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Cuba y el hambre como instrumento de opresión politica

El castrismo es un régimen homicida que perdura a base de reducir al hambre a una población sometida. Llevando esta lógica a su consumación, ha dejado morir de hambre a un preso político, Orlando Zapata. Así se cierra el bucle de la absoluta perversidad del régimen: su perduración depende de la extenuación de Cuba, y para que vivan los Castro y sus sicarios de los cubanos unos se mueren poco a poco y otros más rápidamente (Zapata, 85 días de huelga de hambre), pero todos de lo mismo: de un hambre útil para oprimir con las mínimas protestas. Y también del colaboracionismo de gobiernos como el español, por cierto. ¿Valen los intereses de las empresas turísticas y hoteleras españolas la vida de un solo cubano y el hambre de la mayoría?

Galicia, ¿ofendida por Rosa Díez o sumisa a la tontería?

En la entrevista que le hacía Iñaki Gabilondo en Canal +, Rosa Díez dijo una bilbainada (¡huy, perdón!, no quería ofender a Bilbao), a saber: que UPyD es un partido necesario. Véase el minuto 8´20´´. Sin embargo, ni el ayuntamiento de la villa vizcaína, ni las fuerzas vivas del lugar, famosas por su buena imagen de sí mismos, han organizado alboroto alguno ni exigido rectificación alguna. En franco –perdón a los “francos”- contraste, en Galicia han montado un enorme pandemónium por su afirmación de que Zapatero es un “gallego en el sentido más peyorativo”. ¿Cuál es ese sentido peyorativo?: el del chiste: un gallego es ese señor que te encuentras en la escalera y no sabes si está subiendo o bajando. Es decir, un artista del disimulo, del cálculo y de la reserva (y viceversa). ¿Es eso insultante y ofensivo? Pues depende para quién, desde luego. La moda de lo políticamente correcto condena expresiones proverbiales tan arraigadas como la empleada por Rosa para describir, gráficamente, un rasgo inequívoco de la personalidad de José Luis Rodríguez Zapatero: que no hay manera de arrancarle compromiso alguno sobre ningún asunto. De haber venido a cuento –que no era el caso-, Rosa podría haber dicho de Zapatero que es “chulo como un madrileño”, “testarudo como un baturro”, “agarrado como un catalán”, “triste como un castellano”, “bruto como un vasco”, “fallero como un valenciano”, “aplatanado como un canario”, “fanfarrón como un asturiano”, “vago como un gitano” y un largo etcétera semejante, con extensiones internacionales y planetarias. Pues decimos que a alguien le han “engañado como un chino”, que “trabaja como un negro” o “bebe como un cosaco”, además de tener “cabeza cuadrada como los alemanes” o ser “elegante como los italianos”, cuando no “avaro como un escocés” (o judío) e “hipócrita como un inglés” (o un francés). Pero es que además los ingleses son, en este lenguaje proverbial que tan útil resulta para comunicarse a bajo costo –pero ya vemos que no siempre-, bastantes más cosas que hipócritas; también son tenaces, puntuales, tradicionalistas, arrogantes, cerrados, valerosos, borrachos –sobre todo jueces y lores- y muchas otras cualidades, virtuosas o viciosas, que predicamos de ellos por mera costumbre lingüística. Como de los gallegos y gallegas, todo hay que decirlo.

La reacción desmedida a las palabras de Rosa sobre la galleguidad de Zapatero en sentido proverbial han sido, por cierto, confirmadas por el sujeto de este predicado, que ha afirmado: “me sentiría muy orgulloso de ser gallego”. Y zamorano, escocés o mandinga, según le convenga, como la novia de la boda, el muerto del entierro y el niño del bautizo, desde luego (espero con resignada paciencia las protestas indignadas de los sindicatos de novias, muertos y lactantes).

