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Progresar en la vida coleccionando enemigos

Repasando hoy los blogs que conozco que merecen la pena –y seguro que hay muchísimos más que no conozco-, me encuentro con que, en su entrega del sábado, el de Albert Boadella entra en un terreno interesantísimo a partir de cierto momento vital: las claves de la felicidad a determinada edad. Albert, a quien admiro, tiene 16 años más que yo, que acabo de cumplir 50, hazaña de escaso mérito pues depende exclusivamente del paso del tiempo: uno no tiene que hacer otra cosa que sentarse a esperar (o tumbarse: el padre nonagenario de mi amigo Javier Mina recomienda que si puedes estar sentado no estés de pie, y si puedes estar tumbado pues mejor que sentado). Así pues, no pretendo presumir de haber entrado en el medio siglo cumplido, una total vulgaridad que agradecería a la naturaleza si no fuera indiferente a nuestras cosas.

Más interesante me parece contrastar las experimentadas recomendaciones de Albert Boadella con mi propia experiencia, en la esperanza de que también puedan ayudar a personas decentes que se encuentren en similar o parecida tesitura. Resumiendo, Albert da cinco consejos para ser feliz a edades entre provectas y medianas, es decir, maduras: coleccionar enemigos, no practicar deportes, tender a la castidad, ser ligeramente millonario y no psicoanalizarse nunca.

Luego entraré en lo de “coleccionar enemigos”; ahora comentaré que, salvo lo de no psicoanalizarse nunca, que es una decisión autónoma, las otras tres son más impersonales: tender a la castidad no depende sólo de uno mismo, sea porque no te ponen o porque aunque sí no te den la oportunidad (lo corriente); no practicar deportes puede ser obligado cuando, como es mi caso, te diagnostican una puñetera artrosis de rodilla (salvo que se consideren deportes cosas como el ajedrez y el mus, que me aburren soberanamente); ser ligeramente millonario, claro que en viejas pesetas, es también cosa de tiempo si tienes una nómina pasable y gastos razonables (decidir no psicoanalizarte jamás ayuda mucho; ¿para qué están los amigos, si no?).

Lo único que es voluntario pero sin haberse buscado, y ahora explico esta paradoja, es hacer una buena colección de enemigos. Creo que quienes hemos conseguido una buena colección de enemistades no queridas tenemos cierto mérito y hasta deberíamos obtener algún reconocimiento, como una desgravación fiscal que ayude al moderado enriquecimiento aconsejado. En efecto, los energúmenos que aman la bronca, los sujetos traidores y taimados, los gorrones, los caraduras, los gratuitamente violentos, los chulos, los ególatras sin motivo, los explotadores, los corruptos, los chorizos, los maltratadores de todo género y condición, los sinvergüenzas, la gentuza en general no tiene el menor problema en hacer enemigos: se los están buscando todo el día. Que a veces se sorprendan de no ser amados no es sino otro de los misterios del alma humana; los ególatras, por ejemplo, resultan incapaces de entender porqué el resto de la humanidad no se considera en deuda impagable con ellos y su genialidad, pero esa expectativa irracional forma parte de su psicopatía. Pobre gente, aunque a veces dan mucha guerra y fastidian bastante.

La forma de coleccionar enemigos que merece algún reconocimiento es la que, al menos al comienzo, no es deliberada ni resulta una consecuencia del carácter personal. “Nada peor que intentar estar a buenas con todo el mundo”, advierte Boadella, y tiene toda la razón. Si uno no es hipócrita, ni indiferente, ni imbécil, y sin embargo la vida le ha llevado a tener algún tipo de papel en las cosas públicas, y si no pretende llevarse bien con todo el mundo pues eso implica inevitablemente sacrificar convicciones y compromisos, tarde o temprano comenzará a coleccionar enemigos: aquellos que no aceptan que no quisiera llevarse bien con ellos y ayudarles en sus negocios. Por supuesto, en política esto es algo muy fácil y visible, pero sucede en todo grupo humano organizado alrededor de algún interés, de las finanzas a los departamentos universitarios, pasando por toda clase de cosas. Si te opones a algo que fastidia a unos cuantos, o si cometes la temeridad de oponerte a ellos mismos, estás perdido: ya te has ganado tus primeros enemigos sin querer. Es este un colectivo que engrosa con pasmosa facilidad. Mientras que resulta difícil tener y mantener más de unas cuantas docenas de amigos, hoy en día es tirado, gracias a internet, que te encuentres con centenares e incluso millares de personas que no pueden verte ni en pintura, a nada que hayas reunido alguna notoriedad. Es un fenómeno digno de estudio. Y no lo digo para lamentarme: como Boadella, estoy convencido de que si te has dedicado a cualquier actividad pública y no has reunido a ciertas edades un buen rebaño de enemigos, de gente que oye tu nombre y brama, algo has hecho mal.

En diciembre, en concreto el 14, además de cumplir 50 tacos, conseguí pasar o rozar del millón de citas en Google (el contador no da la misma cifra todos los días y ahora ha bajado algo, misterios de la tecnología; pero me pregunto si no sería justo que Google correspondiera al tráfico que genero con un generoso donativo a UPyD). Ahora mismo, si introduzco en la búsqueda “Carlos Martínez Gorriaran”, consigo 884.000 resultados (y son todos míos, los “martínez-gorriaranes” somos pocos). No les extrañará que la mayoría sean de foros y blogs donde me llaman de todo menos bonito. Pues nada, por si mis detractores me leen, que lo hacen, que sepan que estoy encantado con ellos. Sus borbotones de odio e indignación sirven para certificar el cumplimiento del objetivo biográfico señalado por Boadella. También es verdad que no es lo mismo que tus enemigos sean gallináceas de pico largo que cosas más serias, gudaris virtuales que auténticos pistoleros, pero también colecciono de la segunda clase. Desde luego, hay un abismo entre ser injuriado en un foro de chalados o resentidos que salir en el Zutabe y en papeles siniestros, pero al final el mecanismo seminal del resentimiento es parecido.

Así pues, feliz año nuevo a los muchos enemigos coleccionados. En el fondo, te hacen un gran favor al mostrar con sus injurias qué es lo que no haces mal de todo en la vida.

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11 comentarios a “Progresar en la vida coleccionando enemigos”

  1. Alekhine dice:

    Conversación entre psiquiatra y paciente:

    (El Psiquiatra): La sesión le costará 300 €
    (El paciente): Doctor, vengo a resolver mi problema, no el suyo.

    Carlos, mis mejores deseos para el próximo año 2010

    P.D.: Menos vanaglorias; si introduzco en la búsqueda “Alekhine” consigo 1.080.000 resultados. ¡¡!!

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