Los resultados del último euskobarómetro sobre el apoyo al gobierno de Patxi López en la sociedad vasca han despertado todas las alarmas. Con razón: el 71% de los encuestados por el prestigioso observatorio desaprueban la gestión del Gobierno presidido por López. Se ha recabado la opinión de los expertos que, como era de prever, han recitado la habitual letanía de explicaciones previsibles: falta un estilo adecuado de comunicación, todavía es demasiado pronto para disfrutar de los logros del nuevo Gobierno Vasco, hacen falta medidas audaces de marketing político, etc. O al más puro estilo Lakoff, sencillamente no es un problema mientras no te empeñes en hablar todo el tiempo de él (una recomendación muy sensata, por otra parte).
A muchos constitucionalistas vascos lo que realmente nos preocupa del gobierno de Patxi López es que no satisfaga las expectativas depositadas en él y su fracaso precipite la vuelta triunfal del nacionalismo vasco, que conserva intactas grandes áreas de poder, desde las todopoderosas Diputaciones con sus respectivas Haciendas Forales a las cajas de ahorro, pasando por la capacidad de chantaje al gobierno de Zapatero en el Congreso de los Diputados, donde el PNV ya ha conseguido torpedear con enorme facilidad operaciones importantes de la gobernanza de Patxi, como las políticas activas de empleos vinculadas al traspaso del INEM. En definitiva, que el PSE no sólo tiene al enemigo en casa, sino también en La Moncloa… cosas del sistema de partidos español, que tanto favorece a esos nacionalistas que tanto lo desprecian.
Así que, con ánimo constructivo, me atrevo a proponer un diagnóstico diferente de la causa de la pobre credibilidad de este gobierno entre la sociedad vasca. Resumiendo: se trata de una carencia de liderazgo de grandes proporciones. La gente ve una cara nueva en Ajuria Enea, algo sin duda tranquilizador tras las características del último iluminati que ocupó el palacete, pero no ve un gobernante político: ve un gestor. Alguien que gestiona algo que le ha caído más en suerte que ganado con esfuerzo. En efecto, a nadie se le escapa, salvo quizás a los propios socialistas, que el PSE fue el segundo partido en las elecciones vascas, quedando a mucha distancia del PNV en diputados y que sólo gobierna por el apoyo del PP, un partido al que el PSE desprecia ostentosamente. Me cuenta Gorka que es muy raro que los diputados socialistas aplaudan, siquiera por cortesía, a los portavoces de su socio parlamentario. Como si fueran socios impuestos, indeseables y antinaturales. Y esto transmite un mensaje lamentable a la opinión pública: de debilidad, incomodidad y… provisionalidad.
Refuerza esta percepción el hecho de que PL y su Gobierno hayan renunciado en la práctica a emprender genuinas políticas alternativas a las del nacionalismo, salvo en el campo del terrorismo y de la violencia política que, inopinadamente, se ha convertido en estandarte y refugio de unos políticos que venían de tratar de negociar con ETA autodeterminación a cambio de paz en la “Mesa de Loyola”. Vueltas que da la vida, y bienvenidas sean. Pero en campos estratégicos como los de la política lingüística, cultural y educativa, la transparencia de la gestión, la capacidad de gobernar para todos sin interlocutores privilegiados, etcétera, el Gobierno de PL hace poco o nada. La discriminación lingüística impuesta en educación, sanidad, función pública y servicios sociales se mantendrá tal cual gracias a un pacto con los sindicatos, furiosos partidarios de su mantenimiento. Los avances hacia una gestión más transparente que rompa la extensa e intrincada red de clientelismo a través de la maraña de empresas y sociedades públicas o participadas, la verdadera arma secreta del nacionalismo, se hacen de rogar y en realidad no se le espera. Y si bien EITB es menos sectaria que antaño, hasta el punto de emitir el discurso de Nochebuena del Rey –el programa más visto del día en la ETB2-, a cambio la trama de sociedades nacionalistas de todo tipo continúa recibiendo un incesante y desconocido maná de ayudas, subvenciones y privilegios variopintos. Como si no se quisiera molestar.
En resumidas cuentas: mientras que toda la sociedad vasca sabe, y apoya o teme, cuál es el proyecto político del PNV y sus adláteres, nadie sabe nada del proyecto político socialista. Algunos sostienen que no puede ser otro que instaurar la normalidad política y que con eso debería bastar para merecer el aplauso público pero, ¿se puede sostener seriamente que esa instauración de lo que es normal podrá hacerse dejando intacta la base de poder de la constante anormalidad nacionalista? ¿renunciar a tocar sus políticas de discriminación lingüística e ideológica, su entramado de sociedades subvencionadas de todo tipo, su discurso cultural y educativo hispanofóbico y soberanista? Tal creencia recuerda a aquella, no menos peregrina, de que la democracia debía instaurarse en España sin tocar los pilares del propio régimen franquista, como los privilegios de militares y curas. Todo sea por no pisar a nadie poderoso, aunque hacerlo sea inevitable y necesario para que los demás también podamos andar.
Patxi López transmite la impresión de que su máximo objetivo es gobernar como si la mayoría gubernamental no hubiera cambiado, y que su “normalización” debe limitarse a cambiar el menor número posible de instituciones, política y prácticas. Busca la aprobación nacionalista, no el impulso del constitucionalismo. Debe, por ejemplo, apoyarse en el PP, pero poniendo cara de disgusto. Su oposición es el PNV, pero resulta que es el socio preferente de su jefe en Madrid… Hacer actuar a la Ertzaintza contra los que ponen fotos de etarras y cosas similares está muy bien y es de justicia hacerlo, pero no podrá suplantar una acción de gobierno alternativo. Que se resume en la siguiente pregunta: ¿cuál es el proyecto político del PSOE-PSE para el País Vasco, aparte de gobernar en Vitoria mientras lo permita el Parlamento (y los intereses de Zapatero)? Nadie lo sabe o muchos sospechan que tal proyecto no existe. Y esa y no otra es la principal debilidad de este Gobierno y la causa del desapego general: que parece un gobierno interino ansioso por agradar.







