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La naturalidad de la xenofobia

Era de prever que actitudes xenófobas como la del ayuntamiento de Vich o el de Torrejón de Ardoz iban a brotar tarde o temprano. Es más, me parece notable que hayan tardado tanto en aparecer, y más en una crisis económica y laboral tan severa como la que atravesamos. Había varias razones para este pronóstico: cosas así ya han pasado en otros países con mucha inmigración, y es una reacción política populista muy rentable para quien la perpetra. Porque, no nos hagamos ilusiones al respecto, la xenofobia es un instinto muy arraigado en la mente humana, o lo que es lo mismo, es una pasión –baja- de lo más natural. Lo culto es tratar de vencer nuestro natural instinto xenófobo y combatir sus excesos. Porque la xenofobia, como otras fobias parecidas –el antisemitismo, el racismo o la homofobia-, es uno de esos aspectos de la naturaleza humana ordinaria que debemos esforzarnos por minimizar en lo posible. Su erradicación ya es algo más problemático, si no quimérico.

A la actual idolatría de la naturaleza, con tantas expresiones a día de hoy –del ecofundamentalismo a la nueva religión del cambio climático (¡he leído que López Uralde era un “mártir del clima” por su detención en Copenhaghe!)-, puede chocarle, o algo peor, hacer responsable a la naturaleza de la xenofobia, considerando esa baja pasión como un instinto más que como una noción ideológica o una convención cultural. Pero es muy difícil refutar el hecho de que la práctica totalidad de las comunidades humanas documentadas, sea por la historia o por la antropología, e incluso por la experiencia viajera de cada cual, albergan una profunda desconfianza, que puede llegar al odio más irracional, por “los otros”, es decir, por el extranjero. Un elocuente ejemplo de esta tendencia es el hecho de cada comunidad llamara a su vecina con un nombre despectivo que señalaba algún presunto defecto o tara de esos tipos no del todo humanos. Incluso en la civilizadísima Atenas de Pericles la condición de meteko, descendiente de un extranjero, era motivo suficiente para quedar excluido de la ciudadanía, reservada a los varones de las supuestas familias autóctonas. La idea de la igualdad radical de todos los seres humanos ha sido siempre muy minoritaria o más bien parcial (los cristianos y musulmanes sólo consideraban, o siguen considerando, realmente iguales a los fieles de la comunidad, excluyendo a herejes, paganos e infieles), hasta que la Ilustración la proclamó con un carácter realmente universal. Así pues, las ideologías xenófobas o abiertamente racistas se han reducido, por lo general, a algo tan fácil como dar una carta de naturaleza supuestamente respetable, política, a lo que no son sino prejuicios, fobias y miedos reaccionarios contra los ajenos a la propia tribu, sea ésta pequeña o se trate de una comunidad enorme. Siguiendo el llamado “síndrome del gallinero” -todas las gallinas tienen una o varias a las que picotear agresivamente, excepto la de más bajo rango-, incluso las comunidades marginadas y despreciadas desprecian y marginan a su vez a las que consideran inferiores.

La buena educación no es, sin duda, suficiente para por lo menos avergonzarse y renegar de las emociones xenófobas que albergamos más o menos secretamente, pero tampoco parece haber duda de que es condición necesaria para ello. Esta es la razón de que en los países occidentales los sectores sociales más abiertamente xenófobos suelan coincidir con harta facilidad con los de menor educación. Trasladado a la política, este fenómeno social implica fórmulas populistas muy peligrosas para la libertad y la igualdad, es decir, para la democracia. Así, un modo de ganar un buen montón de votos allí donde la gente cree que hay demasiada emigración o extranjeros asentados –percepción que muchas veces resulta más subjetiva que otra cosa- es proponer la institucionalización de su marginación, privando a los extranjeros de algunos derechos reservados a los nativos. Por ejemplo, servicios básicos universales como la educación obligatoria y la atención sanitaria, que pueden negarse a quienes no estén empadronados. El reciente progreso de las fuerzas políticas populistas y nacionalistas en Francia, Holanda, Gran Bretaña o Italia ha seguido esa sencilla senda: atraer los votos que antes solía llevarse la izquierda –desempleados, trabajadores poco cualificados, jóvenes, pensionistas- asegurándoles que los emigrantes no iban a quitarles nunca más su trabajo, sus casas o sus servicios sociales. Huelga decir que sin referirse nunca a la aportación indispensable de esos inmigrantes, legales o no, al desarrollo económico que permite mantener esos servicios públicos.

