Alarmas cívicas en Francia y Holanda

En Francia ha causado considerable revuelo que el Partido Anticapitalista, un partido de extrema izquierda cuyo nombre lo dice todo, haya incluido en sus listas para las próximas elecciones regionales a una joven musulmana que hace gala de su confesión religiosa llevando el preceptivo pañuelo que oculta el cabello y el cuello a la vista de cualquier hombre que no sea familiar directo. El PA procede de la izquierda revolucionaria trotskista, que en Francia siempre ha gozado de un predicamento mucho mayor al de países comparables. Lo llamativo, escandaloso para algunos, es que esa izquierda radical renuncie a los valores laicos –incluso prejuicios, a veces- unidos a las tradiciones republicanas francesas. En el interesante reportaje sobre la cuestión publicado el pasado domingo por El País, los jóvenes musulmanes afiliados al PA justificaban su militancia con razones de fuerte aroma identitario: ellos son “musulmanes franceses” que, como decía uno de ellos, “no pueden ser otra cosa”. Obsérvese el orden de los predicados: antes musulmanes que franceses, y el resignado comentario de la obligada pertenencia pero sin entusiasmo alguno, digno de aquel prócer de la Restauración que irónicamente propuso encabezar la nueva Constitución con un artículo que rezara: “es español todo aquel que no puede ser otra cosa”.

Antes de descargar el fuego de la indignación democrática contra la extrema izquierda francesa, convendrá recordar que fue el presidente Sarkozy el que jugó con fuego al enredar a la opinión pública francesa con un debate, absurdo y peligroso, sobre la identidad francesa… y sus consecuencias políticas (por ejemplo, exigir a los inmigrantes un contrato de integración). Iniciativa nada inocente en Francia, donde si la extrema izquierda paleomarxista tiene notorio arraigo, mayor lo tiene todavía el populismo nacionalista y xenófobo, republicano sólo de nombre, liderado por Le Pen y su Frente Nacional, que estuvo a punto de ganar una elección presidencial.

La concurrencia de ambos fenómenos lleva a una conclusión inevitable: el laicismo está en peligro en Francia, tanto el que se refiere a los símbolos religiosos en la esfera pública, como el referido a la tradición republicana de la igualdad (y fraternidad) de todos los ciudadanos, nacidos o no en Francia, que respeten sus leyes. Es inquietante, cuando menos, que Sarkozy enrede con la problematización de una “identidad francesa” cuando Francia es uno de los países con una identidad más clara, incluso avasalladora en muchos aspectos. Y es sintomático que incluso la extrema izquierda acepte crecer entre los “musulmanes franceses” aceptando el principio islámico, frontalmente opuesto al concepto ilustrado de ciudadanía, de que la religión está por encima de cualquier otra circunstancia que nos defina como personas. Es cierto que en España tenemos amplia experiencia de la forma en que la izquierda tradicional acaba renegando de sus orígenes intelectuales para mimetizarse con el nacionalismo y cualquier forma en auge de particularismo y comunitarismo, pero que ello ocurra también en Francia es todo un aviso del progreso de ese cáncer y, de paso, de que la fuerte centralización del Estado no es ese antídoto eficaz que algunos creen frente a las ofensivas contra el ideal de ciudadanía.

Un poco más al norte de Francia, en Holanda, asistimos a un encendido debate sobre el uso del árabe y el turco en la propaganda política de los principales partidos tradicionales para la próxima campaña electoral. La razón de este insólito babel político es doble: en Holanda hay fuertes comunidades musulmanas y turcas, y su voto puede decidir el resultado porque –y esta es la segunda razón- se espera una alta abstención del electorado holandés, quizás superior al 50% (y ello a pesar de las poderosas e ininterrumpidas tradiciones democráticas de los Países Bajos, uno de los laboratorios europeos de la democracia representativa). Los partidos tradicionales parecen haber renunciado a movilizar a sus votantes tradicionales y echan la red en los nuevos caladeros de votos. Hacerlo en sus lenguas maternas es sin duda ingenioso y hasta una muestra de tolerancia del país de Baruch Spinoza, pero no pocas voces advierten de que ésta puede ser el inicio de una serie de concesiones que no se limiten a la lengua vehicular de la propaganda política, sino a cuestiones constitucionales mucho más serias, como la aceptación de un estatus legal especial para comunidades cultural-religiosas –por ejemplo, la sharia para los musulmanes- que rechazan la completa asimilación y se resisten a hacer suyos todos los valores del país de acogida. De nuevo, la defensa de la identidad aparece enfrentada a la decadencia del laicismo, vinculado a una ciudadanía universal independiente de toda creencia religiosa o mitológica.

Claro que la reflexión de fondo no es si los inmigrantes se dejan asimilar o no, o si tenemos derecho a pedirles que lo hagan –aunque sin duda la exigencia del cumplimiento de las leyes implica una importante asimilación en muchos aspectos, por ejemplo en la instauración de la igualdad legal de mujeres y varones-, sino más bien otra: tanta insistencia en la identidad en peligro y tanto alarmismo e impotencia política –pues eso manifiesta la recurrente referencia a “nuestros valores en peligro”-, ¿no será más bien una expresión asustada de que los valores que tanto se dice defender son más bien cosa del pasado, tradición más muerta que viva? ¿Una aceptación tácita de que el laicismo del pasado republicano o la tolerancia activa de antaño está bastante decaída, vaciadas de sustancia, convertidas en lemas al estilo del “detente bala”?

Dicho de otro modo: ¿qué expectativa legítima de conseguir la integración de comunidades con tradiciones de origen muy diferentes tenemos los ciudadanos de sociedades que claramente han dejado de practicar esos valores que exigen a los demás mediante un patético “contrato de integración”? ¿Puede Europa tratar de imponer, con una mezcla de oportunismo político y desarme cívico, lo que parece renunciar a conseguir mediante la educación y el civismo activo? Me parece difícil contestar que sí. O Europa reencuentra el sentido de esos valores tan añorados como desactivados, o no habrá mucho que hacer, aparte de asistir impotentes al auge de la xenofobia, el populismo antisistema y el fundamentalismo étnico y religioso. Mal asunto.

27 comments to Alarmas cívicas en Francia y Holanda

  • IGNACIO

    La clave de la cuestión es la pregunta que hace Carlos:

    “¿Puede Europa tratar de imponer, con una mezcla de oportunismo político y desarme cívico, lo que parece renunciar a conseguir mediante la educación y el civismo activo?”

    En cuanto a la “izquierda anticapitalista”, le ocurre algo ya visto en muchas formaciones similares, que es anticapitalista porque añora el feudalismo. Unos son partidarios del velo islámico, otros de las veguerías, y otros son carlistas reconvertidos.

  • Sake

    -Qué dificil puede llegar a ser el defender nuestros valores Occidentales.
    -Amigo es que lo sencillo es pensar en Dios.
    -Creo que es un peligro para la Democracia.
    -Es dificil la libertad y la Democracia si son el número de votos lo que cuenta.
    -Querido, si la mayoria siempre piensa en lo fácil, Dios siempre ganará y nosotros perderemos.
    -Y pensar que hemos llegado hasta aquí para nada.
    -Milenos perdidos.
    -Complicado es en verdad.
    -¿Porque es tan dificil defender la civilización?.
    -No me hables más por hoy del asunto.
    -Nosotros estaremos al frente.
    -Por supuesto ¡rendirnos nunca!.
    -¿nunca amigo!.

  • alcotarelo

    El autor expone dos hechos:

    1.-Una diputada musulmana pretende ir al parlamento francés con velo (algo que supongo que en España podría hacer sin problemas).
    2.-El Predidente Sarkozy abrió un debate sobre la identidad francesa con acciones como por ejemplo, exigir a los inmigrantes un contrato de integración.

    Y de aquí concluye ni más ni menos:

    1.-El laicismo está en peligro en Francia. (¿?)
    2.-La fuerte centralización del Estado no es ese antídoto eficaz que algunos creen frente a las ofensivas contra el ideal de ciudadanía.

    Me gustaría preguntarle a Carlos Martínez Gorriarán si considera que un estado descentralizado como el español es mejor “antídoto frente a las ofensivas contra el ideal de ciudadanía”.

    O también, en base a qué cree que su hipotético estado federal va a garantizar mejor que el estado francés actual (¡ahí queda eso…!) el ideal de ciudadanía.

    Claro que también podríamos preguntárselo a todos aquellos nacionalistas que según el gobierno (según dijo José Blanco el domingo) tienen tanto sentido de Estado. Los mismos nacionalistas y ‘barones regionales’ que con el estado federal de UPyD mantendrán su parcela de poder y clientelismo (aunque se limite algo respecto a la situación actual) donde no podrá entrar el Estado.

    El estado francés tendrá sus defectos. Pero criticar desde España (donde los territorios tienen más derechos que las personas) que un Estado centralizado como el francés no defiende el ideal de ciudadanía me parece ridículo.

  • alcotarelo

    “¿Qué expectativa legítima de conseguir la integración de comunidades con tradiciones de origen muy diferentes tenemos los ciudadanos de sociedades que claramente han dejado de practicar esos valores que exigen a los demás mediante un patético “contrato de integración”?”.

    Desconozco el contenido del “contrato de integración” de Sarkozy. Pero en cualquier caso no creo que la libertad de la mujer o el rechazo de la ablación sean valores que ‘claramente’ ha dejado de practicar la sociedad francesa, o la española.

