Y vayamos a la primera de las objeciones habituales que enumeré –sin ánimo exhaustivo- en la primera pieza de esta serie: la de quienes preferirían al “Estado de las Autonomías” un Estado unitario centralizado al estilo de Francia o Portugal, pongamos por caso. También comparten esta idea los nostálgicos del Estado franquista, que echan de menos los gobernadores civiles, las diputaciones y otras barreras contra el desorden democrático. Pero dejemos claro que un Estado centralizado, jacobino para decirlo con la intención torpemente derogatoria de los nacionalistas –el jacobinismo fue un movimiento admirable, pese a su triste fin en el Terror-, es tan democrático como uno descentralizado. Francia no es menos democrática que Alemania o España, y a día de hoy seguramente lo es más que la pobre Bélgica, donde los ciudadanos son segregados y discriminados por su lengua. Por lo tanto, dejémonos de complejos: defender la abolición de las comunidades autónomas y una España tan centralizada como Francia es una opción tan democrática como defender la máxima descentralización concebible, y mucho más que reivindicar la autodeterminación tan cara a los nacionalistas, cuyo ejercicio implicaría negar la ciudadanía común y destruir el Estado democrático. No estamos debatiendo sobre qué fórmula es más democrática, si la federal o la centralizada, sino sobre cual es más adecuada para resolver los problemas cotidianos y constitucionales que tenemos sobre la mesa.
Dicho esto, me parece prácticamente imposible sostener la viabilidad de que España sea en el futuro inmediato un Estado semejante a Francia o Portugal en el grado de centralización. España sólo ha sido un Estado realmente centralista y centralizado durante la dictadura franquista, con el desgraciado efecto de que para una parte apreciable de la opinión pública española centralismo equivale a negación de la democracia. Y para cualquiera que tenga la edad suficiente y haya conocido la España de Franco, es evidente e innegable que la descentralización democrática ha tenido espléndidos efectos en cosas importantes. En 1975 el nuestro era un país pobre, atrasado y siniestro fuera de determinadas áreas urbanas (lamentablemente, no tengo espacio para algunas anécdotas personales bastante ilustrativas). Veinte años después era un país completamente diferente y mucho mejor no sólo en aspectos materiales (infraestructuras o calidad de vida en las ciudades, por pequeñas que sean), sino en los sociales y culturales gracias también, aunque no sólo, a la descentralización.
Como suele pasar en el terreno político y social propio de las sociedades abiertas, el problema es más bien de grado: ¿cuánta descentralización y cuánto centralismo necesitamos? El proceso descentralizador se ha convertido en centrifugación disparatada –con normas autonómicas incompatibles, con Ministerios del Gobierno nacional sin competencias, con 17 leyes educativas y sistemas de salud, etc.-, evolucionando sin ningún horizonte político ni modelo de Estado, ni previsión constitucional de agotamiento de la descentralización.
Tenemos un país descentralizado de modo desigual, incoherente e incongruente, sin el menor respeto por los principios constitucionales de igualdad de derechos y obligaciones o de preponderancia de la legislación estatal sobre la autonómica. Como ya instauró el sistema electoral que padecemos, los territorios y las entidades abstractas prevalecen sobre los ciudadanos y constriñen gravemente su desarrollo político. Ha sido así debido al sistema de partidos que ha convertido, por una parte, en imprescindibles a las insaciables “bisagras” nacionalistas (véase el reciente caso del blindaje del Concierto vasco y el papel determinante del PNV y CC en la negociación de los Presupuestos del Estado), y por otra ha favorecido la conversión de los antiguos partidos nacionales en una Confederación de Derechas Autónomas en el caso del PP, y en una congregación de partidos autonómicos filonacionalistas en el del PSOE. Pero la alternativa no puede ser de ningún modo la regresión a la situación previa a la Transición. Ni es posible ni es aconsejable.
Tampoco ofrece ventaja alguna postular la adopción de un modelo centralizado a la francesa o portuguesa, y no sólo por el innegable peso de los nacionalistas y particularistas o regionalistas de todo tipo en casi todas las CCAA, sino porque el camino recorrido no tiene vuelta atrás. Las instituciones autonómicas existen con el beneplácito general –que incluye la crítica a sus excesos o ineficacia- y de lo que se trata es de que haya un sistema igual para todos, objetivo en el que el Estado de las Autonomías ha fracasado estrepitosamente.
