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¡Anda, la corrupción!

España es un país muy preocupado por la corrupción, sobre todo por su adecuado reparto. ¿Qué hay que hacer para entrar en el circuito de la mordida, la comisión, la prebenda y el trozo de tarta? Muchos piensan que meterse en política, con preferencia política municipal, creencia que no carece de firmes fundamentos empíricos. Sin embargo, es un punto de vista estrecho, pues el despliegue y maduración de las corruptelas ya permite enriquecerse ilegalmente presidiendo distinguidas entidades como el Palau de la Música, la Fundación-Museo Balenciaga o el Museo Guggenhein. Que no se diga: la corrupción no es sólo ya cosa de políticos y acólitos, sino de gestores culturales; no sólo del sur marrullero de andaluces y valencianos, sino del severo norte burgués de vascos y catalanes. Así que si usted, atento lector, no ha sido todavía tentado por la corruptela, no pierda la esperanza: puede tocarle tarde o temprano.

El error radica en creer que la corrupción es “algo que hacen los políticos”, y que el resto no participa o simplemente se deja querer: es irresponsable. Pues no, cualquier medio para llegar a un fin saltándose las reglas y los principios mediante engaños es un medio corrupto. Además del político que se deja sobornar, o que apalanca recursos de financiación ilegales para su partido, o del constructor o inmobiliario o empresario que dan el pelotazo por su asociación con políticos corrompidos, hay muchísimas otras formas de corrupción. Así, el fraude fiscal es corrupción pura y dura, pues los defraudadores obtienen servicios que no pagan y los demás pagamos por ellos. Es corrupta la costumbre, tan extendida entre los gremios autónomos, de no cobrar el IVA o, directamente, no hacer facturas.

Es corrupción instituida que el único sector laboral que realmente cumple con hacienda sea el de los trabajadores con nómina, que prácticamente sostienen a las administraciones públicas mientras los rentistas invierten sabiamente en productos sin cargas fiscales. El déficit público español, que tiende a ser monstruoso, quedaría solventado según muchos analistas si se erradicara el enorme fraude fiscal. Muchos de los que defraudan a hacienda replican que pueden hacerlo porque las administraciones también defraudan y los políticos dan el mal ejemplo que ellos siguen, con lo que tácitamente admiten que ellos son tan corruptos como los Gurtel, Pretoria o Boadilla del Monte.

También es corrupción la morosidad de la administración pública que no paga a sus proveedores, consiguiendo que quiebren empresas y autónomos cuyas ocupaciones serían perfectamente rentables si la administración les pagara cuando debe, y no cuando le viene bien para cuadrar sus cuentas. Corrupción es, por la parte privada, que las grandes empresas se pongan de acuerdo para pactar tarifas y evitar que bajen los precios, pese a su ferviente amor al mercado libre sin trabas públicas.

Y no es menos corrupta la práctica de los medios de comunicación de favorecer a unos intereses contra otros a costa de la verdad de los hechos, manipulando la información que se transmite a los ciudadanos como objetiva. O que dan lecciones de moral y trompetean su indignación desde los artículos editoriales mientras se financian con páginas y páginas de publicidad de prostitución que sin duda encubre situaciones de explotación sexual intolerable.

La lista es casi interminable: los empleados de bajas por falsas enfermedades, los perceptores de ayudas a las que no tienen derecho, los estudiantes que copian trabajos, los piratas de internet, los funcionarios que se ausentan del trabajo en horas laborales, los que piden préstamos sin la menor intención de devolverlos, los que no pagan una deuda si no es a punta de pistola, los caraduras a tiempo completo… Bueno, entonces ¿no hay ningún sector ni situación libre de corrupción? Pues no, potencialmente ninguno está libre de esa tendencia humana a aprovecharse de los demás y sacar tajada con el mínimo esfuerzo. Por eso mismo es un poco ridícula esa indignación impostada hacia la corrupción de los demás. De lo que se trata, lógicamente, es de la dimensión y profundidad de la corrupción. No es lo mismo una sociedad donde absolutamente todo depende de los modos corruptos y no deja más remedio que adaptarse para sobrevivir, que sociedades en las que los casos de corrupción son raros. Sobre todo, no es lo mismo contemplar la corrupción con indulgencia y naturalidad –una actitud cínica- que proponer la tolerancia cero. Pero es que la tolerancia cero tampoco tiene nada que ver con el puritanismo de quien se considera a salvo de cualquier acusación de corrupción –muchísimas veces sin el menor fundamento o más bien lo contrario- y, por tanto, condena con fanatismo a quienes considera corruptos incorregibles: pasando de la crítica a los políticos corrompidos a la condena de la democracia sin paliativos, por ejemplo. Estos últimos, los puritanos inquisidores, suelen ser los peores y en realidad los más corruptores de todos, pues su crítica de la corrupción no es política ni moral, sino simplemente egocéntrica y desvergonzada, porque parte de su pretendida superioridad sobre el resto de la humanidad. Algún día contaré algunos casos sumamente instructivos que estamos soportando estos últimos meses.