    “¿Puede Europa tratar de imponer, con una mezcla de oportunismo político y desarme cívico, lo que parece renunciar a conseguir mediante la educación y el civismo activo?”

    ¿Quién renuncia a conseguir por ejemplo el respeto a la libertad de la mujer mediante la educación y el civismo activo?. Pero incluso cuando no podamos conseguirla así: ¿debemos o podemos renunciar a imponérsela?.

    Cuando hablamos de la integración de los musulmanes, no podemso olvidar de que hasta en países supuestamente moderados como Arabia Saudí las mujeres no pueden salir descubiertas ni hablar con hombres en la calle, o en Marruecos se sigue obligando a las mujeres a casarse a cambio de dinero. Y además en casi todos los países musulmanes la violación dentro del matrimonio no es delito. Es decir, que en la práctica los padres venden a las hijas casi como esclavas sexuales a sus maridos. Así que cuando hablamos de ‘imponer nuestros valores’ a estos inmigrantes no hablamos de obligarles a tomar chocolate con churros o roscón de reyes en Navidad, sino de aceptar las más elementales reglas morales y los derechos humanos.

    Incluso cuando nuestros altos representantes políticos y del Estado (los reyes o el gobierno) viajan a estos países musulmanes, nuestras mujeres ['nuestras' en cuanto a que como españolas gozan de la protección y los derechos de nuestra cultura y nuestras leyes] son obligadas a cubrirse la cabeza o a aceptar conductas machistas. Sin embargo, los musulmanes de esos mismos países nos exigen que ‘respetemos’ en España o en Europa sus conductas contrarias a nuestra cultura y nuestras leyes.

    No debemos olvidar que por ejemplo el ‘derecho a llevar velo’, esconde una cultura machista que las familias musulmanas inculcan a las niñas desde la infancia. Y que en la mayoría de los casos no se trata del derecho de una niña a llevarlo, sino del derecho de sus padres y hermanos a obligarla o presionarla para que lo lleve. A mí me parece adecuada la prohibición francesa del velo en los lugares públicos, y especialmente en los colegios.

  • alcotarelo

    Una amiga mía es profesora en un colegio público. Da clase a alumnos de entre 3 y 5 años. Tiene un alumno hijo de padres marroquíes que se niega a hablar con ninguna de sus compañeras. ni siquiera pronuncia el nombre de ninguna de ellas ni cuando habla con la profesora. El niño no entiende cómo es posible que las niñas no tengan que esperar a entrar en clase a que lo hayan hecho todos sus compañeros chicos.

    ¿Qué situaciones está viendo y viviendo ese niño en su casa?. ¿Qué humillaciones estarán sufriendo sus hermanas en la intimidad del domicilio familiar?. ¿Qué ley y qué autoridades españolas o europeas garantizan y protegen los derechos de esas niñas en nuestro país?.

    Podemos y debemos intentar transmitir nuestros valores a los padres de ese niño “mediante la educación y el civismo activo”. Pero si no lo conseguimos ¿no debemos tratar de imponérselo (y no por él, sino por sus hijos en primer lugar y luego por nuestra sociedad)?.

  • Nikon

    Veo en multitud de debates sobre este tema confusiones parecidas a las que aparecen, bajo mi punto de vista, en este artículo. Una cosa es imponer unas normas que, siendo religiosas, incumplen tanto las normas de juego del Estado democrático como el cumplimiento de los derechos humanos, y otra cosa es tachar a cualquier persona que luce un modo de vida acorde con una determinada religión de incitadora de un estado fundamentalista religioso. Hay mujeres a las que obligan a llevar un velo y hay quienes lo llevan por voluntad propia, como un gesto de reafirmación en las propias creencias o como un gesto de protección hacia sus madres o abuelas que llevan ese pañuelo toda su vida y que son despreciadas por ello. Decir que es un signo inequívoco de sumisión de la mujer es querer presuponer los motivos por los que una musulmana lleva el velo. Y eso es mucho presuponer. La diferencia entre una mujer que lleva un velo en un estado laico y otra que lo lleva en un estado teocrático, es que la primera no será castigada por el estado por no llevarlo. ¿Queréis convertir el estado laico en uno antireligioso? Muy sencillo: persigue a la mujer que lleva velo. El Estado debe garantizar la libertad de la mujer, por supuesto, y ello se hace protegiendo a las mismas si éstas denuncian cualquier acoso y, por otro lado, fomentado los principios democráticos y los derechos humanos desde la escuela pública, que para eso está, así como dando a la mujer la posibilidad de emanciparse o de enfrentarse a cuanto ella cree que la oprime. Las creencias, costumbres, modos de vida, no cambian por la mera imposición. Los padres transmiten a sus hijos un modo de vida, pero también la sociedad donde crecen influye en su educación. ¿Debemos quitar a los padres musulmanes la custodia de sus hijas por miedo a la misoginia? Se requieren largos años de convivencia y una persistencia del Estado laico, que no persigue, sino que protege a los ciudadanos, tengan éstos las creencias religiosas que tengan, para conseguir la plena integración. Las persecuciones nunca fueron buenas. Otra cosa es que, por presiones electoralistas, se vendan los principios del estado laico al mejor postor. Eso es algo muy distinto.

    • alcotarelo

      El velo sí es un símbolo de sumisión de la mujer. Esta asociado a la idea musulmana de que la mujer debe taparse, recogerse y no participar en la vida pública. También subyace la idea de que la mujer es propiedad del marido, y sólo él puede verla. Esta idea esta presente en mayor o menor grado en todos los países árabes. En Arabia Saudí (que no es precisamente de los más extremistas) un hombre y una mujer que no sean familia o matrimonio no pueden comer juntos en el mismo restaurante ni hablar por la calle.

      Una vez alguien me comparó el derecho de las monjas a llevar el hábito con el derecho de las musulmanas a llevar velo. Existe sin embargo una sutil pero importante diferencia, que al contrario que en épocas pasadas, actualmente no se permite a ninguna mujer menor de edad meterse en una orden religiosa o en un convento de clausura.

      Que una mujer mayor de edad decida libremente llevar velo me parece respetable. Pero estoy en contra de que una niña pueda ser obligada y/o presionada por su familia para ocultarse detrás de un velo hasta para ir al colegio.

      No he planteado, ni me parece bien quitar a los padres musulmanes la custodia de sus hijas por el hecho de ser musulmanes. Pero sí debemos establecer mecanismos de control para garantizar los derechos de esas niñas. Igual que existen, por ejemplo, protocolos de detección de maltrato infantil en los hospitales, creo que deberían establecerse medidas similares, ya sea en los colegios o dónde se considere necesario.

  • alcotarelo

    Aunque la inmigración es un fenómeno común (con los problemas o perjuicios que genera pero también con los beneficios que nos aporta) a todos los países europeos, cada país europeo tiene su propia situación. Así por ejemplo, mientras que en Reino Unido la población originaria de La India y Pakistán tiene mucha importancia, en Francia tiene más peso la originaria de Argelia, Marruecos, los subsaharianos y los españoles. En Italia, por ejemplo, han recibido muchos emigrantes de las repúblicas de la antigua Yugoslavia (Eslovenia, Macedonia, Servia, Bosnia, Kósovo…).

    En España hemos recibido una gran cantidad de emigrantes en muy pocos años, debido al gran crecimiento económico experimentado en nuestro país desde los años 90 hasta el inicio de la crisis actual. A diferencia de otros países europeos los suramericanos tienen en nuestro país mucha más importancia, por la mayor afinidad cultural y lingüistica que encuentran en nuestro país (lo que facilita su integración cultural y laboral) y por los privilegios que tienen en nuestro país en cuanto a obtención de la nacionalidad española, permisos de trabajo y acceso al ejército. En nuestro país tenemos gran cantidad de magrebíes y subsaharianos ya que España por su situación geográfica es una puerta de entrada en Europa para estos inmigrantes. Por último, al igual que otros países europeos tenemos poblaciones de importancia del este de Europa (Polonía, Rumanía…) y de China.

    Cada uno de estos grupos presenta diferentes culturas y su situación e integración en España es bastante diferente.

    Probablemente el grupo que menos se ha integrado es la comunidad china. Estos inmigrantes tienen una cultura muy diferente y un sentimiento muy profundo de pertenencia a su grupo. Así por ejemplo, es frecuente que los inmigrantes chinos prefieran dejar a sus hijos en China al cuidado de algún familiar para que de este modo no pierda su cultura y su identidad como Chino. Estos inmigrantes crean pocos problemas de orden público, y en general el tipo de delitos típicos de esta comunidad son los de explotación laboral entre sus mismos compatriotas, venta de productos ilegales.

    Los inmigrantes suramericanos se han colocado laboralmente bastante bien por su facilidad lingüistica. Tienen gran importancia en el sector de la construcción (motivo por el cual les ha afectado mucho al crisis) y el servicio doméstico. En general no causan tampoco problemas delicitivos, aunque la segunda generación (los hijos) sí tiene más problemas de integración e identidad, y han surgido diferentes bandas procedentes de sus países (Ñetas, Latin KIngs…). La segunda generación de estos inmigrantes aspira a una vida mejor que la de sus padres y percibe que no tiene igualdad de oportunidades respecto a los españoles.

    Los inmigrantes del este de Europa tienen en general una buena cultura de trabajo, y son bien valorados en trabajos de cierta cualificación como maquinistas (camiones, excavadoras, bulldozers…). Hasta ahora, los problemas delictivos que generan son muy minoritarios, y se asocian típicamente a grupos armados (robos en casas, etc.).