Acertado análisis, Carlos. Patxi Lópes debía, en su primer mes de gobierno, haber hecho unos cuantos cambios radicales para acabar con la impunidad terrorista y con el sistema clientelar del PNV. El entramado de poder nacionalista sigue casi intacto, parapetado en sociedades públicas y diputaciones. Es un gran error no haber forzado el cambio en la diputación de Álava, por ejemplo. El pacto con los sindicatos sobre cuestiones lingüísticas ha sido otro despropósito. Y es que no se puede gobernar pretendiendo ser simpático a los nacionalistas.
Son muchos, aunque muy vagos, relativos y discutibles, los argumentos expuestos por los que, como el autor de este mismo blog, defienden el federalismo como la única o la mejor solución para los evidentes problemas políticos, territoriales e institucionales de España.
La defensa de la propuesta federalista pasa necesariamente por la comparación de las supuestas bondades del modelo propuesto (en el caso de UPyD denominado ‘federalismo cooperativo de mediana intensidad’) con las demás opciones posibles.
El primer problema o dificultad de este debate surge ante la gran cantidad y variedad de posibilidades que encierra ese “demás opciones posibles”. Aunque ‘a groso modo’ los principales modelos posibles se pueden agrupar en dos tipos (estados centralizados o ‘normales’ por una parte, y federaciones y confederaciones por otra), al abordar la cuestión con un poco de rigor la situación se complica pues en el fondo existen tantos tipos de federalismo como federaciones existen en el mundo, y otro tanto sucede con los estados centralizados (también hay tantos tipos de estados centralizados como países no federales hay en el mundo).
Los defensores del federalismo, como el autor de este blog, probablemente forzados ante la necesidad de hacer la cuestión abordable, suelen simplificarlo a la comparación entre tres opciones: el federalismo que ellos mismos defienden (el ‘estado federal cooperativo de mediana intensidad’ en el caso de UPyD), un abstracto estado centralizado sin más definición y el actual modelo español de ‘estado de las Autonomías’ (que es un otro modelo de tipo federal).
La argumentación de los defensores del federalismo se apoya sistemáticemtne en tres tipos de argumentaciones.
La primera de ellas es la descalificación del estado centralizado en base a prejuicios antifranquistas. El mecanismo consiste en asociar el centralismo con el franquismo para luego, una vez unidos, descalificar y tirar ambos conceptos a la basura. En este tipo de argumentaciones subyacen dos ideas. La primera es la negación de que otros tipos de centralismos existen y han existido en el mundo además de la España de Franco. Y la segunda es la negación de que si la dictaura de Franco fue algo reprobable lo fue por el hecho de ser una dictaura y no necesariemente por el hecho de tener una organización territorial centralizada. De hecho España era ya un estado centralizado antes de Franco (pese a la aprobación muy poco antes de la guerra civil de los estatutos de autonomía ni siquiera la II República se puede considerar en ningún momento un estado no centralizado y mucho menos una federación).
Un ejemplo del empleo de este tipo de argumentaciones lo tnemos en el artículo de Ramón Punset “¿Recentralizar o federalizar?” que estuvo hasta ayer colgado de la web de UPyD. Concretamente dice Ramón Punset para refutar el centralismo como opción:
“]…] recentralizar, es reclamada por los nostálgicos (¿de los gobernadores civiles?) y por los cada vez más numerosos españoles indignados con los desafueros del nacionalismo periférico. Se trata, no obstante, de una postura más visceral que racional y, en todo caso, yo la juzgo utópica.”
El segundo tipo de argumento usado de forma recurrente por los federalistas consiste en explicar que la gran bondad del federalismo es que como España de hecho ya es federal (aunque con otro nombre) el cambio será más fácil porque habrá que cambiar menos cosas. Ramón Punset lo arguemnta así:
“[…] el Estado autonómico, no obstante sus insuficiencias y disfunciones, se encuentra sólidamente enraizado en el país.”
Como ya he mostrado en otros comentarios, Ramón Punset va más allá en la defensa del federalismo:
“En ese marco institucional [el federalismo actual de España, aunque se denomine ‘autonomismo’] se halla, además, firmemente instalada una amplia élite política y administrativa que sólo una revolución podría apartar del poder, y casi nadie está por revoluciones de ningún género.”
Por tanto, lo que nos proponen los federalistas es un mero cambio del nombre del modelo de estado. Pasar de un estado federal que se denomina “autonómico” al mismo estado federal pero con otro nombre. Nos proponen conservar todo el poder de esa élite nacionalista, de barones autonómicos y de todo el clientelismo y chanchulleo que se esconde detrás. De hecho, ahora justifican la bondad del cambio en que todo eso se quedará igual. Al final, lo que proponen los federalistas es aquello de “cambiarlo todo para que no cambie nada”.
Pero esta afirmación del señor Punset esconde más. Ni él ni nadie da ni puede explicar por qué esa violencia se puede producir. Es más que discutible que esta violencia vaya a suceder ante ese hipotético cambio constitucional hacia un Estado Centralizado.
Pero aunque así fuera, ¿eso es un motivo aceptable para renunciar a ese cambio?. Entonces por qué no cedemos ya mismo a todas las exigencias de ETA. Si se hubiára hecho hace 30 años nos habríamos ahorrado más de 800 muertos (y los que nos quedan todavía), lo cual parece igual de prudente. Es un chantaje clamoroso.
Pero lo más aberrante e inadmisble es que subyace la idea de que si esa violencia anticentralista ocurriera, los responsables o culpables de la misma serían los que hicieran dicha reforma de forma democrática y legal y no los que no la rechazaran violentamente. Increíble.
El tercer tipo de argumentación usado por los federalistas es la creencia, como si fuera un dogma de fe, de que un estado centralista es una idea excéntrica e imposible. Como si la práctica totalidad de los estados no federados del mundo actual (que son la mayoría) no fueran estados centralizados, y no digamos ya los que han existido a lo largo de la historia. Hablemos claro: el estado centralizado ha sido norma históricamente y el federalismo la excepción a esa norma. ¿Cómo se entiende entonces esta ‘alergia intelectual’, realmente nunca explicada, al centralismo?.
