Archivo Febrero, 2010
Cuba y el hambre como instrumento de opresión politica
Por CarlosMG - Uncategorized - 26 Febrero 2010
El castrismo es un régimen homicida que perdura a base de reducir al hambre a una población sometida. Llevando esta lógica a su consumación, ha dejado morir de hambre a un preso político, Orlando Zapata. Así se cierra el bucle de la absoluta perversidad del régimen: su perduración depende de la extenuación de Cuba, y para que vivan los Castro y sus sicarios de los cubanos unos se mueren poco a poco y otros más rápidamente (Zapata, 85 días de huelga de hambre), pero todos de lo mismo: de un hambre útil para oprimir con las mínimas protestas. Y también del colaboracionismo de gobiernos como el español, por cierto. ¿Valen los intereses de las empresas turísticas y hoteleras españolas la vida de un solo cubano y el hambre de la mayoría?
Galicia, ¿ofendida por Rosa Díez o sumisa a la tontería?
En la entrevista que le hacía Iñaki Gabilondo en Canal +, Rosa Díez dijo una bilbainada (¡huy, perdón!, no quería ofender a Bilbao), a saber: que UPyD es un partido necesario. Véase el minuto 8´20´´. Sin embargo, ni el ayuntamiento de la villa vizcaína, ni las fuerzas vivas del lugar, famosas por su buena imagen de sí mismos, han organizado alboroto alguno ni exigido rectificación alguna. En franco –perdón a los “francos”- contraste, en Galicia han montado un enorme pandemónium por su afirmación de que Zapatero es un “gallego en el sentido más peyorativo”. ¿Cuál es ese sentido peyorativo?: el del chiste: un gallego es ese señor que te encuentras en la escalera y no sabes si está subiendo o bajando. Es decir, un artista del disimulo, del cálculo y de la reserva (y viceversa). ¿Es eso insultante y ofensivo? Pues depende para quién, desde luego. La moda de lo políticamente correcto condena expresiones proverbiales tan arraigadas como la empleada por Rosa para describir, gráficamente, un rasgo inequívoco de la personalidad de José Luis Rodríguez Zapatero: que no hay manera de arrancarle compromiso alguno sobre ningún asunto. De haber venido a cuento –que no era el caso-, Rosa podría haber dicho de Zapatero que es “chulo como un madrileño”, “testarudo como un baturro”, “agarrado como un catalán”, “triste como un castellano”, “bruto como un vasco”, “fallero como un valenciano”, “aplatanado como un canario”, “fanfarrón como un asturiano”, “vago como un gitano” y un largo etcétera semejante, con extensiones internacionales y planetarias. Pues decimos que a alguien le han “engañado como un chino”, que “trabaja como un negro” o “bebe como un cosaco”, además de tener “cabeza cuadrada como los alemanes” o ser “elegante como los italianos”, cuando no “avaro como un escocés” (o judío) e “hipócrita como un inglés” (o un francés). Pero es que además los ingleses son, en este lenguaje proverbial que tan útil resulta para comunicarse a bajo costo –pero ya vemos que no siempre-, bastantes más cosas que hipócritas; también son tenaces, puntuales, tradicionalistas, arrogantes, cerrados, valerosos, borrachos –sobre todo jueces y lores- y muchas otras cualidades, virtuosas o viciosas, que predicamos de ellos por mera costumbre lingüística. Como de los gallegos y gallegas, todo hay que decirlo.
La reacción desmedida a las palabras de Rosa sobre la galleguidad de Zapatero en sentido proverbial han sido, por cierto, confirmadas por el sujeto de este predicado, que ha afirmado: “me sentiría muy orgulloso de ser gallego”. Y zamorano, escocés o mandinga, según le convenga, como la novia de la boda, el muerto del entierro y el niño del bautizo, desde luego (espero con resignada paciencia las protestas indignadas de los sindicatos de novias, muertos y lactantes).
Lo que queda claro es que Galicia no sólo está afectada por los estragos de la estúpida moda de la corrección política, sino atontada por ese nacionalismo que arrumba los sentidos del humor y del ridículo. Pues sí que tienen un problema, me refiero a las fuerzas vivas gallegas, desde la academia de la lengua a los partidos políticos y todas las instituciones que ocupan. Y una curiosidad: la bomba que pusieron hace poco frente a la casa de un excelente analista político gallego caracterizado por su crítica razonada de los excesos nacionalistas, Roberto Blanco Valdés, catedrático de derecho constitucional de la Universidad de Santiago, ¿mereció la misma unánime e intensa reacción de dignidad ofendida? Me parece que no. Pues sí que tienen un problema nuestros conciudadanos gallegos. Pero ese problema no se llama Rosa Díez, precisamente.