Pero a lo que íbamos: como la corrupción se extiende con tanta facilidad por la propensión general a beneficiarse de su práctica, hay que entender que las medidas anticorrupción tienen que ser prácticas y de orden jurídico-político, es decir, leyes e instituciones capaces de hacerlas cumplir. De nada sirve un Tribunal de Cuentas que sólo emite informes que no obligan a nada, pongamos por caso, en la indispensable corrección de las finanzas de los partidos políticos y sindicatos. Y de menos sirven todavía los discursos moralizantes de los Savonarolas y Torquemadas de turno, tan estupendos como inquisidores como mentecatos o mentirosos como políticos (todos los dictadores y totalitarios que en el mundo han sido se presentan indefectiblemente como azotes de la corrupción de los demás). Lo que se necesita para atajar la corrupción es, precisamente, más mejor política y no menos y peor política, y más ética pública consecuente y menos moralina tartufa. Una buena reforma a fondo de nuestras instituciones, una moralización seria de la educación, y menos ruido de rasgado de vestiduras y vertido de cenizas.

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5 comentarios a “¡Anda, la corrupción!”

  1. CitizenPepe dice:

    Bravo. No se puede decir más claro.

  2. jlmhens dice:

    En este país de pícaros no nos damos cuenta que en los pequeños gestos diarios es donde está la corrupción y la mayoría somos cómplices.

    He encontrado una cita de A. Rooney que me ha hecho reflexionar esta mañana:

    Todos nos sentimos orgullosos al cometer pequeños errores. Sentimos que así no incurrimos en los grandes.

    Estoy de acuerdo en cuanto a lo autónomos y tomo nota. En Andalucía tenemos la escandalosa institución del PER que todo el mundo acepta sin rubor. Por último, creo que también habría que dedicarle un capítulo importante a la figura intocable del funcionario español. La aspiración de la mayoría de los jóvenes.

  3. Sake dice:

    Debemos decir soy corrupto hasta donde llego tratemos de hacer leyes que me obliguen incluso a mí. Leyes que puedan decir ¡eso que usted dice es mentira y tiene ésta multa!, en ése caso me callaria y guardaria silencio para siempre.

  4. Woodesso dice:

    Yo también estoy harto de toda esa gente, que menudea en el asociacionismo vecinal, que a tantos años vista del “Terror” robesperriano siguen contándonos la milonga de que la corrupción se elimina con crecientes dosis de virtud administradas por “sacerdotes” laicos.

    Y ojo que no son pocos los que se acercan a UPyD sólo con este discurso del “hay que acabar con los políticos corruptos”. Lamentables son.

  5. atticus dice:

    Estando conforme con el fondo de lo por usted expuesto, llamo a su consideracion sobre las siguientes cuestiones: existe una notable diferencia entre todos los sujetos por usted nombrados, es decir entre el politico y el ciudadano, y es fundamentalmente de inicio, el ciudadano no elabora programas electorales, no postula su honradez en ningun foro, ni gestiona el interes comun ( economico/politico), no tiene en resumen un papel ejemplarizante en el sistema, como lo tiene el politico, en derecho penal aunque el delito sea el mismo, la condicion del autor es muy relevante al otorgarle una posicion de especial autoridad, ventaja ( el padre, el esposo, el juez, el policia etc). Entender como usted plantea esta cuestion enlaza con una teoria muy bien definida detallada en un libro MOVIMIENTOS CIVICOS, que argumentaba sobre el relativismo y el universalismo de las ideas, con mucha lucidez. Para que conste soy afiliado del partido pero NO RESIDO EN MADRID, ni conozco las diferentes posturas dentro del partido ( ni ganas), que bastante he tenido ya con el congreso, y como decia Lina Morgan ” agradecida y emocionada”.

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