Lo que queda claro es que Galicia no sólo está afectada por los estragos de la estúpida moda de la corrección política, sino atontada por ese nacionalismo que arrumba los sentidos del humor y del ridículo. Pues sí que tienen un problema, me refiero a las fuerzas vivas gallegas, desde la academia de la lengua a los partidos políticos y todas las instituciones que ocupan. Y una curiosidad: la bomba que pusieron hace poco frente a la casa de un excelente analista político gallego caracterizado por su crítica razonada de los excesos nacionalistas, Roberto Blanco Valdés, catedrático de derecho constitucional de la Universidad de Santiago, ¿mereció la misma unánime e intensa reacción de dignidad ofendida? Me parece que no. Pues sí que tienen un problema nuestros conciudadanos gallegos. Pero ese problema no se llama Rosa Díez, precisamente.

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18 comentarios a “Cuba y el hambre como instrumento de opresión politica”

  1. Juanillo dice:

    Nencho, estoy 100% de acuerdo en lo que has dicho, y es que afortunadamente, ni el castellano ni el gallego tienes visos de desaparecer, y coincido que se ha planteado mal el tema de la política linguística, es decir, en vez de denunciar que el castellano vaya a desaparecer, se debería haber hecho hincapié en el concepto que tienen los nacionalistas sobre las lenguas propouas, haciendo creer ver al castellano como una lengua extranjera, cuando se tendría que incidir en defender el bilinguismo, en que la galleguidad se pueda expresar en castellano de igual manera que la españolidad se puede expresar en gallego, que ambas son lenguas propias de los gallegos, y que ambas deben ser respetadas con el mismo respeto, ser normalizadas lenamente en la administración, y que para nada debe ser impuesta en el ámbito público.

    ah, yo como tu, seguiré votando a UPyD. saludos desde Madrid.

  2. alcotarelo dice:

    El correo de Nencho plantea cuestiones ciertamente interesante, más allá del tema central de si UPyD en general y Rosa Díez en particular deberían o no de disculparse.

    Creo que efectivamente es un hecho objetivo que la administración del gobierno de Touriño intentó discriminar el castellano frente al gallego. Sin ir más lejos, yo personalmente tuve conocimiento por motivos profesionales de un procedimiento administrativo en el cual la Xunta emitió una serie de informes y autorizaciones exclusivamente en gallego cuando todos los afectados habían dirigido todos sus escritos en castellano.

    Nencho habla del uso del castellano en la universidad en La Coruña. Y plantea el derecho de los alumnos a recibir clases en el idioma que deseen o que desee la mayoría. A mí me parece una cuestión ciertamente difícil. ¿Debe prevalecer el derecho del profesor (que es quien da la clase y quien emite mayoritariamente la comunicación de forma activa) a comunicarse en la lengua que desee, o debe primar el derecho de los alumnos?. En este último caso ¿puede imponerse una lengua por mayoría si una minoría no la entiende?.

    No creo que sea correcto ni admisible plantear los temas lingüisticos como una cuestión de derechos históricos ni culturales (con aberraciones como las ‘normalizaciones lingüisticas’), pero tampoco creo que se pueda tratar como una cuestión de libertades personales.

    La comunicación no es algo personal, pues es un proceso en el que intervienen al menos dos personas. Si cada uno elige libremente su idioma, y al menos uno de los sujetos no entiende o no tiene obligación de conocer el idioma elegido por alguna otra de las partes, simplemente la comunicación deja de existir.

    Por tanto, en cualquier ámbito plantear que una de las partes tiene derecho a comunicarse en una determinada lengua, supone obligar al menos a otra parte a comunicarse en dicha lengua. Esto supone por ejemplo, que el derecho de los ciudadanos de ciertas autonomías a usar su lengua co-oficial para relacionarse con la administración (y para que la administración se relacione con ellos), implica obligar (o cuanto menos premiar) a los funcionarios a conocer dicho idioma. Lo cual supone una discriminación en el acceso a la función pública de todos aquellos ciudadanos que no han estudiado en esa comunidad y que no han tenido las mismas oportunidades (al menos en los colegios públicos) para aprender ese idioma.