Este tipo de creencia peregrina en la inviabilidad del centralismo la expresa otra ilustre federalista, el autor de este blog en el artículo “Las ventajas del federalismo IV” (en este mismo blogh en octubre de 2009):
“[…] me parece prácticamente imposible sostener la viabilidad de que España sea en el futuro inmediato un Estado semejante a Francia o Portugal en el grado de centralización. España sólo ha sido un Estado realmente centralista y centralizado durante la dictadura franquista, con el desgraciado efecto de que para una parte apreciable de la opinión pública española centralismo equivale a negación de la democracia. Y para cualquiera que tenga la edad suficiente y haya conocido la España de Franco, es evidente e innegable que la descentralización democrática ha tenido espléndidos efectos en cosas importantes.”
Obsérvese como aquí Carlos Martínez Gorriarán mezcla este argumento con el primer tipo de argumentación (mezclar y ligar centralismo con franquismo para hundir y descalificar ambos conceptos). Además, como muy bien le señaló el comentario nº 3 de luis, es rotundamente falso que España sólo haya sido un estado centralizado durante la dictaura de Franco.
Carlos Martínez Gorriarán escribe hoy lo siguiente:
“Tal creencia [que la instauración en el País Vasco de lo que es normal sólo podrá hacerse dejando intacta la base de poder de la constante anormalidad nacionalista] recuerda a aquella, no menos peregrina, de que la democracia debía instaurarse en España sin tocar los pilares del propio régimen franquista, como los privilegios de militares y curas. Todo sea por no pisar a nadie poderoso, aunque hacerlo sea inevitable y necesario para que los demás también podamos andar.“
Y yo me preguntó ¿por qué no es una ‘creencia peregrina’ que la reforma del modelo del estado deba hacerse conservando y perpetuando el actual federalismo para así no tocar los privilegios y el clientelismo de la élite nacionalista y de los barones feudales de los gobiernos autonómicos actuales?.
La web de UPyD nos regala hoy otro artículo federalista. En esta ocasión firmado por Juan José López Buirnol y publicado en El País. Se puede ver en:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/problema/espanol/elpepuopi/20100106elpepiopi_11/Tes
Escribe el autor:
“El debate España-Cataluña es tramposo por ambas partes. Admito que es tramposo por parte de España, ya que buena parte de los españoles no ha asumido que el Estado de las Autonomías es el embrión de un Estado federal que habría de desenvolverse hasta consolidarlo, y lo ven como un subterfugio con el que dar largas a las aspiraciones de autogobierno catalanas. De ahí vienen la inercia centralizadora de la Administración, la erosión de competencias por la vía de la legislación básica y de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, etc.”.
Volvamos a leer: ¿”inercia centralizadora de la Administración”? ¿”erosión de competencias por la vía de la legislación básica y de la jurisprudencia del TC”?.
Leyendo el artículo uno termina entendiendo que los causantes de los males de esta país somos los españoles que no creemos ni somos partidarios del federalismo porque oprimimos no sabemos cómo ni a quien. ¡Ah sí! a la nación catalana, cuya dignidad es permanentemente pisoteada, hasta por el mísmisimo TC .
Supongo que según este señor yo debería de sentirme eternamente culpable de no ser federalista. Parece que mis ideas políticas no son tan legítimas como las de los fedaralistas ya sean catalanes o españoles (nótese que para López Buirnol no debe existir nadie que cumpla simultáneamente ambas características) y los independentistas.
Menos mal que Santiago Gonzalez (http://santiagonzalez.blogspot.com/) hoy me concede cierta indulgencia moral:
“Camus se rebelaba contra quienes creen que basta con instalarse en el sentido de la marcha de la historia para tener razón. O con calificar a una cierta violencia como progresista para que los fines justifiquen los medios. Para él, un hombre rebelde es ante todo “un hombre que dice no” (pero que es capaz de decir sí).
La actitud de “observador comprometido” de que habla Dahrendorf (La libertad a prueba. Trotta, 2009) implica un cierto escepticismo, pero no indiferencia. Escepticismo para resistir los ataques de unanimidad que periódicamente uniformizan a las sociedades”.
Creo que el comentario de hoy de Carlos es muy ajustado. Para mí, que veo al gobierno López con cierta distancia, lo único interesante es el cambio de actitud respecto al entorno terrorista. Lo preocupante, además de la falta de compostura con el pp y el complejo de inferioridad hacia el pnv…es que tal vez sea la gente de Eguiguren (¿y gobiernan otros que estos?) quien empeñada en ser también nacionalista no ponga mucho interés en la política lingúistica, por ejemplo. Yo no me fiaría de Eguiguren.
Sr Alcotarelo , es Vd. una bendición para este blog. Por mucho que D. Carlos y la izquierda política se empeñen en dar por hecho que ya somos un Estado Federal y que nadie nos va a librar de eso yo creo que minusvaloran el profundo movimiento social que se está gestando contra el tipo de descentralización que se ha producido en España.
Nosotros nunca quisimos esto al votar la Constitución de 78 y un parte muy importante de los votantes actuales de la izquierda tampoco lo quieren. El tratar de imponer un Estado Federal cueste lo que cueste en lugar de recentralizar, que es lo que la mayoría de la gente quiere, no es más que otro intento de hacer ingeniería política y social ( algo que fascina a la izquierda) sin darle a la gente la posibilidad de expresarse en un referendum sobre el tema: la mayoría votaría por un severo recorte del poder de la Autonomías y ni nacionalistas ni nacionales están por nuevos “experimentos” territoriales. UPyD se enfrentaría , llegado el caso ,a una valoración muy negativa.
Yo pensaba que este era un blog de COMENTARIOS y no de tesinas elaboradas con un remiendo por aquí, otro por allá, y con muchas ganas de marear la perdiz, sr. alcotarello. Si ud., realmente busca acomodo a su supuesta y seria alternativa redeconstructiva del estado de las Autonomías quizás deba de buscar en alguna opción política nostálgica tipo Falange o algo así. Y a lo mejor ni siquiera. De lo que se trata, y bién lo sabe ud. es de acabar de una vez con el permanente reclamo nacionalista. El problema, como sabrá, es que una vez que se determinara hasta aquí hemos llegado en la descentralización, los nacionalistas no tendrían razón de ser. Pero claro, siempre hay otro nacionalismo supuestamente más radical para apalancar la reclamación permanente (por cierto ¿a que cree que se refiere lo de Convergencia y Unión?). Es muy fácil manipular a las masas (aprendices de Goebbels y tantos otros) si además cuentas con la complicidad de un partido como el PSOE que no ha hecho más que jugar al cortoplacismo para mantenerse en el poder, mientras otros, tejían cuidadosamente sus telas de araña. Ahora se trata de echar marcha atras en lo necesario, y decir hasta aquí hemos llegado. Los experimentos deconstructivos.. con gaseosa, como decía aquel.