La decadencia de la izquierda tradicional también puede favorecer movimientos populistas xenófobos en España, si no lo está haciendo ya. La derecha tradicional también tiene fácil, como se ha visto en Italia y en menor medida en Francia, la caída en la xenofobia militante por su tradicional poca fe en valores como el universalismo cultural o la igualdad. Los casos de Vich o Torrejón podrían ser, por eso mismo, la cima de un iceberg con mucha masa sumergida por manifestarse. Hay que estar atentos a esta posibilidad, y tratar de atajarla cada vez que esté en nuestra mano. Máxime cuando todas las previsiones económicas coinciden en que el desempleo y el déficit público se van a mantener muy altos durante muchos años, aunque mejoren algunos indicadores económicos que permitan a los gobiernos hablar, engañando de nuevo, del “fin de la crisis”. En semejantes condiciones, los inmigrantes tienen todas las papeletas para convertirse en chivos expiatorios del malestar social.

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11 comentarios a “La naturalidad de la xenofobia”

  1. Antonroz dice:

    Me gusta viajar y tengo un dicho: cuando llegas a un lugar desconocido te parece todo el mundo sospechoso, el tiempo lo va curando.
    La ley nos protege y obliga a todos, incluso a las criaturas que se infiltran ilegalmente, buscando un mundo mejor. Pero ellos en su condición no están supeditados a la ley, pues la infringen, lo cual me produce en principio, un rechazo, una desconfianza.
    Claro que nos proegemos, cerramos la puerta de casa y echamos la llave y solo permitimos pasar al amigo.
    Hay mucho por hacer en este tema y la inacción en la que hemos caído, lleva a la reacción, no tiene porque ser precisamente xenofobia.
    La acogida, como todo en la vida, tiene un límite. Hay que buscar el punto de equilibrio.
    Luchemos contra el malestar social, no contra ninguna persona, aunque no sea de aquí. Pero hagamos cumplir la ley, con flexibilidad y generosidad.

  2. spes dice:

    En estos casos, la xenofobia está estrechamente ligada a la aporofobia, el odio al pobre. Basta pensar en los extranjeros ricos, que gozan de prestigio y no estorban a nadie. El problema deriva, pues, de la situación de pobreza y la competencia por los servicios sociales, unida al olvido de lo que han aportado a nuestro bienestar, como señalas. Algunos también esconderían, como Susanita, a los pobres autóctonos, pero encuentran menos argumentos que para cebarse con los extranjeros. De acuerdo en que hay que estar alertas porque la situación va a empeorar.

  3. jjms dice:

    La xenofobia irracional, el racismo visceral, no tienen justificación ninguna como tampoco la pueden tener otras respuestas irracionales nacidas de los más primitivos instintos del ser humano. Por supuesto.

    Ahora bien, y hecha la anterior declaración de principio… ¿quién puede afear conductas de ese tipo, por ejemplo, a un industrial autónomo que habiéndose visto obligado a abandonar su actividad, recibe una factura por atención sanitaria de la S.S. por que habiendo tenido que dejar de cotizar en su régimen, no tiene ya cobertura médica?

    ¿Cual es la política inmigratoria de nuestro gobierno? ¿Cuántas modificaciones ha sufrido la ley correspondiente?

    ¿No es más cierto que quizá el origen de estos “brotes negros” puedan tener su foco en políticas populistas que sembradas hace seis años como ligeras brisas, ahora se tornan tempestades?