Alarmas cívicas en Francia y Holanda
Por CarlosMG - Uncategorized - 23 Febrero 2010
En Francia ha causado considerable revuelo que el Partido Anticapitalista, un partido de extrema izquierda cuyo nombre lo dice todo, haya incluido en sus listas para las próximas elecciones regionales a una joven musulmana que hace gala de su confesión religiosa llevando el preceptivo pañuelo que oculta el cabello y el cuello a la vista de cualquier hombre que no sea familiar directo. El PA procede de la izquierda revolucionaria trotskista, que en Francia siempre ha gozado de un predicamento mucho mayor al de países comparables. Lo llamativo, escandaloso para algunos, es que esa izquierda radical renuncie a los valores laicos –incluso prejuicios, a veces- unidos a las tradiciones republicanas francesas. En el interesante reportaje sobre la cuestión publicado el pasado domingo por El País, los jóvenes musulmanes afiliados al PA justificaban su militancia con razones de fuerte aroma identitario: ellos son “musulmanes franceses” que, como decía uno de ellos, “no pueden ser otra cosa”. Obsérvese el orden de los predicados: antes musulmanes que franceses, y el resignado comentario de la obligada pertenencia pero sin entusiasmo alguno, digno de aquel prócer de la Restauración que irónicamente propuso encabezar la nueva Constitución con un artículo que rezara: “es español todo aquel que no puede ser otra cosa”.
Antes de descargar el fuego de la indignación democrática contra la extrema izquierda francesa, convendrá recordar que fue el presidente Sarkozy el que jugó con fuego al enredar a la opinión pública francesa con un debate, absurdo y peligroso, sobre la identidad francesa… y sus consecuencias políticas (por ejemplo, exigir a los inmigrantes un contrato de integración). Iniciativa nada inocente en Francia, donde si la extrema izquierda paleomarxista tiene notorio arraigo, mayor lo tiene todavía el populismo nacionalista y xenófobo, republicano sólo de nombre, liderado por Le Pen y su Frente Nacional, que estuvo a punto de ganar una elección presidencial.
La concurrencia de ambos fenómenos lleva a una conclusión inevitable: el laicismo está en peligro en Francia, tanto el que se refiere a los símbolos religiosos en la esfera pública, como el referido a la tradición republicana de la igualdad (y fraternidad) de todos los ciudadanos, nacidos o no en Francia, que respeten sus leyes. Es inquietante, cuando menos, que Sarkozy enrede con la problematización de una “identidad francesa” cuando Francia es uno de los países con una identidad más clara, incluso avasalladora en muchos aspectos. Y es sintomático que incluso la extrema izquierda acepte crecer entre los “musulmanes franceses” aceptando el principio islámico, frontalmente opuesto al concepto ilustrado de ciudadanía, de que la religión está por encima de cualquier otra circunstancia que nos defina como personas. Es cierto que en España tenemos amplia experiencia de la forma en que la izquierda tradicional acaba renegando de sus orígenes intelectuales para mimetizarse con el nacionalismo y cualquier forma en auge de particularismo y comunitarismo, pero que ello ocurra también en Francia es todo un aviso del progreso de ese cáncer y, de paso, de que la fuerte centralización del Estado no es ese antídoto eficaz que algunos creen frente a las ofensivas contra el ideal de ciudadanía.
Un poco más al norte de Francia, en Holanda, asistimos a un encendido debate sobre el uso del árabe y el turco en la propaganda política de los principales partidos tradicionales para la próxima campaña electoral. La razón de este insólito babel político es doble: en Holanda hay fuertes comunidades musulmanas y turcas, y su voto puede decidir el resultado porque –y esta es la segunda razón- se espera una alta abstención del electorado holandés, quizás superior al 50% (y ello a pesar de las poderosas e ininterrumpidas tradiciones democráticas de los Países Bajos, uno de los laboratorios europeos de la democracia representativa). Los partidos tradicionales parecen haber renunciado a movilizar a sus votantes tradicionales y echan la red en los nuevos caladeros de votos. Hacerlo en sus lenguas maternas es sin duda ingenioso y hasta una muestra de tolerancia del país de Baruch Spinoza, pero no pocas voces advierten de que ésta puede ser el inicio de una serie de concesiones que no se limiten a la lengua vehicular de la propaganda política, sino a cuestiones constitucionales mucho más serias, como la aceptación de un estatus legal especial para comunidades cultural-religiosas –por ejemplo, la sharia para los musulmanes- que rechazan la completa asimilación y se resisten a hacer suyos todos los valores del país de acogida. De nuevo, la defensa de la identidad aparece enfrentada a la decadencia del laicismo, vinculado a una ciudadanía universal independiente de toda creencia religiosa o mitológica.
Claro que la reflexión de fondo no es si los inmigrantes se dejan asimilar o no, o si tenemos derecho a pedirles que lo hagan –aunque sin duda la exigencia del cumplimiento de las leyes implica una importante asimilación en muchos aspectos, por ejemplo en la instauración de la igualdad legal de mujeres y varones-, sino más bien otra: tanta insistencia en la identidad en peligro y tanto alarmismo e impotencia política –pues eso manifiesta la recurrente referencia a “nuestros valores en peligro”-, ¿no será más bien una expresión asustada de que los valores que tanto se dice defender son más bien cosa del pasado, tradición más muerta que viva? ¿Una aceptación tácita de que el laicismo del pasado republicano o la tolerancia activa de antaño está bastante decaída, vaciadas de sustancia, convertidas en lemas al estilo del “detente bala”?
Dicho de otro modo: ¿qué expectativa legítima de conseguir la integración de comunidades con tradiciones de origen muy diferentes tenemos los ciudadanos de sociedades que claramente han dejado de practicar esos valores que exigen a los demás mediante un patético “contrato de integración”? ¿Puede Europa tratar de imponer, con una mezcla de oportunismo político y desarme cívico, lo que parece renunciar a conseguir mediante la educación y el civismo activo? Me parece difícil contestar que sí. O Europa reencuentra el sentido de esos valores tan añorados como desactivados, o no habrá mucho que hacer, aparte de asistir impotentes al auge de la xenofobia, el populismo antisistema y el fundamentalismo étnico y religioso. Mal asunto.