En primer lugar, usted considera que el centralismo es un concepto de derechas o directamente franquista. Es justo al revés. Sólo un estado único y fuerte puede garantizar la igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades a sus ciudadanos. Y este es un concepto izquierdista nacido de la revolución francesa.
De hecho usted se permite prejuzgar mis ideas o mis simpatías políticas. Y de forma bastante insultante.
En cuanto a que el nacionalismo se combate dando competencias y autogobierno a sus gobiernos autonómicos hasta que estén satisfechos no estoy de acuerdo. En España llevamos desde 1978 cediendo autogobiernos y competencias y el resultado es que cuanto más se les da más piden, porque realmente los nacionalistas quieren todo (es decir, la independencia).
No se trata solo de decir ‘hasta aqui hemos llegado en la descentralización’. En mi opinión se trata de quitarnos de encima los complejos, y tener bien claro que el mismo derecho y legitimidad tenemos nosotros a defender el modelo de estado en que querríamos vivir (un estado federal para mucha gente, y un estado centralizado para muchos otros como yo) que ellos a defender el suyo. Y a partir de ahí tendremos que negociar o votar democráticamente que es lo que queremos. Y si somos mayoría los centralistas, pues estado centralizado y sois mayoría los federalistas pues estado federal.
Ya está bien de reconocer ‘pluses de legitimidad’ y de hacer concesiones (por encima de su importancia electoral real) a determinados movimientos como los nacionalismos. Eso ya lo intentó Ramón Rubial en los 80 cuando cedió la ‘lehendakaritza’ al PNV aunque tuviera menos votos y menos diputados y el resultado ha sido nefasto.
En cuanto a los ‘experimentos deconstructivos’, yo creo que lo sí que es deconstructivo es reducir, esquilmar y liquidar el estado central como se está haciendo. El ‘federalismo cooperativo de mediana intensidad’ tendería a reconstruirlo (el estado central) muy parcialmente, y el centralismo reconstruirlo de verdad (aunque no igual ni mucho menos claro).
Y yo pensaba que un blog como este que nos brinca el autor, es un punto de encuentro de gentes con inquietudes, con ideas propias y con opiniones, también propias.
Me da la impresión de que la necesidad de catalogar a la gente que piensa por sí misma, indicándole además qué ubicación le corresponde cuando comete la terrible felonía de razonar, argumentar y en cualquier caso expresar sus ideas, tiene feos indicios de muy poca fe en la libertad y en la democracia, al menos de las de los que no piensan igual que uno.
Las descalificaciones, a menudo cargadas de intolerancia totalitaria no deben de responderse por que pueden ser simplemente provocaciones, pero creo que es higiénicamente muy conveniente ponerlas de manifiesto.
Lamento haber tenido que escribir lo anterior, pero lo he considerado necesario, higiénicamente necesario, quiero decir.
El “modelo federal” que -creo entender- propone UPYD es, en realidad, una recentralización de los aspectos transferidos a las CCAA que, en estos años de democracia, han demostrado generar más problemas que ventajas.
Sr. Alcotarello, no es cierto que los modelos federales sean la excepción: son la regla. Porque, por muy centralista que sea el poder, siempre se han demostrado inercias descentralizadoras cuyo fin es dotar al Estado de más cercanía al ciudadano… desde el sistema provincial romano, pasando por las diócesis de Diocleciano hasta, incluso, el sistema de virreinato. En los países más centralistas europeos, como el caso de Francia, son ya muchas las voces que reclaman más peso de los departamentos de la República, pero es que, además, el eslabón básico de la Administración -los municipios- disponen de una financiación que ya quisieran para sí las paupérrimas arcas locales españolas. Y más países no me valen porque carecen de la extensión y la diversidad geográfica con que cuenta el nuestro. Por ello, para España, es interesante un sistema con cierta descentralización pero conservando, la Administración Central, ciertas competencias que son las que dan encaje a todo el conjunto. No se trata de que permanezcan las baronias territoriales sino que un pequeño empresario -como es mi caso- sólo tenga que desplazarse cien kilómetros para poder hablar con un responsable político con competencias para adaptar, por ejemplo, la formación profesional de los parados a determinado sector que, en mi provincia, puede abundar pero que en otras no. Nosotros tenemos costa y necesitamos, por ejemplo, socorristas acuáticos… mientras que el Huesca lo que necesitan son monitores de sky. Imagínese que tendría yo que hacer en un sistema centralizado absolutamente: perder el día en Madrid para entrevistarme con un ministro de Huesca para decirle que en todo el Estado (porque no hay partes del mismo) hay que dar cursos de socorrismo acuático… ¿y para que Pantano? diria él.
Absurdo es el ejemplo, pero es muy indicativo de que la descentralización tiene la virtud de flexibilizar ciertas tomas de decisiones que, directamente, mejoran la vida de los ciudadanos. El resto de cuestiones son, a mi juicio, absurdas. Me da lo mismo el franquismo-centralisto, la nula capacidad revolucionaria de nuestra sociedad o pensar que las utopías -pasar de un sistema autonómico a uno centralizado- no es posible. La descentralización es buena y es el sistema mayoritario de organización en el mundo: la gran mayoría de las empresas grandes que se mueven sobre un territorio diverso están descentralizadas. Y lo mismo pasa con la mayoría de grandes estados. Y aquellos que no descentralicen adecuadamente perderán oportunidades de futuro pues, en un mundo diverso y global, es bueno que la Administración Central controle aquello realmente importante para que exista igualdad de oportunidades en su territorio dejando otras múltiples facetas en manos de entidades más próximas al administrado para mejorar la eficacia y eficiencia en la toma de decisiones. La otra opción es intentar ser Andorra. Yo, por mi parte, sigo siendo partidario de una mayor descentralización en los entes más próximos al ciudadano: los ayuntamientos. Esa creo que es la gran apuesta porque romperá, por bajo, la impúdica acumulación de poder autonómico y ello, indudablemente, puede hacerse reforzando el papel de la Administración Central.