    Si recordamos el viejo adagio de la caridad bien entendida y sabemos que los recursos no son ilimitados, también tenemos que aceptar que siempre ayudaremos primero a nuestro hijo que al hijo del vecino. Es ley de vida, o… condición humana. No sé si es de más o menos educación, pero así lo tengo de claro, decir otra cosa es muy bonito, muy correcto políticamente y suena muy solidario, pero no es cierto.

  4. Sake dice:

    Parece una necesidad en situaciones adversas el encontrar la razón o más bien el culpable o culpables de tales situaciones y qué más sencillo que culpar de ello al diferente, al débil. Por diferente y por débil el inmigrante parece el mejor candidato. ¿Como parar esas situaciones xenofobas?, como dice D.Carlos parecen responder a nuestros instintos profundos y luchar contra los instintos más profundos puede resultar muy complicado.

  5. nekare dice:

    Esto es algo que esta muy bien representado en La casa de Bernalda Alba. En esta esplendida obra de arte que representa la filosofía del pueblo español de la época, Federico García Lorca, hace salir a escena, apenas un minuto, a una mendiga con el propósito de escenificar lo que tú acabas de comentar. Es el ser más bajo dentro de la escala social. Incluso la sirvienta se siente superior a alguien, y así, amortigua esa carga que le perseguirá durante toda su vida. Por tanto, la mendiga es a todas luces un chivo expiatorio necesario. Es decir, que el papel de la mendiga es un papel fundamental, donde Lorca denuncia el verdadero racismo que actualmente atemoriza a nuestra sociedad: la pobreza.

  6. jjms dice:

    Existen poblaciones españolas que en los últimos años han sufrido una gran presión demográfica por el aluvión de inmigrantes que han recibido en muy corto plazo.

    Los “papeles para todos” han ocasionado el desbordamiento de servicios que estaban dimensionados para una población más o menos estable que se ha incrementado repentinamente.

    Eso ha causado una merma en su eficacia y funcionalidad, pero también han surgido auténticos ghettos que los “nacionales” de esas poblaciones toman como una suerte de invasión y que impide la integración de los recién llegados.

    Esas poblaciones pueden ofrecer servicios y ayuda a algunos forasteros durante algún tiempo. Incluso pueden hacerlo con algunos “todo el tiempo”, pero no pueden asumirlo con TODOS, “todo el tiempo”.

    Al final esas situaciones se convierten en un auténtico polvorín hasta que se desata el desastre como ha pasado en varias ocasiones, llegándose a violentos enfrentamientos entre la población autóctona y la inmigrante.

    No deja de ser la vieja historia del mundo de la que se supone que los gobernantes deberían de haber aprendido algo y así poner los medios para evitarlo.

    ¿Estaremos a las puertas de una nueva ley (al estilo Zapatero) sobre el modelo poblacional sostenible? ¿Se prohibirá por ley el supuesto racismo, xenofobia, clasismo, aporofobia o lo que quiera ser que se llame?

    Parece ser que la medida de negarse al empadronamiento está prevista en la ley y que para su tramitación por no comunitarios, es exigible la presentación del pasaporte y su visado correspondiente, cosa que a todas luces no tienen los inmigrantes irregulares, el visado seguro que no.

  7. Marcos dice:

    A mí lo que me parece grotesco es el fariseísmo de los partidos catalanistas que son los responsables de la medida parafascista de Vic. Sin ir más lejos, hace un mes que ERC sobornó a las asociaciones de inmigrantes para que participaran en la parodia de consulta sobre la autodeterminación.

    Los diferentes gobiernos nacionalistas que ha padecido Cataluña siempre han sido especialistas en abanderar la modernidad y el progresismo cuando, en la práctica, han implementado políticas guiadas por un racismo cultural bochornoso. Ahí está, sin ir más lejos, la política lingüística de inmersión obligatoria en catalán comenzada por CiU en los años 80 con el apoyo de la falsa izquierda catalana, una inmersión que ha intensificado la degradación de la enseñanza pública y el fracaso escolar -y social- de tantos estudiantes, así como la marginación sociolaboral de muchos trabajadores, la intromisión en las empresas y el perjuicio de ciertos sectores económicos -lo estamos presenciando en estos momentos con la ley del sector audiovisual.