El terrorista como gamberro
Por CarlosMG - Uncategorized - 20 Febrero 2010
El Noticiero de las Ideas me publicó un artículo titulado ETA, final confuso. Data de la última tregua de la banda nacionalista homicida, y defiende la tesis de que ese final no iba a llegar por la negociación política o por el diálogo pacifista -tan bobo como bienintencionado-, ni tampoco por la autodisolución –imposible en una banda donde hace treinta años dejaron de pensar en algo distinto a cómo asesinar más y mejor-, sino por la inevitable deriva del terrorismo nacionalista al gamberrismo vulgar. Pues bien, parece que ese proceso ya está muy avanzado: muchos de los etarras detenidos estos días en feliz abundancia también son, según varios indicios, trapicheros de drogas al por menor. O, como en el último caso comentado con tanto regocijo, imbéciles al uso que se sacaban fotos con la camiseta de la selección nacional (española, por supuesto) para colgarla en su página de Facebook junto a enlaces a sus páginas abertzales favoritas y fotos de la última cogorza en la disco del pueblo. Lo único que diferencia a esta clase de terrorista de un gamberro vulgar es que todavía invoca móviles políticos para justificar su afición a divertirse mediante la violencia desenfrenada contra sus semejantes.
Como ha dicho con acierto Fernando Savater, el terrorismo ha entrado en su fase de completa trivialidad. Porque poner bombas o tratar de matar a otros es, para esa gente, otra forma de divertirse hasta reventar. En cierto modo, un destino prefigurado irónicamente en el lema de ETA: Jo ta ke, coloquial sintagma traducible como “dale que te pego”.
En mi papel no deseado de “etólogo” de cierta reputación en una época, acabé insistiendo en que la búsqueda de complicadas teorías para explicar la persistencia del terrorismo nacionalista era una tarea tan prescindible y vana como en el fondo contraproducente. Vana y prescindible porque el terrorismo nacionalista –a diferencia en esto del islamista, por ejemplo- es un fenómeno surgido de la absoluta carencia de frenos éticos y en un cálculo muy simple: si matar es rentable para tus fines, mata. Que esos fines sean, como es el caso, políticos, no cambia el hecho básico de que el móvil principal del terrorismo nacionalista es la pura, llana y simple utilidad, la obtención de ventajas sobre “el enemigo”. Las teorías alambicadas y barrocas no sólo complican la comprensión de este principio, sino que en muchos casos dan a los propios terroristas estupendas justificaciones por sus móviles inconscientes, históricos o antropológicos, argumentos retorcidos que impresionan a muchos cuando algún papanatas académico o mediático las esgrime en cualquiera de los muchos foros convocados para darle vueltas a algo tan simple como explicar por qué ETA lleva cincuenta años asesinando o tratando de hacerlo: porque sale rentable, es decir, produce beneficios asumiendo algún riesgo. Y otros, como el PNV y el nacionalismo en su conjunto, consiguen incluso muchos más beneficios con riesgo escaso o nulo… (forma de parasitismo que siempre ha soliviantado a ETA, pero esta es otra historia).
Nos les sorprenderá que quienes hemos postulado el minimalismo hermenéutico en relación con el terrorismo en general y ETA en particular dejáramos muy pronto de ser invitados a participar en las incontables mesas redondas, sesudos debates y espesos cursos de verano, por no hablar de informes magníficamente remunerados, donde aplaudidas nulidades explicaban la necesidad de encarar con valentía las razones antropológicas, psicoanalíticas o metahistóricas de la persistencia de la violencia, razones que inevitablemente conducían al diálogo y la negociación con los asesinos y cómplices. Quizás fue bueno, porque al no tener tiempo que perder visitando despachos o reputadas instituciones y perorando en tertulias, organizamos movimientos cívicos que dieron un buen empujón al fin de ETA exigiendo en la calle hacer lo único que cabe hacer: ponérselo tan caro y difícil que asesinar deje de ser rentable y se convierta en un mal negocio. Y en esas estamos. Es normal que los etarras actuales sean tan parecidos a gamberros de discoteca y pequeños delincuentes: no son los más listos ni aplicados de la clase.
La tendencia comenzó a manifestarse hace años. Cuando al nefasto Txelis, felizmente encarcelado, se le ocurrió a mediados de los noventa montar los grupos de kale borroka en el papel sicario de formación profesional juvenil del terrorismo adulto, también inició la recluta de los más brutos y torpes, llamados a hacerse cargo un día de la banda terrorista. Al poco tiempo comenzaron los casos de etarras detenidos por la policía por presumir de pistola en un bar de copas, o de aquel comando de cretinos a los que encomendaron un coche bomba para volar el diario El Correo, en Bilbao, pero primero lo usaron para regalarse un fin de semanas de copas y ligoteo, de modo que la grúa municipal se lo llevó al depósito por dejarlo mal aparcado en una calle muy animada.
El juez Baltasar Garzón, en su época más feliz –cuando se concentraba en la lucha contra el terrorismo y no contra el sentido común-, nos contó un día que mientras interrogaba en la Audiencia Nacional a un chaval de los del cóctel molotov trató de profundizar en sus móviles preguntándole por sus convicciones e ideas, su visión de la realidad, etc. El chaval dio un respingo y cortó el interrogatorio diciendo: “hombre, si vamos a hablar de política…!” Él, como recomendaba Francisco Franco, nunca se metía en tales inutilidades.