El problema de Patxi López, por tanto, es no creer en que una política que garantice la igualdad y la libertad en un tema como la inmersión lingüística, que acciones encaminadas a acabar con los privilegios seculares de un territorio o abanderar la idea de que es una ventaja de pertenecer a este proyecto común que es España sea, en realidad, una política autonómica que refuerce esa parte -que también es Estado- que es la Comunidad Autónoma. Por el texto de Carlos parece que este hombre se siente interino, deseoso de que pase un tiempo para repudiar a la esposa apestada (el PP) y meterse en el lecho con los verdaderos representantes del fascismo de hoy en día, en la creencia de que esa es la única vía posible para “hacer política autonómica en un territorio tan secular y especial”. Y esa sensación es la que creo que provoca el rechazo: estás para otra cosa, no para escenas de matrimonio mal avenido.
El Cupo Vasco es veneno: es miel envenenada que hace que las empresas vascas reciban unos ingresos -vía compras de la Administración- que en ningún caso las obtendrían si los recursos autonómicos fuesen acorde a la riqueza generada. Gracias a ello las empresas de otras zonas están más preparadas en un mundo competitivo… y, si un día, se acaba el “Cupo”… a ver que pasa con el que se ha envenenado con ese porcentaje de ventas esperadas de la Administración Vasca. Es lo que hoy nos ocurre en España con el fin de las ayudas europeas, que tanto bien le han hecho a las industrias alemanas.
Y si seguimos con la inmersión lingüística, tendremos la plasmación clara de que PL no cree en la cultura vasca porque si se impone es porque se piensa que la gente, en libertad, la arrinconaría y esta desaparecería. Y lo que es peor: no cree en los vascos que le han votado… porque entiende que es necesario, para acceder a un trabajo, poner trabas al extraño para que no le quite el puesto al de aquí… y eso sólo se piensa cuando, en tu interior, estás convencido de que tus paisanos están menos preparados que los de otros lugares. Gracias a ello muchos escolares perderán una lengua hablada en todo un continente… pero sabrán vasco… es decir, no podrán trabajar a menos de cien quilómetros de donde viven: eso es crear nuevos siervos de la gleba, atados al territorio por la lengua.
Y todo se resume en un concepto: MIEDO.
No es cierto que quienes apostamos por un gobierno de corte federal sólo pretendamos cambiar el nombre y que todo continúe igual. Nosotros proponemos devolver al Estado, entre otras, la competencia de educación: uno de los pilares básicos para que muchos ciudadanos se sientan parte integral del Estado Soberano. Por no hablar de la ley electoral o de la abolición de los privilegios. Pese a quien pese, centralismo es sinónimo de unilateralismo y esto, en mi opinión, es peligroso porque centrar todo el poder en un mismo sitio tiene muy poco de democrático. En una democracia los nacionalistas tienen los mismos derechos que aquellos que nos sentimos ciudadanos del mundo. Los gobiernos de corte federal son propios de estados modernos, por eso son la excepción. Pero, incluso esta forma novedosa de gobierno (como todo en la vida) es necesario revisarla y adaptarla según el tiempo y el espacio. Creo, sinceramente, que de no haber sido por la injusta ley electoral y por la envidia que provoca el que otros tengan privilegios, el estado de las autonomías podía haber sido un ejemplo de buen gobierno para el resto de los países. Esto es lo que en mi opinión pretende UPyD:que los españoles nos sintamos orgullosos de pertenecer a un estado ejemplar.
Un estado centralizado no es, en sí mismo, menos democrático que uno federal.
Plantear al reforma del modelo de estado es plantear la reforma constitucional. En mi opinión, lo más democrático y adecuado sería (antes de redactar una sola línea de la nueva constitución) iniciar la reforma sometiendo ciertas cuestiones fundamentales a referéndum (estado central o federal, y por qué no también si monarquía o república). Y luego que, respetando lo decidido por los ciudadanos, se redacte la nueva constitución, se apruebe en las cortes constituyentes y se someta referéndum. Eso sería mucho más democrático que decidir y cocinar entre unos pocos dirigentes políticos todas las cuestiones básicas antes de redactar la constitución.
Por otra parte, que un estado esté centralizado no significa necesariamenteque todos los órganos administrativos tengan que estar concentrados en una sola ciudad. Jerárquicamente, sí existe una dependencia de un único poder central fuerte que permite hacer políticas integrales y coordinadas. Pero en las comunidades autónomas, regiones, provincias o cómo le queramos llamar en todos los países existen servicios de la administración que pueden desarrollar en ese territorio las políticas, los planes y los proyectos que emanen del poder central, e incluso en el marco de estos desarrollar los suyos propios.
Por otra parte, incluso en los estados centralizados como Francia existen entes regionales (en Francia los departamentos) con sus propios órganos de gobierno elegidos democráticamente. Pero para eso no hace montar un estado federal.
Es cierto que en Francia existe una cierta corriente partidaria de reformar la distribución territorial. Pero es innegable que el Estado Francés actual es mucho más eficiente, mucho más igualitario y que ha conseguido un mayor desarrollo y crecimiento económico y bienestar social que el español.
En tiempos de crecimiento económico el modelo español no ha funcionado del todo mal desde el punto de vista económico. Pero la crisis está demostrando como España es un país económicamente ingobernable cuando se trata de aplicar reformas y políticas restrictivas. El gobierno español no puede controlar ni siquiera el gasto público ni la deuda de sus autonomías, así como gran cantidad de materias blindadas que no pueden ser gestionadas por el gobierno central. Eso en Francia no ocurre.
¿Cuánto es el salario mínimo interprofesional francés? ¿cuánto es el subsidio de desempleo? ¿cuánto dura una baja paternal o maternal?. Francia no es único modelo posible. Pero no creo que sea, en absoluto, un mal modelo.
