Aminatu Haidar y las “almas bellas”

He leído ya en un par de sitios muy finos que la huelga de hambre de la señora Aminatu Haidar constituye un chantaje al gobierno de España; que éste debe negarse al mismo por principio –obligando si es preciso a la sra. Haidar a alimentarse contra su voluntad-, ya que dicho chantaje es un caso de violencia política; que la violencia política siempre debe rechazarse, sin excepciones y sin que importe la causa invocada. ¡Vaya un argumentario! Esos que antes llamaban, con adecuado sarcasmo, las almas bellas, sacan a colación la sentencia del Constitucional que falló a favor del Estado cuando se obligó a los presos del Grapo en huelga de hambre a ser alimentados contra su voluntad. No voy a decir que asombra las molestias que se toman algunos por quitarse de encima las tragedias que abruman a otros como si se tratara de una mancha de polvo en su americana impecable, o -¡no lo quiera ningún dios!- una cagarruta de paloma obscenamente posada en su hombro sin estar de moda este complemento en particular. Una tragedia como, por ejemplo, la situación del pueblo saharaui bajo la dominación neocolonial del régimen feudal marroquí. Hablemos un poco de esto, y luego de si la admirable señora Haidar debe ser tratada como una chantajista, una activista violenta o, incluso –esto haría las delicias del entorno del Comendador de los Creyentes alauita-, una vulgar terrorista, una polvorienta De Juana Chaos –también he leído la comparación en esas columnas finas- llegada del desierto. Sí, de ese desierto del que la agonía de Franco y el vacío de poder nos hizo, como Estado, salir corriendo abandonando a su suerte a unos 150.000 sedicentes “ciudadanos españoles”, puesto que se les exigía pasar por comisaría para estampar su huella dactilar en aquellos DNI azules del franquismo.

Es innegable que el Estado español –y con él, todos nosotros como ciudadanos- tiene una responsabilidad con los ex españoles a los que abandonó en un limbo jurídico, así como con sus descendientes. Es más, la gesta de la señora Aminatu Haidar es todo un recordatorio del verdadero origen y naturaleza del problema: que España primero, y la comunidad internacional representada por la ONU después, ha hecho dejación de su deber de velar por los derechos elementales que a los saharauis les corresponden como seres humanos. La huelga de hambre en el no-lugar o limbo jurídico del aeropuerto de Lanzarote actualiza que España abandonó, y entregó de hecho, a muchos miles de personas bajo su responsabilidad no sólo sin preguntarles si estaban de acuerdo, sino sin preocuparse por su situación posterior. Que el régimen que reina en Marruecos haya privado arbitrariamente de su pasaporte y nacionalidad a Aminatu Haidar, remitiéndola al limbo de los no-ciudadanos o apátridas como ya les sucedió a sus padres en 1975, no sólo prueba que cualquier parecido entre Marruecos y un Estado de Derecho es mera coincidencia, sino que vuelve a actualizar el origen del problema: la conversión de una sociedad entera, la del Sáhara Occidental, en una turba de apátridas sin lugar propio donde caerse muertos. Salvo que rindan pleitesía a Mohamed V, acto que no tiene nada que ver con la adquisición de ciudadanía en ninguna de sus formas, ni monárquicas ni republicanas.

Sigamos: la huelga de hambre de Haidar, ¿es un acto de violencia política? Me parece una imputación obscena, y explico por qué: primero, porque en cualquier caso sería una violencia contra sí misma, pues es ella y no el Gobierno español quien morirá si la lleva hasta el final. Haidar se limita a disponer de su derecho a vivir: ¿es esto un acto violento? En ese caso, restablezcamos las antiguas leyes que consideraban el suicidio un delito merecedor de castigo público, por pasmoso que hoy resulte aquel desvarío. Añado algo que sin duda se repite sin reparar en su significado profundo: la señora Haidar declara, y practica, que prefiere morir a vivir sin dignidad. Pero, ¿qué es esa dignidad que tanto se invoca, a veces tergiversando su sentido (como en el reciente editorial conjunto de los diarios catalanes)? Tener dignidad es vivir uno dueño de sí mismo: no vivir sometido a la propiedad de otro sobre uno, ni a su autoridad ilimitada y arbitraria.