    Los inmigrantes subsaharianos tienen problemas lingüisiticos y frecuentemente de documentación para acceder al mercado de trabajo. Por ello, suelen ocupar puestos de trabajo muy poco cualificados. Pese a ello, estos inmigrantes tampoco suelen causar problemas delictivos de importancia. Pueden dedicarse actividades ilegales como top-manta o el trapicheo de hachís, pero no crean apenas problemas de seguridad pública. La segunda generación de estos inmigrantes sí ha causado problemas importantes en Francia, al verse en una situación de exclusión análoga a la que sienten en nuestro país algunos hijos de suramericanos, y que les lleva a organizarse en bandas. El modelo francés de construcción de grandes barriadas para emigrantes en las afueras de las ciudades, ha fomentado allí estos problemas.

    Los emigrantes marroquíes, argelinos y magrebíes en general, pese a su cercanía geográfica tienen ciertas diferencias culturales, incompatibles principalmente con los derechos individuales que reconoce nuestra sociedad a las mujeres. Queramos reconocerlo o no, esto es un problema. Podemos discutir si un ‘contrato de integración’ como el francés es efectivo o no (yo no lo creo), pero es un problema que como país deberemos afrontar cuanto antes.

    En general es de esperar que el aumento del paro, afecte especialmente a los inmigrantes, ya que generalmente ocupan oficios menos cualificados, y en muchos casos dependientes de la construcción. Por otra parte, la mayoría de los inmigrantes carecen de la estructura macrofamiliar que en el caso de los españoles puede estar amortiguando los efectos de la crisis sobre muchas familias españolas. Es previsible por tanto, que en los próximos años empeoren sus condiciones de vida en general y aumenten los problemas delictivos en general. Y por tanto, es previsible también que aumenten también las reacciones racistas y xenófobas.

    Para terminar de encuadrar un poco el tema, la política de inmigración del gobierno es una vergüenza. El gobierno ha tratado de solucionar el problema de la inmigración subsahariana otorgando una ayuda internacional de muy dudosa utilidad a los países de origen (prácticamente todos regímenes dictatoriales con una fuerte corrupción) a cambio de colaborar en el control de las fronteras y de aceptar la repatriación de ciudadanos que en muchos casos no está documentado que procedan de dichos países. Lo grave es que es un secreto a voces que esta ayuda (que es un pago más o menos encubierto por los servicios prestados) no revierte en la mayoría de los casos en el desarrollo del país.

    Las subvenciones y las políticas de protección del sector agrícola europeo, también provocan la inmigración al impedir que estos países puedan exportar los únicos productos en que pueden competitivos por precios.

    Por otra parte, el estrecho de Gibraltar constituye una de las fronteras con mayor diferencia de renta per capita del mundo entre uno y otro lado. Nuestro gobierno sigue una política de acercamiento y colaboración con el reino marroquí, que fundamentalmente se basa en el apoyo español a los intereses marroquíes en el Sahara Occidental a cambio de que Marruecos colabore en el control migratorio. Tal vez, debería ser hora de que nos planteáramos hasta que punto el apoyo a un régimen autoritario y poco democrático como la monarquía marroquí, que no parece preocuparse realmente por el desarrollo de su propio país es una política exterior acertada.

  • AndreMadriz

    Vivo en Holanda y me parece un poco aventurado hacer críticas de los procesos de este país desde Espa’na.
    El debate aquí es el uso de lenguas no oficiales en la propaganda electoral. Los extranjeros (no comunitarios) tienen la obligación de conocer la lengua holandesa para poder adquirir un permiso de residencia. Dirigirse a las comunidades marroquíes y turcas en su lengua de origen, invita a no progresar en el objetivo de conocer la lengua oficial del país en el que residen. Teóricamente sería un debate similar al uso que se hace en EEUU del espa’nol, una lengua de inmigración pero no oficial.
    Los partidos que han reaccionado más agriamente son aquellos de corte declaradamente racista y anti-islámico. Por el momento es un debate más bien lingüístico que sobre valores laicos. En Holanda hay sabios ejemplos de integración (en el buen sentido de la palabra) tales como el alcalde de Rotterdam: Ahmed Aboutaleb de origen marroquí. ?Está Espa’na preparada para un alcalde marroquí en una ciudad es’pa’nola comparable a Rotterdam?

  • Nikon

    He de discrepar de la opinión de Alcotarelo sobre muchas cuestiones, sobretodo aquellas en las que coloca a ingentes cantidades de población dentro de una determinada etiqueta y les otorga, sin duda alguna, determinados adjetivos, como que unos son más vagos que otros, que unos son más machistas que otros, que unos son más abiertos que otros, etc. Realmente, es difícil salirse de una etiqueta cuando te la imponen de forma tan gratuita. El caso de Ilham Moussaïd, del que trata el artículo al cual se refiere Carlos, lleva velo y tiene 23 años. Es plenamente adulta e independiente y, aún así, se la vilipendia, en teoría, para “protegerla” de la opresión. Ella opta libremente por llevar velo y también quiere que cualquier otra mujer tenga el derecho de llevarlo si así lo quiere. Con respecto a la educación en las escuelas y sobre los símbolos religiosos, ciertamente la escuela ha de ser laica, en el sentido de que debe transmitir conocimientos universales que nos unen a todos y no creencias religiosas o ideologías totalitarias. Sin embargo, los alumnos pueden cursar la religión que quieran, así como la ideología que quieran. Sí que era una intrusión de la religión en la educación pública cuando se obligaba a rezar el credo a todos los alumnos antes de empezar la clase. Eso es una imposición religiosa. Que un alumno quiera llevar un símbolo religioso por su cuenta y riesgo no hace imponer a nadie su religión. No incide en la educación del resto ni en la suya propia. No atenta contra los derechos del resto del alumnado. Y los padres siempre, siempre, influyen en la educación de sus hijos. Todos los padres. El problema no es que una niña sea musulmana, sino que los hay que no conciben nada bueno en esto, que lo rechazan. Es algo malo para las mujeres y hay que prohibirlo. Es una lástima que, en vez de defender y proteger a aquellas mujeres musulmanas que abogan por la liberación de la mujer dentro del mundo islámico sin renunciar al Islam, cosa que no van a hacer porque otros se lo digan, en vez de esto, se las acusa, se las persigue y se las condena tanto desde los sectores más integristas del Islam como desde Occidente. No tienen derecho a formar parte de un partido político por llevar velo. No pueden entrar en una escuela pública si llevan velo. No pueden ser personas con derecho a voto si son musulmanas. Etc. Es lo mismo que les pasa en Afganistán. En Occidente se las castiga por ser musulmanas y, en Afganistán, por ser mujeres. De hecho, en Occidente se las acusa por ambas cosas, por ser musulmanas y mujeres, ya que los hombres musulmanes no están sometidos a la misma persecución. Están condenadas en todas partes.
    Estoy de acuerdo con Alcotarelo en presionar a Marruecos para que no atente contra los derechos humanos en su país, así como es el caso de otros países que, tal vez por intereses económicos o estratétigos, no son condenados por sus abusos contra la población civil, ¡y no son islamistas!, como Cuba, Venezuela, …Sobre el tema de la lengua, estoy de acuerdo en que las únicas lenguas que deben usarse en actos de carácter público y oficial, por supuesto, son las lenguas oficiales del Estado. Otra cosa sí sería, también, la imposición de una minoría en pos de un rédito electoral.

    • alcotarelo

      Tal vez mi último escrito estaba poco matizado. Por supuesto que hay tatas situaciones diferentes como personas. Lo que trataba de decir es que al hablar de inmigración, no todos los inmigrantes son iguales. No podemos restringir el tema de la emigración a los musulmanes, aunque como decía esta comunidad plantea el problema de que su cultura es incompatible con los derechos de las mujeres.

      Respecto al velo insisto en que es un símbolo de dominación machista y de ocultación social de la mujer. Aunque es cierto que si una mujer de 23 años se lo quiere poner, la cuestión es diferente que en el caso de las menores de edad.

      Por otra parte, no confundamos la libertad religiosa, con la libertad de llevar una determinada prenda de vestir, y mucho menos de imponerlas o fomentarlas a los niños. Es como el supuesto derecho a construir minaretes que ya comentaamos anteriormente: no es un derecho religioso porque su regulación no limita ni el derecho a rezar, ni el derecho a creer.

      Es falso que prohibir el velo suponga “perseguir y condenar” a las “mujeres musulmanas que abogan por la liberación de la mujer dentro del mundo islámico sin renunciar al Islam”. De hecho, “en Occidente los hombres musulmanes no están sometidos a la misma [supuesta] persecución [más bien situación]” por el curioso detalle de que ellos no tienen que esconderse detrás un velo, sino que son ellos los que obligan a sus mujeres e hijas a ocultarse y existir solo para ellos, a no participar en la vida publica, a no ser nada.

      Con respecto a la educación en las escuelas, en mi opinión no debería darse clase ni de religión católica ni de ninguna otra religión, al menos en los colegios publicos y en los subvencionados con dinero público. Y eso no limita “el derecho de ningún padre a educar a sus hijos según sus creencias”. La escuela no es la única institucion educativa, para enseñar creencias está la familia (y la parroquia, la sinagoga o el templo). La escuela debe enseñar conocimientos objetivos. Luego se generan anacronismos como que los obispos contraten y despidan arbitrariamente a trabajadores contratados por la administración.

