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Las ventajas del federalismo (III).

Volvamos ahora a la segunda de las objeciones más habituales enumeradas en la primera entrega de esta serie: que un Estado federal no es necesario para garantizar la igualdad y viabilidad estatal porque bastaría con devolver al Estado algunas de las competencias estratégicas traspasadas a la comunidades autónomas, como la educación, las prestaciones sanitarias básicas o la gestión del territorio. Es, además, la propuesta recogida en el programa de UPyD para las primeras elecciones generales. Y los más inseguros o medrosos dicen: “pero hombre, si ya hacemos esta propuesta de devolución al Estado de competencias, ¿por qué ir más allá y proponer nada menos que un Estado federal, que es algo que no entiende nadie en España?”.

Comenzando por el final, eso de que nadie nos va a entender si proponemos un modelo federal me recuerda mucho a las pegas de personas muy expertas, enteradas y razonables que oímos cuando fundamos UPyD: que nadie iba a entender por qué hacía falta un partido nuevo creado por Rosa Díez y tres aficionados (esto era antes de que se hablara de los diez mil fundadores de UPyD), y por tanto iba a ser un completo fracaso. Como le pronosticó en tono conmiserativo un famoso columnista y editorialista de El País a Fernando Savater, podíamos darnos por satisfechos si en las primeras elecciones sacábamos 30.000 votos… Luego resultó que fueron diez veces más, que estos enterados no lo estaban tanto; nosotros teníamos razón y ellos no porque en la sociedad española había muchos más ciudadanos ilustrados y comprometidos de lo que sospechaban. ¿Por qué no confiar más en la capacidad crítica y comprensiva de nuestros mejores conciudadanos, en vez de fijarnos sólo en los zotes? También nos decían que lo del partido transversal era incomprensible, que “progresista” era una palabrota desprestigiada, y que el laicismo asustaría a las buenas gentes. Como nada de todo eso ha resultado cierto, no veo razón alguna para dar crédito al augurio de que asumir el modelo federal será nuestra perdición…

El problema de fondo estriba en que devolver competencias al Estado implica una profunda reforma constitucional: no es algo que se pueda hacer por decreto, ni mediante una ley orgánica aprobada en las Cortes por mayoría simple. Cuando hablamos de que las CCAA pierdan competencias e igualen las que tengan en el marco de un Estado descentralizado pero fuerte, que de eso se trata, hablamos de una reforma de la Constitución en toda regla. Y podemos rehuir la palabra federal, pero el resultado sería ese mismo, una especie de federación. Alguno dirá, “¿y qué?; si la palabra es un obstáculo, rehuyámosla, tampoco es una cuestión de principio”. Podemos discutir si es asunto de principios o no llamar a las cosas por su nombre –yo creo que sí, aunque admito que hay que tener en cuenta la oportunidad (no vas a darle el nombre que merece a un matón que puede fulminarte sólo por ser sincero, por ejemplo)-, pero me parece difícil de negar que una de las deficiencias más serias de la Constitución actual, y del sistema jurídico derivado, es su extremada imprecisión en asuntos que el tiempo ha demostrado claves. Por ejemplo, el de las competencias estatales y autonómicas.

La Constitución vigente deja abierto el grifo de la transferencia permanente de competencias incluso si ello afecta a la viabilidad del Estado. Si leemos la Constitución sin anteojeras resulta que, forzando las cosas, no hay ni una sola competencia estatal que no se pueda transferir a una comunidad autónoma: subrayo lo de ninguna. Es algo que comprendieron perfectamente los nacionalistas, o los redactores del nuevo Estatuto catalán. ¿Que no se lo creen? Pues lean: “El Estado podrá transferir o delegar en las Comunidades Autónomas, mediante Ley Orgánica, facultades correspondientes a materia de titularidad estatal que por su propia naturaleza sean susceptibles de transferencia o delegación. La Ley preverá en cada caso la correspondiente transferencia de medios financieros, así como las formas de control que se reserve el Estado.”(VIII, II, art. 150.2) Y a estas alturas ya hemos visto la generosidad de chicle con la que se puede interpretar esta cautela de la naturaleza susceptible de transferencia.