    Creo que en todo caso, debería primar el principio práctico de favorecer la comunicación y el entendimiento entre el mayor número posible de personas. Es decir, con que en cualquier proceso público en que interviniera o pudiera intervenir una sola persona que no conozca o no tenga que conocer un determinado idioma, ese idioma no debería de utilizarse. Por este motivo, la administración debería de funcionar en castellano (como de hecho Nencho reconoce que se ha hecho en Galicia hasta tiempos muy recientes). Esto no supone perseguir ni erradicar el gallego, pues podría y debería seguir enseñándose en los colegios y utilizándose como lengua habitual en el ámbito cotidiano por todos aquellos que lo deseen.
    Por cierto, que sería interesante que en todos los colegios públicos de toda España existiera, o al menos se favoreciera, la enseñanza de todas las lenguas co-oficiales en el resto de comunidades autónomas y no sólo de la propia, aunque fuera en horario extra-escolar y voluntario.

    Esta cuestión de los derechos lingüisticos como una cuestión de libertad personal o [obligación] colectiva, me recuerda el caso de los retenes de incendio en Cataluña, en el cual los miembros de los retenes del Ministerio de Medio Ambiente que acuden a reforzar los dispositivos de extinción frecuentemente no entienden las comunicaciones de los equipos de la Generalitat porque hablan en catalán, con el obvio problema de coordinación y de seguridad que eso supone, y que en mi opinión debería primar sobre derechos individuales incompatibles entre sí.

    No creo por tanto, que sea correcto votar pseudo-democráticamente en un aula cual es la lengua mayoritaria, pues eso puede impedir a los alumnos que no proceden de ese territorio comprender y participar. Mientras que en las universidades nórdicas se prima el empleo del inglés sobre sus propios idiomas nacionales, para atraer la participación de profesores y alumnos extranjeros, en las universidades españolas se tiende a reemplazar el castellano (que hablan millones de personas en todo el mundo y que todos los españoles hablan y entienden aunque usen otro idioma) por el gallego, el vasco o el catalán.

  3. alcotarelo dice:

    En cuanto, al tema central del artículo de Carlos. La polémica o el escándalo me parecen desmedidos y exagerados, además de premeditados y malintencionados.

    Rosa Díez dijo que definía a Zapatero como ‘gallego’ en el sentido más peyorativo de la palabra. ‘Gallego’ tiene otro significado coloquial, ademas del de ‘natural de o relativo a Galicia’, y si bien ese significado procede de la exageración de una cualidad atribuída supuestamente a los gallegos, no creo que al usar la expresión se puede entender que insultara a los gallegos ni que los asimilara con ningún comportamiento, conducta o forma de ser denigrante, insultante o peyorativa. A mí francamente, esa frase me parece comparable a expresiones como ‘hacerse el sueco’ o ‘hacer un trabajo de chinos’, que no creo que puedan sean ofensivas ni para unos ni otros. Es simplemente ridículo y exagerado.

    En mi opinión lo más revelador de todo esto es que pese a los obvios intentos manipualdores del entrevistador por presentar una imagen negativa de UPyD y por centrarse en temas que pudieran ser o parecer supuestamente incómodos o contrarios a los intereses y a la imagen del partido… pues el único titular negativo que han podido sacar de la entrevista es que insultó a los gallegos.

    La primera conclusión obvia es que Rosa Díez ha tenido que hacerlo muy muy bien, si esto es lo único que han podido criticar de la entrevista, pese a que, pese a estar matizada en las formas, la entrevista fue ciertamente hostil y atacante, como era de esperar de un medio y un entrevistador afín a uno de los dos grandes partidos.

    La segunda conclusión, es hasta dónde están dispuestos a llegar tanto los dos grandes partidos y sus medios afines, como todo el corro de nacionalistas con tal de linchar a UPyD e impedir no ya que les ‘robe’ votos (adviertáse lo antdemocrático de creerse dueño de los votantes), sino que UPyD consiga sus objetivos de condicionar la política y reformar el sistema. Porque puede que ese día se le acabe el chollo a más de uno de esos que ahora se han rasgado las vestiduras para darnos lecciones de lo que significa ser gallego. Eso es lo que más miedo les da.