A estas alturas, y en medio de este mes de febrero que para muchos de nosotros es una sucesión de duelos dolorosos (asesinatos de Fernando Múgica, José Luis López de la Calle, Joseba Pagazaurtundua, Francisco Tomás y Valiente…), produce cierta indignación melancólica comprobar cuánto se ha perdido y cuántos han muerto por el prestigio de teorías estúpidas que sólo enredaban y confundían el único sentido posible, en una democracia, conducente al fin de ETA. No es otro que aprobar las leyes apropiadas, como la Ley de Partidos, y aplicarlas sin titubeos a los delincuentes. Por desgracia, la naturaleza humana es tal, agravada por el defectuoso funcionamiento de nuestras instituciones y el escaso civismo de nuestra sociedad, que la imbecilidad no sólo está profundamente arraigada en ETA, sino también entre sus posibles víctimas. Y así hemos llegado a este punto en el que la banda se va deshaciendo más por la lógica interna de su inevitable degeneración que por haber reaccionado contra ella con decencia, civismo, racionalidad e integridad política. En fin, ya lo dice Homero en los primeros versos de La Odisea: los humanos atribuyen a los dioses muchos de los males que ellos mismos se infligen por su obstinada estupidez.
Adiós a la Transición
Por CarlosMG - Uncategorized - 16 Febrero 2010
¿Quién iba a decirnos hace un par de años que Garzón no sólo iba a ser encausado por la totalidad de los magistrados del Tribunal Supremo, y esta vez sin la bochornosa diferencia entre “conservadores” y “progresistas”, sino que la Audiencia Nacional iba a ordenarle reanudar las diligencias de uno de sus famosos casos mal instruidos y peor cerrados, el del chivatazo del bar Faisán durante la última tregua-farsa de ETA? ¿Y quién podía prever que los problemas de Garzón iban a seguirse no tanto de sus sumarios mal instruidos o de su turismo académico subvencionado por banqueros, sino por la Causa General al Franquismo con la que quiso consagrar un concepto estrafalario de la administración de justicia, de una Justicia histórica y retroactiva cuasi divina que juzga a los muertos, incompatible con el Estado de Derecho? ¡Ay!: el ocaso de Baltasar Garzón, el superjuez ayer intocable y halagado por todos, es otro síntoma de que la era de la Transición política iniciada en 1976 se está acabando.
Todo se tambalea: los partidos tradicionales, pringados por la corrupción, en manos de ineptos e incapaces de hacer frente a la endiablada amalgama de crisis económica y política; los sindicatos, que dependen de esos mismos partidos para financiarse a través de subvenciones encubiertas o abiertas; la patronal, en manos de empresarios fracasados y carente del mínimo liderazgo que cabría esperar en una crisis tan brutal como la presente; los grupos de comunicación, cuyos periódicos pierden lectores todos los días y peregrinan al Gobierno con el cazo de las subvenciones en la mano, para cobrarse los constantes favores a la clase política; el modelo económico del mal llamado “milagro español”, basado en la baja productividad de una mano de obra poco formada y en la escasa capacidad de innovación de la mayor parte de sus empresas. Hasta la monarquía se está dejando un buen montón de plumas en su última e imprudente incursión en la política de Estado, reclamando los pactos que convienen al inquilino de la Moncloa: peligrosa imprudencia en un país monárquico más por compromiso que por convicción. Y por un compromiso forjado en una Transición que hace aguas por todas partes. No todo es negativo en este naufragio: también ETA está en franca decadencia, y hay indicios de que el nacionalismo afronta también el declive, como indican la tendencia a la atomización del catalán y el relevo vasco.
Es sabido que las crisis históricas se producen cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer. Pues bien, estamos en una de esas situaciones. A diferencia de otras anteriores, esta vez la crisis afecta a una sociedad que, a pesar de sus deficiencias educativas y cívicas, es mucho más moderna, más cohesionada y más sensata que la de los años treinta, pongamos por caso, y también que la clase política actual y que sus socios periodistas y financieros, surgidos muchos de ellos de esa selección negativa que ha promocionado a toda esta cochambre de logreros, tertulianos e indocumentados. En este sentido, la crisis representa una oportunidad, también histórica, para abordar de una vez los cambios de fondo –económicos, políticos, educativos, culturales- que ese establishment desgastado y sin credibilidad, como están certificando los mercados financieros internacionales, no quiere ni quizás pueda siquiera emprender.
No hay alternativa. Si no nos encargamos nosotros mismos de dar nueva forma a nuestro país aprovechando las oportunidades que abre la crisis de todas y cada una de las instituciones, serán otros, como los países europeos para los que nuestra crisis representa un peligro objetivo de arrastre a la decadencia, los que dicten la forma y clase de país que les convenga para sus intereses, nos guste poco o nada. Y si no, observemos el ejemplo de Grecia, y aprendamos. Atentos, vienen tiempos de decisiones trascendentales.