Lo que la señora Haidar está diciendo con su huelga es que prefiere morir antes que resignarse a que un gobierno teocrático le pueda convertir en una apátrida. Aceptar activamente el dilema entre morir o recuperar su pasaporte para volver a su casa de El Aiún es el hecho que da a esta señora una dignidad innegable. Esta afirmando mediante hechos y acciones que, o vive siendo dueña de sí misma y eligiendo libremente, o prefiere morir. ¿Es eso violencia política? No, es reafirmación de la política como dominio público donde las personas somos libres. Si fuera “violencia política”, todos los resistentes de todo el mundo que alguna vez se han enfrentado a un régimen o a un gobierno despótico o injusto, o a un grupo terrorista o manada de asesinos, arriesgando con ello su vida, practicarían la violencia política. Todo resistente sería un chantajista que exigiría algo –un derecho, un acto de justicia, una reparación- poniendo en peligro su vida. Yendo a lo doméstico: ¿te enfrentas a ETA, por ejemplo?: ¡es un chantaje, vas a obligarles a matarte, y sólo para dejarles en mal lugar y hacerte el mártir! (he oído y leído este obsceno argumento).

Si se nos niega a los seres humanos el derecho a poner en juego nuestra vida para oponernos a gobiernos, entidades o sujetos que quieren privarnos de nuestra dignidad, porque al hacerlo cometemos un chantaje, reclamamos solidaridad o ponemos en peligro la tranquilidad de quien prefiere otras distracciones menos comprometidas, entonces, ¿puede alguien decirme qué nos queda? ¿Y cómo habríamos llegado hasta el punto donde hemos llegado, esa imperfecta y criticable democracia, si tantos y tantos no hubieran ejercido esa “violencia política” que denuncian las almas bellas? ¿Habrán sido chantajistas todos los resistentes, todos los presos políticos y de conciencia, todos los activistas cívicos, todos los amenazados y perseguidos por gobiernos o grupos despóticos y totalitarios? Pues de ser así, que me incluyan en la lista de los chantajistas que recurren a la violencia política. Lamento decir que pienso seguir haciendo ese chantaje, y apoyando a quien lo haga como es debido. Si la señora Haidar es una chantajista que ejerce la violencia política, pues yo también, qué le vamos a hacer, porque creo que tiene toda la razón al exigir al Gobierno español que le devuelva a su casa, de donde se le sacó contra su voluntad en un avión español para hacer méritos ante el gobierno marroquí, que convirtió en apátrida y apestada a esta mujer sólo como demostración de su implacable voluntad de opresión y dominio en un territorio que ocupó ilegalmente. Me parece que la violencia política, y violencia contra la verdad, es negar algo tan evidente. Entre las almas bellas y la señora Haidar, no se puede dudar.

5 comments to Aminatu Haidar y las “almas bellas”

  • Aguardenteiro

    Carlos, muchas gracias por este artículo.
    Suscribo todo cuanto dices en el. Es un gusto leerte

  • pasabaporaqui

    Un artículo imprescindible. Deberían leerlo los autores del editorial conjunto de los periódicos catalanes donde se enarbolaba la “dignidad”, sin saber su verdadero significado, el que esta mujer valiente, precisamente, nos está mostrando.

  • Moncho

    Los republicanos de la Ceja sollozan al Rey que intervenga para poder decir luego que ha fracasado o que se ha saltado la Constitución. No sé si tendrán alma pero bella seguro que no.

  • ElblogueroantesllamadoKepa

    Sólo esta breve incursión, para los ojos de los amigos:

    Me acaban de llamar para decirme que mi Santa y yo hemos sido nuevamente abuelos.

    Ojalá que este nuevo españolito que ha venido al mundo este al abrigo de tantas ocasiones que le acecharán el corazón para intentar helárselo. Para empezar, tiene unos padres que lo han deseado y que desde el segundo cero de su vidita le han acogido con amor y emoción. Lo dije con su hermanito mayor (¡Criaturita! ¡”Mayor” ese tocinito de cielo! ¡Increíble!) y lo repito con él, ahora. Será acunado por miles de alientos afectuosos en la invisible cadena de los brazos que han arrullado a quienes le han precedido. Que su corazoncito sea un acumulador del cariño que ya está recibiendo, heredero de tantos besos del pasado.

  • Me encantó el artículo ya que sintetiza con claridad y concisión todos los matices del conflicto.

    Muy a mi pesar no ha sido haste este fin de semana cuando de veras he tomado conciencia de la situación de esta señora.

    Hoy he hecho una entrada en mi blog con la moraleja del cuento de Clarín de Adios Rosa, Adios Cordera.

    Esto tiene muy mala pinta.