Necesitamos un avance progresivo hacia un Estado centrado no en las diferencias locales –sean de lengua, historia o costumbres-, sino en lo que nos une. A menudo se olvida que lo que sigue manteniendo España como Estado y Nación viva no es la Constitución o las instituciones, sino la evidencia diaria de que existe una Ciudadanía española que quiere seguir formando una misma comunidad política, y que en buena parte comienza a estar más que harta de los derroches y disparates de la centrifugación autonómica. Esa ciudadanía –y bien lo sabemos en UPyD, porque sin ella este partido no habría pasado del proyecto- valora más lo que le une que lo que pueda separarle. Y esa ciudadanía es perfectamente capaz, contra los que piensan quienes minusvaloran sistemáticamente su capacidad intelectual, de pensar si el sistema federal, adaptado a las condiciones españoles, proporciona o no ese horizonte adecuado para el Estado de todos. Puede que una vez debatida y explicada la idea tampoco consiga un apoyo suficiente, pero ¿por qué dar por hecho que la mayoría es tonta y no va a comprendernos? ¿Por qué no dar una oportunidad al debate y al intercambio de ideas, libre de sectarismo y patriotismo de partido? ¿Por qué aceptar que la política debe hacerse a la defensiva de unos nacionalistas sobrevalorados? Resignarse a que nada cabe hacer sino administrar malamente el desastre actual –al estilo del PSOE y del PP- es un muy mal punto de partida para abordar una reforma seria de nuestra democracia. Equivale, de hecho, a renunciar a la principal cualidad de la democracia: su capacidad de reformarse y elegir libremente.





#1 by Citizen Pepe on 26 Octubre 2009 - 10:28 am
Además de los aspectos legales de la reforma que se necesita, hay que tener en cuenta otros diríamos “formales”, como por ejemplo la figura de los presidentes autonómicos, que parecen ser virreyes autónomos que se tratan de tú a tú con el presidente del gobierno Central.
Hay que dejar bien claro que son meros funcionarios subordinados al poder central del estado, y así deben presentarse a sí mismo frente a la ciudadanía.
#2 by Citizen Pepe on 26 Octubre 2009 - 10:29 am
La clave de toda reforma, en mi muy humilde opinión, esta en el Senado.
#3 by luis on 26 Octubre 2009 - 10:01 pm
Estimado Carlos,
Te agradezco sin ironía el primer párrafo en el que reconoces la legitimidad de proponer un estado centralista, estoy de acuerdo contigo aunque tampoco es mi modelo de estado perfecto. Lo que me ha causado sorpresa, y mas teniendo en cuenta tus conocimientos de Historia, es que mantengas que “España sólo ha sido un Estado realmente centralista y centralizado durante la dictadura franquista” ya que si no recuerdo mal el periodo de la restauración durante la vigencia de la constitución de 1876 (la mas longeva hasta el día de hoy, 1876-1931) no fue precisamente de una organización descentralizada. Entre otras cosas porque, supongo yo, que estarían borrachos de “descentralización” después del espectáculo de la Primera República, tanto su etapa federalista (1873-1874) como los 11 meses de república unionista. A riesgo de parecer historicista permiteme que cite una anecdota de un periodo muy marxista, pero de Groucho no de Karl. Es la de su primer presidente el catalán Estanislao Figueras cuando en un Consejo dijo en perfecto catalán aquello de: “Señores, ya no aguanto mas. Voy a serles franco:¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!.
Anterior a la Primera república no recuerdo ningún periodo descentralizador por lo menos hasta 1707 cuando Felipe V promulgó el decreto de Nueva Planta con el que abolió las Cortes de Aragón y de Castilla para crear las Cortes Españolas. Y antes de eso tenemos la España Imperial y como tu muy bien dijiste para el caso alemán, no es lo mismo federación que imperio, y si no que se lo digan a Luke Skywalker y a su padre Anakin/Dark Vaden.
Está bien eso de comparar al PP con la CEDA aunque no sea muy riguroso pero de ninguna manera estoy de acuerdo con que el PSOE sea “una congregación de partidos autonómicos filonacionalistas”. El PSOE es un partido federal con organización federal y que se comporta como tal y no reprochemos al nacionalismo lo que es la esencia del federalismo. El problema del PSOE es que el PSC ya no forma parte del PSOE mas que de forma aparente y el problema de los españoles es que el PP lleva el mismo camino.