  4. AndreMadriz dice:

    alcotarelo :En cuanto, al tema central del artículo de Carlos. La polémica o el escándalo me parecen desmedidos y exagerados, además de premeditados y malintencionados.
    Rosa Díez dijo que definía a Zapatero como ‘gallego’ en el sentido más peyorativo de la palabra. ‘Gallego’ tiene otro significado coloquial, ademas del de ‘natural de o relativo a Galicia’, y si bien ese significado procede de la exageración de una cualidad atribuída supuestamente a los gallegos, no creo que al usar la expresión se puede entender que insultara a los gallegos ni que los asimilara con ningún comportamiento, conducta o forma de ser denigrante, insultante o peyorativa. A mí francamente, esa frase me parece comparable a expresiones como ‘hacerse el sueco’ o ‘hacer un trabajo de chinos’, que no creo que puedan sean ofensivas ni para unos ni otros. Es simplemente ridículo y exagerado.
    En mi opinión lo más revelador de todo esto es que pese a los obvios intentos manipualdores del entrevistador por presentar una imagen negativa de UPyD y por centrarse en temas que pudieran ser o parecer supuestamente incómodos o contrarios a los intereses y a la imagen del partido… pues el único titular negativo que han podido sacar de la entrevista es que insultó a los gallegos.
    La primera conclusión obvia es que Rosa Díez ha tenido que hacerlo muy muy bien, si esto es lo único que han podido criticar de la entrevista, pese a que, pese a estar matizada en las formas, la entrevista fue ciertamente hostil y atacante, como era de esperar de un medio y un entrevistador afín a uno de los dos grandes partidos.
    La segunda conclusión, es hasta dónde están dispuestos a llegar tanto los dos grandes partidos y sus medios afines, como todo el corro de nacionalistas con tal de linchar a UPyD e impedir no ya que les ‘robe’ votos (adviertáse lo antdemocrático de creerse dueño de los votantes), sino que UPyD consiga sus objetivos de condicionar la política y reformar el sistema. Porque puede que ese día se le acabe el chollo a más de uno de esos que ahora se han rasgado las vestiduras para darnos lecciones de lo que significa ser gallego. Eso es lo que más miedo les da.

    Al principio esto de la galleguidad era una anécdota, pero después de leer todos los comentarios me parece hasta ridículo.
    Mi pregunta filosófica sería: “?Se puede equivocar Rosa Díez?. o disfruta como el Papa de la suerte de ser infalible?”.
    Mi respuesta sería: “Si, se puede equivocar”. Aunque siempre o casi siempre tenga razón.
    ?Por qué es tan díficil reconocer una equivocación?
    Pecamos, hijos míos, de la misma soberbia de todos los políticos espa’noles los cuales no se equivocan, al parecer, jamás.
    Desde luego esto no es para lacerarse de por vida, pero si es digno de una reflexión que un partido que promete la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley por encima de territorios, autonomías, nacionalidades, etc… a la primera oportunidad le salga clasificar a la gente precisamente por aquello que tan poco le gusta: la comunidad (histórica o no) de la que provenimos.
    Ser gallego en el sentido peyorativo debe significar que existe un modo peyorativo o negativo de ser gallego. Si en vez de gallego ponemos vasco por ejemplo, tenemos un drama. Se puede utilizar un toponímico para descalificar (o criticar) a un criticable Zapatero.
    Rosa Díez puede pensar que sí, pero yo creo que no debería hacerlo en una entrevista televisiva.
    A mí, sin ser gallego, me molesta el comentario.
    no soy gallego ni lo seré, pero he vivido en Galicia, y lo gallego existe, nos guste o no. Existe una sensibilidad diferente, una gastronomía diferente, un paisaje diferente, un idioma (más o menos utilizado) diferente, y un largo etc. Quizá esa sea la gran lección de esta entrevista. Las comunidades culturales espa’nolas existen y seguirán existiendo, nos gusten o no.
    Y por favor, utilicemos la crítica interna para poder mejorar, que no todo sea blanco o negro.