Por la caja, todos a una
Por CarlosMG - Uncategorized - 10 Febrero 2010
La tarde de ayer, Rosa Díez se quedó sola a la hora de votar una moción de UPyD para “despolitizar” las cajas de ahorro, es decir, para liberarlas de su actual servidumbre a los intereses inconfesables de partidos políticos, sindicatos y fuerzas vivas locales, con el fin de convertir a las instituciones que controlan el 51% del negocio bancario español en verdaderas entidades crediticias al servicio de los clientes, gestionadas por profesionales e independientes de la presión de sus actuales dueños de facto para, por ejemplo, condonar créditos a los partidos políticos y financiarlos de otros mil modos turbios.
Es evidente que la reforma de la anacrónica regulación de las cajas de ahorro urge por las exigencias de saneamiento del sistema financiero, pues las cajas se han convertido en bombas de relojería por riesgos acumulados de magnitud en buena parte desconocida. Por ejemplo, la insolvencia de muchas debido a su abusiva implicación en la burbuja inmobiliaria (son las principales acreedoras de esa escalofriante cifra de 350.000 millones de euros en créditos inmobiliarios probablemente incobrables). Y además hay razones de justicia no menos urgentes: los privilegios y chanchullos que prodigan a sus beneficiarios, inaccesibles para los simples particulares que, encima, son quienes las sostienen con sus depósitos y nóminas.
La moción de UPyD que todos los demás partidos han votado en contra, como un solo hombre o mujer, pedía cosas tan insólitas –aunque adoptadas en muchos países europeos desde hace años- como separar la “obra social” del negocio bancario, que debe regirse por criterios profesionales de rentabilidad, impedir a las comunidades autónomas que puedan vetar fusiones de cajas o cambios similares –como pretende la ley de Núñez Feijóo que el Gobierno ha decidió recurrir ante el Constitucional-, poner al frente de la gestión a profesionales, someter las decisiones estratégicas al control del Banco de España, y erradicar la manipulación actual que ha convertido la representación en los órganos de gestión de trabajadores y clientes en sendas representaciones delegadas de partidos y sindicatos. Entre otras cosas. Pues bien: PSOE, PP, CIU, PNV, ERC, CC, BNG, IU-IPC, NaBai y tuti quanti han votado unánimemente en contra. El mismo día en que un inspirado Eduardo Sotillos explicaba en su blog que el ascenso de la popularidad de UPyD expresa la indiferencia de algunos votantes… ¡por las diferencias de programa entre los partidos! ¿No es desternillante?
Se trataba, claro, de la caja, o mejor dicho, de la libertad de meter mano en ella para financiar todo tipo de intereses espurios, políticos en el sentido peyorativo del término, porque poco tienen que ver con el interés público inversiones disparatadas como el aeropuerto de Ciudad Real que ha hundido a Caja de Castillla-La Mancha, o la especulación inmobiliaria a la que casi todas se echaron a tumba abierta. Otro de los ingredientes obvios de la crisis económica, en curso, una crisis económica agravada por una crisis política consecuencia de un sistema de partidos degenerado. Pero claro, ya lo dice José Blanco: ¡es una conspiración internacional contra nuestro maravilloso sistema! Y contra el euro, o.c.
¿Necesitamos pactos PSOE-PP?
Por CarlosMG - Uncategorized - 8 Febrero 2010
Ante la magnitud de la crisis, numerosas voces proponen enfrentarla mediante pactos entre las principales fuerzas políticas, es decir, entre PSOE y PP. Urge reeditar los Pactos de la Moncloa, dicen algunos, e incluso un Gobierno de concentración PSOE-PP, según otros, porque todos debemos tirar del carro en la misma dirección, tener generosidad y sentido de Estado, etcétera.
Veo las cosas de un modo algo diferente: temo que cualquier pacto PSOE-PP sea, en lugar de un Pacto de Estado contra la crisis, un pacto por la conservación del poder político en su forma actual, que es en buena medida la que nos ha metido en esta crisis sin precedentes. Pues, a diferencia de otras crisis económicas anteriores, esta es también una crisis política. Y del mismo modo en que salir de la crisis y evitar recaídas implica adoptar importantes reformas económicas, desde la del mercado del trabajo a la de las cajas de ahorro pasando por el sistema de pensiones, la crisis política exige profundas reformas políticas todavía más considerables. La cuestión, pues, es si PSOE y PP están en condiciones de emprender un profundo programa de reformas políticas. En seguida vamos a verlo, pero conviene entender que el agravamiento de la crisis económica en nuestro país, desde la desafortunada visita a Davos y el pasado “jueves negro” –cuando Zapatero se fue a por la foto con Obama en vez de estar gobernando España-, obedece a razones políticas. Si los mercados financieros internacionales apuestan contra España castigando la emisión de deuda pública porque consideran muy alto el riesgo de quiebra del Estado, no es sólo porque el lamentable e inepto Gobierno de Zapatero carezca de la credibilidad necesaria, sino también porque los observadores externos aprecian que el sistema político español se ha vuelto ingobernable. Aunque sobre este último y trascendental factor se prefiera pasar de puntillas y mencionarlo en casa lo menos posible… Concluyendo: la solución de la actual crisis económica demanda una solución política, y esta consiste en reformar a fondo un sistema constitucional que ha minado gravemente la imagen económica de España, por mucho que haya otros factores adicionales de menor importancia (desde la envidia a Iberdrola o al Banco de Santander hasta la leyenda negra de cuando Felipe II).
