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Unidos, contentos y felices.

Ese es el diagnóstico de la situación en el PP del presidente Camps, tras el esperpento de la dimisión de Ricardo Costa que iba a ser y no fue y el resto del sainete. Sí: el PP está unido, como demostró en la votación para el blindaje del Concierto Económico vasco (y no nos olvidemos de su clon navarro, como siempre protegido por la larga sombra del árbol de Guernica); está contento, sobre todo al ver el deterioro de los indicadores económicos y el descenso del índice de apoyo popular a Zapatero (aunque Rajoy no consigue que remonte el suyo); y está feliz, como no podía ser de otra manera a la vista de la espléndida situación política, económica, educativa y social del país. Y todavía los habrá empeñados en que con el PP quedan satisfechas todas las expectativas racionales de cambio y alternativa política en España, que no hace falta ningún otro partido porque el PP es el reverso luminoso del espantoso zapaterismo, y blablablá. Expectativas de cambio unidas, contentas y felices. Pues con su pan se las coman.

Es muy lamentable que el principal partido de la oposición sea, sobre todo, el principal partido de la oposición a sí mismo. Que sus esperanzas de alcanzar el poder descansen en que el deterioro de la situación sea tal que los votantes abandonen al PSOE sin apoyar, empero, las ignotas alternativas del PP, e incluso ignorando o perdonando su corrupción interna por mor de elegir el mal menor. Ignotas alternativas a las políticas del PSOE porque no pueden existir, toda vez que el PP se ha convertido, como el PSOE –el PUN, ya saben: el Partido Unico-, en una amalgama de intereses de base territorial y grupos de influencia variopintos. El equilibrio precario entre esos grupos es el que explica las eternas indecisiones de Rajoy a la hora de intervenir contra las fuerzas centrífugas de su partido o contra aquellas corruptelas y corrupciones que, como es el caso de Valencia, al afectar directamente a los beneficiarios de una de las principales baronías del partido –a la esencial con Madrid-, se convierte automáticamente en fuerza centrífuga contra la amenaza de la intervención desde un centro de poder cada vez más vacío de poderes y capacidad de intervención. Como el inviable Estado existente, resultado de las políticas de pactos del PSOE, PP y socios nacionalistas. No nos engañemos: no es que Rajoy no quiera hacer nada sino que, debido a la estructura del poder en su partido, puede hacer muy poco contra barones como Camps sin arriesgarse a desencadenar una formidable crisis interna.

El sainete de Costa y compañía ha servido, gracias a la inestimable ayuda de los medios, para ocultar el gran escándalo del blindaje del Concierto Económico vasco. Los únicos que dijeron lo que realmente pensaban en el curso del debate fueron Aitor Esteban, el portavoz del PNV que presentó el chantaje como lo que era, un chantaje, y Rosa Díez. Si el PP se vio forzado a votar en contra de un Concierto que no sólo ha defendido siempre, sino que Aznar comenzó a preblindar para obtener el apoyo del PNV, fue debido a nuestra posición nítidamente contraria en Madrid y en Vitoria. No nos engañemos: si nosotros, UPyD, hubiéramos mirado para otra parte en este asunto, el PP podría haberse abstenido, que era la posición más cómoda y menos contradictoria. Pero así como es atributo de los grandes tener en su mano la decisión última, la ventaja de los pequeños como nosotros radica en nuestra capacidad para enfrentar a los grandes al espejo de sus flagrantes contradicciones, obligándoles a moverse aunque no lo quieran.

El debate sobre el Conciero Económico, nublado por la cortina de humo del caso Gürtel y sus derivaciones, ofreció de paso otro extraordinario ejemplo de la absoluta labilidad actual de las posiciones políticas de las viejas izquierda y derecha. Pudimos ver a Txiki Benegas defendiendo la indefendible tesis de que el PSOE siempre ha apoyado el Concierto por convicción, lo cual, además de históricamente falso, conduce a sostener que no había diferencia alguna entre Cánovas del Castillo y Pablo Iglesias, que ya es sostener, ni entre el igualitarismo fiscal liberal y socialista y el particularismo conservador y nacionalista. Y ver al PP, que sí ha defendido ese anacronismo con entusiasmo foralista –al fin y al cabo, el PP vasco viene en gran medida del vetusto  y anacrónico fuerismo liberal-conservador, enemigo de ese carlismo ancestro de muchos nacionalistas-, aseverando ahora que no tocaba el blindaje porque beneficia a Zapatero… y socava la igualdad foral, digo fiscal, de las CCAA.

Pues eso: unidos, felices y contentos en el dislate, la ineptitud y el oportunismo.

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1 comentario a “Unidos, contentos y felices.”

  1. viejecita dice:

    Don Carlos

    Mis mejores deseos para esta nueva etapa, que me apetece mucho. Voy a tener que aprenderme una clave nueva, pero eso es lo de menos.
    Lo que me preocupa son los comentarios antiguos. Los suyos y los de los visitantes. Espero que podamos acceder a ellos desde aquí, o desde la página de Basta Ya. Sería una lástima que perdiésemos toda esa etapa anterior.

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