    • alcotarelo dice:

      Lo catalán existe, como existe lo vasco, lo murciano, lo andaluz, lo murciano y lo asturiano también, como lo gallego. ¿Qué son entonces por ejemplo el Valle de Arán, el Bierzo o el ‘Occidente asturiano’?. Las ‘comunidades culturales’ existen sí, pero existen casi tantas delimitaciones diferentes como uno desee. Pretender que la única división cultural la marca la raya, no ya de las provincias, sino de la arbitraria agrupación de estas en comunidades es ridículo. No existe ninguna raya que separe lo gallego de lo no gallego, como no existía tampoco ninguna que separara lo ario de lo judío.

      La frase de Rosa Díez fue políticamente incorrecta. Pero pretender que alguien se pueda sentir ofendido por algo así, es ridículo. Un poco de seriedad.

  5. Nikon dice:

    Tal y como veo en este debate y por lo que he podido observar en otros lugares, esa extrema sensibilidad hacia lo “nacional” en el sentido identitario empieza a ser algo tremendamente contagioso, ya que hará no muchas décadas, este tipo de palabras en sentido distinto al de gentilicio no hubieran levantado ampollas. Es una especie de gripe española (española en el sentido literal del término, ya que esto sólo pasa en España), en la que uno es, sobretodo, gallego, vasco, andaluz, madrileño, valenciano…y luego lo demás. Y no se concibe que estas palabras puedan utilizarse en otros sentidos porque el sentimiento patrio obnibula e impide el mismo fenómeno de la polisemia. Parece ser que la mayoría de la gente (excepto los malintencionados) sabe que Rosa Díez no estaba insultando a los gallegos (es decir, aquellos ciudadanos que viven en Galicia), sino a dos determinados políticos, y que el término no se relacionaba con el gentilicio, sino con otro sentido de la palabra, que, por ser conocido por la mayoría de los castellanohablantes, utilizó para que se la entendiera de forma más rápida; pero que se sepa la clara intención de Rosa no es suficiente, tiene que pedir perdón por ofender aún reconociendo todos que ella no quería ofender. Es decir, utilizó de forma correcta la lengua castellana, donde abundan este tipo de polisemias. Y es que, al igual que esa extraña manía de poner doble género a todas “las palabras y palabros”, no vaya a ser que las mujeres nos sintamos ofendidas (y seguro que alguna se sentirá, alardeando de una hueca reivindicación lingüística que no le va a devolver ningún derecho real, por cierto), también hay que eliminar toda referencia a territorio alguno, so pena de ofender a nuevos colectivos, que, por lo visto, deben saber lo que significa la “galleguidad” aparte del hecho de haber nacido en Galicia. Es, precisamente, porque conciben alguna especie de “galleguidad”, que les ofende que ese término se utilice de forma despectiva. Es un transfondo más del nacionalismo imperante. Hay una especie de “identidad territorial” por encima de la identidad individual que, por lo visto, no conviene ofender. Como hemos podido constatar, para mucha gente es muchísimo más importante la forma que el contenido, aunque dicha forma correcta sea algo hueco y sin sustancia. Es normal que los políticos necesiten asesores de márqueting, ya que resulta ciertamente difícil hablar sin que algún que otro colectivo se sienta herido en lo más profundo de su alma territorial. Y así vamos, creando problemas ficticios en vez de solucionar los reales. Pues no señor, Rosa no se debe disculpar por una ofensa que no era tal. Los que sí se deben disculpar ante la sociedad son esos políticos que se insultan de forma literal en el Parlamento y, al mismo tiempo, insultan a todos los ciudadanos a los que representan.

  6. alcotarelo dice:

    Estoy totalmente de acuerdo con la magnífica explicación de Sake.

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