¿Qué ventaja podría aportar entonces la definición del Estado como federal?: pues precisamente la eliminación radical de esta ambigüedad. El catálogo de competencias exclusivas del Estado (actualmente enumerado en el art. 149) definiría éstas como competencias federales de titularidad indelegable en cualquier caso; a efectos administrativos, el Estado podría delegar la gestión para que, pongamos por caso, una Comunidad Autónoma que deseara invertir más de sus propios recursos en educación, pudiera mejorar los centros educativos, pagar más incentivos a los profesores o cualquier otra medida semejante que no rompiera el principio de que el sistema educativo y el currículo escolar fuera básicamente el mismo en todas las comunidades, al margen de la lengua vehicular en que se impartiera y garantizando el Estado la libertad de elección de aquélla en las comunidades bilingües.

¿Y no se podría conseguir esto mismo sin mentar al dichoso federalismo? Pues quizás, pero hay una última ventaja en su mención expresa que debe tenerse en cuenta. Es esta: proponer un modelo de Estado federal es una propuesta política positiva y proactiva, que no va contra nadie en particular porque propone la igualdad y la viabilidad del Estado común. Va contra la disgregación nacionalista pero no es antinacionalista, del mismo modo en que la laicidad del Estado no va contra las confesiones religiosas legítimas, sino contra su confusión con el Estado mismo. Es, por tanto, una propuesta progresista que no sólo pretende corregir los líos actuales consecuencia de la ambigüedad de modelo competencial de la Constitución del 78, sino proponer un avance y una mejora general en vez de una mera reacción defensiva frente a los excesos actuales. Parece difícil negar la superioridad política de proponer una Constitución del Siglo XXI que el recorte de la vieja Constitución del 78 y de los Estatutos emanados de la misma, que ya amenazan con devorarla como una multitud de saturnos jurídicos… En vez de un recorte y un retroceso, un avance y una ampliación de la igualdad y por tanto de la libertad: ¿no representa una gran ventaja?

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3 comentarios a “Las ventajas del federalismo (III).”

  1. Sevase dice:

    Sr Gorriagán, esto se complica, y en menudo jardín nos hemos metido.

    Interesante exposición , realmente como bien dice nadie daba un duro por UPyD, pero si le soy sincero, solo por UpyD ni yo daría un duro ni entonces ni ahora.

    Pero UPyD tiene una súper star que es Doña Rosa Diez, una Líder. Le puedo asegurar por experiencia que un partido con buenas ideas y sin un líder no es mas que una reunión de colegas.

    Al final la suerte de tener un Líder mediático a nivel nacional (ojo hubo ayuda de unos cuantos intelectuales y muchos voluntarios) bien valorada te da una proyección que de otra manera nunca se habría conseguido.
    Y consigues meter en algunos hogares 3 o 4 ideas básicas y puras que todos entienden y muchos comparten. Por supuesto nuestros votantes son todos ilustrados, altos, rubios y guapos. Pero no nos engañemos a quien hay que ilusionar es al resto de bajitos y morenos. Si queremos llevar el federalismo o el “recuperacionismo” estatal a buen puerto.

    Me desvió del tema principal, el federalismo cooperativo de intensidad media frente al “recuperacionismo” estatal.

    Estos pasos como bien dice no serán fáciles, es mas serán largos, quizás en 8 años empiecen a dar resultados, pero de la misma manera que los nacionalista han exprimido la constitución a su antojo, lentamente durante años.
    Esa misma constitución tiene resortes no utilizados por los “recuperacionistas” del estado igualitario y solidario.
    Por ejemplo aumentar de 350 a 400 diputados.
    Ahora mismo no estoy seguro, pero el sistema de computo de votos con la ley de Hont ¿se puede cambiar a otro sin modificar la constitución?
    Una vez conseguidos estos puntos anteriores, (al menos uno de ellos le interesa a IU), en 8 años vista podríamos entrar en una lucha, si conseguimos apoyos suficientes, via elecciones, vía alianzas con alguno de los partidos mayoritarios, y mediante los resortes del estado ya sea vía parlamentaria o vía tribunal constitucional, para retirar competencias de educación, sanidad, vivienda, impuestos. Y delimitar las competencias de las comunidades. Que es básicamente lo que hacen los nacionalistas ahora con sus “negociaciones”.

    Además estas ideas ya han sido aceptadas por muchos de nuestros votantes con conocimiento de lo que votaban.

    Esto supondrá una lucha encarnizada por parte de los nacionalistas, por no perder su poder desmedido actual en el congreso. Pero una vez conseguido esto, el resto no seria tan complicado.