Reparemos en los pactos PSOE-PP cerrados o abiertos y veremos mejor de qué se trata. Bastará con dos ejemplos: el pacto para impedir que haya elecciones anticipadas en Baleares, y el llamado Pacto por la Educación promovido por el Gobierno.
En Baleares, la incalificable putrefacción de la pequeña Unió Mallorquina es sólo la nota más repugnante de una política autonómica podrida desde hace lustros. Esa generalizada fetidez es la que desaconseja a los principales partidos, PSOE y PP, la salida más lógica en una democracia cuando un gobierno pierde la mayoría parlamentaria: convocar elecciones para que los votantes decidan. El pacto entre PSOE y PP para hacer como que UM no existe –aunque su presidenta, María Antonia Munar, sigue presidiendo el Parlamento- y no hay mayor problema es sólo una maniobra dilatoria para retrasar la crisis del sistema en Baleares. Naturalmente, esto hace un gran daño a las instituciones y a la democracia, pero ¿qué importancia tiene eso frente el riesgo de perder el poder, y de que salgan a la luz los datos de una corrupción generalizada ligada a la economía del ladrillo, del turismo y de la recalificación de terrenos?
Vayamos ahora al Pacto por la Educación que promueve Ángel Gabilondo. Lo que se conoce hasta el momento es un conjunto de reformas muy insuficientes, pues dejan intacto el factor principal de de la constante decadencia de la educación pública española, a saber, un modelo educativo caduco y fracasado. Pero es que hay otro problema adicional y definitivo: en realidad, el Gobierno y el Parlamento de España carecen de capacidad de decisión en política educativa, porque la competencia está en manos de las 17 comunidades autónomas, y lo que tenemos son, por tanto, 17 leyes y sistemas educativos. Así que las comunidades autónomas no pueden ser obligadas a aceptar las reformas educativas que apruebe ese Pacto. O es que, tras la vergonzosa pasividad del Tribunal Constitucional en los recursos contra el Estatuto de Cataluña, ¿alguien puede creer que hay alguna institución capaz de imponerse a las comunidades autónomas, es decir, a sus 17 clases políticas?
En resumen: PSOE y PP sólo se ponen de acuerdo o bien para impedir todo cambio real, como en Baleares, o para proponer pactos que el Estado no podrá imponer a las comunidades autónomas y serán reducidos a papel mojado. Estos Pactos son meras expresiones de incapacidad e impotencia política . Desde luego, se puede invocar el pacto PSOE-PP en el País Vasco como un ejemplo de lo contrario, pero también ese pacto ha hecho poco más que expulsar al PNV de Ajuria-enea; descontando la implicación de la Ertzaintza en la lucha contra ETA, casi todo lo demás permanece como con los nacionalistas.
Mientras la alternativa política se limite a elegir gobiernos socialistas o gobiernos populares, no habrá manera de afrontar las reformas políticas imprescindibles para que la crisis económica no se convierta en una catástrofe que heredará la próxima generación de empobrecidos ciudadanos. Así que no perdamos el tiempo: no son los pactos entre PSOE y PP los que solucionarán los problemas de la economía, la educación, la corrupción o la justicia, sino que más bien actuarán en la dirección contraria, perpetuando los vicios estructurales que arruinan el edificio constitucional español. No, lo que necesitamos, y cada día con más urgencia, son nuevos partidos políticos y nuevos programas de acción que enfrenten una reforma global que va tomando visos de convertirse, casi, en una revolución. Pacífica, cívica y constitucional, pero revolución al fin y al cabo.
Cuesta abajo en la rodada…
Por CarlosMG - Uncategorized - 5 Febrero 2010
… las ilusiones pasadas yo no las puedo olvidar, cantaba Carlos Gardel. Y parece que cada vez vamos pareciéndonos más a Argentina, ya que no a Italia. La capacidad de los miembros del establishment español para decepcionar las esperanzas de quienes dependen de ellos y hacer el ridículo no tiene, al parecer, límite alguno.
Mientras escribo, algunos de los más conspicuos notables del país, a saber, políticos, banqueros, dueños de periódicos, constructores y monstruos de la radio, encabezados todos ellos por José Luis Rodríguez Zapatero y pagados con nuestro dinero de todos, se encaminan al “Desayuno Nacional de Oración” organizado por un poderoso lobby ultra evangelista, algunos de cuyos miembros más conspicuos consideran que la homosexualidad, por ejemplo, es un delito merecedor de penas de cárcel, a falta de hogueras. Allí, el presidente del Gobierno de España leerá algunos párrafos bíblicos o de los Evangelios: se especula con que elija el Sermón de la Montaña, al que habría que añadir otra bienaventuranza: “Bienaventurados los países que no son gobernados como España, porque ellos no tendrán que soportar el gobierno de ignorantes, mangantes e incompetentes”.
¿Una exageración? No lo creo. Repasemos el prontuario de la actualidad patria, y juzguemos o evaluemos. Disfrutemos del espectáculo de la reforma (?) de la jubilación y de las pensiones. ¿Es posible que el gobierno de un país que presume de pertenecer al G-20 (cuando le invitan) sea capaz de desmentirse a sí mismo, cambiando en menos de 24 horas un documento oficial enviado a las instituciones europeas? Pues sí, en España no sólo es posible sino que es lo usual. Será porque aquí las leyes se escriben con tinta simpática, que busca agradar a todos pero se borra enseguida.