En relación a lo de Patxi López estoy de acuerdo con lo que dice Carlos. Ahora bien, el “mal” es de origen. Patxi López para conseguir el poder pensaba en 4 opciones (después de las elecciones a punto estuvo de haber una quinta) y por este orden de preferencia:
1.- Pacto PSE con EA y EB, un tripartito a la catalana, donde EB hacía las veces de Iniciativa y EA de ERC. Esto no pudo ser debido a los malos resulotados de EA y de ERC.
2.- Si no era suficiente el tripartito anterior ir al tetrapartido, añadiendo Aralar. Esta opción era más peligrosa por el claro sesgo independentista de Aralar pero se justificaría en el rechazo a la violencia por parte de dicha formación. Tampoco pudo ser por los pésimos resultados de EA y de EB.
3.- Pacto PSE-PNV. Para ello hubiese sido necesario que el PSE hubiera obtenido más escaños que el PNV, única manera de que éste hubiese cedido la presidencia a López.
4.- Gobierno en solitario con apoyo del PP. La última opción contemplada por López y a la que finalmente se ha visto obligado a recurrir. Creo que es este punto de partida del PSE lo que explica el comportamiento errabundo del gobierno de Patxi López.
Lógicamente la 5ª opción hubiera sido tener que contar además de con el PP con nosotros. ¿Qué hubiera ocurrido?, ¿Hubiera habido pacto?, ¿Qué pensáis?.
Para 6, 7 y 8
Se pueden dar todos los argumentos posibles a favor ( y en contra) pero también los que se dieron en la Constitución del 78 nos aseguraron que resolverían definitivamente el problema y hay que ver donde estamos. Hay una actitud previa , que no existe ni en los inermes ciudadanos ni en la clase política ni en los medios de comunicación ni en la escuela ni en las familias ni en la justicia ni en la mentalidad general, para que todos esos maravillosos sistemas no sean pervertidos por los partidos políticos ombliguistas como han hecho hasta ahora. Es decir, no existen condiciones objetivas de suelo social para que una Federación pueda funcionar mejor que lo que hay.
El problema es que tendríamos que mejorar todos los “suelos” al mismo tiempo si queremos que lo territorial pueda funcionar ya que son indisolubles y previos al mismo. Mi opinión es que los ciudadanos ya están demasiado escamados con todo el conjunto y que no apoyarán nuevos planteamientos. También lo es que los procesos de decadencia avanzada como los nuestros no pueden detenerse con tiritas y que sólo se sale con soluciones, a veces drásticas, una vez que los ciudadanos y las instituciones han tocado fondo.
De 6 para 11
El sistema propuesto por los constituyentes era bueno. El problema es que contaban con la buena voluntad de sus sucesores. Ha sido su posterior desarrollo el que lo ha pervertido, especialmente por aquel partido que estuvo en desacuerdo con su texto inicial, el PNV, y que sin embargo es el que mayor tajada ha sacado para su clientela. Ya sabe: unos mueven el nogal y otros recogen las nueces. Después los demás territorios quieren lo mismo para su propia clientela: el café para todos. Y así se ha llegado a la situación actual, haciendo de un concepto matemático abstracto utilizado para el análisis teórico matemático en algo real: la reducción al absurdo. Ah, y la clientela pesebrera no coincide, desgraciadamente, con la mayoría de la población de cada territorio. A esos se les ha convencido utilizando las artimañas recogidas de lo peor de algunos personajes históricos, alguno de los cuales hasta tenían buenas intenciones en su tiempo.
El problema, Forte, en mi opinión, es lo peligroso de las medidas drásticas ¿Cuál es el fondo? y ¿qué consecuencias acarreará?, ¿quién decide que hemos tocado fundo?, ¿el pueblo en la calle?, ¿quién saca al pueblo? Eso es lo que más asusta.
Puede que una tirita no sea lo adecuado, pero quizás lo sea y un buen desinfectante (contra caciques) unos puntos de sutura ( sin privilegios fiscales) y un buen vendaje (educación)
En cualquier caso, estoy de acuerdo contigo; es muy complicado.
No es adecuado poner como ejemplo que Francia tiene mejores datos macroeconómicos que España y, con ello, se demuestra las bondades del sistema centralizado francés. No es así porque nuestros vecinos disponen de una serie de ventajas sobre nosotros: no sólo más población sino un devenir histórico absolutamente dispar al nuestro. De momento llevan muchos más años en la Unión Europea. Tras la Guerra Mundial -que apenas afectó a su territorio en comparación con otros países beligerantes- se pudo beneficiar de la ayuda estadounidense. Nosotros no. La industrialización francesa es de las primeras del mundo. La nuestra, de verdad, empieza con los planes de estabilización de 1959. Su sistema político -la Revolución Francesa- era el ejemplo a seguir y su lengua la de referencia en la diplomacia. Si comparamos la evolución de España con respecto a Francia desde los años 80 es cuando ese magnífico país centralista no sale tan bien parado. De momento el sistema político imitado en todo el mundo tras la caída del muro de Berlín ha sido el Español: la transición política de la Ley a la Ley y no mediante la revolución. El crecimiento económico español y sus infraestructuras (con ayuda de Bonn) ha sido superior al francés. Y no sólo eso. La internacionalización de nuestras compañías está, incluso en estos momentos, dando la batalla al Imperio Obama en su propio jardín: América Latina. Allí Francia está intentando con ahínco entrar (y gracias a Mr.Bean lo conseguirá). Donde mueve ficha es en África: explotando de manera inmisericorde a la población y financiando dictadores amigos… pero ahí se acaba. Así que Francia no pasa por sus mejores momentos. Y lo saben. Por ello discuten la posibilidad de descentralizar para garantizar en agilidad y dar más vida a los departamentos. Por cierto esa “ventaja” con respecto a España también la logra jugando sucio: siendo, en el pasado, el santuario etarra gracias a Giscar d’Estain, impidiendo en la Unión Europea un acuerdo para la liberalización de las redes eléctricas de tal manera que Italia y España sólo pueden comprarles a ellos la energía, le recuerdo el tema de la quema de camiones agrícolas españoles, las nulas conexiones por Aragón a través del centro de Francia…
Y si España no puede controlar el déficit o las variables macroeconómicas es, en parte, porque como tantas otras cosas, hemos errado en la descentralización. Por eso está UPYD… ¿o Vds. creen que estaríamos ahora algunos en este partido si el Estado funcionase de maravilla?. Pues no lo hace y, de ahí, que se hable del federalismo como solución.