    Quizás para entonces los españoles estuviesen preparados para hablar de un estado federal cooperativo de intensidad media. Incluso cambiar la constitución , Pero presuponer que el sistema federal será aceptado por los nacionalistas por que no es una medida antinacionalista.

    Lo expuesto anteriormente es un sueño. Y debería salir según lo expuesto, simple y directo, cualquier objetivo no cumplido, como conseguir ir aumentando representación. Significaría el fin de UPyD como posibilidad del cambio.

    Federalismo si o federalismo no, eso ya se vera en el congreso y sobre lo que salga se deberá trabajar, nadie sabe cual es el ganador, pero yo soy amigo de lo fácil, así que para que complicarlo.

    Por cierto, ¿esto no será una cortina de humo para otras cosas importantes que hay que debatir en el congreso?

    Espero ansioso la IV entrega.

  2. luis dice:

    Estimado Carlos
    No creo que sea bueno para la discusión del tema mezclar dos asuntos tan dispares como el federalismo y la fundación de un partido nuevo como UPyD. ¿Tan dificil es defender las excelencias del federalismo que hay que recurrir a semejante truco?. Fíjate hasta que punto ambos temas son no comparables que yo estuve muy a favor de la creación de UPyD incluso cuando no me había planteado afiliarme y en cambio pienso que intentar salir del atolladero en el que nos han metido los nacionalistas arrojándonos en los brazos del federalismo es como intentar apagar el fuego con gasolina.
    Nos guste o no el federalismo en España no lo entiende casi nadie, lo cual os da una gran ventaja porque cualquiera que entienda mas o menos lo que es huirá de él como si fuera la mismísima gripe A. Porque los partidarios del federalismo habláis mucho de él pero os quedáis en su filosofía sin explicar el detalle de lo que realmente significa y de como afecta eso al ciudadano.
    Yo he vivido 18 meses en el que probablemente será el pais mas federalista del mundo: los EEUU de norteamérica; y te puedo asegurar que para el ciudadano de a pie es todo menos cómodo. Por ejemplo en EEUU los permisos de conducir, uno de los excasísimos documentos de que disponen para identificarse, los expide el Estado, no, no, el federal no, sino cualquiera de los 50 estados de que se compone la Unión. En el caso de que un tejano se traslade a Virginia a residir está obligado a canjear su permiso tejano por el virginiano en principio sin tener que hacer un nuevo examen, menos mal, aunque tiene un pequeño coste. Claro que ya se está hablando de hacer un examen a los emigrantes internos dado que los reglamentos de tráficos son distintos y los son bastante. De lo que no se libran es de pagar el impuesto de matriculación en el estado destino si en el estado origen estuviera exento de él como por ejemplo ocurre en Florida. Compara esto con la situación europea en donde el permiso de conducir francés vale en España tanto como el español y viceversa.
    Según parece uno de los inconvenientes de devolver competencias al Estado es que ello implicaría una profunda reforma constitucional. No creo que sea tan profunda pero acepto el argumento. ¿Y que supone cambiar el modelo organizativo del estado derogando TODO el Título VIII de la Constitución y sustituyéndolo por otro de corte federalista?. Una reforma de ese calado supone disponer de un gran consenso, no en vano la resolución final debería ser refrendada por los 3/5 de cada una de las cámaras o a unas malas ser aprobado por una mayoría absoluta del senado y los 2/3 del Congreso. Y eso sin contar con que si el 10% de una de las cámaras lo pide (35 diputados ó 21 senadores) hay que recurrir a un referéndum. Eso significará tener que negociar con los federalistas nada cooperativos del PSOE, los nacionalistas y el imprevisible PP que como siga como va dirá una cosa los lunes y miércoles y la contraria los martes y jueves dejando el viernes, sábado y domingo para la conciliación familiar. Y con esta tropa va y a algunos se os ocurre abrir la caja de Pandora y sin estar seguro de tener un plan para cerrarla en el caso muy probable que esto acabe como las discusiones de la Constitución federalista de la I República. Vaya mira por donde los historicistas iban a tener algo en que apoyarse.
    Para ser un comentario creo que me ha quedado ya muy largo, asi es que continuaré en otro momento.

    Saludos

  3. Juanillo dice:

    luís, que eso ocurra en EE.UU no significa que se tenga que aplicar aquí, pues tampoco en Alemania o en Suiza ocurre así.

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