Veamos ahora qué hacen los entes autonómicos. En Madrid, la liberal Aguirre (risas enlatadas) se dedica a zancadillear en Cajamadrid a su principal rival, que naturalmente es de su propio partido y, según ella, un “hijoputa”. La entidad de ahorro, del tamaño de un banco grande, ha sido confiada a un político en la reserva del mismo partido, reservando los puestos principales a otros tipos en situación similar. Actúan como si el principal problema de las Cajas de Ahorro españolas no fuera su insolvencia –cuya auténtica magnitud sigue sin conocerse-, ni la monstruosa burbuja inmobiliaria que crearon y siguen manteniendo para sostener artificialmente sus balances maquillados. No, el problema a resolver es cómo colocar a los Rato y compañía, y el modo de repartir poltronas entre amigos y enemigos. Que siga la fiesta y que no decaiga.
Vayamos a Galicia: allí, el gobierno de Núñez Feijóo ha aprobado un decreto lingüístico que en buena medida contradice sus promesas electorales de restaurar el bilingüismo en la educación. Se trata -como en el País Vasco, donde Patxi López sigue idéntica política en un loable ejemplo de falta de prejuicios ideológicos-, de no molestar a los sindicatos ni a los nacionalistas que han convertido el sistema escolar en su particular chiringuito. Por no molestar a nadie, el gobierno del PP gallego ha aprobado una Ley de Cajas que, pretendiendo que Galicia es una excepción al funcionamiento de los mercados financieros, decreta blindar las Cajas de Ahorro de aquella comunidad contra la intrusión de terceros, no sea que caigan en manos extranjeras, por ejemplo de Madrid…
Y hablando de blindajes, ¿qué blindan al otro lado del Cantábrico, con unánime unanimidad, sociatas, peperos y abertzales, apoyados por todas las fuerzas vivas?: pues su propio sistema privilegiado, el Concierto Económico y sobre todo el Cupo, que es la pasta y es de lo que se trata. Ayer mismo el Senado aprobó este desafuero de base foral. Nótese que no serán los ciudadanos vascos de a pie los más beneficiados por este privilegio. No: si toman nota de que el Gobierno Vasco ha sacado a concurso público la enseñanza del euskera al lehendakari López, con el modesto presupuesto de 73.200 euros anuales (sabíamos que López tendría dificultades para hacerse con la compleja lengua de Etxepare y Axular, pero ¿no sería más fácil, barato y rentable enseñarle física cuántica a través de la UNED?; total, ya sabe decir “Euskalherria” y “Egunon danori”), comprenderán quién se lleva realmente la parte leonina del momio conocido por “derechos históricos”.
Vayamos a Cataluña: allí siguen empeñados en que los dos grandes problemas políticos del antiguo principado son el cine en catalán y la triplicación de la estructura administrativa, superponiendo, a las actuales cuatro provincias (que no desaparecerán), siete nuevas virguerías, perdón, veguerías. Un estulto Conseller de cultura, cuyo nombre no es preciso transmitir a la posteridad, ha afirmado que la imposición del doblaje al catalán es un hecho histórico semejante al fin de la esclavitud y a la entrada del ejército rojo en el apocalipsis de Auschwitz. De momento, ha conseguido que los cines catalanes se pongan en huelga. Y para compensar, centenares de aspirantes a cargohabientes pujarán por los nuevos puestos, cargos y sueldos que generarán las veguerías, atendidas por nuevas hornadas de funcionarios.
Podríamos seguir viaje hasta los políticos baleares corruptos encarcelados o a punto de serlo (también saldría más barato trasladar a prisión la sede del Govern de Baleares); por las Cortes de Castilla La Mancha votando unánimemente contra la ubicación en su comunidad de un almacén de residuos nucleares y a favor del monopolio de sus ríos, como si fuera competencia suya; o por esos trece o catorce ayuntamientos gaditanos que ellos sólo acumulan el 65% de la deuda a la Seguridad Social contraída por ayuntamientos españoles, dando por hecho que es deber de los demás mantener su perpetuo carnaval.
Ahora entendemos por qué Zapatero va raudo a un rezo evangélico convocado en Washington, con un séquito de políticos, banqueros, periodistas y constructores: eximios representantes de los agentes sociales, políticos y económicos que han hecho de este país lo que es: un pecio a la deriva, al borde del hundimiento político, económico, moral y constitucional. No me extrañaría que finalmente el presidente Obama encuentre algo más urgente que hacer que compartir foto con esos tipos. Porque si ellos si que yes we can, nadie más se lo puede permitir.
Davos, la montaña poco mágica, y el prestigio de Zapatero
Por CarlosMG - Uncategorized - 1 Febrero 2010
Thomas Mann concibió La montaña mágica, su obra más famosa, durante una visita a su esposa, afectada de tuberculosis e ingresada en un sanatorio de Davos. A juzgar por las fotos, goza de un paisaje impresionante. Pero se ha hecho mucho más impresionante por la influencia mundial de su famoso foro de debate económico, el World Economic Forum. Al dinero le gusta el lujo y Davos lo ofrece a manos llenas y muy altos precios.