      Por último, por supuesto que los padres influimos en nuestros hijos. A veces no conseguimos inculcarles o transmitirles lo que queremos, pero en muchos aspectos influímos mucho más de lo que creemos y en ocasioness incluso más de lo que queremos para bien y para mal. Pero los padres no somos los dueños de nuestros hijos, sino responsables de ellos. La autoridad paterna y “el derecho a educar a nuestros hijos según nuestras creencias” tiene que estar limitado por el derecho de nuestros hijos e hijas al bienestar (físico y mental), a la dignidad, al aprendizaje y al crecimiento como personas.

    • alcotarelo

      Por último estoy de acuerdo en que el gobierno español debe tener una posición muchísimo más exigente también respecto al respeto de los derechos humanos no sólo con Marruecos, Argelia, Mauritania, Senegal o Guinea Ecuatorial, sino también con Cuba o Venezuela.

      Tal vez la dictadura con la que es más escandoloso que los países occidentales pasan por alto las violaciones de los derechos humanos, por intereses económicos, es China.

    • alcotarelo

      Opinión de Nikon el 24 de febrero:

      Nikon :
      He de discrepar de la opinión de Alcotarelo sobre muchas cuestiones, sobretodo aquellas en las que coloca a ingentes cantidades de población dentro de una determinada etiqueta y les otorga, sin duda alguna, determinados adjetivos, como que unos son más vagos que otros, que unos son más machistas que otros, que unos son más abiertos que otros, etc. Realmente, es difícil salirse de una etiqueta cuando te la imponen de forma tan gratuita.

      Opinión de Nikon el 26 de febrero:

      Nikon :
      En mi opinión, en la entrevista Rosa estuvo, como siempre, muy acertada. Sobre el uso del término “gallego”, en ese momento pensé que le tocaría dar explicaciones al día siguiente, precisamente porque en este país alguna gente, sobretodo algunos políticos y periodistas, que no el común de los mortales, que no es idiota, se quedan con este tipo de cosas. Y efectivamente. Sólo decir a Rosa que aproveche, que aproveche que, por una vez, la sacan en todo tipo de medios, no sólo para explicar el término, sino para seguir defendiendo aquello en lo cree. Todos saldremos ganando.

      Yo también creo que las palabras de Rosa Díez no pueden ser entendidas como un insulto ni de manera ofensiva, y que se trata de un escándalo absurdo y oportunista.

  • alcotarelo

    Respecto al uso del velo islámico por parte de Ilham Moussaïd en el parlamento francés, la cuestión tiene más matices además del hecho de si es mayor de edad, y por tanto dueña de sus actos.

    En España, en Francia y en Europa en general, es una norma social de respeto descubrirse la cabeza cuando se está en el interior de un edificio. No podríamos imaginar a ningún político acudiendo al parlamento con una gorra o un sombrero, y si lo hiciera sería una falta de respeto. Puede parecer arbitrario y a lo mejor lo es, pero es una grosería equivalente o mayor que cuando Aznar se quitó la chaqueta en la visita oficial a Cuba en presencia del rey.

    Cuando los reyes de España o el gobierno viajan a paises musulmanes la reina, la princesa y las ‘miembras’ del gobierno deben cubrirse la cabeza como signo de respeto. No así los hombres, que no están obligados a mostrar mayor recato que los de cualquier país occidental ni para ir por la calle, ni para acudir a actos solemnes ni para ir a la playa. Sin embargo, como decía anteriormente las mujeres occidentales en los países musulmanes se ven obligadas a condicionar su forma de vestir y actuar. Y lo hacen por respeto.

    Incluso si prescindiéramos del obvio significado de recogimiento y ocultación que tiene el velo islámico, y lo quisiéramos ver únicamente como un atuendo tradicional de una determinada cultura, resulta cuanto menos una falta de respeto utilizarlo en el interior de una parlamento, una oficina o un aula escolar de un país europeo. Ni a mí ni a mis compañeros de clase nos dejaron nunca llevar gorra dentro del aula, ni siquiera en los colegios públicos. Aplicar la prohibición de cubrirse la cabeza a unos alumnos sí y a otros no (ya sea por motivos religiosos, por suoperstición, o simplemente porque a uno le da simplemente la gana) es ciertamente discriminatorio.

    Si Ilham Moussaïd quiere lucir el velo (ya sea como expresión de su religión, su cultura o por cualquier otro motivo que considere), por respeto a las más elementales costumbres de la sociedad en la que vive, debería de restringir su uso a los espacios abiertos o la intimidad de sus domicilio. Y más tratándose de una sede parlamentaria que debería ser objeto del mayor respeto.

  • alcotarelo

    Las diferentes religiones regulan cuestiones de la vida cotidiana que van mucho más allá de las creencias y el culto o la oración en el ámbito privado (ya sea personal, familiar o colectivo). Ejemplos hay muchos, como no comer carne en los viernes de cuaresma (catolicismo), no comer carne de cerdo (musulamanes), no comer carne y leche en la misma comida (judaismo). O relativas a la vestimenta, como el velo, el chador y el burca islámico, o la barba sin afeitar de los judíos ortodoxos. Existen además multitud de religiones diferentes con infinidad de ramas e interpretaciones, cada de ellas con sus diferentes normas. Por otra parte, la libertad religiosa es individual, de modo que ni existen ni pueden existir una lista de religiones o credos oficiales o con más derechos que los demás. Es decir, cada persona es libre de creer en lo que quiera y en las normas religiosas que quiera. Tampoco está regulado un número mínimo de creyentes para constituirse en religión. Por tanto, pese a la dominancia de ciertas religiones, el principio legal de igualdad supone que todo el mundo debe tener derecho a que se respeten o no sus normas religiosas en igual medida, y también debería suponer el mismo derecho a que el estado le proporcione los mismos medios y facilidades.

    En el momento en que a una religión se le concenden casillas para recaudar la declaración e el IRPF o clases de la doctrina o religión que considere en los colegios, deberían concederseles las mismas condiciones a todas las creencias independientemente del número de creyentes. En eso consiste o debería consistir también ‘el ideal de ciudadanía’. En el momento en que consideramos que pueden existir tantas religiones o creencias como personas, resulta imposible que el estado o la administración conceda a todas ellas clases de su religión o creencia en los colegios, o una casilla propia en el IRPF. Por tanto, aunque la casilla del IRPF o la religión en los colegios públicos dejara de ser un derecho exclusivo de la iglesia católica y se extendiera a las demás religiones mayoritarias, ambas situaciones constituirán siempre un privilegio de una mayoría, en la medida en que es imposible facilitárselo a todos los ciudadanos.

    La libertad religiosa no puede consistir en tener más derecho que los demás a romper las normas. Se debe acotar a su verdadero contenido: el derecho a creer sin ser perseguido ni discriminado por ello. Y eso no significa que haya que modificar las normas urbanísticas a la carta para que los católicos construyan campanarios y los musulmanes minaretes en un ámbito en el que las normas urbanísticas establezcan pongamos por ejemplo una cierta altura de edificación. O que si en el interior de un colegio o de un parlamento hay que seguir unas normas de vestimenta (como llevar la cabeza descubierta) unos tengan obligación de cumplirlo y otros no.

    El mismo derecho a vestir libremente o a no comer ciertos alimentos en un comedor escolar debe tener una persona que aduzca o lo justifique por motivos religiosos, que una que aduzca cualquier otro tipo de motivos, ya sean de conciencia, de costumbre o simplemente personales (es decir simplemente porque le da la gana).

    Podremos discutir en todo caso, si un profesor puede exigir a sus alumnos llevar la cabeza descubierta o no en clase. O si los comedores escolares deben funcionar a la carta para garantizar el mismo derecho a todos de no comer los alimentos que consideren. Pero si se permite el derecho a llevar gorras, sombreros o pañuelos, o a que en lso comedores escoalres no se coma cerdo, se coma cordero, o ser vegetarino, ovolactovegetariano, no tomar carne ni lácteos en la misma comida, simplemente que las croquetas tengan que ser cuadradas y no redondas… tiene que permitirse para todos o para ninguno.

  • Nikon

    Alcotarelo, no creo haber defendido en ninguna parte de mi post la enseñanza de la religión en la escuela pública. No lo he dicho porque no opino así, lo has asumido tú, tal vez para colgarme algún otro estereotipo. Como he dicho, los conocimientos que se deben dar en la escuela pública han de ser comunes al conjunto del alumnado y, por tanto, defender una determinada religión es imponer un sesgo a dicha universalidad del conocimiento.

