de otras personas Ibarretxe o Aznar. De hecho, tengo la esperanza de que este último rinda cuentas algún ante la justicia por su implicación en la guerra ilegal de Irak. Sin embargo, muchas personas justifican por este motivo la agresión que sufrió Aznar en Oviedo, donde se le llamó ‘asesino’ y se vulneró su derecho a dar aquella charla. La absoluta torpeza y total inconveniencia y falta de educación con que reaccionó Aznar, no resta en mi opinión ni un ápice de gravedad a la agresión de que fue objeto.

    Como muy bien denuncia Santiago Gonzalez en su blog, muchos medios de comunicación han desdramatizado o restado importancia a estos ataques con la idea más o menos racional y más o menos oculta de que el agredido ‘se lo merece’.

    Culpar a la victima de la agresión es precisamente lo que ha hecho sistemáticamente el nacionalismo vasco con el terrorismo. No conviene olvidar que durante el franquismo, a muchos les parecía bien la idea aunque el asesinado no fuera más que un joven guardia civil, y no digamos ya si se trataba de un presidente del gobierno como Carrero Blanco.

    Aunque con la ‘memoria histórica’ tratan de hacernos revivir los años cuarenta, resulta indudablemente mucho más interesante y educativo el estudio histórico de los años treinta, desde el punto de vista de que explican en gran medida el posterior desastre de la guerra civil. Algo similar pasa con el estudio de la Alemania anterior a la II guerra mundial en la que se gestó el nazismo. Ambas eran sociedades muy radicalizadas en las que se usaba el odio como argumento político. Los partidos tanto de izquierda como de derecha tenían grupos violentos que ejercían la violencia impunemente, y las fuerzas policiales tenían cada vez menos control de la situación. A mí todo esto me viene a la cabeza cuando ahora veo en la universidad a estos jóvenes nacionalistas agrediendo impunemente a sus adversarios ante la pasividad de las autoridades (que mire usted por donde al menos en Cataluña son casualmente de su misma ideología).

    La segunda reflexión de todo esto creo que es que más de treinta años después del franquismo nuestra sociedad todavía es esclava de complejos ideológicos. El del estudiante universitario violento ‘bueno’ frente al policía ‘malo‘ es sólo uno de ellos. Otro es del nacionalismo ‘bueno’ frente al español ‘malo’, del cual parece que afortunadamente ha empezado a hartarse al menos una parte de la población.

    Quedan sin embargo muchos complejos todavía, como el del centralismo ‘malo’ frente al autonomismo ‘bueno’. Este complejo es a mi entender la causa de que desde ámbitos no nacionalistas se proponga ahora el federalismo como solución universal, exactamente igual que antes se proponía ‘el estado de las autonomías’.

    La trampa o el error de proponer ahora un estado federal es que en el fondo se plantea bajo el complejo. Pues no se propone porque se considere objetivamente como el mejor modelo de estado, sino bajo la justificación de que será lo único viable en la situación actual. Es exactamente el mismo argumento con que se justificó en su día el ‘estado de las autonomías’.

    La trampa es que la otra parte (los nacionalistas) no renuncian nunca a plantear de partida lo que sí consideran como ideal: su independencia. Y tras el pacto, los nacionalistas siempre harán ver que ellos lo han cedido todo respecto a sus posiciones iniciales mientras que la otra parte no ha cedido nada. De este modo es como exigen siempre la revisión a su favor de todo lo anteriormente acordado. Cuando realmente ha sido al revés: los nacionalistas han presentado como posición de partida lo que ellos consideran ideal (la independencia), mientras el resto habremos presentado como posición ideal no lo que consideramos ideal o mejor en si mismo (como un estado centralizado), sino lo que consideramos más viable desde el punto de vista de que pueda ser asumible también por los nacionalistas en la situación actual.

  2. Castillo dice:

    No se si habeis advertido de la propaganda maliciosa contra Rosa Diez y UPyD de un malicioso libelo en internet llamado Minuto Digital.
    En el se justifica la accion de la carroña independentista del fin de semana pasado contra Diez, ademas de afirmar que tal actitud fue realizada de manera premeditada por el partido.
    El articulo es miserable y mas aun viniendo de ese diario digital que un dia defiende el catolicismo mas tradicionalista (a veces casi les falta gritarles vivas a la Inquisicion) y otro hace estupendas loas al partido nazi Democracia Nacional.
    A fin de cuentas ese diario pueril no es mas que un libelo derechoso que cuando le viene en gana defiende al PP, otro dia a ciertos partidos nacionalsocialistas y como hoy indirectamente, con una argumentacion mas propia de un cromañon, a los animales de bellota de la UAB que atacaron a Rosa Diez.