¿Qué queda del Davos de Thomas Mann? En el mundo de los gurús y expertos hay sin duda mucho de magia, porque el acierto, la casualidad y el instinto juegan en su labor tanto o más que las técnicas prospectivas y los modelos teóricos sobre los que establecer predicciones. De hecho, desde una epistemología exigente la economía tiene muy poco de científica y bastante de mágica: su capacidad predictiva es muy limitada y a menudo nula, carencia compensada por el hecho de que, dado el gran número de expertos activos que hacen pronósticos de lo más variado, siempre hay alguno que acierta por razones estrictamente estadísticas. La cuestión filosófica es si el acierto se debe al azar o a un conocimiento superior de la materia, pero en fin: lo interesante es que, como pasaba antaño con los augures, profetas y adivinos, siempre hay alguno que da en el clavo, acierto del que se beneficia el conjunto de la profesión. Los augures romanos, por ejemplo, tenían un grado de acierto impresionante para elegir las ubicaciones de sus ciudades, pero es poco creíble que se debiera al estudio del vuelo de las aves.
Las ciencias serias se caracterizan por su capacidad de hacer predicciones –falsables, según Popper, es decir, que pueden contrastarse de modo objetivo para evaluar el grado de acierto o error y revisar así la teoría-, o, si no tienen capacidad predictiva, por su capacidad descriptiva. La economía, en principio, pertenecería a la segunda familia. Tendría la capacidad de darnos una descripción exhaustiva de los fenómenos económicos. Pero, ¡ay!, por lo general aporta una descripción post-festum, que decían los latinos, de tipo histórico: nos explica muy bien por qué se ha producido la última crisis financiera después de producirse, como una consecuencia difícilmente predecible-aunque alguien puede acertar- por seguirse de factores causales mal conocidos, o de evolución aleatoria. Así que, ni predictiva ni descriptiva, la economía es una ciencia dudosa. Lo cual, no me malinterpreten, no convierte a la economía en algo inútil, en absoluto: sencillamente es un saber que, por el momento y a pesar de los Nobel, no es ni de lejos una ciencia comparable a la física, la matemática o la química. ¡Qué más quisiéramos! Pero para ver su utilidad lean, por ejemplo, este interesantísimo trabajo de Alvaro Anchuelo y Miguel Angel García-Díez, y les aseguro que no sentirán en absoluto estar perdiendo el tiempo, sino aprendiendo, y mucho. Alvaro Anchuelo es, por cierto, el responsable de economía de la dirección de UPyD.
Viene todo esto a cuento de que la influencia del foro de Davos tiene poco que ver con las escasas habilidades científicas de la economía y mucho con esa forma de poder político que descansa en lo que suele llamarse la profecía autocumpliente, una forma interesantísima de tautología. Consiste en que cualquier predicción emitida por un agente con la suficiente influencia tiene una probabilidad de cumplirse mucho más alta que si la emite alguien que no la tiene.
Este fenómeno tiene que ver de un modo ambiguo con el conocimiento: la probabilidad de que una profecía así se cumpla está relacionado, en parte, con el saber de quien la hace, pero tanto o más con su influencia. Para entendernos: si mañana toda la prensa económica de peso (Wall Streer Journal y The Economist, por ejemplo) asegura que cierto banco va a quebrar, es mucho más posible que ocurra la bancarrota. Con el foro de Davos pasa lo mismo: seguramente habrá por allí gente muy bien informada, pero las opiniones de más peso, las más autocumplientes, corresponden a las personas o entidades más influyentes (cómo han llegado a este estatus es en sí mismo apasionante, pero demasiado largo para tratarlo ahora aquí).
Así que el prestigio e influencia de Davos es directamente proporcional al caso que se le haga, es decir, al poder que se le conceda, y se le concede mucho. No tanto por la calidad de las teorías económicas como por la información privilegiada que se cruza allí… y con la capacidad de influir para acabar teniendo razón. Los políticos, como todos los agentes sociales y políticos importantes, saben esto perfectamente, de ahí la enorme importancia de influir a su vez en esta clase de foros. El maltrato y el ninguneo es un indicio seguro de problemas a corto y medio plazo: lean cómo han tratado por allí a Zapatero, y entenderán perfectamente por qué España va a sufrir crecientes dificultades económicas y políticas que poco o nada tienen que ver con las capacidades reales del país, su gente y su economía. Habrá que pagar un sobreprecio para recuperar la confianza dilapidada a manos llenas por la vacuidad irresponsable del zapaterismo, que ha pasado de pretender refundar el capitalismo –inspirado por gurús como Sánchez-Cuenca o Suso de Toro- a anunciar allí la reducción de las pensiones y el retraso de la jubilación. Porque lo que esta clase de foros juzgan no es sólo, y ni siquiera en primer lugar, la calidad de la gestión política –por mucha propaganda y marketing que se derroche para vender humo-, sino sobre todo la credibilidad e influencia, ligada también a la capacidad de emitir profecías autocumplientes en su propio ámbito. Pues bien, revisemos ahora las de Zapatero, y reparemos en qué capacidad tendrá para ser creído en un foro tan frío como el de Davos quien proclamó que iba a acabar con ETA mediante el diálogo, que iba a arreglar definitivamente la estructura territorial del Estado mediante el nuevo Estatuto de Cataluña, que la crisis económica no iba a producirse o en todo caso afectaría muy poco a España, que la renta per capita española había superado la de Italia y pronto a la de Francia, que iba a influir en Chaves para impulsar la democratización de América del sur… No sigo, porque no sé si me da la risa o la depresión. Y en Davos UPyD no tiene, todavía, muchas posibilidades de que nos hagan el mínimo caso…





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