    Eso no tiene nada que ver con el atuendo de los alumnos. Porque, según tú, estamos hablando de un atuendo. Aunque el velo no es un simple “gorro”. Pero como lo asumimos como tal, o al menos así lo has hecho en una parte de tu post, le aplicamos las mismas normas. El problema de los gorros es cuando tapan la cara y no dejan ver a la persona, porque, si no, ¿qué importancia hay en que un alumno lleve gorro o no? El velo no tapa la cara de nadie. El burka, por ejemplo, sí lo hace. Y cuando hablamos de por qué establecer diferencias, te voy a poner otro ejemplo absurdo. Dime, si un chaval tiene un accidente en la cara y debe llevar una parte vendada, sería absurdo decirle que no puede entrar en la escuela por llevar esa venda. Ciertamente, el niño no entraría en clase porque su venda forma parte de sí mismo. Por tanto, el argumento de que las normas deben ser cumplidas a rajatabla depende de aquello que podemos considerar que entra o no en la norma. Si decimos que el velo es un atuendo como cualquier otro, es decir, que el problema no es su simbología religiosa, sino precisamente su calidad de atuendo, dime por qué en una escuela se obliga a llevar un atuendo que atenta contra la religión de una determinada gente. ¿No estaríamos hablando, entonces, de discriminación? Es decir, que hemos establecido la norma previamente a tener en cuenta a los musulmanes, es decir, que hemos añadido un sesgo antiislámico en la escuela pública. Si es una cuestión tan arbitraria como tú dices, sólo una norma tradicional, una costumbre nacional, no veo por qué sería tan difícil cambiarla atendiendo a las necesidades del conjunto de la población. Ah, eso no, hay que acatar las costumbres y los demás que se integren. Y como ejemplo de integración, pones a las mujeres occidentales que se tienen que “integrar” a la fuerza en los países integristas islámicos. ¿Quieres, por tanto, que nuestro Estado se comporte como Afganistán? Pero, ¿no hablabas antes de la libertad de las mujeres? ¿de protegerlas? Como decía una muy lúcida intelectual musulmana en un blog de Webislam: “Oye, no me protejas tanto”. Parece que la libertad hay que concedérsela según para qué. Que si lleva velo es porque la “obligan”, así que yo la voy a obligar a quitárselo. ¡Toma coherencia!

    El problema no es, en realidad, el velo en sí, como trozo de tela que cubre la cabeza. Seamos claros. El problema es que no aceptamos el uso del velo por parte de la mujer musulmana. Porque le adjudicamos un estereotipo y, éste, como tal, no siempre es cierto. Otra cosa es, por ejemplo, que una determinada religión se entrometa en los contenidos a enseñar en la escuela pública, sobre todo si su no enseñanza atenta contra los derechos humanos (como, por ejemplo, el derecho a la salud) y, en este caso, estoy en contra de que una alumna, sea o no musulmana, objete contra una determinada asignatura común, como la educación física. La salud física es una necesidad de la mujer, pero obligarla a no llevar velo no.

    Me dices que no se debe imponer a un niño una religión, que los padres no tienen derecho a decirle al niño lo que tiene que creer porque él no puede pensar por sí mismo. Entonces, ¿prohibimos la Navidad, festejo claramente religioso donde los niños son los protagonistas? ¿Prohibimos también los bautizos, comuniones y confirmaciones? Ah, no, que es costumbre nacional. Una niña no debe llevar velo, pero si en su casa quieren practicar el Ramadán, ¿ella lo puede practicar también? Y si no, ¿hay que prohibir el Ramadán? Y, por cierto, la ropa que llevan los niños es la que le compran sus padres, son ellos los que imponen siempre el atuendo, hasta, en su mayoría, la adolescencia.

    Vamos a ver, date cuenta de que lo que a ti te preocupa es lo que tú ves, no lo que no ves, aunque sepas que se da igualmente dentro de las casas. El problema es que el velo te incomoda a ti, porque lo ves, no porque pienses en el bienestar de la niña. Te incomoda el hecho de ver la religión en la calle o en la escuela, pero no porque se trate de imponer sino, sencillamente, por el hecho de existir en la vida pública. Para ti es escandaloso.
    Sobre eso que dices de que la musulmana adulta pueda llevar velo sólo en los espacios abiertos o en la intimidad, me recuerda al mismo discurso de los nacionalistas catalanes, valencianos, vascos, etc., al querer reducir el uso del castellano a los mismos ámbitos. ¡Qué cosas! A mí eso me daría qué pensar. Y te aseguro, por si ya me has colgado otro estereotipo, que no soy creyente.

  • alcotarelo

    Yo no digo que el velo sea como un gorro cualquiera. mantengo que esconde detrás un significado de machismo y ocultación de la mujer. Por este motivo me parece bien que se limite o prohiba su uso como en Francia.

    Lo que sí planteo es que en el tratamiento que deben tener cuestiones como la indumentaria o la comida en los colegios, no deben hacerse excepciones por motivos religiosos. La regulación de la libertades personales (y entre ellas la de la vestimenta en los colegios) deben ser iguales para todos.

    Los motivos médicos son actualmente una motivo de excepción para las limitaciones en la vestimenta y en las comidas escolares. Creo que es lógico que sigan siendolo. No así los motivos religiosos.

    No niego la capacidad de los padres para educar a los hijos según sus creencias. Por tanto no propongo prohibir la navidad. Sólo planteo que deben de hacerlo en la familia y fuera del colegio. Y también que este derecho debe estar supeditado a ciertas normas. Si una religión, como la musulmana, contiene preceptos machistas, o humillanates o contrarios a la libertad de la mujer (o a cualquiera de los derechos humanos), obviamente la enseñanza de esa religión debe controlarse y limitarse.

    Respecto a tu defensa de la educación religiosa en los colegios, primero decías una cosa (“la escuela [...] no [debe transmitir] creencias religiosas o ideologías totalitarias”) para luego exponer la contraria (“Sin embargo, los alumnos pueden cursar la religión que quieran, así como la ideología que quieran”). No lo pensarás, pero lo has dicho tú. No me lo he inventado, y menos para colgarte ningún estereotipo (algo que sin embargo, tú si te permites hacer conmigo). En cualquier caso me alegro de ver que al menos coincidimos en algo.

    Dices que a mí me importa solo lo que veo. No es así. Yo propongo que en casos como del alumno musulmán de mi amiga, deberían de existir protocolos y mecanismos para detectar posibles humillaciones de las niñas en el seno de las familias.

    Sin embargo, es a ti a quien realmente te importa un bledo lo que no ves. ¿Qué propones hacer con las niñas de familias musulmanas sometidas en sus casas a una educación machista y de negación de su persona?.

  • Nikon

    En primer lugar, la diferencia entre los contenidos que se enseñan y el alumno que acude a la escuela es fundamental. Lo he dicho antes, la escuela es laica, pero el alumno no tiene por qué serlo. Los chavales entran en la escuela con todas sus categorías identitarias. Todos y cada uno de ellos. Estas categorías pueden ser ideológicas, culturales o religiosas. Lo bonito de la escuela pública es que admite a todos los ciudadanos en edad escolar, con sus identidades particulares, y les enseña a convivir. La homogeneización visual de los alumnos nunca me ha parecido nada educativa (tampoco entiendo qué tienen de educativos los uniformes, no lo he entendido nunca, ya que oculta al alumno, los “iguala virtualmente”, de cara a la galería, los disfraza, en definitiva).

    No me gusta que se abuse de ningún niño, ni dentro ni fuera de casa. Desgraciadamente, muy pocas veces se controla lo que pasa dentro de las casas. El problema es que, sólo por ser musulmanes, opinas que los padres tienen que abusar necesariamente de sus hijas, en el sentido de ser humilladas y condenadas. Me parece bien que se tengan en cuenta aquellos casos en que se den esas circunstancias, pero opino que llevar velo no es sinónimo de ello. Sigo pensando que haces una distinción especial entre Islam y cualquier otra ideología, sea ésta o no religiosa, que pueda cursar una familia, que el Islam es mucho más peligroso, más misógino, más totalitario. Partes de esa premisa y luego derivas el resto. Yo te niego la principal. El velo no tiene por qué ser un velo de sumisión. No creo que Aminatu Haidar se sienta obligada a llevarlo, ya que ha demostrado ser capaz de luchar contra cualquier tipo de opresión. Fíjate, sin embargo, cómo desde aquí la critican por llevarlo:
    http://www.laicismo.org/PHP/p_documento.php?id=10777
    Es mucha la gente incapaz de aceptar que esta mujer tan valiente lleve el velo porque quiere hacerlo. No hay evidencia alguna de esa presunta sumisión y, ciertamente, la personalidad de Haidar hace pensar lo contrario, y es por esto que estamos hablando de un prejuicio y no de un argumento fundado. Tampoco lo creo en el caso de la protagonista del artículo. Del mismo modo, opino que si se da el caso en mujeres adultas, también se puede dar el caso en las adolescentes. Sobre aquello de que te molesta verlo, tal vez me haya equivocado contigo y no sea tu caso, es cierto, pero he escuchado muchas veces, tanto a mujeres como a hombres, decir que les da rabia ver a una mujer con velo y que, si pudieran, se lo “arrancarían” de la cabeza. Lo he oído así, de forma literal. Y entonces siempre me pregunto a qué viene ese odio hacia un trozo de tela. Tengo que asumir que se debe al conjunto de prejuicios hacia el Islam, que incluyen la misoginia sine qua non. Verás, entre los musulmanes hay de dos tipos: los integristas, que hacen una interpretación maniquea del Corán, y los musulmanes moderados, entre los que se encuentran los movimientos feministas musulmanes. En ambos lados, muchas mujeres llevan velo. Fíjate que los integristas se encuentran en su mayor parte en estados totalitarios teocráticos y los moderados viven en Occidente, donde nosotros estamos, que es donde se garantizan las libertades. Por tanto, es más facil pensar que la mujer que lleva velo en Occidente lo lleva porque le da la gana, ya que el Estado, supuestamente, garantiza sus libertades fundamentales. Si crees que eso no es así, pregúntate en qué falla el Estado y no en qué falla el Islam.

