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Blindajes sin concierto.

La defensa cerril del Concierto Económico y de sus prebendas fiscales –el Cupo vasco y la Aportación navarra- es una de las pocas cosas que unen sin fisuras a los partidos políticos vascos y navarros, desde la derecha nacionalista y nacional a la izquierda socialdemócrata y neocomunista (o lo que sea a día de hoy la franquicia vasca de IU). ¿A todos? No, no a todos: un pequeño y joven partido, UPyD, resiste totalmente aislado la apología del privilegio, el anacronismo y la simple caradura rapaz. Nosotros, que somos el único partido que se declara transversal, nos negamos a coincidir con PNV, PSOE, PP, IU-EB, Aralar, NaBai, EA, UPN y CDN en la defensa transversal de los privilegios fiscales y de las excepciones ventajistas al principio de igualdad (que a la larga son muy mal negocio, por cierto).

Ayer, Leopoldo Barrera, dirigente del PP vasco, declaraba que le parecía asombroso que Rosa Díez muestre “tanto desprecio por el Concierto Económico vasco” y aseguró que “no existe ningún blindaje, sino que eso es propaganda nacionalista”. No es Rosa Díez sola, es UPyD entera –y nuestros votantes- quienes consideran asombroso que el PP defienda el Concierto Económico coincidiendo al 100% con los nacionalistas de todo pelaje, desde el PNV hasta la ilegal Batasuna (como lo leen). Y no es Rosa Díez, sino Gorka Maneiro, quien lo ha dicho en el Parlamento Vasco en múltiples ocasiones, rompiendo la falsa unanimidad que las fuerzas vivas vascas, en desacuerdo en todo lo demás, renuevan cada vez que se habla de ese chollo, a saber: que una comunidad mucho más rica que la media reciba una subvención adicional del Estado, es decir, del resto de las comunidades españolas, para mantener más capacidad de gasto público mayor con menor presión fiscal. ¿Un ejemplo?: las vacaciones fiscales a las empresas ubicadas en el País Vasco, declaradas totalmente ilegales por el Tribunal de Primera Instancia de la Unión Europea (TUE).

Repitámoslo otra vez: el Concierto vasco y navarro se remonta a la abolición foral de 1876, y es un arreglo –una compensación a las fuerza vivas leales vascas y navarras- por el que el Estado delega en las cuatro haciendas forales la recaudación de todos los impuestos y luego calcula con éstas lo que deben transferirle por el costo de los servicios que les presta el Estado. Naturalmente, el cálculo siempre favorece a las instituciones vascas y navarras, y esa es la razón por la que éstas defienden a muerte un sistema que, de no ser tan claramente favorable para ellas, sería un coñazo anacrónico a olvidar cuanto antes. ¿Se imagina alguien que Toledo, Asturias o Tarragona quisieran mantener toda una hacienda propia –con funcionarios, oficinas, inspectores, formularios y programas, etc.- si no fuera porque resulta un negocio muy lucrativo? Pues eso: el viejo cui prodest. Es la razón de que los nacionalistas catalanes hayan descubierto con pasión amorosa el sistema, que antes juzgaban una antigualla, y lo hayan exigido para Cataluña. Es el origen del pandemónium en que va a convertirse un sistema de financiación autonómica insoportable.

Lo asombroso es que el PP y el PSOE coincidan con PNV y Ezker Batua, por ejemplo, en defender la insolidaridad, las excepciones legales y la desigualdad fiscal. Lo asombroso es que se empeñen en que todos somos idiotas y en que no asombre que defiendan cosas completamente contradictorias en el País Vasco y Navarra y en el resto de España. Y sabiendo, como deberían saber, que las sentencias de los tribunales europeos contra las “vacaciones fiscales vascas” comprometen seriamente el futuro del sistema. Esta es la razón de que los nacionalistas exijan al PSOE el blindaje del Concierto, de modo que no pueda ser recurrido por ningún particular al convertir la actual norma foral en ley autonómica, que eso es blindarlo.

Se trata de retrasar pues todo lo posible un desenlace muy probable y de mantener el chollo todo lo que se pueda. Pues a pesar de los pesares y de la lentitud divagante del proceso, lo lógico es que la moneda y el mercado únicos europeos acaben forzando antes o después una fiscalidad común a todos los Estados de la Unión Europea, con las pequeñas o medianas diferencias de rigor. ¿Será España una excepción, desbaratará la fiscalidad común como si volviéramos a las barreras interiores, los monopolios y estancos anteriores a la Constitución de Cádiz? Seguro que muchos quieren esto. Por ellos no va a quedar. Otro dirigente del PP vasco –rico en dirigentes como lo era en caballos Menelao, el del grito estentóreo-, Antonio Basagoiti, afirmó en la campaña electoral que había que defender hasta el final el Concierto Económico porque… ¡es una institución muy española! Claro, como el fraude fiscal o el fracaso escolar. No tienen remedio y, si les dejamos, van a hundirnos a todos.

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