Hace unos dias un juez preguntó a un delincuente lo que era para él el patriotismo y este respondió con todo el cuajo del mundo que para él era querer que gane el equipo nacional de futbol
Evidentemente que España existe porque la gente tiene ese sentimiento de formar parte de una misma comunidad política, pero no temamos decirlo claramente, España existe porque existe la NACION española. Pero eso no tiene nada que ver con que la solución para esa Nación española sea el federalismo. ¿Que los españoles pueden entender que es el federalismo?. Por supuesto, y cuanto mejor lo entiendan menos federalistas habrá. Pero explicadlo bien, sin trucos y con detalle. Por ejemplo: ¿Que es eso de “adaptado a las condiciones españolas”?. Y sobre el apoyo suficiente, estoy seguro que a nivel institucional una propuesta federal tendrá todos los apoyos del mundo, si el PSOE es federal desde su nacimiento y este es el único tema que nunca se han atrevido a sacar por desangrarse de votos. ¡Que mayor favor le podemos hacer al PSOE que proponer un estado federal y que ellos se dejen querer!. Para el PSOE es el escenario ideal. ¿Y para el PP?. Pues como siempre ni fu ni fa, pero también como siempre se terminaran por subir al carro porque es la única manera, y en estos si se parecen a la CEDA, de seguir pillando poder, poder, poderrrr. En cuanto a los nacionalistas ya sabemos que no quieren oir hablar de federalismo ni de lejos pero como son chicos de recursos ya buscaran el ejemplo de Canada en cuanto al federalismo asimétrico o pedir una Cataluña y Euskadi como estados libres asociados, o algo se les ocurrirá.
Saludos
#4 by Pedro on 27 Octubre 2009 - 10:32 am
Buena opción el Estado Federal Cooperativo. Teniendo en cuenta el desbarajuste terminológico español en lo que al modelo de Estado se refiere, yo le llamaría Estado Federal Pedagógico y Cooperativo, porque va a ser necesaria una buena dosis de pedagogía para explicar lo obvio. Prueba del nueve de su necesidad.
#5 by Sevase on 27 Octubre 2009 - 1:59 pm
Estimado SR. Gorriagán.
Por supuesto que defender esos sistemas: federal, centralista, republicano o jacobino, es un derecho y muy democráticos todos en sus respectivas situaciones y siempre que no sean excluyentes. Incluso los excluyentes según nuestras leyes tiene ese derecho.
Pero como bien mencionas en el apartado III, las etiquetas son superfluas pero pueden hacer mucho daño, si no se tiene cuidado cuando y donde se dicen.
Por ejemplo un sistema tipo republica, pues nadie creo que diga que sea malo, solo hay que ver Francia y sus sistema Republicano centralizado.
Pero republica en España tiene connotaciones diferentes, no solo pasadas sino que se enfrenta a una de las instituciones mas queridas por la ciudadanía de a pie, que es la corona. Todos podemos ver los grandes homenajes que le están haciendo a Don Sabino.
Por eso un sistema federalista puede ser bueno, pero choca dentro del partido.
1º con el manifiesto fundacional.
2º las repercusiones internas y externas de un cambio así.
3º su viabilidad real, no histórica.
4º su proyección mediática.
5º es vender la piel del oso antes de cazarlo.
6º no hay demanda social, en concreto del federalismo.
En definitiva ofrecer un sistema de gobierno federalista, antes de tener influencia en el gobierno, o antes de cazar el oso, es adelantarnos demasiado.
Bueno, espero estar en la comisión de esta ponencia, como parte contraria a su aprobación.
Y también espero que dentro de unos años cuando el estado haya recuperado algunas competencias y estemos más preparados, poder ofrecer un sistema federalista, por que lo va a demandar la sociedad.
#6 by ggyanez on 27 Octubre 2009 - 2:56 pm
Aunque “federal” y “cooperativo” son términos interpretables, bajo el título de “Ventajas del federalismo” se debería explicar al menos una ventaja para el ciudadano de a pie de costear varias administraciones sin relación jerárquica entre ellas. Los problemas que esto genera cuando se hace mal ya los sufrimos hoy en día. “Cooperativo” me parece más una aspiración traicionable que una cualidad intrínseca en lo federal. En un estado unitario no se plantea la necesidad del calificativo.
“¿cuánta descentralización y cuánto centralismo necesitamos?”
Premisa: Una sola administración es un mecanismo más simple, coordinado y eficiente en: Justicia, Defensa, Exteriores, Meteorología, etc. Se podría justificar por : Economías de escala, Unidad de registro, Interés general, etc.
Preguntas: ¿Cuáles son las competencias o servicios públicos que se ejercen o ejercerán más eficientemente a nivel autonómico o local y por qué?. Por ejemplo, ¿Por qué es mejor un cuerpo de bomberos local, comarcal o autonómico? ¿Quien mantiene el hidroavión? ¿Cual es nuestra experiencia real en España sobre esto?