Uno de los problemas de las Comunidades Autónomas -financieramente hablando- es que no son corresponsables. Hemos inventado un absurdo sistema de financiación de la descentralización que, por un lado, obliga al Estado Central a ser el malo de la película y recaudar todo y, por otro lado, tenemos a las Comunidades Autónomas gastando a pájara abierta sin que su desplifarro les pueda pasar mella alguna: la culpa será siempre de Madrid que no me dá suficiente dinero. Fíjense, por ejemplo, que distinto es el caso municipal: gobiernos derrochadores ven ahora como los vecinos se alzan frente a ellos y caen sus expectativas de votos cuando los excesos los tienen ahora que pagar con cargo a la subida del IBI.
Es por ello necesario replantear el sistema actual y la solución federal puede ser adecuada. Pienso que lo justo es extenderlo también al municipio: dándole más financiación pero retirándole cierta autonomía de gestión para evitar los excesos. Y la financiación corresponsable: que cada Administración gestione un impuesto con el que financiarse y el Estado Central complemente dichas cuantías para garantizar la igualdad y los servicios públicos mínimos a todos los ciudadanos con independencia de su lugar de residencia. Pero con cercanía al ciudadano: con una descentralización que, vista nuestra experiencia pasada, debe reajustarse adecuadamente.
Sigo insistiendo en la importancia de las áreas metropolitanas y su “melillización”, es decir, su transformación en ciudades autónomas. Si eso se hace las actuales Comunidades Autónomas quedarían convertidas en una especie de Diputaciones para dotar de servicios a ciudadanos de pequeños núcleos dispersos mientras que las Áreas autónomas metropolitanas (Ceuta y Melilla tienen cedidas al Estado todas las competencias que deseamos que las Comunidades Autónomas reviertan) engloban áreas pequeñas pero densamente pobladas. Y todas con sus mismos derechos y financiación.
Por tanto el ejemplo francés es bueno: para no seguirlo.
Es un hecho que Francia hace todo lo posible por poner trabas al desarrollo de España. Nuestro sistema eléctrico está aislado de Europa porque las dos líneas existentes se han quedado pequeñas para nuestras necesidades de intercambio y Francia se apoya en supuestas y falsas cuestiones ambientales para no construir más. La lista de perjuicios y ofensas es ciertamente larga. Francia hoy coopera en al lucha contra ETA, pero yo tengo mis muchas dudas de que haga todo lo que puede. Actualmente son policías españoles desplazados a Francia los que hacen todas la labores de investigación. Los gendarmes y policías franceses efectúan únicamente las operaciones de detención a partir de la información recabada por España en suelo francés. Ha sido un gran avance llegar a esta situación. Pero es muy difícil de creer que si la policía y las autoridades francesas no se tomaran el problema terrorista realmente en serio no pudieran investigar ellos mismos en su propio territorio. El hecho es que ETA sigue sin hacer un sólo atentado en Francia, pese a que al mitad de su ‘Euskal Herria’ está en Francia.
Lo que es falso es que nuestro sistema político sea mejor que el francés. Y tambén que la causa de que nuestra economía sea más débil que la suya sea el hecho de que Francia haga lo posible (guardando las apariencias) por impedir nuestro crecimiento y desarrollo. El discurso victimista de siempre.
Es cierto que la economía española ha crecido más que la francesa desde los años 60. Pero es indiscutible que la situación real socioeconómica y y el desarrollo como país en todos los sentidfos de Francia está muy muy por encima del de España.
Es más que discutible que el ‘milagro español’ se deba a las bondades de nuestro modelo de estado y a la organización territorial y de la administración. El modelo español ha triunfado gracias a las subvenciones europeas y lo ha hecho creando un modelo económico engañoso. En base a la especulación. Un modelo que ahora se derrumba ante la falta de tejido productivo.
Comparas las empresas españolas, frente a las francesas. Las empresas punteras españolas, dentro y fuera de nuestro país, son tres: los bancos, las constructoras y Telefónica. El hecho de que los bancos y las empresas constructoras españolas estén muy por encima del nivel del resto del país es el mismo motivo por el que ahora estamos en crisis. La dependencia económica del sector inmobliario y de la construcción. Las empresas constructoras españolas están teniendo grandes problemas. De hecho, a nadie se le escapa que ayudarlas con fondos públicos ha sido el auténtico objetivo del PlanE. En cuanto al sector bancario español, en teoría está aguantando bien la crisis (gracias entre otras cosas a esa internacionalización). Pero está por ver cómo les va a afectar la crisis inmobiliaria y el impago de hipotecas.
La otra pata del milagro español es el sector turístico. Un sector con un modelo obsoleto de sol y playa, que ha vivido de la ocupación masiva y especulativa del litoral. Y que ahora se encuentra con que no es competitivo frente a otros destinos que ofrecen mayor calidad al turista al no haber destruido el recurso del que viven (el paisaje, la calidad del agua…). Pensemos en la Ribera Maya, Isla Mauricio, Croacia… que además compiten con una mano de obra más barata.
España tiene un gran potencial para el turismo cultural y de naturaleza. En sitios como Escocia se hace un gran aprovechamiento turístico de sus castillos (pese a que son menos, más pequeños y objetivamente de menor interés y valor cultural) que ya lo quisiéramos en España mientras dejamos que nuestros castillos se caigan a trozos por todas las colinas del país. La estructura económica de España es un desastre. Nos ha permitido un gran crecimiento económico a la sombra de las subvenciones europeas y la especulación. Pero es un modelo ficiticio carente de tejido productivo. Y la organización territorial del estado tiene mucho que ver en el fracaso económico español.
Hace años Zapatero se permitió alardear ante Berlusconi porque la renta per cápita española había superado a la italiana. Que tiemblen los franceses porque pronto les superaremos también, vino a decir. Hoy nuestra renta per cápita es otra vez menor a la italiana y seguirá reduciéndose mientras la italiana y la francesa salen de la crisis y aumentan.