  • alcotarelo

    En mi infancia, fui durante dos años a un colegio con uniforme, y aquello no me gustó nada. Estoy de acuerdo contigo en que el uniforme tiene una carga de autoritarismo y restricción de la libertad personal a vestir como uno quiere muy fuerte. Luego cambié de colegio y fui a otro sin uniforme. Y allí me dí cuenta de que sin embargo, el uniforme tiene la ventaja de que evita ciertas conductas sociales excluyentes e indeseables, como aquellos alumnos que hacen la ostentación de vestir con marcas para diferenciarse, y miran mal o excluyen a los que no las llevan.

    No soy partidario de que nadie le arranque nada a nadie de ningún sitio. Para eso (no pensemos sólo en la hipotética o posible prohibición del velo, sino también por ejemplo en los símbolos y la vestimenta neonazi que de hecho ya está prohibida) están las normas que deben ser consensuadas por la sociedad, los agentes de la autoridad (policías, y ahora también profesores) para aplicarlas y la justicia para controlar que se aplican con garantías, sin abusos y conforme a la ley o la norma.

    No creo que el control de las enseñanzas y la educación de los niños en las familias debe realizarse sólo con las familias musulmanas. Ni creo que todas las familias musulmanas deban ser estigmatizdas ni juzgadas sin causa. Pero sí me preocupa mucho la carga machista y de negación de la mujer como persona que tiene el islam en general. Existen muchas otras culturas fuertemente machistas, como la china o la japonesa, que también suponen el mismo problema aunque haya menos inmigrantes de esos países en España (al menos los japoneses).

    Es falso que todos los musulmanes extremistas se encuentren en sus países de origen y que en Europa vivan sólo los moderados. De hecho, en muchas ocasiones (no en todas afortundamente) son más rígidas y conservan más acentuadas y de forma más extremista sus tradiciones las familias de emigrantes que viven fuera de sus países, que la sociedad de sus porpios países de origen. Esto es así, porque frecuentemente tratan de vivir conforme a como ellos recuerdan que se vivía en sus países antes de que emigraran, y no han participado de la evolución social de su país. Este fenómeno se aprecia más en otros países europeos que han recibido inmigrantes desde hace más tiempo que España, y no es fenómeno que afecte sólo a los musulmanes.

    Yo soy partidario, de prohibir al menos llevar todo tipo de gorros y prendas en la cabeza en el interior de las aulas escolares. Y creo que en un parlamento no debería de llevarse por respeto.

  • jjms

    Yo creo que la prohibición del uso en público de indumentaria islámica que oculte el rostro de las mujeres es perfectamente legítima. Todos debemos de poder saber con quién nos cruzamos por la calle y no deberíamos permitir formas “modernas” de “embozo” que ocultan la identidad de las personas, tan al uso en nuestro siglo de oro por parte de espadachines y malhechores.

    ¿Podría ir cualquiera por la calle con una media femenina colocada en la cabeza y con sus facciones desfiguradas por la presión que el tejido ejerce sobre los músculos de la cara, ocultando sus rasgos fisonómicos?

    Otra cosa es un tocado que deje a la vista el contorno de la cara, como las religiosas católicas que aún visten sus tocados por la calle. No veo problema en ello, como no veo problema en que una “tribu punk” luzca sus penachos, sus cadenas o sus tachuelas.

    Pero estamos hablando de la vía pública. De la misma forma que entiendo y apoyo que en los colegios públicos no se exhiban crucifijos, entiendo que en este mismo tipo de centros también debería de estar prohibida la exhibición de otros signos externos de otras religiones como lo puede ser el pañuelo islámico femenino, aunque este no tape la cara.

    De la misma forma se puede exigir que los profesores y los alumnos acudan a los centros formativos o los trabajadores a sus puestos de trabajo, en unas determinadas condiciones de aseo, decoro e imagen.

    Igualmente entiendo que es aceptable la exhibición de este tipo de símbolos religiosos en centros religiosos, sean colegios o templos, sean concertados o subvencionados.

    Esto en cuanto se refiere a un enfoque serio y razonable -a mi juicio- de un laicismo no anti-algo (anti-clerical, por ejemplo), en lo tocante al uso y exhibición de estos símbolos religiosos que creo que no deberían de suponer más problema que el derivado de una simple aplicación de un mínimo de sentido común en TODOS los ciudadanos, gobernantes y gobernados.

    Pero tengo la impresión de que el titular de este blog no encaminaba la entrada actual a meditar sobre estos aspectos secundarios. Leído en su totalidad el reportaje de El País, llego a la conclusión de que es irrelevante la noticia en sí, al no tratarse más que de una cuarta candidata sin expectativas de resultar elegida, de una lista a unas elecciones regionales y de una agrupación local de un residual partido radical trotskista. Es como si aquí leyéramos con estupor una noticia sobre un candidato de bulto de una lista residual de una elección municipal o autonómica. No tiene recorrido.

    Respecto de incoherencias y absurdos de partidos políticos, y no precisamente residuales, sabemos bastante por estos pagos, por lo que no entiendo qué tiene de especial esta candidata que nos pueda llamar más la atención por ejemplo, que el actual portavoz de IU que justificaba su desconocimiento de la figura de Don Sabino Fernández Campos por haber estado dedicado a la política en su ámbito municipal. Insisto, por ejemplo, aunque caben recientes posiciones anti-nucleares del PP, o pensionazos, reformas laborales de quita y pon, deducciones fiscales que no son tales y desvaríos varios de ZetaPero.

    Lo que no termino de entender en el escrito son varias frases que me descolocan, a saber: La referencia que se hace a Le Pen y a su frente nacional añadiendo que es “republicano sólo de nombre”, no le alcanzo el sentido que quiere el autor darle. No sé si se refiere al republicanismo como lo entendemos en España, que parece ser único referente de determinada izquierda nostálgica y radical. O si lo menciona como si la “cosa pública” –Res Pública- fuera una garantía de democracia y tolerancia en confrontación al totalitarismo y xenofobia de Le Pen.

    Me llama también la atención cómo Carlos, después de casi embarrancar en arenas de tan poco calado como la noticia que nos presenta, infiere que el laicismo está en peligro en Francia. De la misma manera se podría colegir lo propio en el caso de España después de valorar las intervenciones políticas que tan a menudo hacen los portavoces y miembros de la Conferencia episcopal sobre la actualidad política de nuestro País, por ejemplo. Pero creo que a ninguno se nos escapa que no es el caso.

    Por último, su afirmación de “que la fuerte centralización del Estado no es ese antídoto eficaz que algunos creen frente a las ofensivas contra el ideal de ciudadanía.” se me antoja cuando menos atrevido, si no infundado.

    No entiendo qué tiene que ver una organización centralizada de un estado democrático con antídotos eficaces contra ofensivas que puedan atacar el ideal de ciudadanía. Un estado centralista puede ser un antídoto contra veleidades regionalistas-nazi-onaNistas, contra la descoordinación de administraciones guiadas por intereses espurios de determinadas facciones políticas (incluso en el propio seno de un solo partido político –PSC/PSOE-) o contra dispendios y derroches descontrolados e injustificados que en nada benefician a los ciudadanos, pero contra ataques a un supuesto ideal de ciudadanía, no lo veo por más vueltas que le doy.

    Claro que al igual que un Estado fuertemente centralizado no es antídoto para lo que se menciona, otro Estado Federal Cooperativo de Baja Intensidad, tampoco veo por qué sí tiene que serlo. Considero que en este punto, el autor ha pretendido aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid, para colarnos “de rondón” una coartada que no es válida para justificar nuestro recién adoptado federalismo.

    ¿Se podría haber razonado de igual forma que el republicanismo Francés, por todo lo que el autor expone, tampoco es un antídoto contra estos supuestos ataques al ideal de ciudadanía? ¿Sería mejor, por tanto, la Monarquía Parlamentaria española actual? Yo creo que no es válido el razonamiento, ni el primero del autor, ni este último mío. Nada tienen que ver las churras con las merinas, salvo que ambas son razas bovinas.

  • Nikon

    Alcotarelo, ¿no crees que si en la escuela hay niños que alardean de marca y tratan de excluir a otros, hay que educarles en que no lo hagan y no disfrazarlos con un uniforme? Lo digo porque cuando se integren en la sociedad adulta, cuando tengan la libertad de vestir como quieran, lo seguirán haciendo si no se les ha educado antes en este aspecto. Este es un ejemplo más del “proteccionismo” contraproducente que se genera del artículo y de otros muchos comentarios. La vestimenta nazi sí que puede ofender a otros, en especial a alumnos judíos, porque los menosprecia de forma literal, sin concesiones. No hay nazi que no desprecie a los judíos. Aún así, también resulta interesante que niños pronazis se presenten como tales, ya que así sabemos qué tipo de ideales defienden y se les puede educar en el sentido contrario. La escuela no ha de ser un lugar de ocultamiento, sino de educación común aceptando la diferencia. La vestimenta religiosa no debería ofender a los demás, tan sólo aquella conductas inaceptables que son llevadas a cabo en nombre de la religión. Como maestra, opino que disfrazar a los alumnos no elimina su forma de pensar, al contrario, al imponerles un determinado código de vestimenta, se reafirman en su propia identidad todavía más. No se les educa en la convivencia, se les educa en la ocultación y eso es una hipocresía.