    Estas políticas nacionalistas ponen palos en las ruedas en el libre desarrollo de la sociedad y de la economía catalanas, y también en su vida cultural, en otros tiempos tan dinámica. Pero los más perjudicados siempre son los grupos sociales más débiles, la inmigración entre ellos, que ven cómo los intereses de los políticos catalanes son ajenos -y contrarios- a los suyos.

    Si la educación es una de las piedras de toque del racismo étnico-lingüístico catalanista -con los segracionistas “Espais de Benvinguda Educativa” como corolario-, no es menos grave la voluntad nacionalista de arrogarse plenas competencias en materia de inmigración -contraviniendo, una vez más, la Constitución-, para poder regular los flujos migratorios bajo sus parámetros estrictamente ideológicos y partidistas. El chantajista “Pacte Nacional per la Immigració” no es más que la avanzadilla que precede esta voluntad.

    Algunos confiamos en que la entrada de UPyD en el Parlamento autonómico catalán -esforcémonos todos para que se consiga- sirva, al menos, para denunciar estos hechos y dar voz a los que ahora mismo prácticamente no la tienen.

  8. tbs dice:

    Como en casi todo aquí se mezclan muchos factores, desde gente que se aprovecha del instinto xenófobo de los demás y lo fomenta o modula, hasta personas que son incapaces o directamente no quieren reprimir sus propios instintos. Pero también es cierto que cuándo a una persona después de tener cotizados 35 o 40 años a la SS le queda una pensión ridícula, pero las ayudas de emergencia social no le llegan, aunque se prodiguen entre otros colectivos… eso es xenofobia o injusticia? Cuando una noche cualquiera un adolescente magrebí te saca una navaja y te intenta atracar, la policía interviene pero al día siguiente está en la calle y encima te enteras que cobra una subvencion/ayuda de mayor cuantía que tu salario como trabajador a tiempo completo… eso no es xenofobia, es que el país o el sistema están podridos

  9. jjms dice:

    Efectívamente tbs, nuestro sistema lleva demasiados años gobernado no por el imperio del sentido común, sino por la dictadura de la corrección política, donde no se puede llamar a las cosas por su nombre, ni valorarlas en su justa medida (cualquiera que esta sea) por los complejos pseudo-democráticos de unos o el populismo cortoplacista de otros. En cualquier caso manipulación y demagogia donde pesca votos nuestra clase política.

  10. spes dice:

    No es mi intención polemizar con jjms pero sí hacer una corrección a su afirmación de que el autónomo que se ve obligado a cerrar su negocio tendrá que abonar la factura de asistencia sanitaria a la SS. La asistencia sanitaria es universal desde hace años en España y el autónomo tiene acceso a ella después de causar baja en el Régimen Especial de Autónomos. Que sea universal, también para los inmigrantes sin permiso de residencia, es un logro. No retrocedamos.

    • jjms dice:

      No hay polémica spes, ni hay problema alguno, pero mi experiencia es bien distinta y los testimonios que tengo también lo son, no solo en asistencia sanitaria sino en otros servicios básicos como educación o guarderías, por ejemplo.

      Por otro lado me veo obligado a aclarar que no abogo por la negación de ningún derecho o servicio básico a ningún Ser Humano que resida en España, regular o irregularmente.

      Lo que sí exijo es la igualdad de trato y de derechos para todos sin discriminación de ningún tipo, ni positiva, ni negativa.

      Además de tratar de poner de manifiesto que las acciones y decisiones de los gobernantes tienen consecuencias que deberían de serles exigibles en las urnas e incluso en los tribunales.

      Insisto: cuando se siembran vientos al dictado del utópico voluntarismo “buenista” la cruda realidad suele tornarlos tempestades donde se estrellan los discursos de palabras bonitas. Y lo de Vic, no creo que sea mucho más que un viento algo más fuerte del que estamos acostumbrados, lo preocupante es que sea la punta de un iceberg.

      Espero haberme podido explicar mejor esta vez.

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