En cualquier ámbito socioeconómico o empresarial Francia supera a España. Y en investigación, en universidades… Un compañero de la carrera se fue de Erasmus a un ‘Grande Ecole’ francés y después estuvo trabajando en un centro de investigación francés donde hizo su proyecto fin de carrera. El número de líneas de investigación, los medios de que disponen, las condiciones laborales y las posibilidades profesionales de los centros de investigación franceses ya los quisiéramos en las universidades, el CSIC y todos los centros de investigación españoles. Eso no es precisamente un país en crisis. a parte de que tiene un tejido productivo más grande y diversificado, es un país que necesitando mucho menos que España un cambio en su modelo productivo, está mucho mejor posicionado de cara a las industrias tecnológicas.
El funcionamiento de Francia como país es muy superior al de España. Y la organización territoprial y de la administración, que tienen un funcionamiento mucho más eficaz y eficiente tienen mucho que ver. Un ejemplo. En la última Conferencia de Presidentes Autonómicos el gobierno propuso un documento que no llegó a aprobarse. Uno de los puntos de ese documento decías así:
“[...] el Gobierno de España y los Gobiernos de las Comunidades y de las Ciudades Autónomas acuerdan crear, en el plazo máximo de un mes, una Comisión de Política Industrial con la participación de las CCAA y los interlocutores sociales que, antes del 30 de junio de 2010, elabore una Estrategia Industrial para España 2010-2020.”
Esto ocurrió el 15 de diciembre de 2009. Es decir que a 15 días del inicio de 2010 España no tenía ningún plan industrial para todo el decenio 2010-2020. Dado que el texto ni se aprobó, es de suponer que ni siquiera se ha empezado a formar la mencionada comisión. Así funciona el modelo español para hacer un plan industrial en un momento en que parece haberse asumido la necesidad de un cambio de modelo productivo.
Me cuesta mucho creer que en un estado centralizado como Francia un plan industrial a nivel nacional para los próximos 10 años pueda estar paralizado ante la incompetencia de todos los que tienen competencias en la materia para trabajar y coordinarse.
En cuanto a lo del aislamiento de Huesca con Francia (por culpa de los franceses), recordemos la vergüenza de que el túnel y la la Estación Internacional de Canfranc estén fuera de servicio porque a Francia se le calló un pequeño puente y no pudo reconstruirlo. La obra realizada por España para poner esa estación ahí fue ingente. Y no solo por la construcción del túnel, la vía desde Huesca hasta Canfranc y propia la estación. La estación estaba situada en un valle deforestado azotado por aludes y riadas torrenciales (como el torrente de Biescas) qeu llegaban hasta el fondo del valle donde se construyó la Estación. Los trabajos forestales para estabilizar las laderas y luchar contra aludes y torrentes fueron impresionantes. Sólo en árboles se plantaron 8 millones de pies (creo que Caja Madrid ahora cien años después se vanagloria de que propone plantar un millón en todo el país). Pero lo más impresionante fueron los diques de corrección torrencial y de aludes.
Como mera curiosidad, os pongo dos interesantísimos vínculos para ver fotos de aquello:
http://www.canfrancestacion.es/3.%20Los%20trabajos%20Hidrol%C3%B3gicos%20Forestales/default.htm
Este otro es de lo fototeca forestal del INIA. Seleccionad los aprtados de “Hidrología” y/o de “Repoblaciones” y escribid “Canfranc” en el buscador:
http://wwwx.inia.es/fototeca/index.jsp
Por otra parte una cosa es que la transición española en comparación con la revolución francesa sea un modelo de transforamción política, de cambio de régimen o de democratización más imitado actualmente. Principalmente porque no supone el empleo de la violencia, el derramamiento de sangre ni el peligro de derivar en una guerra civil iherente a toda revolución.
Pero otra cosa muy diferente es que el modelo de estado al que dio lugar la transición española sea mejor que el que se creó tras la revolución francesa o más bien tras la caída de Napoleón, Napoleón III y Luis XVIII. Lo cual es falso.
El modelo español tuvo la virtud de crearse en base al pacto y el consenso. Pero esta virtud es también su talón de aquiles. Se creó una especie de frankenstein entre modelo federal y confederal vestido formalmente como estado unitario o no federal. Entre otras cosas, porque supuso pactar con los nacionalistas independentistas que no creían en ese estado.
El estado francés por contra no arrastra estos problemas estructurales y en sí mismo es mucho más eficaz, eficiente y deseable.
Juan Iborra 16 lo has explicado muy bien; gracias.
Acabo de ver la toma de posesión de José Ignacio Munilla, el nuevo obispo de San Sebastián, al que ha venido atacando desde hace un mes todo el entramado nacionalista vasco, incluyendo las 3/5 partes de los sacerdotes y frailes de Guipúzcoa, por no ser secesionista.
Sin embargo, tanto Munilla como el Vaticano se han mantenido firmes. Resultado: la catedral del Buen Pastor estaba hoy abarrotada y el obispo ha recibido una ovación interminable. Para colmo, el nuncio ha dicho urbi et orbe, y en perfecto español, que las iglesias locales adquieren su verdadero sentido en la Iglesia universal; vamos, casi casi el federalismo de UPyD.
Por su parte, Setién no se ha atrevido a asistir, Uriarte temblaba de hipocresía y envidia y buena parte de los clérigos disidentes se han desmarcado de la disidencia con aplausitos. ¡Hasta ha ido Odón Elorza, el maragallista y ambiguo alcalde de la ciudad!
Evidentemente, el gobierno de Rodríguez ZP no es ni sombra de un átomo del Vaticano ni Patxi López le llega a Munilla al borde de la casulla. Pero poder se puede, ya lo creo que se puede, cuando hay principios, inteligencia y coraje….y un buen liderazgo. ¡Habrá que volver a Misa!
En mi comentario anterior, donde dice ¡Hasta ha ido Odón…! debe decir ¡Tampoco ha ido…!
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(es que este alcalde sociatanacionalistasaltibanqui saca de quicio a cualquiera)