    Sobre el asunto del velo, y ya que opinas que esa norma de la cabeza descubierta es tan, tan necesaria, ¿crees que una niña tratada con quimioterapia y que ha perdido el pelo debe ir a la escuela obligatoriamente sin pañuelo, ya que sólo lo hace por razones estéticas y no por motivos de salud? ¿No crees que sería injusto? Pues piensa que las chicas educadas en el Islam piensan de la misma manera, se sienten “expuestas” en contra de su voluntad en algunos casos y, en otros, se sienten rechazadas por el hecho de ser musulmanas. Creo que no se deben producir este tipo de situaciones en la escuela pública. Yo no creo necesario tener que arrancarle un colgante cristiano a un niño, o su medallita de la comunión. No hace ningún daño a nadie y no está imponiendo nada a los demás. En cambio, colgar un crucifijo en una pared de la clase sí lo es. No entiendo por qué se quiere confundir ambas cosas. Creo que, en el último caso, estamos hablando de promover el laicismo en la escuela y, en el primer caso, en imponer el abandono de la religión en los alumnos.

    Por cierto, es cierto que en Occidente también hay integristas, pero también es cierto que sólo en estados laicos y democráticos se puede favorecer la aparición de un Islam compatible con la democracia y es por ello que es aquí donde aparecen principalente los movimientos musulmanes no excluyentes, no fundamentalistas, muchos de ellos también feministas. Ésa es la diferencia: las leyes del Estado en las que viven los ciudadanos, tengan éstos la religión que tengan.

    Jjms, Carlos da importancia a esta mujer porque representa una simbología religiosa. Porque considera que no debería ostentarla si quiere pertenecer a un partido político. Por eso también se escandaliza con la categoría de “musulmanes franceses”. Sin embargo, hay una diferencia entre llevar velo, que se hace a título personal, y promover un partido político basado en preceptos religiosos. Llevar un atuendo religioso es una decisión personal, en cambio, presentar unas ideas políticas basadas en una religión impide la adecuada separación de Iglesia y Estado. Sin embargo, me extraña que no condene igualmente a todos los partidos democristianos de Occidente, bajo la misma argumentación.

    No debemos negar que una parte del rechazo ante al Islam lo hacemos ante el miedo. No debemos confundir la defensa inquebrantable de la democracia y los derechos humanos con el miedo al “extraño”. Es por eso que es tan importante diferenciar entre el uso privado y el público de la religión, una diferencia que no es equivalente con aquella que distingue entre la práctica de la religión dentro y fuera de casa, sino con el hecho de practicar la religión como decisión individual, propia de cada ciudadano, o como decisión política (para gobernarnos a todos). Como dice Carlos, no sería justo que los musulmanes tuvieran una serie de priviliegios (y no me refiero a formas de organización entre ellos, como pueda ser poner puestos de alimentos con certificación halal y cosas por el estilo, no confundamos, sino a “privilegios” en la forma de tributar, de aplicar la enseñanza pública, de recaudar fondos públicos para sus ceremonias religiosas, etc., cosa que sí pasa con la religión católica y que no debería estar permitido). Hay que aceptar ciertas normas de convivencia, donde todos tengamos los mismos derechos y deberes, no la misma forma de vida, es decir, siempre y cuando estas normas permitan el uso a modo privado de cualquier religión, ideología o costumbre que no atente contra la libertad del resto.

    Y por último, ¿no es la nuestra, seamos o no religiosos, una sociedad profundamente machista? ¿No es cierto que, aunque se habla mucho de los derechos de las mujeres, a efectos prácticos no hemos conseguido que se respeten siempre? ¿Debemos, por tanto, rechazar nuestro modo de vida? El machismo es un asunto pendiente del conjunto de la humanidad. Está presente en todas las religiones, pero también en las leyes de mercado, en los valores imperantes en contra de la maternidad, igualando incluso físicamente la mujer al hombre (véase, por ejemplo, la incidencia de la anorexia y bulimia en nuestra avanzadísima sociedad, etc.). No me gusta que se alardee que nuestra sociedad prima la libertad de las mujeres cuando eso no es cierto en tantos casos, cuando hay prejuicios de fondo que también nos “definen”. Por supuesto que tienen más libertad que en Afganistán. También los hombres tienen más derechos aquí que en países dictatoriales. Esto de la “superioridad” de algunas sociedades sobre otras es injusto. Hay que hablar de leyes más o menos justas, pero no de sociedades o de referentes culturales o identitarios más o menos buenos, porque en todas las comunidades se comenten injusticias. Mucho cuidado al confundir estas cosas, porque de aquí al nacionalismo excluyente, como bien decía Carlos, sólo hay un paso.

  • alcotarelo

    Estoy de acuerdo con jjms en que es cuanto menos absurdo pretender que un estado centralizado es mejor “antídoto frente a las ofensivas contra el ideal de ciudadanía” que uno federal. Carlos no apoya esta afirmación en ningún tipo de hecho, ni razonamiento lógico.

    Esta afirmación resulta especialmente curiosa tendiendo en cuenta que el sistema autonómico español se basa en una división administrativa en la que se atribuyen derechos históricos a los territorios. Y que en muchas ocasiones (como en el uso de las lenguas y los procesos de “normalización lingüisitca) se anteponen los derechos de esos territorios a los derechos de los ciudadanos. Por tanto, es difícil imaginar un sistema político o un modelo de estado que pisotee más el ‘ideal de ciudadanía’ que el español.

    Y es curiosa además esta crítica al modelo francés, vieniendo de alguien que propone mantener lo que de federal tiene el modelo actual, manteniendo los mismos núcleos de poder de las autonomías actuales, que son los mismos que pisotean sistemáticamente ese ideal de ciudadanía.

    Me llama la atención, que al leer el texto de Carlos nadie más haya considerado importante esta cuestión. En mi opinión, antes de plantear la reforma del estado, el modelo territorial, la administración y el sistema político… deberíamos plantearnos cuales son los objetivos que pretendemos con esa reforma. Y uno de los más importantes debería de ser, en mi opinión, precisamente devolver al ciudadano el papel protagonista como titular de derechos y obligaciones. Es decir, recuperar ‘el ideal de ciudadanía’ del que habla Carlos.

    En mi opinión, un modelo de estado federal que mantenga un poder fuerte de las élites nacionalistas en las comunidades autónomas actuales consideradas arbitrariamente ‘históricas’, frente al poder del propio estado, no puede garantizar ni proteger ese ‘ideal de ciudadanía’.

  • alcotarelo

    Nikon :
    ¿No es la nuestra, seamos o no religiosos, una sociedad profundamente machista? ¿No es cierto que, aunque se habla mucho de los derechos de las mujeres, a efectos prácticos no hemos conseguido que se respeten siempre? ¿Debemos, por tanto, rechazar nuestro modo de vida? El machismo es un asunto pendiente del conjunto de la humanidad. Está presente en todas las religiones.

    Aunque en nuestra sociedad actual perviven ciertas conductas machistas (existen también ciertas conductas feministas y de discriminación del hombre, especialmente por parte de la administración aunque no sea políticamente correcto hablar de ellas), no se puede describir ni definir a nuestra sociedad como machista. No existen ni ha existido nunca, ninguna sociedad en la que los derechos de la mujer y su papel en la sociedad sea comparable. Aunque todavía son mayoría los hombres en ciertos puestos de responsabilidad política y empresarial, los derechos de la mujer están reconocidos por la ley y son asumidos y respetados por la sociedad. Comparando nuestra sociedad actual, con los diferentes tipos de sociedades existentes en el mundo (como la musulmana) no es posible describirla en absoluto como una sociedad machista. Y menos igualarla a las sociedades musulmanas.

    En cuanto, a la hipótesis de la niña tratada con quimioterapia, en mi opinión sí se podría enfocar como una excepción médica y podría permitirse. Aunque es cierto que en cualquier ámbito, cuando se regula cualquier cuestión, siempre surgen casos particulares dudosos que con la norma ven limitada su libertad por culpa de la necesidad de regular aquellas otras situaciones indeseables que hicieron necesario instituir la norma.

    En cuanto a lo de los niños que alardean de marca, o a los que visten con símbolos neonazis, yo creo que obligarles a ir con un uniforme o a no vestir esas prendas, no significa limitarse a tapar el problema, sino que la propia prohibición o regulación tiene también una función educativa (y que conste que no me declaro necesariamente defensor de los uniformes escolares, como tampoco contrario a ellos).

    Por último, no soy partidario de ‘arrancar colgantes’ a nadie.

  • Nikon

    Creo que cuando Carlos habla de la propuesta de Le Pen, se refiere a una de corte centralista nacionalista, que exacerba los “sentimientos patrios” por encima de cualquier otra ideología, religión o corriente de pensamiento. Algo parecido a lo que sucede en algunas comunidades autónomas españolas, donde se tiene que hablar una determinada lengua, ser nacionalista y antiespañol, so pena de no ser considerado un buen patriota. Independientemente del modelo vertebrador de un estado, el mismo debe garantizar a sus ciudadanos los mismos deberes y obligaciones con independencia de su adscripción ideológica, lingüística, sexual, religiosa o cultural.

    Alcotarelo, resulta que sí hay excepciones para ti en la aplicación de la norma de la cabeza descubierta. Si hay excepciones, no es una norma justa. Por otro lado, afirmas que no se debe obligar a los alumnos a quitarse de encima un crucifijo o medalla cristiana, pero sí hay que quitar el velo islámico. Ambos se utilizan en el ámbito privado, pero se ve que hay símbolos religiosos que te incomodan más que otros. Así pues, tu norma, en este sentido, sigue siendo injusta, porque no se aplica a todos por igual. Y si no es justa, hay que reformularla, ¿no te parece? Por cierto, imponer nunca es educativo. Hay que aceptar unas normas sociales, pero siempre y cuando éstas sean iguales para todos y sirvan para favorecer la convivencia, que no es siempre sinónimo a “eliminar conflictos”.

