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Desviar las responsabilidades, o cómo maquillar la crisis con falacias

“Porque cuando tú, y tú, y tú, y yo, nos convertimos en nosotros, no hay nada que no podamos arreglar.” Esto es lo que afirma, de forma así de taxativa y apodíctica, el manifiesto de una llamativa campaña publiciatria que seguro han visto por ahí: en la prensa, en cartelería o en internet: “estosololoarreglamosentretodos.org”.

De modo más o menos sibilino pero indisimulado, el mensaje de esta campaña, pagada por las Cámaras de Comercio y las empresas patrocinadoras de la Fundación Confianza (es asombroso lo fácil que resulta sacarles dinero para estas distracciones y lo difícil que es cuando se trata de algo serio), es que la gente debe –debemos- hacerse responsable de la salida de la crisis. Y en segunda lectura, que todos debemos arrimar el hombro… en vez de criticar y desanimarnos. La campaña subraya que el pesimismo y el desánimo empeoran la crisis que, en cierto modo, sería sobre todo un estado mental: “Pero la crisis no solo está ahí fuera, también está en nuestras cabezas”.

De ser así habríamos registrado un gran progreso cognitivo: aunque la crisis económica comenzó hace más de dos años, muchos negaban que existiera tal cosa y achacaban los indicios de la que se avecinaba al pesimismo, falta de entusiasmo e incluso de patriotismo de los críticos. Por desgracia, entre estos sujetos biempensantes, rebosantes de optimismo y buen rollo (¡incluso de patriotismo!), se contaba nada menos que José Luis Rodríguez Zapatero. Y el resto de su gobierno y de los partidos que lo sustentan. ¿O vamos a olvidar aquel debate televisivo en el que, contra todo pronóstico, el ministro Pedro Solbes ganó por puntos al empresario José Manuel Pizarro? Y ganó no porque tuviera más razones que éste, sino porque dijo las cosas que la mayoría de los televidentes quería oír. Que más o menos son la misma que dice esta campaña: esto-lo-arreglamos-entre-todos-con-mucho-optimismo. Pues qué bien. Ahora, que expliquen cómo es posible que se desencadenara semejante desastre financiero con la mayoría de las cabezas inundadas de optimismo y de ganas de seguir viendo como dios. ¿Cómo se explica, dada la importancia de los estados mentales en la solución de la crisis? ¿No tuvo esa ceguera colectiva ningún papel en su gestación?

Ciertamente, la campaña destila un cierto tufillo hegeliano al proponer que el salto cualitativo que va de la suma de muchos individuos al nosotros tiene consecuencias revolucionarias.  Y también del equipo de marketing de Obama, claro: yes, we can. Mientras que la suma de muchos túes y yoes resulta impotente, he aquí que el nosotros triunfa donde aquellos fracasan porque nada le está vedado. En fin, el optimismo de la voluntad. Pues cuidado, porque un pequeño empujón y ese optimismo entusiasta de los yoes disueltos en el nosotros victorioso conduce velozmente al totalitarismo. Esperemos que el siguiente paso de la campaña no consista en denunciar quiénes son (somos) los culpables de que el nosotros no consiga imponer su santa voluntad a la dura realidad. Por si acaso, estaremos atentos.

Esta campaña tiene de malo tres cosas: primera, que pretende que la crisis económica (y política) es sobre todo un estado mental, es decir, una representación subjetiva contagiosa, en vez de una situación de hecho fundada en poderosos datos materiales. Por ejemplo, el desempleo. Sintomáticamente, la campaña pone como ejemplo de la actitud a seguir a un espabilado sevillano que ha superado el problema imaginándose un trabajo. En segundo lugar, la campaña desvía el tiro: está muy bien que todos estemos dispuestos a cooperar, pero las soluciones no vendrán por esa disposición de ánimo, sino porque quienes pueden tomar decisiones las tomen de una vez, comenzando por los poderes político y económicos. En este sentido, la campaña es una peligrosa engañifa, porque desvía las responsabilidades de quienes sí tienen la capacidad y responsabilidad de tomar decisiones a quienes son meros espectadores y víctimas, con más impotencia que otra cosa. ¿O es que alguien sostiene seriamente que medidas tales como la despolitización de las cajas de ahorro, la reforma del mercado laboral o la reducción del déficit público mediante una racionalización del disparatado “Estado de las autonomías” son cosas que pasarán gracias al buen rollito de la gente?

En cualquier caso, la crisis no se resolverá promoviendo patrañas y falacias. Y llegamos así al tercer problema de esta campaña: su fe ilimitada en las virtudes del marketing y de la propaganda de calidad –es una campaña ingeniosa y bien diseñada, qué duda cabe- como sustitutivo de la comunicación basada en la veracidad cognitiva, la competencia lógica y la responsabilidad ética y política. No, miren: igual es conveniente emplear el mejor marketing y publicidad posibles en la comunicación de la realidad de la crisis y de las medidas indispensables para superarla, pero pretender que marketing y publicidad sustituyan a la política y la economía, y la propaganda a la verdad y el conocimiento, es tan inútil como peligroso a la larga.

Además, qué quieren, a uno le solivianta que le tomen por tonto y carne de creativo publicitario. Ya lo escribió magistralmente –imposible mejorarlo- Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí”. Pues lo mismo: cuando despertó del sueño narcótico del buen rollito y el optimismo creativo de la campaña, la crisis todavía seguía allí. Sólo que acrecida y desbocada por el desvío de responsabilidades, que conduce al desvarío de la razón.