#7 by alcotarelo on 27 Octubre 2009 - 4:31 pm
Estimado Carlos:
Me parece una argumento muy pobre las vagas razones que se aportan para desechar la posibilidad y la funcionalidad de un estado centralista o centralizado.
Uno de los lastres ideologicos e intelectuales de la sociedad y la política española es creer que por definición todo lo que se hizo en la dictadura está mal, y todo lo que sea contrario a lo que se hizo entonces está bien. De esta argumentación victimista viven los nacionalismos.
Concretamente, es falso e indamisible el argumento de que por el hecho de que entre 1939 y 1977 España haya sido un estado centralizado, esa opción sea peor o no sea posible.
Franco y su dictadura hicieron muchas cosas inadmisibles, y muchas otras simplemente mal hechas. Pero algunas cosas se hicieron bien, e incluso algunas se hicieron mejor que ahora. Por ejemplo, la política y la gestión forestal.
Ser crítico implica la capacidad de analizar y descomponer el todo en sus partes, de reconocer bondades en lo que está mal, y defectos en lo que que está bien.
Solo así es posible mejorar.
#8 by Hotspur on 27 Octubre 2009 - 9:14 pm
Hola Carlos
En estos cuatro textos pareces responder a quienes ponen en entredicho la idoneidad del sistema federal para España. A mí me han convencido, pero en la web de UPyD se echan de menos las razones, por ellos mismos expresadas, de quienes no lo ven así.
#9 by glemurillo on 28 Octubre 2009 - 10:51 am
Estimado Carlos:
Sin duda, uno de mayores méritos de nuestro partido, es la labor pedagógicopolitica que está llevando a cabo.
Las cuatro entregas que llevas sobre la idoneidad del federalismo, como solución a los actuales problemas del país, entre muchas otras, como la reforma de la ley electoral, son buena prueba de ello.
El propio Paco Sosa, en su conferencia pronunciada en la Facultad de Derecho de Córdoba, comenzó a convencerme de la misma, hace casi un año.
Ahora bien, en política una de las claves del éxito, en todos los aspectos, radica en adoptar las decisiones correctas en el momento oportuno.
¿Es el momento oportuno para adoptar esa decisión?
¿No sería mejor continuar con la labor pedagógica algo mas de tiempo?
¿Esperar que esa labor consiga llegar, mas y mejor a los ciudadanos, antes de tomar una decisión?
Esas son mis únicas dudas.
#10 by Juanillo on 28 Octubre 2009 - 3:09 pm
Hola:
He estado leyendo sobre los comentarios reticentes respecto al federalismo y a la idoneidad del planteamiento, pero si uno de los puntos por el que se creó UPyD fue cerrar la organización territorial del Estado, creo que la propuesta federal sería buen modo de apuntalar un estado autonómico federalizante como el que tenemos ahora, sería una buena forma de delimitar las competencias que le corresponde al Estado y las que les corresponde a las CC.AA.
Hoy en día, tras estar viviendo en estas últimas décadas en un Estado descentralizado sería absurdo volver a uno centralista, pero lo que no se puede estar entre dos tierras y vivir bajo un sistema asimétrico y ambiguo, porque hay que saberlo, los nacionalistas periféricos quieren cualquier sistema que no sea el federal, que no sea simétrico, y que más bien sea paracido a uno confederal, y UPyD, un partido que no es separatista precisamente callaría muchas bocas, sobre todo la de esos partidos que piden federalismo cuando lo que piden es otra cosa.
respeto evidentemente a los reticentes, pero ¿cuándo se puede saber sobre la idoneidad de una propuesta? ¿cómo saber si será negativa o no?, y claro que no lo demanda la sociedad (hay cosas mas acuciantes), pero lo que si demanda es que se cierre el debate territorial, uno de los puntos del manifiesto por el que se creó UPyD, y creo que sería reformar el Estado autonómico que ya tenemos (por lo que no habría que crear otro) y transformalo en uno federal.
Espero que salga la propuesta, y si no sale pues bien también, saludos.
#11 by tonho on 28 Octubre 2009 - 7:27 pm
Hola, Carlos.
Simplemente felicitarte por este artículo y por sus predecesores. Yo ya tenía la opinión de que el modelo federal sería el ideal para España, pero gracias a esta serie he aprendido bastante más acerca de él.
Un cordial saludo,
Toño