    Supongo que cuando dices que nuestra sociedad no es machista excluyes de ella a todos los musulmanes que viven en ella, pues para ti Islam es incompatible con respeto a los derechos humanos. Ahora bien, no hace mucho que en nuestra España se impedía a las mujeres que enseñaran las piernas, no se les permitía ser independientes económicamente del marido y debían soportar el maltrato físico y psicológico de sus maridos sin rechistar. Sin embargo, esta España no tan lejana no era islamista. Además, ahora han aparecido nuevas corrientes de opresión, tal es la explotación de la mujer como objeto sexual (con “modas” que atentan contra la salud de la mujer, como un zapato de tacón de 10 cm de alto o el bótox en los labios), así como alabar la hiperresponsabilidad de la mujer dentro y fuera de casa (la nueva “superwoman”, que lo sabe hacer todo y, por tanto, lo “debe” hacer todo). Estoy de acuerdo contigo en que una ley que “regale” un puesto de trabajo a alguien por ser mujer es una medida terriblemente injusta para el hombre y, también, sigue siendo el reflejo de una sociedad machista, pues opino que una mujer debe poder optar a un puesto por su calidad profesional y no por su condición de mujer, igual que no se la debe despedir tampoco por este último motivo. Si concluimos que el trabajo se debe “regalar” es porque suponemos que la mujer, de alguna forma, “no lo merece”.

    Lo bueno que tiene Occidente es la democracia y la laicidad. Lo que convierte a algunos países en violadores de los derechos fundamentales de las mujeres es la teocracia, ya que todas, todas las religiones son machistas si se les deja serlo y no lo son si viven en un país demócrata, ya que se “adaptan” al clima imperante. ¿Crees que en China, tan contraria a todo tipo de religiones, incluída la budista, no son machistas? Lo son porque viven en una dictadura, donde el respeto por los derechos humanos brilla por su ausencia. No confundamos, pues, un creyente de una determinada religión con un totalitario. No comparemos religiones, cuando ellas son meros instrumentos, igual que las ideologías. Si excluimos a cualquier creyente de nuestra sociedad por el mero hecho de serlo, estamos aplicando el ya citado “nacionalismo excluyente” por motivos religiosos, y eso es un error.

    Os dejo sobre el tema del velo a otros que se explican mejor que yo.
    Aquí va un artículo muy interesante de Jorge Urdánoz:
    http://www.elpais.com/articulo/opinion/velo/cruz/elpepuopi/20091202elpepiopi_12/Tes

    Aquí una entrevista de mi muy respetado Fernando Savater:
    http://bibliotecaesceptica.wordpress.com/2009/02/02/el-hereje-entrevista-a-fernando-savater/

    Y sobre la compatibilidad de Islam y democracia, los siguientes:
    http://www.mundoarabe.org/islam_y_sharia.htm
    http://www.letraslibres.com/index.php?art=12529

  • alcotarelo

    Nikon. Por supuesto que, en mi opinión, podría haber excepciones a la norma de llevar la cabeza descubierta en las aulas. Yo creo que los motivos médicos o de enfermedad deberían ser una una excepción válida.

    Sin embargo, estoy en contra de que se emplee la religión como excusa para establecer limitaciones a este tipo de normas. En mi opinión la libertad religiosa no debería tener nada que ver con establecer excepciones por motivos religiosos en todo este tipo de cuestiones (vestimenta, cuestiones escolares como la comida) por encima de la libertad que tenga cualquier otra persona por motivos simplemente personales o de conciencia.

    Imponer sí puede ser educativo. Es más, no se puede educar sin imponer al menos normas de educación y respeto. Aprender desde la infancia a asumir normas es importante. Otra cosa es que todas las normas deben ser justificadas y razonables.

    Mantengo que las sociedades musulmanas no son comparables a las occidentales en el respeto a los derechos humanos, y particularmente en el respeto a los derechos de la mujer. Los derechos humanos y conceptos como la igualdad que aparecen tras la revolución francesa en Europa (y también en países de otros continentes pero con cultura de origen europeo) tienen su base filosófica en el pensamiento cristiano (todos somos hijos de Dios y por tanto todos somos iguales). Otras culturas y otras religiones no comparten este pensamiento (por ejemplo en la religión judía, hay un pueblo elegido por Dios que por tanto es superior a los demás). Por tanto, la tolerancia intercultural e interreligiosa debe supeditarse a la exigencia de ciertas condiciones, como el respeto a la integridad de la mujer como persona.

    Cuando digo, no soy partidario de “arrancar colgantes”. Esa expresión es exagerada y da a entender una humillación pública a la que no es necesario someter a nadie. Por ejemplo, ni siquiera a una persona que vista con indumentaria neonazi, ni siquiera la policía puede desnudarla en público ni arrancarle nada en público, porque eso es humillante y las cosas se pueden y se deben hacer siempre de otro modo.

    En cualquier caso, no estoy en contra de que nadie puede llevar o vestir símbolos religiosos o de cualquier otro tipo (como un colgante con un crucifijo o una estrella de David por ejemplo). Pero en el caso, de que ese símbolo (sea o no religioso) tenga un carácter insultante o ofensivo o contrario a nuestros principios de respeto y tolerancia (como una Svastica por ejemplo), debería de prohibirse (y ejecutarse la prohibición de la forma más respetuosa y menos ofensiva posible), como de hecho se hace ya actualmente con los símbolos neonazis.

    Ahora bien, si llegáramos a la conclusión de que los símbolos religiosos musulmanes o de cualquier otra religión son contrarios a la libertad de la mujer (como el velo), habría que prohibirlos o limitar su uso también.

    En este sentido, mientras que encuentro que el velo sí tiene un obvio significado despectivo de ocultar a la persona de la vista de los demás por el hecho de ser mujer (por lo que en mi opinión no hay duda de que su uso debe limitarse, al menos en los colegios, como por otra parte debe hacerse en mi opinión con cualquier otro gorro o similar dentro de un aula), en principio entiendo que los símbolos musulmanes no tienen ese significado, al menos de forma tan evidente y directa.

  • Nikon

    Bien argumentado, Alcotarelo. Si bien no nos pondremos de acuerdo en el tema de prohibir el velo, sí lo estoy con el conjunto de tu post. Por supuesto que la ocultación del pelo de la mujer y no del hombre genera entronca con elementos machistas (aunque hay elementos mucho peores que el velo en este sentido en el Corán y, por supuesto, deberían reformularse), aunque también se da en otras culturas, como en la India. Ahora bien, la diferencia está en el hecho de que yo no soy partidaria de “integrar” a la fuerza. Creo que la integración es más paulatina y que el velo se lo ha de quitar la mujer por voluntad propia y no por imposición externa. Creo firmemente en que vivir en un estado demócrata de facto, es decir, que luche de verdad por la libertad y la igualdad de sus ciudadanos conlleva la profunda revisión de valores, extranjeros o no, contrarios a la democracia y suaviza las posturas. Siempre y cuando, como he dicho, seamos firmes en dicha defensa y no relativicemos conductas que atenten contra la libertad del resto. Soy del lema de “vive y deja vivir” y en contra del proteccionismo a la fuerza. Recordemos que los árabes han dado muestras de ser civilizados, más incluso que los cristianos en la Edad Media, en muchas ocasiones a lo largo de la historia. Intentemos repetir esos momentos de enriquecimiento cultural y no avivemos el crudo enfrentamiento entre religiones, que, opino, no lleva a ninguna parte.
    Por último, ciertamente, si existe una norma en una escuela, ésta se debe cumplir. En ningún colegio de los que he trabajado aparece dentro del régimen de reglamento interno el uso o no de gorros dentro de clase. Pero, si en una escuela se impone dicha norma, igual que si en otra se impone llevar uniforme, por supuesto que se debe cumplir. Sin embargo, conviene pensar en si ello incumple o no los preceptos constitucionales sobre no discriminar por razones religiosas. Las normas se adoptan por algún motivo razonable y consensuado entre todos. ¿No crees que, siempre que esté garantizada por el estado la libertad de la mujer de vestir como quiera, si ésta decide llevar el velo por voluntad propia, ya no hay discriminación sexual? ¿No crees que si a una mujer se la obliga a quitarse el velo se está atentando contra su libertad religiosa y, al mismo tiempo, dado que dicha indumentaria la lleva sólo la mujer, no lo estamos haciendo también por razón de sexo, a pesar de querer todo lo contrario?

    Bueno, acabo porque sé que tú no vas a estar de acuerdo con esto. De todas formas, es un placer debatir contigo de forma tan razonable. Ojalá en este país se debatiera más a fondo en dichos términos y no a base de insultos.

  • alcotarelo

    Me alegro de ver que aunque no estemos de acuerdo en lo del velo, al menos lo estamos en otras cuestiones como la libertad para vestir o llevar símbolos (mientras sean respetuosos), o en eliminar los símbolos religiosos de los espacios públicos, o que en los colegios públicos no se enseñe ninguna religión…

    Lo que creo respecto al velo, es que no veo lo significa o cómo se materializa que “la mujer [se quite el velo] por voluntad propia y no por imposición externa” en el caso de las menores de edad. Por eso yo soy partidario de que se prohíba al menos su uso en los espacios cerrados o interiores de los colegios.

    Igualmente, también considero un placer debatir contigo. Y comparto el deseo de que en este país se debata más en base a argumentos razonados y no a insultos, como suele suceder tanto en el debate político.