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5 comentarios a “Desviar las responsabilidades, o cómo maquillar la crisis con falacias”

  1. IGNACIO dice:

    El problema es el condicional. Yo estoy de acuerdo en que esto lo arreglamos entre todos, siempre y cuando todos dejemos de votar al PSOE y al PP, por poner un ejemplo, y todos estemos dispuestos a funcionar sin depender de subvenciones y ayudas, o dejemos de apoyar en nuestro ámbito profesional a asociaciones empresariales que en realidad son asociaciones de “hombres de negocios” o sindicatos de trabajadores que en realidad son sindicatos de liberados. Si cumplimos con estas condiciones y alguna más, que nadie lo dude: esto lo arreglamos entre todos.

  2. Sake dice:

    -Todo se soluciona con la Fe.
    -Hombre algo tendremos nosotros que hacer ¿no?.
    -Fijate en el fútbol, nosotros animamos y la selección gana los partidos.
    -Pareces tonto, es la selección la que anima al público y detrás de ése equipo hay un trabajo continuado que está dando frutos.
    -Esto de la propaganda es como poner todo el trabajo y las decisiones en manos de Dios y nosotros a dormir.
    -Lo malo que no son Dioses los que tienen que tomar la decisiones son sólo humanos y de lo más mediocre, sólo distraen porque no saben hacer otra cosa.
    -Mira sabes que te digo no me van a engañar y voy a participar críticamente.
    -Yo también.

  3. alcotarelo dice:

    Hay dos palabras escalofriantes en la frase “nosotros no hay nada que no podamos arreglar”: el ‘nosotros’ y el ‘nada’, por cuanto plantea el poder ilimitado del grupo frente al individuo. Efectivamente esta frase podría haber sido dicha por Hitler (nosotros=la raza aria) o Lenin (nosotros=el proletariado) perfectamente.

    Hay un libro de Erich Fromm titulado “El miedo a la libertad” que analiza los dos grandes regímenes totalitarios europeos (nazismo y comunismo). Concretamente hay un capítulo titulado “Mecanismos de evasión de la libertad”, donde se analizan psicológicamente el autoritarismo, la destructividad y el sadomasoquismo (en su acepción psicológica) que creo que es sumamente interesante para entender la peligrosísima transcendencia de la frase en cuestión, que tan bien analiza Carlos.

  4. Angel Arias dice:

    Carlos,

    Estoy de acuerdo sustancialmente con tu comentario, sobre todo, en su espíritu,porque se que responde a la necesidad de generar una plataforma política de actuación seria y consistente. En el caso de UPy D, de robustecer su viabilidad, perfeccionando cada día, el encaje con las mejores ideas e inquietudes, hoy sin clara visibilidad.

    Pero me parece un error (subsanable, desde luego) criticar frontalmente un propósito que, en este momento, aglutina oportunamente la preocupación sustancial de una parte de la sociedad civil. Seguramente no mayoritaria, ni con voluntad de serlo, pero de incuestionable calidad.

    Para muchos de los que han suscrito, masivamente, el mensaje de estosololoarreglamosentretodos, es que no se escucha suficientemente desde la política a los profesionales, a los independientes (entendiendo por tales, no comprometidos con partidos mayoritarios). Entre ellos, están muchos de aquellos que quieren colaborar y no encuentran un sitio, porque está ocupado por dirigentes y portavoces prisioneros de dogmatismos.

    Estoy seguro que UPyD no quiere despreciar esa inquietud, sino incorporarla a su propósito.

    Un saludo cordial,

  5. Aurora dice:

    Sr. Gorriarán, estoy muy de acuerdo con lo que dice porque, desgraciadamente, la reputación (antes lo llamábamos imagen) y su “gestión” como si de un activo “intangible” (por cierto) fuera parece hoy más importante que lo que somos, que lo real y verdadero. Esta es la cultura que predomina en empresa y política, socialmente, y así nos va, claro.

    Cuando lo que parecemos y lo que pensamos -piensan otros también, la audiencia o lo que sea- que somos es más importante que lo hay somos realmente algo marcha mal, muy mal.

    Pero en fin, esto es el imperio en que vivimos. El otro día en el boletín de Dircom (los directivos de comunicación) alguien planteaba cómo mejorar la imagen de España, la marca país esa… Creo que alguien contestó… ¿y si para variar intentamos hacer las cosas mejor y no solo parecer que las hacemos?

    Cierto es que la confianza debe restablecerse, cierto es que, como sabemos por bolsa y mil cosas más, hasta un cierto punto hay algo de estado de ánimo en ella y se puede modificar, claro. Pero que no nos hagan comulgar con ruedas de molino: la crisis es más profunda que la económica, es institucional, es el ambiente que se ha creado, social y cultural. Y eso no se arregla entre todos porque simplemente nos empeñemos, por Dios: sangre, sudor y lágrimas (y esfuerzo, por cierto). Que nos digan las cosas claras y se dejen de paños calientes. Y es lo que no veo: vaya miedo a perder votos que se tiene. Salvo Vdes.

    Necesitamos menos tópicos y más verdades, menos ideología y epidérmis y más saber de lo que se habla.

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