  3. temax dice:

    D. Carlos,

    Sólo os puedo dar mi apoyo, todo el ánimo del mundo, y pediros que sigáis haciendo lo que hacéis, que sigáis yendo a las Universidades, que no ceséis en ello. Es necesario que habléis, y que aportéis los argumentos que ya aportáis.

    Es la única forma de acabar con el fanatismo.

    Saludos cordiales.

  4. Luis DOlhaberriague dice:

    La sociedad cerrada y sus amigos.

    Perdona, Carlos, que te contradiga en este momento, justo después de haber sufrido a los canallas y energúmenos en la “Universidad” en la que me doctoré. Ya sabes, “Universidad” viene de “universal”, aunque no lo parezca, y canalla de “can”, y esto si que lo parece, por cierto. Según me contó muy divertido un amigo, esa universidad, que no está sobrada de fondos, dedicó algunos a traducir desde el español al catalán mi tesis doctoral, cuyo resumen está publicado en una revista científica en inglés. Se non è vero, è ben trovato, porque es verosímil…..
    A donde iba. Como ha señalado Martin Amis en “Koba the Dread: Laughter and the Twenty Million” (libro que está traducido al español) el stalinismo, el Gulag en definitiva, sigue sin ser objeto del rechazo que, merecidamente, suscita el fascismo. Mantenemos el vicio en adjetivar de “fascistas” a unos que se sienten ofendidos al oírlo, y yo diría que con razón. En los años setenta, recordarás, sufríamos a unos auténticos fascistas que campaban impunemente por sus respetos haciendo, eso sí, lo mismo que os hicieron a vosotros el otro día. Eran esos matones de “Fuerza Nueva” o los “Guerrilleros de Cristo Rey”, fascistas sin duda, hijos de Hitler y Mussolini.

    Pero creo que estos de Bellaterra no lo son, si intentamos hablar con un poco de exactitud. Conductas “modelo UAB 2010” vienen de los antepasados estalinistas y social nacionalistas del tripartito, esos que agradecieron a George Orwell el haber venido a España para ayudar a los republicanos pegándole un tiro: ese gobierno integrado entre otros por los partidos del tripartito actual, en su masacre de trotskistas y anarquistas de la Barcelona de mayo de 1937. Hijos éstos de un mejunje peligrosísimo hecho de retales de Stalin, Guevara y racismo de políticos como Barrera.

    Quizá sea deformación profesional, pero no es lo mismo un infarto cerebral que una hemorragia cerebral. Aunque ambas dos puedan ser letales, sus orígenes difieren.

    No he encontrado una traducción al catalán, pero aquí termino con la Primera Enmienda de la Constitución Americana:

    “Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof; or abridging the freedom of speech, or of the press; or the right of the people peaceably to assemble, and to petition the Government for a redress of grievances”

    Y esto de la libertad de expresión es de 1791. Sin Comentarios.

    Un abrazo a todos,

    Luis

    • alcotarelo dice:

      Estoy de acuerdo en que las “conductas ‘modelo UAB 2010′ vienen de los antepasados estalinistas y social nacionalistas del tripartito”, es decir de la violencia de izquierdas de los años 30 (principalmente comunistas, socialistas y anarquistas), y no de los fascistas que en España estaban representados principalmente por Falangistas y Carlistas en un principio y posteriormente por Guerrilleros de Cristo Rey y compañía.

      Ambos bloques (que tal vez podríamos simplificar como fascistas y rojos) han constituido dos bloques que se enfrentaron en Europa hasta la II Guerra Mundial. En España ese enfrentamiento polarizó y separó la sociedad (las dos españas) más que en otros países. Por otra parte, mientras que en el esto del mundo el bando fascista desapareció después de la II Guerra Mundial , y la confrontación fascistas-rojos cambió por la de occidentales-comunistas o EEUU-URSS, en España el mantenmiento de la dictadura franquista hizo persistir la separación ideológica entre fascistas-rojos de forma muchísimo más intensa que en otros países.

      Pese a haber sido enemigos acérrimos, desde el punto de vista psicológico fascistas y rojos tienen mucho en común. Ambos son movimientos totalitaristas que anteponen a la comunidad frente al individuo machacando las libertades individuales. Ambas ideologías se utilizan para ello el autoritarismo, el sadomasoquismo, la destructividad y la conformidad automática.

      Por ello, considero que si bien es un error histórico o sociológico denominar fascistas a esta gentuza, desde el punto de vista de describirlos y de calificar sus actos el término ‘fascista’ es absolutamente correcto.

      (cambiándose los bandos tras la fue especialmente

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